Mostrando entradas con la etiqueta democracia revolucionaria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta democracia revolucionaria. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de agosto de 2012

Para Siria se repite el silencio que hubo con Libia.



Rómulo Pardo Silva

¿Cuántos manifiestan su apoyo al pueblo sirio mientras es atacado? Muchos menos de los que deberían.

Lo que predomina es lo que producen los medios de Estados Unidos y sus aliados occidentales: Assad es culpable y es bueno que se vaya o muera. Eso se dice con palabras y mayoritariamente con silencios.

Hay fascistas que no se ocultan, pero un alto porcentaje de intelectuales, políticos e interesados en la política ‘progresistas’ piensan o simulan pensar a la manera que dicta Washington.

Enarbolan los principios de democracia, derechos humanos, libertad, consumo, como los definen los norteamericanos y occidentales ricos. Se oponen junto al Pentágono a las dictaduras.

Se esmeran por aparecer sin doble estándar. Si lucharon y sufrieron las dictaduras latinoamericanas, española, griega, italiana… no pueden apoyar a ninguna otra. Ni Assad o Gaddafi, tampoco Cuba, Venezuela, Ecuador…

Entre Hitler y Stalin en 1940 se hubieran mantenido lejos de los comunistas para constancia de su transparencia política.

En la realidad esa conducta se debe a que les es útil en las condiciones actuales. Hay un poder económico militar que ejerce la supremacía mundial y la generalidad de la población cree lo que difunden los grandes medios resultando inconveniente contradecirla.

Además un elevado número de estos defensores de la integridad ética antes apoyaron violencias revolucionarias derrotadas y necesitan ahora probar que su conversión fue sincera y son confiables para los poderosos.

Ellos no ignoran que su postura es un apoyo a la estrategia de dictadura global. A lo contrario de su discurso.

Aceptan y respaldan la dominación planetaria de Estados Unidos y sus socios en expansión armada, Yugoslavia, Irak, Afganistán, Libia, Yemen, Somalia, Siria, por el momento.

Saben que el poder de Occidente es por definición antidemocrático, son los pueblos norteamericano, español, griego, quienes distinguen entre el 1% y el 99%; que no respeta los derechos humanos de negros, latinos, orientales; que masacraron por odio o para demostrar su fuerza a la población civil de Hiroshima, Nagasaki, Dresden; que por interés geopolítico utilizaron armas químicas en Vietnam; que hicieron matar, desaparecer, torturar, expatriar a miles de socialistas en América Latina.

No han olvidado sus lecturas de hace unos años.

El régimen independiente sirio es hoy el objetivo del plan nazi con disfraz democrático de apoderamiento de los recursos naturales del planeta. El futuro de la humanidad depende de su derrota. De la victoria de Siria, Irán, Venezuela, Cuba, China, Rusia. Hay que decirlo.

El silencio sirio de muchos progresistas es una afirmación hipócrita.

Fuente: ApiaVirtual

lunes, 30 de julio de 2012

México: No nos representan.



Hermann Bellinghausen
La Jornada 30/07/2012

Hoy todos hablan de política. Hasta los que no lo hacían. Priva un clima de nerviosismo, que se eufemiza como efervescencia postelectoral pero revela algo más canijo y tenaz: de pronto (o ni tan pronto) la gente (sí, la gente en general) acabó por asumir que los políticos en el poder no nos representan. Y que ellos, desde los poderes, han secuestrado a la política y la juegan en sus propios términos a pesar del resto, donde lo que no se dobla lo convierten en judicial, y desde ahí, a ver ¿quién dijo democracia?

Hay un descontento político (no sólo por la afrenta electoral, pero también) que atraviesa clases sociales, niveles de educación, creencias y códigos postales. No es para menos. La realidad no necesita leer los periódicos ni salir en televisión para existir. Las anestesias tienen límite. En un punto dado tocan fondo las otras realidades de telenovela, de famosos hasta el vómito, de torres de marfil, sexo, drogas y rocanrol.

Suceden cosas. Para millones de campesinos está en curso una escalada de despojo sólo comparable a la conquista española (la primera, cabría aclarar). A cambio les reparten vales, cheques y tarjetas para que vayan a perder la dignidad y el tiempo haciendo cola en los bancos, almacenes y farmacias, ya ni siquiera en oficinas gubernamentales.

La simulación educativa, piedra angular del sistema de dominación modernizado por los panistas, afecta a la población en su conjunto. La existencia misma de un poder y un personaje como los que reúnen Elba Esther Gordillo y sus pactos transversales consiste un escándalo de inmensas proporciones. Hasta las escuelas de los niños son rehenes de los partidos. ¿Cuáles? Los que hemos visto como legisladores, gobernadores, jueces, empresarios, prófugos de la justicia (los menos). En esto coinciden el PAN, el PRI y sus apéndices Verde y Panal: implícita y explícitamente, están entregados a la tarea de aceitar el desmantelamiento de la propiedad nacional, la soberanía de todas nuestras soberanías, los recursos vegetales, hídricos, energéticos, culturales, sagrados. Lo han venido haciendo sin chistar, cambiando leyes, abriéndonos de patas al dinero que venga, facilitando el imperio del hampa, echándonos garrote y bala. Para colmo, el considerado bloque de izquierda partidario no ha cantado malas rancheras votando en el Congreso con el enemigo (o saliéndose a mear en el momento preciso), reprimiendo en sus estados y municipios, robando como los otros. No debiera extrañarnos que tantos políticos salten con soltura de partido en partido.

Los indios llevan largo rato hablando de política, y ejerciéndola, no pocas veces en los límites de la resistencia, incluso armada. Pero como en general nadie los escucha, no contaban. Eso puede cambiar ahora que los estudiantes se agrupan (en variedad de banda, no sólo los grillos de siempre) y exigen: díganos la verdad y queremos participar. Ahora que los burlados por el millonario y turbio proceso electoral próximo pasado ponen el grito en el cielo. Si no, ¿cuándo?

Pero los amos de siempre, sus hijos, sobrinos, ahijados y nietos, los secuestradores de la participación política, están muy entretenidos en administrar una lavandería y una exportación neta de dinero a escala hemisférica tales que no parecen dispuestos a soltar el hueso. Nos embadurnan con el engrudo de sus espectaculares y nos dan atole con el dedo en horario triple A. Saben que sabemos que mienten. Les da lo mismo. Reparten tarjetas y cubetas por acá, palizas y retenes por allá.

Por eso todos andan hablando de política. Los que entienden, y sobre todo los queno. Los rechazados por las universidades, esos defraudados integrales del sistema educativo formal, el de la Secretaría de Educación Pública y sus rémoras que finalmente se han adueñado de ella (estilo Alien) como sindicato, y ahora como partido. Los mineros sacrificados. Los campesinos que no quieren minas en sus terrenos, hidroeléctricas en sus ríos ni transgénicos atrás de la cerca. Los trabajadores despedidos de las empresas prostituidas al capital foráneo. Los recortados. Los engañados. Los excluidos de todas las listas. También los que son 132. Una cantidad generosa de artistas, pensadores, buenos maestros, defensores de los derechos de la humanidad y la naturaleza, amas de casa. Y no menos significativos, diez o más millones de mexicanos expulsados a Estados Unidos porque aquí no estaban contentos.

Más allá de su secuestro de la democracia y de sus ratings, la chusma de los políticos profesionales no nos representa. Siempre nos van a traicionar. Hoy que muchos están despertando a la política, a la necesidad de organizarse y al derecho a la indignación, tal vez podamos ponerles un alto, sacarlos de donde están y meterlos en donde se merecen. Y sobre todo, lograr gobernarnos como la gente, sin comisarios, carceleros ni prestanombres. Si otro mundo es posible, hay que ir comenzando por la casa de uno.

Fuente: Chacatorex

domingo, 22 de julio de 2012

España: el miedo atenaza, la mentira política desarma.



Marcos Roitman Rosenmann



En más de 80 ciudades, por primera vez en la historia reciente de España, la población sale a la calle a pedir la dimisión de un gobierno a sólo seis meses de haber ganado las elecciones. Ya no se protesta contra los recortes salariales, el rescate a los bancos. Ahora se clama contra el engaño, la farsa, la mentira y la pérdida de soberanía. Pero la clase política no se da por aludida. La diputada del Partido Popular Andrea Fabra, hija de una saga familiar franquista, sintetiza el sentir de sus correligionarios al exclamar una vez aprobados los recortes: ¡Que se jodan!

Ahora son muchas las explicaciones para justificar los recortes sociales, las reformas laborales y los planes de austeridad económica. Todas derivan de un tronco común; el argumento es banal. Empresarios, tecnócratas y políticos en turno se han confabulado para contar una mentira y vivir de ella. Para razonar la crisis, apuntalan: España ha vivido por encima de sus posibilidades, llegó la hora de pagar los excesos. Bajo este principio se han generalizado las justificaciones para el rescate. El PSOE y el PP se tiran los trastos a la cabeza y se acusan mutuamente. El PP ataca al PSOE diciendo que recibió un país en bancarrota y los socialdemócratas le achacan incumplimiento de programa. Los socios menores se suman al carro y piden moderación. Pero todos llegan a la misma conclusión: es la hora de apoquinar con la factura. Lo sensato es no mirar cómo se repartió el gasto. En tiempos de vacas gordas, apostillan, todos sacan tajada y se dejan llevar por el optimismo, el despilfarro y la opulencia. Si España creció, alguna migaja tocó a los más desfavorecidos, aunque sea de manera indirecta. Hubo subidas salariales, se amplió la cobertura sanitaria, se edificó más vivienda social, se dotó de fondos a la investigación, se otorgaron mejores becas, no se subió el IVA, las pensiones crecieron y se impulsaron obras de infraestructuras. Se construyeron autovías, aeropuertos, tren de alta velocidad, instalaciones deportivas, colegios públicos, universidades. Se potenció el arte y la cultura, y las desigualdades no eran visibles. El neoliberalismo hizo ondear su bandera triunfante bajo la fórmula de la democracia de mercado. Todo funcionada a las mil maravillas. A decir de Aznar, España iba bien, era socio fiable y, desde luego, potencia mundial.

De ellos, nadie pensó en el colapso. Rodríguez Zapatero se resistió a pensar que España entraba en una crisis profunda. Primero negó su existencia y posteriormente acabó hablando de brotes verdes. Mientras duró el festín, nos dicen, las clases medias prosperaron, invertían en bolsa, compraban acciones, casas, apartamentos en la playa, yates, viajaban en primera clase y comían en restaurantes de postín. Se las prometían felices. España pasó a tener un parqué de coches de lujo impensables. Por sus calles se pueden ver Mercedes, Porsche, Audi, Volvo, BMW, Ferrari, 4x4. La alta gama se convirtió en objeto de deseo. Los bancos se frotaron las manos, en medio de la desregulación y sin que nadie les pusiera topes a sus productos; participaron del sarao otorgando créditos a diestro y siniestro. Claro, nadie se podía quedar sin crédito. Hubo ofertas para todos. Los bancos mintieron para captar clientes, sean quienes fuesen.

España es un país donde la cultura de la vivienda en propiedad constituye una razón de Estado. Vivir de alquiler está mal visto. Todos quieren tener un apartamento, y se ahorra para conseguirlo. En ello se fundamenta la especulación inmobiliaria. Mientras los trabajadores gozaban de empleo fijo tenían crédito y podían acceder a la casa de sus sueños. Los migrantes llegados en los años 90 y principios del siglo XXI abrazaron esta cultura y como manera de progresar se sumaron al carro de las hipotecas. La oferta de viviendas creció a la par de su demanda. Había para todos. Invertir en el ladrillo se consideró opción de ahorro en el medio y largo plazos. Nunca se devaluarían. Con los bancos deseosos de vender productos hipotecarios y conceder préstamos dilatados a 30 y 40 años, la burbuja creció. Mientras hubo trabajo, aunque fuese precario y basura, el globo podía seguir inflándose y las inversiones de riesgo no ser un problema. Si alguien mencionaba que la economía financiera sobre la que se sustentaba era un castillo de naipes, inestable, se le apartaba. Se le tildaba de aguafiestas, gafe o se le ignoraba. Tal vez era un resentido, un ecologista, un antisistema o un izquierdista frustrado. Escucharlo no valía la pena.

Hoy asistimos a una crisis cuya salida no se avizora. Paralizados y con la cartera vacía, nos dicen que son tiempos de vacas flacas, de apretarse el cinturón y asumir las consecuencias del despilfarro. El discurso está en boca de todos, no importa ser peón de la construcción, albañil, trabajador de la minería, empleado de servicios, enfermero, policía o administrativo. El sentimiento de haber vivido por encima de las posibilidades cala y se acepta a regañadientes. Se interioriza, llegó la hora de recuperar la cordura. Por este motivo los primeros recortes se asumieron con resignación. No gustó, pero se vieron como necesarios para salir del agujero. Protestas, huelgas generales durante el gobierno del PSOE y los sindicatos llamando al diálogo social, el compromiso y la defensa de los derechos laborales. En este contexto, el Partido Popular ganó las elecciones señalando que no habría más recortes ni subidas del IVA, ni bajadas salariales, que no se dejaría avasallar por Angela Merkel, la Unión Europea y la troika. Con estos eslóganes logró mayoría parlamentaria y la gente creyó su discurso. Hoy, el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, se desdice. Caricompunjido dice que “no tiene libertad para hacer lo que quiere, que debe cumplir con la troika y que no le gusta lo que hace”. Lo suyo sería dimitir, por ética política. En esto tiene razón el PSOE, pero no lo plantea sólo el PSOE. Es clamor popular. Inclusive, concejales y senadores del propio Partido Popular han dimitido por vergüenza y reiterando que no era ese su programa.

No estamos ante un discurso y una economía del miedo. El miedo está presente en toda actividad humana. Controlarlo, evitar sentirse atenazado, no ser osados, en eso consiste la valentía. Pero la mentira política nos transporta a otro lugar, nos desarma. Tiene múltiples caras y ninguna es su rostro. Bajo el principio de que si es conveniente mentir al pueblo, Rajoy se mantiene en el poder y reprime, criminalizando la protesta social que lo pone en evidencia. El recurso de la mentira como fórmula política hace que España sufra una profunda crisis de dignidad que afecta a su clase política, a sus instituciones y sus poderes. Si realmente quiere construir una ciudadanía democrática sólo queda purgarla y comenzar una nueva andadura.

Fuente: Chacatorex

martes, 17 de julio de 2012

España: Derecho a desobedecer.



Juan Torres López
Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla


El pueblo español y otros europeos hemos comenzado a vivir bajo una tiranía.
Las autoridades imponen políticas que provocan daños económicos, físicos y morales a la mayoría de la población. Reducen los ingresos y aumenta la pobreza y la exclusión (solo entre 2009 y 2010 aumentó en 1,1 millones el número de personas pobres en España). Disminuyen la financiación de los servicios públicos básicos, lo que hace que aumente la mortalidad, las enfermedades y todo tipo de daños psicológicos y personales (la tasa de mortalidad ha aumentado un 20% en Portugal desde que empezaron a adoptarse las políticas de ajuste y la esperanza de vida ha bajado por primera vez en España). Recortan los derechos de los más desfavorecidos al mismo tiempo que aumentan los privilegios de quienes gozan de más renta y riqueza (la desigualdad aumentará en España un 9% en 2012 como consecuencia de los recientes ajustes fiscales del PP).
Además, imponen estas medidas recurriendo a todo tipo de mentiras.
Dicen que las toman para mejorar la economía pero esta está peor que antes de tomarlas. Nuestra prima de riesgo esta más de 400 puntos por encima de la que había en mayo de 2010 cuando empezaron los recortes que Zapatero y luego Rajoy dijeron que había que tomar para que bajase.
Dicen que las reformas del mercado laboral son para crear empleo y lo que sucede es que la tasa de paro está cinco puntos más alta que antes de aprobarse.
Dicen que hay que reducir el gasto social para disminuir la deuda y resulta que ahora está casi 17 puntos más arriba en porcentaje sobre el PIB que hace dos años porque lo que ocurre, lógicamente, es que con menos gasto público se generan también menos ingresos en todas las actividades.
Dicen que hay que reducir el gasto en personal público porque no hay dinero pero privatizan servicios a base de contratos a favor de empresas privadas que son más caros que el personal que ahorran. Así ha pasado, entre otros muchos casos, con la privatización del servicio de expedición de vidas laborales de la Seguridad Social pagando 4,7 millones de euros a una empresa privada.
Dicen que no hay dinero pero se sacan de la manga cuando les conviene miles de millones para salvar a los banqueros corruptos, conceden amnistías fiscales, desmantelan la lucha contra el fraude fiscal y renuncian a obtener los ingresos que podría proporcionar combatirlo de frente y eficazmente. Solo en pago de deuda ilegítima que deberíamos repudiar nos hemos gastado en 2008, 2009 y 2010 algo más de 122.800 millones de euros.
Dicen que todas esas medidas son imprescindibles para salir de la crisis pero la realidad indiscutible es que no hay ninguna experiencia en el mundo de algún país que haya salido de una parecida adoptando este tipo de políticas. Al revés, le han hecho frente mejor quienes hacen lo contrario.
Y entre tanta estafa y falsedad, nuestras instituciones han quedado viejas y resultan inútiles. Ni el PP ni el PSOE son capaces de aportar soluciones a la situación ni de enfrenarse con inteligencia, valentía y dignidad a las imposiciones de los poderes financieros. Pero no tienen inconveniente en repartirse cerca de 25 millones de euros en subvenciones solo para el primer trimestre de 2012, según acaba de publicar el Boletín Oficial del Estado.
El Presidente del Gobierno ha reconocido ante el Pleno del Congreso de los Diputados que en España no tenemos libertad, y ninguna institución, ningún juez, ningún fiscal, ningún partido pide cuentas por reconocer que la voluntad del pueblo ha sido secuestrada.
El Rey, cuya función constitucional es la de arbitrar con equidistancia, toma partido y gobierna a favor de la oligarquía que se beneficia de estas políticas y de los recortes con los que está en desacuerdo el 70% de la población española.
La Constitución es un papel mojado porque no garantiza el ejercicio de derechos básicos, ni la soberanía nacional, ni el libre albedrío de todos sus ciudadanos, ni la defensa de nuestro patrimonio ni la de los intereses económicos de la Nación española, ni, por supuesto, la libertad que Rajoy reconoce sin inmutarse que nos han robado.
Y en Europa se asienta el cerebro del Tirano: no hay manera democrática de hacer frente a las imposiciones de la banca, cuyos antiguos directivos han tomado al asalto las grandes instituciones, y donde sus autoridades incluso comienzan a declararse, como en el Estatuto del Mecanismo Europeo de Estabilidad, inmunes e inviolables (artículo 35.1) decidan lo que decidan y hagan lo que hagan.
Los españoles no tenemos por qué aceptar la traición de nuestros gobernantes y la imposición de políticas injustas y basadas en mentiras, que solo benefician a las minorías privilegiadas, ya salgan de La Moncloa, de Bruselas o del mismo infierno. “Cuando el gobierno viola los derechos de los ciudadanos la insurrección es para el pueblo, y para cada porción del pueblo, el más sagrado de sus derechos y el más indispensable de sus deberes”, tal y como decía el artículo 35 de la Declaración de los Derechos del Hombre de 1793, porque, como también afirma la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su Preámbulo, el pueblo tiene el “supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.
Si los pueblos no hubieran ejercido estos derechos, si no hubieran desobedecido leyes injustas como las que se imponen ahora, si en lugar de ello hubieran obedecido “con responsabilidad”, como pide la Secretaria General del PP, todavía habría esclavitud, todavía los negros serían considerados seres de rango inferior, y las mujeres ni podrían votar ni tomar decisión alguna sin el permiso de sus padres o maridos.
¡Ya está bien de obedecer a los tiranos que gobiernan contra el pueblo! Hay que reclamar sin miedo elecciones generales para acabar con la estafa electoral protagonizada por el PP y con la ineficacia y corrupción de los partidos instalados en el sistema nacido de la transición, hay que abrir paso a una nueva Constitución que salvaguarde de verdad nuestra soberanía nacional y el ejercicio de los derechos básicos, que combata la corrupción como a un cáncer maligno, que obligue a respetar los principio de equidad y justicia fiscal, que proporcione nuevos medios de participación social y ciudadana… que no permita nunca más la vergüenza de estar gobernados por un presidente al que le dé igual que hayamos perdido la libertad.
Quienes nos imponen estas políticas cuentan ya con un determinado grado de respuesta y rechazo social (“pueden hacer mil marchas, mil huelgas, nada cambiará”, decía Menem en julio de 1997 en la Argentina que sufría entonces lo mismo que ahora los pueblos europeos). Por eso no basta con respuestas aisladas y desunidas. Hay que reaccionar frente al tirano con el único medio al que nunca podrán vencer: la máxima unidad ciudadana, la desobediencia civil y el sabotaje pacífico, siempre pacífico, y democrático de sus normas e imposiciones. Sin miedo y con esperanza, porque Gandhi lo dijo bien claro: “Siempre ha habido tiranos y asesinos, y por un tiempo, han parecido invencibles. Pero siempre han acabado cayendo. Siempre”.
Fuente: Publico.es

miércoles, 27 de junio de 2012

A la carrera, acabaron con Lugo y con la voluntad popular paraguaya.



Homar Garcés

Ningún revolucionario -o quien pretenda serlo- puede confiar ciegamente en las estructuras verticalistas y burocratizadas del Estado, las cuales han sido moldeadas -desde siempre- por los designios de las clases dominantes, aun cuando éstas se guíen aparentemente por principios y procedimientos democráticos. En este sentido, Marx y Engels expresaron: “Hoy, el poder público viene a ser, pura y simplemente, el consejo de administración que rige los intereses de la clase burguesa”.

Por ello no debe asombrar a nadie lo acontecido en Paraguay con la destitución del presidente Fernando Lugo por parte de sus opositores en el Parlamento. Los contrarrevolucionarios ya lo hicieron antes con el Presidente Salvador Allende en Chile, torpedeando su gestión de gobierno desde el poder legislativo hasta consumar el golpe de Estado en su contra y, más cercanamente en el tiempo, con Presidente Manuel Zelaya en Honduras, aplicándole una formula leguleya similar a la sufrida por Lugo; sin dejar de mencionar la exoneración por parte del Tribunal Superior de Justicia de los responsables del derrocamiento militar del Presidente Hugo Chávez y las muertes causadas el 11 de abril de 2002 al dictaminar que hubo un “vacío de poder”, un absurdo jurídico jamás visto en el mundo entero.

Por eso no resultará suficiente que cualquier gobierno tildado de revolucionario o de progresista muestre un apego estricto y notorio a la institucionalidad ni haga concesiones permanentes u ocasionales a la contrarrevolución, creyendo que así podrá ganarse su buena voluntad y cumplir con su plan de gestión en favor de los sectores populares. Nada más alejado de la realidad. Es lo que acaeció en Paraguay y, así, a la carrera, los grupos conservadores acabaron con Lugo y con la voluntad popular paraguaya. Otra hubiera sido la conducta del Presidente, pero no supo o no quiso responder a las expectativas puestas en su mandato. La derecha sí supo y sí quiso responder a sus propios intereses.

Como bien lo apuntara Atilio Borón, este acontecimiento es “una lección para el pueblo paraguayo y para todos los pueblos de América Latina y el Caribe: sólo la movilización y organización popular sostiene gobiernos que quieran impulsar un proyecto de transformación social, por más moderado que sea, como ha sido el caso de Lugo”. 

Algo que se ha evidenciado en los casos de Ecuador, Bolivia y Venezuela, por citar los países más emblemáticos de nuestra América donde los grupos derechistas -pese a su poder económico y al respaldo indiscutible de Washington- han fracasado en sus planes de desestabilización. 

Sin embargo, es necesario aclarar que hace falta llevar a mayores niveles dicha movilización y organización popular mediante la formación crítica y permanente de una conciencia indudablemente revolucionaria, capaz de impulsar los diferentes cambios que se requieren en los campos político, económico, social, militar y cultural para consolidar la revolución, más aun si ésta se define como socialista. Esto es algo que no debe obviar jamás ningún revolucionario, a menos que esté dispuesto a claudicar ante la clase dominante y defraudar la voluntad popular, olvidando su compromiso histórico.

Fuente: ApiaVirtual

martes, 17 de abril de 2012

Bolivia propone crear “Estado continente”.



El vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, propuso crear un “Estado Continente” en América Latina para consolidar la economía regional y negociar su posición ante el resto del mundo.
“Construimos una economía regional y hay que ver hacia futuro un Estado Continente de muchas naciones respetando la cultura de cada país. Imaginamos un Estado como Continente que negocia su posición en la globalización, en el mundo con bloques de Estados Unidos, Europa, Asia”.

Asimismo, manifestó que hay que entender que el continente “vive una primavera democrática y revolucionaria” y que no tiene un modelo único de construcción, porque son expresiones distintas. “En Bolivia hay un movimiento social fuerte que no hay en Brasil y no hay en Venezuela. Pero, lo que nos une, es que miramos al continente y dejamos de ver a Estados Unidos y Europa”.

El vice mandatario recordó que América Latina es un continente con la mayor reserva de agua, biodiversidad, materias primas, petróleo. Además de que cuenta con un mercado regional de 300 millones de habitantes.

Comentó que, la misma mirada de unidad fue la que “permitió superar o afrontar mejor la crisis de los años 90 o de los años 80″. También expresa que “hay una crisis en Europa y en Estados Unidos, pero el continente aguanta, pues piensa de otra manera en el mundo y en el mercado regional”.

Hasta ahora, son varios los países suramericanos que promocionan la idea de unidad regional para contrarrestar los efectos de la crisis económica que viven los países capitalistas. Tanto los países integrantes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) siguen fomentando la integración.+ (PE/Iadeg)
PreNot 9950
120417

Fuente: Ecupres