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lunes, 10 de junio de 2019

Semana del medio-ambiente: garantizar el futuro de la vida y de la Tierra.


Leonardo Boff

En el mundo entero y también entre nosotros se celebra con eventos y discusiones ecológicas la Semana del Medio-Ambiente. Lógicamente, el medio-ambiente no nos satisface, pues queremos el ambiente entero.

El Papa en su encíclica “Sobre el cuidado de la Casa Común” (2015) superó este reduccionismo y propuso una ecología integral que abarca lo ambiental, lo social, lo político, lo mental, lo cotidiano y lo espiritual. Como han dicho grandes exponentes del discurso ecológico: con este documento, dirigido a la humanidad y no solo a los cristianos, el Papa Francisco se coloca a la cabeza de la discusión ecológica mundial. En su detallada exposición sigue el guión metodológico de la Iglesia de la Liberación y de su teología: ver, juzgar, actuar y celebrar.

Fundamenta sus afirmaciones (el ver) con los datos más seguros de las ciencias de la Tierra y de la vida; somete a un riguroso análisis crítico (juzgar) lo que él llama “paradigma tecnocrático” (n.101), productivista, mecanicista, racionalista, consumista e individualista cuyo “estilo de vida sólo puede desembocar en catástrofes” (n.161). El juzgar implica una lectura teológica donde el ser humano emerge como cuidador y guardador de la Casa Común (todo el capítulo II). Coloca como hilo conductor la tesis básica de la cosmología, de la física cuántica y de la ecología: el hecho de que “todo está relacionado y, todos nosotros, seres humanos, caminamos juntos como hermanos y hermanas en una peregrinación maravillosa… que nos une también con tierno afecto al hermano Sol, a la hermana luna, al hermano río y a la Madre Tierra” (n.92). Propone prácticas alternativas (actuar) pidiendo con urgencia una “radical conversión ecológica” (n.5) en nuestro modo de producir y de consumir, “alegrándonos con poco” (n.222) “con sobriedad consciente” (n.223), “en la convicción de que cuanto menos, tanto más” (n.222). Destaca la importancia de “una pasión por el cuidado del mundo”, “una verdadera mística que nos anima” (el celebrar) para asumir nuestras responsabilidades ante el futuro de la vida.

Actualmente se libra una batalla feroz entre dos visiones con respecto a la Tierra y a la naturaleza que afectan nuestra comprensión y nuestras prácticas. Esas visiones están presentes en casi todos los debates.

La visión predominante, que constituye el núcleo del paradigma de la modernidad, ve la naturaleza como algo que ha sido destinado para nosotros, cuyos bienes y servicios (el sistema prefiere llamarlos “recursos”, los andinos “bondades de la naturaleza”) están disponibles para nuestro uso y bienestar. El ser humano está en la posición adánica de quien se considera “maestro y señor” (Descartes) de la naturaleza, fuera y por encima de ella. Considera a la Tierra una realidad sin propósito (res extensa), una especie de baúl lleno de bienes y servicios infinitos que sostienen un proyecto de desarrollo/crecimiento también infinito. De esta actitud de “dominus” (dueño) surgió el mundo científico-técnico que tantos beneficios nos ha traído, pero que al mismo tiempo ha creado una máquina de muerte que, con armas químicas, biológicas y nucleares, nos puede destruir a todos y poner en peligro la biosfera.

La otra visión, contemporánea, que tiene más de un siglo de vigencia pero que nunca logró hacerse hegemónica, entiende que somos parte de la naturaleza y que la Tierra está viva y se comporta como un superorganismo vivo, auto-regulado, combinando los factores físico-químicos y ecológicos de forma tan sutil y articulada que siempre mantiene y reproduce la vida. El ser humano es parte de la naturaleza y aquella porción de la Tierra que en un proceso de altísima complejidad comenzó a sentir, a pensar, a amar y a venerar. Nuestra misión es cuidar de este gran “Ethos” (en griego significa casa) que es la Casa Común. Somos el “frater” (hermano) de todos. Debemos producir para atender las demandas humanas pero en consonancia con los ritmos de cada ecosistema, cuidando siempre de que los bienes y servicios puedan ser usados con una sobriedad compartida, con vistas a las futuras generaciones.

En una mesa redonda con representantes de varios saberes, se discutían formas de protección de la naturaleza. Había un cacique pataxó del sur de Bahía que habló por último y dijo: “no entiendo el discurso de ustedes, todos quieren proteger a la naturaleza; yo soy la naturaleza y me protejo”. Aquí está la diferencia: todos hablaban sobre la naturaleza como quien está fuera de ella, nadie sintiéndose parte de ella. El indígena se sentía naturaleza. Protegerla es protegerse a sí mismo que es naturaleza.

Este debate todavía está en curso. El futuro apunta a la segunda visión, la de mirar a la Tierra como Gaia, Pachamama, Gran Madre y Casa Común. Lentamente vamos tomando conciencia de que somos naturaleza y defenderla significa defendernos a nosotros mismos y a nuestra propia vida. De lo contrario, la primera visión, la de la Tierra y la naturaleza como un baúl de “recursos infinitos”, nos puede llevar a un camino sin retorno.


*Leonardo Boff ha escrito: ”Cómo cuidar de la Casa Común”, Vozes 2018.

Traducción de Mª José Gavito Milano

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Las 4 ecologías: “ambiental, política y social, mental e integral”.


Por: Pablo Richard
Reflexiones sobre el libro de Leonardo Boff que tiene este mismo título (2012), Tenemos presente la encíclica del Papa Francisco: “EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN” (Laudatus Si” año :2015).

1: Ecología ambiental. En los inicios del siglo XXI se escribe la “La carta de la tierra”, representando la mejor consciencia ecológica, humanista, ética y espiritual de la humanidad. Estamos dentro del medio ambiente, que formamos, con los demás seres de la comunidad terrenal, el ambiente entero. Una visión desde la luna no pudo distinguir entre Tierra y Humanidad. Nosotros somos tierra que siente, que piensa, que ama, que cuida y venera. Por eso nuestra tierra es “pachamama”, nuestra madre tierra. No basta crear una tecnología limpia, sino crear una nueva civilización que trabaje junto con la tierra.

2: Ecología política y social. No podemos quedar en una ecología solo ambiental, sin considerar una ecología social y política. Debemos cuidar la relación de la tierra con la sociedad, que la naturaleza no sea sólo una fuente de negocios y dinero. La tierra hay que cuidarla para que no convierta en un “supermercado”.

3: Ecología mental. Tomar conciencia que no somos el centro de la tierra, sino los encargados de cuidarla. Nosotros entramos en la evolución de la tierra cuando el 99,98% estaba ya todo arreglado. No debemos ser “antropocéntricos”, sino “biocéntricos”.La ciencia tiene que ser hecha con conciencia y con inteligencia emocional, ética y espiritual. El neoliberalismo y el consumismo provoca una ruptura de nuestra mente con la vida de la tierra. La destrucción de la tierra destruye nuestra mente.

4: Ecología integral. Formamos una inmensa comunidad cósmica. La ecología integral nos muestra la integración de la tierra y el ser humano como un todo.

Leonado Boff termina citando una “orientación para educadores” (del autor Romualdo Dias): “cómo hacer que los pensamientos se articulen con las actitudes. Cómo las ideas pueden tocar nuestro cuerpo. El desafío es conseguir conectar aquello que pensamos con aquello que sentimos, tenemos así mas posibilidades de alcanzar cambios en nuestra actitudes. No queremos oir muchas conferencias para ser eruditos y para estar llenos de muchas informaciones. Queremos descubrir como algunos pensamientos ganan eficacia cuando tocan la realidad y comienzan a tocar nuestro cuerpo” (p.38). 

Después de este libro de Leonardo Boff del año 2012, entramos en “EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN” del año 2015 (Laudato Sí) del Papa Francisco. Documento que debemos poner junto a la Biblia en nuestra biblioteca.