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viernes, 20 de octubre de 2017

No permitamos a los ricos hacerse más ricos a costa de los bienes públicos.


George Monbiot

Es el momento para que las comunidades recuperen el control de los recursos sobre los que depende su prosperidad

(eldiario)

¿Estás a favor del libre mercado o del control estatal? ¿Crees que se debería minimizar la intervención o que se debería fomentar la propiedad estatal y las regulaciones? Ese es nuestro principal debate político, pero parte de una premisa errónea.
Ambas partes parecen estar de acuerdo en que el Estado y el mercado son los únicos sectores sobre los que merece la pena discutir: la política debería moverse de un lado a otro en esta escala lineal. En realidad, hay cuatro sectores económicos principales: el mercado, el Estado, los hogares y los bienes públicos. El abandono de los dos últimos tanto por los neoliberales como por los socialdemócratas ha creado muchas de las monstruosidades de nuestro tiempo.

Tanto el mercado como el Estado reciben un importante subsidio de los hogares: el trabajo no remunerado de los padres y otros cuidadores, desempeñados todavía en su mayoría por mujeres. Si no se cuidase a los menores –alimento, enseñanzas básicas en casa y educación– no habría economía. Y si no se ayudase a la gente que está enferma, que es mayor o que tiene diversidad funcional, la factura del cuidado público rompería las cuentas del Estado.

Hay otro gran subsidio que todos nosotros damos por garantizado. Hablo de la inmensa riqueza que la élite económica ha acumulado a nuestra costa, tras la apropiación del cuarto sector de la economía: los bienes públicos.

Que sea necesario explicar qué son los bienes públicos demuestra su irresponsabilidad (a pesar de los grandes esfuerzos de politólogos como el fallecido Elinor Ostrom). Los bienes públicos no son ni Estado ni mercado. Tiene tres elementos principales. Primero, un recurso como la tierra, el agua, minerales, la investigación científica, el hardware o el software. Segundo, una comunidad de personas que ha compartido un acceso igualitario a este recurso y que se ha organizado para controlarlo. Tercero, las reglas, sistemas y negociaciones que desarrollan para mantenerlo y repartir los beneficios.

Un verdadero bien público no se gestiona para la acumulación de capital o el beneficio, sino para asegurar una prosperidad y bienestar constantes. Pertenece a un determinado grupo, que puede vivir en él o junto a él o que lo ha creado y lo sostiene. Es inalienable, lo que significa que no se debería vender ni donar. Cuando se basa sobre un recurso vivo, tales como los bosques o arrecifes de coral, existe un interés en su protección a largo plazo en lugar de las ganancias a corto plazo que se podrían obtener de su destrucción.

El capitalismo y el poder estatal han atacado los bienes públicos durante siglos. Aquellos que huelen una oportunidad de beneficio roban recursos que nadie ha inventado ni creado, o que lo han hecho en conjunto un gran número de personas. El dicho atribuido a Balzac “detrás de cada gran fortuna hay un gran crimen” suele ser verdad. La “visión de negocio” a menudo lleva a descubrir nuevas formas de apoderarse del trabajo y de los bienes de la gente.

El robo de valor por personas o empresas que no han creado esos bienes se llama técnicamente ‘ cercamiento’ ( enclosure ). Originalmente implicaba la expropiación de tierras de la comunidad, a menudo mediante el uso de la violencia. El actual modelo se inició en Inglaterra, se extendió a Escocia, posteriormente a Irlanda y a las colonias y de ahí al resto del mundo. Este proceso sigue ocurriendo a través de la gran apropiación global de tierras.

Ejemplos de apropiación

El proceso de apropiación crea desigualdad y produce una economía rentista: aquellos que capturan recursos esenciales fuerzan a todo el mundo a pagar por su acceso. Destroza comunidades y aleja a la gente de su trabajo y de su entorno. Los ecosistemas de los bienes públicos se liquidan por dinero. La desigualdad, la renta, la atomización, la alienación, la destrucción medioambiental: la pérdida de los bienes públicos ha provocado o exacerbado muchas de las aflicciones de nuestra era.

Se puede ver un ejemplo de apropiación en marcha con el intento de la administración Trump de destrozar la neutralidad de red. Los proveedores de servicios quieren convertir internet –ahora suministrado libremente mediante un sistema creado a través del trabajo de millones– en algo por lo que hay que pagar. Para asegurarse de que no hay opción, también han intentado acabar con el espacio público de internet presionando a los Estados para prohibir la banda ancha compartida. En la plutocracia salvaje que se ha convertido Estados Unidos, cuatro estados han convertido esta forma de autosuficiencia en un delito, mientras otros han introducido prohibiciones parciales.

Otro ejemplo es la extensión de la propiedad intelectual a través de acuerdos comerciales que permite a las compañías biotecnológicas obtener derechos exclusivos sobre material genético, variedades de plantas y recintos naturales. Otro es la forma en que los académicos recopilan de forma gratuita la investigación de algunas comunidades científicas y posteriormente imponen elevadas tarifas para su acceso.

No estoy proponiendo abandonar ni el mercado ni el Estado, sino equilibrarlos defendiendo y expandiendo los otros dos sectores ignorados. Creo que debería haber salarios para las personas que cuidan de otras y mediante los cuales el Estado y la empresa privada devuelvan parte de los subsidios que han recibido. Se debería también permitir a las comunidades recuperar el control de los recursos sobre los cuales depende su prosperidad.

Por ejemplo, cualquiera que tenga un terreno de valor debería pagar una contribución de tierra a la comunidad local (un tipo de impuesto sobre el valor de la tierra): una compensación por la riqueza creada por otros. Parte de esta contribución se puede recaudar por los gobiernos locales y nacionales para pagar servicios y distribuir el dinero de las comunidades ricas a las pobres. Pero el sobrante debería pertenecer a un fondo de bienes públicos formado por la comunidad local. Un uso que se podría dar a este fondo podría ser para recomprar estos terrenos, creando un auténtico bien público y así recuperar y compartir los beneficios. Profundizo en esta idea y en otras en mi libro recién publicado, Out of the Wreckage.

Un bien público, a diferencia del gasto estatal, obliga a la gente a trabajar en conjunto, a mantener sus recursos y a decidir cómo se deben usar los ingresos generados. Da a la comunidad un enfoque claro. Depende de la democracia en su forma más verdadera. Acaba con la desigualdad. Supone un incentivo para proteger el ecosistema. Crea, en resumen, una política de pertenencia.

A juzgar por los discursos en la convención laborista británica, el partido podría estar receptivo a esta visión. El énfasis en la comunidad y en los bienes cooperativos (que en algunos casos denominan bienes públicos), el interés en ampliar el concepto de propiedad y la lucha contra los acuerdos comerciales opresivos apuntan en esta dirección.

Espero que estos partidos puedan dar el paso obvio y reconozcan que la economía tiene cuatro sectores, no dos. Ese es el punto desde el que se puede empezar la transformación social y medioambiental que muchos de nosotros llevamos tanto tiempo esperando.

lunes, 3 de junio de 2013

Un programa para tiempos de crisis.


Jaume Triginé

El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha consagrado
para llevar la buena noticia a los pobres;
me ha enviado a anunciar libertad a los presos
y a dar vista a los ciegos;
a poner en libertad a los oprimidos;
a anunciar el año favorable del Señor. (Lucas 4,18-19. DHH)
Desde que hace ya unos años se inició la crisis económica que está haciendo tambalear los cimientos del incipiente estado del bienestar en nuestro mundo occidental, cada día amanecemos, a excepción de muchos que la han provocado, algo más pobres. Las subidas del IVA, del IRPF y de todo tipo de impuestos, unido a la precariedad laboral, a los bajos sueldos que convierten en privilegiados a los mileuristas, a las reducidas pensiones de los jubilados… están dinamitando las llamadas clases medias. Millones de parados, familias sin ingresos, personas desahuciadas de sus casas… pasan a formar parte de una pobreza cada vez más estructural.
Recortes en los denominados pilares del bienestar: educación, sanidad y servicios sociales. Rescate, por parte de los menos favorecidos, de las entidades financieras. Un horizonte, a corto y medio plazo, en el que no se vislumbra ninguna modificación de las actuales tendencias. La inseguridad, la falta de esperanza y el temor a lo desconocido invaden amplios espacios sociales.
En este contexto, es hora de recuperar el programa de Jesús que, un sábado en la sinagoga de Nazaret, presentó a sus vecinos. Programa de extrema sensibilidad en el que las personas se anteponen a cualquier otra consideración porque a Dios le preocupa el sufrimiento del ser humano. Las miradas de Jesús no se dirigían tanto al pecado de las personas, sino a su dolor, resultado de las situaciones de injusticia y humillación a las que se hallaban sometidas por el sistema político, económico y religioso.
Hoy los creyentes estamos llamados a implementar el programa de Jesús en nuestro contexto y por lo tanto a llevar la buena noticia a los pobres, a poner en libertad a los oprimidos, a anunciar el año favorable del Señor. Pero, ¿cómo llevar la buena noticia del evangelio a quien lleva meses en el paro, se le ha extinguido la prestación social o se ha quedado sin vivienda? ¿Cómo hablar del amor y de la providencia divina a quien tiene que acudir a los comedores sociales o dormir entre cartones en la calle? ¿De qué podemos hablarles? ¿De que tengan esperanza? ¿De que Dios proveerá para sus necesidades? Este es un discurso casi insultante. El silencio de Dios es demasiado audible para ellos.
Si queremos identificarnos con el programa de Jesús deberemos recordar que la providencia de Dios se manifiesta mediante la solidaridad de las personas que comparten su ser y su tener con los demás. Médicos de la sanidad pública que siguen atendiendo a todos cuantos acuden a los hospitales sin preocuparles la situación legal del enfermo. Maestros que siguen dando sus clases diariamente con entusiasmo a pesar de las condiciones de precariedad en las que se hallan. Personas anónimas que atienden comedores sociales. Miles de personas que contribuyen a que no escasee la comida en los Bancos de Alimentos. Abuelos que alimentan a su familia con su exigua pensión…
La Palabra de Dios señala caminos para hacer presente la providencia divina entre los últimos delsistema. En la proximidad a los que sufren manifiesta la iglesia su fidelidad a Jesús. Nos conviene recordar la parábola sobre el juicio final: Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber…
El programa de Jesús incluye poner en libertad a los oprimidos y anunciar el año favorable del Señor. Las situaciones de opresión por parte del capital son ya tan desgarradoras que difícilmente pueden ser modificadas mediante acciones individuales. Se requiere el esfuerzo colectivo para incidir sobre ellas. Y la denuncia. Llegados a este punto nos tenemos que preguntar: ¿dónde está la voz profética de la iglesia frente a la corrupción y frente a quienes se han enriquecido de forma fraudulenta?, ¿dónde está la voz de la iglesia en favor de las víctimas?
Es hora de hacer del programa de Jesús nuestro programa como creyentes y como comunidades de fe. Con frecuencia dirigimos más nuestra atención al pecado de las personas, a juzgar y a condenar que a su sufrimiento. El teólogo Johann Baptist Metz pone el dedo en la llaga cuando señala que la doctrina cristiana de la salvación ha dramatizado el problema del pecado y ha relativizado el problema del sufrimiento.
Los discursos teológicos, las doctrinas, las confesiones de fe… son relatos incoherentes si no están acompañados de un posicionamiento en favor de los excluidos, de los marginados, de los que sufren injusticias de todo tipo. Deformamos la fe cristina cuando la convertimos en una doctrina teórica o en una religiosidad centrada en los servicios religiosos, como ocurre con demasiada frecuencia, en lugar de representar un sistema de vida y una praxis creyente para la transformación de la sociedad. El evangelio es claro, no se trata tanto de repetir: Señor, Señor; sino de hacer la voluntad del Padre como proclamamos en la oración modelo.
El programa de Jesús, expuesto un sábado en la sinagoga de Nazaret, nos interpela y nos compromete a sus seguidores. Desde nuestras realidades particulares debemos trabajar para alcanzar unas condiciones cada vez más justas para todas las personas. Es también el modo de reconocer la dignidad de todos los seres humanos por su origen e impronta divina.

Autor/a: Jaume Triginé


Licenciado en Psicología por la Universidad de Barcelona. Articulista y autor de LA IGLESA DEL SIGLO XXI ¿CONTINUIDAD O CAMBIO?, de ¿HABLAMOS DE DIOS? TEOLOGÍA DEL DECÁLOGO y de ¿HABLAMOS DE NOSOTROS? ÉTICA DEL DECÁLOGO.

    Lupa Protestante
    imagen

    jueves, 14 de marzo de 2013

    La guerra de Irak costó 1,3 billones a EEUU y mató a 134.000 civiles.


    INVESTIGACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE BROWN

    El estudio 'Los costes de la guerra' deja claro que los miles de millones de euros destinados a reconstrucción no han logrado su objetivo

       NUEVA YORK, 14 Mar. (Reuters/EP) -  
       Estados Unidos ha gastado 1,3 billones de euros en la guerra de Irak, un conflicto que ha causado la muerte de 134.000 civiles, según las estimaciones del estudio 'Los costes de las guerras', elaborado por el Instituto de Estudios Internacional Watson de la Universidad de Brown y publicado este jueves.
       Además de los 1,7 billones de dólares, Estados Unidos afrontará un gasto adicional de 490.000 millones de dólares (377.000 millones de euros), correspondientes a los pagos a los veteranos de guerra, lo que situaría el total de gasto en 6 billones de dólares (4,6 billones de euros) en las próximas cuatro décadas.
       La guerra en Irak ha acabado con la vida de al menos 134.000 civiles y podría haber contribuido a causar la muerte de un número de personas hasta cuatro veces mayor que esa cifra. Si se incluyen los agentes de las fuerzas de seguridad, los insurgentes, los periodistas y los cooperantes, el número de víctimas de la guerra en Irak se eleva a entre 176.000 y 189.000 personas, según el informe.
       El documento, basado en los análisis de 30 académicos y expertos, ha sido publicado con motivo del décimo aniversario de la invasión estadounidense de Irak, que tuvo lugar el 19 de marzo de 2003. El informe es una actualización del publicado en 2011 coincidiendo con el décimo aniversario de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, que analizó el coste en vidas y en dólares de las guerras en Afganistán, Pakistán e Irak.
       El estudio de 2011 mantiene que el coste global de las guerras de Estados Unidos en Afganistán, Irak y Pakistán asciende a 3,7 billones de dólares (2,84 millones de euros) y comprende los gastos consignados por el Departamento del Tesoro y los futuros compromisos de pago, en los que se incluyen pensiones por invalidez y pagas de veteranos de guerra. La actualización del último estudio publicado este jueves eleva el coste total de esas tres guerra a 4 billones de dólares (3,07 millones de euros).
       El balance de víctimas actualizado de estos tres conflictos asciende a entre 272.000 y 329.000 muertos, frente a las cifras de entre 224.000 y 258.000 fallecidos estimadas en el estudio publicado en 2011. El informe excluye las muertes causadas indirectamente por fenómenos provocados por la guerra como el éxodo masivo de médicos y la destrucción de infraestructuras.
       El documento también analiza la carga que representan para la Administración estadounidense los veteranos de guerra y sus familias. El estudio hecho público en 2011 determinó que este colectivo había generado un gasto en una década de guerra de 33.000 millones de dólares (25.300 millones de euros). Dos años después, esa cifra se eleva a 134.700 millones de dólares (103.055 millones de euros).
       El estudio 'Los costes de la guerra' concluye que Estados Unidos ha ganado muy poco con la guerra de Irak y ha quedado marcado por este conflicto, que ha radicalizado a los milicianos islamistas de Oriente Próximo, no ha hecho avanzar los derechos de las mujeres y ha debilitado el precario sistema de salud iraquí.
       Además, los 212.000 millones de dólares (162.000 millones de euros) destinados a la reconstrucción del país no han logrado sus objetivos, principalmente porque la mayor parte de esta inversión se ha dedicado a gastos de seguridad o se ha perdido por la corrupción y el fraude.
       El expresidente estadounidense George W. Bush justificó la invasión de Irak con el argumento de que el entonces líder iraquí, Sadam Husein, tenía armas de destrucción masiva. Posteriormente, las fuerzas militares estadounidenses descubrieron que no existían tales armas.

    martes, 20 de diciembre de 2011

    Las paradojas que dejó la guerra de Irak.



    Abel Sami
    En este mes de diciembre de 2011 las tropas norteamericanas hacen abandono del territorio de Irak. Un país que estuvo unido bajo la férrea mano del dictador Sadam Hussein.
    Era un país en que una minoría de la población (de religión musulmana sunita) gobernaba el país sobre la mayoría chiita y sobre la etnia curda a través del partido oficial Baas, que se autodeclaraba socialista, pero que no tenía nada de socialista, sino todo lo contrario, los iraquíes de ese partido eran por sobre todo partidarios de un sistema capitalista, aunque ciertos sectores de la economía permanecían en manos del Estado, por lo que podría habérsele denominado “capitalismo de Estado”. El partido Baas fue disuelto, muchos de sus jefes fueron muertos o apresados y todavía hay muchos de ellos en la cárcel. Sadam fue ejecutado y con eso desaparecía un capítulo de la historia de ese país.
    Si bien es cierto, las fuerzas norteamericanas destruyeron a las fuerzas iraquíes del Baas, las fuerzas chiitas se afirmaron y podría asegurar que se solidificaron. Hoy son los chiitas los que gobiernan mayoritariamente. Incluso el primer ministro Maliki es chiita y, por esa razón, mantiene excelentes relaciones con el gobierno de Irán.
    Por más que los norteamericanos se esforzaron en disminuir la influencia de Irán, no lo lograron. Incluso en un momento, USA se volcó hacia los sunitas, a los ex miembros del Baas y a ciertas milicias que los habían estado combatiendo en busca de una colaboración y entendimiento para de esa forma limitar el poder de los chiitas y de Al-Kaeda en Irak.
    USA se va y deja un vacío de poder y de influencia política. Su geopolítica no salió ganadora, ni siquiera su economía que se resintió enormemente con el gasto producido por más de 140.000 soldados que estuvieron ocupando ese país. No hay duda que gran parte del déficit fiscal de USA se debe al enorme gasto de todo tipo que significó tener un enorme ejército, en esa zona tan lejana del territorio norteamericano. Si bien es cierto, puede afirmarse que USA ganó la guerra convencional, no pudo destrozar a las milicias ni sunitas ni chiitas que surgieron y que combatieron en algunas ocasiones a los invasores norteamericanos. También la invasión norteamericana permitió el surgimiento de Al-Kaeda, que aunque golpeada por todos, ha logrado mantenerse y puede ser más adelante un problema serio para el actual gobierno.
    El vacío geopolítico que deja USA lo llena ahora Irán. Irán que en el pasado tuvo que enfrentar una terrible guerra contra ese país apoyado indirectamente por USA, guerra que se debió más que nada a los apetitos de grandeza de Sadam. Irán que ha sabido mantener en jaque la política de grandeza de los sionistas y de los reyes y sátrapas sunitas, en especial el rey de Arabia Saudita, que conforme a los documentos denunciados por Wikileaks habría manifestado a USA la necesidad de que se destruya las instalaciones nucleares de Irán, y no se ha pronunciado en contra de las instalaciones nucleares de Israel y sus armas atómicas; también Irán ha sabido mantener en jaque a otras monarquías como la del rey de Jordania y de los otros Estados menores de la región. Además, según la revista Times existiría un acuerdo secreto entre Arabia Saudita e Israel para permitir el paso de aviones israelíes por el espacio aéreo de Arabia Saudita en caso de que Israel ataque a Irán. Esta noticia parece tener visos de realidad por cuanto no Arabia Saudita ni Israel se han dado el trabajo de hacer un desmentido. La actitud desleal del monarca saudita se debe a la defensa de sus intereses personales más que nada y al temor de una potencia emergente como es Irán.
    Y en verdad, no se ve que Irán constituya una amenaza para los gobiernos con mayorías sunitas, aunque en Siria juegue hoy un rol equivocado, aunque estaría en concordancia con la necesidad de la unión con el gobierno de Assad para reforzar a Irán y estrechar lazos con los de Hizbolla en Líbano, también aliados de Irán y enemigos declarados de Israel.
    Aunque el premier iraquí, Nuri al-Maliki ha manifestado que Irak tiene las puertas abiertas a los inversores norteamericanos, no ha podido ocultar la simpatía que tiene por el gobierno iraní y lo que es más lógico, que también las puertas de Irak están abiertas a las empresas y capitales iraníes, aunque todavía no lo digan expresa-mente.
    No me cabe ninguna duda que USA pierde una gran parte de su influencia geoestratégica en esta parte del mundo y que es Irán la que sale ganadora. USA decrece y por el contrario crece la influencia de Irán. Y eso preocupa también a Israel. Un Irán demasiado desarro-llado no sólo económicamente, sino también científicamente, y con una mayor influencia política en la región, es algo muy preocupante para los israelitas sionistas. Sobre todo, que Hamás en Gaza, es sostenida económicamente por Irán, aún y a pesar de las diferencias religiosas que existen entre ambos.
    Poco a poco, como ya lo había manifestado hace un par de años, Irán va surgiendo como un polo de atracción a los gobiernos y los pueblos de la región. Y nada menos que un polo de atracción fuerte, con una economía que sería óptima si no fuese por las sanciones implementadas por USA e Israel a través de la ONU.
    Ahora bien, me pregunto la razón por la que USA no quiso quedarse en esta zona y a lo menos encuentro tres razones:
    1.El pueblo iraquí, mayoritariamente, no desea que los nortea-mericanos se queden en Irak. Si bien es cierto, la guerra los libró de Sadam, esa guerra le costó, según cifras de ellos mismos, cerca de un millón de vidas humanas y muchos cientos de miles que se fueron del país a vivir como refugiados. Según la revista The Lancet las bajas de iraquíes ya en 2006 ascendían a 650.000 individuos, de los cuales nada menos que 600.000 habrían sido producto de la violencia. La relativa prosperidad que tenía el país se arruinó con la llegada de esta guerra e invasión. Una gran mayoría quedó sin trabajo y sin ingresos, lo que produjo un efecto negativo hacia la OTAN y, en especial, hacia los norteamericanos. El apoyo de USA a Israel es cuestionado por casi toda la sociedad iraquí y de allí que surgen grupos extremos que han colaborado con Al-Kaeda. Grupos que están ocultos y que pueden accionar contra los norteamericanos apenas éstos se debiliten. Grupos que han visto al gobierno de Maliki como un gobierno yanacona de los yanquis, aunque realmente así no sea. Entre las cosas que molesta a los iraquíes es la terrible destrucción de edificios, carreteras, y de la infraestructura en general. Junto a estas molestias está la falta de electricidad, agua potable y medicinas.
    2.La otra razón es la económica. USA tiene una economía desas-trosa y un gran déficit fiscal. El economista Martin Feldstein, pro-fesor de economía de la Universidad de Harvard dice: “Reciente-mente la economía estadounidense se ha desacelerado de forma espectacular y la probabilidad de que haya otra contracción económica aumenta con cada nueva serie de datos. Este es un cambio brusco con respecto a la situación que existía al final del año pasado –y representa el regreso al ritmo muy lento de expansión desde que empezó la recuperación en el verano de 2009. Durante los primeros tres trimestres de 2010 el crecimiento económico de los Estados Unidos no sólo fue lento, sino que también se caracterizó principalmente por la acumulación de existencias y no por las ventas al consumidor u otro tipo de ventas finales. En el último trimestre de 2010 se dio un cambio positivo: el gasto de consumo aumentó a una tasa anual del 4%, lo que fue suficiente para aumentar el PIB real total en 3.1% del tercer trimestre al cuarto. La economía parecía haberse librado de su dependencia de la acumulación de existencias.” Todo parecía que iba por buen camino, pero luego se mostró la verdadera cara de la situación general de la economía norteamericana. Como el mismo Martin Feldstein lo señala más adelante, lo que parecía ser una recuperación de la economía fue solo una ilusión, ya que se crearon pocos empleos y la cesantía se elevó al 9,1% de la fuerza laboral. Y agrega que en este año 2011, “El programa de estímulo fiscal aprobado en 2009 está llegando a su fin, y el gasto de estímulo ha disminuido de 400 mil millones de dólares en 2010 a apenas 137 mil millones este año. Además, se están llevando a cabo negociaciones para recortar más el gasto y aumentar los impuestos a fin de reducir los déficits fiscales previstos para 2011 y los años siguientes.” Como nunca antes los pobres han aumentado en USA. Las cifras muestran una realidad lamentable: el 21% de los niños en USA viven bajo el umbral de la pobreza. Cerca de 49 millones de estadounidenses viven en situación de pobreza, que ya en 2010 marcaba un aumento del 1% con respecto al año anterior. Una cantidad enorme de ciudadanos muere anualmente por enfermedades que son curables con un servicio médico normal, pero son gente que no tienen suficientes ingresos para pagar seguros que se haga cargo de sus gastos médicos y los esfuerzos de Obama para lograr paliar esto se ha enfrentado a la negativa rotunda del Partido Republicano y a gente dentro de sus misma colectividad. Y para qué hablar del enorme déficit fiscal. En realidad se barajan cifras astronómicas superiores 200 billones de dólares y tal vez sea mucho más. En estas condiciones USA no puede seguir manteniendo una fuerza militar importante en Irak, sobre todo que, ya tiene en Afganistán otra fuerza enorme que consume el erario nacional. La campaña militar en Irak le ha costado a USA un billón de dólares, 4.500 muertos, muchos miles de heridos, de los cuales una gran parte han quedado lisiados de por vida.
    3.La última razón que se da, tiene que ver con la negativa de USA de someter a sus soldados a los tribunales internacionales que velan por los derechos humanos. El gobierno de Maliki ha puesto como condición que los soldados que cometan crímenes contra la población civil y contra los prisioneros de guerra, sean juzgados por los tribunales iraquíes y el gobierno norteamericano lo ha rechazado. Esta es una política que la ha mantenido los últimos tres gobiernos de USA. Se creía que en Irak iba a quedar una fuerza norteamericana de unos 3000 hombres, una brigada, pero como pudo haber un acuerdo sobre la inmunidad de los norte-americanos, esa fuerza ya no estará a final de este año 2011. Todos recordamos los escándalos producidos por las torturas en la prisión de Abu Graib, mostrada en fotografías escandalosas, sin ningún tipo de tapujos. Una moral repugnante de los soldados y de los mercenarios norteamericanos. Y eso lo tiene bien pre-sente cada iraquí, sea sunita o chiita.
    La retirada de Irak es lo que Obama había prometido a un pueblo norteamericano despolitizado o, más bien dicho, muy politizado hacia la derecha, que ahora se pregunta si en realidad valía o no la pena de meterse en una guerra que no ha traído beneficios a USA, aunque algunas empresas norteamericanas cuyos dueños están relacionados con Bush ganen muchos fajos de dinero en ese país.
    Aunque Maliki quería que un contingente de soldados nortea-mericanos quedase en Irak, esta proposición no es compartida por individuos de su misma etnia y entidad religiosa como el clérigo Moq-tada al-Sadr. Éste clérigo siempre estuvo contra los norteamericanos y su milicia ha participado en varios combates contra ellos, entre las cuales destaca la batalla por Faluya. Batalla que duró más de una semana.
    La guerra de Irak, ¿éxito o fracaso?
    Esta es una pregunta que se la hacen muchos. Y desde distintos ángulos. Mirado desde Israel, esa guerra, por un lado fue beneficiosa para ellos, porque destruyó el poderoso ejército, aunque anticuado, que tenía Sadam y que podía ser una amenaza para Israel si es que se produce otra guerra árabe/israelí. Desde el punto de vista geo-político, para USA lo que parecía ser un beneficio, hoy se percibe que es prácticamente nulo. La influencia geopolítica de USA ha dismi-nuido, en cambio ha aumentado la de Irán. Y eso es bastante perjudicial para Israel. No olvidemos que el régimen iraní, es enemigo de Israel por doctrina. Y jamás podrá haber un acercamiento, sino todo lo contrario y eso lo comprende perfectamente el gobernante del Estado israelita. Y el acercamiento Irak-Irán es un golpe fuerte a los intereses de ambos: de USA e Israel.
    Lo que parece ser un éxito, especialmente en el plano militar de la guerra convencional, es un fracaso geopolítico y un fracaso económico. El enorme gasto que generó esta guerra no ha sido compensado por el crecimiento de la industria de guerra, y eso se comprueba por el aumento de la cesantía de USA y la amenaza de una recesión de la economía.
    Fuente: Apia Virtual