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miércoles, 14 de junio de 2017

Transgénicos y fundamentalismo neoliberal : la alternativa agroecológica al capitalismo global.


"Cualquier compromiso serio de alimentar al mundo de manera sostenible y equitativa debe desafiar el sistema globalizado de capitalismo que ha producido la desigualdad estructural y la pobreza; un sistema que promueve la marginación de las granjas a pequeña escala y sus sistemas de cultivo. Este sistema es responsable de los devastadores impactos de la especulación de los productos alimenticios".

Gran parte del argumento a favor de la agricultura transgénica se basa en tergiversaciones y ataques a quienes expresan sus preocupaciones sobre la tecnología y sus impactos. Estos ataques están diseñados en parte para agitar el sentimiento populista y denigrar a los críticos con el fin de que intereses corporativos puedan asegurar un mayor control sobre la agricultura. También sirven para desviar la atención de los problemas subyacentes relacionados con el hambre y la pobreza, y las soluciones genuinas, así como con el interés propio del propio lobby pro-OMG.

La base misma del sector agro-biotecnológico se basa en un fraude. El sector y el cartel transnacional de agronegocios a los que pertenece también han logrado captar con éxito sus propios intereses muchos organismos y políticas internacionales y nacionales, entre ellos la OMC, varios acuerdos comerciales, instituciones gubernamentales y reguladores. Del fraude a la duplicidad, no es de extrañar entonces que el sector está lleno de miedo y paranoia.

“Tienen miedo de morir”, dice Marion Nestle, profesora de nutrición, estudios alimentarios y de salud pública en la Universidad de Nueva York y autora de varios libros sobre política alimentaria. Y agrega: “Ellos defienden a sus negocios, para defenderlo, están atacando con la esperanza de que pueden neutralizar a los críticos… Es una industria paranoica y lo ha sido desde el principio”.

Guerra contra la razón:

Corporaciones globales como Monsanto están librando una guerra ideológica, no sólo contra sus críticos, sino también contra el público. Por ejemplo, considere que la mayoría del público británico y el público canadiense tienen preocupaciones válidas sobre alimentos transgénicos y no los quieren. Sin embargo, se encontró que el gobierno británico había estado tratando en secreto con la industria y con el gobierno canadiense, de suavizar la imagen que se tiene de estos alimentos, para que el público cambie su opinión sobre ellos.

En lugar de respetar la opinión pública y de servir al interés público mediante al pedir cuentas a las corporaciones poderosas, los funcionarios parecen estar más dispuestos a servir a los intereses del sector empresarial, independientemente de las genuinas preocupaciones que sobre alimentos transgénicos tenga la gente, preocupaciones que se basan en argumentos razonables, a pesar de que la industria no lo cree así.

El sector agroindustrial y de los agronegocios quiere expandir su influencia a nivel global, ya sea a través del despliegue de sus semillas transgénicos o de la expansión de un sistema de agricultura basada en los monocultivos, con el uso intensivo de químicos. Sin embargo, bajo la fachada superficial de trabajar en interés de la humanidad, este sector está impulsado por un fundamentalismo neoliberal que exige el atrincheramiento de la agricultura capitalista a través de la desregulación y del control corporativo de las semillas, la tierra, los fertilizantes, el agua, los pesticidas y el procesamiento de alimentos.

Si algo no le importa a la industria corporativa agroindustrial y de los agronegocios, contrariamente a la imagen pública que trata de transmitir, es la libre “elección de los consumidores”, “la democracia” o la “ciencia objetiva e independiente”. Tiene más que ver con socavar y degradar estos conceptos y desplazar los sistemas de producción existentes: las economías se “abren a través del desplazamiento concurrente de un sistema productivo preexistente. Las pequeñas y medianas empresas son empujadas a la bancarrota o están obligadas a producir para un distribuidor global, las empresas estatales son privatizadas o cerradas, los productores agrícolas independientes se empobrecen “(Michel Chossudovsky en The Globalization of Poverty).

Críticos apuñalan al corazón del neoliberalismo:

Los críticos están destacando no sólo cómo la industria ha subvertido y degradado la ciencia y se ha infiltrado en las instituciones públicas claves y en los organismos reguladores. Ellos también están mostrando cómo el comercio y la ayuda, se utilizan para subyugar a las diferentes regiones y al sector más productivo de la agricultura global: el agricultor, a las necesidades de las poderosas entidades comerciales.

Al hacer esto, los críticos apuñalan con fuerza los intereses corporativos y su agenda neoliberal.

De acuerdo a Eric Holt-Giménez:

El Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, el Programa Mundial de Alimentos, el Desafío del Milenio, la Alianza para una Revolución Verde en África, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y algunos gigantes industriales como Yara Fertilizer, Cargill, Archer Daniels Midland, Syngenta, DuPont y Monsanto, tratan de evitar cuidadosamente las discusión sobre las causas de la crisis alimentaria. Las “soluciones” que prescriben están arraigadas en las mismas políticas y tecnologías que crearon el problema en primer lugar: aumento de la ayuda alimentaria, desregulación del comercio mundial de productos agrícolas, y algunas innovaciones tecnológicas como la modificación genética. Estas medidas sólo fortalecen el statu quo corporativo que controla la alimentación mundial… El futuro de nuestros sistemas alimentarios y de nuestros combustible se decide de facto por mercados globales no regulados, especuladores financieros y monopolios globales”.

La geopolítica de la alimentación y la agricultura ha desempeñado un papel importante en crear un déficit de alimentos en algunas regiones. Por ejemplo, la agricultura africana ha sido reformada para favorecer a los actores corporativos descritos en el extracto anterior. La Fundación Gates está encabezando las ambiciones de la “América Corporativa” y la lucha por el control de África por parte del agronegocio global. Y en la India, ha habido un intento continuo de hacer lo mismo: un proyecto que ahora está llegando a una fase crítica ya que los motivos del Estado, que actúa en nombre del capital privado (extranjero), se desnudan y los efectos devastadores sobre la salud, el medio ambiente y las condiciones sociales están claras, para que todos.

Cualquier compromiso serio de alimentar al mundo de manera sostenible y equitativa debe desafiar el sistema globalizado de capitalismo que ha producido la desigualdad estructural y la pobreza; un sistema que promueve la marginación de las granjas a pequeña escala y sus sistemas de cultivo. Este sistema es responsable de los devastadores impactos de la especulación de los productos alimenticios, las adquisiciones de tierras, el comercio manipulado y un sistema agricultura industrial.

Y dentro del sistema subyace cierta mentalidad. Tanto si se trata de Hugh Grant como de Robb Fraley o de Bill Gates, hombres blancos altamente remunerados (multimillonarios), con un compromiso ideológico con el poder corporativo, todos están tratando de forzar un modelo rentable pero falso de producción de alimentos en el mundo.

Ignoran los efectos de un sistema de capitalismo que tan claramente promueven y han aprovechado financieramente.

Es un capitalismo y un sistema de agricultura sostenido por el dinero manchado de sangre del militarismo (Ucrania e Irak), el “ajuste estructural” y los préstamos vinculados (África) o los acuerdos comerciales inclinados (India) por medio de los cuales el agronegocio transnacional impulsa una agenda global para satisfacer sus intereses y erradicar los impedimentos para obtener ganancias. Y no importa la cantidad de devastación que se produce o lo insostenible que sea su modelo, la “gestión de crisis” y la “innovación” alimentan la rueda controlada por las corporaciones.

Soluciones genuinas: agroecología, descentralización y localismo

Sin embargo, lo que realmente molesta a los intereses corporativos que alimentan el actual modelo agroindustrial intensivo, y que promueven los transgénicos, es que sus críticos están ofreciendo alternativas y soluciones genuinas. Abogan por un cambio hacia sistemas de agricultura más orgánicos, lo cual incluye el apoyo a pequeñas fincas y un movimiento agroecológico que está capacitando política, social y económicamente a la población.

Esto representa un desafío para todos los buenos evangelistas neoliberales (y los hipócritas puros). Para entender lo que implica la agroecología, volvamos a Raj Patel:

“Para entender lo que es la agroecología, es bueno primero entender por qué la agricultura de hoy se llama “industrial”. La agricultura moderna convierte los campos en fábricas. El fertilizante inorgánico añade nitrógeno, potasio y fósforo al suelo; los pesticidas matan cualquier cosa que se arrastra; los herbicidas no dejan nada verde…, todo para crear una línea de ensamblaje que escupe un solo cultivo… La agroecología utiliza los sistemas mucho más complejos de la naturaleza para hacer lo mismo, pero de manera más eficiente y sin el conjunto de la química. Se cultiva frijoles fijadores de nitrógeno en lugar de usar fertilizantes inorgánicos; las flores se utilizan para atraer insectos beneficiosos para manejar las plagas; las malas hierbas se aglomeran cuando la siembra es intensiva. El resultado es un policultivo sofisticado, que produce muchos cultivos simultáneamente, en lugar de uno solo”.

Y funciona. Vea lo que Cuba ha logrado. De hecho, se ha escrito mucho sobre la agroecología y su potencial para un cambio social radical, sus éxitos y los desafíos que enfrenta.

El Director Ejecutivo de Food First, Eric Holtz-Gimenez, argumenta que la agroecología ofrece soluciones concretas y prácticas a muchos de los problemas del mundo que van más allá de la agricultura, aunque está vinculada a ella. Al hacerlo, desafía -y ofrece alternativas a la economía doctrinaria moribunda predominante- de un neoliberalismo que impulsa el sistema fallido de la agricultura industrial con uso intensivo de transgénicos / químicos.

Holtz-Gimenez añade que la ampliación de la agroecología puede hacer frente al hambre, la malnutrición, la degradación ambiental y el cambio climático. Mediante la creación de trabajos agrícolas intensivos en mano de obra bien pagados, también puede abordar los vínculos interrelacionados entre la deslocalización laboral de los países ricos y la retirada de las poblaciones rurales de otros lugares que acaban en trabajos subcontratados (o tiendas de sudor). La globalización ha devastado las economías de los EE.UU. y el Reino Unido y que está desplazando los sistemas de producción de alimentos indígenas existentes y socavando la infraestructura rural en lugares como la India para producir un ejército de reserva de mano de obra barata.

Cuando uno no entiende al capitalismo y la importancia central de la agricultura, deja de captar muchos de los problemas que afectan actualmente a la humanidad. Al mismo tiempo, cuando usted es parte del problema y se benefician de él, hará todo lo posible para atacar y denigrar cualquiera que desafíe sus intereses.




Temas: Agronegocio

jueves, 18 de agosto de 2016

El Evangelio y la familia.



José M. Castillo, teólogo

Una de las cosas que más llaman la atención, cuando se leen detenidamente los evangelios, es la actitud personal de Jesús y las enseñanzas que transmitió respecto a la familia. No es posible, en el limitado espacio de este artículo, analizar al detalle la abundante documentación que ofrecen sobre todo los sinópticos sobre este asunto. Aquí me limito a señalar dónde y en qué está el problema. Más adelante (y con tiempo) espero poder explicar la hondura que entraña todo esto y las consecuencias que tiene.

Lo primero, que hizo Jesús al iniciar su ministerio público, fue abandonar su trabajo, su casa y su familia. A partir de aquella decisión, las relaciones de Jesús con sus parientes fueron tensas, complicadas y hasta difíciles. Su familia más cercana pensaba de él que había perdido la cabeza (Mc 3, 21). Y cuando fue a su pueblo, sin duda para explicar su mensaje, ni los vecinos de Nazaret creyeron en él, se escandalizaron de lo que enseñaba y el propio Jesús se sintió despreciado por los de su casa (Mc 6, 1-6; Mt 13, 53-58; Lc 4, 16-30). En el relato, que hace Lucas de esta visita, la cosa llegó hasta el extremo de que los vecinos del pueblo intentaron matarlo (Lc 4, 28-29). Y es que Jesús revolucionó el tema de la familia hasta el extremo de que, para él, su madre y sus hermanos son, ante todo, los que hacen la voluntad del Padre del cielo (Mc 3, 31-35; Mt 12, 46-50; Lc 8, 19-21). Aquí y en esto es donde se ve más claro hasta qué punto Jesús puso las cosas en su sitio. Y hasta qué extremo reordenó todas nuestras relaciones personales, económicas y sociales.

Por otra parte, cuando Jesús llamaba a los discípulos, que se agregaban al grupo, lo primero que les exigía, para “seguirle”, era abandonar la familia y los bienes (el dinero) (Mc 10, 17-31; Mt 19, 16-22; Lc 18, 18-30) sin poner condición alguna (Mc 1, 16-21; Mt 4, 18-22; Lc 5, 1-14). Jesús fue tan radical, en este orden de cosas, que no admitió, como justificante para retrasar la decisión de “seguirle”, ni el entierro del propio padre, ni siquiera despedirse de la familia (Mt 8, 18-22; Lc 9, 57-62).

Ahora bien, a partir de este radicalismo evangélico, lo más duro y lo más fuerte, que planteó Jesús, fue el conflicto radical en la institución familiar: “No he venido a sembrar paz, sino espadas”, destrozando las relaciones de parentesco. Las palabras de Jesús son elocuentes y sobrecogedoras por sí solas y por sí mismas (Mt 10, 34-42; Lc 12, 51-53; 14, 26-27).

Así las cosas, el problema de fondo, que aquí se plantea, solamente se puede comprender si se tiene en cuenta lo que han analizado pacientemente los historiadores y juristas, a saber: la casa – y consiguientemente la familia – era (y sigue siendo) “la estructura básica de la sociedad en que el cristianismo nació y se desarrolló, como en realidad lo es de toda sociedad sedentaria preindustrial” (R. Aguirre). Esto es lo que explica que, en el Nuevo Testamento, como indica el mismo profesor Aguirre, se nos habla de la conversión de casas enteras (Jn 4, 53; Hech 11, 14; 16, 15. 31-34; 1 Cor 1, 16; Hech 18, 8) e incluso parece que la casa era la forma básica de organización de la Iglesia en sus inicios (cf. Rom 16, 5; 1 Cor 16, 19; Col 4, 15; Flm 1-2).

Pero esto tuvo consecuencias dramáticas. Porque sabemos que las sociedades mediterráneas del siglo primero estaban estructuradas sobre la base de la organización familiar. Ahora bien, en la familia de aquel tiempo todo estaba organizado y legislado en torno a la figura del “pater-familias”, que era el cabeza, jefe y dueño de la casa y sus componentes. De ahí que lo determinante, en la familia, no eran las relaciones personales, sino el sometimiento al poder. Y, por consiguiente, el sometimiento también a la estructura y al sistema de la sociedad romana. Lo que llevaba consigo una consecuencia que impresiona: “mujeres, esclavos y niños” eran los sujetos que carecían de derechos y tenían que vivir callados y sumisos, es decir, eran seres humanos que tenían siempre sobre ellos a un hombre como dueño (J.Jeremias, J. Leipold). Se comprende, por esto, el enfrentamiento revolucionario de Jesús y su Evangelio a este sistema de familia y, en definitiva, de sociedad.

El problema, que se nos plantea a partir de los orígenes más remotos de la Iglesia, está en que las primeras “iglesias” (o asambleas cristianas) fueron fundadas por Pablo, según el modelo de las “comunidades domésticas” de las que nos habla el mismo Pablo en sus cartas y en las “deuteropaulinas” (Col y Ef), que reproducen el modelo de la sociedad romana: la mujer “callada y sumisa” (Col 3, 18-4, 1; Ef 5, 22-6, 9). Es el modelo que encontramos en las comunidades organizadas por Pablo desde los años 40 a los 60. Pero en aquellos años aún no se conocían los evangelios, en su redacción definitiva (la que ha llegado a nosotros), la que la Iglesia ha aceptado y propuesto como el texto oficial para los creyentes en Jesús.

En todo caso, me parece acertada la reflexión final que propone el profesor Rafel Aguirre: “el hecho de que la Iglesia haya puesto en primer lugar los evangelios y los haya rodeado de una estima muy particular indica que, en medio de las ambigüedades inevitables de sus opciones históricas, (la Iglesia) reconoce los principios carismáticos de Jesús como su norma fundamental… Por eso, el creyente que lee los códigos domésticos del Nuevo Testamento debe ser consciente de las opciones y repercusiones históricas y sociológicas que implican”. A lo que este modesto teólogo añade que, como he dicho recientemente y recordando un texto genial de san Juan de la Cruz, la Palabra definitiva de Dios a la humanidad es Jesús, su vida y su enseñanza.

Esto supuesto, lo que no cabe en mi cabeza es que, a estas alturas y en el momento que vivimos, siga habiendo tantos hombres de Iglesia, profundamente religiosos, que anteponen sus ideas y conveniencias a la Palabra definitiva de Dios en el Evangelio, que nos trasmitió Jesús.

sábado, 23 de julio de 2016

Una gran bendición: Francisco levanta la sanción contra el biblista Ariel Álvarez.


El Papa le escribe para decirle que Roma no mantiene proceso contra él
El Vaticano levanta la sanción contra el biblista Ariel Álvarez
La decisión de la Santa Sede llega después de siete años de condena al silencio

Redacción, 23 de julio de 2016

El tema que, según Bertone, resultaba más urticante de sus enseñanzas, tal como consta en sus cartas, era la historicidad de Adán y Eva (que Bertone pretendía obligar a Álvarez Valdés a reconocer)

Después de siete años de haberlo condenado al silencio, el Vaticano levantó finalmente la sanción que pesaba sobre el biblista y doctor en Teología Ariel Álvarez Valdés. Mediante una carta, escrita de puño y letra por el papa Francisco, le fue comunicado al teólogo santiagueño que Roma ya no mantiene proceso alguno contra él.

Como se recordará, en 1997 el cardenal Tarsicio Bertone, entonces Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, le abrió una causa al Dr. Álvarez Valdés, debido a sus enseñanzas y escritos. Si bien Bertone reconocía expresamente que los libros del biblista no contenían ningún error, decía que provocaban perplejidad y escándalo entre los fieles.

El tema que, según Bertone, resultaba más urticante de sus enseñanzas, tal como consta en sus cartas, era la historicidad de Adán y Eva (que Bertone pretendía obligar a Álvarez Valdés a reconocer).

Finalmente, después de doce años de presiones para que el biblista se retractara, debido a su negativa en el año 2008 el Vaticano decidió prohibirle "enseñar, escribir, publicar, dar clases y cursos, y hablar por radio y televisión".

Esto llevó a Álvarez Valdés a dejar el ministerio sacerdotal para poder seguir enseñando.

Ahora el papa Francisco, mediante una carta autógrafa, le ha comunicado que "después de estudiar todo, habían dejado el asunto en manos del Obispo local" de Santiago del Estero, con lo cual el Papa reconoce que el Vaticano, que era el que había cuestionado durante doce años al teólogo, y finalmente lo había sancionado en 2008, ya no mantiene litigio alguno con Álvarez Valdés, como vino sucediendo durante todos estos años.

martes, 14 de junio de 2016

Más allá del homo sapiens.


José Arregi

Más pronto que tarde, los avances científicos nos obligarán a repensar casi todo lo que la filosofía y la teología nos han enseñado y que en buena medida seguimos pensando acerca del ser humano y de su “singularidad”: su autoconciencia y libertad, su razón y corazón, su mente o espíritu. ¿Somos tan singulares como hemos pensado durante miles de años? Necesitamos una gran cura de humildad, que es como decir sabiduría. O humanidad. O incluso transhumanidad.

Lo cierto es que nos hallamos en camino, aunque no sabemos exactamente hacia dónde. A las religiones monoteístas y sus teologías les está costando más asumir esta visión inacabada, provisional, evolutiva del ser humano; están anclados en un paradigma demasiado antropocéntrico y fixista, ligado a dogmas que consideran revelados e intocables. Pero las ciencias nos irán obligando, nos están obligando ya a superar esa visión.

Las neurociencias demuestran que todo lo que llamamos “humano” depende de las neuronas, que son células, que son moléculas, que son átomos organizados. Y todos los animales, salvo las esponjas, poseemos neuronas, en grados muy diversos de complejidad organizativa. A cerebros más complejos capacidades más altas. Y esa evolución que nos lleva desde el átomo a la autoconciencia es un proceso unitario de saltos cualitativos, y los saltos cualitativos se producen a medida que se da una mayor complejización cuantitativa.

Cierto, la mente y los factores sociales que la condicionan contribuyen también a modelar el cerebro, por eso que llaman “plasticidad” del cerebro. Hay una cierta interacción: del cerebro emerge la mente, y la mente actúa sobre el cerebro. La mente o “espíritu” también hace ser en alguna medida al cerebro que nos hace ser inteligentes o espirituales. Los sentimientos, los pensamientos y la conciencia son sin duda más que mera biología (células, genes y neuronas), y la biología es sin duda más que mera química (átomos, moléculas, sustancias). Pero la psicología existe gracias a la biología y no puede existir sin ella, ni la biología sin la química. La mente o “espíritu” no puede ser sin el cerebro. Dependemos de las neuronas para reír y llorar, pensar y hablar, recordar y proyectar, confiar y temer, amar y odiar, ser fieles o infieles, valientes o cobardes. Y para creer y orar, amar e imaginar a Dios para bien o para mal. Nos diferenciamos de las lombrices por el número de neuronas y de conexiones neuronales. Somos más que neuronas, pero siempre por medio de las neuronas, y de los átomos y las moléculas que las forman.

Hay más. Las neurociencias no solo estudian el cerebro, sino que abren caminos para cambiarlo profundamente. Lo que ayer era insospechable es hoy realidad. Lo que hoy solo se empieza a barruntar, e infinitamente más, algún día será realidad. Que sea para bien o para mal, he ahí la cuestión. Pero será. Hace tres meses, en marzo del 2016, 20 años después de que un ordenador venciera al mejor jugador de ajedrez de la época, Gary Kasparov, el programa AlphaGo de Google ganó por 4 a 1 uno al surcoreano Lee Sedol, el mejor jugador mundial de go, una especie de ajedrez oriental que consiste en ir colocando piedras negras y blancas sobre las casillas de un tablero. Parece sencillo, pero debe de ser más complicado que el ajedrez convencional. Pues bien, un ordenador le puede al cerebro humano mejor preparado.

Y la capacidad del ordenador aumentará sin medida. Stephen Hawking no alberga ninguna duda de que este hecho tendrá lugar, sino sobre si cuando tenga lugar será beneficioso para nosotros. En septiembre de 2015, dijo en una entrevista: “Los ordenadores superarán a los humanos gracias a la inteligencia artificial en algún momento de los próximos cien años. Cuando eso ocurra, tenemos que asegurarnos de que los objetivos de los ordenadores coincidan con los nuestros”.

¿Pero no podrán igualmente mejorar las capacidades del cerebro humano? Éste ya es absolutamente portentoso, con sus 100.000 millones de neuronas y 500 billones de conexiones entre ellas (conexión más, conexión menos). Nada impide, sin embargo, pensar que sus capacidades puedan aumentar y sus prestaciones “mejorar” indefinidamente, gracias, por ejemplo, a implantes de nanorobots invisibles. Y entonces ¿qué seremos? Çuando nuestro cerebro actual llegue a ser o lo hagamos ser mucho más capaz…, ¿seremos aún humanos? La pregunta es ineludible, como ineludible parece la futura interacción y simbiosis creciente entre el cerebro y el robot. Cuando Nicholas Negroponte, hace 30 años, predijo libros electrónicos y videoconferencias, nadie le creyó; hace unos meses anunció que podremos aprender idiomas con solo tomar una pastilla, que instalará un nanochip en nuestro cerebro. Así será con todo.

¿Con todo? ¿También con nuestras cualidades “espirituales”: conciencia, libertad, inteligencia, amor? ¿Y por qué no? Todas las funciones que llamamos “espirituales”, insisto, emergen de lo que llamamos materia: de menos surge más, gracias a relaciones u organizaciones más complejas. Pero es ingenuo –y sería descorazonador– pensar que, con nuestra especie humana, la evolución ha llegado al máximo grado de capacidad cerebral o neuronal, al máximo grado de desarrollo “espiritual”, a la última “singularidad” posible… ¿Qué nos permite pensar, además, que no puedan existir ya en algún lugar de este o de otros universos otros seres más “espirituales” que nuestra especie sapiens? En cualquier caso, la evolución prosigue, con una peculiaridad: la de que la especie humana se ha convertido ahora –esto no lo sospechó Darwin– en el factor decisivo de su propia evolución y de la evolución de la vida en general en todo el planeta. ¿Hasta dónde llegaremos? Y vuelve la pregunta más inquietante: ¿Será para bien del ser humano y de la comunidad de los vivientes? ¿Qué habremos ganado con todos nuestros progresos si no nos llevan a cuidar mejor la vida en su conjunto?

El horizonte está lleno de enormes amenazas y de inmensas posibilidades. Todo nos llama a dar un gran salto más allá de nuestros esquemas y conductas tan estrechas, de nuestros intereses tan egoístas, tan engañosos al final. No habrá esperanza para nuestra especie y para todas las especies que dependen cada vez más de nosotros, mientras no superemos nuestro actual nivel “espiritual” de conciencia y libertad. Y no lo logramos solo con las ciencias, pero tampoco sin ellas. Ciencia, educación, política, espiritualidad… todo nos hará falta para ser espirituales o más sabios.

Solo seremos sabios cuando seamos humildes, cuando nos sepamos tierra, humus, misteriosa “materia” dotada de movimiento y relación y gracias a ello de infinita creatividad, de posibilidad de ser más, de misterioso “espíritu” emergiendo de la materia. Seremos sabios cuando queramos y podamos ser de verdad hermanas, hermanos de todos los seres. Y es posible que para eso tengamos que dejar de ser esta especie que hoy llamamos muy impropiamente homo sapiens.

(Publicado en DEIA y en los Diarios del GRUPO NOTICIAS el 12-06-2016)

miércoles, 16 de marzo de 2016

Fe, razón y capitalismo.




por ALFONSO ROPERO BERZOSA

Pese a que ha transcurrido más de siglo, la tesis de Max Weber sobre la génesis del espíritu del capitalismo en la ética protestante no deja de suscitar estudios y controversias. Se puede decir que su sombra es alargada[1]. No es para menos, desde su publicación, la obra de Weber ha sido considerada como una investigación fundacional de las ciencias sociales en general, de la historia económica, de la historia de las mentalidades, de la sociología histórica y de la sociología económica. Por ello, investigadores de esas disciplinas no han parado de dar vueltas a las tesis de Weber, para entenderla en su justa medida o modificarla en lo que se considere necesario[2].

En nuestros días una de las más novedosas, o atrevidas, es la del sociólogo e historiador estadounidense Rodney Stark, profesor de sociología en la Universidad Baylor (Texas) y editor fundador del Interdisciplinary Journal of Research on Religion. Es un autor prolífico no totalmente desconocido en España y Latinoamérica. Su obra The Rise of Christianity[3], ha sido doblemente publicada en castellano, primero por la Editorial Andres Bello, traducción de Sergio Coddou[4], después por la Editorial Trotta, traducción de Antonio Piñero[5].

En los últimos años de su labor académica el profesor Rodney Stark, ha dedicado varios de sus obras al análisis del cristianismo en su relación al mundo moderno, la secularización y la visión sesgada de la Edad Media. En¿Cómo ganó Occidente? La historia olvidada del triunfo de la modernidad[6], Stark va decididamente contracorriente y contesta la oposición entre modernidad y cristianismo, desmontado muchos de los mitos que atribuyen al largo imperio cristiano el retraso de las ciencias y de la sociedad, presentando el período medieval como un tiempo de ignorancia y tinieblas por doquier, que se alargó en el tiempo casi hasta la Revolución francesa.

La tesis de Stark, después de una largo recorrido por las grandes civilizaciones de la historia, es que “la ciencia solo surgió en la Europa cristiana porque solo la Europa medieval creyó que la ciencia era posible y deseable”. “El factor más decisivo del auge de la civilización occidental es la dedicación de la mayoría de sus mentes más brillantes a la búsqueda del conocimiento”. Y el fundamento de esa búsqueda se encuentra “en el compromiso cristiano con la teología”, que no se limitó a reflexionar sobre Dios sino que se interesó por toda la realidad. Frente a la narrativa que dice que la ciencia surgió de repente, gracias al triunfo de la razón en Europa, Stark argumenta que “no hubo una revolución científicadurante el siglo XVII. Los brillantes avances conseguidos en esa época fueron la culminación natural del progreso científico, que se remonta a la fundación de las universidades en el siglo XII”.

En la actualidad, Stark está escribiendo un libro sobre el cristianismo en Estados Unidos, en el que analiza el constante declinar las denominaciones protestantes principales, tradicionales —Episcopales, Presbiterianas, Metodistas, Congregacionalistas—, camino de una especie de autodestrucción, patente en la imparable pérdida de membresía, básicamente, según él, por la adopción de una teología que ha olvidado el sentido de la religión, de lo sagrado, la cual hace tiempo dejó de creer en la salvación del alma y en su lugar se dedicó a la salvación del mundo, entendida esta salvación en términos socio-económicos y políticos, generalmente de izquierdas[7].

En su libro titulado La victoria de la razón. Como el cristianismo llevó a la libertad, al capitalismo y al éxito de occidente[8], Stark ajusta cuentas con Max Weber en lo que respecta al papel protagonista del protestantismo en el origen del capitalismo[9], que él, Stark, lo sitúa a partir del siglo IX, en plena Edad Media, mucho menos tenebrosa de lo que se ha pintado. “No hubo una Edad Oscura — asegura—. De hecho, [la Edad Media] fue una época de admirable progreso e innovación, que incluyó el capitalismo”. La idea de que la época medieval fue un periodo de estancamiento “es una caricatura creada por los intelectuales del siglo XVIII, antirreligiosos y amargamente anticatólicos”[10].

Stark, que se definía como no ateo ni religioso, y en la actualidad como “cristiano independiente”, cree que la raíz del triunfo de occidente en materia económica y política, se debe a la concepción cristiana de un Dios “racional”. Es decir, un Dios al que se puede llegar mediante la razón porque todo lo ha hecho racionalmente. La doctrina de un Dios “racional” es una herencia del cristianismo, que a su vez la toma del judaísmo. “El Dios cristiano tiene esto de particular: ha creado el mundo según razón, lo cual implica que las leyes del universo puedan ser – aunque nunca del todo – descubiertas y entendidas por la razón humana”. “La razón es cosa de Dios, en cuanto nada existe que Dios, el Creador de todo, no haya pensado, dispuesto y ordenado según razón – nada que Él no haya querido que pudiera un día ser entendido por la razón. Ya que entender las leyes según las cuales Dios ha creado y ordenado el universo no es fácil (aunque no es imposible, observando con atención el mismo universo), el descubrimiento de estas leyes podrá ser solamente gradual: de aquí la idea del progreso, y de un conocimiento que crece en el tiempo y se perfecciona – otro tema que diferencia al cristianismo de la mayoría de las demás religiones, para las cuales el conocimiento y la sabiduría declinan respecto de una edad del oro originaria e irrepetible, respecto de la cual no es posible progreso alguno sino sólo decadencia”.

“El descubrimiento progresivo de leyes según las cuales funciona el universo es lo que acostumbramos a llamar ciencia. La mera invención de instrumentos útiles, sin teoría, no es ciencia. La teoría no verificada mediante la observación sistemática de la naturaleza, a su vez, no es ciencia, sino filosofía. En este sentido, Stark defiende que “la verdadera ciencia ha nacido una sola vez: en Europa”: y en la Europa cristiana, no en Grecia o en Roma. “Si uno va más a fondo, está claro que la base realmente esencial para el desarrollo de Occidente fue una extraordinaria fe en la razón”, y esto se debe al cristianismo. La victoria fue la victoria de la razón en todos los campos, ciencia, economía, política. “Mientras que las otras religiones del mundo hacían hincapié en el misterio y la intuición, solamente el cristianismo abrazó la razón y la lógica como la principal guía hacia la verdad religiosa… Alentada por los escolásticos y consagrada en las grandes universidades medievales fundadas por la iglesia, la fe en el poder de la razón infundieron la cultura occidental, estimulando la búsqueda de la ciencia y la evolución de la teoría y la práctica democráticas”.

Pensadores de primer orden como Agustín y Tomás de Aquino, explica Stark, celebraban el uso de la razón como un medio para lograr penetrar en las intenciones divinas. Así, cuando tuvo lugar la revolución científica en el siglo XVI, no fue una irrupción repentina del pensamiento secular. Más bien, surgió de siglos de progreso sistemático de los pensadores escolásticos medievales, y se sostuvo por una invención cristiana del siglo XII, las universidades, como las de Padua y Bolonia.

Desde esta perspectiva se puede entender que la actividad económica no tuvo que esperar al protestantismo para prosperar, según Stark. Las órdenes monásticas crearon una suerte de proto-capitalismo

Estimulados por los aumentos de productividad debidos a los avances tecnológicos, los monasterios desviaron la tendencia a una economía de subsistencia hacia un sistema de especialización y comercio. A su vez, esto facilitó el aumento de la economía de moneda, como opuesta al trueque, y la creación del crédito y el préstamo de dinero.

Este tema fue estudiado al detalle con rigor académico por los trabajos eruditos de John T. Noonan[11] y Thomas F. Divine[12]. Los teólogos de la época redefinieron ideas relacionadas con la carga de intereses y los precios justos de los bienes, elementos esenciales para el desarrollo del capitalismo. Stark también dedica amplio espacio a subrayar el desarrollo del capitalismo en las ciudades estado italianas, que estimularon economías prósperas siglos antes la reforma.

Los derechos de propiedad, otra condición previa vital para el capitalismo, también deben sus orígenes al cristianismo. Tanto la Biblia como los teólogos más importantes defienden la propiedad privada. Tomás de Aquino sostenía que el poseer propiedades es inherente a la naturaleza humana.

Encontramos una forma temprana de capitalismo en el París del siglo IX, donde cerca de un tercio de las tierras que se extendían a lo largo del Sena contaban con molinos hidráulicos. Los monasterios invirtieron en este método puntero, de los que obtenían beneficios para dedicarse también a la banca y los préstamos. Y la gente se beneficiaba de tener unos acreedores más comprensivos.

Stark concluye su obra con una llamada de advertencia a la deriva europea, cada vez más lejos de sus raíces cristianas, lo que explicaría su creciente declive en el panorama internacional. Por contra, éxito del cristianismo en todos los países no europeos que emprenden el camino de la modernización científica, de la libertad política y de la economía moderna, explica su protagonismo cada vez mayor. “Muchos no se dan cuenta que en la época de la globalización muchos países en vía de desarrollo primero ven florecer amplias minorías (y a veces mayorías) cristianas y luego avanzan en el plano de la ciencia, de la democracia y de la economía”.

En fin, una obra polémica y sugerente, respecto a un tema sobre el que todavía no se ha dicho la última palabra.

________

[1] Vicente Gonzalo Massot, Max Weber y su sombra. La polémica sobre la religión y el capitalismo. Instituto de Investigaciones en Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina, Buenos Aires 1984.

[2] Véase Javier Rodríguez Martínez, ed., En el centenario de La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid 2005.

[3] R. Stark, The Rise of Christianity. How the Obscure, Marginal Jesus Movement Became the Dominant Religious Force in the Western World in a Few Centuries. Princeton University Press, Princeton 1996.

[4] El auge del cristianismo. Editorial Andres Bello, Santiago de Chile / Barcelona 2001.

[5] La expansión del cristianismo. Un estudio sociológico. Editorial Trotta, Madrid 2009.

[6] How the West Won: The Neglected Story of the Triumph of Modernity. HarperOne, San Francisco 2012.

[7] How Denominations Die: The Continuing Self-Destruction of the Protestant “Mainline”. Próxima publicación. En el mismo campo de la religión en Estados Unidos, es realmente interesante su libro America’s Blessings: How Religion Benefits Everyone, Including Atheists. Templeton Press, 2012.

[8] The Victory of Reason. How Christianity Led to Freedom, Capitalism, and Western Success. Random House, New York 2005.

[9] Capitalismo se puede entender de muchas maneras. En la actualidad capitalismo es igual es especulación financiera, depredación de recursos globales. Aquí se entiende capitalismo por actividad industrial con vista al beneficio común, mediante la creación oferta de bienes necesarios a la sociedad. Sin entrar en más valoraciones éticas o políticas.

[10] A este respecto se pueden también se pueden consultar las obras de Rémi Brague, Mitos de la Edad Media. La filosofía en el cristianismo,

el judaísmo y el islam medievales (Nuevo Inicio, Granada 2013); y Jacques Le Goff, padre del medievalismo moderno, El hombre medieval (Alianza, Madrid 1995); ¿Nació Europa en la Edad Media? (Crítica, Barcelona 2003).

[11] John T. Noonan, The Scholastic Analysis of Usury. Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts 1957.

[12] Thomas F. Divine, Interest: An Historical and Analytical Study In Economics and Modern Ethics. The Marquette University Press, Milwaukee 1959.

lunes, 29 de febrero de 2016

Diez derechos del corazón.



Leonardo Boff

Actualmente se constata una fecunda discusión filosófica sobre la necesidad de rescatar la razón cordial, como limitación a la excesiva racionalización de la sociedad y como enriquecimiento de la razón instrumental-analítica, que dejada a su libre curso, puede perjudicar la correcta relación con la naturaleza, que es de pertenencia y de respeto a sus ciclos y ritmos. Enumeremos algunos derechos de la dimensión del corazón.

1. Protege el corazón que es el centro biológico del cuerpo humano. Con sus pulsaciones riega con sangre todo el organismo haciendo que viva. No lo sobrecargues con demasiados alimentos grasos y bebidas alcohólicas.

2. Cuida el corazón. Es nuestro centro psíquico. De él salen, como advirtió Jesús, todas las cosas buenas y malas. Compórtate de tal manera que tu corazón no necesite sobresaltarse ante riesgos y peligros. Mantenlo apaciguado con una vida serena y saludable.

3. Vela tu corazón. El representa nuestra dimensión profunda. En él se manifiesta la conciencia que siempre nos acompaña, nos aconseja, nos advierte y también nos castiga. En el corazón brilla la chispa sagrada que produce en nosotros entusiasmo. Ese entusiasmo filológicamente significa tener un “Dios interior” que nos calienta e ilumina. El sentimiento profundo del corazón nos convence de que el absurdo nunca va a prevalecer sobre el sentido.

4. Cultiva la sensibilidad, propia del corazón. No permitas que sea dominada por la razón funcional. Armonízala con ella. Por la sensibilidad sentimos el corazón del otro. A través de ella intuimos que también las montañas, los bosques y las selvas, los animales, el cielo estrellado y el mismo Dios tienen un corazón pulsante. Finalmente nos damos cuenta de que hay un solo inmenso corazón que late en todo el universo.

5. Ama tu corazón. Es la sede del amor. El amor que produce la alegría del encuentro entre las personas que se quieren y que permite la fusión de cuerpos y mentes en una sola y misteriosa realidad. El amor que produce los milagros de la vida por la unión amorosa de los sexos y la entrega desinteresada, el cuidado de los más desvalidos, las relaciones sociales inclusivas, las artes, la música y el éxtasis místico que hace a la persona amada fundirse en el Amado.

6. Ten un corazón compasivo que sabe salir de sí y ponerse en el lugar del otro para sufrir con él, cargar juntos con la cruz de la vida y también juntos celebrar la alegría.

7. Abre el corazón a la caricia esencial. Es suave como una pluma que viene del infinito y, con el toque, nos hace percibir que somos hermanos y hermanas y que pertenecemos a la misma familia humana que habita en la misma Casa Común.

8. Dispón el corazón para el cuidado, que hace al otro importante para ti. Él sana las heridas pasadas e impide las futuras. Quien ama, cuida y quien cuida, ama.

9. Amolda el corazón a la ternura. Si quieres perpetuar el amor rodéalo de ternura y de gentileza.

10. Purifique día a día el corazón para que las sombras, el resentimiento y el espíritu de venganza, que también anidan en el corazón, nunca se sobrepongan al bien querer, a la finura y al amor. Entonces, tu corazón latirá al ritmo del universo y encontrará reposo en el corazón del Misterio, la Fuente originaria de donde procede todo, que nosotros llamamos sencillamente Dios.

Estas cinco recomendaciones que refuerzan el amor están llenas de sentido.

1. Pon corazón en todo lo que pienses y en todo lo que hagas. Hablar sin corazón suena frío e institucional. Las palabras dichas con corazón llegan a la profundidad de las personas. Se establece entonces una sintonía fina con los interlocutores u oyentes que facilita la comprensión y la adhesión.

2. En el razonamiento articulado procura poner emoción. No la fuerces porque ella debe revelar espontáneamente la profunda convicción de lo que crees y dices. Sólo así llega al corazón del otro y se hace convincente.

3. La inteligencia intelectual fría, que pretende comprender y resolver todo, genera una percepción racionalista y reduccionista de la realidad. Pero también el exceso de razón cordial y sensible puede decaer en el sentimentalismo almibarado y en proclamas populistas que alejan a las personas. Hay que buscar siempre la justa medida entre mente y corazón pero articulando los dos polos a partir del corazón.

4. Cuando tengas que hablar a un auditorio o a un grupo, procura entrar en sintonía con la atmósfera que hay allí. Al hablar, no hables solo desde la cabeza, da primacía al corazón. Él siente, vibra y hace vibrar. Las razones de la inteligencia intelectual solo son eficaces cuando vienen amalgamadas con la sensibilidad del corazón.

5. Creer no es pensar en Dios. Creer es sentir a Dios desde el corazón. Entonces nos damos cuenta de que estamos siempre en la palma de su mano y que una Energía amorosa y poderosa nos ilumina y calienta, y preside los caminos de la vida, de la Tierra y de todo el universo.

* Leonardo Boff escribió el libro Los Derechos del Corazón; el rescate de la razón cordial, Paulus 2016.

Traducción de MJ Gavito Milano

lunes, 19 de octubre de 2015

Francisco de Asís: el prototipo occidental de la razón cordial.



Equipo Atrio

Entrevista a Leonardo Boff

Esta entrevista salió en la entrevista online del IHU-Instituto Humanista Unisinos de los jesuitas brasileños el 4/10/2015. Fue hecha por João Vitor Santos y Patricia Fachin. Atrio, para quien Boff y San Francisco son referencias importantes para situarse personalmente en el complejo mundo de hoy, no duda en publicarla para quien le interese, aunque últimamente parezca que insistimos mucho en el mismo tema (Arregi nos hablaba hace una semana de las Florecillas). El que quiere lo toma y el que no lo deja, como las lentejas.

“Francisco ponía su corazón en todas las cosas, por eso las amaba y se sentía unido a ellas como miembros de una gran familia terrenal y cósmica”, afirma el teólogo.


IHU Online – ¿Quién fue Francisco de Asís? ¿Cómo entenderlo en su complejidad que va de la ternura al vigor?

Leonardo Boff – Aunque haya vivido hace más de 800 años, él es nuevo; nosotros somos viejos, pues él consiguió lo que nosotros difícilmente alcanzamos: relacionarnos con todas las cosas, incluso con las más adversas como la muerte, llamándolas con el dulce nombre de hermanos y hermanas. Así consiguió una reconciliación, como si fuese un habitante del paraíso terrenal. Con razón el gran historiador Arnold Toynbee dijo en su última entrevista: «Francisco, el mayor de los hombres que han vivido en Occidente, debe ser imitado por todos nosotros, pues su actitud es la única que puede salvar la Tierra y no la de su padre, el mercader Bernardone».

El filósofo Max Scheler en su conocido libro Esencia y Formas de la Simpatía afirmaba: «San Francisco es el prototipo occidental de la razón cordial y emocional, cosa que posteriormente fue relegada al margen». Ella nos hace sensibles a la pasión de los que sufren y a los gritos de la Tierra devastada por la voracidad industrialista actual.

IHU Online – Usted dice que el contacto con Francisco de Asís provoca una crisis profunda. ¿Qué tipo de crisis es esa?

Leonardo Boff – San Francisco nos hace descubrir nuestro distanciamiento de la naturaleza, como si no fuésemos parte de ella, sino sus dueños y señores. Esa actitud está en la raíz de la crisis ecológica actual, pues se funda en la falta de pertenencia, en la ausencia de cuidado y de amor para con todas las cosas, pues ellas tienen un valor intrínseco en sí mismas. Comparar lo que somos y hacemos con lo que hacía y era San Francisco nos crea mala conciencia y nos introduce en una crisis purificadora, pues nos invita a cambiar nuestro estilo de vida.

IHU Online – ¿Cómo entender la mística de Francisco de Asís y su relación con el medio ambiente?

Leonardo Boff – San Francisco dio centralidad al corazón. En sus escritos la palabra “corazón” aparece 42 veces frente a una de “inteligencia”; “amor”, 23 veces frente a 12 de “verdad”. Hoy sabemos que en la razón cordial y sensible se encuentra la sensibilidad profunda para con los otros, los valores éticos y la espiritualidad. El corazón le hace sentir al Sol, a la Luna, al agua, al lobo y hasta a la muerte como hermanos y hermanas. Es la actitud que nos exige hoy la crisis ecológica. La razón por sí sola no explica nuestros problemas fundamentales, porque ella solo ve, analiza y calcula. El corazón nos moverá al cuidado, al respeto y al amor a la Madre Tierra.

IHU Online – ¿Cuál era la concepción de Iglesia de Francisco de Asís? ¿Cuales eran los puntos cruciales de divergencia con el clero alto? ¿Con que modelo de Iglesia dialogaba e, incluso, se oponía?

Leonardo Boff – El teólogo Joseph Ratzinger, en uno de sus escritos sobre el sentido de la profecía en la Iglesia, escribió que el “no” de San Francisco al tipo de Iglesia de su tiempo no podía ser más radical. Pero su “no” nunca es verbalizado, nunca hace una crítica abierta al sistema curial, especialmente bajo Inocencio III, el Papa más poderoso de la historia de la Iglesia. Él no habló ni criticó como hicieron los Reformadores del siglo XVI. Él simplemente se dejó orientar por el evangelio, leído sin glosas, es decir, sin comentarios que le quitan la fuerza trasformadora, en su sentido original: vivir siguiendo a Cristo pobre, descubierto en los más pobres de los pobres que son los leprosos, tener extrema ternura y compasión con todos los que sufren dolores y acogiendo jovialmente las más duras adversidades que la pobreza radical le comportaba.

El inauguró una Iglesia en la base, junto con los pobres, predicando por las calles o en las plazas, rezando las horas canónicas debajo de los árboles y teatralizando pasajes bíblicos como hizo con la celebración de Navidad, inventando el pesebre. Quería que sus seguidores fuesen “menores”, categoría social de los sin poder y que no aceptasen ningún cargo eclesiástico. Debían “in plano subsistere”, es decir, mantenerse a ras del suelo,donde todos los anónimos e invisibles, el pueblo en general, se encuentran.

IHU Online – ¿Cuáles son los conceptos-clave, las ideas y concepciones principales de Francisco de Asís? ¿Cómo comprender esos conceptos en nuestros días?

Leonardo Boff – San Francisco no era teólogo. Ni era un clérigo. Olvidamos que era un laico. Solo al final de su vida se dejó ordenar diácono para poder seguir predicando (ya que había un decreto papal que prohibía a los laicos predicar, como hacían antes). Pero con la condición de que a este oficio no le correspondería ningún beneficio. Las virtudes principales que vivía con gran jovialidad era la extrema sencillez, acogiendo a todos tal como eran; después, una gran humildad considerándose a sí mismo como menor y servidor, hermano o fratello de todos; y principalmente vivía una radical pobreza comopoverello.

Pero para él, la pobreza no consistía en no tener sino en la capacidad de dar, y volver a dar, hasta despojarse de todo. Tenía conciencia de que entre las personas se interponen los bienes y los intereses. Desprenderse de tales cosas permitía el encuentro directo e inmediato, ojo a ojo, cuerpo a cuerpo para situarse junto al otro como hermano. Ser radicalmente pobre para poder ser plenamente hermano: este es el sentido de la pobreza franciscana. Y por último, la permanente alegría, como quien se siente continuamente en la palma de la mano de Dios. Se le atribuye este dicho: “tengo poco y lo poco que tengo, lo necesito poco”. Este proyecto de vida, si se viviera hoy, crearía un mundo tierno y fraterno, amigo de la vida, con una sobriedad compartida, con un aura de fraternidad universal entre las personas y con todos los seres de la naturaleza, abrazados como hermanos y hermanas.
«Está dentro de las posibilidades humanas desentrañar un San Francisco escondido dentro de cada uno» 


IHU Online – ¿Cómo pueden ser actualizados esos conceptos para nuestros días en busca de inspiración ante la crisis?

Leonardo Boff – Entre muchas otras cosas, considero fundamental, para que salgamos de la crisis actual, que recuperemos los derechos del corazón. Es decir, que no seamos solo portadores de inteligencia racional, que junto con ella y de forma más profunda, seamos también portadores de inteligencia cordial o sensible. Sentir, como dice el Papa en su encíclica sobre “el cuidado de la Casa Común”, como propios las dolores de la Tierra y los padecimientos de los demás hermanos y hermanas.

Actuar a partir del corazón que ama, que se identifica con el otro, que cultiva la compasión y el cuidado con todas las cosas, como cuidaba San Francisco.

Él sacaba a las babosas de los caminos para que no las pisasen y pedía que hasta las hierbas silvestres tuviesen un rincón reservado en las huertas, porque ellas también merecen vivir y alaban a Dios a su manera. Si en la humanidad tuviésemos estos sentimientos, no necesitaríamos hablar de ecología ni de derechos de las personas y de la naturaleza, pues todo eso sería vivido con total espontaneidad.

IHU Online – ¿Cómo comprenden Bergoglio y Ratzinger la figura de San Francisco de Asís?

Leonardo Boff –Joseph Ratzinger, en su tesis sobre el concepto de historia en San Buenaventura, escribió como introducción al tema una de las más bellas páginas que se han escrito modernamente sobre la figura singular de San Francisco. Creo que los franciscanos todavía no han sabido valorar tales reflexiones.

Bergoglio tomó el nombre de Francisco por la fascinación que ejerció siempre sobre él la figura de este santo especial y por su amor a los pobres y a la naturaleza. En su encíclica, le dedica tres grandes parágrafos (nn.10, 11 12) y explica: «Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado por lo que es frágil y por una ecología integral… su corazón era universal» (n.10). Todo el texto de la encíclica está lleno de corazón, pues lee los datos de la situación de la Tierra afectivamente y no solo intelectualmente. Ese es el modo como San Francisco lee el mundo a partir de un sentimiento profundo de unión.

IHU Online – ¿Cómo comprender la relación entre Francisco y Clara de Asís? ¿Cuál es el papel de Clara en la historia y en la “doctrina” de Francisco?

Leonardo Boff –La relación entre Clara e Francisco es una de las más bellas y puras de la historia del cristianismo. El tenía tres amores: amor a Cristo crucificado, amor a los pobres y amor a la hermana Clara. Era un verdadero amor entre un hombre y una mujer, pero transfigurado por un proyecto común: servir al Crucificado y a los crucificados de la historia. El eros florecía en el ágape sin perder su fascinación y belleza. Entre ellos había afecto y cariño que no escondió durante toda su vida. Clara seguramente lo ayudó a ser tan tierno y amoroso con todas las criaturas.

IHU Online – ¿En qué medida la visión de Francisco de Asís en relación al mundo, a los seres humanos y a la Iglesia dialoga con el pontificado de Bergoglio?

Leonardo Boff – El Papa Francisco ha puesto el evangelio en el centro de su predicación y de sus gestos ejemplares. Fue exactamente eso lo que hizo San Francisco: para él el evangelio era todo, no como mero texto, sino como fuente de inspiración, de humanización, de espiritualización y de identificación con el Jesús histórico, hasta el punto de que los textos originarios afirman que llegó a recibir las llagas de Cristo en su propio Cristo. No sin razón ha sido llamado “el primero después del Único (Jesucristo)” o incluso “el último cristiano”. La sencillez, la bondad, la ternura y la proximidad que elPapa Francisco revela en su vida, traducen bien el espíritu de San Francisco.

IHU Online – ¿Cómo comprender Laudato Si’ desde la perspectiva de Francisco de Asís? ¿De qué forma la idea de Ecología Integral, concepto central de la Encíclica, aparece en el legado de Francisco de Asís?

Leonardo Boff – El propio Papa lo aclara en su encíclica sobre “el cuidado de la Casa Común”, al decir: «la reacción de Francisco era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era

una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe» (n.11). Como decíamos, Francisco ponía corazón en todas las cosas, por eso las amaba y se sentía unido a ellas como miembros de una gran familia terrenal y cósmica.

IHU Online – En su libro San Francisco de Asís, ternura y vigor, la historia del santo tiene cinco aspectos como telón de fondo. ¿Cuáles son y cómo se relacionan? ¿Cómo se actualizan hoy esos aspectos?

Leonardo Boff – Algunos dicen que de todos mis libros (ya casi cien) este es el mejor. Que lo digan los demás, no yo. Pero intenté, al celebrarse los 800 años de su nacimiento, destacar cinco puntos que mostrasen su actualidad para el mundo de hoy.

El primero es «la irrupción de la ternura y de la convivialidad, como mensaje a la cultura actual». Es la tentativa de oponer al paradigma moderno, fundado en el poder como dominación, que tantos males ha traído a las grandes mayorías, el paradigma del cuidado, de la ternura, de la convivialidad con todas las criaturas, no dominándolas, sino estando al pie de ellas, como hermano menor.
«Fue exactamente eso lo que hizo San Francisco: para él el evangelio era todo, no como mero texto, sino como fuente de inspiración, de humanización, de espiritualización y de identificación con el Jesús histórico».


El segundo punto es «la opción por los pobres como mensaje de San Francisco a la sociedad actual». Intenté asumir el propósito de la Iglesia latinoamericana, expresado enMedellín y en Don Helder, que entendió la pobreza no como algo natural y dado, sino como resultado de relaciones injustas entre las personas y sus instituciones. Se hizo la opción preferencial por los pobres, contra la pobreza y a favor de la justicia social. De esta opción nació la teología de la liberación. Don Helder siempre repetía que fue San Francisco el verdadero fundador de esta teología, porque él no tuvo una actitud asistencialista, viviendo para los pobres. Él mismo se hizo pobre, fue a vivir en medio de ellos como pobre, y a partir de ellos leía toda la realidad, también la eclesial. Estimo que esta perspectiva es enormemente actual.

El tercer punto trata «de la liberación por la bondad: una contribución de San Francisco para una liberación integral de los oprimidos». Traté de mostrar su estrategia que era de renuncia total a cualquier tipo de violencia. Procura conversar con todos, hasta con el feroz lobo, y conquistar a las personas por la bondad, convencido de que dentro de cada uno arde la llama divina de la bienquerencia entre todas las personas.

El cuarto punto aborda «cómo San Francisco creó en las bases de la Iglesia de aquel tiempo una iglesia popular y pobre», en la cual prevaleció la fraternidad sobre el poder, la palabra del evangelio sobre las reflexiones teológicas, la celebración de la vida sobre la celebración de simples ritos y la profunda piedad por los actos y los hechos del Jesús histórico, su nacimiento, su cruz, su presencia eucarística.

Como último punto abordo el tema «del proceso de individuación realizado biográficamente por San Francisco». Es decir, cómo de todo lo que le sucedía, la dimensión de sombra y la dimensión de luz, sus decepciones y alegrías, su sufrimiento y muerte, él hacía caminos de crecimiento y de total integración. De ese proceso que combina ternura y vigor, cielo y tierra, vida y muerte irrumpe su irradiación como alguien que realizó su humanidad de un modo ejemplar. Creó un humanismo tierno y fraterno que va más allá del mundo humano y que abarca a toda la naturaleza y al propio universo. Penetró en su Profundidad radical donde se anida Dios con su gracia y su amor.

Haber podido llegar hasta ese punto es más que esfuerzo personal, es principalmente don de Dios. Francisco lo sabía bien, por eso, aunque para nosotros sea un santo ejemplar, se consideraba el mayor pecador del mundo, «pequeñín, pútrido y fétido, mezquino, miserable», como dice en una de sus cartas. Él podía decir eso, pues no había negado sino integrado tales realidades sombrías, propias de nuestra condición humana, en una síntesis superior, repleta de luz, de ternura y de amorización.

IHU Online – ¿Qué humanismo inaugura Francisco y cómo se alínea con los principios cristianos?

Leonardo Boff – Francisco se transformó en un arquetipo, o sea, en una referencia de valor y de ideal humano. Como tal no pertenece ya a los franciscanos ni siquiera a los cristianos. Pertenece a la humanidad. Es una de las figuras de las cuales podemos enorgullecernos y decir: está dentro de las posibilidades humanas descubrir un San Francisco escondido dentro de cada uno. Esa energía amorosa y tierna, escondida en nosotros, nos hace más humanos, más compasivos, más solidarios y más capaces de un amor incondicional. ¿No era eso lo que quería Jesús de Nazaret? Su propósito no era crear una nueva religión, sino suscitar el hombre y la mujer, hechos de amor, de compasión, de entrega a los otros hasta el último sacrificio, siempre con total desapego, con alegre jovialidad y con jovial alegría.

Traducción de MJ Gavito Milano

Fuente: Atrio

viernes, 31 de julio de 2015

Un absoluto en la vida.


 



“En la historia de la humanidad no existen civilizaciones ni culturas que no manifiesten, en una o mil maneras, esta necesidad de un absoluto que es llamado cielo, libertad, un milagro, un paraíso perdido que se debe volver a ganar, paz, más allá de la historia… No hay religión en la cual la vida cotidiana no se considere una prisión; no existe filosofía o ideología que no crea que vivimos distanciados… La humanidad ha tenido siempre una nostalgia por la libertad que es solamente belleza, que solo es verdadera vida, plenitud, luz.” (Eugene Ionesco)

No existen tantas diferencias entre los seres humanos. Por supuesto que sí las hay en cuanto a diversidad cultural, ideas o creencias pero todo ello queda superado cuando se trata de las razones por las qué vivir. Un ateo es muy parecido a un creyente, un agnóstico también. Todos buscamos algo por lo cual dirigir nuestra existencia, puede ser una determinada idea o la contraria, un ideal o una esperanza.

Una negación en cuanto a que exista una verdad absoluta realmente será reemplazada, a menudo de forma inconsciente, por otra cosa, por algo a lo que sí se le concede la categoría de muy importante o absoluto. El ser humano no puede vivir en el vacío, en la continua negación de todo, en la duda sistemática. Un ateo podría argumentar sobre la no existencia de Dios, cualquiera que sea la concepción que tal o cual cultura haya hecho de él, pero sostendrá, por ejemplo, con gran vehemencia, que lo que hay que respetar en todo momento son los derechos humanos. Para él esto no tiene discusión, este será su noble ideal a seguir, la verdad para él.

El creyente pensará que la clave está en Dios, en un Dios que es origen de todo cuanto existe y que por ello le provee de sentido. Desde aquí concibe su vida, y dirige sus pasos.

Las propuestas políticas han hecho que innumerables personas queden convencidas por las bondades de tal estructura social y para ello las han defendido hasta con sus vidas. Por supuesto después existe una gran masa de personas que sencillamente jamás hablan de que existan verdades absolutas. Para ellas se trata de vive y deja vivir, haz lo que más desees sin complicarte mucho y sin molestar a nadie. Pero parecen no percatarse que éstas, ya de por sí, son unas ideas que estructuran sus vidas, tienen el mismo poder de convicción que aquellas que se concretizan en lo religioso o lo político. Se vive de acuerdo a ellas, es una verdad de tal calibre para estas personas que se mueven en la indefinición que ha orientado sus vidas a su sombra. Este aparente vacío no lo es en la práctica ya que además cualquier cosa puede ocupar su lugar ya sea una idea, una moda, un deporte, salir a divertirse, un estilo de vida, etc.

Lo que estoy intentando decir se puede resumir con una sencilla frase: todo el mundo tiene o necesita un absoluto y vive de acuerdo con él. Si lo pierde la persona muere en un sentido o en otro. Si este desaparece también lo hace ella.

Con esto último aludo a una desaparición tanto en vida como literal. De esta forma se cae en una profunda y amarga indiferencia hacia todo o se desemboca en una depresión crónica que puede terminar en suicidio. Estas últimas son aquellas personas que han decidido que ya no hay nada por lo que vivir, algo por lo que estar en este mundo. Tal vez sea una pérdida irreparable, quizás están pasando por una situación terrible, pero también se puede morir de abundancia, de haberlo experimentado todo. Es este absoluto, o la pérdida del mismo, el que vuelve a aparecer.

Lo llamo absoluto debido a que tiene la capacidad de proveer una razón esencial por la que vivir, un estímulo permanente para seguir adelante. Sería una especie de esqueleto sobre el cual ir acoplando las diferentes vivencias, en donde ir colocando las decisiones que hemos realizado, el rumbo que hemos querido tomar.

Como decía no existen tantas diferencias entre las personas, es más, diría que somos bastantes iguales. Este absoluto es el que hace que un joven deje atrás su cómoda vida y se vaya de misionero a un remoto lugar para ayudar en nombre de Dios. Es este mismo absoluto el responsable de que una mujer sin convicciones religiosas rechace un magnífico empleo en un hospital privado y decida irse a un país africano y allí llevar a cabo su labor como médico. A ello también hay que acudir para entender cómo miles de personas salen a la calle clamando por justicia social, por un cambio político, poniendo en peligro sus vidas. Y, por supuesto, tampoco quedan fuera todos aquellos que parecen vivir indiferentes a cuanto sucede a su alrededor. Para ellos su absoluto será su propia comodidad, mantener en lo posible su nivel económico y únicamente reaccionarán cuando lo anterior se vea amenazado. Ellos son el centro, el principio y fin de todo. La maldad también puede vestirse de cualquiera de los ropajes anteriores y así se puede presentar bajo una túnica de religiosidad, de ateísmo o de indiferencia. Este tipo de seres humanos tienen en el hacer daño y en la destrucción su mayor motivación.

Un cristiano no es una persona irracional que quiere creer en algo infantil. Por el contrario es alguien que ha decidido que el motivo de su ser y estar es el orientar su vida pensando que hay otra además de la presente. Se trata de una cosmovisión articulada sobre la idea de que existe un Dios, que éste es bueno y que nos ha hablado. Más allá de la penumbra que nos envuelve, detrás del telón del final de la obra de teatro, cree que está la única y última realidad que provee de significado a la presente. Si Dios es una realidad él es el único merecedor del concepto Absoluto.

El ateo podrá argumentar que no hay nada más que lo que aquí conocemos, que en la tumba se acaba todo. El agnóstico por su parte manifestará que no es posible identificar algo así como una verdad universal y que si esta existe la persona jamás podrá alcanzarla. El que está impregnado del espíritu posmodernista ni se preocupará en pensar, para él la reflexión es casi irrelevante, se mueve sobre todo por deseos, por apetitos.

El ser humano tiene que creer en algo. No es posible el vacío existencial, mental. Sin duda hay magníficas personas que son ateas o agnósticas y deplorables hombres y mujeres que dicen ser cristianos. Pero el verdadero creyente es aquél que mira en tres direcciones siendo la que dirige hacia arriba la que llena de luz y esperanza su interior y que lo capacita para observar el exterior. De esta forma sabe que puede y deber mirar al frente para considerar a su prójimo, para servirle de ayuda, para preocuparse por él. También que puede y debe mirar hacia abajo ya que además tiene un deber para con la naturaleza, la debe cuidar como buen administrador.

El creyente eleva su mirada a los cielos y todo adquiere sentido por su fe. No una fe irracional, infantil o precientífica, sino una fe que arranca y se sostiene en el inmenso vacío que la sola razón humana provoca. La razón es limitada, no puede ir más allá de lo que conocemos. Es incapaz de salir de este diminuto punto azul que es nuestra tierra, este globo que está situado dentro de un inmenso universo. De esta forma la razón y la fe pasan a ser las dos caras de una misma moneda, una necesita de la otra para dar explicación a nuestro mundo, a nosotros mismos. Desde aquí se entiende que el doliente será consolado, que el que llora reirá de gozo. Desde aquí se tendrá esperanza en que los “nadies” serán conocidos por nombre, les será devuelta su dignidad. No es el puro azar el que lo rige todo hacia un final indeterminado, ciego y caótico, sino un Dios que está atento y que es definido como Amor.

La razón por tanto, para el cristiano, le prepara y le coloca en el camino de la fe. La misma le interroga cuando llega al límite de lo que puede abarcar, ¿hay algo más después de esta vida? ¿Había algo más antes? Entonces el creyente responde afirmativamente pero no con otras ideas, no con otras hipótesis sino con una persona: Jesús de Nazaret.


“Aunque las higueras no florezcan y no haya uvas en las vides, aunque se pierda la cosecha de oliva y los campos queden vacíos y no den fruto, aunque los rebaños mueran en los campos y los establos estén vacíos, ¡aún así me alegraré en el Señor! ¡Me gozaré en el Dios de mi salvación!”. Habacuc 3:17, 18.

miércoles, 10 de julio de 2013

Ética cristiana, norma de fe o valor cultural.


Román Díaz Ayala

Una década completa nos separa ya del pasado siglo XX, sin que al parecer hayamos podido resolver los problemas que como reto nos dio en herencia a partir de noviembre de 1989 tras la caída del muro de Berlín.

Cunde un pesimismo generalizado y envuelto en una gran depresión económica que sacude a casi toda Europa, especialmente a los países del sur. El Sistema Económico Occidental, ya hegemónico para todo el globo, ha sufrido una crisis generalizada a partir de la crisis financiera y bancaria de 2008, a la cual los distintos países y áreas económicas han ido poniendo remedio con más o menos eficacia, salvo en la Unión Europea, donde se aplican recetas al más puro estilo neoliberal, ya ensayado en otras áreas económicas.

El Papado –que en la figura de un nuevo papa de nombre Francisco se duplica con el papa dimisionario, Benedicto XVI, quien permanece huésped del Vaticano– está sufriendo una crisis de autoridad a la que se intenta poner remedio mediante la reforma de la Curia Vaticana.

La sociedad actual es hija y continuadora de la Sociedad de consumo nacida tras la Segunda Guerra Mundial, trasformada por otra nueva ola de revolución tecnológica y digital, que ha hecho posible una mayor e inédita concentración de poder económico en manos de unos pocos, a lo que llamamos “los mercados de capitales”. A quienes se someten los Estados, los Organismos e Instituciones internacionales, y otros estamentos rectores de la sociedad, por ejemplo la clase intelectual, los centros de investigación y de formación del pensamiento.

¿Nos hace falta realmente una ética cristiana? ¿Cómo situaríamos, entonces a la sociedad civil? ¿Dentro o fuera de tal ética?

A cada respuesta que demos a las cuestiones de fondo y a los temas particulares surgirán nuevas preguntas que exigirán inmediatas respuestas a su vez.

Luego, está la cuestión de que estamos pasando por una situación de cambios tan profundos, hacia un nuevo paradigma histórico, que darán un carácter de provisionalidad a todo lo que intentemos dar carácter de firme y definitivo. Necesitamos un método más seguro y alejado de la casuística, basado en la reflexión sobre unos principios que ahonden en la conciencia y en el valor humano más que en el empirismo y la experimentación.

Y en ese campo, los creyentes estamos mejor armados para defendernos de la crisis. Jesús puso al ser humano en el centro frente a la Ley en una correcta posición ante Dios.

Jesús asumió la misión de restablecer un fundamento firme y seguro de la Ley, que la cultura hebrea había adulterado. Mediante su Mandamiento, nos proporcionó una nueva mirada para examinarnos a nosotros mismos y escrutar el mundo.

En ese sentido podemos decir que la ética cristiana tiene un valor instrumental, proporcionado por la revelación de Dios en Jesús y que es válido para los creyentes.

Y lo que es más importante; Jesús nos ha proporcionado los medios suficientes para combatir el mal, el nuestro personal e instalado de las estructuras sociales.

Pero no abandonemos el plano natural. Con la ética se ha hecho ciencia, filosofía, en busca de las reglas y leyes de la conducta humana. La filosofía desde siempre se viene ocupando de los principios de la ética, y hasta su configuración más normativa ha sustentado el Derecho.

Los animales nacen prácticamente perfectos haciendo la naturaleza que sus vidas estés regidas por el instinto, pero la experiencia humana nos deja al desnudo, cuando nos investigamos en todo lo que concierne a nuestra voluntad y a nuestra conducta, ya sea de forma individual o en sociedad.

Los humanos nos preguntamos siempre de forma muy inquisitiva qué significado le damos a nuestra actividad. Tratamos de determinar el bien y el mal, las situaciones de justicia o de injusto proceder.

Tenemos que recurrir muchas veces a la experiencia histórica para descubrir que en la especie humana la evolución saltó un grado para convertirla en el único ser natural conocido que se ha hecho artífice de su propia evolución a través de la cultura y su trasmisión como un legado a las siguientes generaciones. Y sin embargo podemos igualmente señalar que el ser humano más antiguo del cual se tengan registros históricos comprobables es tan perfecto como los actuales, y al mismo tiempo sujeto a las mismas grandezas y miserias en el aspecto moral. Por naturaleza el humano es un ser ético, lo mismo que está dotado de razón y constante buscador del bien en las cosas y en sí mismo.

Todavía podemos añadir algo más. Un observador avispado observa que la maldad, de la cual hombres y mujeres son sus agentes, también ha ido aumentando y todo ello a pesar de que hemos ido adquiriendo una mejor conciencia moral. El mal ha ido creciendo y ahora nos sentimos más culpables, sin que por ello hayamos desterrado las guerras, cada vez más violentas y crueles. Esa misma violencia ha ido adquiriendo nuevas formas cada vez más abyectas. Los escrúpulos se disfrazan y las injusticias se ocultan o se justifican en nombre de un orden superior.

Los diferentes sistemas éticos nos han servido de muy poco o se van construyendo para legitimar ideologías.

Sin embargo, la ética ofrecida por Jesús de Nazaret puede ser muy válida. Con la luz del Nuevo Testamento vemos a Jesús en el centro de una historia de la Salvación que ha sido de iniciativa divina. Para Jesús el destino de todo ser humano, una eterna salvación o condenación depende de creer o no creer, aceptarle o rechazarle, una vez que se le hace presente. El escenario siempre es la vida de las personas. Para Jesús la conducta posterior, su comportamiento ético, será el fruto de esa decisión de fe (Juan 3,14-21)

La proclamación del mensaje de Salvación en labios de Jesús exige un comportamiento ético del receptor y no la adhesión intelectual a una doctrina. Toda ética cristiana se basa en una relación personal con Jesús, y Jesús enseñaba con autoridad divina.(Mateo 7,28-29; Marcos 1,22)por ello hablaba de forma imperativa (Juan 13,34). Jesús impone sus mandamientos “sólo a quienes le aman”(Juan 14,15) A Jesús lo que de verdad le interesa es que comprendamos nuestra necesidad de una renovación interior, “porque lo que sale del corazón del ser humano lo contamina todo entero” (Mateo 15,18-20)

Por eso es válido afirmar que toda ética cristiana se basa en una relación personal con Jesús., como se dijo arriba.

Humanes 2 de julio de 2.013

Fuente: ATRIO