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miércoles, 16 de marzo de 2016

Fe, razón y capitalismo.




por ALFONSO ROPERO BERZOSA

Pese a que ha transcurrido más de siglo, la tesis de Max Weber sobre la génesis del espíritu del capitalismo en la ética protestante no deja de suscitar estudios y controversias. Se puede decir que su sombra es alargada[1]. No es para menos, desde su publicación, la obra de Weber ha sido considerada como una investigación fundacional de las ciencias sociales en general, de la historia económica, de la historia de las mentalidades, de la sociología histórica y de la sociología económica. Por ello, investigadores de esas disciplinas no han parado de dar vueltas a las tesis de Weber, para entenderla en su justa medida o modificarla en lo que se considere necesario[2].

En nuestros días una de las más novedosas, o atrevidas, es la del sociólogo e historiador estadounidense Rodney Stark, profesor de sociología en la Universidad Baylor (Texas) y editor fundador del Interdisciplinary Journal of Research on Religion. Es un autor prolífico no totalmente desconocido en España y Latinoamérica. Su obra The Rise of Christianity[3], ha sido doblemente publicada en castellano, primero por la Editorial Andres Bello, traducción de Sergio Coddou[4], después por la Editorial Trotta, traducción de Antonio Piñero[5].

En los últimos años de su labor académica el profesor Rodney Stark, ha dedicado varios de sus obras al análisis del cristianismo en su relación al mundo moderno, la secularización y la visión sesgada de la Edad Media. En¿Cómo ganó Occidente? La historia olvidada del triunfo de la modernidad[6], Stark va decididamente contracorriente y contesta la oposición entre modernidad y cristianismo, desmontado muchos de los mitos que atribuyen al largo imperio cristiano el retraso de las ciencias y de la sociedad, presentando el período medieval como un tiempo de ignorancia y tinieblas por doquier, que se alargó en el tiempo casi hasta la Revolución francesa.

La tesis de Stark, después de una largo recorrido por las grandes civilizaciones de la historia, es que “la ciencia solo surgió en la Europa cristiana porque solo la Europa medieval creyó que la ciencia era posible y deseable”. “El factor más decisivo del auge de la civilización occidental es la dedicación de la mayoría de sus mentes más brillantes a la búsqueda del conocimiento”. Y el fundamento de esa búsqueda se encuentra “en el compromiso cristiano con la teología”, que no se limitó a reflexionar sobre Dios sino que se interesó por toda la realidad. Frente a la narrativa que dice que la ciencia surgió de repente, gracias al triunfo de la razón en Europa, Stark argumenta que “no hubo una revolución científicadurante el siglo XVII. Los brillantes avances conseguidos en esa época fueron la culminación natural del progreso científico, que se remonta a la fundación de las universidades en el siglo XII”.

En la actualidad, Stark está escribiendo un libro sobre el cristianismo en Estados Unidos, en el que analiza el constante declinar las denominaciones protestantes principales, tradicionales —Episcopales, Presbiterianas, Metodistas, Congregacionalistas—, camino de una especie de autodestrucción, patente en la imparable pérdida de membresía, básicamente, según él, por la adopción de una teología que ha olvidado el sentido de la religión, de lo sagrado, la cual hace tiempo dejó de creer en la salvación del alma y en su lugar se dedicó a la salvación del mundo, entendida esta salvación en términos socio-económicos y políticos, generalmente de izquierdas[7].

En su libro titulado La victoria de la razón. Como el cristianismo llevó a la libertad, al capitalismo y al éxito de occidente[8], Stark ajusta cuentas con Max Weber en lo que respecta al papel protagonista del protestantismo en el origen del capitalismo[9], que él, Stark, lo sitúa a partir del siglo IX, en plena Edad Media, mucho menos tenebrosa de lo que se ha pintado. “No hubo una Edad Oscura — asegura—. De hecho, [la Edad Media] fue una época de admirable progreso e innovación, que incluyó el capitalismo”. La idea de que la época medieval fue un periodo de estancamiento “es una caricatura creada por los intelectuales del siglo XVIII, antirreligiosos y amargamente anticatólicos”[10].

Stark, que se definía como no ateo ni religioso, y en la actualidad como “cristiano independiente”, cree que la raíz del triunfo de occidente en materia económica y política, se debe a la concepción cristiana de un Dios “racional”. Es decir, un Dios al que se puede llegar mediante la razón porque todo lo ha hecho racionalmente. La doctrina de un Dios “racional” es una herencia del cristianismo, que a su vez la toma del judaísmo. “El Dios cristiano tiene esto de particular: ha creado el mundo según razón, lo cual implica que las leyes del universo puedan ser – aunque nunca del todo – descubiertas y entendidas por la razón humana”. “La razón es cosa de Dios, en cuanto nada existe que Dios, el Creador de todo, no haya pensado, dispuesto y ordenado según razón – nada que Él no haya querido que pudiera un día ser entendido por la razón. Ya que entender las leyes según las cuales Dios ha creado y ordenado el universo no es fácil (aunque no es imposible, observando con atención el mismo universo), el descubrimiento de estas leyes podrá ser solamente gradual: de aquí la idea del progreso, y de un conocimiento que crece en el tiempo y se perfecciona – otro tema que diferencia al cristianismo de la mayoría de las demás religiones, para las cuales el conocimiento y la sabiduría declinan respecto de una edad del oro originaria e irrepetible, respecto de la cual no es posible progreso alguno sino sólo decadencia”.

“El descubrimiento progresivo de leyes según las cuales funciona el universo es lo que acostumbramos a llamar ciencia. La mera invención de instrumentos útiles, sin teoría, no es ciencia. La teoría no verificada mediante la observación sistemática de la naturaleza, a su vez, no es ciencia, sino filosofía. En este sentido, Stark defiende que “la verdadera ciencia ha nacido una sola vez: en Europa”: y en la Europa cristiana, no en Grecia o en Roma. “Si uno va más a fondo, está claro que la base realmente esencial para el desarrollo de Occidente fue una extraordinaria fe en la razón”, y esto se debe al cristianismo. La victoria fue la victoria de la razón en todos los campos, ciencia, economía, política. “Mientras que las otras religiones del mundo hacían hincapié en el misterio y la intuición, solamente el cristianismo abrazó la razón y la lógica como la principal guía hacia la verdad religiosa… Alentada por los escolásticos y consagrada en las grandes universidades medievales fundadas por la iglesia, la fe en el poder de la razón infundieron la cultura occidental, estimulando la búsqueda de la ciencia y la evolución de la teoría y la práctica democráticas”.

Pensadores de primer orden como Agustín y Tomás de Aquino, explica Stark, celebraban el uso de la razón como un medio para lograr penetrar en las intenciones divinas. Así, cuando tuvo lugar la revolución científica en el siglo XVI, no fue una irrupción repentina del pensamiento secular. Más bien, surgió de siglos de progreso sistemático de los pensadores escolásticos medievales, y se sostuvo por una invención cristiana del siglo XII, las universidades, como las de Padua y Bolonia.

Desde esta perspectiva se puede entender que la actividad económica no tuvo que esperar al protestantismo para prosperar, según Stark. Las órdenes monásticas crearon una suerte de proto-capitalismo

Estimulados por los aumentos de productividad debidos a los avances tecnológicos, los monasterios desviaron la tendencia a una economía de subsistencia hacia un sistema de especialización y comercio. A su vez, esto facilitó el aumento de la economía de moneda, como opuesta al trueque, y la creación del crédito y el préstamo de dinero.

Este tema fue estudiado al detalle con rigor académico por los trabajos eruditos de John T. Noonan[11] y Thomas F. Divine[12]. Los teólogos de la época redefinieron ideas relacionadas con la carga de intereses y los precios justos de los bienes, elementos esenciales para el desarrollo del capitalismo. Stark también dedica amplio espacio a subrayar el desarrollo del capitalismo en las ciudades estado italianas, que estimularon economías prósperas siglos antes la reforma.

Los derechos de propiedad, otra condición previa vital para el capitalismo, también deben sus orígenes al cristianismo. Tanto la Biblia como los teólogos más importantes defienden la propiedad privada. Tomás de Aquino sostenía que el poseer propiedades es inherente a la naturaleza humana.

Encontramos una forma temprana de capitalismo en el París del siglo IX, donde cerca de un tercio de las tierras que se extendían a lo largo del Sena contaban con molinos hidráulicos. Los monasterios invirtieron en este método puntero, de los que obtenían beneficios para dedicarse también a la banca y los préstamos. Y la gente se beneficiaba de tener unos acreedores más comprensivos.

Stark concluye su obra con una llamada de advertencia a la deriva europea, cada vez más lejos de sus raíces cristianas, lo que explicaría su creciente declive en el panorama internacional. Por contra, éxito del cristianismo en todos los países no europeos que emprenden el camino de la modernización científica, de la libertad política y de la economía moderna, explica su protagonismo cada vez mayor. “Muchos no se dan cuenta que en la época de la globalización muchos países en vía de desarrollo primero ven florecer amplias minorías (y a veces mayorías) cristianas y luego avanzan en el plano de la ciencia, de la democracia y de la economía”.

En fin, una obra polémica y sugerente, respecto a un tema sobre el que todavía no se ha dicho la última palabra.

________

[1] Vicente Gonzalo Massot, Max Weber y su sombra. La polémica sobre la religión y el capitalismo. Instituto de Investigaciones en Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina, Buenos Aires 1984.

[2] Véase Javier Rodríguez Martínez, ed., En el centenario de La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid 2005.

[3] R. Stark, The Rise of Christianity. How the Obscure, Marginal Jesus Movement Became the Dominant Religious Force in the Western World in a Few Centuries. Princeton University Press, Princeton 1996.

[4] El auge del cristianismo. Editorial Andres Bello, Santiago de Chile / Barcelona 2001.

[5] La expansión del cristianismo. Un estudio sociológico. Editorial Trotta, Madrid 2009.

[6] How the West Won: The Neglected Story of the Triumph of Modernity. HarperOne, San Francisco 2012.

[7] How Denominations Die: The Continuing Self-Destruction of the Protestant “Mainline”. Próxima publicación. En el mismo campo de la religión en Estados Unidos, es realmente interesante su libro America’s Blessings: How Religion Benefits Everyone, Including Atheists. Templeton Press, 2012.

[8] The Victory of Reason. How Christianity Led to Freedom, Capitalism, and Western Success. Random House, New York 2005.

[9] Capitalismo se puede entender de muchas maneras. En la actualidad capitalismo es igual es especulación financiera, depredación de recursos globales. Aquí se entiende capitalismo por actividad industrial con vista al beneficio común, mediante la creación oferta de bienes necesarios a la sociedad. Sin entrar en más valoraciones éticas o políticas.

[10] A este respecto se pueden también se pueden consultar las obras de Rémi Brague, Mitos de la Edad Media. La filosofía en el cristianismo,

el judaísmo y el islam medievales (Nuevo Inicio, Granada 2013); y Jacques Le Goff, padre del medievalismo moderno, El hombre medieval (Alianza, Madrid 1995); ¿Nació Europa en la Edad Media? (Crítica, Barcelona 2003).

[11] John T. Noonan, The Scholastic Analysis of Usury. Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts 1957.

[12] Thomas F. Divine, Interest: An Historical and Analytical Study In Economics and Modern Ethics. The Marquette University Press, Milwaukee 1959.

martes, 17 de septiembre de 2013

La Teología de la Liberación respira.



Juan G. Bedoya


Los mensajes del Papa sobre la pobreza y el poder avivan el debate sobre la Teología de la Liberación
El cardenal Cipriani tacha de “ingenuo” que el pontífice reciba al fundador de esa corriente
Los pobres, el dinero, el poder eclesiástico: he aquí buena parte de los debates entre eclesiásticos desde que el jesuita Francisco está al frente de la Iglesia romana. En medio, el fantasma de la Teología de la Liberación, un movimiento execrado con severidad durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, éste en primera línea de combate cuando fue prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que es como se llama ahora el Santo Oficio de la Inquisición.

Todavía en 2009, advirtió Ratzinger sobre los “desastrosos efectos” de esa corriente teológica. “Sus consecuencias, hechas de rebelión, división, ofensa y anarquía aún ahora se hacen sentir, creando gran sufrimiento y grave pérdida de fuerzas vivas”, dijo. Anteayer remachó la execración el cardenal arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, del Opus Dei.

La teoría sobre la proverbial hostilidad entre la Compañía de Jesús y el Opus colmó de maledicencias la Red cuando fue elegido papa el jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio, que tomó el nombre de Francisco, el santo de los pobres. ¿Se resignaría el Opus a perder más poder en el Vaticano, y, para colmo, a manos de sus competidores de antaño ante las altas burguesías católicas? Los pasos aperturistas de Francisco, sobre todo su revolucionaria sencillez y austeridad, además del tono cuasi revolucionario de algunos de sus discursos, empiezan a chirriar en sectores ultras de la Iglesia. No es casualidad que la primera reacción pública proceda del más alto eclesiástico del Opus, el cardenal de Lima. La chispa tampoco es baladí: la audiencia que Francisco concedió el miércoles al teólogo Gustavo Gutiérrez, el fundador de la Teología de la Liberación.

El cardenal Cipriani calificó de “ingenuo” al prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el alemán Gerhard Müller, por haber promovido ese encuentro y por acoger en Roma a Gutiérrez como si fuese un gran pensador ortodoxo. Añadió el prelado en declaraciones a Radio Programas del Perú (RPP): “Müller es buen alemán y buen teólogo, un tanto ingenuo. Mi lectura es que ha querido acercarse a su amigo Gutiérrez, a quien le tiene cariño, a quien quiere de alguna manera ayudar a rectificar e insertarse en la Iglesia católica. La reunión está siendo utilizada para describir un acercamiento con una corriente teológica que hizo mucho daño a la Iglesia”.

Sostuvo Max Weber que los evangelios tienen la mala costumbre de hablar bien de los pobres y mal de los ricos. Resume esa impresión la parábola del camello y la aguja, que está con ligeras variaciones en los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas. “Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entre un rico en el reino de Dios”. La frase debió hacerse famosa nada más pronunciarla Jesús, el fundador cristiano. Muy pronto iba a ser detenido cerca de Jerusalén, torturado y crucificado por el sistema de poder de su tiempo, también por el sistema religioso.

Bergoglio concediuó el miércoles audiencia al teólogo Gustavo Gutiérrez

En sus comienzos, el mensaje cristiano puso el acento en el abismo que media entre los ricos y los pobres, entre los humildes y los poderosos. No siempre ha sido así, y menos cuando el imperio romano es relevado en Roma por el imperio católico. Pero siempre ha habido voces de teólogos y jerarquías en favor de los desheredados de la tierra. Teología para los pobres, no sobre los pobres.

La primera vez que se acuña el programa eclesiástico de “la opción por los pobres” es por boca de Juan XXIII, en 1962. Fue el pontífice que convocó el Concilio Vaticano II. Tenía dos preocupaciones, el diálogo con el mundo moderno y la unidad de las iglesias, pero días antes de la inauguración introdujo una tercera línea de debate: los pobres. “Opción por los pobres”, pidió. Seis años más tarde, en mayo de 1968, el entonces prepósito general de los jesuitas, Pedro Arrupe, pidió a los miembros de la Compañía de Jesús en América Latina que tal opción fuese “preferencial”. Así nació la Teología de la Liberación.

¿Tiene vigencia esta teología tras 40 años de condenas y castigos? La pregunta está en el ambiente, con gran preocupación entre los sectores que empiezan a recelar del discurso y las formas, claras y sencillas, del nuevo papa, jesuita y argentino. La pasada semana, el periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano, dedicó gran espacio al libro en italiano De parte de los pobres, teología de la liberación, teología de la Iglesia, escrito por Gustavo Gutiérrez junto con el arzobispo Gerhard Ludwig Müller, exprelado de Ratisbona (Alemania) y actual prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe. Gutiérrez, ahora ingresado en un convento de dominicos en Francia, fue quien dio nombre al movimiento con la publicación en Lima, en 1971, del libro Teología de la Liberación.

‘L’Osservatore romano’ dedicó un gran espacio al líder de esa corriente

Una fotografía del teólogo con el arzobispo Müller presentando ese libro en alemán, de hace algunos años, ha dado ahora la vuelta al mundo y ha alarmado a los detractores de esa teología. Müller fue alumno y es amigo del pensador peruano desde que, siendo joven el prelado alemán, acudió a Lima a foguearse entre los pobres. “Ese nombramiento como prefecto de la Congregación que se ocupa de la ortodoxia de la doctrina católica, sumado a la elección de un jesuita y arzobispo de Buenos Aires como obispo de Roma, fueron calificados en algunos ambientes como una revancha de la Teología de la Liberación, criticada por Juan Pablo II y por el cardenal Ratzinger”, escribió en mayo la agencia de noticias Zenit, propiedad de los Legionarios de Cristo.

Ha sido una impresión muy extendida. En aquel momento, esto es lo que declaró Müller, según la misma agencia: “Es necesario distinguir entre una teología de la liberación equivocada y una correcta. Un cristiano tiene que encontrarse en su casa en cualquier parte”. Antes, en 2004, había dicho en Ratisbona que “la teología de Gustavo Gutiérrez, al margen de cómo se la considere, es ortodoxa porque es ortopráctica y nos enseña el correcto modo de actuar cristiano, ya que deriva de la fe auténtica”.

Pero la agitación de partidarios y detractores trasciende la famosa fotografía. Esto opina el obispo Pedro Casaldáliga: “Con la llegada del papa Francisco se ha agitado el tema y nos hemos confirmado en la convicción de que la teología es Teología de la Liberación o no es teología, ciertamente no lo sería del Dios de Jesús”. ¿Quién le tiene miedo a la Teología de la Liberación?, se pregunta este prelado catalán, obispo desde 1971 de la diócesis de São Felix do Araguaia, la más extensa del Brasil. Amenazado de muerte por defender a los pobres y a sus combativos teólogos y sacerdotes, salvó la vida cuando Pablo VI advirtió bien alto, para que oyera la dictadura de aquel tiempo: “Quien toca a Pedro, toca a Pablo”. No tuvieron tanta suerte otros mártires de esa teología, como el también obispo Oscar Romero, de El Salvador, ya en tiempos de Juan Pablo II.

Sartorio ve lógico el resurgir de esta teoría “con un papa jesuita y latinoamericano”

Que la primera encíclica escrita en solitario por Francisco vaya a titularse Beati pauperes (Bienaventurados los pobres), no avala a quienes le suponen veleidades con la teología de la liberación. Al contrario, ya expresó su criterio contrario durante el pasado viaje a Brasil, el mes pasado. Nada de experiencias que tengan algo que ver con el marxismo, ha proclamado. ¿Acaso es marxista la Teología de la Liberación? “Si doy limosna a un pobre, me llaman santo; si pregunto por qué hay tantos pobres e intento ayudarles, me llaman comunista”, se lamentaba Hélder Pessoa Cámara, el famoso obispo de Recife (Brasil).

Cuando murió Juan XXIII en pleno concilio, se escuchó a un monseñor de la Curia romana rezar por él. “Que Dios le perdone el daño que ha hecho a la Iglesia con este concilio”. Años más tarde, fue Pablo VI el execrado por la Iglesia tradicional a causa, sobre todo, de su apoyo a los padres de la Iglesia latinoamericana reunidos en Medellín (Colombia), en 1968, para ver cómo podían aplicar el Vaticano II en las realidades de América Latina. De aquel acontecimiento dice ahora Gustavo Gutiérrez: “El problema al que nos enfrentábamos no es cómo hablar de Dios en un mundo adulto, sino cómo anunciar a Dios como padre amoroso y justo en un mundo inhumano e injusto”.

Raúl Vera, obispo de Santillo (México), se suma a esa protesta y devuelve la pelota a quienes creen que Juan Pablo II y Ratzinger hicieron bien persiguiendo a prelados y sacerdotes comprometidos con Medellín y con Pablo VI. “No se corrigió en Puebla la Teología de la Liberación, se corrigió el Evangelio”, dice. Puebla, en México, fue donde el papa polaco tronó más alto contra los teólogos de la liberación. Raúl Vera, que fue prelado auxiliar del mítico Samuel Ruiz en la diócesis de Chiapas, ha estado este fin de semana en Madrid para hablar al congreso de la Asociación de Teólogos Juan XXIIII.

Según el obispo mexicano Raúl Vera, “en Puebla se corrigió el Evangelio”

“¡Cómo me gustaría tener una Iglesia pobre y para los pobres!”, dijo Francisco la pasada primavera, nada más ser elegido papa. ¿Suena acaso a teología de liberación? Rodeado de potentados de todo el mundo, había afeado antes, en su primer discurso oficial, las ínfulas de poder de las jerarquías católicas. Raúl Vera, el obispo mexicano, susurró en aquel momento a su compañero de escaño en la basílica de San Pedro: “Oye, qué bien, este Papa viene a por nosotros”. Lo cuenta a EL PAÍS antes de subrayar que Francisco también ha exhortado a los jóvenes a ser revoltosos (“tengan el valor de ir contra corriente”), y a los obispos a oler menos a pastor y más a oveja.

Hay un debate abierto sobre la vigencia de esta teología, o sobre su futuro, al que los obispos españoles no son ajenos. Sus medios de comunicación así lo reflejan, casi siempre con hostilidad. Sin embargo, callan al ser preguntados. Varios prelados se han negado a entrar en el tema, a consultas de EL PAÍS. Es como si estuvieran esperando una señal del Vaticano, aparte la ya enviada por L’Osservatore Romano acogiendo a Gustavo Gutiérrez en sus páginas.

“Con un papa latinoamericano y, además, jesuita, la Teología de la Liberación no podía quedarse mucho tiempo en la sombra, donde ha estado relegada desde hace años”, dice Ugo Sartorio, teólogo italiano y director del Messaggero di Sant’Antonio, comentando ese hecho. “Se trata de una teología que fue dejada fuera de juego por un doble prejuicio: uno, que todavía no ha metabolizado la fase conflictiva de mediados de los años ochenta, y otro, el rechazo de una teología considerada demasiado de izquierdas y, por tanto, tendenciosa”, añade.

Juan Rubio, de ‘Vida Nueva’: “El análisis marxista ya quedó relegado”

Esto opina Juan Rubio, director de Vida Nueva, la gran revista católica española (de la congregación marianista) con ediciones en Hispanoamérica: “La Teología de la Liberación ha ido creciendo en ramas distintas, coincidiendo con los cambios sociopolíticos de América Latina y del Caribe. Los planteamientos son distintos porque las situaciones son distintas. El análisis marxista ya quedó relegado en muchos de los posicionamientos de esta teología, pese a que hay quienes para atacarla aún siguen esgrimiendo injustamente esas razones de método. La pregunta es si esa teología es ya parte de la historia y cumplió su papel, o por el contrario, ha evolucionado y ofrece claves que puedan ayudar a entender la realidad de pobreza, injusticia y opresión, de nuevo cuño, en las que viven inmersos aun hoy aquellos países. Esa es la pregunta que se hacen muchos cristianos que ven en esta teología un compromiso afectivo y efectivo con el Evangelio y con la necesaria conversión de estructuras injustas. Nuevas perspectivas se abren, no hay que estar cerrados a ellas”.

Juan Rubio, que conoce bien a los obispos españoles y ha conversado durante horas en el reciente pasado con el papa Francisco (la edición argentina de Vida Nueva fue apadrinada por el actual pontífice, entonces arzobispo de Buenos Aires), sostiene que “la Teología de la Liberación, como una más, no la única y exclusiva, ayudará a aquellas iglesias a entender mejor aquellas realidades. Pueden ser más o menos discutibles algunos de sus puntos, pero lo que nunca puede hacer la Iglesia es amordazar e impedir el sano y libre ejercicio de la teología, así como la propia misión magisterial de la Iglesia. Un diálogo parece abrirse ahora de la mano de los seguidores de Gustavo Gutiérrez con un papa que, si bien no es considerado seguidor de esa teología, si está en condiciones de entenderla mejor. Se abre una etapa de dialogo en la que primará, sin duda, el reconocimiento a tantos hombres y mujeres que siguiendo estas líneas teológicas han dado su vida testimonialmente en defensa de los más pobres”.

A pesar de los gestos, Tamayo cree difícil que Roma apoye esta teología

En cambio, Juan José Tamayo, reelegido el sábado pasado secretario general de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, duda que la Iglesia institucional pueda asumir la Teología de la Liberación, pese a que a la vista de no pocos de los gestos, palabras, actitudes y opciones de Francisco, la respuesta pueda parecer afirmativa. Añade: “Así lo creen importantes sectores religiosos y laicos, incluidos los progresistas y hasta algunos teólogos —no así las teólogas— de la liberación. Yo creo, sin embargo, que una teología de la liberación que hace de la opción por los pobres su imperativo categórico es difícilmente asumible por la institución eclesiástica por el lugar social en el que se ubica —los pobres, los movimientos sociales—, la radicalidad de sus opciones —interculturalidad, pluralismo y diálogo interreligioso, diversidad sexual—, la revolución metodológica que implica y la crítica del poder eclesiástico y de sus instituciones”.