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domingo, 7 de septiembre de 2014

Si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo.


Nino Gallegos

Si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo, la tarde de-cayendo ante la noche, quedando una estela más fragmentada que íntegra de escenarios, de antesalas y de anfiteatros en los que el ser humano y la condición humana tienen el aura de un cuervo picoteando los ojos del mundo, del cielo y de la tierra.

El Aura es una fuente luminosa de energía, es un ave carroñera, el cuervo de Poe es un poema, el cuervo es un dicho que si crías cuervos te sacarán los ojos: la visión, no del asombro, acaso el caos y el ocaso de los pensamientos, las palabras, los actos y los hechos, el resuello de los boqueantes, de los agónicos y de los mortales.

No es tanto ver para creer. Basta con ver hacia adentro para ver las vísceras hacia afuera. Un hombre de negro degollando a un hombre de naranja, es el significado de una daga dentada que corta de manera cercenante lo que sostiene el cuerpo de la cabeza: la visión del mundo, del cielo y del desierto que es la tierra: ninguna posibilidad de salvación.

La simulacra(s)ización, es el acto y es el hecho de los pensamientos y las palabras: provocar al drama una desdramatización, la evidencia fáctica y mediática de lo real y de los virtual: la condición de la vida misma con el cuervo de Baudrillard entre las ramas y las hojas del árbol del conocimiento desarraigado, de cuajo, con sus raíces desde adentro y hacia fuera de la tierra, cuando el cuervo de Artaud es una visión doble de quien se ve colgado de una rama del árbol del drama-desdramatizado: colgando de los brazos, jugando; colgando del cuello, ahorcado; en tanto, el cuervo de Focault es la desaparición del rostro humano dibujado en la arena por una ola de mar, quedando el mar amniótico como testigo de lo que se engendró y devino de él.

Andar en la soledad del puerto con la cabeza a pájaros es, para quien esto escribe, un ejercicio de errores y de aciertos en lo que si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo, lecturas que se deshojan en la brumatinal y en la brisamarina, viendo cómo el salitre va herrumbrando y carcomiendo a los muelles y a los barcos en el cementerio marino de Valery y en el barco ebrio de Rimbaud, diciéndome el viento, al socaire, que quien ose citar a los poetas jamás podrá escribir poemas, quedándose en el divagarium-planetarium de un mundo abstracto, de un cielo peleándose con el sol y la luna, de una tierra socavada por el hombre que parió.

Así, en la contrición real y en la ampliación virtual, no hay más amor que la soledad multitudinaria del hombre y de la mujer; cada uno, esperanzado y esperanzada, en el llamado mutuo, son la diferencia y la inequidad expuestas a la desigualdad y a la elección de atraerse en la posesión de lo material-carnal, en las horas hombre y en las horas mujer para penetrarse y venirse entre ellos con la vaciedad de los jadeos y ese ruido gutural de quién posee a quién, cuando después del fuego, las ventanas están cubiertas con cortinas de humo. Afuera, un niño y una niña, sobreviven a los bombardeos en las calles y a los escombros de las casas. Nadie sabe qué será de ellos, aunque en la instrumentalidad acústica de Führs y Fröhling, Ammerland, tierra rural de Alemania y partitura musical de Jacobo de Haand, no será tampoco la tierra como hogar, porque el padre y la madre han estado ausentes desde que nacieron.

La ambivalencia si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo es la procrastinación y la plastinización de un futuro, a modo de venderlo, a plazos, para que el presente tenga un plus sucedáneo para que nos mantengamos alertas y expectantes ante el terrorismo suave y confortable del consumismo -vía Las Mayores Marcas del Mundo- e ir a Las Grandes Tiendas Departamentales para terminar de una buena vez con la existencia y los saldos en un fin de semana trágico para quienes no pudieron comprar y melodramático para quienes sí pudieron comprar la alegría en una envoltura artificial y desechable.

Vamos, dijo alguien: si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo, y no tanto cuento y menos tanta novela, aunque últimamente los poemas se dan como en maceta con demasiados poetas, ensayando un jardinero anónimo con unas plantas de sombra en un jardín público: “Calle abajo hay una zona sin habitar que se extiende hasta la orilla del mar, y a continuación, el océano ondeante y negro”, acabando de leer y transcribir el párrafo que escribió Audur Ava Ólafsdóttir, describiendo la vaciedad del espacio y la llenitud del océano, quedando la orilla del mar como un elemento decorativo que no ha trascendido en la mirada de la escritora islandesa que, por sus señas de origen e identidad, es difícil tener una visión como lector del contexto en que Islandia es geológica, volcánica y rodeada ¿por el mar o por el océano? La respuesta: nadie la contesta, porque es preciso navegar hacia allá.

Si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo, pero sí El Corazón de las Tinieblas de Conrad, Apocalipsys Now de Coppola, The End de Morrison y Blad Runner de Scott, en un andar en la soledad del puerto con la cabeza a pájaros y Aludra para estar más allá de la tierra, el cielo y el mundo y regresar más acá donde un país de y sombras, el real y el virtual, el fáctico y el mediático, el político, el empresarial y el narco que, si no son el apocalipsis, que sean el crepúsculo de la corrupción y la impunidad, de la violencia y el crimen en la decadencia de un Estado que se ha reformado estructuralmente con la transformación y la modernización de una ideología, una sociedad y una economía sentadas en la Silla Presidencial con la mano derecha apuñada y la mano izquierda abierta a la Banca de la Oligarquía.

Sí, si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo, porque de acuerdo o no, una lógica y una logística del mercado y el consumo, han reentronizado al sistema político y económico mexicano con las reformas estructurales, extendiéndose del centro a la periferia el poder de un Estado oligárquico, semoviente, neoliberal y transnacional. Una lógica y una logística del mercado y el consumo de las desigualdades y las necesidades económicas y sociales, siendo obvios los comportamientos de los ricos, los clasemedieros y los pobres. Es des-agradable palpar la suavidad y la rugosidad de una clase de políticos, empresarios y narcos que se ha posicionado antes y después de la revolución, la institucionalización, la transformación, la modernización y la globalización de las desigualdades y las necesidades de quienes co-habitamos con el pasado, el presente y el futuro de y para un país con un gran-mural-monumental-mexicano, con los pinceles variopintos del nacionalismo revolucionario de Rivera, Orozco, Siqueiros, Tamayo, el lúgubre y decadente des-dibujismo de Cuevas, y, las prefiguraciones, configuraciones y afiguraciones iniciáticas, rituales y ancestrales de Toledo. Y no son todos en el arte y la cultura de las desigualdades y las necesidades artísticas y culturales, pues el arte y la cultura en la liza del mainstream se exponen como vedettes y salvadores de México, porque en la lógica y en la logística del mercado y el consumo, lo que imperará-imperativamente es una lógica social incluyente y excluyente sobre la base económica de un producción cada vez más externa que interna, dependiendo de un capitalismo subsidiario en la compra y en la venta, en la oferta y en la demanda, en el sicariato gerencial y administrativo, corrupto e impune, de un capitalismo entre los lujos y los funerales que, a la vez, se manifiesta(rá) tautológico y escatológico, el poder del capital centralizado, blindado y militarizado.

Si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo hundiéndose junto con el mundo entre el cielo y la tierra: si no es el apocalipsis que sea el crepúsculo del alba.

Fuente: ApiaVirtual

domingo, 15 de diciembre de 2013

Estética y Literatura.


Para APIAVIRTUAL
A Elena Poniatowska, por el periodismo y la literatura.

Nino Gallegos

“Lo bello no es lo bueno forzosamente y el arte no es la condición de la moralidad ni de la libertad: uno se engaña si cree que un mundo estético nos llevaría a un mundo de felicidad, que eso sería la salvación de nuestra época. La belleza sin la inteligencia racional no lleva a ningún lado, no es la estética la que podrá enfrentar los grandes desafíos del futuro: la estética no nos va a llevar a un mundo mejor”. -Gilles Lipovetsky-.

“Tenemos una fe ciega en la literatura.
Creemos que la literatura nos salvará, pero rara vez la literatura ha salvado a alguien o nos ha salvado de nada; ni siquiera nos ha dado una respuesta que nos permitiera ser más libres o vivir más felices. Al contrario, la literatura no es un camino ni hacia la libertad ni hacia la felicidad; más bien es un camino hacia la ilusión. Es cierto que la literatura, como el conocimiento en su conjunto, puede conducirnos a la desilusión, esto es, puede oponerse a la ilusión que la ideología dominante construye. Sin embargo, lo habitual es que la literatura, más que como oposición, funcione como elemento de reconocimiento ideológico que facilita nuestra inserción en el sistema, enmascarando con un discurso aparentemente autónomo y puro el funcionamiento del capitalismo”. -David Becerra-.

Así, sin más, tajante, la estética y la literatura, nada más para la contemplación y la creación, porque no hay liberación ni salvación de nada, de nadie y de alguien. Sí y no mientras estemos expuestos a la infantilización, la estupidización, la banalización y el consumismo por parte de la publipropaganda en los medios y en las modas con el apendejamiento global, sumándonos al individualismo y al colectivismo donde uno no es nada ni nada ni alguien en lo in-mediático(TV)internetiano de la multitud y/o la mass media.

Aún así, Gilles Lipovetsky y David Becerra, ofrecen algunas propuestas óptimas, mas no optimistas, cargadas de ese pesimismo crítico que si no libera ni salva a nada, a nadie y a alguien, por lo más que por lo menos, pueden servirnos para una autocrítica no como autoayuda y sí para saber de qué estamos hecho con el consumismo en estos trece años del siglo veintiuno:
Lipovetsky: “En el capitalismo actual hay un polo de eficacia y un polo creativo, y no siempre van juntos, hay contradicciones entre los dos. Tenemos que hacer que gane el polo de la creación, el de la imaginación, no por fuera del capitalismo, sino dentro del sistema; además, el capitalismo ganó la batalla de la cantidad, nosotros tenemos que ganar la de la calidad.” Y algo para los estudiantes: “se debe favorecer las fuerzas creativas dentro de los sistemas de educación y recordar que no serán precisamente las nuevas tecnologías las que nos van a ofrecer una vida mejor”.

Becerra: “Y de esto se trata cuando nos preguntamos Qué hacemos con la literatura: de romper con el discurso dominante, de enfrentarnos a la noción de literatura que se nos impone, de arrancarle el velo de idealismo que nos impide verle al texto literario su rostro histórico. Se trata de problematizar la literatura como discurso, reflexionando acerca de nuestra experiencia como lectores, pero también de explorar nuevas vías para la producción de un discurso literario disidente que nos permita abrir grietas en el capitalismo, para tumbarlo y para construir una sociedad libre de explotación. Porque, en definitiva, es de lo que se trata”.

Ante las dos propuestas es repensar y es reempezar lo que la estética y la literatura son o no para el siglo veintiuno: ¿la cantidad o la calidad? En el fordismo mercadotécnico y/o mercadológico de los productos -en serie- y en la publipropaganda de los mismos en lo audio, gráfico y visual, se asevera y se asegura que “una imagen vale más que mil palabras”, aunque “el poeta y el pintor proyectan(do) sombras sobre el agua” y en donde “un poema es una pintura y una pintura es un poema” y que “cada fotografía cuenta una historia” es lo más cercano a la creación con calidad, en tanto, la cantidad se debe al diseño y a la producción-reproducción de objetos a través de los medios y las modas, y así, hasta la obsolescencia y de vuelta al reciclaje para que la imagen de la cantidad perdure mientras se consuma, y la metáfora de la calidad sea lo que Charles Baudelaire escribió en Retratos parisinos entre el poema, la pintura y la fotografía:
“…el taller que canta y que charla;
Los tubos, los campanarios, estos mástiles de la ciudad,
Y los grandes cielos que hacen soñar con la eternidad.”

La imagen es cantidad porque se reproduce y se sobrepone, y, la metáfora es calidad porque se crea. Es posible que la imagen parasite en la metáfora, mientras que la metáfora está escondida entre las palabras y las cosas; es cuestión de encontrárnosla, en tanto, la imagen donde quiera está; es cuestión de comprárnosla. “En adelante, la única verdadera práctica cultural será la de las masas, la nuestra (se acabó la diferencia) es una práctica manipulatoria, aleatoria, de laberintos de signos, que ya no tiene sentido”, está escrito para ser leído en Cultura y Simulacro, de Jean Baudrillard, añadiéndole de la misma lectura: “Será cierto si se da crédito al proyecto cultural oficial”, sea de este país en sombras o del país de las luces hollywoodenses porque es la América de la estética americana expansivamente global(izante), mientras la América Latina de la literatura tiende a la conquista de España y ésta a la reconquista de América Latina, si no cómo explicarse lo de Mario Vargas Llosa (peruano -nacionalizado- español), pero algunos dirán que es cuestión de nacionalidad, y no cuestionar su calidad y aun el premio Nobel de Literatura; y si a estas vamos, Roberto Bolaño invadió y conquistó a España desde afuera y hacia adentro, y como fue un latinoamericano que nació en Chile, vivió y escribió en México para publicar en España y traducirlo al inglés de USA, para él la estética y la literatura eran la lectura y la escritura en su cocina.