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domingo, 9 de febrero de 2020

Honduras, zona cero del cambio climático en América Latina.


El mar se ha tragado en pocos años cuatro cuadras del municipio de Cedeño, en Honduras, uno de los tres países más vulnerables del mundo al cambio climático. Donde hace unos años había casas, hoteles o una iglesia ahora se puede hacer buceo. Los hijos de los actuales habitantes no tendrán pueblo en unos años.





El pescador maneja la lancha con el rostro serio de quien recorre un cementerio por el que le disgusta pasar. Entonces se detiene entre las olas y señala un punto oscuro, uno cualquiera junto a la barca: “Aquí abajo está el centro comunitario de Cedeño”, dice, “y ahí delante una sala de fiestas llamada El Oasis, la tienda La Americana y un restaurante mexicano”. Más allá, “donde hace espuma la ola”, daba la vuelta el autobús y estaba el hotel de doña Ondina…recuerda el pescador, refiriéndose a las 24 habitaciones levantadas en lo que un día fue un elegante rincón turístico de Honduras.


Recorrer la playa de Cedeño, un municipio de 7.000 habitantes en el sur de Honduras, uno de los países más vulnerables del mundo al cambio climático, es un paseo tan surrealista como apocalíptico. Techos y balcones de viviendas que un día estuvieron en cuarta línea de playa, asoman del agua como si hubieran sido construidas ahí, en medio del Pacífico. Hacia el Oeste, mansiones de dos plantas lucen abandonadas, y las piscinas en las que las familias acomodadas un día bebían margaritas fueron arrancadas de cuajo por las olas. Los postes eléctricos, que antes iluminaban parte del pueblo, ahora se interrumpen al llegar a la orilla y tres calles pavimentadas conducen a las profundidades. Los niños que juegan en la raquítica playa, lo hacen sobre una arena llena de cascotes y restos de azulejo y ladrillo.

Una de las viviendas arrasadas por el mar en Cedeño. FOTO/ VIDEO: MÓNICA GONZÁLEZ


En la última década, Honduras fue el segundo país más afectado por huracanes, tormentas o inundaciones según el Índice de Riesgo Climático (IRC) que elabora cada año Germanwatch. Y su futuro no parece más luminoso que su pasado reciente: en casi todos los mapas del grupo de expertos en cambio climático de Naciones Unidas (IPCC), esta región aparece en rojo, y se prevé que sus zonas costeras pronto quedarán bajo el mar, al igual que Myanmar, Dominica o las islas caribeñas de Panamá. En Cedeño, ubicado en el golfo de Fonseca, el mar se está comiendo la costa a un ritmo de un metro y 22 centímetros cada año. Sus habitantes ya viven en el futuro.


“Nos advirtieron que nuestros nietos no tendrían pueblo, pero nunca imaginé que yo misma lo vería desaparecer”, dice doña Alejandrina, de 70 años, mientras llora junto a la que era su sala de fiestas, una imponente construcción de dos plantas y 300 metros cuadrados que se vino abajo hace unos meses y ahora luce como una montaña de cascotes rosas bañadas por el mar. Es la última casa que han tumbado las olas. La quinta propiedad de Alejandrina que se traga la marea.

Los tres pescadores despliegan un mapa sobre la mesa y señalan una a una las calles desaparecidas. El pueblo ha perdido cuatro calles en los últimos 30 años. “El agua se ha tragado cuatro cuadras, las casas de 600 familias, seis hoteles, cuatro salas de fiestas, el centro comunal, las oficinas de Hondutel, un laboratorio de camarón... y está entrando al colegio”, recuenta Virgilio Madariaga, de 47 años, presidente de la asociación de pescadores y encargado de dar un curso a los vecinos en caso de tsunami, la única ayuda oficial recibida hasta ahora.

Además de comerse el pueblo, el mar ha desplazado la pesca, ha arrasado con los manglares y ha alterado la salinidad y secado los pozos trayendo más pobreza y desplazamiento. A partir de ahí comenzó un éxodo difícil de calcular que ha vaciado el pueblo. Unos, como Herminia Galindo, de 63 años, se marcharon cinco kilómetros tierra adentro. Otros se marcharon al norte de Honduras para cortar café —cuyo precio alcanza mínimos históricos— y otros tantos huyeron a España o Estados Unidos, unos en caravanas y otros en silencio, como el hijo de Dagoberto, albañil en Houston.
Alejandrina Calderón (70) contempla la última de sus propiedades destrozadas por el mar. MÓNICA GONZÁLEZ EL PAÍS


“Se puede decir que el cambio climático es la tercera causa de emigracióndespués de la violencia o el hambre pero las tres están ligadas entre sí”, señala desde Costa Rica a EL PAÍS, Pablo Escribano, especialista en cambio climático y migración de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).


Dagoberto Majano tiene 57 años y, desde que recuerda, ha visto subir el mar. Unos años más y otros menos, pero siempre era algo que se solucionaba dejando la lancha un poco más arriba en la arena. Pero en las últimas décadas aumentó la velocidad y la costa se reduce más de un metro cada año.

A nivel global, los océanos aumentaron 1,7 mm/año en el siglo pasado y se estima que, en promedio, los mares del mundo subieron 20 centímetros desde el inicio de la Revolución Industrial. El IPCC de la ONU predijo que los océanos subirán hasta 74 centímetros a final de siglo pero podrían llegar a un metro.

El estudio más detallado sobre esta zona señala que la tasa media de erosión en la playa de Cedeño es de 1,22 metros cada año y calcula que en 20 años habrá desaparecido el 16% del municipio. Entre otras consecuencias la subida del mar ha causado enfermedades, desplazamiento y un “desequilibrio en la salinidad” que ha secado los pozos, señala el informe La variación de la línea costera de Cedeño de David Cáceres, profesor de Ciencia Geográfica de la Universidad de Honduras.

La situación es “alarmante”, dice Enoc Reyes, responsable de la oficina de Cambio Climático de Honduras. “Tanto la subida del nivel del mar como las sequías están provocando emigración, pobreza y enfermedades más prolongadas como el dengue” señala a EL PAÍS desde Tegucigalpa. “Nuestro escenario no es cómo frenar el cambio climático, sino cómo adaptarnos a él". El funcionario insiste en que Honduras no emite ni remotamente los gases de efecto invernadero de los países del primer mundo pero paga sus consecuencias y reclama la urgente llegada de los famosos “fondos verdes” prometidos por la comunidad internacional y que no llegan por “largas trabas burocráticas”.



El Gobierno de Honduras espera como un maná esos fondos internacionales pero tampoco cumple con su parte. En la última Cumbre del Climacelebrada en Madrid (COP25), el presidente Juan Orlando Hernándezinsistió en su discurso en que “Honduras es el país más afectado del mundo junto a Puerto Rico y Myanmar” y pidió renegociar su deuda con el Banco Mundial para dedicar el dinero a la reforestación. “Estamos hablando de 500 millones de dólares en un año y con eso reconstruimos presas y reservas de agua en el Corredor Seco, donde vive un tercio de la población a la que cada año tenemos que estarle dando alimentos para evitar la hambruna”, dijo el mandatario a los presidentes de medio mundo.

Sin embargo la comunidad internacional desconfía del modelo hondureño y del círculo de empresarios que rodea al mandatario para levantar presas por todo el país, cuya construcción ha secado varios cauces y enfrenta a las comunidades, lo que ha causado decenas de víctimas, entre ellas la ecologista Berta Cáceres. De ahí las “largas trabas burocráticas”, que tanto irritan al presidente hondureño. Paralelamente su Gobierno dedica el 0’5% del presupuesto a la protección ambiental frente al 1,2% de hace una década, según el Banco Central. El ministro, sin embargo, dijo que “no estaba autorizado para dar ninguna cifra”.

A la indiferencia oficial se suma la degradación costera provocada por las piscifactorías de camarón, que han destrozado amplias franjas de manglar dentro de espacios naturales protegidos. La cría del camarón hondureño para la exportación a Estados Unidos y Europa, es una de las industrias boyantes de la zona y se ha multiplicado en zonas protegidas donde antes había manglares por los que entraba y salía el agua disminuyendo la erosión al estabilizar los sedimentos con sus raíces.


Las casas de la playa de Cedeño, han sido destruídas por las marejadas. MÓNICA GONZÁLEZ EL PAÍS


Mientras tanto, un día más, doña Glenda Zamora vuelve a amontonar en su modesto restaurante una bolsa, luego otra y otra más. Trata de frenar el agua con sacos rellenos de arena como se hace junto a los ríos que se desbordan. Pero ella lucha contra el mar. Su humilde tasca, donde fríe pescado a los lugareños y a algún turista despistado, sí o sí será engullido en pocos meses. Hace cinco años su local tenía el salón y la terraza pero de aquello solo queda la mitad. Primero llegó el agua, dos años después ya cubría los pilares y poco después se desmoronó la techumbre. “Ahora solo estoy esperando unos meses, a que el mar termine con todo, para irme para siempre de aquí”.
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Fuente: elpais.com


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Reflexión Cristiana sobre la Caravana hacia USA.


Ismael Moreno, S.J. (Padre Melo)

La Caravana es un fenómeno social migratorio que ha desbordado cualquier previsión política e institucional. Es noticia mundial. En todos los medios internacionales, que nunca dicen nada de Honduras, hoy la han puesto en el ojo del huracán noticioso. Es un fenómeno que ha desbordado a las iglesias, a los sectores de la sociedad civil, a las ongs y a los gobiernos. Es una avalancha que en sus inicios de esta etapa dramática comenzó con unos cuantos centenares de hondureños hasta convertirse en un número incontable, creciente e incontrolable, a la que se responde con sencillos gestos solidarios, generosos y espontáneos por parte de la gente que ve a los migrantes pasar, hasta con las respuestas de más alto nivel militar como lo amenaza la administración Trump, y como lo está haciendo el régimen hondureño al tratar de crear infructuosamente una muralla policial en la frontera entre Honduras y Guatemala.

Nació en la “Ciudad Juárez del sur”

No es solo una caravana. Es un fenómeno social liderado por miles de pobladores rurales y urbanos empobrecidos que se manifiesta en amplias y masivas caravanas espontáneas e improvisadas, sin más organización que la que aconseja la sobrevivencia y la manifiesta decisión de avanzar hacia el norte hasta alcanzar territorio estadunidense. No es la primera vez. El año pasado, 2017, en el mes de abril hubo una caravana de unos 800 centroamericanos, con un 75 por ciento de hondureños. A su vez, existe un movimiento de unos 300 hondureños que diariamente buscan cruzar la frontera de Aguascalientes, entre Honduras y Guatemala, muchos de ellos se van quedando en el camino.

Esta avalancha humana y social explotó como una poderosa bomba expansiva con una noticia de segunda o de tercera importancia justamente en la ciudad de San Pedro Sula, conocida mundialmente como una de las más violentas, y que diversos investigadores y analistas suelen llamarla como la “Ciudad Juárez del Sur”, por su similitud con el boom de las maquilas que en esta ciudad mexicana fronteriza con el El Paso, Texas, se promocionó en la década de los setenta del siglo veinte, como respuesta a la pobreza, dejando lo que ya todo mundo conoce como subproductos: un interminable aluvión de migración interna, violencia delincuencial juvenil, el narcotráfico. ¿Cuál fue la noticia? Un grupo de unos 200 hondureños anunciaron que organizaban una caravana para emigrar hacia el norte, saliendo de la terminal de autobuses de San Pedro Sula, en la costa atlántica hondureña, el sábado 13 de octubre.
¿Quién la empujó?

En el inicio, la caravana identificó el nombre de Bartolo Fuentes, un líder social y político con sede en la ciudad de El Progreso, quien dejó dicho en una entrevista a los medios de comunicación locales, que se uniría por unos días. Bartolo Fuentes estuvo acompañando como periodista la caravana de abril del año 2017. Siendo además un político del partido LIBRE (Libertad y Refundación), de la oposición, Bartolo Fuentes se convirtió con los días en “chivo expiatorio”. Así lo acusó en rueda de prensa la titular de Relaciones Exteriores mientras se hizo acompañar de la Ministra de Derechos Humanos. “Bartolo Fuentes es el responsable de la caravana, él organizó e instigó a muchas personas hasta manipularlas y conducirlas en este trayecto peligroso”, al tiempo que hizo un llamado al Ministerio Público para que procediera en contra de la persona a la que el régimen descargó toda la responsabilidad como representante de la oposición política radical de Honduras. Como ocurre con todo, el nombre de Bartolo quedó atrás, y fueron surgiendo otros chivos expiatorios, todavía más poderosos que un líder social y político local y nacional.

Cuando la caravana cruzó la frontera en el puesto de Aguascalientes rumbo a Guatemala, ya sumaban unas cuatro mil personas, las que lograron romper el cerco que la policía tanto de Honduras como de Guatemala había establecido en el puesto fronterizo. Y así fue en aumento en la medida que cruzaba territorio guatemalteco y se acercaba a la frontera mexicana. El régimen hondureño, sin duda con financiamiento del gobierno de los Estados Unidos, implementó un plan entre los días 17 y 20 de octubre con el propósito de convencer a los migrantes a retornar al país. Logró que algunos centenares aceptaran, muchos de los cuales fueron transportados en buses, y otros por puente aéreo, y a cada persona se le prometió ayuda inmediata y un paquete de servicios posteriores. Cuentan testigos que no pocas de las personas que se transportaban en el supuesto retorno eran activistas del Partido Nacional que sirvieron de carnada, y sobre todo, de publicidad oficial. No obstante, a partir del día 23 de octubre y con cifras que aumentaban según pasaban los días, ya hablaba de un número de 10 mil migrantes cruzando territorio chiapaneco, en la República mexicana.
Una olla de presión

El gobierno hondureño acusa a la oposición y a grupos criminales como responsables de las caravanas con propósitos políticos desestabilizadores. A esta acusación se une el gobierno de los Estados Unidos, el cual ha llegado al extremo de acusar al Partido Demócrata de instigar y financiar a grupos políticos y criminales para que los migrantes invadan territorio estadunidense con el fin de desestabilizar al gobierno. Todas estas acusaciones no tienen asidero real. El fenómeno de las caravanas es la expresión de la desesperación de una población para la cual cada vez resulta más arriesgado vivir en un país que niega empleo, seguridad ciudadana y la orilla a vivir en un permanente estado de rebusca. La caravana es la explosión de una olla de presión que el gobierno hondureño en asocio con una reducida élite empresarial y transnacionales viene atizando desde hace al menos una década. Un gobierno que abandonó las políticas públicas sociales y las ha sustituido con programas de compensación social, al tiempo que consolida el modelo de desarrollo basado en la inversión en la industria extractiva y en la privatización y concesión de los bienes comunes y servicios públicos.
Estado y corrupción entendidos como negocio

A su vez, la administración pública está conducida por un sector de políticos que ha entendido el Estado como su negocio, han saqueado instituciones públicas, como el Instituto Hondureño del Seguro Social, el sistema de salud en general, la empresaria de energía eléctrica, entre muchas otras. Y se protegen a sí mismos con el control político del sistema de justicia. La población ha ido progresivamente experimentando indefensión y abandono, experiencia y sentimiento que se acrecentó con las elecciones de noviembre de 2017 cuando el gobierno se reeligió violando la Constitución de la República y se adjudicó un triunfo que de acuerdo a cerca del 70 por ciento de la población fue el resultado de un fraude organizado. La población ha dejado de confiar en los políticos, en el gobierno y en la alta empresa privada. Las caravanas es un fenómeno que expresa la desesperación y angustia de un pueblo que dejó de creer en soluciones dentro del país. Se van como expresión extrema de la decisión de la población de tomarse la justicia por su propia mano.
Cada quien buscando a quien culpar y sacar ventajas

El gobierno de Honduras y el gobierno de Estados Unidos parecen necesitar a quien responsabilizar. Esto es así porque a fin de cuentas representan a un sector elitista de la sociedad que desprecia sistémicamente a las poblaciones con bajos recursos económicos, y nunca le darán crédito a sus iniciativas. Todo lo que proviene de estos sectores es entendido como amenaza, y en muchas ocasiones como la que ahora se observa con los migrantes, las iniciativas son percibidas como actos delincuenciales o de criminalidad. No creen ni aceptan las decisiones, iniciativas y creatividad del pueblo. Es la expresión de desprecio, discriminación y racismo. Dan por hecho que la gente no piensa, no decide por sí sola. Tiene que existir un factor, un actor externo que atiza, que manipula esas decisiones. Obviamente, el fenómeno de la caravana busca ser capitalizado por diversos sectores. Hay sectores opositores en Honduras, y quizás en Estados Unidos, que buscan beneficiarse con la inestabilidad que produce este movimiento migratorio.

Seguramente, la extrema derecha de Trump está especialmente interesada en capitalizar este fenómeno para fortalecer la lucha anti migrante, una de las políticas fundamentales de su administración. Las elecciones de medio tiempo en Estados Unidos son un termómetro para establecer si Trump proseguirá o no en un segundo mandato. Acusar a los Demócratas de financiar las migraciones, es un argumento estupendo para empoderar a Trump en el triunfo republicano en las elecciones de noviembre. A su vez, sectores políticos opositores en Honduras han dado muestras en aprovechar este fenómeno para debilitar todavía más al gobierno de Juan Orlando Hernández, quien igualmente está interesado en usar a los migrantes para acusar a la oposición de ser responsable de provocar mayor inestabilidad en su gobierno.
De vergonzante a dignificante

El fenómeno de la caravana ha significado una explosión de una realidad cotidiana. La caravana viene ocurriendo a diario, y seguramente en menos de un mes salen las cantidades de personas que se dieron en la salida masiva en un solo día. Ha sido la caravana silenciosa, asolapada, discreta, privada, invisibilizada y hasta vergonzante que con esta explosión se ha convertido en una caravana visible, pública y hasta dignificante. Este fenómeno ha desenmascarado el falso discurso y evidencia el fracaso oficial. Ha desmontado ese triunfalismo que ha sostenido que el país va mejorando. Ha dejado en evidencia que los programas de compensación social no solo no resuelven sino que profundizan el estado de precariedad de la mayoría de la sociedad. Ha dejado al descubierto que una sociedad que al garantizar que solo el 35 por ciento se incluya en la economía formal, es insostenible. La caravana masiva es la expresión de un fenómeno masivo de un modelo de exclusión social sistémico.
Élites y régimen, heridos en su amor propio

La caravana que arrancó el 13 de octubre, y que abrió la válvula para subsiguientes caravanas despertó de golpe a los sectores políticos y a la élite empresarial acostumbrados a tener férreo control sobre todo lo que ocurre en el país, y se esfuerzan en evitar sorpresas indeseables, o incluso son expertos en capitalizar a su favor los malestares o escaramuzas de protestas y reclamos de los sectores sociales. Las élites han gozado de privilegios del Estado y solo reaccionan cuando sus ganancias infinitas se ven entorpecidas por reacciones adversas, como está ocurriendo con la oposición de comunidades y organizaciones a los proyectos extractivos y concesiones otorgadas por el gobierno a empresas nacionales y transnacionales. Es así como se explica que las élites empresariales reaccionan con agresividad extrema cuando hay gentes que entorpecen su proceso de acumulación, hasta el extremo de asesinar a sus líderes como ocurrió en marzo de 2016 con el asesinato de Berta Cáceres.

De igual manera, estos sectores se sienten golpeados en su amor propio cuando, sintiéndose a sus anchas en sus privilegios, la realidad de los excluidos los desenmascara con un solo hecho sus mentiras. Esto es lo que ha hecho la caravana. Después de que las élites y el régimen de Juan Orlando Hernández han invertido millonarias sumas en publicitar que el país va por buen camino, que la economía está sana, que los programas sociales tienen contenta a la gente, irrumpe la caravana de miles de ciudadanos, una noticia que alcanza nivel mundial. La vergüenza de las élites se transforma en acusaciones a la oposición y se dedican a invertir para buscar chivos expiatorios, que en los últimos días de octubre pasó de una persona concreta, a la oposición política radical, a los Demócratas, al empresario Soros, hasta culminar con responsabilizar al eje del mal, conformado por Cuba, Venezuela y Ortega de Nicaragua. Es la respuesta a una vergüenza que las élites hondureños les duele en la medida que quienes los desenmascaran son aquellos sectores que no merecen ser considerados iguales porque son ciudadanos de segunda, tercera o cuarta categoría.
Rasgos que ayuden a interpretar éxodo masivo

Este fenómeno de masas que se dispara hacia el exterior, denota igualmente algunos rasgos que contribuyen a interpretar qué es lo que subyace en la sociedad hondureña:

Primer factor: la dependencia extrema del exterior. Buscar fuera del país las respuestas y solución a las necesidades y problemas. Es una mentalidad que se ha ido acentuando a lo largo de más de un siglo, luego de la implantación del enclave bananero a comienzos del siglo veinte. Echar la mirada y emprender el camino hacia Estados Unidos, es la reminiscencia dramática de una sociedad que configuró su mente y su corazón en torno al “sueño americano”, querer ser como un estadunidense, con sus dólares, con la esperanza de ganar dólares para comprar cosas, para ser como se gasta dinero en Estados Unidos. Salir hacia Estados Unidos es ese deseo profundo de buscar el amor de un capitalismo que dentro del país no lo han experimentado.

Es un movimiento espontáneo por ir en busca de la tierra prometida, es una defensa desesperada del país del consumo y de “la tierra de pan llevar”, como dijo un día el poeta hondureño Rafael Heliodoro Valle. No es un movimiento masivo anti-sistema. Es una avalancha intrasistema de los harapientos que siguen empecinados en buscar arriba, en el norte, el sueño que dentro de Honduras lo han vivido como pesadilla. No saben los migrantes hambrientos que su iniciativa está estremeciendo al sistema; ellos lo que hacen es buscar en el centro del sistema una respuesta para sus necesidades y problemas. Como de otras manera lo hacen los políticos y las élites pudientes, siempre tienen puesta su mirada y su corazón hacia arriba, hacia los Estados Unidos, en franca actitud servilista. Es la misma actitud de los millares de migrantes, solo que desde posición de capataces, de protectores internos de los intereses del imperio.

Segundo factor: una sociedad atrapada en la sobrevivencia. En el rebusque del día a día, cada quien buscando por lo suyo, cada quien e individualmente arañando migajas al sistema, sin cuestionarlo. El éxodo masivo de hondureños, no tiene más organización que la protección en los demás del camino del interés individual de rebuscarse la vida en otro país, en el país del norte. Porque la decisión de salir del país, no es el resultado organizativo de los pobres, sino la expresión de rebuscar cada quien, individualmente, la solución a sus problemas.

Ese rasgo de la mentalidad y comportamiento de la sociedad hondureña, sumerge a su gente en el encierro, en el mal político del encierro, que lleva a que cada quien se encierre en su propia búsqueda, en vivir cada quien ocupado en resolver sus asuntos, bajo el adagio de que “el buey solo se lame”, o lo que dicen en los caminos y calles de nuestros barrios y aldeas: “Cada quien librando su cacaste”. Es la lógica de la sobrevivencia, cada quien busca resolver a su modo y estableciendo compromisos con quien sea, con tal de salir adelante. Los demás estorban, el encuentro con otros para reunirse y buscar juntos, estorba. Todo mundo despotrica por lo que ocurre, por el alza del combustible, del agua, de la energía eléctrica.

Todo mundo protesta en contra del gobierno, pero al momento de buscar soluciones conjuntas, que lo hagan otros. La salida masiva hacia el norte revela que la gente sigue sin poner la confianza en los demás, en la comunidad, expresa el rechazo hacia la organización, hacia los partidos políticos y hacia toda la institucionalidad. La salida masiva es el fracaso de todo tipo de respuesta pública, y el triunfo rotundo del rebusque individualista. El fenómeno de las caravanas es la expresión extrema de las salidas individuales a un problema estructural y sistémico. En un ambiente así, todo lo que venga de arriba y de afuera se recibe, y hasta se puede dar un voto a quien tiene aplastada a la gente, a cambio de una “bolsa solidaria” o de diversas regalías. En una sociedad atrapada en el rebusque, los programas compensatorios tienen un enorme éxito, pero al quedar intactos los problemas, y se profundizan las políticas privatizadoras o de concesiones, la vida de la sociedad se va deteriorando, hasta acabar con explosiones como las caravanas masivas de migrantes.

Tercer factor: una sociedad que acentúa la relación vertical. En detrimento de las relaciones horizontales. La gente se va para el norte, para arriba. La mirada de los migrantes está puesta hacia afuera y arriba, dejaron de ver a su lado, cada quien camina, avanza con sus propios pasos hacia adelante, sin ver quienes están a su lado. Es el síndrome de la “banana repúblic” que sembraron los norteamericanos y dejaron esperando, embelesados, el regreso de los blancos. Son muchos, miles que van dando los mismos pasos, pero cada quien buscando lo suyo, lo particular, lo individual. En esas condiciones individualistas nacieron, así lo aprendieron, así crecieron, así han sufrido. Y así buscan su salida en el norte. Individualmente. Aunque sean caravana, aunque sean miles. Es una caravana de individualidades.

Las relaciones hondureñas se basan en la mirada hacia arriba, en la verticalidad, depender de los de arriba en una relación en donde la línea vertical es la decisiva. Es el paradigma del poder, del patriarca, del caudillo en el caso hondureño. El caudillo que me ha de resolver mi problema personal o familiar, el caudillo que me resuelve a cambio de lealtad. Es Estados Unidos, el máximo de los caudillos, el padre de los caudillos. Esa línea vertical se sostiene a costa de debilitar la línea de los lados, de los iguales. La línea horizontal es tan tenue que casi es invisible, no existe, a lo sumo nos vemos unos a los otros, para ver quien las puede más con quien o quienes están arriba, para ver quién tiene más poder ante los que están en el mando.

Esta mentalidad vertical ha permeado con fuerza a las organizaciones sociales, las organizaciones comunitarias, a las ongs y a sus liderazgos. En esto ha contribuido con especial fuerza el fenómeno de la cooperación internacional. Las relaciones que se establecen con especial acento son bilaterales entre el organismo donante y la organización beneficiaria, la que a su vez acentúa relaciones directas y verticales con las organizaciones de base. Y estas, por beneficiarse de fondos de la cooperación, fortalecen las relaciones de dependencia con la ong la que a su vez tiene una dependencia vertical con el organismo donante.

Esta línea vertical se prioriza sobre las líneas horizontales. Las relaciones entre las organizaciones de base, los encuentros entre los diversos liderazgos de base, están unidos por una tenue línea horizontal, porque la fuerza está puesta en la línea vertical, en la dependencia hacia arriba. Finalmente, las organizaciones sociales y las ongs se van quedando solas, con muy poca incidencia hacia el pueblo. Cuando la gente se vuelca hacia a fuerza, no solo rebasa la capacidad de las organizaciones existentes, sino que las primeras sorprendidas son las organizaciones y liderazgos sociales y populares. En estas hay muchas palabras y muchas formulaciones, pero muy poco pueblo.

El eje del mal. En lugar de buscar “chivos expiatorios” dentro y fuera de Honduras, el problema fundamental es Honduras en manos de unas alianzas a las que se pueden nombrar como el eje del mal. Esas alianzas están conformadas por una reducida élite política que ha vivido incrustada en el Estado y usa sus recursos como su propiedad, en contubernio con una élite empresarial auténticamente oligárquica que manejan los hilos de toda la economía e inversiones la cual es socia menor del capital de empresas transnacionales. Este triple contubernio conforma el verdadero gobierno hondureño, que se estructura en torno a un modelo de acumulación infinita a costa de negar crecientemente oportunidades a unos seis millones de los nueve millones de hondureños que conforman la población.

Estos tres actores están acuerpados por otros tres poderosos actores: la Embajada Americana con sede en la capital, los cuerpos armados liderados por los altos oficiales de las Fuerzas Armadas, y por personajes públicos y ocultos del crimen organizado. Estos seis actores en alianza conforman el eje del mal, en donde reside la más alta cuota de responsabilidad de lo que ocurre con el deterioro ya casi sin fin de la sociedad hondureña. En este eje del mal y su modelo de desarrollo, basado en la acumulación de riquezas con el control corrupto y explotación de los bienes naturales y la privatización de los bienes y servicios públicos, es en donde se encuentra la respuesta fundamental a la pregunta de por qué se van los hondureños y por qué se organizan caravanas que provocan la atracción de millares de hondureños.
¿Cómo situarnos ante los migrantes en este fenómeno de caravanas?

1 ) Ante todo acompañar con el análisis y la investigación, para escudriñar sus dinamismos internos y aportar elementos para que la sociedad pueda tener su propio criterio, y evitar manipulaciones por parte de sectores políticos, medios corporativos y oficiales interesados en manipular y capitalizar a su favor la tragedia humana. La población migrante tiene algo que decirnos, tiene en sí misma una palabra, buscar en todo a actores extraños a ella, es importante, pero el actor más importante es el pueblo que emigra, que se desarraiga. No escucharlo por buscar fuerzas que lo empujan, es caer en lo mismo que hace Trump y Juan Orlando Hernández. El pueblo migrante tiene una palabra que decir, su sufrimiento y exclusión le otorga el derecho a ser sagrado, y nos toca respetarlo y escucharlo.

2 ) Acompañar, estar cerca de las caravanas para escuchar su voz y aportar en la atención a sus necesidades inmediatas y básicas, es una condición que hace válido el análisis y la reflexión. No necesariamente acompañar significa dar ayudas materiales, puede ser que sea necesario apoyar con recursos, pero puede ser una tentación para librarnos el bulto de la impotencia de no saber dar respuestas a las preguntas de fondo que surgen de sus sufrimientos y angustias.

3 ) La coordinación entre instancias nacionales y con redes centroamericanas, mexicanas y continentales, resulta fundamental puesto que se trata de un fenómeno que se origina en Honduras, pero con repercusiones y connotaciones internacionales. Ninguna red resulta suficiente, la realidad del fenómeno de las caravanas rebasa todos los esfuerzos. Pero los esfuerzos en solitario hacen más estéril el servicio. La eficacia está en unir esfuerzos con el mayor número de instancias.

4 ) Denunciar y develar el discurso oficial de la manipulación política de la caravana. Los diversos sectores internacionales debían ayudar a buscar respuestas en primer lugar desde Honduras, y desde los hondureños, no de la oficialidad hondureña, sino de los sectores que han estado y están cerca de las poblaciones de donde más se nutren los hondureños que se apuntan en las caravanas. Esta búsqueda de respuestas ha de partir de una constatación principal: la responsabilidad política reside fundamentalmente en el actual régimen hondureño y en el modelo de desarrollo basado en la inversión en el extractivismo y privatización de bienes y servicios públicos, unido a la corrupción e impunidad. Desde esta denuncia, los hondureños demandamos que haya adelante de elecciones para un pronto retorno al orden constitucional, que con un nuevo gobierno se convoque a un gran diálogo nacional para consensuar las prioridades hacia una reversión del actual estado de calamidad social que explotó en esta migración masiva.

5 ) Una pastoral directa de consuelo, misericordia y solidaridad con el dolor y desesperación de nuestro pueblo, que se exprese en estrategias de comunicación que vincule los medios tradicionales, como la radio, la televisión y los medios escritos, con las redes sociales.

Ismael Moreno, S.J. (Padre Melo)

Agencias en Honduras – Reflexión y Liberación.

domingo, 7 de enero de 2018

Honduras, una bomba de tiempo.

Ava Gómez Daza

Opinión

El pasado 5 de enero, tal y como se esperaba, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) de Honduras desestimó el recurso de nulidad presentado por la Alianza de la Oposición a los resultados de las elecciones generales que se llevaron a cabo el pasado 26 de noviembre. Dichas elecciones fueron impugnadas por sospechas de un fraude que habría dado lugar a la reelección del actual presidente Juan Orlando Hernández.

Si bien la Alianza de Oposición, liderada por Salvador Nasralla, tendrá oportunidad de apelar la decisión ante la Corte Suprema de Justicia, es previsible que, habiendo concluido la fase del contencioso electoral, el próximo 27 de enero Hernández juramente su cargo. Esto después de un dilatado proceso que no dejó ajena a la comunidad internacional: los distintos observadores que lo acompañaron coincidieron en señalar las irregularidades del mismo, provocando las repuestas del TSE, que resultó erigiéndose en fiel escudero del oficialismo[i], al defender reiteradamente la legitimidad de los resultados.

Sin una campaña mediática internacional como la que acostumbra a tener cuando pone en cuestión a los gobiernos progresistas, la Organización de Estados Americanos (OEA) sembró la duda sobre los resultados de las elecciones hondureñas y sugirió a los países que la integran aprobar el informe que identifica el “cúmulo de irregularidades”[ii] del proceso.


Correlación de fuerzas


A nivel interno, Juan Orlando Hernández mantiene el apoyo de la élite militar y el control de las instituciones decisoras en los comicios. Esto ha sido evidenciado en la postura del TSE frente a las denuncias de los organismos observadores. Se espera que la Corte Suprema de Justicia, que ratificó el fallo favorable a la reelección presidencial de Juan Orlando Hernández (cuestionado por inconstitucionalidad), actúe de similar manera.

Nasralla cuenta con el apoyo del expresidente Manuel Zelaya, derrocado en el golpe del 2009, y de diferentes organizaciones de la sociedad civil y sectores populares que vienen movilizándose desde antes de las elecciones. La represión violenta, que se ha saldado con varios muertos, incrementó a tal punto que un comando de la policía “inconforme con la situación” se negó a seguir matando al pueblo hondureño. Un vocero del comando señalaba: “Nosotros somos pueblo y no nos podemos estar matando con el propio pueblo, nosotros tenemos familia”[iii].

Con disimulado entusiasmo, EE.UU. e Israel reconocieron formalmente la victoria del autoproclamado presidente electo. Por su parte, la OEA insiste tímidamente en que no se puede determinar un ganador en los comicios del 26 de noviembre de 2017[iv], considerando las irregularidades del proceso, pero, de facto, están ausentes sobre el terreno y no están promoviendo acción concreta alguna para defender la democracia, más allá de sugerir una repetición de los comicios, que Juan Orlando Hernández ya ha descartado.

Perspectivas

La crisis política, social e institucional que vive Honduras en la actualidad, augura un panorama complejo y de difícil gobernabilidad para Hernández. La alta tensión social permeará nuevamente las calles y, probablemente, el escenario de represión militar, propio del Partido Nacional y de sus últimos años de gobierno, no va a cesar. Seguramente la apelación al “enemigo interno” será la próxima estrategia del gobierno ilegítimo que, por medio de un enfoque de populismo punitivo, visibilizado a través sus medios de comunicación, aspira a justificar el incremento de la violencia sobre los actores sociales y los líderes políticos opositores.

La manutención del gobierno de Juan Orlando Hernández, con fuertes vínculos en la élite militar, implica un escenario aceptable para EE.UU., cuyo gobierno tiene intereses en el país, relacionados con la compra de armas y el control militar regional a través de la presencia de tropas en la base de Palmerola, ubicada a 90 km de Tegucigalpa y donde operan al menos 500 soldados norteamericanos.

En definitiva, Hernández no es el candidato idóneo de la administración estadounidense, a la vista de su extremismo y su ligereza para utilizar la represión, pero lo asumirán como propio si su ausencia supone la llegada de un candidato como Nasralla, al que consideran peligrosamente más próximo a los gobiernos progresistas latinoamericanos.

- Ava Gómez Daza es investigadora de CELAG

@Ava_GD


http://www.celag.org/honduras-una-bomba-tiempo/

[i] https://elecciones2017honduras.com/wp-content/uploads/2017/12/Informe-TSE-MOE-OEA-HONDURAS-2017.pdf

[ii] https://www.eldiario.es/politica/Almagro-OEA-informe-electoral-Honduras_0_726177406.html

[iii] https://www.efe.com/efe/america/sociedad/policias-especiales-declaran-una-huelga-de-brazos-caidos-en-honduras-por-la-crisis/20000013-3458166

[iv] https://www.eldiario.es/politica/Almagro-OEA-informe-electoral-Honduras_0_726177406.html



viernes, 1 de diciembre de 2017

Honduras, la venganza electoral de los despojados.

Foto: http://www.elheraldo.hn
Por Ollantay Itzamá*
29 de noviembre, 2017.- El debilitado aparente Estado de Honduras, en sus casis doscientos años, estuvo controlado y gobernado por la élite de terratenientes y comerciantes auto rotulados como “conservadores” y “liberales”.
Durante los primeros cien años, los patrones colocaban a los capataces de Honduras mediante bayonetas y escopetas. A principios del siglo XX, los conservadores (partido Nacional), para hacer la pantomima democrática, crearon el denominado partido Liberal, y así Honduras vivió todo un siglo bajo el (des) gobierno del bipartidismo (nacionalistas y liberales), hasta noviembre del 2017.

Un golpe de Estado que abonó resistencia

A finales de la primera década del presente siglo (2009), con un golpe de Estado político-militar, los ricos en el poder aceleraron su auto desestabilización política. Y abonaron el surgimiento del movimiento social que fue el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) que exigía la restitución en el poder de Manuel Zelaya, Presidente defenestrado por el golpe de Estado, y cambios estructurales profundos en la Honduras empobrecida y enajenada.
A partir del 2012, el FNRP declinó, y dio origen al actual partido político Libertad y Refundación Libre. Este “nuevo” partido, conformado, en su mayoría por políticos ex liberales, en las elecciones generales del 2013 (su primera participación), quedó en el segundo lugar, con 37 diputados (del total de 128 diputados del Congreso de la República).
Pero, el gobierno de Juan Orlando Hernández, del partido Nacional (coautor del golpe de Estado, junto a los liberales), que tiene aún el control del Legislativo y Judicial, les hizo la “vida política” casi imposible. No sólo les excluyeron de las comisiones legislativas, sino también les impidieron sistemáticamente las iniciativas legislativas, hasta les retuvieron los honorarios a dichos diputados.

Una dictadura “democrática” que empobreció a todo un país

Después del golpe de Estado (2009), Honduras continuó en una sistemática dictadura “democrática”, donde la ilegalidad, la corrupción y disolución de los derechos fueron constantemente promovidos y premiados por el Estado y sus tres gobernantes posteriores al golpe.
La ilegalidad en la dictadura de Juan Orlando Hernández superó la imaginación máxima cuando éste, en contra del artículo pétreo de la Constitución Política (Art. 239), se autoproclamó como candidato presidencial buscando su reelección, bajo el lema: “La vida mejor para Honduras no puede parar”. En un país que después del golpe de Estado el nivel de pobreza empeoró en más del 10%, y el país adquirió la marca mundial de “país más violento sin guerra”.
La disolución de los derechos cobró visos dantescos con las masacres y asesinatos selectivos de defensores de derechos. Siendo el caso más repudiado el asesinado de Berta Cáceres. El disentir o difundir el pensamiento crítico se castigaba y castiga con la pena de encierro, o destierro, o entierro.

Un dictadura “democrática” que subestimó a sus víctimas

En estas condiciones la hondureñidad fue obligada a volver al ritual de las urnas. Y, el dictador, creyendo que sus víctimas estaban vencidas, intentó re ungirse en las urnas alegando ser el ungido del Dios desconocido para seguir gobernando “Honduras para Cristo”.
Pero, la resistencia no estaba muerta. Ésta volvió sobre sus cenizas y derrotó incluso a la dictadura mediática de los masivos medios de (des) información, a la dictadura divina en campaña a favor del dictador (Cardenal, obispos, curas, pastores, apósteles…). Derrotó a la dictadura del miedo.
El ilegal candidato presidencial y Presidente de la República, Juan Orlando Hernández, se mantuvo en campaña electoral permanente durante todo su gobierno.
Distribuyó a sus electores, que él mismo los empobrecía, bolsitas de frijoles africanos rotulados con su fotografía y logo de su partido. Distribuyó 50 Lempiras (equivalente a 2.5 dólares) a todos los pobres electores que crecieron en número en el decenio del golpe continuado. Regaló pelotas, casitas de cartón, hornillas…, sacramentadas de: “bendiciones con la sangre de Cristo”.
Encerró, desterró o enterró a todo defensor o profeta incómodo de los derechos humanos. Persiguió y expulsó a los “venezolanos”, fantasmas de Hugo Chávez, que supuestamente traían consigo el mortal del virus del “comunismo” a la “Honduras de Cristo”.
Pero, nada de eso funcionó. Ni la dictadura, ni la dolorosa Honduras había sido de Cristo. Los pobre recibieron las bolsas de frijoles, pero votaron por la Alianza (Libre-PINU). Los “venezolanos chavistas”, enemigos de la dictadura, tenían carnet de identidad hondureña, y en las urnas defenestraron al dictador ungido por Cristo.

La venganza electoral de los empobrecidos

El dictador, y su virginal Primera Dama, antes de los primeros resultados electorales emitidos por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), de rodillas, y ante sus cámaras de televisión, agradecían llorosos a su Dios desconocido y a su Cristo por haberle “ungido por segunda vez como Presidente de Honduras”. Incluso creyentes o cómicos gobernantes de Guatemala y Ecuador, le felicitaron al dictador por anticipado. Pero, las urnas dijeron lo contrario.
Deprimente fue la sorpresa para el dictador y su cohorte cuando el TSE anunció, lo que ya habían anunciado los políticos de la oposición: “Salvador Nasralla, candidato de la Alianza Libre-PINU, aventaja con 5 puntos por encima del candidato del partido Nacional, Juan Orlando Hernández”.
Allí, la algarabía, el fervor y gratitud religiosa, la prepotencia “democrática”, se diluyó en el rostro del ungido.
“Fue un acuerdo entre los partidos de la oposición y el partido Nacional para que en los mismos centros de votación se entregase a todos los representantes de los partidos copias legalizadas de todas las actas de votación. Nosotros, como Libre hemos cuidado y asegurado para que ese acuerdo se cumpla. Así, ellos (partido Nacional) ya no podían fabricar o modificar actas de votación”, indica Dilcia Cantarero, dirigente departamental de Libre en Copán. Y así fue. Éste fue el “talón de Aquiles” de Juan Orlando Hernández.
En 2013, Libre denunció que el TSE modificó las actas electorales (fraude), pero no tenía modo de mostrar evidencias. Esta vez, tiene en su poder todas las actas electorales del país legalizados por el TSE. El dictador no pudo hacer la tradicional costumbre de: “aceitar con dinero público los resultados electorales a su favor”.
Esta venganza electoral de los empobrecidos significa una máxima responsabilidad para el gobierno de Salvador Nasralla y para toda la estructura política de Libre. Honduras, como primer paso necesita la restauración de los derechos fundamentales cercenados, y resarcimiento de las víctimas de la dictadura. Tareas nada secundarias son la revisión de todos los contratos de concesión del territorio y bienes nacionales a empresas transnacionales, la supresión de la corrupción pública como la industria más fácil para enriquecimiento ilícito, la restauración de la pacífica convivencia social interna, etc. 
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*Ollantay Itzamná es indígena quechua. Acompaña a las organizaciones indígenas y sociales en la zona maya. Conoció el castellano a los diez años, cuando conoció la escuela, la carretera, la rueda, etc. Escribe desde hace más de 10 años no por dinero, sino a cambio de que sus reflexiones que son los aportes de muchos y muchas sin derecho a escribir se conozcan.

Fuente: Servindi.org

domingo, 26 de noviembre de 2017

Honduras celebra elecciones bajo la sospecha de fraude.


La incertidumbre sobre qué ocurrirá el día después de los comicios presidenciales condiciona el ambiente en un país marcado por el golpe de Estado de 2009 y las altas tasas de homicidios.

ALBERTO PRADILLA (*) 

“Hay un dicho en Honduras. Juan Orlando Hernández ya ha sido reelegido como presidente, solo falta que se celebren las elecciones”. Gustavo Pacheco, profesor, que se reivindica como militante de izquierdas, resume una idea generalizada entre la oposición hondureña: los comicios que tendrán lugar el domingo 26 de octubre son un mero trámite, ya que el actual jefe de Gobierno tiene preparado el fraude.

Pacheco se encontraba el lunes en colonia Kennedy, uno de los barrios más populares de Tegucigalpa, donde cerró la campaña Salvador Nasralla, candidato de la Alianza de Oposición contra la Dictadura. La plancha opositora es una coalición formada entre Libre, el partido del expresidente Juan Manuel Zelaya (depuesto tras un golpe de Estado en 2009) y el Partido Innovación y Unidad-Social Demócrata (PINU-SD).

Su cabeza de lista es Nasralla, un empresario y antiguo presentador televisivo que fundó sus propias siglas, el Partido Anti Corrupción (PaC) pero que ha terminado encabezando la principal alternativa al oficialismo. Su mitin, en una pequeña placita en la que se mezclan las banderas rojas con la noria de una feria, tiene un punto de izquierda estéticamente nostálgica, con el inevitable Quilapayún y “el pueblo unido jamás será vencido”.

También se percibe una gran incertidumbre. La idea de que el domingo habrá fraude la comparten todos los asistentes al acto. La duda es qué ocurrirá después. Si se saldrá a la calle y si hay fuerza para mantener una protesta sostenida. Cómo responderá el Gobierno. Si habrá una escalada en un país donde cualquier excusa es buena para que se desate la violencia.


Oficiales de la Policía Militar y miembros de la Fuerza Nacional Antiextorsión (FNA) participan en una operación en barrios y barrios marginales de Tegucigalpa contra pandillas callejeras. AFP/Orlando Sierra

Un día antes del acto de Nasralla, en la colonia Los Robles, también en Tegucigalpa, miles de personas arropaban al candidato oficialista, Juan Orlando Hernández, cabeza de lista del Partido Nacional. Hernández encabeza una formación derechista (y en Centroamérica decir derecha es decir mucha derecha), con más de un siglo de historia y que se aferra al discurso securócrata como principal baza.

Su principal reivindicación de los últimos cuatro años es sacar a la calle a la Policía Militar y la construcción de los “pozos”, cárceles de máxima seguridad en las que ha encerrado a decenas de líderes pandilleros, principalmente del Barrio 18, en condiciones de absoluto aislamiento. “Lo principal es que se mantengan los militares en la calle y que se mejore la seguridad”, resumía Araceli Castillo, empleada estatal, que acudía a la marcha enarbolando una bandera azul del partido y una camiseta con el lema “cuatro años más”, que reclama la continuidad del presidente en su puesto.

A pesar de ser un acto mucho más masivo que el opositor, se respira menos entusiasmo. Los asistentes, organizados por grupos de barrio o centro de trabajo, llegan en autobuses, aplauden un rato bajo un sol abrasador y se marchan por donde han venido.

Pedir que las elecciones en Honduras se desarrollan en un ambiente normalizado sería demasiado. Con una tasa de 51,9 homicidios por cada 100.000, estamos ante el segundo país más violento del Triángulo Norte centroamericano, uno de los lugares con mayores porcentajes de asesinatos del mundo. Por encima, El Salvador, con 60 muertes violentas por cada 100.000.

Entre los factores que explican esta sangría está la actividad de las pandillas (en especial Barrio 18 y Mara Salvatrucha, aunque también cuenta con grupos autóctonos, como Los Chiricos) y el narcotráfico, ya que el país se encuentra en el tránsito entre productores como Colombia y el consumidor final, que es EEUU.


Una niña en un barrio de chabolas en Tegucigalpa (Honduras). REUTERS/Edgard Garrido

La violencia no es lo único que lastra Honduras. Según el Banco Mundial, cerca del 20% de su población sufría pobreza extrema en 2015. El salario mínimo está en 8.000 lempiras (350 dólares) y no todo el mundo tiene la suerte de acceder a él, la miseria es evidente a simple vista y el Estado, simplemente, está ausente en muchos de los ámbitos que debería regular.

En los últimos años se han destapado graves casos de corrupción como el saqueo de la Seguridad Social, con un desfalco de 335 millones de dólares (unos 283 millones de euros).

Por si esto fuera poco, desde hace una década el país está marcado por la polarización política y la represión. Zelaya, entonces al frente del Partido Liberal, fue depuesto por los militares en 2009.

Como recordaba recientemente la revista salvadoreña Factum, EEUU tuvo conocimiento del golpe desde el principio. Y jugó un papel determinante en su legitimación. La excusa fue la denominada “cuarta urna” que el presidente quería instalar en las elecciones que iban a tener lugar ese mismo noviembre. En ella, los hondureños debían responder si apoyaban el inicio de un proceso constituyente.

Una propuesta que el actual partido en el gobierno vinculó con Venezuela (en efecto, aquí también se juega el comodín bolivariano) y con la supuesta voluntad de Zelaya de perpetuarse en el poder, ya que la Constitución impide que un jefe de Gobierno sea reelegido. Los militares se hicieron con el mando del país, Zelaya se exilió y unos nuevos comicios dieron la victoria a Porfirio Lobo, inaugurando un ciclo de triunfos del Partido Nacional.


El presidente de Honduras y candidato del Partido Nacional, Juan Orlando Hernandez, en un mitin en Tegucigalpa. REUTERS/Jorge Cabrera

Lo paradójico es que, ahora, Juan Orlando Hernández aspira a mantenerse en el poder sin ni siquiera cambiar la Constitución. Para ello se sirve de una ambigua sentencia de la Corte de Constitucionalidad que permite su inscripción como candidato pero no dice nada de su reelección, que en principio está vetada. Al tener controlados todos los poderes del Estado, el presidente tiene claro que no va a encontrar oposición institucional. Tampoco es cuestión de perderse en tecnicismos. Si Hernández es reelecto, permitiría de rebote que Zelaya pueda volver a presentarse en 2021.
Clientelismo e irregularidades

“Tenemos informaciones de que Juan Orlando va a salir a las 8 de la tarde (3 de la madrugada en España) anunciando su victoria y que sacará al Ejército para detener a los opositores”. La denuncia la realiza Mario Sorto, diputado por Libre y aspirante a la reelección, pero es una idea que se extiende entre los partidarios de la Alianza.

En su opinión, el proceso viene “viciado” por el control del Partido Nacional de la administración. “No hay tarjetas de identidad y se han comprado credenciales (que es lo que permite a los partidos controlar el proceso, ya que las mesas están en manos de voluntarios y no de ciudadanos por sorteo como ocurre en España)”, afirma.


El candidato de la Alianza en las presidenciales hondureñas, Salvador Nasralla, en el cierre de campaña en Tegucigalpa.EFE/Gustavo Amador

Salvador Nasralla, el candidato opositor, ha asegurado tener encuestas que le dan “hasta 30 puntos de ventaja”, al tiempo que pone en cuestión la fiabilidad del proceso. En apariencia, esto solo dejaría la salida de la movilización en caso de que el domingo Hernández anuncie su victoria. Aquí nada es lo que parece y, en ocasiones, mientras los líderes lanzan proclamas incendiarias, pactan con sus rivales a espaldas incluso de sus propias bases. Todo es complejo. Juegan los intereses, los cálculos a largo plazo, las alianzas y las propias fuerzas. Hay que ver si la oposición tiene capacidad real de plantear un pulso a un Estado cada vez más militarizado y donde apelar a la securocracia, aunque sea a costa de derechos civiles, genera más beneficios que pérdidas en cuestión de opinión pública.

La posibilidad del fraude va más allá del recuento. Tiene que ver con un modelo.La estructura del Partido Nacional se mezcla con la del Estado y miles de personas dependen de salarios que están vinculados a la continuidad del partido en el poder.

Como Alicia Mendoza, que se encarga de una de las carpas de la formación del presidente en la colonia Quesada. Cobra 4.000 lempiras (142 euros) mensuales. Su labor es atender a los votantes, repartir propaganda y mantener la visibilidad en la calle. Si no es período electoral se encarga de otras cuestiones relacionadas con su barrio, siempre en términos partidistas (aka “clientelares”). ¿Qué ocurriría si Juan Orlando no ganase las elecciones? “Perderíamos el trabajo”, sentencia, pragmática.

Luego asegurará que ahí no hay nadie por dinero y que no se paga por voto. Sin embargo, son cientos los que, como ella, dependen directamente de los fondos del partido. Esto provoca que la oposición los califique como “acarreados” y denuncie que la asistencia a un mitin se cobra a 50 lempiras y el voto, a 100. Mendoza lo rechaza. “Cada quien va por amor al partido, nadie va pagado”, asegura.


Vista de Tegucigalpa, la capital de Honduras, que este domingo celebra elecciones presidenciales. REUTERS/Edgard Garrido

Que la oposición denuncie el fraude tiene sus razones. Recordemos que, en 2009, Zelaya fue expulsado del poder por los militares y que nueve meses después, con el presidente legítimo exiliado, se celebraron elecciones que EEUU dio por válidas y en las que se impuso Porfirio Lobo. Cuatro años después, en 2013, ganó Juan Orlando Hernández, el actual presidente, en un proceso que también fue impugnado por la oposición.

Las acusaciones de fraude también salpican a los opositores. El martes por la noche, una veintena de personas ocupaba la sede de Libre en Tegucigalpa. Acusaban a Aida Reyes, una de sus coordinadoras, de pactar con el Partido Nacional la entrega de credenciales y estar acordando un reparto de puestos.



El expresidente de Bolivia Jorge Quiroga (d), jefe de la Misión de Observación Electoral de la Organización de los Estados Americanos, junto al presidente del Tribunal Supremo Electoral de Honduras, David Matamoros, en Tegucigalpa. EFE/Gustavo Amador

Según el Tribunal Superior Electoral, se desplegarán más de 15.000 observadorespara garantizar que las elecciones se desarrollan limpiamente. De ellos, unos 500 forman parte de la Unión Europa (UE) y la Organización de Estados Americanos (OEA). El propio Nasralla, en declaraciones a Público, instó a la comunidad internacional a no permitir que sus instituciones se “deslegitimen” avalando un fraude.Seguidores de los dos principales partidos acusan a sus rivales de aferrarse a un discurso del miedo para evitar una afluencia masiva a las urnas.
La violencia siempre es un factor

La violencia es uno de los elementos que marcan las elecciones. Se trata de un fenómeno brutal, terriblemente normalizado, que forma parte de la vida diaria de los hondureños.

El jueves, en el Paraíso, una de las colonias más peligrosas de la capital, aparecían dos cadáveres dentro de bolsas de plástico. Desde una barandilla, dos decenas de personas seguían los trabajos de la policía y el Ministerio Público como si se tratase de la platea de un espectáculo. Algunos incluso comentaban la jugada. Que si los habían “amarrado bien” o que si eso te ocurre “si andas en malas cosas”.


Una patrulla de la Policía Militar, en las calles de Tegucigalpa. AFP/Orlando Sierra

Entre los curiosos (no hay otra definición para los que se arremolinan ante los cuerpos), la viuda de una de las víctimas, que solo acertaba a relatar que su marido desapareció la víspera junto a su madre. Posiblemente llevase desde entonces sabiendo cuál sería el desenlace, esperando únicamente el punto en el que los sicarios abandonarían el cuerpo.

En ese momento, ella no quiere dar los nombres de las víctimas ni detalles sobre qué ocurrió. Más adelante, la Policía explicará que las víctimas eran Glenys Yolanda Cruz Herrera, de 45 años, y su hijo José Gustavo Reyes Cruz, de 25. Encapuchados los secuestraron la víspera de su domicilio de la colonia Brisas de Olancho, en Comayagüela. Dos nuevas víctimas a una larga lista de crímenes que, generalmente, quedan impunes.

Los policías desplegados en el lugar aseguraban que estas escenas estaban haciéndose cada vez más raras ya que el número de asesinatos ha descendido. Al margen de los homicidios habituales, existe una categoría especial vinculada a las elecciones. Son los denominados crímenes políticos, que tampoco tienen por qué estar directamente relacionados con la actividad de la víctima, ya que en este país existen múltiples causas por las que una persona puede terminar asesinada.



Fotografía de una valla con publicidad del candidato presidencial por el Partido Liberal, Luis Zelaya (d), y el candidato a la Alcaldía de la capital, Osman Aguilar (i), en Tegucigalpa. EFE/Gustavo Amador

En la última semana se han contabilizado, al menos, tres homicidios de líderes de Libre, el partido de Zelaya, la muerte de otro activista de la alianza opositora y una quinta miembro del Partido Liberal.

La violencia condiciona el desarrollo de los comicios. Como explica Otto Argueta, de Interpeace, una organización que trabaja en procesos de pacificación en América Latina y otros lugares del mundo, “los partidos dependen de las relaciones formales e informales que tienen con las pandillas para garantizar su acceso a los barrios y llegar a los votantes”.

También los integrantes del Partido Nacional están bajo amenaza. Hace dos semanas, uno de sus activistas fue asesinado. Recientemente se han difundido audios, supuestamente atribuidos a pandillas, en la que se amenaza directamente a los integrantes del partido derechista. Resulta imposible verificar la autenticidad de las grabaciones.

Entre las personas que han recibido estas amenazas se encuentra Griselda Barrientos, integrante del partido de Juan Orlando Hernández en El Edén, una colonia atrapada entre dos fuegos (por el norte, el Barrio 18, por el sur, la MS). Asegura que tiene miedo aunque, por el momento, no ha sufrido ningún ataque diario. Mientras que las bases derechistas acusan a los opositores de tener una alianza con pandillas para hostigarles (concretamente con la 18), desde las filas de Nasralla se señala al Ejecutivo de desarrollar una campaña de “falsos positivos”. Como hace una semana, cuando la Policía presentó un supuesto hallazgo de una casa presuntamente vinculada con mareros en la que aparecieron cócteles molotov y propaganda de Libre y el movimiento estudiantil. Ni hecho de encargo.

De qué se discute al margen de todas las anomalías

Recordemos que estamos en unas elecciones y, en principio, se trata de contraponer modelos políticos, aunque esta campaña haya estado más centrada en cuestiones procedimentales y, por supuesto, la violencia. En total, algo más de seis millones de hondureños están llamados a las urnas. Además del presidente se eligen los 128 miembros de la Asamblea Nacional y sus suplentes, los 20 miembros del Parlamento Centroamericano y alcaldes de 298 municipios en 18 departamentos.

“No queremos que nos regalen nada, pero hemos mejorado mucho. Antes las casas eran cárceles, donde nos encerrábamos por miedo a la extorsión”. Jaime Sancho Pacheco es uno de los activistas del Partido Nacional que organiza la caminata de cierre de campaña en Tegucigalpa. Resume la posición de los fieles a Juan Orlando Hernández: seguir igual porque consideran que los últimos cuatro años han sido exitosos. Su principal argumento es afirmar que se ha reducido el número de homicidios, que se combate al crimen organizado y que se han desarrollado programas asistencialistas que mejoran la calidad de vida de los hondureños.


Un soldado hondureño con su fusil en un helicópero militar durante la operación denominada 'Paz y Democracia II', dentro de las medidas de seguridad en la campaña de las elecciones presidenciales. REUTERS/Jorge Cabrera

Desde la oposición acusan al Partido Nacional de haber recortado los derechos civiles y convertir el país en una dictadura desde el golpe de Estado de 2009. En los últimos años, los homicidios de activistas sociales se han incrementado. El caso más conocido es el de Berta Cáceres, asesinada en 2016 a pesar de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos había solicitado para ella medidas cautelares de protección.

“Aquí decide Washington”, denuncia la activista social Denia Mejía, que denuncia que “se ha entregado el país” a través de concesiones a empresas transnacionales. Los conflictos relacionados con empresas extractivistas se han incrementado exponencialmente.

La alianza opositora ha basado su campaña en deslegitimar la reelección de Hernández. Su principal propuesta es la de retomar la senda institucional rota en 2009 y poner en marcha un proceso constituyente. Mientras tanto, según explica el propio Salvador Nasralla, mantendrá a la Policía Militar en la calle hasta que se desarrolle un cuerpo comunitario que prevenga la violencia y pondrá el foco en la corrupción para recuperar activos que sirvan para programas sociales.

Desde el oficialismo, sin embargo, se acusa a los opositores de aliarse con la delincuencia al plantear que la seguridad pública esté en manos de la policía y no de los militares. Además, como ya es costumbre en cualquier proceso electoral, se tira de Venezuela y se acusa al Gobierno de Nicolás Maduro de supuesta “injerencia”.

Lo curioso es que el modelo de intromisión denunciado es a través de Internet y cuentas de Twitter. Básicamente, la misma teoría que esgrime el Ejecutivo español sobre Rusia en relación al proceso independentista en Catalunya.

Existe una sensación de incertidumbre sobre qué puede ocurrir a partir del domingo. Los oficialistas dan por seguro el triunfo y señalan a la Alianza contra la Dictadura como posibles instigadores de violencia. Frente a ellos, los partidarios de Nasralla, que están seguros del fraude y miden hasta dónde serían capaces de llegar en una movilización. No reconocerán los resultados que ofrezca el Tribunal Supremo Electoral hasta que lo cotejen con los datos que les proporcionen sus propios militantes. Esto abre un espacio de intranquilidad en el que un mal paso puede generar graves consecuencias.


(*) Periodista de Plaza Pública

Fuente: publico.es

viernes, 3 de noviembre de 2017

COP23 premiará proyectos de Colombia, Honduras y Ecuador.

Proyecto ecuatoriano promueve la agricultura sostenible y el empoderamiento femenino.

La organización de la COP23 que será este año en Bonn (Alemania) reconocerá iniciativas agrícolas de Latinoamérica por su lucha contra el cambio climático. Una de estas iniciativas además será distinguida por su esfuerzo en incluir la participación de las mujeres en la agricultura.

Por José Díaz
Servindi, 01 de noviembre, 2017.- A pocos días de la COP23 que este año tendrá lugar en Bonn (Alemania), las primeras informaciones sobre este evento se van dando a conocer. Una de ellas tiene que ver con Latinoamérica, puesto que ya se sabe que Ecuador, Colombia y Honduras figuran entre los proyectos de acción climática que serán premiados en esta edición.
Uno de los reconocimientos, que serán entregados por las Naciones Unidas, lo recibirá Ecuador y será el de “soluciones climáticas” por una iniciativa que busca la agricultura sostenible y la participación de las mujeres en Quito.
Este proyecto permite a las mujeres aprender a producir alimentos de manera sostenible a través de medidas agrícolas que aumentan la seguridad alimentaria y reducen las emisiones de carbono. Cabe precisar que esta iniciativa también será distinguida por la organización de la COP23 en la categoría de “Impulso para el liderazgo de las mujeres”.
El otro proyecto latino que será galardonado en Bonn será una iniciativa compartida por agricultores de Colombia y Honduras quienes hacen uso de la tecnología para desarrollar una “agricultura climáticamente inteligente”. Esto a través del análisis e intercambio de datos climatológicos.
En total serán 19 las actividades que serán galardonadas en la COP23 que tendrá lugar en Alemania del 6 al 17 de noviembre y que para esta edición tendrá como eje climático la “solidaridad frente al cambio climático”.
Cabe precisar que, pese a que la sede de la COP23 será en Alemania, esta edición viene siendo organizada por Fiji, país que representará a las demás naciones insulares del Pacífico Sur en esta convención.
“Con el apoyo que están dando a Fiji, al equipo de cambio climático de la ONU y a todas las personas que van a participar en la COP23, Alemania está demostrando su compromiso con los objetivos climáticos y de desarrollo sostenible”, declaró esta semana la secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), Patricia Espinosa.
Fuente: Servindi.org