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domingo, 30 de diciembre de 2018

Navidad y Año Nuevo se abrazan.


"No celebramos una fecha de cumpleaños, sino un sentido admirable de nacer y vivir para dar vida"

JUAN MASIÁ, SJ.

Navidad y Año Nuevo se abrazan: son Pascuas. Una universitaria japonesa -bautizada católica en el último curso de su bachillerato en colegio religioso- pregunta : - ¿Cómo sabemos que el 25 de diciembre es el cumpleaños del Niño Jesús? (Si se hubiera educado en el parvulario budista quizás preguntaría si el 8 de abril es el cumpleaños de Buda)


Aclarémonos, no celebramos una fecha de cumpleaños, sino un sentido admirable de nacer y vivir para dar vida. La alumna que buscaba pruebas de una fecha conocía las genealogías de Mateo y Lucas, pero le faltaba hermenéutica. Para empeorar la cuestión oyó decir a un predicador fundamentalista que "Navidad es cristiana, Año Nuevo sintoista, Abril budista y fiestas de invierno a primavera son para el mundo laico del consumo"...


Por eso preguntó, fingiendo ingenuidad: ¿Cómo debo felicitar mejor las fiestas, con christmas navideños o con las postales japonesas (nenga) ?


-Pues precisamente ayudan los nenga a recordar el abrazo de la Navidad con el Año Nuevo, porque el Año Nuevo oriental ayuda a redescubrir raíces pre-cristianas de la Pascua. Se quejaban algunos por la pérdida de símbolos visibles navideños y protestaban otros por el árbol de Noel en el Vaticano. Pero la historia recuerda orígenes ancestrales de solemnidades religiosas en festivales autóctonos. La Navidad "bautizó" las fiestas del solsticio de invierno -paso de tinieblas a luz- y la Pascua las de primavera: de muerte a vida.



En japonés, el uno de enero es Shin-shun, que significa"Nueva Primavera". Ya en diciembre, la caída de las últimas hojas del cerezo se solapa con la aparición de los primeros botones que luego, en abril,se abrirán en floracón, deslumbrando por su blancura. Empieza el tránsito, pascua o paso de invierno a primavera justamente esos días de fin y comienzo de año.

El Año Nuevo oriental nos recuerda que Navidad y Resurreccón concuerdan como Pascuas de Primavera para celebrar el nacer y renacer que transforma vida en eternidad,

Navidad y Año Nuevo son Epifanía de la Vida. "La buena noticia es que hay Vida desde siempre en la Fuente de la Vida; os anunciamos la vida que se manifestó en Jesús" ( 1Jn 1-4)... Esa Fuente de Vida no la ha visto nadie, pero Jesús nos mostró su rostro y la interpretó (Jn 1, 18); os lo contamos para que os fieis de Él y os dejeis dar vida (Jn 20, 31).


'Nenga', postales de Año Nuevo en Japón


Tiene mucho sentido decir en español "felices Pascuas" y llamar Pascuas a esta temporada de Navidad y Epifanía, comienzo primaveral que culminará en abril con una explosion de vida. De las Pascuas a la Pascua, el tema central la Epifanía de la Vida.


Esta fue la solemnidad cristiana más antigua; ya en el siglo II, era el Bautismo de Jesús en el Jordán, manifestación de la Vida; siguió el recuerdo de los peregrinos de Oriente: unos caminantes capaces de andar a oscuras siguiendo una estrella.


(Ver más en: El Que Vive. Relecturas de Evangelio, Desclée, cap. 14: Pascuas, Año Nuevo y Primavera).


Para leer todos los artículos del autor, pincha aquí:

lunes, 26 de noviembre de 2018

La espiritualidad como emergencia de la vida.

Por Jordi Font

 En este artículo de FronterasCTR nos proponemos presentar un breve estado de la cuestión que servirá como marco para situar la propuesta teórica de un modelo antropológico que da cuenta de la espiritualidad como una emergencia de la vida y que es sustrato para la vivencia de una fe religiosa conscientemente asumida. En su desarrollo queda manifiesto la insuficiencia de la metodología de las ciencias de la naturaleza para dar cuenta de la realidad humana de la espiritualidad. Nos acercamos a la espiritualidad desde un modelo antropológico con el que dar cuenta de la espiritualidad y de la salud. El objetivo de aplicar este modelo es que nos permite comprender el proceso evolutivo madurativo de la vida humana, y no meramente una explicación que establezca relaciones causales. Con ello apuntamos a un marco de discurso no reducible a la ciencia natural empírica, aunque integre resultados actuales de las ciencias neurológicas. Este marco del discurso lo entendemos compatible con las visiones que consideran insuficiente el naturalismo clásico.

Estado de la cuestión[1]

La espiritualidad como emergencia de la vida. Conceptos previos 

Creo que es fundamental precisar desde el inicio los límites del significado que atribuimos al concepto de experiencia religiosa y de experiencia espiritual. Entendemos lo religioso como todas aquellas mediaciones empíricas y simbólicas, formalizaciones y objetivaciones, que pueden ser compartidas (textos, espacios, ritos, liturgias…) y que vehiculan la relación del sujeto y del grupo con la realidad trascendente.

Espiritualidad es la tendencia humana hacia una realidad no física vivida como algo que emerge de uno mismo pero que no puede manejar conscientemente, pero si aportar mediaciones empíricas y simbólicas que la faciliten. La diferencia entre espiritualidad y religión estaría entre el dedo que señala (sería la religión), y el lugar hacia dónde señala (sería lo espiritual inefable).

La palabra que puede definir de forma más clara la percepción de espiritualidad es la palabra intuición. Intuimos que hay un misterio que captamos, que no se acaba, la búsqueda de algo más. Es una vivencia. Una vivencia sin símbolos es vivir la misma vida, captar lo que estoy viviendo.

Dos emergencias de la vida: la espiritualidad y la salud

La naturaleza es lo que palpamos y lo que se esconde en agujeros que no sabemos detectar. Nunca se agota, siempre va más allá (no agotan lo que es la vida, lo que supone la búsqueda de la indeterminación humana que busca al otro, pero que no se acaba, la búsqueda de algo más).

La vida es lo que conocemos por experiencia propia y por experiencia del cosmos que va evolucionando. Y esta vida se manifiesta en dos emergencias que son concomitantes: la emergencia que llamamos saludes la expresión de la fuerza vital que mantiene el bien-ser (puede objetivarse con indicadores[2]objetivos) y la emergencia de la vida que es la espiritualidad que intuye, pero sin comprender en su plenitud.

La espiritualidad, emergencia de la vida, es la potencia vital que avanza asintóticamente y se desarrolla en un proceso evolutivo de maduración. La evolución va desde un estado de relación egocéntrico, de supervivencia, que ofrece seguridad, a un estado de relación con la alteridad que supone pasar de lo conocido a lo desconocido, que es el otro, pasando por el riesgo de abandonar las seguridades, hasta poder alcanzar una unión mística no dual. En este sentido, espiritualidad es una experiencia subjetiva referida a un proceso de maduración que, a partir de la experiencia de la incompleción humana, puede alanzar los niveles de experiencia mística inefable. Podemos decir que espiritualidad es la experiencia del sujeto que se dispone a entrar en relación interior con algo que es una realidad que le atrae con una cualidad superior a las seguridades de supervivencia que le aseguran bienestar.

Nos acercamos a la espiritualidad, desde un modelo antropológico con el que dar cuenta de las dos emergencias de la vida a las que nos hemos referido, la espiritualidad y la salud. El objetivo de aplicar este modelo es que nos permite comprender el proceso evolutivo madurativo de la vida humana. Y al buscar la comprensión, y no meramente una explicación que establezca relaciones causales. Con ello apuntamos a un marco de discurso no reducible a la ciencia natural empírica, aunque integre resultados actuales de las ciencias neurológicas. Este marco del discurso lo entendemos compatible con las visiones que consideran insuficiente el naturalismo clásico, de las que hemos hablado en la introducción.

En síntesis, desde el punto de vista antropológico, la vida espiritual es un proceso vital, psicobiológico evolutivo, hacia la maduración de la persona humana en el que distinguimos:

El proceso evolutivo madurativo, de la vida humana, en el que la espiritualidad es una emergencia de la vida cuya maduración no acaba, trasciende el ciclo vital. Es una dimensión que no se agota con el ciclo vital, hay una dimensión que lo trasciende y tiende hacia una relación de unidad total, en una vivencia no-dual.

Además, la maduración espiritual se manifiesta psicológicamente pero no la podemos poseer. Solo se percibe, es inefablepero incorporada a nosotros, vivimos en Ella, (podría expresarse en palabras de Pablo: “No soy yo quien vive, es Cristo que vive en mí”, Ga. 2,20).

Hay que admitir que hay realidades no físicas que podemos intuirlas. Queda abierta la posibilidad de intuir otra Realidad, la de Dios.

TEXTO COMPLETO AQUÍ


domingo, 25 de diciembre de 2016

La estrella.


José Arregi

Amiga, amigo: ¡Feliz Navidad! O, si prefieres, feliz solsticio de invierno: la noche empieza a acortarse en nuestro hemisferio Norte, aunque sucede justo lo contrario en el hemisferio Sur. El Sol que muere nace y muere y renace. Cuando unos lo vemos ascender en el cielo, otros lo ven descender, pero a todos los vivientes nos regala su energía, aliento vital, de día y de noche, de solsticio en solsticio y de equinoccio en equinoccio. Loado seas, hermano padre Sol con nuestra hermana madre Tierra.

Es imagen de la Vida que no nace ni muere, que ES “en el principio”, mucho antes que el Sol y todas las estrellas, “antes” de todo antes y después, en lo más profundo del presente. Lo llamamos “Dios” y no sabemos decir qué es, sino que ES, y solo lo podemos decir con imágenes torpes. Es Espíritu o Aliento, Impulso, Eros o Amor infinito, Presente o Presencia absoluta. No es nadie ni nada que tenga forma, pero es Todo en todas las formas. Es Yo/Tú, Él/Ella, Nosotros/Nosotras. Es Palabra, Relación, Comunión universal. Es creatividad infinita. Es infinita bondad creadora, que se manifiesta en todo lo que es bueno o para bien, en todos los seres, en todos los vivientes, en todos los humanos.

Es el Sol que renace cada día en el fondo de tus sombras, como en el solsticio de invierno.
Míralo, agradécelo, déjate alumbrar. Y, en tu pobreza, encárnalo, sé lo que eres: compadece, acompaña, consuela, subvierte. Así lo encarnó Jesús de Nazaret, hijo de María y de José, o hijo del Espíritu de la Vida, como todo viviente. Fue un profeta bueno y subversivo de una aldea oscura en un rincón de Palestina hace 2000 años. Llegó a ser lo que era. Creyó en la bondad, activó la esperanza, anunció la liberación a todos los oprimidos, curó enfermos de alma y de cuerpo, hizo frente a la autoridad religiosa y al poder imperial. Fue libre y bueno. Fue feliz, porque tuvo entrañas. No fue perfecto (¿qué es eso?), sino humano, hecho de arcilla frágil e inacabada, como tú y como yo. En la bondad de su humanidad inacabada, encarnó a Dios, el Misterio de la Vida, en forma a la vez parcial y plena, pues en la parte se halla el Todo. Algunos hombres y mujeres, al verlo, como los magos de Oriente perdidos en el camino, se dijeron: “Hemos encontrado la estrella que nos guía”. Y lo siguieron.

Nos lo cuentan los evangelios, sean canónicos o apócrifos. Pero todo eso no es historia, dirán muchos, sino leyendas de fe. Tienen razón en buena parte. El Jesús de los evangelios es una figura profundamente recreada por la fe de sus discípulas y discípulos. No sabemos, por supuesto, en qué día nació. Solo en el siglo IV se estableció en la mayoría de las iglesias la celebración de su natividad el 25 de diciembre, al final de las fiestas del solsticio.

Y es lógico, pues ese día celebraban los romanos el nacimiento del sol y de Apolo, los mitraicos el nacimiento de Mitra, los germanos el de Frey (y luego los aztecas el de Huitzilopochtli, los incas el de Inti…). Los nombres son distintos, pero la luz es la misma. La luz que brota del fondo de todo, que nos infunde el calor de la vida, y que nosotros hemos de encender. No hay nada más verdadero.
No importa el día en que nació Jesús, sino la figura luminosa que los evangelios presentan, la del hombre libre y hermano. Diré más: ni siquiera importaría que nada de lo que nos cuentan dichos evangelios, de manera por cierto tan distinta y a veces contradictoria, sea propiamente histórico. Lo que importa, al final, es que se abran los ojos para verlo todo de manera nueva, para ser lo que fue Jesús, lo que somos de verdad.

Lo más real de Jesús no son los dichos y hechos que pudieran probarse como históricos, sino la hondura de la Vida que le hizo y nos hace más libres y humanos. Solo puede decirse en parábolas, poemas y evangelios. El anuncio de un ángel a María y a José y a los pastores de Belén, el nacimiento virginal, el viaje de los magos guiados por la estrella que aparece y desaparece… nunca sucedieron como hechos históricos, como no sucedieron la multiplicación de los panes o la resurrección física con la tumba vacía y tantas cosas más. Pero ¿hay algo más real que “eso indecible” que nos quieren narrar?
¿Qué es eso? Es lo que narra el mito, sugiere el poema, sueña el niño, anuncia el profeta, emprende el rebelde. La bondad creadora: he ahí la estrella.

(Publicado en DEIA y en los Diarios del GRUPO NOTICIAS el 24 de diciembre de 2016)

viernes, 11 de noviembre de 2016

La biodiversidad amenazada; el capital va por la vida.


La realización de la COP 13 en México visibiliza las batallas por la biodiversidad. La biodiversidad es escenario de enfrentamientos entre conservacionistas en alianza con la ciencia, los capitalistas y los pueblos indígenas

Por Víctor M. Toledo

Regeneración, 10 de noviembre, 2016.- Desde hace al menos una década las fuerzas descomunales del capital corporativo se han movido de manera coordinada para hacer efectiva una economía verde que rompa los candados levantados por el conservacionismo y el ambientalismo, y permita acceder lo más libremente posible sobre la variedad de la vida (biodiversidad), concebida como un depósito de mercancías potenciales. La vida, visualizada no solamente como un conjunto de organismos, sino sus genes y sustancias químicas, y las masas forestales y aún los paisajes que forman más los servicios que ofrece. Privatizar la biodiversidad y convertirla en un inmenso supermercado es el objetivo final de esta nueva andanada. ¿Lo están logrando?

Los defensores de la naturaleza lograron a partir de la cumbre de Río en 1992 promulgar un Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), que es un tratado internacional jurídicamente vinculante, signado por 193 países, que establece tres objetivos claves: la conservación de la diversidad biológica, el uso sustentable (no destructivo) de sus componentes y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos. Los componentes de la diversidad biológica son todas las formas de vida que hay en la Tierra, incluidos ecosistemas, animales, plantas, hongos, microorganismos y genes. En años subsecuentes el CDB gestó a su vez otros dos acuerdos torales:

(a) El Protocolo de Cartagena, que busca salvaguardar la vida ante las innovaciones de la biotecnología, es decir, asegurar la manipulación, transporte y uso seguro de los organismos vivos; y

(b) el Protocolo de Nagoya, que tiene como objetivo compartir de manera justa y equitativa los beneficios derivados de los recursos genéticos.

Ambos tratados surgen en respuesta a los problemas y conflictos generados por la voracidad corporativa (principalmente farmacéuticas y biotecnológicas) y los riesgos que desencadenaron sus innovaciones tecnológicas. Como respuesta a lo anterior, las empresas organizadas han estado intentando influenciar los principales foros internacionales (como la Cumbre de Johanesburgo y la de Río+20) y de introducir una visión que justifique y facilite la mercantilización de la vida.

En diciembre próximo México será sede nada menos que de la decimotercera conferencia de las partes, que es la asamblea de la CDB, donde se toman las grandes decisiones. Ahí de nuevo este foro internacional (COP 13) será el escenario de cruentas batallas acerca de cómo hacer efectivas las tres encomiendas centrales sobre la biodiversidad del planeta. Alcanzo a ver al menos tres posiciones de manera nítida. Una es la de los conservacionistas y ambientalistas, sustentada en general por las tesis y aportes derivados de la investigación científica, que es la que ha logrado construir acuerdos vinculantes en estos 25 años.

La segunda es la que surge desde las esferas de los negocios y las corporaciones basadas en ideas como las de la economía verde y el capital natural. Y una tercera que comienza a ganar presencia que proviene de quienes conforman los pueblos y culturas que por miles e incluso decenas de miles de años han sobrevivido y (co-)evolucionado en íntima conexión con la biodiversidad que les circunda. No es casual que en la COP 13 habrá justamente grandes foros dedicados a la ciencia, los negocios y los pueblos indígenas (ver: cop13.mx/cop-13/).

Dos acontecimientos han comenzado a calentar el ambiente. El pasado 17 de octubre se constituyó la Alianza Mexicana por la Biodiversidad y los Negocios, formada por 27 entidades nacionales y globales, entre las que destacan (por sus acciones depredadoras y otros abusos) empresas como Bimbo, Cemex, Nestlé, Grupo México, Walmart, Fundación Televisa, Syngenta (líder mundial en el mercado de semillas y agroquímicos), y el gigantesco corporativo químico alemán BASF, dedicado a producir insecticidas, fungicidas, herbicidas, sustancias contra plagas urbanas, biotecnología agrícola y 757 productos químicos en decenas de ramas. BASF es la corporación más poderosa de la industria química mundial, con presencia en 80 países y un largo historial de contaminación por sustancias tóxicas. El segundo es la propuesta hecha por el Partido Verde en el Senado de la República para promulgar una nueva Ley General sobre Biodiversidad, contenida en 75 páginas. Más allá de las buenas intenciones y de sus claroscuros, esta propuesta comete dos faltas graves: no ha realizado una consulta suficiente, amplia y legítima a los actores sociales, expertos e instituciones involucradas (ni siquiera a la Conabio), y pretende ser aprobada fast track en tres semanas.

La realización de la COP 13 en México da la oportunidad de develar el entramado profundo de las batallas por la biodiversidad que hasta ahora han permanecido ocultas, sumergidas por los discursos superficiales, la autocensura, los acuerdos secretos y una visión maniquea del tema. La razón es que la biodiversidad mexicana ha sido motivo de cruentos enfrentamientos entre tres fuerzas: los conservacionistas en alianza con la ciencia, los capitalistas y los pueblos indígenas, lo cual se expresa en la política pública.

Cuatro décadas de realizar investigación sobre el tema me permiten arribar a tres principales y significativas conclusiones:

(a) Si algo impide alcanzar los objetivos de la CDB, esta es la lógica o racionalidad del capitalismo, basada en la generación masiva de una sola mercancía que entra en contradicción inmediata con la diversidad de la vida, además de su incapacidad para detener la voracidad derivada de sus procesos de acumulación;

(b) Que el conservacionismo + ambientalismo y ciencia han sido gradualmente cooptados y/o penetrados por los valores mercantiles y los afanes de control y dominio sobre la naturaleza, que es la ideología de la modernidad capitalista y tecnocrática; y

(c) Que si algún sector de la sociedad ha sido y sigue siendo el único capaz de llevar a la práctica los tres objetivos del CDB, este es el de las culturas rurales no modernas (pueblos indígenas, campesinos, pescadores artesanales, afrodescendientes). En una próxima entrega ofreceré abundantes ejemplos que confirman plenamente estas tesis.
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Fuente: Servindi

miércoles, 1 de junio de 2016

Vida, ecología y política: Boff, Dussel y Riojas hablan de las crisis de nuestro tiempo.


Por Ricardo Guillermo Gállego*

El pasado lunes 23 de mayo hubo un encuentro histórico en la Universidad Pontificia de México entre un teólogo, un filósofo y un especialista en desarrollo sustentable y medio ambiente para hablar de las crisis humanitarias y civilizatorias, que incluyen lo ambiental, pero sobre todo del modelo económico neoliberal como responsable de estas crisis. Diálogo que, por un lado, pretendía “provocar nuestra angustia” (Boff dixit), y por otro alimentar la esperanza.

El diseño y la metodología de este panel fue el adecuado, pues quien inició con su ponencia fue Javier Riojas Rodríguez, especialista en desarrollo sustentable y medio ambiente, quien puso el marco y el contexto de la cuestión ecológica desde una perspectiva científica, ilustrando sus estadísticas y datos duros con excelentes diapositivas.

Previo a la intervención de Riojas, la persona que le presentó comentaba que “se está derrumbando el mito entre la supuesta contradicción entre ciencia y fe”. Y ya en el desarrollo de su conferencia, el especialista de medio ambiente decía que “la vida en el planeta se dio en forma extraordinaria, improbable y estadísticamente milagrosa”,como confirmando la frase dicha por el moderador.

Según avanzaba en su presentación, Riojas explicaba que en la actualidad coexistimos con la más amplia variedad de especies desde que hay vida en el planeta, pero que en los últimos 250 años de manera exponencial, nuestra era (que algunos científicos denominanAntropoceno), está perdiendo miles de especies principalmente por la intervención del ser humano y se puede enfrentar en un plazo perentorio a la sexta extinción en la historia de la vida de la Tierra, cuando las cinco anteriores habían sido por causas de eventos geológicos y astronómicos.

Enrique Dussel, siguiendo el hilo del discurso de Riojas, aseveraba que la vida es un misterio y que no sabemos si algún día lo resolveremos, lo que sí sabemos es que la vida es muy vulnerable. “El ser humano está aislado en un punto del universo. Las distancias astronómicas son tan grandes, que aun pensando que hubiese vida inteligente en otros planetas el contacto real sería extraordinariamente difícil”. Hay millones de estrellas, galaxias y planetas donde pudiera haber vida de cualquier tipo, unicelular o inteligente, pero “aun así no se compara con el número de interconexiones neuronales del cerebro humano que nos hace peculiares entre todas la formas de vida del planeta. El ser humano sabe que piensa. Sabe lo que es la vida y lo que es la muerte a diferencia de un animal que también tiene cerebro.

Nos hacemos “cargo” de la vida – continúa Dussel- la podemos construir y la podemos destruir. En el ser humano depende de una decisión ética. Y si se tomamos posturas éticas responsables, no podemos culpar de nuestras crisis civilizatorias y ambientales a la ciencia y a los avances tecnológicos. El problema no está ahí, sino en la esencia y objetivo del sistema capitalista que es el aumento de la tasa de ganancia. El problema no es la tecnología, sino el capital. Por tanto, la decisión para caminar hacia una economía racional no es buscar un ecologismo anti tecnológico sino anti capitalista. El capitalismo por su codicia intrínseca, depreda y devasta.

Dussel concluyó su ponencia diciendo que “los humanos somos hijos de la Madre Tierra, y como sus hijos, no podemos vender a nuestra madre…¡los capitalistas sí!

Leonardo Boff comenzó su participación haciendo referencia del papa Francisco al que menciona en uno de sus libros donde dice que en la actualidad los conflictos son colectivos, globalizantes, no como antes que eran principalmente regionales. Esta introducción le sirvió de base para proponer tres paradigmas:

1.- Hemos tocado los límites de la Tierra. Nuestro planeta está sobrecargado. Las demandas humanas ya nos superan y necesitamos un 30% más de recursos para sustentar la vida en el planeta. Es decir, el problema es colectivo y abarca no sólo a la humanidad sino a toda forma de vida en el globo. Se necesita año y medio para reponer lo que se gastó en recursos planetarios en un año.

Javier Riojas en su ponencia mostró una diapositiva con “15 riesgos” que afectarían la continuidad de la vida en la Tierra, y Boff enfatizó que con sólo 2 de ellos, calentamiento global y erosión de los suelos, se podría acabar con la vida en el planeta, o al menos con la civilización como la conocemos.

Esto lo digo –exponía Boff- para “provocarles angustia” (lo que a su vez provocó risitas nerviosas en los asistentes), pues cuando uno está angustiado reacciona todo tu cuerpo, tu ser entero para solucionar aquello que te provoca la angustia. Es un imperativo ético hablar de estos riesgos. El tiempo del reloj corre contra nosotros y no podemos detenerlo.

2.- La confrontación de dos paradigmas con presupuestos falsos:
a) La tierra es un baúl que contiene infinitos bienes y servicios. A esto responde Boff: “La realidad es que el planeta no soporta proyectos ilimitados”.
b) El proyecto del “puño cerrado” de imponer y dominar con el paradigma del capital, descalificando cualquier otro plan alternativo.

Contra esos paradigmas, Boff el paradigma salvador de la categoría del CUIDADO. La esencia del ser humano –asegura- más allá de la inteligencia, la técnica y la creatividad, es la de cuidar la vida. Pero hemos perdido –continúa- la capacidad de relacionarnos amorosamente con la humanidad y con toda forma de vida por seguir el presupuesto falso del paradigma del “puño cerrado”, al que debemos oponer el presupuesto de la “mano abierta” que se extiende para dar y acoger con amor, pues lo que amamos cuidamos, y viceversa (los hijos, el jardín, nuestro cuerpo, etc.). Nosotros estamos aquí en este momento porque somos hijos e hijas del cuidado amoroso de nuestras madres.

3.- Completar la razón intelectual con la razón sensible, la razón cordial.

Lo que está en corazón – dice Boff- es el amor, la esperanza, la solidaridad, la bondad…lo espiritual. Debemos ir al rescate de los bienes espirituales, de la dimensión espiritual del ser humano. Rescatar los bienes espirituales implica rescatar el amor, el trabajo cooperativo: desarrollar sobre todo “el capital espiritual” y eso se traduce en desarrollar la compasión, el acompañamiento al que sufre, la solidaridad, la misericordia, la fraternidad, la cooperación. Esto nos da la capacidad de desarrollar la esperanza y es justo en esto en que podemos tener esperanza: en vivir la sabiduría de la “sobriedad compartida”.

* Formó parte de la coordinación de Iglesias por la Paz y del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Actualmente colabora en el Consejo Editorial del Boletín Alas que publica el Observatoro Eclesial.

sábado, 6 de febrero de 2016

Necesitamos construir puentes en la vida y en la política.


por Leonardo Boff*

En Brasil constatamos hoy una seria división entre las personas por razones político-partidistas. Hubo gente que dejó de participar en la confraternización de Navidad debido a divergencias políticas: unos por críticas al partido que está en el poder por haber mentido en la campaña; otras a causa de la excesiva corrupción atribuida a grupos importantes del PT. Unos son férreos defensores del impeachment a la Presidenta Dilma Rousseff. Otros no consideran las famosas “pedaladas” [operaciones irregulares por las que algunos bancos adelantan pagos de pensiones o subvenciones estatales, resultando así préstamos irregulares de bancos privados al Estado, cosa que se ha hecho siempre pero que en 2014 aumentó mucho. Nota de ATRIO] razón suficiente para sacarla del cargo más alto de la República, conquistado con el voto de la mayoría de la población. Admitamos que las pedaladas sean un pecado, pero son solo pecado venial, cometido sin mala intención. 

Por un pecado venial, en sana teología, nadie es condenado al infierno. A lo máximo pasa un tiempo en la clínica purificadora de Dios que es el purgatorio. Este no es la antesala del infierno sino la antesala del cielo.

Ignoremos estas contradicciones. El hecho es que indudablemente existe en la sociedad gran irritación, intolerancia racial, discusiones ácidas y muchas palabras fuertes que los niños no deberían ni siquiera oír. Especialmente internet ha abierto la puerta por donde pasa todo tipo de ofensa. Algunos han quedado anclados en el pasado y se imaginan todavía en la guerra fría. Llamar al otro comunista es una ofensa. Olvidan que el imperio soviético se derrumbó y el muro de muro de Berlín cayó en 1989.

Los puentes de los espacios sociales, diferentes, pero aceptados y respetados han sido averiados o destruidos. Una sociedad no puede sobrevivir sanamente viendo que su tejido social se está desgarrando. Ahí existe el peligro de los radicalismos de derecha (dictaduras como la de los militares) o de izquierda (como el socialismo soviético totalitario).

Más que hacer muchas argumentaciones teóricas, estimo que las historias pueden darnos buenas lecciones y convencernos de la verdad de las cosas. Voy a contar una historia que oí hace mucho tiempo y que tiene una fuerza de convicción efectiva. Aquí está:

Dos hermanos vivían en buena armonía en dos granjas vecinas. Tenían una buena producción de granos, algunas cabezas de ganado y cerdos bien cuidados. Cierto día tuvieron una pequeña discusión. Las razones no tenían mayor importancia: una vaquilla del hermano menor se había escapado y había comido un buen trozo del maizal del hermano mayor. Discutieron con cierta irritación. La cosa parecía haberse quedado ahí.
Pero no fue así. De repente, ya no se hablaban. Evitaban encontrarse en la bodega o por el camino. Se hacían los desconocidos.Un buen día, apareció en la granja del hermano mayor un carpintero pidiendo trabajo. El granjero lo miró de arriba abajo y, con un poco de pena, le dijo: “¿Ve aquel riachuelo que corre por allá abajo? Es la división entre mi granja y la de mi hermano. Con toda esa leña que hay en la leñera construya una cerca bien alta, para que no me vea obligado a ver a mi hermano ni su granja. Así estaré en paz”.
El carpintero aceptó el servicio, tomo las herramientas, y se puso a trabajar. Mientras tanto, el hermano mayor se fue a la ciudad a resolver algunos asuntos.
Cuando al caer la tarde volvió a la granja, al caer la tarde, quedo horrorizado con lo que vio. El carpintero no había hecho una cerca, sino un puente que pasaba por encima del río y unía las dos granjas.
Y hete aquí que pasando por el puente venía su hermano, menor diciendo: “Hermano, después de todo que pasó entre nosotros, me cuesta creer que usted haya hecho ese puente solo para encontrarse conmigo. Tiene usted razón, es hora de acabar con nuestra desavenencia. ¡Un abrazo, hermano!”.
Y se abrazaron efusivamente y se reconciliaron. El hermano encontró al otro hermano.
De pronto vieron que el carpintero se estaba marchando. Y le gritaron: “Eh, carpintero, no se vaya usted, quédese unos días con nosotros… nos ha traído tanta alegría…”
Pero el carpintero respondió: “No puedo, hay otros puentes que construir por el mundo. Hay muchos todavía que necesitan reconciliarse”. Y se fue caminando tranquilamente hasta desaparecer en la curva del camino.


El mundo y nuestro país necesitan puentes y personas-carpintero que generosamente relativizan los desacuerdos y construyen puentes para que podamos vivir por encima de los conflictos y diferencias inherentes a la incompletitud humana. Tenemos que aprender y reaprender siempre a tratarnos fraternalmente.

Tal vez sea este uno de los imperativos éticos y humanitarios más urgentes en el actual momento histórico.

*Leonardo Boff es teólogo, filósofo y articulista del JB online.

Fuente: Atrio
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lunes, 7 de diciembre de 2015

Una vida para la paz.


Juan José Tamayo

Publicado en El País, el 5-12-2015

Con la muerte de Fátima Mernissi dejaremos de oír la voz de una de las intelectuales más autorizadas de nuestro tiempo, que tendió puentes entre el mundo árabe y Occidente, trabajó por el diálogo intercultural, interreligioso e interdisciplinar, ayudó a las mujeres musulmanas a despertar de su multisecular estado de postración y transitó por caminos de paz.

En 2003 compartió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras con la escritora e intelectual altermundialista Susan Sontag. Se me quedó grabado en la memoria su discurso, de fuerte carga simbólica, sobre dos figuras emblemáticas, que, en su opinión, representan dos modelos de civilización: Simbad, personaje de Las mil y una noches, y el cowboy, personaje de las películas del Oeste norteamericano. El primero simboliza una civilización de viajeros-comerciantes, que ve en el extranjero a una persona con la que comunicarse y mantener relaciones de camaradería y por quien sentir cariño. Cowboy, por el contrario, adopta una actitud violenta y pendenciera frente al extranjero, a quien, apuntándolo con el revólver, amenaza con matarlo si no se aleja de su territorio. Cowboy y Simbad representan los dos sentimientos hacia los extranjeros: de acogida o de rechazo, que no proceden de nuestras respectivas culturas, sino de las elites gobernantes. ¿Cuál de los dos modelos triunfará? Mernissi imagina que el de “una globalización en la que los Estados faciliten a los ciudadanos el conocimiento de las técnicas de la comunicación y el arte de la navegación y del viaje”.

Su compromiso por la liberación de las mujeres le lleva a preguntarse: “¿Por qué los Estados árabes son tan hostiles a las mujeres? ¿Por qué no nos pueden ver como fuerza motriz de progreso? ¿Por qué ponen tanto empeño en humillarnos? ¿Por qué siempre nos vuelven a rechazar y a excluir, a pesar del esfuerzo que realizamos para educarnos, ser productivas y útiles?”.

La intelectual marroquí recurre a la historia para mostrar que, desde el principio del islam, hubo mujeres que se negaron a someterse a los varones y constituyeron un peligro para el poder. No reconocían la autoridad del marido sobre la esposa, ni aceptaban el derecho al repudio, ni la poligamia. Y pone como ejemplo de dicha actitud rebelde a Sakina Bint al-Hussein (671-735), nieta del Profeta Mahoma, que en el contrato matrimonial impuso una serie de condiciones que ratificaban su independencia e insumisión. Se opuso a que el marido se casara con otra mujer, más aún, que se acercara a otra mujer, aunque fuera su jariya “legal”; le exigía aceptar que ella fuera a vivir con su amiga Umm Manshuz siempre que ese fuera su deseo. Se divorció de su esposo precisamente por haberle sorprendido in fraganti con una de sus “legítimas”jariya.

La conclusión de Mernissi no deja lugar a dudas: “Las mujeres tienen que luchar con todas sus fuerzas contra la feminidad como símbolo de entrega, si quieren cambiar el significado de feminidad a energía, iniciativa y crítica constructiva”. Ese es el desafío que tienen delante las mujeres musulmanas. Su rebelión constituye una amenaza en toda regla contra el poder patriarcal de los dirigentes políticos árabes, que siguen utilizando a las mujeres en función de sus intereses y no de la emancipación de la ciudadanía.

Mernissi recuerda a su abuela, analfabeta y gran contadora de fábulas, para mostrar los diferentes mensajes sobre las mujeres que transmiten las leyes musulmanas y las fábulas. “Si las leyes musulmanas otorgan a los hombres el derecho a dominar a las mujeres —afirma—, en las fábulas orales parece que sucede justo lo contrario”. La legislación islámica impone sumisión a las mujeres; las fábulas subrayan su carácter subversivo. La propia Mernissi cultivó el género literario fabulador y recuperó tradiciones orales que devuelven a las mujeres su espíritu rebelde y su liberación de todo poder.

En adelante no escucharemos su voz, pero seguiremos disfrutando con la lectura de sus investigaciones, historias y fábulas, tejidas de imaginación y realidad, con la mirada puesta en la utopía de la paz en un mundo fraterno-sororal.

Fuente: Atrio

domingo, 27 de septiembre de 2015

Ser íntegro es saberse uno con el universo.


Por José Carlos García Fajardo*

La naturaleza de la integridad propia del ser humano cabal es la de estar siempre presente. La palabra salud significa “total, completo”. Total implica integración, interconexión y vinculación de todas las partes de un sistema, de un organismo, una inseparabilidad.

Si a una persona le han amputado un brazo, pierna, otra parte del cuerpo o tenga que enfrentarse a la muerte, sigue básicamente completo aunque tenga que adaptarse a la situación.

¿Qué es vivir sino una adaptación constante? Lo que entendemos por “vida” es otra dimensión. Por eso respondió Malraux a De Gaulle, cuando este le preguntó cómo podría consolarse por la muerte de su único hijo, ya que el Ministro de Cultura era agnóstico, “Puede que la vida no tenga sentido, mi General, pero tiene que tener sentido vivir”, aquí y ahora.

Es esta adaptación a las cosas y situaciones como son en sí lo que influye en el proceso de sanación, y en la superación hasta límites hasta entonces no imaginados. Aunque nuestros cuerpos sean completos están cambiando de forma continuada (ni una célula nuestra ha estado en el seno de nuestra madre) y se encuentran inmersos en un todo mayor, llámesele entorno, ambiente, planeta o universo. Por eso la salud constituye un proceso dinámico. No es un estado fijo que se nos da y al que nos sujetamos.

Recordemos, e pur si mueve. Cuando a Galileo le exigían que se retractase de que la Tierra no era el centro del universo, suplicó a los cardenales que le presionaban para que refutase una afirmación que iba “¡contra la Palabra de Dios en la Biblia!”: “No les pido que me crean, sólo que miren por este telescopio”. A lo que respondieron ¡Lejos de nosotros mirar por ese instrumento! Eso significaría poner en duda nuestra Fe”.

La idea de integridad no sólo se encuentra en el significado de las palabras salud y sanación, sino que forma parte del significado profundo de las palabras meditación y medicina. Según el físico David Bohm, que sostiene que la integridad es una propiedad fundamental de la naturaleza, medicina y meditación provienen del latín mederi, que significa “curar”, restablecer, recuperar el orden.

Aunque parezca que no tiene mucho que ver el concepto de medición con meditación o medicina, en su sentido más corriente pero, aquí viene la semántica a echarnos una mano, aunque yo me iría derecho a la régula áurea pitagórica de la proporción; porque las cosas no son hermosas por parecerse a un canon externo sino por ser proporcionadas.

¿Acaso no son pulchrae, hermosas, las pirámides de Egipto, la Venus de Milo, la catedral de Chartres, o el Pórtico de la Gloria del Maestro Mateo? ¿Y en qué se parecen? En que son proporcionadas, como La Pietà de Miguel Ángel, su Moisés, o el rostro de un bebé dormido o de una niña sonriendo, o el Gran Cañón, el Sahara, las cataratas del Niágara, Iguazú o Victoria en el Zambeze. ¿Y acaso el cráter del Gorongoro no ha sido calificado como una extravagancia bellísima de la naturaleza antes de conducirnos a las llanuras sin fin del Serengueti?

David Bohm dice “todas las cosas tienen su propia media interna correcta” que las hace ser lo que son. Vista desde este prisma la medicina es la ciencia para restaurar la medida interna correcta cuando ha sido perturbada por enfermedad o lesión. Recordemos la definición de la OMS desde 1948: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

Pues lo mismo sucede con los trascendentales o universales Unum Verum, Bonum et Pulchrum convertuntur: “Lo que es Uno es Verdadero, es Bueno y Hermoso; por eso son intercambiables, o facetas de una misma realidad.

Meditación es el proceso de percibir de forma directa la medida interna correcta de uno mismo… en el cosmos, en el todo y en el uno en expansión incesante.

Grandes cerebros se han visto preocupados por la idea de integridad y cómo realizarla en la vida diaria. Carl Jung escribió: La integridad ha ocupado las mentes más preclaras de Oriente durante más de tres mil años, porque no se puede obviar la aportación india, Uppanishads, Vedanta, el inmortal Baggavadhad Gita. Jung entendió la relación que existe entre la meditación y la realización de la integridad.

*Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS).
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Fuente: Servindi

jueves, 11 de junio de 2015

La vida más allá de la muerte.


Jesús Gil García

*(Leyendo al obispo anglicano J. Sh. Spong)

Una de las preguntas que todo ser humano se hace en la vida es si existe algo después de la muerte por lo que merezca la pena luchar y que dé sentido a los sinsabores de toda existencia humana ¿Qué es eso de la vida eterna de la que nos habla la religión cristiana? ¿Es razonable creer en el cielo y el infierno, como lugares de destino más allá de la muerte? El obispo Spong responde con contundencia: Creo que existe una vida eterna después de la muerte, y que es una vida diferente a lo propuesto por las religiones, incluida la cristiana, que nos habla de la visión beatífica, consistente en contemplar la esencia divina toda la eternidad. Éste es el premio del cielo para los fieles cumplidores de la ley divina. El mencionado obispo es por lo tanto partidario de una vida eterna, sin cielo ni infierno.


“Creo que existe una eternidad más allá de los límites de mi finitud humana y en la cual puedo participar. Tradicionalmente hablando, creo que existe una vida después de la muerte. Quiero que eso quede claro, pero, antes de que defensores de una piedad tradicional se sientan reafirmados en sus poco críticas verdades de fe, déjenme afirmar mi segunda conclusión. El contenido de esta realidad de la vida más allá del límite de la muerte, es tan radicalmente diferente de cualquier cosa que haya sido propuesta por los sistemas religiosos del pasado, que es irreconocible” (Spong p. 202-203).

Ahora bien, si no podemos seguir manteniendo la figura de un Dios teísta, Juez Supremo de las personas, premiador de buenos y castigador de malos ¿qué sentido tiene que sigamos hablando de cielo e infierno como lugares de premio y castigo después de la muerte? Si existe vida después de la muerte tendrá que ser algo distinto al cielo e infierno.

“El deceso del cielo es un resultado directo de la muerte de la imagen teísta de Dios en la que se basa la tradición evangélica, con su visión personificada del cielo. Las personas que creen en el cielo como un premio a cambio de una vida de fe o de trabajo también tienen que creer en Dios como deidad personal que reparte regalos y castigos ganados por méritos personales. Este Dios es una figura parental disfrazada que controla la conducta infantil por medio de amenazas y promesas”(Spong p.205)

En el fondo las religiones están solucionando el problema de la realidad posterior a la muerte con imágenes humanas extraídas del comportamiento de las personas adultas con los niños: premiar los actos buenos, y castigar los malos. Creamos de esta manera una imagen antropomórfica de Dios, haciéndolo Juez Supremo del comportamiento humano. Pero esto no se puede sostener por más tiempo. Porque es destruir la idea de Dios, como lo totalmente distinto a lo humano. Y si no existe el premio y castigo divinos, tampoco podemos admitir la realidad del cielo y el infierno después de la muerte.

“Cuando uno elimina de su visión del final de los tiempos la defensa de la recompensa individual por las buenas obras realizadas y la idea del castigo por los propios actos malos, entonces el concepto de la vida después de la muerte empieza a desaparecer visiblemente. Pero premio y castigo, ambos, han tambaleado tanto, que ya se han ido. Y cielo e infierno se han ido con ellos” (Spong p.209)

Si el cielo y el infierno ya no son realidades que dan sentido a la vida terrena y que acaecen después de la muerte ¿ya no existe nada posterior al acontecimiento irremediable de la muerte? ¿Con ella termina la vida? ¿Y la promesa de Jesús sobre la resurrección? Son preguntas que todas personas nos hacemos ¿Hay algo más allá de la muerte? ¿La muerte es el fin de la vida, de modo que la muerte es el comienzo de la nada? Las religiones responden afirmativamente: existe vida después de la muerte. La religión cristiana habla de la vida eterna. La muerte es el comienzo de una nueva vida. La resurrección de Jesús es la garantía de esta nueva vida. Si Cristo ha resucitado todos resucitaremos igualmente. Pero ¿cómo es la vida del resucitado? ¿La resurrección es la reanimación del cadáver? Hoy no se puede sostener este concepto de resurrección. La resurrección es el inicio de una vida diferente, distinta. Es la vida eterna, porque la vida es infinita.

“Creo que la vida es infinita, y también creo que estamos llamados a explorar su profundidad y a saborear su profunda dulzura. Creo que la vida aquí es una imagen limitada y finita de la vida plena, que es ilimitada e infinita. Estoy seguro que uno se prepara para la eternidad, no siendo religioso y respetando las reglas, sino viviendo plenamente, con un amor generoso, y atreviéndonos a llevar nuestra capacidad al máximo” (Spong p.218-219)

Si la vida es ilimitada y continúa después de la muerte, es porque existe un proceso vital cósmico que abarca a todos los seres vivos. Es la energía cósmica que influye en toda la naturaleza. De este proceso formamos parte todos los humanos. La muerte no corta este proceso, sino que es el inicio de una nueva etapa vital. Etapa diferente de las anteriores, dentro del proceso evolutivo de toda la creación. ¿Cómo es esa nueva etapa? Lo desconocemos, pero podemos afirmar que es un nuevo modo de vida. Este proceso no se corta con la muerte, sino que continúa en una nueva etapa. Resucitar es seguir viviendo en este proceso, con Jesús, el Viviente. Los cristianos llamamos a esta nueva etapa resurrección. Los no creyentes no tienen esta referencia a Jesús de Nazaret, pero como seres dentro del cosmos participan de este proceso de vida, que abarca a todos los seres vivos y a todo el universo. Es la creación evolutiva que sigue avanzando en diversas etapas y de modo diferenciado dentro del cosmos.

Los seres en la naturaleza pueden acabar su vida concreta, pero no por ello termina la vida en el cosmos. Incluso ese ser vivo puede terminar su ciclo, pero no su vida transformada en otro ser. Una especie puede desparecer y transformarse en otra superior. El proceso creativo-evolutivo de vida continúa en el cosmos. Los seres humanos acaban su ciclo por la muerte, pero su vida continúa por este proceso evolutivo. Los creyentes afirmamos que “la vida de los que en Ti creemos, Señor, no termina, se transforma”. Esta es la vida más allá de la muerte. En esto consiste la resurrección, en el paso a una nueva forma de vida, desconocida, pero real. La realización de una vida plena. Una nueva consciencia de que la vida humana participa en la eternidad de Dios y de que viviré, amaré y seré parte de lo que Dios es. La resurrección fue un evento que tuvo lugar en el interior de las personas, siendo conscientes de que lo que los discípulos encontraron en Jesús ahora residía en sus vidas y sus corazones, el espíritu del mismo Jesús (Spong). Y a participar de esa nueva vida estamos llamados todos los seres del universo, siguiendo el proceso evolutivo cósmico que dirige y transforma el universo.

*J. Sh. Spong. Por qué el cristianismo tiene que cambiar o morir. Editorial Abya Yala. Quito. Ecuador 2014.
Pedidos a Ecuador: editorial@abyayala.org . Colección Tiempo Axial
En el COR de Zaragoza suelen tener depósito de este y otros libros:zaragoza@comitesromero.org

Jesús Gil García
Comunidad de Balsas.
Zaragoza. Junio 2015.

Fuente: Atrio

viernes, 24 de abril de 2015

La cultura capitalista es anti-vida y anti-felicidad.


Leonardo Boff

La demolición teórica del capitalismo como modo de producción comenzó con Karl Marx y fue creciendo a lo largo de todo el siglo XX con el surgimiento del socialismo. Para realizar su propósito principal de acumular riqueza de forma ilimitada, el capitalismo agilizó todas las fuerzas productivas disponibles. Pero, desde el principio, tuvo como consecuencia un alto costo: una perversa desigualdad social. En términos ético-políticos, significa injusticia social y producción sistemática de pobreza.

En los últimos decenios, la sociedad se ha ido dando cuenta también de que no solamente existe una injusticia social, sino también una injusticia ecológica: devastación de ecosistemas enteros, agotamiento de los bienes naturales , y, en último término, una crisis general del sistema-vida y del sistema-Tierra. Las fuerzas productivas se han transformado en fuerzas destructivas. Lo que se busca directamente es dinero. Como advirtió el Papa Francisco en pasajes ya conocidos de la Exhortación Apostólica sobre la Ecología: «en el capitalismo quien manda ya no es el hombre, sino el dinero y el dinero vivo. La motivación es la ganancia… ganancia… Un sistema económico centrado en el dios-dinero necesita saquear la naturaleza para mantener el ritmo frenético de consumo que le es inherente».

Ahora el capitalismo ha mostrado su verdadera cara: estamos tratando con un sistema anti-vida humana y anti-vida natural. Y se nos plantea este dilema: o cambiamos o corremos el peligro de nuestra propia destrucción, como alerta la Carta de la Tierra.

Sin embargo, el capitalismo persiste como el sistema dominante en todo el globo bajo el nombre de macroeconomía neoliberal de mercado. ¿En qué reside su permanencia y persistencia? A mi modo de ver, reside en la cultura del capital. Eso es más que un modo de producción. Como cultura encarna un modo de vivir, de producir, de consumir, de relacionarse con la naturaleza y con los seres humanos, constituyendo un sistema que consigue reproducirse continuamente, poco importa en qué cultura venga a instalarse. Ha creado una mentalidad, una forma de ejercer el poder y un código ético. Como enfatizó Fábio Konder Comparato en un libro que merece ser estudiado A civlização capitalista (Saraiva, 2014): «el capitalismo es la primera civilización mundial de la historia» (p.19). El capitalismo orgullosamente afirma: «no hay otra alternativa».

Veamos rápidamente algunas de sus características: la finalidad de la vida es acumular bienes materiales mediante un crecimiento ilimitado producido por la explotación sin límites de todos los bienes naturales, por la mercantilización de todas las cosas y por la especulación financiera, realizado todo con la menor inversión posible, buscando obtener mediante la eficacia el mayor lucro posible dentro del más corto tiempo posible; el motor es la competencia impulsada por la propaganda comercial; el beneficiario final es el individuo; la promesa es la felicidad en un contexto de materialismo raso.

Para este propósito se apropia de todo el tiempo de vida del ser humano, no dejando espacio a la gratuidad, a la convivencia fraternal entre las personas y con la naturaleza, al amor, a la solidaridad y al simple vivir como alegría de vivir. Como tales realidades no importan en la cultura del capital, pero son ellas las que producen la felicidad posible, el capitalismo destruye las condiciones de aquello que se proponía: la felicidad. Y así no es sólo anti-vida sino también anti-felicidad.

Como se deduce, estos ideales no son propiamente los más dignos para el efímero y único paso de nuestra vida por este pequeño planeta. El ser humano no posee solamente hambre de pan y afán de riqueza; es portador de otras hambres como hambre de comunicación, de encantamiento, de pasión amorosa, de belleza y arte, y de trascendencia, entre muchas otras.

¿Pero por qué la cultura del capital se muestra así tan persistente? Sin mayores mediaciones diría: porque ella realiza una de las dimensiones esenciales de la existencia humana, aunque la elabora de forma distorsionada: la necesidad de autoafirmarse, de reforzar su yo, de lo contrario no subsiste y es absorbido por los otros o desaparece.

Biólogos e incluso cosmólogos (citemos apenas a uno de los mayores: Brian Swimme) nos enseñan que en todos los seres del universo, especialmente en el ser humano, prevalecen dos fuerzas que coexisten y se tensionan: la voluntad del individuo de ser, de persistir y de continuar dentro del proceso de la vida; para eso tiene que autoafirmarse y fortalecer su identidad, su “yo”. La otra fuerza es la de integración en un todo mayor, en la especie, de la cual el individuo es un representante, constituyendo redes y sistemas de relaciones fuera de las cuales nadie subsiste.

La primera fuerza gira alrededor del yo y del individuo y origina el individualismo. La segunda se articula alrededor de la especie, del nosotros y da origen a lo comunitario y a lo societario. Lo primero está en la base del capitalismo, lo segundo, en la del socialismo.

¿Dónde reside el genio del capitalismo? En la exacerbación del yo hasta el máximo posible, del individuo y de la autoafirmación, desdeñando el todo mayor, la integración y el nosotros. De esta forma ha desequilibrado toda la existencia humana, por el exceso de una de las fuerzas, ignorando la otra.

En este dato natural reside la fuerza de perpetuación de la cultura del capital, pues se funda en algo verdadero pero concretizado de forma desmesuradamente unilateral y patológica.

¿Cómo superar esta situación que viene desde hace siglos? Fundamentalmente recuperando el equilibrio de estas dos fuerzas naturales que componen nuestra realidad. Tal vez la democracia sin fin sea la institución que hace justicia simultáneamente al individuo (al yo) pero insertado dentro de un todo mayor (nosotros, la sociedad) del cual es parte. Volveremos sobre el tema.

Traducción de Mª José Gavito Milano.

Fuente: Atrio
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sábado, 23 de noviembre de 2013

La importancia de la espiritualidad para la salud.


por Leo Boff

Por regla general todos los trabajadores de la salud han sido modelados por el paradigma científico de la modernidad que ha hecho una separación drástica entre cuerpo y mente y entre ser humano y naturaleza. Así se han creado muchas especialidades que tantos beneficios han traído para el diagnóstico de las enfermedades y también para las formas de curación.

Reconocido estos méritos, no podemos sin embargo olvidar que se ha perdido la visión de totalidad: el ser humano dentro de una visión más amplia de la sociedad, de la naturaleza y de las energías cósmicas, la enfermedad como una fractura de esta totalidad, y la curación como la reintegración en ella.

Hay en nosotros una dimensión que responde por el cultivo de esta totalidad, que vela por el eje Estructurador de nuestra vida: es la dimensión del espíritu. Espiritualidad viene de espíritu; es el cultivo de lo que es propio del espíritu, su capacidad de proyectar visiones unificadoras, de relacionar todo con todo, de conectar y reconectar todas las cosas entre sí y con la Fuente de Originaria de todo ser.

Si el espíritu es relación y vida, su opuesto no es materia y cuerpo sino la muerte como ausencia de relación. En este sentido, espiritualidad es toda actitud y actividad que favorece la expansión de la vida, la relación consciente, la comunión abierta, la subjetividad profunda y la trascendencia como modo de ser, siempre dispuesto a nuevas experiencias y a nuevos conocimientos.

Los neurobiólogos y estudiosos del cerebro han identificado la base biológica de la espiritualidad; se encuentra en el lóbulo frontal del cerebro. Descubrieron empíricamente que siempre que se captan los contextos más globales o se produce una experiencia significativa de totalidad o también cuando que se abordan de forma existencial (no como objeto de estudio) realidades últimas cargadas de sentido, y se producen actitudes de adoración, devoción y respeto, hay una aceleración de las vibraciones periódicas de las neuronas localizadas allí. A este fenómeno lo llamaron el «punto Dios» en el cerebro o la aparición de la «mente mística» (Zohar, SQ: Inteligencia Espiritual, 2004). Es como un órgano interior por el cual se capta la presencia de lo Inefable dentro de la realidad.

Este hecho constituye un avance evolutivo del ser humano que, como ser humano-espíritu, percibe la Realidad Fontal sustentando todas las cosas. Se da cuenta de que sorprendentemente puede entablar un diálogo y buscar una comunión íntima con ella. Tal posibilidad lo dignifica, pues lo espiritualiza y lo conduce a un mayor grado de percepción del Enlace que conecta y reconecta todas las cosas. Se siente dentro de ese Todo.

Este «punto Dios» se revela por valores intangibles como más compasión, más solidaridad, más sentido de respeto y dignidad. Despertar este «punto Dios», quitar las cenizas con las que una cultura excesivamente racionalista y materialista lo cubrió, es permitir que la espiritualidad aflore en la vida de las personas.

A fin de cuentas espiritualidad no es pensar a Dios, sino sentir a Dios a través de ese órgano interior y experimentar su presencia y actuación desde el corazón. Lo percibimos como entusiasmo (en griego significa tener un dios dentro) que nos lleva y nos sana y nos da voluntad de vivir y de crear continuamente sentidos de existir.

¿Qué importancia prestamos a esta dimensión espiritual en el cuidado de la salud y de la enfermedad? La espiritualidad tiene una fuerza curativa propia. No es de ninguna manera algo mágico y esotérico. Se trata de potenciar las energías características de la dimensión espiritual, tan válida como la inteligencia, la libido, el poder, el afecto entre otras dimensiones de lo humano. Estas energías son altamente positivas como amar la vida, abrirse a los demás, establecer lazos de fraternidad y solidaridad, ser capaz de perdón, de misericordia y de indignación ante las injusticias de este mundo, como lo hace ejemplarmente el Papa Francisco.

Además de reconocer todo su valor a las terapias conocidas hay todavía un supplément d'âme como dirían los franceses, un complemento de lo que ya existe, que lo refuerza y enriquece con factores oriundos de otra fuente de curación. El modelo establecido de medicina no tiene, por supuesto, el monopolio del diagnóstico y la curación. Es aquí donde se abre camino la espiritualidad.

La espiritualidad en primer lugar fortalece en la persona la confianza en las energías regenerativas de la vida, en la competencia del médico/a, en el cuidado diligente del enfermero/a. Sabemos por la psicología profunda y la transpersonal el valor terapéutico de la confianza en el curso normal de la vida. Confianza significa básicamente decir: la vida tiene sentido, vale la pena, tiene una energía interna que la autoalimenta, es preciosa. Esta confianza pertenece a una visión espiritual del mundo.

Pertenece a la espiritualidad la convicción de que la realidad que captamos es más de lo que los análisis nos dicen. Podemos tener acceso a la misma por los sentidos interiores, por la intuición y por los caminos secretos de la razón cordial. Se puede ver que hay un orden subyacente al orden sensible, como sostenía siempre el gran físico cuántico, y premio Nobel, David Bohm, alumno predilecto de Einstein.

Este orden subyacente responde de los órdenes visibles y siempre puede traernos sorpresas. A menudo los mismos médicos se sorprenden de la rapidez con que alguien se recupera o cómo situaciones consideradas normalmente como irreversibles, retroceden y acaban curando. En el fondo es creer que lo invisible e imponderable es parte de lo visible y previsible.

Pertenece también al mundo espiritual, la esperanza inquebrantable de que la vida no termina con la muerte, sino que se transfigura a través de ella. Nuestros sueños de regresar a la vida normal desencadenan energías positivas que contribuyen a la regeneración de la vida enferma.

Una fuerza mayor, sin embargo, es la fe de sentirse en la palma de la mano de Dios. Entregarse confiadamente a su voluntad, desear sinceramente la curación, pero también aceptar serenamente si nos llama a si: esto es la presencia de la energía espiritual. Nosotros no morimos, Dios viene a buscarnos y a llevarnos a donde pertenecemos desde siempre, a su casa a convivir con Él. Tales convicciones espirituales actúan como fuentes de agua viva, generadoras de curación y de potencia de vida. Es el fruto de la espiritualidad.

lunes, 15 de julio de 2013

Erosión del sentido de la vida y las manifestaciones de la calle.





Poco a poco va quedando claro que las manifestaciones masivas de la calle que han ocurrido en los últimos tiempos en Brasil y en todo el mundo, expresan más que reivindicaciones puntuales, como una mejor calidad del transporte urbano, mejor sanidad, educación, empleo, seguridad y el rechazo a la corrupción y a la democracia de las alianzas apoyadas por negocios trapaceros. Fermenta algo más profundo, diría casi inconsciente, pero no menos real: el sentimiento de una ruptura generalizada, de frustración, de decepción, de erosión del sentido de la vida, de angustia y miedo ante una tragedia ecológico-social que se anuncia por todas partes y que puede poner en peligro el futuro de la humanidad. Podemos ser una de las últimas generaciones que habiten este planeta.

No es extraño que el 77% de los manifestantes tengan estudios superiores, es decir, son gente capaz de sentir este malestar del mundo y expresarlo como un rechazo a todo lo que está ahí.

Primero, es un malestar frente al mundo globalizado. Lo que vemos nos avergüenza porque significa una racionalización de lo irracional: el imperio norteamericano decadente para mantenerse necesita vigilar a gran parte de la humanidad, usar la violencia directa contra quien se opone, mentir descaradamente como en la motivación de la guerra contra Iraq, irrespetar cualquier derecho y las normas internacionales, como el "secuestro" del presidente Evo Morales de Bolivia, que han hecho los europeos, pero forzados por las fuerzas de seguridad estadounidenses. Niegan los valores humanitarios y democráticos de su historia que inspiraron a otros países.

Segundo, la situación de nuestro Brasil. A pesar de las políticas sociales del gobierno del PT que aliviaron la vida de millones de pobres, hay un océano de sufrimiento, producido por la favelización de las ciudades, por los bajos salarios y por la ganancia de la máquina productivista de estructura capitalista, que debido a la crisis sistémica y a la competencia cada vez más feroz, sobreexplota la fuerza de trabajo. Sólo para dar un ejemplo: la investigación realizada en la Universidad de Brasilia entre 1996-2005 encontró que cada 20 días se suicidaba un empleado de la banca debido a las presiones por metas, exceso de tareas y pavor al desempleo. Y no hablemos de la farsa que es nuestra democracia. Me valgo de las palabras del sociólogo Pedro Demo, profesor de la UNB, en su Introducción a la Sociología (2002): «Nuestra democracia es la representación nacional de una hipocresía refinada, llena de leyes bonitas, pero hechas siempre en última instancia por las élites dominantes para que les sirva a ellas de principio a fin. El político se caracteriza por ganar bien, trabajar poco, hacer negocios turbios, emplear a familiares y parientes, enriquecerse a costa del erario público y entrar en el mercado desde arriba ... Si ligásemos democracia con justicia social, nuestra democracia sería su propia negación» (p. 330, 333). Ahora entendemos por qué la calle pide una profunda reforma política y otro tipo de democracia donde el pueblo quiere codecidir los caminos del país.

Tercero, la degradación de las instancias de lo sagrado. La Iglesia Católica nos ha ofrecido grandes escándalos que han desafiado la fe de los cristianos: sacerdotes pederastas, obispos e incluso cardenales. Escándalos sexuales dentro de la Curia Romana, el cuerpo de confianza del Papa. Manipulación de millones de euros en el Banco del Vaticano (IOR), donde los altos eclesiásticos se aliaron con mafiosos y millonarios corruptos italianos para blanquear dinero. Iglesias neo-pentecostales en sus programas de televisión atraen a miles de fieles, usando la lógica del mercado y transformando de la religiosidad popular en un negocio infame. Dios y la Biblia se ponen al servicio de la disputa mercadológica para ver quien atrae más telespectadores. Hay sectores de la Iglesia Católica que tampoco escapan a esta lógica, con el espectáculo de misas-show y sacerdotes-cantores con su autoayuda fácil y canciones melifluas.

Por último, no escapa al malestar generalizado la difícil situación del planeta Tierra. Todos se están dando cuenta de que el proyecto de crecimiento material está destruyendo las bases que sustentan la vida, devastando los bosques, diezmando la biodiversidad y causando acontecimientos cada vez más extremos. La reacción de la Madre Tierra está dada por el calentamiento global, que sigue subiendo, si llegase en las próximas décadas a 4-6 grados Celsius más, por el calentamiento abrupto, podría diezmar la vida que conocemos y hacer imposible la supervivencia de nuestra especie, desapareciendo nuestra civilización.

Ya no podemos engañarnos a nosotros mismos, cubriendo las heridas de la Tierra con esparadrapos. O cambiamos de rumbo, manteniendo las condiciones de la vitalidad de la Tierra, o el abismo nos espera.

Como insiste la Carta de la Tierra: «Nuestros retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales, están interrelacionados», esta interconexión real, aunque en parte inconsciente, lleva a las calles a miles de personas que quieren otro mundo posible y necesario ahora. O aprovechamos la oportunidad de cambiar o no habrá futuro para nadie. El inconsciente colectivo presiente este drama, de ahí el grito de la calle pidiendo cambios. Si no atendemos sus exigencias, se puede retrasar la tragedia, pero no podremos evitarla. El tiempo de escuchar y actuar es ahora.




Fuente: Koinonia

miércoles, 26 de junio de 2013

Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas.


«En este Día Internacional de la Lucha Contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, apelo a los gobiernos, los medios de información y la sociedad civil para que hagan todo lo posible por crear conciencia del daño que causan las drogas ilícitas y para ayudar a impedir que haya personas que se benefician de su uso.»

Tema de 2013: Colócate con la vida no con las drogas

En 1987, la Asamblea General decidió establecer el día 26 de junio de cada año como el Día Internacional de la lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas, para dar una muestra de su determinación en fortalecer las actividades necesarias para alcanzar el objetivo de una sociedad internacional libre del abuso de drogas. La Asamblea tomó esa medida el 7 de diciembre de 1987 (resolución 42/112 Documento PDF), de conformidad con la recomendación de la Conferencia Internacional sobre el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas del 26 de junio de 1987.
El final del primer siglo de fiscalización de drogas (que comenzó en Shanghái en 1909) coincidió con la terminación del decenio dedicado a la acción común para contrarrestar el problema mundial de las drogas (iniciado en 1998 por la Asamblea General en su período extraordinario de sesiones sobre las drogas). Estos aniversarios estimularon la reflexión sobre la eficacia y las limitaciones de las políticas sobre drogas. El examen culminó con la reafirmación de que las drogas ilícitas siguen planteando un peligro para la salud de la humanidad. Por ello, las drogas están, y deben seguir estando, controladas. Habida cuenta de ello, los Estados Miembros confirmaron su apoyo inequívoco a los convenios y convenciones de las Naciones Unidas que han establecido el sistema de fiscalización internacional de drogas.
la Asamblea General reconoció que, pese a los redoblados esfuerzos de la comunidad internacional, el problema mundial de las drogas seguía poniendo en grave peligro la salud y la seguridad pública y el bienestar de la humanidad, en particular de los niños y los jóvenes, y amenazando la seguridad nacional y la soberanía de los Estados, y que socavaba la estabilidad socioeconómica y política, así como el desarrollo sostenible. En la resolución se acogía con beneplácito la decisión de la Comisión de Estupefacientes de convocar una serie de sesiones de alto nivel durante su 52° período de sesiones, a fin de evaluar el progreso realizado desde 1998 en la consecución de los objetivos y las metas establecidos por la Asamblea General en su vigésimo período extraordinario de sesiones; determinar las prioridades futuras y los ámbitos en que se requiriesen medidas adicionales, así como las metas y los objetivos que habrían de fijarse en la lucha contra el problema mundial de las drogas después de 2009; y adoptar una declaración política y otras medidas de fomento de la cooperación internacional. La Asamblea alentó a la Comisión y a la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito a que prosiguieran su labor de fiscalización internacional de drogas e instó a todos los gobiernos a que prestasen el máximo apoyo financiero y político posible a la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, de manera que pudiera proseguir, ampliar y afianzar sus actividades operacionales y de cooperación técnica, en el marco de sus mandatos.