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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Transgénicos 2.0: hora de parar.


Por Silvia Ribeiro

Cuando el Convenio sobre Diversidad Biológica de Naciones Unidas (CDB) instale su conferencia global (COP 13) del 4 al 17 de diciembre en Cancún, con delegados de 194 países, tendrá en su mesa una serie de temas de enorme relevancia, algunos muy polémicos y muchos que reclaman atención urgente. (http://tinyurl.com/zl976jn)

Un punto que reúne todas esas condiciones es la biología sintética y, dentro de ella, los llamados impulsores genéticos: nuevas formas de ingeniería genética para manipular especies silvestres, que podrían eliminar o afectar seriamente poblaciones enteras, con impactos transfronterizos e impredecibles en los ecosistemas. (http://tinyurl.com/zkz86hg)

Monsanto, DuPont y muchas otras trasnacionales agrícolas, farmacéuticas y de energía tienen gran interés e inversiones en esto. En el caso de Monsanto, los dueños de la patente de la tecnología base (CRISPR-Cas9) le hicieron firmar que no la usará para desarrollar impulsores genéticos, por los altos riesgo que implican. (http://tinyurl.com/gnao5vq)

La biología sintética abarca una serie de nuevas biotecnologías para la construcción artificial de secuencias genéticas, la alteración del metabolismo de microorganismos para hacerlos producir sustancias como principios activos farmacéuticos o cosméticos y hasta la construcción de organismos vivos completamente sintéticos, que el CBD llama organismos sintéticamente modificados (OSM).

Conlleva nuevos impactos ambientales, a la salud y socio-económicos, ya que la mayoría de las sustancias que se busca sustituir con biología sintética –como vainilla, azafrán, vetiver, patchouli, aceite de coco, stevia, artemisina– son producidas por comunidades campesinas e indígenas en países del Sur.


La industria de la biología sintética amenaza sus pequeñas fuentes de ingreso [de comunidades campesinas e indígenas] que les permiten sobrevivir y seguir cuidando la biodiversidad de campos y bosques. 

La industria presenta sus sustancias, que son excretadas por microbios manipulados, alimentados en tanques con azúcares transgénicas y de trabajo semi-esclavo, como naturales.

Los consumidores no tienen idea de qué se trata, pero al etiquetar naturales las industrias obtienen mejor precio y de paso compiten, no con las versiones sintéticas baratas de fragancias y saborizantes, sino con las verdaderamente naturales producidas por campesinos.

El CBD alberga el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad (que regula movimientos transfronterizos de transgénicos) y el Protocolo de Nagoya sobre acceso a recursos genéticos y participación en los beneficios derivados de su uso.

Ambos protocolos deben revisar sus normas, porque la biología sintética plantea impactos y temas no previstos. Por ejemplo, que con biología sintética se reproduzcan secuencias de plantas u otros organismos, cuya información genética se bajó de Internet, sin pasar por ninguna autorización de acceso.


el Convenio en totalidad debe pronunciarse sobre los impactos socio-económicos y sobre cómo seguir considerando el tema de la biología sintética, incluyendo la papa caliente de los impulsores genéticos, 

Además, el Convenio en totalidad debe pronunciarse sobre los impactos socio-económicos y sobre cómo seguir considerando el tema de la biología sintética, incluyendo la papa caliente de los impulsores genéticos, con altos riesgos e intencionalmente diseñados para tener alcances transfronterizos y globales.

Los impulsores construidos con ingeniería genética (gene drives por su nombre en inglés) son tan nuevos, que no existían cuando el CDB sostuvo su conferencia anterior en 2012. Se trata de una forma de engañar a las leyes de la herencia de las especies de cruzamiento sexual, sean plantas, insectos, animales o humanos. Normalmente, cada progenitor trasmite 50 por ciento de la información genética a su descendencia. Con impulsores genéticos, la meta es que el gen transgénico pase a 100 por ciento de la progenie, y que se distribuya mucho más rápido a toda la población.

La idea de asegurar que toda la herencia de un organismo mantenga una alteración genética existía desde antes, pero sólo con CRISPR-Cas9 se pudo hacer realidad. Se conocen pocos experimentos en laboratorio, con mosquitos, moscas y ratones, de dos equipos de investigadores de Estados Unidos.


Kevin Esvelt, uno de los científicos que crearon los impulsores genéticos, ha advertido repetidamente que no se deben liberar al medio ambiente, porque su impacto intencional o accidental pueden ser catastrófico (...) cualquier liberación accidental podría comportarse, en palabras de otro de sus inventores, como una reacción mutagénica en cadena. 

Kevin Esvelt, uno de los científicos que crearon los impulsores genéticos, ha advertido repetidamente que no se deben liberar al medio ambiente, porque su impacto intencional o accidental pueden ser catastrófico. Incluso para investigación, no existen instalaciones ni protocolos adecuados, ya que cualquier liberación accidental podría comportarse, en palabras de otro de sus inventores, como una reacción mutagénica en cadena.

La tecnología CRISPR-Cas9 es como un GPS con un par de tijeras. El GPS está diseñado para encontrar una secuencia genética y las tijeras (Cas9) para cortarla. Pero esas tijeras siguen activas en el organismo, por eso cuando se cruzan, cortan la información del otro progenitor y la sustituyen con la manipulada.

Si se diseña para eliminar los genes que determinan el sexo femenino (es la intención en la mayoría de experimentos conocidos), quedarían sólo machos y la especie podría extinguirse. Esto no tiene en cuenta la complejidad dinámica de la naturaleza y las especies y puede ser que no funcionen como prevén las empresas. Pero sin duda causarán, como mínimo, graves problemas de desarreglos genéticos en poblaciones.

¿Se puede dejar una tecnología tan poderosa en manos de Monsanto y afines? ¿Quién puede tomar la decisión de eliminar –o intentar hacerlo– una especie entera? Por ejemplo, para Monsanto, el amaranto es una plaga. El tema es tan grave que está incluso en la agenda de la Convención sobre Armas Biológicas. Ahora está en manos del CBD asumir el principio de precaución que está en su constitución y evitar que esta tecnología se pueda liberar. Más información sobre este y otros temas durante la COP 13: www.etcgroup.org

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Silvia Riberiro es Investigadora del Grupo ETC.
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viernes, 11 de noviembre de 2016

La biodiversidad amenazada; el capital va por la vida.


La realización de la COP 13 en México visibiliza las batallas por la biodiversidad. La biodiversidad es escenario de enfrentamientos entre conservacionistas en alianza con la ciencia, los capitalistas y los pueblos indígenas

Por Víctor M. Toledo

Regeneración, 10 de noviembre, 2016.- Desde hace al menos una década las fuerzas descomunales del capital corporativo se han movido de manera coordinada para hacer efectiva una economía verde que rompa los candados levantados por el conservacionismo y el ambientalismo, y permita acceder lo más libremente posible sobre la variedad de la vida (biodiversidad), concebida como un depósito de mercancías potenciales. La vida, visualizada no solamente como un conjunto de organismos, sino sus genes y sustancias químicas, y las masas forestales y aún los paisajes que forman más los servicios que ofrece. Privatizar la biodiversidad y convertirla en un inmenso supermercado es el objetivo final de esta nueva andanada. ¿Lo están logrando?

Los defensores de la naturaleza lograron a partir de la cumbre de Río en 1992 promulgar un Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), que es un tratado internacional jurídicamente vinculante, signado por 193 países, que establece tres objetivos claves: la conservación de la diversidad biológica, el uso sustentable (no destructivo) de sus componentes y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos. Los componentes de la diversidad biológica son todas las formas de vida que hay en la Tierra, incluidos ecosistemas, animales, plantas, hongos, microorganismos y genes. En años subsecuentes el CDB gestó a su vez otros dos acuerdos torales:

(a) El Protocolo de Cartagena, que busca salvaguardar la vida ante las innovaciones de la biotecnología, es decir, asegurar la manipulación, transporte y uso seguro de los organismos vivos; y

(b) el Protocolo de Nagoya, que tiene como objetivo compartir de manera justa y equitativa los beneficios derivados de los recursos genéticos.

Ambos tratados surgen en respuesta a los problemas y conflictos generados por la voracidad corporativa (principalmente farmacéuticas y biotecnológicas) y los riesgos que desencadenaron sus innovaciones tecnológicas. Como respuesta a lo anterior, las empresas organizadas han estado intentando influenciar los principales foros internacionales (como la Cumbre de Johanesburgo y la de Río+20) y de introducir una visión que justifique y facilite la mercantilización de la vida.

En diciembre próximo México será sede nada menos que de la decimotercera conferencia de las partes, que es la asamblea de la CDB, donde se toman las grandes decisiones. Ahí de nuevo este foro internacional (COP 13) será el escenario de cruentas batallas acerca de cómo hacer efectivas las tres encomiendas centrales sobre la biodiversidad del planeta. Alcanzo a ver al menos tres posiciones de manera nítida. Una es la de los conservacionistas y ambientalistas, sustentada en general por las tesis y aportes derivados de la investigación científica, que es la que ha logrado construir acuerdos vinculantes en estos 25 años.

La segunda es la que surge desde las esferas de los negocios y las corporaciones basadas en ideas como las de la economía verde y el capital natural. Y una tercera que comienza a ganar presencia que proviene de quienes conforman los pueblos y culturas que por miles e incluso decenas de miles de años han sobrevivido y (co-)evolucionado en íntima conexión con la biodiversidad que les circunda. No es casual que en la COP 13 habrá justamente grandes foros dedicados a la ciencia, los negocios y los pueblos indígenas (ver: cop13.mx/cop-13/).

Dos acontecimientos han comenzado a calentar el ambiente. El pasado 17 de octubre se constituyó la Alianza Mexicana por la Biodiversidad y los Negocios, formada por 27 entidades nacionales y globales, entre las que destacan (por sus acciones depredadoras y otros abusos) empresas como Bimbo, Cemex, Nestlé, Grupo México, Walmart, Fundación Televisa, Syngenta (líder mundial en el mercado de semillas y agroquímicos), y el gigantesco corporativo químico alemán BASF, dedicado a producir insecticidas, fungicidas, herbicidas, sustancias contra plagas urbanas, biotecnología agrícola y 757 productos químicos en decenas de ramas. BASF es la corporación más poderosa de la industria química mundial, con presencia en 80 países y un largo historial de contaminación por sustancias tóxicas. El segundo es la propuesta hecha por el Partido Verde en el Senado de la República para promulgar una nueva Ley General sobre Biodiversidad, contenida en 75 páginas. Más allá de las buenas intenciones y de sus claroscuros, esta propuesta comete dos faltas graves: no ha realizado una consulta suficiente, amplia y legítima a los actores sociales, expertos e instituciones involucradas (ni siquiera a la Conabio), y pretende ser aprobada fast track en tres semanas.

La realización de la COP 13 en México da la oportunidad de develar el entramado profundo de las batallas por la biodiversidad que hasta ahora han permanecido ocultas, sumergidas por los discursos superficiales, la autocensura, los acuerdos secretos y una visión maniquea del tema. La razón es que la biodiversidad mexicana ha sido motivo de cruentos enfrentamientos entre tres fuerzas: los conservacionistas en alianza con la ciencia, los capitalistas y los pueblos indígenas, lo cual se expresa en la política pública.

Cuatro décadas de realizar investigación sobre el tema me permiten arribar a tres principales y significativas conclusiones:

(a) Si algo impide alcanzar los objetivos de la CDB, esta es la lógica o racionalidad del capitalismo, basada en la generación masiva de una sola mercancía que entra en contradicción inmediata con la diversidad de la vida, además de su incapacidad para detener la voracidad derivada de sus procesos de acumulación;

(b) Que el conservacionismo + ambientalismo y ciencia han sido gradualmente cooptados y/o penetrados por los valores mercantiles y los afanes de control y dominio sobre la naturaleza, que es la ideología de la modernidad capitalista y tecnocrática; y

(c) Que si algún sector de la sociedad ha sido y sigue siendo el único capaz de llevar a la práctica los tres objetivos del CDB, este es el de las culturas rurales no modernas (pueblos indígenas, campesinos, pescadores artesanales, afrodescendientes). En una próxima entrega ofreceré abundantes ejemplos que confirman plenamente estas tesis.
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Fuente: Servindi