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martes, 25 de octubre de 2011

Estados Unidos política imperial.


Miami, 24 de octubre del 2011
Por Lorenzo Gonzalo* -Cubainformación .- No creo que existan dudas que nos lleven a pensar sobre un cambio en la política internacional de Estados Unidos. La prueba está en la manera que se ha venido proyectando la Administración de Obama respecto a Medio Oriente. 
Los sucesos a destacar con mayor vehemencia han sido la muerte de Bin Laden, el asesinato de Muamar Gadafi, la ampliación de la Guerra en Afganistán y recientemente, el retiro de las tropas de Irak.
A trece meses de unas elecciones, lo usual en Estados Unidos es concentrarse en cómo ganarlas, aun cuando eso signifique sacrificar la paz mundial, dándole continuidad a la política tradicional estadounidense. Pero este quizás no sea exactamente el caso, ni explique la actitud de Obama.
Si alguna vez Obama pensó seriamente que lograría acabar con la diferencia irreconciliable, alimentada desde Washington y las potencias occidentales europeas, entre “el mundo musulmán y el Oeste”, según su discurso en El Cairo, sus comparecencias desde hace un año a la fecha y sus acciones, no solamente lo niegan, sino que la ha profundizado.
Los sucesos del Medio Oriente que la Administración Obama ha destacado como grandes triunfos de su gobierno y que, desde el punto de vista de una política imperial en realidad lo han sido, reafirman la continuidad de una estrategia de dominio, ampliada a partir del derrumbamiento del mal llamado “Bloque Socialista”.
Personas ajenas a las opiniones y sentimientos del estadounidense medio, pudieran pensar que esa conducta frente a Oriente Medio, basada en los acontecimientos de los últimos tiempos, responde a la consabida estrategia electorera que practican los círculos de poder de Estados Unidos.
En realidad a los estadounidenses les interesa resolver la falta de trabajo y detener el aumento gradual del costo de ciertos servicios básicos, entre ellos la salud, así como las obligaciones de comprar seguros con precios para ricos y contener la inflación que hace cada vez más inaccesibles una variada gama de renglones alimenticios. La transportación no es aún algo que interese mucho porque la noción del automóvil aún tiene una extraordinaria fuerza. En ese sentido lo que preocupa a la ciudadanía es el alto costo de los combustibles y las ventajas que han tomado las petroleras a partir de las irregularidades del suministro, aumentando sus ganancias descomunalmente.
Las famosas Guerras inventadas por Bush y que ha costado la estabilidad económica del país, no son al parecer los elementos que puedan tener gran peso para decidir el voto del ciudadano medio.
Cuando las elecciones del 2008 fue precisamente el tema de la economía el que más votos le dio a Obama. Sus promesas de retirar las tropas y cambiar el rumbo de la Guerra de Irak y Afganistán, fueron el adorno de su discurso y un elemento que fortaleció sus promesas de dedicarse por entero a levantar la economía del país. Ese era el plato principal del menú electoral. En las próximas elecciones las prioridades de la ciudadanía no han cambiado.
Si lo dicho hasta aquí responde realmente a las realidades del proceso electoral estadounidense, tendremos que concluir que la posición frente a Medio Oriente adoptada por Obama, no se justifica, ni siquiera desde un punto de vista electoral, excepto que de plano acepte personalmente una política que fustigó cuando visitó El Cairo. Su última actitud frente a la muerte de Gadafi, la cual a todas luces parece ser un asesinato y no la de un movimiento pidiendo cuentas a un gobernante errático que derrochó la oportunidad para ser una diferencia en su país y en el continente Africano, dejó mucho por desear. La misma no se parece en nada a la frescura de ideas tantas veces expresadas cuando supuestamente era un abogado con inquietudes sociales y vocación política.
Las elecciones del 2013 se ganan o se pierden sobre las mismas bases que se ganaron y perdieron en el 2008: la economía nacional. Obama debe saberlo y a la consecución de ese fin se supone que encamine el mensaje de sus discursos y todos sus esfuerzos. No hay razones para acentuar el protagonismo de Estados Unidos en Medio Oriente, excepto que le interese recalcarle al mundo que las cosas no han cambiado y que el Presidente de Estados Unidos está totalmente de acuerdo con esa política, a pesar de lo expresado por él en épocas pasadas.
La retirada de tropas de Irak, si es que llegara a efectuarse, la cual responde a un compromiso establecido con el gobierno de Irak por la Administración de George W. Bush, no rendirá inmediatos resultados económicos, aunque sin dudas ayudará a mediano plazo a balancear el presupuesto. En ese sentido Obama quizás tenga un pequeño resquicio, pero en concreto, no es el gane de la partida.
Su batalla estará dada en destacar que la economía no ha avanzado mejor, por el obstáculo que significan los republicanos en el Senado y el Congreso. Pero tendrá que hacer galas de sus destrezas oratorias para convencer a unos votantes, que cada día se frustran más de escuchar los mismos cuentos.
No es cierto que la economía de un país capitalista como Estados Unidos no esté en manos del gobierno. Aun dentro de los principios más ortodoxos del capitalismo, si un gobierno como el de Obama actúa sobre los intereses de Wall Street y la Banca, imponiendo regulaciones que impidan a esas instituciones jugar con la economía de la nación, el comportamiento del mercado cambiaría y la vida de las mayorías podría mejorar. El Estado no podrá decirle a las empresas automovilista, a los constructores, a la industria de la informática, a los centros de producción de fuentes alternativas de energía y a los fabricantes en general, cómo dirigir la gestión, qué productos producir y en qué cantidades, pero sí puede impedir, por ejemplo, que las acciones de las compañías continúen siendo un juego de ruleta.
Ahora bien, para hacer lo anterior hace falta ser un poco más que Presidente de un país donde el gobierno ha perdido su autoridad o al menos hace mucho que no intenta recuperarla.
Sin un Presidente que sea capaza de imponer su liderazgo personal, denunciando las dificultades impuestas por intereses antinacionales, moviendo opiniones, levantando conciencias y acusando cuando haya que hacerlo, la economía no cambiará y seguirá en las mismas manos que hoy le impiden funcionar para beneficio de la mayoría.
Habría que ver cómo enfocan los candidatos la cuestión económica y con cuanta claridad pueden expresar sus ideas.
El público estadounidense está acostumbrado a la política imperial que se sigue en Medio Oriente. Los supuestos éxitos del país en aquella región, representan solamente una estrategia que resulta familiar y por ende no se asombra por la violación de la soberanía de Pakistán para ultimar a Bin Laden o de las maniobras que autorizaron a la OTAN hacer en Libia el trabajo que los marines han hecho en Irak y Afganistán.
El problema que ese público quiere ver resuelto es la economía, para regresar al ritmo de vida alcanzado en los últimos treinta o cuarenta años. Ese punto es el que dirime la diferencia entre uno y otro partido en esta próxima contienda del 2013.
*Lorenzo Gonzalo periodista cubano residente en los EE.UU. y subdirector de Radio Miami.
Fuente: ApiaVirtual

sábado, 7 de mayo de 2011

¿Un Nobel de la Paz puede celebrar un asesinato?


Xavier Garí

Cristianismo y justicia

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha anunciado esta madrugada con orgullo y clara satisfacción, que Bin Laden ha sido asesinado por orden suya a manos de la CIA. Su Secretaria de Estado, Clinton, el ex presidente norteamericano, Bush, el primer ministro británico, Cameron, la canciller alemana, Merkel, y el primer ministro italiano, Berlusconi, han sido los que han tenido más prisa para felicitarse por la misma noticia. Con alta sorpresa he recibido esta reacción rodeada del fervor popular de ciudadanos de Estados Unidos que salían a la calle para celebrarlo.

Me pregunto si un presidente de un país democrático, que habla de libertad y de justicia, y que nada más llegar a la presidencia se le otorgó nada menos que el Premio Nobel de la Paz, puede aparecer públicamente con la satisfacción tan evidente que le proporciona un asesinato, aunque sea del enemigo número uno del país. En términos jurídicos, asesinar es un delito. No sé por qué en Guantánamo hay detenidos y torturados, algunos sin juzgar, sobre los que no se ha podido demostrar una participación directa en asesinatos, y en cambio el propio presidente Obama se autoinculpa manifestando que ha dado la orden de asesinar a una persona, y no es considerado públicamente delito y la ciudadanía sale a las calles de Washington y Nueva York para festejarlo.

Moralmente, cualquier asesinato es reprobable y nunca digno de celebraciones. Cómo puede ser que nadie en la comunidad internacional occidental, ni el Secretario General de Naciones Unidas (que se limitó a reconocer que la lucha contra el terrorismo ha llegado a “un punto de inflexión”), se haya manifestado en contra de una decisión “terrorista” de un estamento del espionaje de un país democrático (la CIA en el caso de EEUU). Ocurrió lo mismo con el asesinato del Che, así como con el del presidente chileno Allende sin ir más lejos, y tampoco le ahorró un Nobel de la Paz a Kissinger. No por ello es menos reprobable esta política que ni en secreto, pero menos aún en público, debería admitir estas actuaciones y además publicitarlas con el festejo popular y la satisfacción de la diplomacia internacional.

Claro que Bin Laden no es un santo, pero sus delitos deben ser juzgados y su vida respetada, si es que no le hacemos pagar con la misma moneda lo que ordenó ejecutar el 11 de septiembre de 2001, y entonces todos quedaron a su nivel, cuando lo que necesitaba era distanciarse de sus maneras, y dar una lección al mundo de dignidad, de justicia y de paz. Ya la Guerra de Irak y la invasión y posterior Guerra de Afganistán significaban reproducir el mismo terrorismo de Al Qaeda con formato oficial y militar, pero algunas potencias occidentales le dieron apoyo, y encima ahora lo matan.

Cuando entenderemos que la Paz no se puede imponer con violencia? Que las ejecuciones, vengan del terrorismo, de las guerras, de Al Qaeda o de la CIA, siempre deben ser desechables porque vulneran el primero de los Derechos Humanos? Cuando aprenderemos que noticias como esta no pueden significar lo que Barack Obama ha manifestado esta madrugada al comenzar su discurso: “Hoy es un gran día para América”. En todo caso, no lo es para la democracia, para los derechos humanos y para el verdadero significado de la justicia y la paz. ¡Un asesinato no puede engendrar vida!

Fuente: REDES CRISTIANAS

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miércoles, 4 de mayo de 2011

Profundo Rechazo al terrorismo y a la Venganza.


El Partido Humanista Internacional dio a conocer un comunicado firmado por el Equipo Coordinador Internacional, que se reproduce textualmente.

Los humanistas del mundo rechazamos al terrorismo internacional ya sea de origen político, religioso o cualquier otro, y repudiamos los crímenes que se comenten en cualquier parte del mundo. Esta es una línea de conducta y una postura mantenida en el tiempo e imposible de abandonar sin poner en crisis nuestra identidad y nuestra doctrina de Humanismo y No Violencia.

La muerte de Osama Bin Laden –como cualquier otra vida individual- no va a cambiar el peligro para la paz en el mundo que significan grupos de fanáticos, pero recuerda la vigencia internacional del tema y la necesidad de lograr la paz mundial y la integración de todas las culturas como un medio efectivo de superar sus causas aparentes.

No compartimos que Osama haya sido muerto en lugar de ser tomado prisionero para su posterior juzgamiento en un juicio justo por un tribunal internacional ya que cometió delitos en diversas partes del mundo. Por no hablar de la posibilidad, si hubiera quedado con vida, para hacer algunos avances en la lucha contra el terrorismo internacional. De hecho, nada nos impide pensar que tal vez su muerte podría ser la mejor solución para ocultar otros poderes involucrados que, de esta manera, seguirán tranquilos para cometer más crímenes de lesa humanidad.

Reiteramos: La justicia no puede ser confundida con el axioma "ojo por ojo, diente por diente". Si realmente Osama Bin Laden fue asesinado, este caso tal vez sea útil a Obama para ser elegido presidente y todos los partidarios de las soluciones militares podrán rehabilitar la conciencia, pero sin duda no será útil para disponer de una mayor justicia en este mundo.

Los militares de EE.UU. no pueden hablar de justicia cuando parece que estamos frente a un asesinato premeditado con el único objeto de la venganza. Y si fuera que estamos en el caso de un accidente durante un tiroteo, tampoco se trata de justicia. En cualquier caso, es la venganza.

Sin duda, no está en cuestión el carácter altamente violento de los actos delictivos cometidos por Osama Bin Laden. Pero por esta misma razón su muerte no debe confundirse con la justicia.

El mundo árabe está haciendo un esfuerzo para seguir el impulso de sus jóvenes y cambiar una sociedad excluyente por otra inclusiva, una situación de encerramiento en apertura, una relación social de inequidad por justicia social y la construcción en paz de una sociedad que sintonice con el mundo.

Los humanistas hemos sido víctimas del terrorismo internacional pero no nos alegramos por la muerte de ninguna persona. Importa más crear condiciones para que estos hechos desgraciados no vuelvan a repetirse. Pero esa desdicha común nos da fuerza moral para dirigirnos a todos los pueblos que han sido tocados por la violencia insana y decirles que hagamos un nuevo esfuerzo.

La justicia en las relaciones y el contacto convergente de las culturas es el único camino que los humanistas aconsejamos transitar y en el que anotamos nuestro compromiso militante.+ (PE)


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Fuente: ECUPRES