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domingo, 3 de agosto de 2014

"El planeta es suficiente para todos"


CON BJORN LOMBORG

Uno de las pensadores más importantes habla sobre desarrollo sustentable, ecología, educación y cómo compartir los recursos entre las urgencias ecológicas y las urgencias de la población.

El danés Bjorn Lomborg fue considerado una de las 100 personas más influyentes del mundo por la revista Time, una de las 75 personas más influyentes del siglo XXI por Esquire y una de las 50 personas capaces de salvar el planeta por el periódico británico The Guardian. En reiteradas ocasiones, fue ubicado entre los mejores 100 intelectuales del mundo por la revista Foreign Policy.

Autor de El ecologista escéptico y Cool It. Lomborg desafía las principales preocupaciones sobre el medioambiente y señala la necesidad de concentrar nuestra atención en hallar mejores soluciones como primera medida. Esta entrevista fue cedida por su propia organización, el Copenhague Consensos. Sus puntos de vista son un aporte polémico y enriquecedor en algunos debates que muchas veces se hacen demasiado maniqueos.

—¿Cómo pensadores reconocidos como usted influyen en el accionar de las instituciones, empresas o del público en general? ¿Tienen influencia real? ¿Cuál es?

—Las ideas pueden cambiar al mundo, definitivamente. La democracia y la igualdad son dos buenos ejemplos históricos. Creo que el concepto del Consenso de Copenhague es una idea que puede cambiar la forma en que abordamos las obras en beneficio de otros.

Cuando usted les pregunta a los políticos qué se necesita hacer para mejorar América Latina o el mundo, por lo general le darán una larga lista detallada de tareas. Si se les pregunta acerca de otros temas que no mencionan en la primera instancia, ellos dirán "ah, sí, eso también". Los políticos y las instituciones suelen tener una lista de prioridades tan larga que realmente no hay prioridades.

Del mismo modo, la prensa se enfoca en los temas que dan una sensación de bienestar. Por ejemplo, la colocación de una turbina eólica o un panel solar para luchar contra el calentamiento global como una forma de beneficiar al mundo.


Trabajamos con algunos de los principales economistas del mundo para estimar cuál es el beneficio que aportan las diferentes soluciones. Con ellos, hacemos una lista de prioridades que detalle dónde podemos ofrecer mayor beneficio.Sin embargo, el Consenso de Copenhague pregunta: ¿cuál es el beneficio que aporta un dólar extra gastado en una turbina eólica comparado con lo que aportaría en todos los otros lugares donde podría ser de ayuda? Esencialmente preguntamos: ¿dónde obtiene más provecho de la inversión? No es lo que luce mejor, o lo que se siente mejor, sino de lo que hace mejor.

La respuesta más simple se encuentra habitualmente en el bajo perfil, en las soluciones casi aburridas, de bajo costo, efectivas, que aportan un gran beneficio, pero que tienen una escasa cobertura mediática, no dan una sensación particularmente buena, ni están a la moda, y no reciben la atención de los políticos.

La prioridad más importante de nuestra lista de 2012 fue combatir la malnutrición en niños menores de dos años. Por 3.000 millones de dólares al año podríamos evitar que 31 millones de niños cada año crecieran malnutridos. Esto no solo evita el retraso del crecimiento y el sufrimiento, sino que también fortalece a los niños física y mentalmente, hace que permanezcan más tiempo en la escuela, y consecuentemente terminan ganando tres veces más al entrar en el mercado laboral, 40 años después.

Cuando se hacen todos los análisis resulta que por cada dólar gastado terminamos obteniendo 59 dólares en valor de bienes sociales, ya sea en mayores ingresos, en individuos más productivos, que pueden alimentar y cuidar mejor a sus hijos, pero también con sociedades más resilientes, donde la población es más inteligente, más fuerte, más educada y está más capacitada para hacer frente a todos los demás problemas.

Es una idea sorprendente. Y muy subestimada. Pero, esta idea puede literalmente cambiar el mundo.

—¿Cuál es la situación actual del "modelo de vida sustentable? ¿Es viable? ¿podemos imaginar un futuro sin combustibles fósiles?

—La realidad es que la humanidad ha pasado los últimos siglos alejándose de las energías renovables. En 1800 el mundo obtenía el 94% de su energía de fuentes renovables. Desde entonces, esa cifra ha ido disminuyendo.

La sustentabilidad es en las famosas palabras del informe Brundtland de 1987, el tipo de desarrollo que "satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades."

Esto significa que tenemos que asegurarnos de que mientras arreglamos todos los problemas de la actualidad (el hambre, las enfermedades, la contaminación y la falta de educación) también trabajamos por hacer un mundo mejor para el futuro. Esto será mucho más factible, si nos aseguramos de que la mayoría de la gente ahora tenga acceso a una energía barata.

Hay discusiones y polémicas acerca del calentamiento del planeta, pero miles de millones de personas se enfrentan a un problema más inmediato: son desesperadamente pobres y cocinan y calientan sus hogares utilizando chimeneas o estufas con fugas que queman leña, estiércol animal, desechos de cosechas y carbón. Más de 4,3 millones de ellos mueren prematuramente como resultado de respirar el aire contaminado dentro de sus hogares, más de las que mueren prematuramente cada año por respirar aire contaminado del exterior.

Indudablemente, quemar combustibles fósiles está conduciendo a un clima más cálido. Abordar este problema es uno de los grandes retos del planeta. Pero es una cuestión de tiempo y prioridad. Hoy, la poco glamorosa contaminación atmosférica mata entre 40 y 200 veces más personas que el calentamiento global. En muchas partes del mundo los combustibles fósiles son vitales, ya que son la única manera de sacar a la gente, literalmente, de la oscuridad hacia el mundo moderno.

Casi toda la contaminación del aire interior proviene de la cocina y la calefacción, algo que los paneles solares no pueden alimentar ya que son demasiado débiles para eso. Y obtener energía eléctrica para el Tercer Mundo no se trata de proporcionar unos pocos kilovatios-hora por persona por año, sino cientos o miles de veces más. No se trata sólo de proveer energía a refrigeradores y cocinas que mejorarán miles de millones de vidas, sino también de aportar energía eléctrica para la agricultura y la industria, lo que puede sacar a la gente de la pobreza.

Durante los últimos 30 años, China ha sacado a 680 millones de personas de la pobreza, más que nunca antes en la historia humana. Ellos no emergieron debido a los paneles solares, las turbinas eólicas o las luces LED, sino a través de un aumento dramático en el acceso a la energía moderna, principalmente impulsada por el carbón.

Esto ha dado lugar a una contaminación atmosférica exterior terrible en las ciudades chinas, por no mencionar que China es el principal emisor de CO2 del mundo. Pero el aumento de la riqueza probablemente ha reducido el número total de víctimas fatales producto de la contaminación atmosférica de China, mientras la contaminación interior se redujo más de lo que aumentó la contaminación exterior. Más aún, es muy probable que China pronto reduzca su contaminación exterior a través de una regulación firme, al igual que lo hizo el mundo rico en la primera parte del siglo XX.

Esta es una poderosa parábola para responder a su pregunta: ¿cómo vivir de manera sustentable? Debemos asegurarnos de solucionar los problemas de hoy inteligentemente, y lo hacemos en gran medida sacando a cientos de millones de la pobreza. Esto, inevitablemente, debe ser acompañado del acceso a fuentes de energía confiables y baratas, como en China. Va a aportar un enorme beneficio.

Al mismo tiempo, tenemos que reducir el CO2. La mejor manera de recortar las emisiones en China, en la OCDE y en cualquier otro lugar del mundo en la próxima década es expandiendo la revolución del fracking -o fractura hidráulica- a todo el mundo para hacer el gas mucho más barato. Esto permitirá a muchos pagar los combustibles modernos, dejar de morir, volverse más ricos, y al mismo tiempo reducir las emisiones de carbono.

Y luego, para solucionar el clima a largo plazo, debemos invertir más en investigación y desarrollo en energía verde. Esto llevará en las próximas décadas el precio de la energía verde por debajo del precio de los combustibles fósiles para permitir finalmente que todos puedan disfrutar de una buena vida sin emitir CO2. Esto hará nuestro mundo mucho mucho más sustentable.

—A medida que más gente sale de la pobreza y aumenta su consumo, surgen las voces sobre los recursos finitos del planeta y la imposibilidad de satisfacer a todos, ¿qué hay de cierto en esto?

—Un mundo con igualdad de oportunidades es deseable y factible. Cuando los ambientalistas dicen que "necesitaremos dos planetas para mantenernos, debido a los mejores niveles de vida y al crecimiento de la población.", simplemente están equivocados. Cuando realmente examinamos los cálculos de la huella ecológica, descubrimos que lo único que se está agotando en el mundo es el espacio para plantar una cantidad colosal de bosque imaginario, que no hubiéramos plantado de todos modos, para evitar las emisiones de CO2 que podemos prevenir a través de medios mucho más inteligentes y más baratos. En la literatura científica, un modelador destacado reconoce que la mayoría de los modeladores considera este método como "difícil de defender". Otros dos equipos de investigación han señalado que la huella ecológica "en sí no es más que un importante dispositivo para llamar la atención" y que "no es tanto una medida científica sino más una medida diseñada para despertar la conciencia pública e influir en los políticos". Que nuestro consumo derrochador requiere cinco planetas es una historia pegadiza, pero es incorrecta. El planeta que tenemos es más que suficiente para todos.

—¿Según su criterio, cuál es la lectura correcta que debemos hacer hoy en día sobre el cambio climático? ¿Cómo encontrar verdades entre quienes lo minimizan y quienes lo exageran?

—Hay intereses que quieren minimizar el calentamiento global, por ejemplo, intereses vinculados a los combustible fósiles, es cierto. Pero, en realidad ellos están a salvo por la venta de sus productos en las próximos décadas. Incluso un escenario muy verde de la Agencia Internacional de la Energía estima que hoy estamos obteniendo el 81% de nuestra energía a partir de combustibles fósiles, pero en 2035 vamos a estar obteniendo alrededor del 78% de un consumo de energía mucho más grande a partir de combustibles fósiles.

Pero no deberíamos desconocer el hecho de que también hay otro lado que quiere exagerar el calentamiento global. El mundo gastó 359.000 millones de dólares en políticas climáticas en 2013, la mayor parte en energía solar y eólica, por lo que claramente hay un enorme interés financiero en mantener ese flujo de dinero. Y, a diferencia de los combustibles fósiles, la mayor parte de esta energía eólica y solar no se consumiría si no fuera debido a la preocupación por el calentamiento global. La AIE nuevamente estima que el mundo actualmente obtiene alrededor del 0,3% de su energía del sol y del viento, y esto aumentaría en el escenario más verde posible al 3,6% en 2035. Está claro que este lado también tiene un interés.

Creo que tenemos que tener cuidado de no escuchar solo a una de las partes del debate; ni a los que lo niegan ni a los alarmistas. El calentamiento global no es nada, como afirman quienes lo niegan: es un problema. Pero tampoco es el fin del mundo, como afirman los alarmistas.

El coste para el PBI mundial de un aumento de las temperaturas medias en unos 2ºC más, lo que va a pasar alrededor del año 2070, ha sido estimado por el IPCC en 0,2 a 2,0 por ciento.

El IPCC estima que el coste de llevar adelante políticas climáticas firmes podría ser de más de un 6% del PBI en 2050. De este modo, podríamos terminar pagando más de tres veces más por las políticas climáticas en comparación con los daños que ellas evitarían. La cura es más costosa que la dolencia original -o algo parecido a una quimioterapia para curar un resfriado.

—¿Cómo han funcionado las Metas de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas? ¿Es un modelo útil?

—Son definitivamente reales y han tenido un gran impacto a nivel mundial. Las metas eran únicas porque eran cortas, específicas, y los objetivos de desarrollo muy simples, con los cuales todo el mundo podría identificarse y porque tenían un plazo claro para 2015. En resumen, los líderes mundiales habían hecho promesas verificables, reales. Por ejemplo, el mundo se comprometió a reducir a la mitad la proporción de personas con hambre a partir de 1990. Y el progreso fue notable. En 1990, casi el 24% de todas las personas en el mundo en desarrollo se moría de hambre. En 2012, "sólo" el 14,5% se moría de hambre, y si continúa la tendencia actual, el mundo alcanzará el 12,2% en 2015, casi una reducción a la mitad del 11,9%.

Del mismo modo, nos comprometimos a reducir a la mitad la proporción de pobres. En 1990, el 43% del mundo en desarrollo vivía con menos de un dólar al día. En 2010, la proporción ya había sido reducida a la mitad en un 20,6%. Siguiendo las tendencias actuales, la proporción se reducirá por debajo del 15% en 2015, mostrando progresos espectaculares.

La educación también ha mejorado mucho. Considerando las tasas de finalización de los estudios a fines de la década de 1970 y a lo largo de la de 1990, en el mundo en desarrollo ahora completan sus estudios casi nueve de cada 10 estudiantes en la escuela primaria, y llegará a 91% hacia 2015.

Así, el mundo es definitivamente un lugar mucho mejor. No sólo en estas tres medidas, sino en todas las promesas de llas Metas del Milenio: las niñas ahora están muy cerca de la igualdad de género en la escolaridad, muchos más tienen acceso al agua potable, y la mortalidad materna, de niños e infantes se ha reducido casi a la mitad. Y esto no es sólo estadística abstracta. En 1990, 12 millones de niños murieron antes de llegar a sus cinco años. Hoy, con un poco más de niños, menos de siete millones mueren. Cada año, más de cinco millones de niños sobreviven.

—¿Cómo se deben financiar los países en desarrollo para alcanzar los objetivos? ¿Es obligación del mundo desarrollado?

-Todo el mundo tiene que colaborar. El aporte de más dinero de los países desarrollados puede ayudar, pero al final la mayor parte de los recursos tendrán que provenir de presupuestos nacionales existentes. Por eso, es crucial que gastemos el dinero en los objetivos que harán el mayor bien posible. Y es por eso que nuestro enfoque en el rédito del gasto en el Consenso de Copenhague puede ayudar no sólo a nivel global, sino a cada uno y a todos los países.

Hay una tendencia en todo debate a enfocarse en los problemas con los animales más lindos, las imágenes más escalofriantes y los mejores grupos de relaciones públicas. Pero no es allí donde ayudamos mayormente a construir el futuro.

Si por el contrario nos centramos en los objetivos (como la nutrición de los niños pequeños) que no son particularmente sexies pero aportan el mayor beneficio, todos podemos ayudar a hacer de este mundo un lugar mucho mejor.

© Bjorn Lomborg / Copenhagen Consensus Center.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Nuevo Papa.¿Buena nueva?


A las 15.07, pudo verse humo blanco salir de la chimenea instalada sobre la Basílica de San Pedro y así se anunció que, tras la renuncia de Benedicto XVI, el mundo tiene un nuevo Papa.
Una vez que un cardenal es elegido Papa, el maestro de ceremonias litúrgicas entra en la Capilla Sixtina y el cardenal decano pregunta: "¿Aceptas tu elección canónica como Sumo Pontífice?" Si el cardenal responde "Acepto", entonces el cardenal decano pregunta: "¿Con qué nombre quieres que se te llame?"
El maestro de ceremonias litúrgicas, monseñor Guido Marini, escribe la información en un documento formal. En ese momento sale humo blanco de la chimenea de la Capilla Sixtina y se hacen sonar las campanas de San Pedro.
El nuevo Papa se viste entonces con su hábito blanco y, uno por uno, los cardenales se le aproximan para jurarle obediencia.


En un cambio implementado para este cónclave, el nuevo Papa orará en la Capilla Paulina por unos minutos antes de salir al Balcón de las Bendiciones frente a la Plaza de San Pedro. Precediéndolo, el cardenal protodiácono Jean-Louis Tauran anuncia "Habemus Papam", que significa "Tenemos papa", y lo presenta al mundo en latín.
Entonces aparece el nuevo pontífice y pronuncia sus primeras palabras como obispo de Roma.

Los candidatos que más suenan para salir al balcón

Los que se posicionan mejor en cuanto al apoyo interno y a la cantidad de votos están el italiano Angelo Scola, el brasileño Odilio Scherer, el canadiense Marc Ouellet y el estadounidense Timothy Dolan.

Angelo Scola, de 71 años, oriundo de la región de Lombardía, es enérgico, fuerte en teología y gran administrador. Fue promovido a arzobispo de Milán, la arquidiócesis más importante de Europa, después de haber sido patriarca de Venecia.

En el último siglo Milán y Venecia dieron cinco papas a la Iglesia. Es por eso que cuando en junio del año pasado Benedicto XVI lo promovió a Milán, se dejó entrever quizás una decisión de marcar a su sucesor.

Ex rector de grandes universidades católicas, Scola fundó la organización Oasis cuando era patriarca veneciano, que ha dado buenos frutos en el diálogo entre católicos y los líderes religiosos e intelectuales islámicos.

Scola, considerado papable ya desde 2005, ha prometido que limpiará a la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia, de las facciones que luchan entre sí, de la corrupción y los escándalos.

Odilio Scherer, cardenal y actual arzobispo de San Pablo -la mayor diócesis de América del Sur y una de las más populares del mundo en cantidad de fieles- nació hace 63 años en la comunidad rural Linha de Sao Francisco, en el municipio de Cerro Largo, Estado de Rio Grande do Sul.

Descendientes de alemanes, la familia Scherer, con sus trece hijos, emigró a comienzos de la década de 1950 y se instaló en Toledo, una localidad del oeste del Estado de Paraná, en las proximidades de la Triple Frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay.

Ordenado presbítero en 1978, Scherer tiene estudios de filosofía y teología, es doctor por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, habla varios idiomas y vivió en diversos países, como Francia, Alemania e Irlanda.

Marc Ouellet, canadiense de 68 años, es un importante cardenal “ministro” en la Curia Romana, aunque demasiado conservador para muchos fieles de Canadá.
Según los analistas, era muy valorado por Benedicto XVI por su intelectualidad, su integridad y su profunda espiritualidad. 
Fanático del hockey sobre hielo, creció en una familia de ocho hermanos en la zona francoparlante de Canadá. Después estudió y trabajó en Alemania, Austria y Colombia, entre otros países. Además dirigió la arquidiócesis de Quebec y ocupó diversos puestos en El Vaticano.

Timothy Dolan, de 63 años, es arzobispo de Nueva York, cargo que ocupa desde 2009. Desde 2010 es presidente de la Conferencia Episcopal estadounidense y desde 2012 cardenal. Para la revista Time, es una de las "cien personas más influyentes del mundo".

Conservador, critica a los homosexuales y se opone al aborto, pero busca siempre contacto con gente de otras creencias. Es también conocido por su humor. Al preguntarle si Jesús tenía humor, respondió: "Pues claro. Me eligió para ser sacerdote".

De ser electo, el mayor de los cinco hijos de un mecánico de aviones, se convertiría en el primer Papa estadounidense.

Fuente: Clarín

lunes, 27 de febrero de 2012

Víctimas de su religión.




En los países musulmanes crece la represión contra las minorías cristianas.

Ayaan Hirsi Ali (*)

Se escucha mucho acerca de los musulmanes como víctimas de los abusos de Occidente y la lucha contra las tiranías de la primavera árabe. Pero, de hecho, hay una guerra totalmente diferente, una batalla no reconocida que cuesta miles de vidas. Cristianos están siendo asesinados en el mundo islámico a causa de su religión. Eso es un genocidio cada vez más grande que debería provocar una alarma global.

El retrato de los musulmanes como víctimas o héroes es, en el mejor de los casos, sólo parcialmente apropiado. En años recientes, la violenta opresión a las minorías cristianas se volvió una norma en las naciones con mayoría musulmana desde el África Occidental a Medio Oriente, desde el sur asiático a Oceanía. En algunos países, son los gobiernos y sus agentes los que han incendiado iglesias y puesto en prisión a feligreses. En otros, los grupos rebeldes y las patrullas ciudadanas, toman el asunto con sus propias manos, asesinando cristianos y sacándolos de regiones donde sus raíces se rastrean desde hace siglos.

La reticencia de los medios hacia el tema tiene varios orígenes. Uno podría ser el miedo a provocar más violencia. Otro es la posible influencia de grupos de presión como la Organización Islámica de Cooperación -una especie Naciones Unidas del Islam que opera desde Arabia Saudita- y el Consejo de Relación islámicas-estadounidenses. Durante la última década, estos y otros grupos similares han sido exitosos en persuadir a los líderes y a los periodistas en Occidente que cada ejemplo de percibida discriminación antimusulmana como un expresión de una enajenación siniestra y sistemática llamada "islamofobia", un término que consigue la misma desaprobación moral que xenofobia u homofobia.


Pero una apreciación más justa de eventos y tendencias recientes lleva a la conclusión de que la escala y severidad de la islamofobia, palidece en comparación con la sangrienta cristianofobia que se da en los países con mayoría musulmana. Nada menos que el destino del cristianismo -y de última todas las minorías religiosas- está bajo amenaza.

Con leyes sobre la blasfemia y asesinatos brutales, con mutilaciones e incendios en sitios sagrados, en muchos lugares los cristianos viven aterrorizados. En Nigeria, muchos sufren algunas de esas formas de persecución. Ese país tiene más cantidad de cristianos (40%) en relación con su población (160 millones) que cualquier otro país con mayoría mulmana. Por años, musulmanes y cristianos han vivido al borde de la guerra civil. Los radicales islámicos provocaron mucha, si no toda la tensión. La más nueva de esas organizaciones es la que se llama así misma, Boko Haram, que significa "la educación occidental es sacrílega", cuyo objetivo es imponer la sharia (la estricta ley islámica) en todo el páis. Ha anunciado que para eso matará a todos los cristianos.

Sólo en enero de 2012, Boko Haram fue responsable de 54 muertes. En 2011, sus miembros mataron al menos a 510 personas e incendiaron o destruyeron más de 350 iglesias en el norte del país. Usan armas, bombas de gasolina e incluso machetes y gritan "Allhau akbar" ("Dios es grande"). Atacaron iglesias, una reunión por Navidad (matando a 42 católicos), bares, una alcaldía, salones de belleza y bancos. Hasta ahora se han concentrado en asesinar sacerdotes, políticos, estudiantes, policías y soldados cristianos, pero también clérigos musulmanes que condenan las matanzas.

La cristianofobia que ha ganado Sudán por años toma una forma muy diferente. El gobierno autoritario de los sunitas en el norte del país, ha atormentado durante décadas a las minorías cristianas y animistas en el sur. Lo que a menudo es descrito con una guerra civil es, en la práctica, la sostenida persecución del gobierno sudanés de las minorías religiosas. Esas persecuciones terminaron en el genocidio en Darfur que comenzó en 2003. A pesar de que el presidente musulmán de Sudán, Omar al-Bashir, ha sido acusado de tres cargos por genocidio por la Corte Internacional de La Haya, y más allá de la euforia que saludó la semi-independencia que se le garantizó al sur, la violencia no terminó. En Kordofan Sur, los cristianos aún son blanco de bombardeos aéreos, asesinatos, secuestro de niños y otras atrocidades. Informes de la ONU indican que entre 53 mil y 75 mil civiles han sido desplazados de sus casas y los edificios han sido saqueados y destrozados.

Persecuciones de las dos clases -llevadas a cabo por grupos extragubernamentales y las de los agentes del Estado- se unieron en Egipto tras la primavera árabe. El 9 de octubre del año pasado, en Maspero, un área de El Cairo, cristianos cópticos (que son el 11% en la población egipcia de 81 millones) marcharon en protesta contra una ola de ataques islámicos -incluyendo el incendio de iglesias, violaciones, mutilaciones y asesinatos- que siguieron al derrocamiento de Hosni Mubarak. Durante la manifestación las fuerzas de seguridad egipcias dirigieron sus vehículos contra la multitud y le disparon a los manifestantes, aplastando y asesinando a 24 personas e hiriendo a más de 300. Para fin de año, ya más de 300 mil cópticos habían abandonado sus hogares anticipándose a más ataques. Todo indica que los islámicos van a conseguir más poder, así que los miedos parecerían justificados.

Egipto no es el único país árabe que está dispuesto a librarse de sus minorías cristianas. Desde 2003, más de 900 cristianos iraquíes (la mayoría asirios) han sido asesinados por violencia terrorista sólo en Bagdad, y han sido incendiadas 70 iglesias, de acuerdo a la Agencia Internacional Asiria de Noticias (Aina). Miles de cristianos iraquíes han huido como resultado de la violencia dirigida a ellos, reduciendo la cantidad de cristianos a medio millón; en 2003 eran más de un millón. Aina, comprensiblemente describe la situación como "un incipiente genocidio o una limpieza étnica de asirios en Irak".

Los 2,8 millones de cristianos que viven en Pakistán, son sólo el 1,6% de una población de 170 millones. Como miembros de una minoría tan pequeña, viven en miedo perpetuo, no sólo de los terroristas islámicos sino también de las draconianas leyes sobre la blasfemia. Este es el caso de una mujer cristiana que fue sentenciada a muerte por presuntamente haber insultado al profeta Mahoma. Cuando la presión internacional persuadió al gobernador Salman Taseer de explorar alguna manera de liberarla, fue asesinado por uno de sus guardaespaldas, que fue saludado como un héroe por prominentes clerigos musulmanes, y a pesar de que fue sentenciado a muerte el año pasado, el juez que lo condenó vive oculto, temiendo por su vida.

Esos casos no son inusuales en Pakistán. Las leyes sobre la blasfemia son utilizadas como rutina por criminales y musulmanes paquistaníes para atosigar a las minorías religiosas. Sólo por declarar la creencia en la Santísima Trinidad, y así contradecir las principales doctrinas musulmanas. Cuando un grupo cristiano de ayuda es sospechado de transgredir las leyes de blasfemias, las consecuencias pueden ser brutales. Hay que preguntarle, por ejemplo, a los miembros del grupo humanitario cristiano World Vision. Sus oficinas fueron atacadas en 2010 por 10 hombres armados con granadas, que mataron a seis e hirieron a cuatro. Un grupo militante musulmán se adjudicó la responsabilidad por el ataque aduciendo que World Vision trabajaba para subvertir el Islam; en realidad estaba ayudando a los sobrevivientes de un terremoto.

Ni siquiera Indonesia -a menudo señalada como una de las democracias más tolerantes y una nación moderna con mayoría musulmana- ha sido inmune a los fervores de la cristianofobia. De acuerdo a datos compilados por el Christian Post, el número de incidentes violentos cometidos contra minorías religiosas (y con 7% de la población, la cristiana es la minoría más grande) aumentó cerca de 40%, de 198 a 276, entre 2010 y 2011.

La letanía de sufrimiento podría extenderse. En Irán, decenas de cristianos han sido arrestados y encarcelados por atreverse a adorar por fuera del sistema de iglesias oficialmente sancionadas. Arabia Saudita, en tanto, merece una categoría para sí sola. Más allá del hecho que más de un millón de cristianos viven en Arabia Saudita como trabajadores extranjeros, las iglesias y incluso los actos privados de plegarias cristianas están prohibidos; para reforzar estas restricciones totalitarias, la policía religiosa regularmente allana las casas de los cristianos y los acusa de blasfemia ante tribunales en los que sus testimonios tienen menos valor que el de los musulmanes. Aun en Etiopía, donde los cristianos son mayoría, abundan los incendios de iglesias causados por miembros de la minoría musulmana.

La violencia contra los cristianos no está planeada o coordinada por una agencia islámica internacional. En ese sentido no es una guerra en el sentido tradicional, aunque sí es global. Es más una espontánea reacción de un ánimo anti-cristiano de parte de los musulmanes que trasciende culturas, regiones y razas.

Como dice Nina Shea, directora del Instituto Hudson del Centro para la Libertad Religiosa, las minorías cristianas perdieron "la protección de sus sociedades". Allí, escuadrones de la muerte sienten que pueden actuar gracias a la impunidad que le da la tolerancia de sus gobiernos.

(*) Newsweek
54

asesinatos de cristianos se adjudicó en enero, Boko Haram, un grupo extremista nigeriano.
276

incidentes violentos contra organizaciones cristianas ocurrieron en Indonesia, el año pasado.

24

muertos dejó la represión policial contra manifestantes cristianos en Egipto. Hubo 300 heridos.

Fuente: El pais uy