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viernes, 3 de noviembre de 2017

COP23 premiará proyectos de Colombia, Honduras y Ecuador.

Proyecto ecuatoriano promueve la agricultura sostenible y el empoderamiento femenino.

La organización de la COP23 que será este año en Bonn (Alemania) reconocerá iniciativas agrícolas de Latinoamérica por su lucha contra el cambio climático. Una de estas iniciativas además será distinguida por su esfuerzo en incluir la participación de las mujeres en la agricultura.

Por José Díaz
Servindi, 01 de noviembre, 2017.- A pocos días de la COP23 que este año tendrá lugar en Bonn (Alemania), las primeras informaciones sobre este evento se van dando a conocer. Una de ellas tiene que ver con Latinoamérica, puesto que ya se sabe que Ecuador, Colombia y Honduras figuran entre los proyectos de acción climática que serán premiados en esta edición.
Uno de los reconocimientos, que serán entregados por las Naciones Unidas, lo recibirá Ecuador y será el de “soluciones climáticas” por una iniciativa que busca la agricultura sostenible y la participación de las mujeres en Quito.
Este proyecto permite a las mujeres aprender a producir alimentos de manera sostenible a través de medidas agrícolas que aumentan la seguridad alimentaria y reducen las emisiones de carbono. Cabe precisar que esta iniciativa también será distinguida por la organización de la COP23 en la categoría de “Impulso para el liderazgo de las mujeres”.
El otro proyecto latino que será galardonado en Bonn será una iniciativa compartida por agricultores de Colombia y Honduras quienes hacen uso de la tecnología para desarrollar una “agricultura climáticamente inteligente”. Esto a través del análisis e intercambio de datos climatológicos.
En total serán 19 las actividades que serán galardonadas en la COP23 que tendrá lugar en Alemania del 6 al 17 de noviembre y que para esta edición tendrá como eje climático la “solidaridad frente al cambio climático”.
Cabe precisar que, pese a que la sede de la COP23 será en Alemania, esta edición viene siendo organizada por Fiji, país que representará a las demás naciones insulares del Pacífico Sur en esta convención.
“Con el apoyo que están dando a Fiji, al equipo de cambio climático de la ONU y a todas las personas que van a participar en la COP23, Alemania está demostrando su compromiso con los objetivos climáticos y de desarrollo sostenible”, declaró esta semana la secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), Patricia Espinosa.
Fuente: Servindi.org

lunes, 19 de junio de 2017

Alimentos, oasis de un éxodo rural latinoamericano no tan lejano.


Pequeña finca en una localidad del corazón árido de la provincia de Santiago del Estero, en el norte de Argentina. De ahí los hombres se ven forzados a migrar a las ciudades o irse como temporeros en regiones más fértiles, para huir de las sequías y la pobreza. Crédito: Fabiana Frayssinet/IPS


Este artículo forma parte de la cobertura especial de IPS por el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación, el 17 de junio

Por Fabiana Frayssinet

IPS, 20 de junio, 2017.- Pese a que América Latina y el Caribe concentran 12 por ciento de los suelos cultivables del planeta y un tercio de sus reservas de agua dulce, varios factores contribuyen a la degradación de sus suelos y al éxodo rural que compromete la seguridad alimentaria en un futuro ya no tan improbable.

Los datos y el alerta surgen de estudios de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) cuando se celebra el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, el sábado 17, que este año pone énfasis en la migración rural como una de las consecuencias del aumento de los procesos de desertificación, la erosión de los suelos y la caída de las precipitaciones.

Durante los últimos 50 años, la superficie agrícola de la región aumentó de 561 a 741 millones de hectáreas, con una mayor expansión en América del Sur que fue de 441 a 607 millones de hectáreas. Ese incremento trajo por lo general el uso intensivo de insumos, la degradación de suelos y el agua, la reducción de la biodiversidad y la deforestación.


“El ciclo vicioso a qué se refieren tiene así mucho que ver con el rezago histórico de las zonas rurales latinoamericanas, donde la vulnerabilidad ante fenómenos climáticos se suma a otros factores de vulnerabilidad que ‘empujan’ la gente a migrar, simplemente porque no hay oportunidades y porque lo que antes era su actividad principal, la agricultura, ya no les permite sobrevivir con dignidad”: André Saramago. 

Catorce por ciento de la degradación mundial de los suelos ocurre en esta región, siendo más grave en Mesoamérica, donde afecta a 26 por ciento de la tierra, mientras en América del Sur se sitúa en 14 por ciento.

“A medida que los suelos se degradan, la capacidad de producir alimentos se reduce, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria”, explicó Jorge Meza, oficial forestal de la FAO, desde su oficina regional en Santiago de Chile.

Según Meza la degradación de suelos, depende de factores como la gravedad y extensión de la degradación, la dureza de las condiciones climáticas, la situación económica de las poblaciones afectadas y el nivel de desarrollo nacional.

En ese sentido, explicó a IPS, la primera reacción de una población que intenta sobrevivir es intensificar la explotación ya excesiva de los recursos naturales más accesibles.

El segundo paso, añadió, es liquidar todo lo que posee como equipos, inclusive para encarar las necesidades monetarias para la educación, la salud o una crisis de alimentos.

“El tercero es el rápido aumento de la emigración rural: los varones adultos o los jóvenes de ambos sexos emigran por temporadas o durante años en busca de trabajo a otras regiones del país (especialmente a las ciudades) o al exterior. Estas estrategias de supervivencia suelen conllevar la ruptura de la comunidad y a veces de la familia”, completó sobre el pernicioso proceso.

“La perspectiva es que a medida que se incremente el cambio climático y no se mejore la resiliencia de las poblaciones rurales, sobre todo las que se encuentran en situación de vulnerabilidad, estas cifras se podrían incrementar de manera importante”, advirtió el experto regional.

Según la Comisión Económica para América Latina (Cepal), en la región hay cerca de 28,4 millones de migrantes internacionales que representan cerca de 4,8 por ciento de su población, de 599 millones de personas, según datos del informe construido con los censos nacionales.

América Central es el área que más contribuye a este número con cerca de 15 millones de migrantes que representan el 9,7 por ciento de su población (161 millones de personas).

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) define a los “migrantes ambientales” como las personas o grupos de ellas que se ven forzadas o eligen dejar sus poblaciones por los cambios repentinos o progresivos en el entorno que afectan sus modos de vida.

Pero según André Saramago, consultor de FAO para Desarrollo Territorrial Rural, la migración rural tiene una multiplicidad de causas como la pobreza, la falta de oportunidades y en algunos casos, como sucede en los países del llamado Triángulo Norte Centroamericano (Honduras, El Salvador y Guatemala) la violencia criminal.

A esos elementos se agrega ahora la vulnerabilidad de los hogares ante fenómenos climáticos, como sequías cada vez más intensas y frecuentes, comentó a IPS, también desde la oficina regional de la FAO.

“El ciclo vicioso a qué se refieren tiene así mucho que ver con el rezago histórico de las zonas rurales latinoamericanas, donde la vulnerabilidad ante fenómenos climáticos se suma a otros factores de vulnerabilidad que ‘empujan’ la gente a migrar, simplemente porque no hay oportunidades y porque lo que antes era su actividad principal, la agricultura, ya no les permite sobrevivir con dignidad”, sostuvo.

Para el experto, revertir ese fenómeno implica respuestas integrales en el sentido de administrar las tierras de manera sostenible, de evitar la degradación y de promover su recuperación, aunque no sería suficiente para reducir la presión migratoria.

“Es fundamental generar inversiones estratégicas en las zonas rurales en el sentido de generar bienes públicos que permitan a los agricultores, principalmente los agricultores familiares, superar sus limitaciones históricas”, adujo.

Esas son las herramientas, planteó, “para lograr revertir el ciclo vicioso es fundamental recuperar y repensar el concepto de desarrollo rural territorial, donde la construcción participativa de políticas y la capacidad de abordar el problema de forma multidisciplinar y multisectorial es clave”.

Una de esas acciones, explicó Meza por su parte, es mejorar la administración y distribución del recursos de agua. En las últimas tres décadas la extracción de agua se ha duplicado en la región con un ritmo muy superior al mundial. El sector agrícola y especialmente la agricultura de riego representa 70 por ciento de las extracciones.

“Desde la perspectiva social, la pobreza rural se refleja también en la falta de acceso a los recursos tierra y agua. Los agricultores pobres tienen un menor acceso a la tierra y al agua, trabajando suelos de mala calidad y con una alta vulnerabilidad a la degradación. Un 40 por ciento de las tierras más degradadas del mundo están en zonas con elevadas tasas de pobreza”, indicó.

El experto explicó que existen numerosas experiencias que integran producción y conservación de la biodiversidad, en particular, sistemas agroalimentarios indígenas y tradicionales de producción, agricultura familiar, conservación de la agro-biodiversidad, así como manejo de recursos compartidos y protección de recursos naturales, que aportan una metodología y sistematización de prácticas y enfoques.

Norberto Ovando, presidente de la Asociación de Amigos de Parques Nacionales de Argentina y miembro de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas, relató a IPS algunas de esas experiencias en su país, donde 70 por ciento del territorio está sujeto a desertificación.

Argentina ocupa más de 80 por ciento de su territorio en actividades agrícolas, ganaderas y forestales. La erosión es más aguda y crítica en zonas áridas y semiáridas que componen las dos terceras partes del territorio, allí donde la pérdida de productividad se traduce en el deterioro de las condiciones de vida y expulsión de la población.

“Actualmente muchos agricultores en el mundo y en Argentina están aplicando el sistema de riego por goteo, que debería generalizarse en todo el mundo y que los gobiernos deberán tenerlo como política de estado, ayudando con préstamos blandos a los agricultores para su instalación. Mediante este sistema se consiguen ahorros de hasta un 50 por ciento del agua, en comparación con el sistema tradicional”, ilustró el consultor ambiental.

También consideró que se debe popularizar el sistema de producción de alimentos limpios, muy variados y productivos que se le conoce como “sistemas de policultivos agro-acuícola-ganaderos integrados”, actualmente difundido en Asia.

Pero para Ovando lo fundamental es la instauración de “políticas públicas que promuevan el apoyo a la agricultura familiar y fortalezcan el empleo rural”.

“Se podría afirmar que en América Latina y el Caribe el hambre no es un problema de producción, sino de acceso a alimentos. Por esto la seguridad alimentaria está relacionada a la superación de la pobreza y la desigualdad”, dijo.

“Es indispensable una gestión eficaz de la migración por causas ambientales para garantizar la seguridad humana, la salud y el bienestar y para facilitar el desarrollo sostenible”, concluyó.

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Editado por Estrella Gutiérrez
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IMPORTANTE: Esta nota ha sido reproducida previo acuerdo con la agencia de noticias IPS. En este sentido está prohibida su reproducción salvo acuerdo directo con la agencia IPS. Para este efecto dirigirse a: ventas@ipslatam.net

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Incendios capitalistas.


Por Gustavo Duch

Cuando se plantean las diferencias entre los tipos de agricultura que se practican, para definir la agricultura que actualmente llena nuestros supermercados de comida artificial, con pesticidas y muchos kilómetros de petróleo en su mochila, me gusta sustituir el oxímoron de agricultura industrial por otro adjetivo, desde mi punto de vista, más certero:agricultura capitalista. En el caso de los incendios creo que este término vuelve a ser el más apropiado porque si bien hoy es difícil desgajar entre incendios naturales o incendios provocados, cuando muchos elementos se superponen, prácticamente todos se podrían incluir en este nuevo género de incendios capitalistas.

De hecho, no se extrañen si en las próximas semanas -lamentablemente- los fuegos que explicarán los medios de comunicación superarán en mucho los que estos días están describiendo en Castellón, Galicia o más lejos, California. Como en los últimos años, las pantallas mostrarán vía satélite en las selvas de Borneo y Sumatra, miles de chimeneas excretando toneladas de humo que como un gran paraguas cubrirán el cielo de toda Indonesia y partes de otros países colindantes. Y estos incendios, los más grandes y más graves del Planeta, son cien por cien fuegos capitalistas pues detrás de ellos encontramos a las grandes industrias de la alimentación preparadas con retoños de palma africana para hacer de esas zonas inmensas plantaciones que permitirán con la extracción de su aceite elaborar todo tipo de comida preparada: bollería, masas de pizza, supuesto queso rallado, margarinas, pastas de cacao, etc. Un negocio descomunal que, decía, junto a los incendios por intereses madereros, especulativos de la construcción, para el embolso de ayudas agrícolas o incluso por el negocio de la extinción de los mismos incendios, lideraría este colectivo de quemas provocadas por íntimas ansias del capital.

Pero también, y eso es preocupante, los incendios sin cerilla crecen en la medida que se expande este capitalismo que salta todas las vallas que tantas personas no tienen permiso para traspasar. Como explica Ramón P. Yelo en el número 24 de la revista Soberanía Alimentaria en un artículo que analiza los fuegos del invierno pasado en Cantabria, “la configuración actual del paisaje hunde sus raíces en la actividad agroganadera tradicional” y esta panorámica en apenas 50 años ha cambiado de forma drástica en la medida que la agricultura que era cultura y sustento se ha transformado en un negocio sin más.

Las pequeñas parcelas o terrazas de policultivos en el norte peninsular, combinadas con prados y bosques de pino o carballo; los campos de cebada o trigo que son mareas en tierras de secano; o los muros de piedra seca delimitadores de puzzles agrícolas mediterráneos son, efectivamente, las mayores obras de arte colectiva de la humanidad, como escuché y no recuerdo a quien. Pero donde habitaban viejos bosques ahora tenemos monocultivos de eucaliptos de mecha fácil; donde pastaba el ganado que limpia y ramonea el bosque ahora tenemos botellas de refrescos, cartones y otros despojos de barbacoas; donde se cultivaban huertos ahora se levantan rotondas y polígonos; pero, sobretodo, donde teníamos personas campesinas trabajando diariamente, en vidas enraizadas en una comunidad, en pequeños pueblos con las ventanas abiertas y atentas a cualquier humareda, ahora tenemos vacíos.

Vacíos que se pueden contabilizar pues el supuesto avance de la modernización de la agricultura ha hecho que ésta perdiera su peso económico, social y cultural en nuestros territorios, siendo actualmente su contribución al Producto Interior Bruto de un exiguo 2,5 % y lapoblación activa agraria, que hace treinta años suponía el 20 % del total, no llega al 4% sin dejar de descender.

Vacíos que son el oxígeno que alimenta un mal fuego y que si somos capaces de llenarlo volviendo a los pueblos, recuperando una agricultura campesina, cuidadosa y local que sea la base de nuestra alimentación, tendremos en marcha la mejor política de prevención de incendios posible. Leyes de la química.


Fuente: https://gustavoduch.wordpress.com/... / 24 de agosto de 2016, El Jueves, OPINION

miércoles, 30 de octubre de 2013

El escándalo del hambre.


El derecho a la alimentación, entre ecología campesina y producción agroindustrial.


La tierra puede ser vista como una superficie generatriz que nos da hospitalidad, con la cual dialogamos al interno de un proceso de reciprocidad e interdependencia, que se funde como proceso natural en la agricultura y tiene como escenario global la biosfera. O puede ser vista como un valor patrimonial, como un factor económico más de la producción de alimentos, induciendo artificialidad a los procesos naturales con practicas basadas en una visión compartimentada, mecanicista y a-biótica de la agricultura.


La agricultura de hoy, insuficiente e insostenible.

Hoy por hoy, de las 200 mil especies vegetales selváticas según el bio-geografo Jared Diamond, solo algunas miles son idóneas para la alimentación humana y solo algunas centenas han sido adaptadas al consumo humano [1]. Tres cuartos de los productos alimenticios de todo el mundo derivan de siete especies de plantas: El trigo, el arroz, el maíz, la papa, la yuca, el sorgo y la cebada, y por lo que concierne al ser humano, la mitad del aporte calórico y proteico de los tres primeros cereales [2].

Por otro lado la tercera parte de las tierras del planeta son utilizadas para la cultivación y el pastoreo y a estas actividades se dedican 1,3 billones de personas, que representan la mitad de la fuerza de trabajo mundial [3]. La agricultura consume casi dos terceras partes del agua obtenida de lagos, ríos y fuentes acuíferas en todo el mundo.

Una tonelada de cereales producidos en régimen agroindustrial en monocultura con tecnología moderna, exige cerca de nueve veces más energía de la base ambiental (de la bio-capacidad del territorio en cuestión) que si se utilizaran métodos y técnicas agro sostenibles.

En la actualidad las practicas agrícolas no sostenibles sobre-utilizan la base ambiental global. El 90% de la energía utilizada directa o indirectamente en estas practicas, proviene de la utilización de productos químicos, maquinaria agrícola y sistemas de riego que aumentan las emisiones de CO2. Se prevé un aumento de la temperatura superficial global de 2,4° C en el periodo 2010 - 2020 [4], se pronostica además, que la degradación del clima erosione la producción global de alimentos en un 20%, a la vez que se prevé que el numero de personas que sufren hambre se incremente de los actuales 925 millones a 1200 millones para el 2025 [5].

El estrés ambiental que deriva del cambio climático, reduce la capacidad de respuesta tanto del sector agrícola industrial como del tradicional, ante al aumento de la demanda alimentaria global.

Además cerca del 10-12% de la producción mundial de cereales viene desviada de la autosuficiencia y seguridad alimentaria hacia la producción de agro-combustibles.


Técnica campesina, Revolución Verde y vulnerabilidad alimentaria.

La producción agroindustrial vigente ha impulsado la modernización de la agricultura, empernándola en la extrema movilidad de los recursos para poderlos trasladar de una utilización a otra y así responder en modo flexible a las fluctuaciones de la demanda. En la agricultura la movilidad de los recursos es lenta. Los agricultores tradicionales son poseedores de recursos inamovibles en substancial desventaja con relación a la mayoría de las actividades económicas, y más aún, frente a la progresiva desmaterialización y transnacionalización de la economía. La Revolución Verde, volvió la agricultura menos eco-compatible en el afán de volverla mas industrializada, fraccionando el continuum de la producción de alimentos para convertirla en más movible. Los costos sociales de esta injerencia se han traducido en vulnerabilidad alimentaria para millones de personas en el mundo

La moderna producción agrícola, caracterizada por una fuerte mecanización, una producción en régimen de monocultura y orientada a mercados lejanos, afronta las adversidades ambientales, climáticas y agronómicas, recurriendo al uso intensivo de capital y de la manipulación bio química de los procesos de crecimiento en la producción de alimentos. Un ejemplo limite en el cual el ambiente circundante viene excluido casi del todo, se encuentra en la cultivación de verduras en viveros, sobre películas de agua con un grado de nutrientes controlado y un microclima recreado ad hoc.

En el extremo contrario, la técnica campesina tradicional se apoya en la diversificación de las especies cultivadas, destinadas muchas veces al auto-consumo, al uso de variedades diferentes de la misma especie, a la mano de obra familiar y a los mercados de proximidad, con tecnologías eco-compatibles adecuadas al contexto agroecológico, maduradas y perfeccionadas en el tiempo durante generaciones.

En el actual sistema alimentario las fases que llevan un producto agrícola desde el lugar de su cultivo en el campo hasta el lugar donde viene consumido son generalmente: siembra, cuido, cosecha, transporte primario, almacenamiento, transformación agroindustrial, comercio al por mayor, transporte secundario y comercio al detalle y al final consumo. Esta larga cadena de pasajes del llamado circuito largo, constituye uno de los puntos de fractura del moderno sistema de producción, circulación y consumo alimentario: el circuito largo ignora el calculo de la contaminación que puede verificarse en cada una de estas fases. En la actualidad cada producto viaja 50% más que en 1979, y nadie paga un impuesto por la contaminación que generan estos traslados. Cerca de tres cuartos del consumo de energía de la cadena alimentaria, se da fuera de las dos primeras y dos ultimas fases (transporte primario, almacenamiento, transformación agroindustrial, comercio al por mayor, transporte secundario) del sistema alimentario moderno.

Además, el circuito largo esta caracterizado por una elevada intermediación en el cual múltiples actores económicos explotan fragmentos de valor adjunto del articulado proceso que va del cultivo al consumo y en particular de la transformación agroindustrial.

Por lo que concierne a la distribución y al comercio de los alimentos, estos vienen monopolizados por 4 o 5 cadenas de supermercados [6], que se reparten el mercado y su poder crece en los países empobrecidos del hemisferio sur del mundo.

En este ámbito, la agricultura industrial en régimen de monocultura, con uso intensivo de capital e imput externos, destinado al circuito largo, tiene ventajas ante la producción familiar campesina a uso intensivo de trabajo, en régimen de policultura, con rotación de las cultivaciones y destinado al circuito corto.

La agricultura vista en una dimensión local, tiene una población o comunidad que pone en practica toda una serie conocimientos para interactuar con el entorno, conocimientos que progresivamente se van cimentando y acumulando un know how, constituido por experiencias almacenadas en la memoria autobiográfica primero y en la tradición local de la comunidad luego.

Observar el mundo rural a través de la óptica de la eficiencia económica y el productivismo no habla de los pequeños productores campesinos, (entre el 75-80% de la población sobrevive gracias a la producción de subsistencia de los pequeños productores [7]) los cuales trabajan la tierra para dar seguridad alimentaria a sus familias, producir sus propias semillas, plantas medicinales, alimentación para sus animales y materiales de construcción para sus casas. En este modo ellos garantizan su autosuficiencia alimentaria y un lugar en la comunidad en el cual ayudar y poder ser socorridos en los momentos de necesidad.

Los agricultores campesinos invierten sus ganancias en relaciones sociales y destinan parte de los productos de las cosechas o de la cría de animales, en fiestas, matrimonios y funerales en ofrendas al interno de la red comunitaria a la que pertenecen, para garantizarse un lugar en esa comunidad, en una praxis disciplinada por los mecanismos de control social orientados al conseguimiento del equilibrio, pero también nutridos por las transformaciones que derivan del conflicto social.

El mundo rural ha sido regulado a lo largo de su historia por una relación de reciprocidad, redistribución e intercambio [8]. Con la irrupción del la modernización de la agricultura, e este triangulo eco-compatible ha sido extrapolada una de las esquinas: El intercambio y a partir de este, ha sido reelaborado el todo. Ha sido realizado un reordenamiento en el cual la ganancia a través del intercambio se ha convertido en el ethos de las relaciones alimentarias. Las lógicas subyacentes a la reciprocidad y a la redistribución, han sido reelaboradas junto a su capital simbólico como son el prestigio, la confianza y solidaridad, sucesivamente monetizadas y disciplinadas por el crédito y la deuda. La visión moderna de la agricultura y su lógica no desaparecen lo existente, lo reelaboran y reordenan (como en este caso) instalando una nueva lógica hegemónica acorde a sus intereses, en el lugar de la lógica intrínseca que sustentaba el mundo rural.

El empresario agroindustrial tiene bien claro su objetivo: enriquecerse produciendo alimentos y tratando de obtener la máxima productividad inmediata de la tierra, se trata de dos racionalidades dicotómicas: El saber ecológico-campesino y la lógica económica-empresarial [9].


La globalización y el epistemicidio de los saberes campesinos tradicionales.

Las comunidades campesinas representan un problema para el modelo agroindustrial dominante y para la doctrina económica que lo fundamenta. Estas comunidades se encuentran en una línea de frontera comportamental, se encuentran en una línea de confín ilegible con los instrumentos de la economía moderna formal: Prefieren la propiedad comunitaria a la propiedad individual, compran y venden poco, no tienen cuentas en el banco, ni tarjetas de crédito, son números inútiles para las cuentas del gran capital.

Los promotores de la globalización (en el mismo modo en el que convirtieron la agricultura en más fragmentada con la Revolución Verde) han reservado para los campesinos del hemisferio sur del mundo, un complejo procedimiento de ingeniería social [10].

Este, según las diferentes zonas del planeta comenzó hace tres o cuatro décadas y se agudizó con el Consenso de Washington [11] en 1989, en coincidencia con el final del bipolarismo. Este mecanismo inició con el abandono estatal de las políticas de crédito y ayuda a los pequeños productores campesinos, escenario que tuvo su continuidad en el éxodo rural, que ha alimentado la descampesinización y la progresiva urbanización. Sucesivamente estos trabajadores de la tierra llegados a las metrópolis fueron amontonados en las ciudades en forma desordenada, con la intención de convertirlos en consumidores de mercancías y sobre todo de servicios, precedentemente privatizados por el consenso de Washington. Su llegada ocasionó el derrumbe de los salarios urbanos, que incrementó la mano de obra a bajo costo, abriendo las puertas al modelo maquilero en el ámbito de la internacionalización industrial: mercancías que viajan por el mundo en busca de -en su jerga institucional- paraísos laborales, con bajos salarios, débil legislación laboral y gobiernos conniventes. Paralelamente transfieren también la sobre-producción agrícola del norte, altamente subvencionada para competir con la producción local con poco valor adjunto y muy debilitada con el abandono estatal del campo.


Una revolución hecha a costa del hemisferio sur del mundo.

A la mitad de los años 70 las Naciones Unidas dieron su apoyo a la Revolución Verde en la reunión mundial de la alimentación en 1974 “para eliminar el hambre en el mundo en una década”. La Revolución Verde fue propuesta como la mejor forma de proveer alimentos a una población mundial en crecimiento constante y prometió además el aumento de los rendimientos gracias al uso intensivo de la química. Una parte considerable de los pequeños agricultores obtuvo rendimientos más elevados gracias a la Revolución Verde, pero este resultado fue conseguido a costa de la perdida de la biodiversidad, de la contaminación de los suelos, de los cuerpos hídricos y de la atmosfera. Además, la agricultura industrial barrió las diferentes agriculturas y ecologías locales en el planeta y produjo una mayor dependencia económica, tecnológica y alimentaria de los países empobrecidos en relación a los países ricos y por consecuencia aumento la deuda externa.

Para pagar los intereses de la deuda externa estos países se vieron obligados a orientar su producción hacia la agricultura industrial en régimen de monocultura para la exportación, sacrificando la soberanía alimentaria y la producción interna e incrementando la importación de alimentos básicos para sus poblaciones. Además los países empobrecidos se vieron obligados a liberalizar sus economías. Tres motivos empujaron a estos países a liberalizar:

Algunos países necesitaban crédito internacional y en cambio aceptaron los programas de ajuste estructural promovidos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Otros abrieron sus mercados para entrar a los acuerdos de libre comercio, por miedo a quedar al margen de la “globalización” o porque convenía a la elite local de turno al poder. Otros, liberalizaron en el contexto del Consenso de Washington [12] visto entonces como la solución a la crisis de la deuda del sur del mundo en los anos ochenta [13].

En la fase de las liberalizaciones, los países redujeron sus tarifas y eliminaron las cuotas que protegían la producción autóctona. Privatizando las instituciones estatales que se ocupaban de proteger a los pequeños productores, alimentaron de hecho la incapacidad de las políticas publicas internas de incidir en los modelos de oferta alimentaria, ya que buena parte de los instrumentos abolidos, como los subsidios, el poder de compra-venta estatal de cereales para incidir en los precios del mercado y la creación de techos de precios para los productos agrícolas presentes en las canastas básicas de los diferentes países, prácticamente desaparecieron y las políticas sectoriales en este ámbito fueron subordinadas al alcance de los equilibrios macroeconómicos, decididos en los grandes institutos financieros del norte del mundo.

La factura social fue pagada por los países de baja renta, donde la agricultura es la base principal de subsistencia para el 50-90% de la población [14], esto responde al hecho que los países del hemisferio sur del mundo son más vulnerables, ya que utilizan entre el 70-80% de la renta en gastos ligados a la alimentación, es decir que ante variaciones de su poder de adquisición su rentase erosiona más rápidamente, mientras que en los países ricos utilizan en la alimentación entre el 10-15%.


Las corporaciones y la privatización de la naturaleza.

“En marzo de 1998 el ministerio (estatal) norteamericano de la agricultura y una empresa privada la Delta and Pine Land depositaron la patente de una técnica de transgénesis llamada Control de la expresión de los genes: en realidad una planta genéticamente manipulada que produce una semilla estéril. Dos meses después la Monsanto compró esa empresa y su patente que luego depositó en mas de 80 países” [15].

Hecho que representa un parte aguas y el inicio de la privatización de la biomasa y la reserva biogenética. No se puede vender a un campesino lo que ya produce (las semillas) o lo que dispone en abundancia en la naturaleza. Este representa el punto de fractura a-biótico porque para privatizar una patente por medio de un programa genético (una variedad de maíz presente en el campo del campesino) es necesario prohibir al agricultor que siembre el grano que cosecha, es decir que realice la practica fundadora de la agricultura, expropiando así un bien común propiedad de toda la humanidad [16]. La esterilidad del grano permite a las transnacionales que su programa genético sea prisionero, es decir que se autodestruya en el campo del campesino.

Las transnacionales que se dedican al negocio de la mercerización de la reserva biogenética tienen un poder cada día más incisivo sobre la seguridad alimentaria; este poder además esta concentrado en pocas transnacionales: Las tres más grandes (Monsanto, Dupont, Syngenta) controlan el 47% del mercado mundial de semillas patentadas [17].

En la actualidad se asiste al tentativo de los grandes carteles internacionales de la alimentación, de decidir que producir y en que cantidades, ejerciendo su poder factico en el frágil sistema alimentario mundial sobre todo en los países más pobres caracterizados por vulnerables realidades locales, muchas veces semi-analfabetas, de trabajo artesanal y comercio informal.

De este modo, ellos disponen de un recurso casi igualmente peligroso y estratégico que las armas: el acceso a la alimentación.

Hace tres décadas eran miles las compañías de distribución de semillas, instituciones publicas de mejoramiento de simientes, hoy existen solo diez grandes corporaciones que controlan más de dos tercios de la venta de semillas.

De decenas de industrias de abono que operaban en el mercado hace tres décadas, hoy tres controlan el 90% de las ventas de agroquímicos en el planeta [18].

De casi mil industrias en el sector de la biotecnología hace quince años, actualmente diez concentran más de tres cuartos de las ganancias, con una posición hegemónica en el mercado.

Según la FAO [19] 30 millones de dólares al año serían suficientes para reducir antes del 2015 a la mitad el numero de personas que sufren de hambre, es decir, menos de una decima parte de las subvenciones acordadas para la agricultura de los países ricos del hemisferio norte [20]. Las estimaciones de la FAO afirman que al final del 2010 eran 925 millones de personas con desnutrición de las cuales el 98% en los países empobrecidos.

Se trata de un problema estructural, de la dificultad en el poder de compra de esa tercera parte de los habitantes del planeta que ganan menos de dos dólares al día, al mismo tiempo según Jean Ziegler, ex relator de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación, afirma que la agricultura actual podría alimentar a doce billones de personas, el doble de la población actual.

Las tendencias centrifugas de la globalización expulsan cada día a más personas del contrato social en el ámbito del desmantelamiento del estado nacional, de la privatización de sus sectores estratégicos y de la transnacionalización de la economía [21], situación que no favorece la tutela de la soberanía económica y alimentaria. En este contexto, los estados-nación se han convertido en un actor más en el cuadro geopolítico de una basta gama de redes transnacionales. El ingreso de grandes transnacionales en el mercado terriero ha provocado una fractura en la soberanía nacional. La agenda agrícola rural en la actualidad esta siendo dictada por los intereses del agrobusinnes y esta alimentando el global land grab [22], una especie de subarrendamiento de millones de hectáreas de tierras nacionales (en países como Etiopia, Camboya, Mali, Filipinas) que están terminando en manos de inversionistas privados en colusión con las elites gobernantes de estos y otros países empobrecidos del sur del mundo.


Los fertilizantes sintéticos y el abandono de la policultura.

La modernización de la economía agrícola y la Revolución Verde han llevado a la utilización masiva de fertilizantes sintéticos y al abandono progresivo de la policultura. Las consecuencias han sido numerosas: Fractura del ciclo natural por la sobreutilización de la tecnología, intensificación del uso de agua, de la energía y del suelo; perdida de la agro diversidad; de pauperización de los conocimientos campesinos, éxodo rural y sucesiva descampesinización, crecimiento demográfico urbano, concentración de la propiedad y proletarización de la clase campesina, interdependencia alimentaria entre el hemisferio norte y sur del mundo, y consecuente vulnerabilidad del tríptico: seguridad, autosuficiencia y soberanía alimentaria.

Además, se empieza a hablar de “epistemicidio de los saberes milenarios campesinos” [23] ligados a la producción de alimentos. La agronomía y las políticas de desarrollo se han edificado en el desconocimiento de los saberes tradicionales, que se pierden a medida que el éxodo rural quiebra el nexo entre campesinos y tierra; como resultado el 70% de la población mas pobre en el mundo, vive y trabaja en áreas rurales [24].

La lógica económica neoliberal imperante, ha promovido una agricultura en régimen de monocultura, esta lógica, ha provocado una fractura en el ciclo natural, obstaculizando la lucha contra los parásitos de las plantas ya que ignora la tendencia de la naturaleza a sostener la biodiversidad, provocando la desaparición de los antagonistas naturales. Las monoculturas son raras en la naturaleza, además de ser verdaderos paraísos para las enfermedades de las plantas y la proliferación de los insectos. Actualmente estas enfermedades destruyen el 13% de las cultivaciones del planeta, los insectos el 15% y las yerbas infestantes el 12%, para llegar a un total de cerca del 30% [25].

Como respuesta al aumento de la resistencia de las plantas a los pesticidas y al empobrecimiento del suelo, los mismos que promovieron la revolución verde hoy proponen una solución a través de la nanotecnología [26], la ingeniería genética y la biología sintética [27]. Esta revolución genética tiene como objetivo la expropiación y el monopolio del acceso y control de los recursos vivos, además del conocimiento asociados a patentes. En la visión de sus promotores, la combinación del aumento de la población y el colapso de los ecosistemas nos ponen ante una situación de “emergencia tecnológica”, donde las corporaciones agroalimentarias y sus centros de investigación deben tener la libertad de usar la ingeniería genética y la biología sintética como instrumentos de bio-seguridad, con el objetivo de adaptar los cultivos y los animales de cría a las variables condiciones climáticas. Al mismo tiempo que se deben desarrollar los agro-combustibles para proteger el status quo ante la crisis que se producirá por la eminente fin del petróleo, sobre el cual ha sido fundado nuestro desarrollo y nuestra tecnología.

Como resultado tenemos la mercerización de la biomasa que según Path Mooney del movimiento canadiense ETC, más de un cuarto de esta ya es mercadería [28].

En los últimos siete años en efecto, la especulación de los alimentos han contribuido a afligir la compleja geografía del hambre planetario. Luego de la crisis de los mutuos que ha puesto al descubierto la crisis financiera en el hemisferio norte, ha ocurrido el derrumbe de las acciones, títulos y formas de inversión tradicionales.

Después de una intensa campaña conducida por los Lobby de los bancos, políticos liberales y fondos de inversión, las materias primas en particular las alimentarias más seguras (donde por seguras se entiende aquellas indispensables para la sobrevivencia) se han convertido para los inversionistas de la bolsa en un “bien refugio” come sucede con el oro en periodos de carestía, ocasionando por consecuencia la inestabilidad de los precios. Los instrumentos financieros derivados como los future, inventados como instrumentos de cobertura contra los riesgos comerciales, se han vuelto un medio para apostar sobre la tendencia de los precios de los alimentos, que han pasado de ser alimentos para nutrirnos a un asset financiero.

Los grandes bancos implicados (Goldman Sachs, Bank of America, Citibank, Deusche Bank y Hsbc [29]) que realizan intermediaciones entre el producto real y los especuladores, obtienen grandes ganancias, mientras la seguridad alimentaria está a merced de los negocios de pocos. Entre los instrumentos financieros derivados y la economía real de los pequeños productores tradicionales (que en el mundo garantizan la alimentación de entre el 75-80% de la población [30]) se interpone una distancia sideral, cuanto entre una pequeña parcela de tierra de un país en el extremo sur del mundo y las oficinas con sus relucientes pisos de mármol de la bolsa de Chicago, donde en fracciones de segundos se mueven virtualmente miles de toneladas de granos básicos, arroz, maíz, trigo, sin que un solo grano se mueva de los conteiner donde están almacenados. Un reciente informe de la FAO y del OCSE afirma que el precio de las materias primas en la próxima década tenderá a crecer entre un 15% y un 40% en el periodo entre 2010 y 2019 respecto al periodo 1997-2010 [31].


¿Fantasías románticas?

Hoy en día entrados a la curva descendente de la producción y disponibilidad mundial de petróleo, la agricultura industrial viene privada de su elemento fundante, carburante fósil a bajo precio, prepararse al cambio dirigiéndose hacia una agricultura post-fósil [32] podría ser el inicio de la solución. Donde el uso de la química no sea necesario, gracias a la rotación de los cultivos y a la diversidad de las especies en la misma parcela. Donde se tenga mayor cuidado a la interdependencia entre los diferentes tejidos vitales del ecosistema donde se cultiva, una migración paradigmática hacia sistemas agrícolas bio-diversificados y respetuosos de las especificidades locales.

Criticar el modelo industrial de producción agrícola no presupone un regreso romántico a la tierra, ni una invitación a convertirnos todos en campesinos, mas bien, reflexionar sobre los efectos alterantes que la agricultura industrial ha ocasionado en un planeta con recursos limitados, un llamado a asumir nuestras responsabilidades individuales ante la agricultura y la sostenibilidad. Lo que sucede en la agricultura tiene efectos en la nutrición, en la salud, en la igualdad de genero y en la estabilidad social. En nuestro tiempo se esta asistiendo al desmantelamiento de la agricultura sostenible, de los sistemas alimentarios locales y del entramado social y comunitario en las cuales reposan, situación que esta empujando poblaciones enteras hacia la vulnerabilidad alimentaria y por ende social.

Nos encontramos ante dos modelos antitéticos de subsistencia, que la Via Campesina ha sintetizado como el Episteme del conocimiento científico versus la

Mentis de los agricultores locales. Dos modelos agrícolas y alimentarios en el que uno debe prevalecer sobre el otro, la decisión es política y antes que política, ética. El problema del derecho a la alimentación como el de todos los derechos humanos “no es justificarlos, cuanto protegerlos, no es un problema filosófico sino político” [33] por esto sus soluciones no serán científicas, ni técnicas, sino políticas.

El hambre, enfermedad psicofísica invalidante, es el fragmento de un rompecabezas mas complejo, en el cual convergen las vulnerabilidades de nuestro tiempo.

24/10/13

Por José Carlos Bonino

Notas:


[1] Jared Diamond, Guns, Germs and Steel, The Fates of Human Societies, 1997; Armi, acciaio e malattie, Einaudi, Italia 2005.

[2] Paul Hawken, Amory Lovins e Hunter Lovins, Capitalismo Naturale Edizioni Ambiente, Italia, 2001

[3] Luca Colombo, Fame produzione di cibo e sovranità alimentare, Jaca Book, Italia, 2002

[4] Intergovernmental Panel on Climate Change: http://www.ipcc.ch/

[5] Fao, The State of Food Insecurity in the World 2010, scaricabile dal sitowww.fao.org.

[6] Stéphane Parmentier, Improvvisamente apparve la fame, Le Monde Diplomatique, Italia, 2009

[7] Riccardo Bocci, Giovanna Ricoveri, Agri-Cultura. Terra Lavoro Ecosistema, Bologna Emi, Italia, 2006

[8] Karl Polanyi, La grande trasformazione, Giulio Einaudi editori s.p.a. Italia, 1974.

[9] Víctor M. Toledo, La racionalidad ecológica de la producción campesina. En E. Sevilla Guzmán y M. González Molina (eds), Ecología, Campesinado e Historia. La Piqueta, España, 1993.

[10] Vandana Shiva, The violence of the green revolution: Third World agriculture, ecology, and politics, 1992, pag. 20.

[11] El llamado «Consenso de Washington» es producto de un acuerdo consensuado entre representantes del complejo político-económico-militar- intelectual (BM, FMI, BID, Reserva Federal EUA, Agencias Económicas del Gobierno EUA, funcionarios del Gobierno EUA, miembros del Congreso y grupo de expertos) con relación a diez instrumentos de política que se pueden agrupar en cinco ámbitos: El paquete fiscal (disciplina fiscal, focalización del gasto público y reforma tributaria); el paquete financiero (liberalización financiera y prudente supervisión); el paquete del sector externo (tipos de cambio competitivos, políticas comerciales liberalizadas, eliminación de los aranceles y fomento a la inversión extranjera directa), y el paquete de la Reforma del Estado (privatización de las empresas públicas, desregulación de la economía y garantía para los derechos de propiedad intelectual) (Moreno, 2004).

[12] Si veda: ver aquí

[13] ibidem.

[14] Wolfgans Sachs, Tilman Santarius, Commercio e agricoltura. Dall’efficienza economica alla sostenibilità sociale e ambientale, Emi, Italia, 2007

[15] Jean Pierre Berlan (ed.) La guerra al vivente, organismi geneticamente modificati e altre mistificazioni scientifiche, Editorial Bollati Boringhieri, Italia, 2001,

[16] ibídem.

[17] Gruppo ETC, De quien es la naturaleza: El poder corporativo y la frontera final en la mercantilización de la vida. Noviembre 2008.

[18] ibídem.

[19] En www.fao.org.

[20] Stéphane Parmentier, Improvvisamente apparve la fame, Le Monde Diplomatique- Il Manifesto, Italia, 2009

[21] Saskia Sassen. Critique de l’état, Territoire, Autorité et Droits, de l’époque médiévale à nos tours. Editorial, Demopolis, France, 2009.

[22] Del verbo to grab, agarrar, arrebatar.

[23] Silvia P. Vittoria, Via Campesina 2009.

[24] Wolfgans Sachs, Tilman Santarius, Commercio e agricultura. Dall’efficenza economica alla sostenibilità sociale e ambientale,. Emi, Italia, 2007.

[25] Paul Hawken, Amory Lovins e Hunter Lovins, Capitalismo Naturale. Edizioni Ambiente, Italia, 2001.

[26] ¿Qué pasa con la nanotecnología? Regulación y geopolítica. Grupo ETC; vigilando el poder, monitoreando la tecnología, fortaleciendo la biodiversidad. ver aquí (pdf)

[27] La biología sintética representa un salto cuántico en biotecnología, mucho más allá de transferir genes entre especies: busca construir microorganismos vivos auto-replicantes, completamente nuevos, que tengan el potencial (parcialmente probado / parcialmente teórico) de convertir cualquier biomasa o insumo de carbono en cualquier producto que pueda fabricarse a partir de carbono fósil, y mucho más. En otras palabras, desde la perspectiva de la biología sintética, el recurso base para el desarrollo de materiales comercializables y “renovables“ (que no sea petróleo) no lo encontramos solamente en el 23.8 % de la biomasa terrestre que ya se usa y comercializa anualmente, sino también en el restante 76.2% de biomasa que ha permanecido hasta hoy fuera de la economía del mercado. LINK: ver aquí (pdf)

[28] Los amos de la biomasa en guerra por el control de la economía verde, Junio 2012, ver aquí (pdf)

[29] Andrea Baranes (ed.), Scommettere sulla fame, crisi finanziaria e speculazioni su cibo e materie prime. Fondazione Culturale responsabilità Etica, Dicembre 2010, Italia.

[30] Riccardo Bocci, Giovanna Ricoveri, Agri-Cultura. Terra Lavoro Ecosistema, Emi, Italia, 2006.

[31] Oecde and Fao, Average commodity prices to rise in 2010-2019, ver aquí

[32] Commercio e agricoltura: dall’efficienza economica alla sostenibilità sociale ambientale (a cura di) Wolfgans Sachs, Tilman Santarius. Emi Italia, 2007.

[33] Norberto Bobbio, L’età dei diritti, Einaudi editore, Italia, 2005.

Fuente: Rebelión

jueves, 6 de diciembre de 2012

Primero fueron los bosques, ahora quieren los océanos y la agricultura en el mercado de carbono.


Por Equipo negociador de Bolivia
En la plenaria del Órgano Subsidiario de Asesoramiento Científico y Tecnológico (SBSTA), se pretendió incluir la Agricultura como una actividad relacionada con la mitigación y la captura de carbono con la evidente intención de convertir luego las absorciones de carbono agrícolas en bonos de carbono para el mercado de carbono.
Esta posición promovida por algunos países desarrollados desconoce el rol de la agricultura en la seguridad alimentaria, en la provisión de fuentes de trabajo y de vida a las comunidades indígenas y campesinas y a los pequeños productores agropecuarios.
En estas circunstancias, el jefe de la delegación boliviana pidió la palabra en la plenaria de SBSTA, para denunciar que es un atentado a la naturaleza y al sentido común que se esté empujando a los países a mercantilizar con bonos de carbono la agricultura tal como se hizo con los bosques a través de REDD+, tal como se pretende hacer con los océanos y con la tierra.
“Señor presidente -expresó la delegación boliviana-, en Bolivia el 37% de la población produce alimentos que son la base de la seguridad alimentaria campesina e indígena y del 63% restante de la población. La Agricultura provee alimentos, nos da fuentes de trabajo, nos da vida, es la base cultural, económica y social de nuestras comunidades, nuestros pueblos, nuestros productores”.
“La agricultura está afectada por el cambio climático, por los desastres naturales generados por eventos climáticos extremos… ¡No se puede asumir la agricultura solamente como un elemento de mitigación climática (es decir, de emisión y absorción de carbono)! Debemos enfocar la agricultura principalmente en el marco de la adaptación climática, de la erradicación de la pobreza y el hambre… ¡NO pretendan mitigar nuestras fuentes de vida!”, expresó.
Un duro debate se generó en la sala y muchos países expresaron la misma opinión, entre ellos India, Argentina, Brasil, Uruguay, Nicaragua, Venezuela, Cuba. La posición critica de muchos países en desarrollo provocó que este tema fuera postergado y será analizado a lo largo de 2013 en varias sesiones para su consideración en la próxima COP19.
Doha, 2 de diciembre 2012

Los países en vías de desarrollo hacen mayores esfuerzos de reducción que los desarrollados

Bolivia observó hoy rigurosamente en las negociaciones de Cambio Climático, que los países en desarrollo están haciendo mayores esfuerzos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que los países desarrollados, además de no observarse compromisos y voluntad política de los países desarrollados para hacer reducciones ambiciosas, estando estos más bien obsesionados en crear nuevos y más mecanismos de mercado de carbono.
Los países en desarrollo han hecho ofertas de reducción de más de 5,2 Gigatoneladas de CO2eq, en tanto los desarrollados han ofrecido apenas 3,8 GtCO2eq; si a esto se añaden las ofertas de créditos de carbono adicionales, que podrían hacer algunos países, el esfuerzo de los países en desarrollo subirá en 2 GtCO2eq.
Paradójicamente los países pobres están haciendo el trabajo de los países desarrollados, en tanto algunos de estos no terminan de ratificar sus compromisos en el marco del protocolo de Kioto y se niegan a efectivizar apoyo financiero y transferencia de tecnología. ”Los países desarrollados deben cumplir su obligación de transferir financiamiento y tecnología, tal como lo manda la Convención, que es la constitución mundial del cambio climático”, dijo René Orellana, Jefe de Delegación de Bolivia en Doha.
El costo de mitigación lo están asumiendo igualmente los países en desarrollo. Reducir o limitar emisiones cambiando la tecnología energética y desarrollando acciones de mitigación climática tiene un costo de inversión de 38$us por tonelada de carbono reducida, costos que los mercados de carbono no podrán proveer, puesto que con la crisis financiera actual, el precio por tonelada no llega ni a 6 Euros por tonelada, de aquí que los mercados no son la solución sino mas el problema porque facilitan el incumplimiento de obligaciones de os desarrollados, expreso Bolivia.
Latinoamérica para el 2030 tendrá que invertir 49 billones de euros anuales para mitigación climática (es decir, reducción de emisiones) y África 34 billones, la pregunta que nace ante esta problemática es ¿de dónde saldrán los recursos financieros? Los países desarrollados, culpables históricos de la crisis climática, deben cumplir con la obligación de proveer financiamiento y tecnología para afrontar una crisis que ellos crearon. Si a esos números se añaden los costos de adaptación y de reconstrucción de daños por impactos climáticos y los costos de erradicación de pobreza, el desafío de los países en desarrollo se vuelve gigante.
“Es vergonzoso, que con un panorama así, países como Estados Unidos hayan decidido salir del Protocolo de Kioto y hacer solo ofertas políticas. ¡Bolivia no aceptará anuncios políticos cuando la madre tierra necesita soluciones concretas!”, expreso el jefe de delegación.
Doha 29/11/2012

Otras noticias:


Fuente: Servindi

domingo, 15 de julio de 2012

Académicos y activistas denuncian “golpe de estado blanco” en el Perú.


La imagen que ha generado indignación en diversas partes del mundo por el clima de violencia que se vive en el Perú, menos en la prensa y los políticos promineros que respaldan la imposición del proyecto Conga “cueste lo que cueste”
Servindi, 14 de julio, 2012.- Una carta de apoyo a la lucha de Cajamarca suscrita por académicos y activistas de diversas partes del mundo denunció que la adopción del extractivismo promovido por quienes mas vehementemente se opusieron a su elección “constituye una suerte de ‘golpe de estado blanco’ mediante el cual se intenta consolidar un régimen extractivista-militar”.
La carta suscrita por profesionales principalmente de Estados Unidos y de Argentina, Bolivia, Canadá, Chile, España, Francia, Inglaterra, Italia, Perú, México, Turquía, Uruguay sostiene además que el proyecto minero Conga “es inviable debido a su localización en la cabecera de cinco cursos de agua”.
Observa con preocupación que para las poblaciones aledañas el megaproyecto Conga “pondrá fin a su existencia como comunidades agrarias” y la región y el país verán seriamente disminuido “su potencial de un desarrollo democrático, autosuficiente, social y ambientalmente sustentable”.
Llaman a la comunidad internacional a manifestar su solidaridad con la población de Cajamarca en su defensa de sus recursos y su derecho a vivir en un ambiente libre de contaminación y a rechazar las políticas antidemocráticas y represivas del actual gobierno peruano.
Asimismo, a profundizar los estudios y debates que contribuyan a superar la dependencia y subordinación asociadas al modelo extractivista-exportador vigente.
Lea el texto íntegro de la carta a continuación:

Alto a la represión en favor de las empresas mineras. Solidaridad con la lucha ambiental de Cajamarca

A través de la presente, los suscritos, escritores, artistas y estudiosos de la historia, cultura y problemática social, política y ambiental del Perú y América Latina, rechazamos de la manera mas enérgica posible las políticas represivas en contra de las poblaciones y de las personas que de forma pacifica y democrática manifiestan su oposición al Proyecto Conga del consorcio entre la empresa peruana Minera Buenaventura, la estadounidense Newmont Mining Corporation y la Internacional Financial Corporation del Banco Mundial. Asimismo deploramos la muerte de 5 personas por arma de fuego y exigimos sanción a los culpables y reparación a los familiares.
Como reiteradamente lo han manifestado especialistas y científicos, la realización del proyecto minero Conga es inviable debido a su localización en la cabecera de cinco cursos de agua. El Paro regional y movilizaciones que se vienen realizando en Cajamarca desde hace mas de un mes expresan cabalmente el rechazo mayoritario de una población que durante los últimos veinte años además de padecer los efectos ambientales, sanitarios, económicos y sociales de la actividad minera, también ha sobrellevado la arrogancia, engaños y desprecio de la Empresa Minera Buenaventura. Siendo una de las regiones de mayor producción minera, Cajamarca también se encuentra entre las mas pobres del país. Mientras que para las poblaciones aledañas el megaproyecto Conga pondrá fin a su existencia como comunidades agrarias; la región y el país verán seriamente disminuido su potencial de un desarrollo democrático, autosuficiente, social y ambientalmente sustentable.
El abandono del presidente Humala de sus promesas electorales se hace evidente con el recurso al estado de emergencia, la utilización de armas de fuego en contra de manifestantes; la detención y maltrato de lideres sociales, periodistas y abogados por parte de las fuerzas policiales; la demonización de la protesta a través de los medios de comunicación; y la censura de video documentales sobre los daños ambientales ocasionados por la mega-minería. La adopción sin cortapisas del extractivismo promovido por quienes mas vehementemente se opusieron a su elección constituye una suerte de “golpe de estado blanco” mediante el cual se intenta consolidar un régimen extractivista-militar.
Ante estas circunstancias los suscritos llamamos a la comunidad internacional:
(1) a manifestar su solidaridad con la población de Cajamarca en su defensa de sus recursos y su derecho a vivir en un ambiente libre de contaminación;
(2) a expresar su rechazo a las políticas antidemocráticas y represivas del actual gobierno peruano; y
(3) a profundizar los estudios y debates que contribuyan a superar la dependencia y subordinación asociadas al modelo extractivista-exportador vigente.
12 de julio, 2012
Gerardo Rénique, City College – City University of New York, EEUU
Deborah Poole, Johns Hopkins University, Baltimore, EEUU
Gil Joseph, Yale University, New Haven, EEUU
Sinclair Thomson, New York University, New York, EEUU
Florencia E. Mallon, University of Wisconsin-Madison
Lewis Taylor, University of Liverpool, Inglaterra
Michael Lowy, Ecole de Hautes en Science Sociales, Paris, Francia
Isaías Rojas, Rutgers University, Newark, EEUU
Hugo Blanco, Lucha Indígena
Claudia Briones, Universidad Nacional de Rio Negro, Bariloche, Argentina
Adolfo Gilly, Universidad Nacional Autónoma de México
Claudio Albertani, Universidad Autónoma de la Ciudad de México
Raúl Zibechi, Autor y periodista, Montevideo, Uruguay
Benjamín Alonso Rascon, Premio Nacional de Periodismo 2007, Hermosillo, México
Pablo Regalsky, CENDA, Cochabamba, Bolivia
Gustavo Esteva, Unitierra, Oaxaca, México
Clara Han, Johns Hopkins University, Baltimore, EEUU
Marisol de la Cadena, University of California – Davis, EEUU
Maritza Urteaga Castro Pozo, Escuela Nacional de Antropología e Historia, México
Steve Boucher, Agricultural and Resource Economics, University of California Davis, EEUU
Steve Striffler, Latin American Studies, University of New Orleans, EEUU
Jorge Legoas Peña, Université Laval, Québec, Canadá
Margaret Keck, Johns Hopkins University, Baltimore, EEUU
Lucas Rénique-Poole, Amherst College, EEUU
Tatiana Béjar, Peruanos en Acción, New York, EEUU
Manuel Esparza, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Oaxaca, EEUU
Tami Gold, Hunter College – City University of New York, EEUU
Greg Wilpert, Brooklyn College – City University of New York
Linda Seligmann, George Mason University, Washington D.C, EEUU
Marc Becker, Truman State University,
Orin Starn, Duke University, Durham, EEUU
José Carlos Picón, Pontificia Universidad Católica del Perú
Richard Kernaghan, University of Florida, Gainesville, EEUU
Jorge Yeshayahu Gonzales-Lara, Sociólogo, New York EEUU
Funda Basaran Ozdemir, Ankara University, Ankara, Turquía
Fabiana Li, University of Manitoba, Winnipeg, Canada
Carol Smith, City College – City University of New York, EEUU
Jimena Lynch Cisneros, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú
Joaquin Chavez, University of Illinois at Chicago
Diana Coryat, University of Massachusetts – Amherst, EEUU
Roberto Olivares, Ojo de Agua Comunicación, Oaxaca, México
Gaia Capogna, Roma, Italia
Olga González, Macalester College, Saint Paul, EEUU
Victor Wallis, Berklee College of Music, Boston, EEUU
Miguel Carter, American University, Washington DC, EEUU
Leonor Cisneros Velarde, Antropóloga, Lima, Perú
Francesca Denegri Álvarez Calderón, Pontificia Universidad Católica del Perú
Rafael Drinot Silva, Sociólogo y Periodista, Barcelona, España
Emiko Saldívar, University of California, Santa Bárbara, EEUU
Francesco Biagi, Colectivo Rebeldía, Pisa, Italia
Bill Koehnlein, Brecht Forum, New York, New York, EEUU
Dr. Marie-Claire Picher, College of Mount Saint Vincent, Riverdale, New York, EEUU
Annie Linda Khan, City University of New York, New York, EEUU
Michael Lardner Graphic Arts Worker, Montclair, EEUU
Ethan Young, Portside.org, New York, EEUU
Penelope Harvey, University of Manchester, Inglaterra
Yolanda de Echave, Latin American Newsletters, Inglaterra
Paulo Drinot, University College, Londres, Inglaterra
Annabel Pinker, University of Manchester
María Elena del Solar, Antropóloga, Lima, Perú
Azril Bacal Roi, Universidad Nacional Agraria, La Molina, Perú
Guillermo Palacios Pareja, Productor Cinematográfico, Perú
Pierpaolo Loi, Rete Radiè Resch, Cagliari, Italia
Carolina Ortiz Fernández, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima Perú
Daniel Mathews, Universidad de Concepción, Chile
Andrea Caraballo, Colectivo CASA, Oaxaca

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Fuente: Servindi