Blog personal de Juan Carlos Urquhart de Barros - Arzobispo Primado de la Iglesia Católica Episcopal Antigua en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay.-
martes, 25 de octubre de 2011
Estados Unidos política imperial.
sábado, 7 de mayo de 2011
¿Un Nobel de la Paz puede celebrar un asesinato?

Xavier Garí
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha anunciado esta madrugada con orgullo y clara satisfacción, que Bin Laden ha sido asesinado por orden suya a manos de la CIA. Su Secretaria de Estado, Clinton, el ex presidente norteamericano, Bush, el primer ministro británico, Cameron, la canciller alemana, Merkel, y el primer ministro italiano, Berlusconi, han sido los que han tenido más prisa para felicitarse por la misma noticia. Con alta sorpresa he recibido esta reacción rodeada del fervor popular de ciudadanos de Estados Unidos que salían a la calle para celebrarlo.
Me pregunto si un presidente de un país democrático, que habla de libertad y de justicia, y que nada más llegar a la presidencia se le otorgó nada menos que el Premio Nobel de la Paz, puede aparecer públicamente con la satisfacción tan evidente que le proporciona un asesinato, aunque sea del enemigo número uno del país. En términos jurídicos, asesinar es un delito. No sé por qué en Guantánamo hay detenidos y torturados, algunos sin juzgar, sobre los que no se ha podido demostrar una participación directa en asesinatos, y en cambio el propio presidente Obama se autoinculpa manifestando que ha dado la orden de asesinar a una persona, y no es considerado públicamente delito y la ciudadanía sale a las calles de Washington y Nueva York para festejarlo.
Moralmente, cualquier asesinato es reprobable y nunca digno de celebraciones. Cómo puede ser que nadie en la comunidad internacional occidental, ni el Secretario General de Naciones Unidas (que se limitó a reconocer que la lucha contra el terrorismo ha llegado a “un punto de inflexión”), se haya manifestado en contra de una decisión “terrorista” de un estamento del espionaje de un país democrático (la CIA en el caso de EEUU). Ocurrió lo mismo con el asesinato del Che, así como con el del presidente chileno Allende sin ir más lejos, y tampoco le ahorró un Nobel de la Paz a Kissinger. No por ello es menos reprobable esta política que ni en secreto, pero menos aún en público, debería admitir estas actuaciones y además publicitarlas con el festejo popular y la satisfacción de la diplomacia internacional.
Claro que Bin Laden no es un santo, pero sus delitos deben ser juzgados y su vida respetada, si es que no le hacemos pagar con la misma moneda lo que ordenó ejecutar el 11 de septiembre de 2001, y entonces todos quedaron a su nivel, cuando lo que necesitaba era distanciarse de sus maneras, y dar una lección al mundo de dignidad, de justicia y de paz. Ya la Guerra de Irak y la invasión y posterior Guerra de Afganistán significaban reproducir el mismo terrorismo de Al Qaeda con formato oficial y militar, pero algunas potencias occidentales le dieron apoyo, y encima ahora lo matan.
Cuando entenderemos que la Paz no se puede imponer con violencia? Que las ejecuciones, vengan del terrorismo, de las guerras, de Al Qaeda o de la CIA, siempre deben ser desechables porque vulneran el primero de los Derechos Humanos? Cuando aprenderemos que noticias como esta no pueden significar lo que Barack Obama ha manifestado esta madrugada al comenzar su discurso: “Hoy es un gran día para América”. En todo caso, no lo es para la democracia, para los derechos humanos y para el verdadero significado de la justicia y la paz. ¡Un asesinato no puede engendrar vida!
Fuente: REDES CRISTIANAS
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miércoles, 4 de mayo de 2011
Profundo Rechazo al terrorismo y a la Venganza.

El Partido Humanista Internacional dio a conocer un comunicado firmado por el Equipo Coordinador Internacional, que se reproduce textualmente.
Los humanistas del mundo rechazamos al terrorismo internacional ya sea de origen político, religioso o cualquier otro, y repudiamos los crímenes que se comenten en cualquier parte del mundo. Esta es una línea de conducta y una postura mantenida en el tiempo e imposible de abandonar sin poner en crisis nuestra identidad y nuestra doctrina de Humanismo y No Violencia.
La muerte de Osama Bin Laden –como cualquier otra vida individual- no va a cambiar el peligro para la paz en el mundo que significan grupos de fanáticos, pero recuerda la vigencia internacional del tema y la necesidad de lograr la paz mundial y la integración de todas las culturas como un medio efectivo de superar sus causas aparentes.
No compartimos que Osama haya sido muerto en lugar de ser tomado prisionero para su posterior juzgamiento en un juicio justo por un tribunal internacional ya que cometió delitos en diversas partes del mundo. Por no hablar de la posibilidad, si hubiera quedado con vida, para hacer algunos avances en la lucha contra el terrorismo internacional. De hecho, nada nos impide pensar que tal vez su muerte podría ser la mejor solución para ocultar otros poderes involucrados que, de esta manera, seguirán tranquilos para cometer más crímenes de lesa humanidad.
Reiteramos: La justicia no puede ser confundida con el axioma "ojo por ojo, diente por diente". Si realmente Osama Bin Laden fue asesinado, este caso tal vez sea útil a Obama para ser elegido presidente y todos los partidarios de las soluciones militares podrán rehabilitar la conciencia, pero sin duda no será útil para disponer de una mayor justicia en este mundo.
Los militares de EE.UU. no pueden hablar de justicia cuando parece que estamos frente a un asesinato premeditado con el único objeto de la venganza. Y si fuera que estamos en el caso de un accidente durante un tiroteo, tampoco se trata de justicia. En cualquier caso, es la venganza.
Sin duda, no está en cuestión el carácter altamente violento de los actos delictivos cometidos por Osama Bin Laden. Pero por esta misma razón su muerte no debe confundirse con la justicia.
El mundo árabe está haciendo un esfuerzo para seguir el impulso de sus jóvenes y cambiar una sociedad excluyente por otra inclusiva, una situación de encerramiento en apertura, una relación social de inequidad por justicia social y la construcción en paz de una sociedad que sintonice con el mundo.
Los humanistas hemos sido víctimas del terrorismo internacional pero no nos alegramos por la muerte de ninguna persona. Importa más crear condiciones para que estos hechos desgraciados no vuelvan a repetirse. Pero esa desdicha común nos da fuerza moral para dirigirnos a todos los pueblos que han sido tocados por la violencia insana y decirles que hagamos un nuevo esfuerzo.
La justicia en las relaciones y el contacto convergente de las culturas es el único camino que los humanistas aconsejamos transitar y en el que anotamos nuestro compromiso militante.+ (PE)
