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domingo, 7 de abril de 2019

La vigencia de las ideas de Martin Luther King.



En el 51º Aniversario del asesinato de Martin Luther King, su utopía condensada en la icónica frase “I have a dream” (Tengo un sueño) sigue siendo inalcanzable en la distópica sociedad estadounidense del siglo XXI.
El reverendo Wright en un sermón pronunciado en el 2001 en la parroquia de la United Church of Christ de Chicago expresó la necesidad de una metanoia colectiva de la sociedad estadounidense “que transforme las guerras militares imperiales en guerras políticas internas contra el racismo y las injusticias de clase”, para lo que propuso una redistribución fundamental de la riqueza a través de la reasignación del presupuesto público.

Citando el “regalo de la Administración de George W. Bush de 1.300 billones de dólares en exenciones de impuestos para los ricos”, replicó con una propuesta de financiación pública de asistencia médica universal y de reconstrucción del sistema educativo para ponerlo al servicio de los pobres. Asimismo, en una conferencia pronunciada en la Universidad Howard (Washington) en el 2006 afirmó: “Este país se fundó y está dirigido según un principio racista (…) Creemos en la superioridad blanca y en la inferioridad negra (…) más que en el propio Dios”, según un extracto publicado por The Wall Street Journal.

Asimismo, el ex-Presidente Obama, hijo espiritual del Reverendo Wright y deudor del título de su libro “La Audacia de la Esperanza,” en su libro “Los Sueños de mi padre” habla sobre la actitud vital de la población afroamericana , marcada por el estigma generacional de “una segregación racial que ha caracterizado el devenir norteamericano” según sus palabras, herida sin cicatrizar que posiblemente vuelva a estallar en el mandato de Donald Trump tras los incidentes protagonizados por los supremacistas en Virginia y que contará con la firme réplica de la organización de extrema izquierda Antifa así como de grupos latinos,judíos, musulmanes y de las Fraternidades Negras.

Los supremacistas y el retorno del “White Power”

Según el Pew Research Center, la clase media ( con unos ingresos anuales de 73.400 $) ya no sería el segmento poblacional dominante en la sociedad estadounidense actual al sufrir una lenta pero progresiva caída en las últimas 4 décadas. Así, según el Pew, en 1971, la clase media representaba el 61% de la población (unos 80 millones de habitantes) mientras que en la actualidad no alcanzaría el listón del 50% (49,9%) debido a la crisis de las subprime, estallido de la burbuja inmobiliaria y posterior crash bursátil del 2008.

Conviene resaltar que entre los “perdedores de la crisis” además de afroamericanos y latinos aparecen por primera vez jóvenes universitarios endeudados y adultos blancos de más de 45 años sin estudios universitarios y con empleos de bajo valor añadido que tras quedar enrolados en las filas del paro, habrían terminado sumido en un círculo explosivo de depresión, alcoholismo, drogadición y suicidio tras ver esfumarse el mirlo del “sueño americano”, lo que habría tenido como efecto colateral la desafección de dichos segmentos de población blanca respecto del establishment tradicional demócrata y republicano.

Así, según una encuesta de la NBC, el 54% de la población blanca estaría “enfadada con el sistema”, frente al 43 % de los latinos y el 33% de los afroamericanos que siguen confiando en el sueño americano, lo que habría llevado a los votantes blancos a apoyar las posiciones políticamente incorrectas y refractarias a los dictados del estabishment tradicional republicano de Donald Trump, simbolizado en el apoyo de los indignados blancos mayores de 45 años a Trump y de los partidos neonazis y supremacistas blancos que siguen controlado los ámbitos de poder de la “América profunda” , simbolizado en el firme apoyo a su candidatura de David Duke, ex-líder del KKK.

Los posteriores nombramientos de Sebastian Gorka,( miembro de la organización de extrema derecha húngara Vitézi Rand) como asesor de contraterrorismo y de Stephen Bannon, (director de la página web Breitbart News, de ideología populista y ultraderechista) como Jefe de Estrategia simbolizaron la llegada de los supremacistas blancos a la Casa Blanca con el objetivo inequívoco de inastaurar el “White Power” en una sociedad en la que la evolución demográfica provocará que la población blanca será minoritaria en el escenario del 2.043. Así, según la Oficina del Censo de EEUU, hacia el 2043 los blancos dejarán de ser la mayoría de la población estadounidense y serán desplazados por la suma de la población hispana que aumentaría de 53,3 millones en la actualidad a 128,8 millones en 2060 y la afroamericana, que pasaría los 41,2 millones actuales a los 61,8 millones previstos por las proyecciones.

¿Hacia una nueva Marcha sobre Washington?

La persistencia de la violencia policial contra la población afroamericana y la práctica impunidad de la policía aunado con la visibilidad mediática de los supremacistas blancos que contarían con “la fraternal comprensión” de Donald Trump, podría hacer oscilar en sus valores la otrora monolítica actitud de las Fraternidades negras de permanecer al margen de las protestas violentas al constatar la certeza de las palabras del visionario Martin Luther King, Premio Nobel de la Paz (“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”). Así, no es descartable que fraternidades negras como Omega Psi Phi, Alpha Phi Alpha y Beta Phi Sigma y las hermandades Zeta Phi Beta y Gamma Sigma Rho hagan un llamamiento a sus miembros para que acudan a una nueva gran marcha pacífica sobre Washington (rememorando a la de Martin Luther King, 1.963) en la que se escuchará la oposición de la “América Progresista” a “todas las formas de racismo y sexismo, así como a las políticas de la Administración Trump contra la inmigración y los musulmanes”.

Asimismo, no sería descartable una posterior reedición de los violentos disturbios raciales del verano de 1963 que podría hacer que las áreas metropolitanas con altas tasas de población latina y afroamericana ( New Orleans, Washington, St-Louis, Los Ángeles, Atlanta, Cleveland y Chicago) estallen en violentos disturbios callejeros donde se entremezclarán las demandas sociales con las de segregación racial, olvidando las enseñanzas de Martin Luther King (“La violencia crea más problemas sociales que los que resuelve”) y quedando postergado “sine die” su sueño de ver “sentados en misma mesa a los hijos de blancos y negros en las praderas de Georgia”.

GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ-Analista

viernes, 6 de abril de 2018

El sueño que no termina: Martin Luther King Jr, legado que resurge.

Martin Luther King Jr. y su familia, en su casa de Atlanta, Georgia, en marzo de 1963Foto Ap


David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada

El reverendo Martin Luther King Jr., al morir el 4 de abril de 1968, se había convertido en un hombre mucho más peligroso del que dio su histórico discurso Tengo un sueño, en 1963: se había atrevido a cuestionar los fundamentos del sistema político y económico del país y llamó a una revolución moral contra los trillizos gigantescos del racismo, el materialismo extremo y el militarismo.

En su último año de vida, King Jr. declaró que el movimiento de derechos civiles que había encabezado necesitaba transformarse en un movimiento de derechos humanos y condenó no sólo la violencia y explotación dentro del país, sino también la política imperial. Se proclamó contra la guerra en Vietnam y la explotación del tercer mundo, afirmando que, como campeón de la no violencia –expresada en el histórico (y casi nunca citado por las élites) discurso en la iglesia Riverside, de Nueva York, que ofreció justo un año antes de su asesinato–, sabía que nunca más podría elevar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los guetos sin antes haber hablado claramente sobre el más grande proveedor de la violencia en el mundo actual: mi propio gobierno.

Fue repudiado no sólo por opositores, sino por muchos de sus colegas que le aconsejaban no salirse del guion de los derechos civiles, y enfrentó la reprobación de la opinión pública, con dos tercios expresando desacuerdo con sus nuevas posiciones y una mayoría de los afroestadunidenses. Medios que lo habían elogiado, como el New York Times, el Washington Post o la revista Time, criticaron su nueva posición. La Oficina Federal de Investigaciones (FBI), que lo había espiado por considerarlo un peligro para la nación, ahora buscaba cómo destruirlo políticamente por órdenes personales de su director, J. Edgar Hoover. El presidente Lyndon Johnson jamás lo perdonó. A la vez, se intensificaron las amenazas de muerte ya comunes durante muchos años y varios políticos y hasta colegas de lucha que lo habían elogiado cuando su mensaje se había limitado sólo al tema del racismo lo abandonaron.


Él había anunciado una nueva Campaña de los Pobres (Poor people’s campaign) enfocada en la desigualdad económica y la explotación de los trabajadores. Viajó a Memphis, Tenesí, para brindar su apoyo a una huelga de trabajadores municipales de limpieza, y mientras se preparaba para ir a cenar, al salir al balcón del motel Lorraine una bala segó su vida.


La noticia sacudió al país, y estallaron furiosos disturbios en decenas de ciudades alrededor del país, y en la capital –donde había ofrecido un discurso cinco días antes– se contaron más de 800 incendios y 13 muertes en los cuatro días de explosiones de ira.


Su imagen oficial post mortem fue cuidadosamente maquillada para que se quedara en 1963, con el sueño de igualdad racial, y hasta la fecha, en todo festejo oficial en escuelas o en los pasillos del poder en Washington, está congelado ahí, y casi nunca hay referencia al King del último año, uno que convocaba una transformación radical de su país.


Lo amaban como un mártir después de que fue asesinado, pero lo rechazaron como manifestante cuando estaba vivo, comentó recientemente a The Guardian Jesse Jackson, quien estaba con él ese día trágico.




Su último discurso –en un acto en Memphis donde no estaba programado– pareció pronosticar su muerte, declarando que Dios me permitió subir la montaña. Y vi al otro lado, y he visto la tierra prometida. Yo podría no llegar ahí con ustedes, pero quiero que sepan esta noche que nosotros, como un pueblo, llegaremos a la tierra prometida.

Los ecos de sus mensajes, entregados con esa inconfundible voz sonora, retumban por este país medio siglo después. Sus críticas y condenas al sistema estadunidense al enlazar el tema del racismo con el de la injusticia económica y el militarismo se podrían aplicar a la coyuntura actual. A la vez, sus ecos están en las movilizaciones por un salario digno en estos momentos expresado por decenas de miles de maestros de educación pública en West Virginia, Kentucky, Oklahoma y Arizona; están en el nuevo movimiento estudiantil contra la violencia de las armas, donde en la masiva Marcha por nuestras vidas, hace unos días, apareció entre los cientos de miles de jóvenes Yolanda Renee, de nueve años de edad, nieta de King; está en el movimiento de Black Lives Matter, y también con el de los jóvenes inmigrantes dreamers, está en luchas en los campos y en los centros urbanos.

Esta primavera, King estará presente en el renacimiento de su último proyecto, La campaña de los pobres: un llamado nacional por la renovación moral, convocada por el reverendo William Barber (quien algunos consideran potencialmente como un nuevo King) organizado desde abajo con la idea de detonar seis semanas de desobediencia civil no violenta con el objetivo de salvar el alma de Estados Unidos[https://poorpeoplescampaign.org].

Barber, como también Jesse Jackson y el representante John Lewis, entre otros veteranos del movimiento encabezado por King, estará en Memphis junto con otros en una serie de actos ahí, como otros en Atlanta donde está el monumento y centro de King (dirigido por su hija, Bernice King), para marcar los 50 años de su muerte –y habrá todo tipo de eventos en todo el país para conmemorar al gran líder moral. Pero la disputa sigue sobre a cuál King se recuerda, si sólo el del mensaje de amor y reconciliación, festejado por políticos, iglesias, empresarios y funcionarios, o el hombre de las palabras peligrosas que permanecen más vigentes que nunca en este país.

Cuando nuestros días se vuelven grises con las nubes bajas de la desesperanza, y cuando nuestra noches se vuelven más oscuras que mil medianoches, recordemos que hay una fuerza creativa en este universo trabajando para bajar las gigantescas montañas del mal, un poder que es capaz de hacer un camino donde no existe camino y transformar los ayeres oscuros en brillantes mañanas. Que nos demos cuenta de que el arco del universo moral es largo, pero que se inclina hacia la justicia, declaró Martin Luther King Jr. en 1967 al animar a sus seguidores a confrontar la injusticia fundamental del sistema estadunidense.


domingo, 1 de septiembre de 2013

Celebrar… ¿Qué celebramos?


Mumía Abú-Jamal

Pronto, las pantallas de televisión, las páginas de los periódicos y las estaciones de radio van a repetir, publicar otra vez y retransmitir viejas películas y fotos en blanco y negro y cintas grabadas de un discurso del Doctor Martin Luther King –su discuso, “Yo Tengo un Sueño” — en una hipócrita celebración de los 50 años de ese decisivo día de 1963, en Washington, DC. 

Estas ocaciones siempre me mortifican, porque es en días como éstos, cuando se hace tan claro como el cristal como se han vuelto tan mal las cosas para muchísimos.

Nosotros celebramos un discurso, pero no celebramos al hombre.

Celebramos un evento, mientras ignoramos y pretendemos desaparecer nuestro horrendo presente, un presente de desigualdades tan inmensas que aturde la imaginación.

El sistema de prisiones es una vergüenza de proporciones mundiales –Y no tenemos que ni siquiera mencionar nuestras prisiones secretas –tenebrosos lugares de tortura y muerte — nuestros sistemas estatales y federales de prisiones, y la impresionante colección de unidades de prisiones solitarias son lo suficientemente graves.

El sistema de educación se está desmoronando más rápidamente que los icebergs en un verano en la Antártica. Maestros son mal informados, se les falta el respeto y son botados de las escuelas para hacer campo a las“escuelas privadas” (léase: corporaciones) y al negocio privado. El sistema de educación no es otra cosa que un lugar de entrenamiento para las prisiones; y lugar donde los niños van a destruir su inteligencia.

¿Y las viviendas? Los ladrones de las corporaciones, los maleantes de los bancos nacionales y los financistas de Wall Street roban más riquezas con sus manipulaciones ilegales de las hipotecas que ningún otro negocio criminal en la historia. De acuerdo a Laura Gottesdiener, autora del nuevo libro, Un Sueño Robado, (A Dream Foreclosed*), más de 10 millones de personas - 10 millones! - han sido botadas de sus hogares debido a la crisis de las hipotecas de los últimos años.

En términos económicos, ésto significa que algo así como $19.2 trillones – trillones – fueron desaparecidos, según el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.

Los Negros estadounidenses han perdido más fortunas en la última década que en ninguna otra era desde la Reconstrucción. Del mismo modo, latinoamericanos que eran dueños de sus casas han sufrido desproporcionadamente por la crisis de las hipotecas.

Martin King habló sobre justicia económica, no meramente sobre sueños. Su mensaje económico ha sido ahogado en un drama de sueños.

Los políticos Negros, muchos de los cuales son bién pagados para comprar su silencio sobre el plan (o fraude?) del robo masivo de las viviendas, se hacen los que no ven la carnicería que está azotando a los Negros en los Estados Unidos.

Sin embargo, habrán celebraciones. Habrán rostros sonrientes. Habrán campanas y pitos, pompa y elogios.

Pero Martin Luther King se habrá convertido en el títere mudo de las mismas fuerzas políticas que se le oponían cuando podía respirar.

King fue enemigo acérrimo del materialismo, del militarismo, de las guerrras imperiales globales y del racismo.

Esas fuerzas están causando estragos en su pueblo y en los pobres de la nación.

Éso porque hemos pasado 50 años yendo por el camino equivocado.

–© ’13 maj

*Fuente: Laura Gottesdiener: Un Sueño Robado: Negros Norteamericanos y la Lucha por un Lugar al que Llamar Hogar. (Black America and the Fight for a Place to Call Home,

Brooklyn: Zucotti Park Press, 2013. 1811 pages.)

Fuente: ApiaVirtual