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jueves, 20 de diciembre de 2012

Las escuelas en EE.UU., de tragedia en tragedia.


Por Lázaro Fariñas*/Martianos-Hermes-Cubainformación.-

Durante mis últimos años de mi vida laboral, todas las mañanas veía llegar a los niños entrar felices a las diferentes escuelas donde yo trabajaba como oficial administrativo de las mismas. Llegaba muy temprano a mi oficina, más o menos dos horas antes de que el bullicio se apoderara de los pasillos del edificio de la escuela. La inocencia de los niños y niñas inundaban el ambiente, mientras estos llegaban a las aulas donde, tranquilamente, los esperaban sus maestras para comenzar el día escolar.

En algunas ocasiones, dejaba mi escritorio para ayudar a los que los recibían en las puertas ya que me gustaba verlos llegar con la alegría típica de alguien que apenas comienza su camino en la vida real. Se reían y jugaban entre ellos creando un aire de felicidad en todos los rincones de aquellas edificaciones, contagiando a los adultos que los cuidaban, envolviéndolos en sus deseos de vivir alegremente. Daban los primeros pasos para adentrarse en la sociedad, sin tener ni la menor idea de lo que les podía deparar el porvenir.

Así, como los niños que hacían felices mis mañanas de trabajo, así llegaban a una escuela de Connecticut otros niños el pasado 14 de diciembre, sin tener la menor sospecha de lo que el destino les deparaba a 20 de ellos una hora más tarde. Cuando el joven de 20 años irrumpió, armado hasta los dientes y lleno de odio, en dos aulas de la escuela, lo único que llevaba en su mente era asesinar a esos indefensos niñitos que caían ante sus ojos como soldaditos de plomo. La historia se volvía a repetir, otra vez las escuelas se convertían en el centro de un espectáculo espantoso de horror en donde la violencia regresaba para hacer de las suyas y tomar las riendas del destino de víctimas inocentes.

Desde que en mayo de 1927, en el pueblo de Bath en el norte del estado de Michigan, Andrew Kehoe colocó explosivos en la escuela local, los cuales, al explotar, dejaron a 38 niños y siete maestros muertos, hasta el pasado viernes, 14 de diciembre, han sido decenas de casos similares los que han ocurrido en diferentes años y en diferentes estados de la unión americana. Centenares de seres inocentes han sido víctima de estos actos irracionales, perpetrados por personas llenas de odio, subproductos de una sociedad en donde ha imperado la violencia desde su misma fundación.

Desde la guerra por su independencia, hasta la fecha, los Estados Unidos han estado constantemente sumergidos en guerras y conflictos nacionales o internacionales. La Guerra Civil, que se llevó a cabo desde 1861 hasta 1865, dejó un saldo de víctimas de más de 600,000 de ambos lados del conflicto y cicatrices que aún, hoy en día, no se acaban de sanar.

Las guerras han mantenido un alto nivel de violencia en el subconsciente de la sociedad norteamericana, tanto así, que pululan los juegos de video en donde unos se matan a los otros y que están al alcance de los niños de cualquier edad.

La Constitución de Estados Unidos, en su segunda enmienda, da el derecho a los ciudadanos de este país de comprar y portar armas de fuego. Con mucha facilidad y prontitud cualquier ciudadano puede llegar a cualquier tienda que se dedica a la venta de las mismas y comprar, desde un revolver de menor calibre, hasta un rifle de asalto, con solo llenar un pequeño formulario sin importancia. Esa enmienda que ha sido ampliamente criticada por grandes sectores de la sociedad consiente de la gravedad que representa el hecho de tener un arma de fuego, parece estar escrita en piedra.

La Asociación Nacional del Rifle, esa poderosa institución norteamericana que mantiene la presión en el Congreso de los Estados Unidos para que no sea abolida la enmienda, ha logrado, hasta el momento, que cualquier iniciativa en ese sentido sea derrotada por los legisladores.

Mientras se mantenga la facilidad de que cualquiera pueda hacerse de un arma de fuego, mientras se siga con la mentalidad de que los conflictos se resuelven por la fuerza, mientras se permita que los juegos de video inciten a la violencia extrema, me temo que las tragedias, como la que acaba de ocurrir en Connecticut, seguirán repitiéndose en esta sociedad y que otros pinos nuevos verán sus vidas truncadas y dejarán de ser, como decía el Apóstol de la independencia de Cuba, “la esperanza del mundo”.

*Lázaro Fariñas periodista cubano residente en EE.UU.

Fuente: ApiaVirtual

martes, 25 de octubre de 2011

Estados Unidos política imperial.


Miami, 24 de octubre del 2011
Por Lorenzo Gonzalo* -Cubainformación .- No creo que existan dudas que nos lleven a pensar sobre un cambio en la política internacional de Estados Unidos. La prueba está en la manera que se ha venido proyectando la Administración de Obama respecto a Medio Oriente. 
Los sucesos a destacar con mayor vehemencia han sido la muerte de Bin Laden, el asesinato de Muamar Gadafi, la ampliación de la Guerra en Afganistán y recientemente, el retiro de las tropas de Irak.
A trece meses de unas elecciones, lo usual en Estados Unidos es concentrarse en cómo ganarlas, aun cuando eso signifique sacrificar la paz mundial, dándole continuidad a la política tradicional estadounidense. Pero este quizás no sea exactamente el caso, ni explique la actitud de Obama.
Si alguna vez Obama pensó seriamente que lograría acabar con la diferencia irreconciliable, alimentada desde Washington y las potencias occidentales europeas, entre “el mundo musulmán y el Oeste”, según su discurso en El Cairo, sus comparecencias desde hace un año a la fecha y sus acciones, no solamente lo niegan, sino que la ha profundizado.
Los sucesos del Medio Oriente que la Administración Obama ha destacado como grandes triunfos de su gobierno y que, desde el punto de vista de una política imperial en realidad lo han sido, reafirman la continuidad de una estrategia de dominio, ampliada a partir del derrumbamiento del mal llamado “Bloque Socialista”.
Personas ajenas a las opiniones y sentimientos del estadounidense medio, pudieran pensar que esa conducta frente a Oriente Medio, basada en los acontecimientos de los últimos tiempos, responde a la consabida estrategia electorera que practican los círculos de poder de Estados Unidos.
En realidad a los estadounidenses les interesa resolver la falta de trabajo y detener el aumento gradual del costo de ciertos servicios básicos, entre ellos la salud, así como las obligaciones de comprar seguros con precios para ricos y contener la inflación que hace cada vez más inaccesibles una variada gama de renglones alimenticios. La transportación no es aún algo que interese mucho porque la noción del automóvil aún tiene una extraordinaria fuerza. En ese sentido lo que preocupa a la ciudadanía es el alto costo de los combustibles y las ventajas que han tomado las petroleras a partir de las irregularidades del suministro, aumentando sus ganancias descomunalmente.
Las famosas Guerras inventadas por Bush y que ha costado la estabilidad económica del país, no son al parecer los elementos que puedan tener gran peso para decidir el voto del ciudadano medio.
Cuando las elecciones del 2008 fue precisamente el tema de la economía el que más votos le dio a Obama. Sus promesas de retirar las tropas y cambiar el rumbo de la Guerra de Irak y Afganistán, fueron el adorno de su discurso y un elemento que fortaleció sus promesas de dedicarse por entero a levantar la economía del país. Ese era el plato principal del menú electoral. En las próximas elecciones las prioridades de la ciudadanía no han cambiado.
Si lo dicho hasta aquí responde realmente a las realidades del proceso electoral estadounidense, tendremos que concluir que la posición frente a Medio Oriente adoptada por Obama, no se justifica, ni siquiera desde un punto de vista electoral, excepto que de plano acepte personalmente una política que fustigó cuando visitó El Cairo. Su última actitud frente a la muerte de Gadafi, la cual a todas luces parece ser un asesinato y no la de un movimiento pidiendo cuentas a un gobernante errático que derrochó la oportunidad para ser una diferencia en su país y en el continente Africano, dejó mucho por desear. La misma no se parece en nada a la frescura de ideas tantas veces expresadas cuando supuestamente era un abogado con inquietudes sociales y vocación política.
Las elecciones del 2013 se ganan o se pierden sobre las mismas bases que se ganaron y perdieron en el 2008: la economía nacional. Obama debe saberlo y a la consecución de ese fin se supone que encamine el mensaje de sus discursos y todos sus esfuerzos. No hay razones para acentuar el protagonismo de Estados Unidos en Medio Oriente, excepto que le interese recalcarle al mundo que las cosas no han cambiado y que el Presidente de Estados Unidos está totalmente de acuerdo con esa política, a pesar de lo expresado por él en épocas pasadas.
La retirada de tropas de Irak, si es que llegara a efectuarse, la cual responde a un compromiso establecido con el gobierno de Irak por la Administración de George W. Bush, no rendirá inmediatos resultados económicos, aunque sin dudas ayudará a mediano plazo a balancear el presupuesto. En ese sentido Obama quizás tenga un pequeño resquicio, pero en concreto, no es el gane de la partida.
Su batalla estará dada en destacar que la economía no ha avanzado mejor, por el obstáculo que significan los republicanos en el Senado y el Congreso. Pero tendrá que hacer galas de sus destrezas oratorias para convencer a unos votantes, que cada día se frustran más de escuchar los mismos cuentos.
No es cierto que la economía de un país capitalista como Estados Unidos no esté en manos del gobierno. Aun dentro de los principios más ortodoxos del capitalismo, si un gobierno como el de Obama actúa sobre los intereses de Wall Street y la Banca, imponiendo regulaciones que impidan a esas instituciones jugar con la economía de la nación, el comportamiento del mercado cambiaría y la vida de las mayorías podría mejorar. El Estado no podrá decirle a las empresas automovilista, a los constructores, a la industria de la informática, a los centros de producción de fuentes alternativas de energía y a los fabricantes en general, cómo dirigir la gestión, qué productos producir y en qué cantidades, pero sí puede impedir, por ejemplo, que las acciones de las compañías continúen siendo un juego de ruleta.
Ahora bien, para hacer lo anterior hace falta ser un poco más que Presidente de un país donde el gobierno ha perdido su autoridad o al menos hace mucho que no intenta recuperarla.
Sin un Presidente que sea capaza de imponer su liderazgo personal, denunciando las dificultades impuestas por intereses antinacionales, moviendo opiniones, levantando conciencias y acusando cuando haya que hacerlo, la economía no cambiará y seguirá en las mismas manos que hoy le impiden funcionar para beneficio de la mayoría.
Habría que ver cómo enfocan los candidatos la cuestión económica y con cuanta claridad pueden expresar sus ideas.
El público estadounidense está acostumbrado a la política imperial que se sigue en Medio Oriente. Los supuestos éxitos del país en aquella región, representan solamente una estrategia que resulta familiar y por ende no se asombra por la violación de la soberanía de Pakistán para ultimar a Bin Laden o de las maniobras que autorizaron a la OTAN hacer en Libia el trabajo que los marines han hecho en Irak y Afganistán.
El problema que ese público quiere ver resuelto es la economía, para regresar al ritmo de vida alcanzado en los últimos treinta o cuarenta años. Ese punto es el que dirime la diferencia entre uno y otro partido en esta próxima contienda del 2013.
*Lorenzo Gonzalo periodista cubano residente en los EE.UU. y subdirector de Radio Miami.
Fuente: ApiaVirtual