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miércoles, 27 de junio de 2012

A la carrera, acabaron con Lugo y con la voluntad popular paraguaya.



Homar Garcés

Ningún revolucionario -o quien pretenda serlo- puede confiar ciegamente en las estructuras verticalistas y burocratizadas del Estado, las cuales han sido moldeadas -desde siempre- por los designios de las clases dominantes, aun cuando éstas se guíen aparentemente por principios y procedimientos democráticos. En este sentido, Marx y Engels expresaron: “Hoy, el poder público viene a ser, pura y simplemente, el consejo de administración que rige los intereses de la clase burguesa”.

Por ello no debe asombrar a nadie lo acontecido en Paraguay con la destitución del presidente Fernando Lugo por parte de sus opositores en el Parlamento. Los contrarrevolucionarios ya lo hicieron antes con el Presidente Salvador Allende en Chile, torpedeando su gestión de gobierno desde el poder legislativo hasta consumar el golpe de Estado en su contra y, más cercanamente en el tiempo, con Presidente Manuel Zelaya en Honduras, aplicándole una formula leguleya similar a la sufrida por Lugo; sin dejar de mencionar la exoneración por parte del Tribunal Superior de Justicia de los responsables del derrocamiento militar del Presidente Hugo Chávez y las muertes causadas el 11 de abril de 2002 al dictaminar que hubo un “vacío de poder”, un absurdo jurídico jamás visto en el mundo entero.

Por eso no resultará suficiente que cualquier gobierno tildado de revolucionario o de progresista muestre un apego estricto y notorio a la institucionalidad ni haga concesiones permanentes u ocasionales a la contrarrevolución, creyendo que así podrá ganarse su buena voluntad y cumplir con su plan de gestión en favor de los sectores populares. Nada más alejado de la realidad. Es lo que acaeció en Paraguay y, así, a la carrera, los grupos conservadores acabaron con Lugo y con la voluntad popular paraguaya. Otra hubiera sido la conducta del Presidente, pero no supo o no quiso responder a las expectativas puestas en su mandato. La derecha sí supo y sí quiso responder a sus propios intereses.

Como bien lo apuntara Atilio Borón, este acontecimiento es “una lección para el pueblo paraguayo y para todos los pueblos de América Latina y el Caribe: sólo la movilización y organización popular sostiene gobiernos que quieran impulsar un proyecto de transformación social, por más moderado que sea, como ha sido el caso de Lugo”. 

Algo que se ha evidenciado en los casos de Ecuador, Bolivia y Venezuela, por citar los países más emblemáticos de nuestra América donde los grupos derechistas -pese a su poder económico y al respaldo indiscutible de Washington- han fracasado en sus planes de desestabilización. 

Sin embargo, es necesario aclarar que hace falta llevar a mayores niveles dicha movilización y organización popular mediante la formación crítica y permanente de una conciencia indudablemente revolucionaria, capaz de impulsar los diferentes cambios que se requieren en los campos político, económico, social, militar y cultural para consolidar la revolución, más aun si ésta se define como socialista. Esto es algo que no debe obviar jamás ningún revolucionario, a menos que esté dispuesto a claudicar ante la clase dominante y defraudar la voluntad popular, olvidando su compromiso histórico.

Fuente: ApiaVirtual

domingo, 24 de junio de 2012

Lo mismo de Honduras cambiando fórmula.


Solidaridad con Paraguay

Roberto Quesada

Tarde o temprano se esperaba que la oligarquía paraguaya atacara de una u otra forma y, claro, lo hizo como sucedió en Honduras, usando el congreso títere de la oligarquía y enemigo del pueblo.

Paraguay, hasta no hace mucho, vivió 34 años bajo la bota militar, encabezado por tristemente célebre asesino Alfredo Stroessner, que durante gobernó, con los militares y el Partido Colorado (mismo que en la actualidad, coludido con el congreso y el Partido Liberal, está intentando este golpe de Estado express, como lo calificó el presidente cosntitucional Fernando Lugo), las libertades políticas fueron severamente limitadas, y los opositores al régimen fueron sistemáticamente acosados y perseguidos bajo el estandarte de la seguridad nacional y el anticomunismo. Aunque una constitución de 1967 dio dudosa legitimidad al control de Stroessner, Paraguay se aisló progresivamente de la comunidad mundial.

La ultraderecha paraguaya no se ha detenido buscando desprestigiar de una u otra forma, igual que lo hiciera la de Honduras contra el presidente constitucional Manuel Zelaya, al presidente Lugo y su gobierno. Los cabecillas más feroces de la jauría del congreso paraguayo, ni más ni menos se expresan verbal y corporalmente como la jauría criminal hondureña que dio paso al golpe de Estado militar.

Este próximo 28 de junio se cumplen tres años del fracasado golpe de Estado en Honduras, y desde entonces va gran cantidad de asesinatos políticos que no se han detenido hasta el día, el país quedó en bancarrota, saqueado por los golpistas (que incluye al congreso), y aunque se pretendió lavar el golpe haciendo unas elecciones a vapor en donde salió “electo” Porfirio Lobo Sosa, hasta hoy no se ha logrado nada. 

Los asesinatos a campesinos, obreros, maestros, periodistas, abogados, dirigentes de la oposición y la persecución de quienes nos hemos opuesto al golpe de Estado, no se ha detenido. La corrupción está en sus más altos niveles, como nunca antes vista a pesar de ser una clase política que siempre ha sido corrupta. El tal gobierno de conciliación se ha considerado casi como un Estado fallido, y a Porfirio Lobo Sosa lo maneja a su antojo la oligarquía golpista, misma que en su momento él respaldó sino con hechos por omisión. 

Como el golpe de Estado militar ha sido un rotundo fracaso en Honduras, los golpistas de América Latina y sus aliados del exterior, buscan nuevas fórmulas de asestar golpes de Estado y que se legalicen en el acto, es esto lo que está sucediendo con el presidente Fernando Lugo. Como sea, de concretarse el golpe de Estado en Paraguay, le espera un viacrucis al pueblo paraguayo, similar al infierno que actualmente vive el pueblo hondureño.

Los hondureños y hondureñas que hemos vivido en carne propia recientemente un golpe de Estado, estamos en la obligación moral y humana de solidarizarnos con el pueblo paraguayo y su presidente constitucional Fernando Lugo. Pueblo paraguayo, a detener ese golpe de Estado. Resistir y vencer!

La coordinadora de Honduras USA Resitencia-libre, Lucy Pagoada Quesada, ha establecido contacto con un grupo de la diáspora Paraguaya contra el golpe de Estado, El Centro Paraguayo de Nueva York, quienes han habilitado esta página en donde pueden dejar sus mensajes de solidaridad en este momento que tanto lo necesitan. 

Fuente: ApiaVirtual