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martes, 19 de febrero de 2019

Amazonía, pecado estructural y gracia ecológica en la misión liberadora.


Agustín Ortega, teólogo

Hemos participado en el encuentro nacional "Amazonía, reto a la evangelización" (12 y 13 de febrero, Lima), organizado por el Instituto Bartolomé de Las Casas. Allí estuvimos con el P. Fr. Gustavo Gutiérrez OP, sacerdote dominico, uno de los pensadores y teólogos más significativos de nuestra época.

Gustavo Gutiérrez es psicólogo, filósofo, doctor y profesor universitario en teología, escrito y autor de numerosos libros, publicaciones, artículos...Íntimo amigo del Cardenal G. L. Müller, que fuera Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe, con quien ha escrito dos muy buenos libros, uno de ellos con prólogo del Papa Francisco, que recomendamos vivamente. En ellos, Müller reconoce toda su labor teológica, eclesial y su testimonio de fe.


Recientemente, Gustavo recibió una carta de reconocimiento del Papa Francisco, en la que lo felicita de esta forma:


"Te agradezco por cuanto has contribuido a la Iglesia y a la humanidad, a través de tu servicio teológico y de tu amor preferencial por los pobres y los descartados de la sociedad; por todos los esfuerzos y por tu forma de interpelar la conciencia de cada uno - continúa Francisco - para que nadie quede indiferente ante el drama de la pobreza y la exclusión".


Es fundador del Instituto Bartolomé de Las Casas. Y ha sido reconocido con diversos doctorado honoris causa en distintas universidades, con el premio príncipe de Asturias en humanidades (España) y las palmas magisteriales-amauta (Perú).


Desde la obra de Gustavo con la guía de la Palabra de Dios y el magisterio de la iglesia, con la enseñanza de los papas como Francisco, vamos a hacer una lectura teológica de lo transmitido en este encuentro. Allí miembros de la iglesia como laicos indígenas, religiosas misioneras y sacerdotes presbíteros nos mostraron el auténtico pecado estructural que se está cometiendo con ese pulmón del planeta, como es la Amazonía; a la vez que visibilizaron todos esos signos de la Gracia, que se manifiestan en la vida y misión de la iglesia. Existen unas estructuras sociales (económicas, políticas e ideológicas) de pecado que están expoliando los bienes y recursos de las comunidades indígenas de la Amazonía, contaminado y destruyendo todo el hábitat natural: aguas, ríos, bosques, cultivos, el mismo aire...


Todo este pecado socio-estructural está ejercido por estos poderes económicos, políticos e ideológicos nacionales y trasnacionales, por empresas multinacionales y de los países, con la complicidad de los estados o gobiernos. Empresas madereras, mineras, petroleras, etc. que están arrasando con la Amazonía, acabando con la vida de sus comunidades, de los pueblos y con el hábitat ecológico. Tal como nos enseña la iglesia con Francisco, es una economía que mata, un verdadero terrorismo económico. Una real estructura de pecado, con la cultura de la muerte, que acaba con la vida en todas sus fases y formas o dimensiones, ejercida por los poderosos y enriquecidos que oprimen, empobrecen y matan a los pueblos, a los pobres y al planeta tierra (creación).

El pecado personal con el egoísmo y sus ídolos de la riqueza-ser rico y del poder ha cristalizado (se ha institucionalizado) en estas corporaciones económicas, políticas e ideológicas que están imponiendo toda esta cultura de la muerte, desigualdad e injusticia socio-ambiental global. Y va destruyendo la vida de las poblaciones como las indígenas, de los pobres y de la tierra. Frente a todo lo anterior, la Gracia del Dios de la misericordia ante el sufrimiento del reverso de la historia, en el seguimiento de Jesús, convoca a la iglesia samaritana. Es la iglesia misionera, con la conversión pastoral y ecológica, en salida hacia las periferias. Iglesia con entrañas misericordiosas que ejerce la compasión y la justicia en medio del dolor e injusticia de las víctimas, de los oprimidos arrojados a la cuneta de la realidad histórica, del grito de los pobres y el clamor de la tierra.


La Gracia del Dios Amor se revela en la iglesia, en los pueblos y los pobres que van ejerciendo su vida teologal, con el servicio (diakonía) de la caridad interpersonal y política. El Don de la Gracia de Dios constitutivamente se expresa en el amor civil y público, la caridad política, que busca la civilización del amor, el bien común más universal y la justicia social, mundial y ambiental con los pobres. La Gracia de Dios acogida y llevada al servicio del amor, en la misión de la Iglesia con los pueblos y los pobres, va realizando la salvación por la caridad y la justicia con la liberación integral de todo pecado, mal e injusticia. El Reino de Dios y su justicia nos traen esta salvación liberadora, que se va anticipando ya en la historia y culmina en la vida trascendente, plena y eterna.


La salvación se va efectuando en las liberaciones humanas e históricas globales y, finalmente, se consuma en la liberación escatológica, con los cielos nuevos y la tierra nueva. Es una liberación sociopolítica de todas estas estructuras sociales opresoras e injustas, de los sistemas económicos y políticos perversos e inhumanos, que niegan la vida y dignidad de las personas, de los pueblos y de los pobres. Liberación ética de la alienación humana, que no permite a la persona ser sujeto protagonista, gestor y transformador de la realidad social e histórica. Y liberación espiritual del pecado del mundo que se opone al Reino de Dios y su justicia, de todo lo que aparta del Amor de Dios y del prójimo que son inseparables y que, de forma indisoluble, se unen a la promoción de la justicia. Todas estas liberaciones se reclaman y exigen mutuamente en un proceso soteriológico dinámico, salvador y liberador de todo este pecado e idolatrías que esclavizan al ser humano.




La Gracia de Dios y su Amor se hace realidad en la opción por los pobres, aquellos a los que se les niega la vida y mueren antes de tiempo, como autores de su promoción liberadora e integral. La opción por los pobres lleva a cabo realmente el amor universal y real (concreto e histórico), ya que los pobres son los seres humanos a los que se les impide acceder a este amor para toda la humanidad, sufriendo y padeciendo todo mal e injusticia negadora de la vida. La humanidad vive en esta unidad de la historia, en la única historia de la salvación, donde la Gracia del amor y la justicia liberadora pugnan contra el pecado, el mal e injusticia. La Gracia de Dios y su amor es lo que mueve al mundo, lo que nos salva y libera, más entra en conflicto con el pecado del mundo, con la opresión e injusticia que personas y grupos sociales causan a otros seres humanos, comunidades y pueblos empobrecidos, oprimidos y marginados.


Tal como nos ha enseñado la iglesia con su doctrina social, por ejemplo, todo este conflicto (cuestión) social entre el capital y el trabajo, los falsos dioses del beneficio y la productividad para la ganancia que impiden la vida digna de la persona trabajadora, que rechaza sus derechos como es un salario justo. Por tanto, el auténtico desarrollo humano e integral requiere toda esta liberación global, con una economía y globalización más ética al servicio de las necesidades y capacidades humanas.


La mundialización de la solidaridad y de la justicia socio-ambiental, con una ecología integral, que promueva la vida de las personas, de los pueblos y del planeta tierra; con una interculturalidad que respete todo lo bueno, bello y verdadero de las tradiciones, culturas y religiosidad de los pueblos que nos comunican tantos valores, espiritualidad y trascendencia. En Jesucristo se nos revela el Dios de la vida. El Dios salvador y liberador que hace justicia a los pobres, que defiende la vida y dignidad de las personas, que nos regala la belleza de la naturaleza, de la creación y del cosmos en donde se manifiesta la Gloria de Dios, que estamos destruyendo.

miércoles, 20 de junio de 2018

Dos cartas a favor de la Teología de la Liberación.


DOS CARTAS A FAVOR DE GUSTAVO GUTIÉRREZ


El 9 de marzo de 1984, el teólogo alemán Karl Rahner de 80 años, tuvo que ser hospitalizado en Innsbruck por una grave deficiencia circulatoria. Allí desde el hospital dirigió un escrito a la Conferencia Episcopal Peruana a favor de Gustavo Gutiérrez y de la teología de la liberación. El día 30 de marzo Rahner falleció. Este escrito último es como su testamento teológico.

Meses después, el 6 de agosto de1984, el Cardenal Josef Ratzinger, Prefecto de la Doctrina de la fe, publicó un documento muy crítico sobre la teología de la liberación, en el cual, aunque no se citaban nombres, la figura de Gustavo Gutiérrez, su iniciador, quedaba seriamente cuestionada.

Han pasado 34 años y el papa Francisco el 29 de mayo de 2018 escribe una carta a Gustavo Gutiérrez para felicitarle con ocasión de cumplir 90 años el 8 de junio de este año. En esta carta Francisco agradece a Dios y a Gustavo “por cuanto has contribuido a la Iglesia y a la humanidad a través de tu servicio teológico y de tu amor preferencial por los pobres y descartados”. 

¿Qué ha sucedido en este lapso de tiempo? Gustavo -ahora dominico- durante estos años ha respondido a los cuestionamientos y acusaciones que le hacían sobre el uso de las ciencias sociales, y en especial del marxismo, en su teología, ha explicado sus afirmaciones, pero no ha hecho marcha atrás de sus intuiciones y ha ido profundizando su pensamiento sobre el Dios de la vida, la opción por los insignificantes, la inhumana y antievangélica pobreza actual, se ha preguntado dónde dormirán hoy los pobres, ha presentado la figura ejemplar de Bartolomé de Las Casas que fue en busca de los pobres de Jesucristo, ha procurado beber del propio pozo de la realidad de lágrimas y sangre de los pobres y ha orientado su teología a la evangelización y a la Iglesia.

A pesar de ello hay quienes siguen sospechando de la ortodoxia de la teología de la liberación. A Gustavo no se le ha permitido pronunciar conferencias en su Lima natal, otros opinan que afortunadamente la teología de la liberación ya ha muerto, aunque Gustavo responde con humor que a él que es su padre, no le han invitado al entierro…

¿Qué pensarán ahora estos críticos después de este testimonio positivo y fraterno de Francisco sobre Gustavo Gutiérrez y su obra teológica al servicio de la Iglesia y de la humanidad? ¿Se habrá enterado de esta carta rehabilitadora de Gustavo el anciano Benedicto XVI, recluido en un monasterio contemplativo de la Ciudad del Vaticano?

En todo caso hay que afirmar que el viejo Rahner fue muy lúcido y noble, aunque la teología de Gustavo era muy diferente de la suya y en el fondo la cuestionaba. Y que la Iglesia, en medio de sus noches oscuras y de sus inviernos eclesiales y aunque parezca que Jesús duerme en la barca, es conducida por el Espíritu del Señor a una verdad cada vez más plena. Y que el escuchar el clamor de los pobres es una señal de garantía evangélica para la teología.

Gracias, Francisco y felicidades, Gustavo.

miércoles, 13 de mayo de 2015

No se está rehabilitando la Teología de la Liberación, se está rehabilitando el Evangelio


La cuestión no es la teología sino la importancia de que la Iglesia vuelva a ocuparse de los pobres, pero esto ya lo encontramos en las enseñanzas del Evangelio

Gustavo Gutiérrez


Por la puerta grande del Vaticano. Gustavo Gutiérrez, uno de los padres de la Teología de la Liberación, participó esta mañana junto al cardenal Maradiaga en la rueda de prensa con motivo de la Asamblea General de Cáritas Internationalis, donde presentará una ponencia bajo el título "Iglesia pobre para los pobres". El teólogo peruano, quien aseguró que "nunca hubo una condena" contra esta corriente teológica, mostró su alegría por la beatificación deÓscar Romero. "Los mártires latinoamericanos fueron asesinados por Dios, por la Iglesia y por el pueblo", aseguró.


"No ha habido nunca una condena a la teología de la Liberación. Nunca. Si se ha dicho esto no es verdad. Sí hubo un diálogo con la congregación (de la Doctrina de la Fe). Un diálogo muy crítico, eso es verdad", explicó Gutiérrez al ser preguntado sobre la actual relación del Vaticano con esta forma teológica.

Durante los años 80 fueron varios los documentos de la Congregación de la Doctrina de la Fe, cuando era prefecto Joseph Ratzinger, en la que se la criticaba duramente.

En un documento de agosto de 1984,Ratzinger advertía "de las desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana, que implican ciertas formas de teología de la liberación que recurren, de modo insuficientemente crítico, a conceptos tomados de diversas corrientes del pensamiento marxista".

Aunque no desautorizaba "a todos aquellos que quieren responder generosamente y con auténtico espíritu evangélico a la opción preferencial por los pobres", añadía el documento.

Gutiérrez aseguró hoy que, aunque en las reuniones de las Conferencias Latinoamericanas como las de Medellín, Puebla y Aparecida ya se afirmó el principio de que la Iglesia debe tener una "predilección por los pobres, ahora es más claro con el testimonio del papa Francisco".

El teólogo peruano admitió la mejoría en "las relaciones personales y la comprensión de lo que es la teología de la liberación y en su crítica" y dijo que "en ello se ha dado un paso muy importante".

Gutiérrez también explicó que aunque él se siente un teólogo y defiende la teología, "ésta es un acto segundo, que no secundario, porque lo primero es ser cristiano".

"Finalmente la cuestión no es la teología sino la importancia de que la Iglesia vuelva a ocuparse de los pobres, pero esto ya lo encontramos en las enseñanzas del Evangelio", agregó.

A la pregunta sobre si pensaba que en el Vaticano se ha "rehabilitado" la teología de la Liberación, el teólogo peruano reafirmó que no se puede "rehabilitar algo que nunca se inhabilitó", pero aseguró que "está viviendo un nuevo momento" y que lo más importante es que se está "rehabilitando el Evangelio".

Sobre si cambiaría algo de la teología de la Liberación, Gutiérrez explicó que es como "una carta de amor a Dios, a la fe y al pueblo, que se puede escribir durante la vida de diferentes maneras, pero siempre con la misma fidelidad y el mismo amor".

El cardenal hondureño Óscar Rodríguez Maradiaga aseguró hoy que "América Latina está muy agradecida por la beatificación del arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero", pues es una guía para seguir ocupándose de los más pobres.

El cardenal hondureño, que es presidente de Cáritas Internacional, hizo estas declaraciones en la rueda de prensa que presentó la Asamblea de este organismo que se celebrará en Roma y en la que se elegirá a su sucesor.

La beatificación de Romero "es una luz en el firmamento de la Iglesia que nos guía para seguir unidos y conservar a los pobres en el centro de nuestros corazones".

Tras 20 años de la apertura de su causa, la beatificación de Romero, asesinado en 1980 mientras daba misa, será el próximo 23 de mayo, después de que fuera autorizada por el papa Francisco al firmar el decreto sobre su martirio.

Sobre ello también intervino hoy uno de los padres de la Teología de la Liberación, el peruano Gustavo Gutiérrez, quien aseguró que "se puede decir que se ha caído un muro" en la Iglesia católica, ya que se ha cambiado el sentido de lo que era el martirio.

Según Gutiérrez, "los mártires latinoamericanos fueron asesinados por Dios, por la Iglesia y por el pueblo, pero lo de ser asesinado por amor al pueblo no estaba contemplado en la tradición de la Iglesia".

Entre otras oposiciones, la condición de "mártir" fue la que encontró más objeciones durante este proceso de beatificación del arzobispo salvadoreño y acabó retrasando la causa, que con el inicio del pontificado de Francisco retomó su curso.

miércoles, 12 de marzo de 2014

¿Esperanza de la liberación o esperanza de la libertad? Una perspectiva protestante.


En algún momento, Gustavo Gutiérrez caracterizó la teología de la liberación diciendo que “la meta es la libertad; la liberación es el camino”. José Míguez Bonino[1]

La libertad es alas,/ es el viento entre hojas, detenido/ por una simple flor; y el sueño/ en el que somos nuestro sueño;/ es morder la naranja prohibida,/ abrir la vieja puerta condenada/ y desatar al prisionero:/ esa piedra ya es pan,/ esos papeles blancos son gaviotas,/ son pájaros las hojas,/ y pájaros tus dedos: todo vuela. Octavio Paz.[2]

Estas son apenas unas notas sueltas sobre el tema que nos ocupa, que intentaré articular en el contexto del 3er Fòrum Català de Teologia i Alliberament (Lluitem per la esperança). La noción de esperanza es y ha sido fundamental en el contexto latinoamericano, del que provengo, y comienza a serlo de manera acuciante en el contexto Sudeuropeo, donde la situación de exclusión y la pérdida creciente de la “calidad de vida” se cierne sobre la vida de mucha gente. Cuando hablamos de esperanza, me gustaría que la consideremos desde el punto de vista experiencial: hablamos de aquello que se coloca delante de nosotros como aspiración, ilusión, deseo, expectativa y, asimismo, hablamos de las experiencias que nos mueven a buscar, luchar, comprometernos pero también nos frustran y nos desilusionan. No se puede vivir sin esperanza, porque somos seres de deseos y, además, porque la cultura misma opera sobre los horizontes de esperanza.

Los horizontes de esperanza se amplían o se reducen según los condicionamientos socio-culturales y económicos: hay quien espera comprarse un automóvil nuevo o tener más ingresos de dinero y hay quien espera poder tener comida y obtener un trabajo que le permita sobrevivir. Tales horizontes no tienen el mismo contenido ni la misma amplitud. Recuerdo las reflexiones de un sacerdote argentino que, a finales de los 90 en Buenos Aires, hablaba de los efectos de la crisis económica y el desempleo en la gente común: decía que a la gente se le estrechaba el horizonte de esperanza, que un padre no sólo sufría por no tener trabajo sino que su sentido de dignidad se hacía añicos ante sus hijos, cuando no podía darles algo que deseaban.

Esto resulta pertinente si pensamos que la actual crisis en España (y en el sur de Europa en general) tiene una dimensión concreta, agónica: el estrechamiento del horizonte de esperanza en la experiencia cotidiana de las personas y las familias cada vez más precarizadas. Pero la crisis no es tan sólo una crisis en el sentido de haber entrado en una especie de “estado de excepción”, que tarde o temprano retornará a una supuesta “normalidad”, o en una recuperación del estado de bienestar social. Es también una crisis de esperanzas o la aparición de formas de desesperanza que señalan una crisis sistémica, un resquebrajamiento de las certezas que sustentan el ordenamiento social, económico y político presente.

Es ahora cuando se escuchan planteamientos que proponen una salida del modelo de sociedad basado en la ideología del “libre mercado”, es decir, la necesidad de pensar una sociedad fuera del modelo capitalista. Apenas 5 o 6 años atrás era impensable que hubiera una atención considerable a críticas del sistema capitalista como las que podemos escuchar hoy (v.gr. el libro “Sin miedo” de Teresa Forcades y Esther Vivas o el planteamiento sobre una economía del decrecimiento de autores como el profesor Carlos Taibo). Se trata, sin lugar a dudas, de un contexto en el cual se han fragmentado muchas esperanzas, predomina la desesperanza y parece necesario luchar por nuevos horizontes de esperanza.

Si el contexto actual es una situación donde es determinante la lucha por la esperanza, entonces estamos en una situación semejante a la que se corresponde con la literatura apocalíptica de los textos bíblicos: los textos apocalípticos se corresponden con momentos oscuros de la historia, plagados de injusticias. Tiempos donde la gente es aplastada por la fuerza opresora de los poderosos. Sin embargo, se utiliza mal la noción de lo “apocalíptico”, porque los textos literarios de este tipo nacen de una preocupación pastoral que quiere alentar a los desesperados y ofrecer un espacio de resistencia, para hacer posible la esperanza en la vida concreta de la gente. En el N.T. los textos de tipo apocalíptico resaltan la inminencia de una nueva edad y generan el imaginario de un orden radicalmente distinto, con el fin de que se produzca una forma de resistencia capaz de ofrecer una nueva esperanza.

No sé hasta dónde se puede decir que ha llegado la hora de una reflexión teológica que considere con seriedad las implicaciones de la escatología neotestamentaria, sobre todo en los textos apocalípticos, dentro del contexto de Sudeuropa. Pero, en tanto que inmigrante, sí recuerdo que hace unos 8 o 9 años, en una conversación en torno al libro del Apocalipsis, un biblista catalán me decía que ése era un libro que tenía mucho interés en países subdesarrollados, en Latinoamérica o África, pero que en Catalunya, o Europa en general, no tenía mucha relevancia. Me parece que hoy día ya no se puede sostener esa afirmación.

Por tanto, me gustaría plantear la siguiente cuestión: ¿qué significa luchar por la esperanza en este contexto de crisis desde una perspectiva utópica o escatológica? Y ¿qué significa hacerlo en el contexto y el momento actual de la Europa del sur (o el estado español)? A fin de generar una conversación inicial, y con muchas salvedades de la necesaria reflexión, de matices y precisiones también necesarios, quiero sugerir tres puntos, abiertos a la discusión: Primero, creo que la lucha por la esperanza, supone una doble referencia a la libertad como horizonte de sentido. Segundo, la lucha por la esperanza no puede tener lugar sin las experiencias de liberación que se ligan a percepciones apocalípticas del mundo. En tercer lugar, la lucha por la esperanza supone acciones, actitudes y decisiones que tienen un carácter provisorio o penúltimo. De manera sucinta explico cada punto.

Dos formas de libertad

En primer lugar, la lucha por la esperanza tiene una doble referencia a la libertad: por un lado tenemos el proceso histórico del mundo occidental moderno, donde la noción de libertad es constitutiva del mismo, puesto que ella es una condición para el ordenamiento político de una sociedad democrática o para la organización económica de la actividad mercantil o para los derechos fundamentales de cada individuo o, finalmente, para el uso de la razón que pueda desarrollarse sin la constricción o coacción de poderes autoritarios.

Sabemos que la crisis de la modernidad, y su expresión en lo que se denomina posmodernidad, nos hace cautelosos con respecto a esa noción de libertad en la historia de occidente, pero es innegable que no podemos pensarnos en ausencia de la libertad, sea como condición o como horizonte de sentido para la vida social, política, económica y racional. Por otro lado, la lucha por la esperanza tiene una referencia a la libertad como utopía desbordante, como la promesa de una vida sin sufrimiento, sin injusticias y sin mentiras. Es la libertad que se deriva de la misma promesa de Jesús: “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8, 32).

Si se lucha para generar esperanza en la vida de la gente, entonces son inevitables estas dos referencias a la libertad. Pero además, se trata de nociones que chocan, se tensan y polemizan entre sí, porque las diversas imágenes de la libertad en la sociedad moderna (la “libertad” del mercado, de la razón, del individuo) son una ficción social que está llena de contradicciones. Pero es una ficción operativa, que funciona de tal manera que bien podemos responder como aquellos “judíos” que polemizaron con Jesús (en el cap. 8 de Juan) y le decían: “somos descendientes de Abraham, y jamás hemos sido esclavos de nadie, ¿Cómo dices tú: Seréis libres?”, de manera que también podemos decir: “somos modernos (o posmodernos) y por tanto libres en una economía de libre mercado, libres en un orden político democrático, libres en un orden guiado por la sola razón libre y libres en tanto que individuos absolutamente libres”. Esta posible respuesta, desde nuestra condición moderna/posmoderna, revela las contradicciones entre dos formas de libertad: la libertad del proyecto moderno y la libertad de la promesa escatológica del evangelio. El epígrafe de José Míguez Bonino que he puesto al inicio (y la nota que amplía dicha cita), da cuenta de la polémica relación entre las dos formas de libertad.

Experiencias de liberación y mirada apocalíptica

En segundo lugar, la lucha por dar esperanza a la gente implica experiencias concretas, históricas, de liberación y tales experiencias suponen una mirada apocalíptica. Me explico: no se genera esperanza si no es con referencia a lo corporal, a lo inmanente, y esa liberación supone una situación de esclavitud, de atadura, de opresión o de exclusión y dominación.

Se aprende a esperar a partir de esas experiencias que nos liberan del peso opresor, cuando sentimos el poder para tener cierto dominio o dirección sobre nuestra vida, cuando salimos de una condición de padecimiento bajo cualquier tipo de esclavitud (bajo el poder de un opresor o bajo el poder de una adicción que me arrastra a la destrucción). Pero la liberación no se completa hasta que logramos ver de qué manera estábamos esclavizados y cómo poder ser libres, lo cual implica que nos damos cuenta de que nuestro mundo es un orden injusto, contradictorio y opresor: es así como adquirimos la mirada apocalíptica que nos muestra una sociedad corrompida, deteriorada, que no se puede arreglar con remiendos o parches, sino que tiene que ser reemplazado por otra cosa, por otro mundo mejor, de calidad radicalmente distinta.

El éxodo en la Biblia constituye la liberación del pueblo por parte de Dios sólo hasta que Israel pudo reconocer que la vida en Egipto, bajo la tutela de los poderosos dioses y de las majestuosas obras de ingeniería arquitectónica, agrícola y militar de su mundo, no eran más que una apariencia, puesto que debajo de aquel esplendor estaba la vida explotada, oprimida y esclavizada que tenían los hebreos.

Las experiencias de liberación no se terminan con la acción solidaria que comparte la comida, con las curaciones que liberan del poder depresivo de la enfermedad, sino que se completan con la mirada apocalíptica, que ya no puede mirar con ingenuidad el mundo que habita. Ahora, con la mirada apocalíptica sobre su mundo, el pueblo advierte su monstruosidad y quiere que venga otro mundo, que venga el Reino de Dios y que se haga la voluntad de Dios en la tierra.

Decisiones y acciones comprometidas, pero provisionales

Como tercer punto, sugiero que la lucha para generar esperanza en la gente implica siempre decisiones y acciones, actitudes y posicionamientos, que inevitablemente son algo provisional y penúltimo. Ello no significa que no sean acciones comprometidas, todo lo contrario. Pero no pueden sacralizarse como la “verdad absoluta”. Todas nuestras acciones se derivan de un discernimiento que intenta, al menos desde la experiencia de la fe, responder en obediencia al llamado de Jesús como Señor de la historia. Sin embargo, son acciones y actitudes que están mediadas por nuestros condicionamientos culturales, sociales, políticos y económicos y por nuestros prejuicios y herramientas de análisis. Por ello, son acciones y actitudes que tienen las mismas limitaciones que se derivan de tales condicionamientos y uso de herramientas.

Con todo, la lucha por la esperanza no puede esperar a que tengamos primero todas las respuestas o que poseamos unas garantías sobre el porvenir. En este sentido, el discernimiento de las comunidades de creyentes con respecto a los desafíos que le supone cultivar y dar esperanza a los demás, es un discernimiento que se hace en la confianza de que, aun cuando nos equivoquemos (y nos hemos equivocado muchas veces), la gracia del perdón es capaz de restaurar la historia. La esperanza que se anuncia y que se cultiva es una esperanza que no nace ni acaba en nosotros mismos, sino en el Hijo que libera (Juan 8, 36).

Luchar por la esperanza para que la gente experimente el poder

Dicho todo esto respecto a la lucha por dar esperanza a la gente (con su doble referencia a la libertad moderna y la libertad como promesa utópica; ligada a experiencias de liberación que nos hacen ver y querer el fin del mundo y el deseo por otro mejor; y conscientes de que nuestro papel no puede absolutizarse), diría que también es importante la cuestión del poder como experiencia y efecto de la misma esperanza.

Es importante tener presente que la esperanza no es tan solo una visión a distancia o una bonita imagen que nos atrae o nos impulsa hacia adelante. Si la esperanza se vincula con experiencias de liberación, es porque supone que hemos experimentado un poder, una nueva capacidad de autogestión, una fuerza y una inteligencia que nos hace capaces de crear nuevos caminos, otras alternativas.

El éxodo ocurre bajo esas experiencias de poder que el pueblo reconoce frente al poderío militar egipcio: el mar se abre, ellos caminan en seco y las aguas devoran al poderoso ejército que les pisaba los talones. Entonces, se lucha por la esperanza en la medida en que “podemos decir que podemos”, que asumimos una nueva agencia. La lucha por la esperanza tiene que pasar por esa experiencia de poder que dice “puedo, podemos”. Aquí, la especificidad de la invitación y el llamado del Reino de Dios en Jesús consiste en una experiencia de poder que siempre es relacional: no se trata del “yo puedo” individualista y aislado, como el hombre de la Ilustración kantiana, sino que se trata del “yo puedo en” Jesús. Yo puedo y juntos podemos en esa nueva humanidad que somos, a partir de la vida reconciliada, a partir de la nueva confianza que deriva de esa vida liberada, a partir del conocimiento relacional con Jesús, quien lo ha prometido así:seréis verdaderamente libres.

La lucha por la esperanza para la gente, como experiencia que se concreta en la vida histórica, cotidiana, se encarna en esa doble vivencia del poder colectivo de dos o tres o más sujetos, que se reconocen como parte de algo nuevo. Son experiencias que han de ser liberadoras en el cuerpo y en los nuevos vínculos, que se reconocen nuevas en la ligereza que permite ponerse de pie y caminar, y volar con otros porque, como dice el poema de Octavio Paz, la libertad es alas. Pero lo es en la experiencia histórica que desata al prisionero y que cumple, ya sin engaños ni tentaciones diabólicas, el sueño en el cual esa piedra ya es pan, porque todo vuela.

También los poetas son apocalípticos en el sentido pastoral, es decir los poetas trabajan para que la gente recupere la esperanza, pero no la esperanza en “la realidad” presente, sino en el mundo nuevo que está por venir.



[1] José Míguez Bonino, Rostros del protestantismo latinoamericano, Buenos Aires–Grand Rapids: Nueva Creación–Eerdmans Publishing, p. 30. Vale la pena citar lo que sigue diciendo Míguez Bonino: “Si la libertad es siempre –históricamente, al menos– ‘un blanco móvil’ y la liberación –también históricamente– un camino sin fin, ¿tenemos derecho a desvincular una de la otra? O más bien, ¿es posible desvincularlas sin desvirtuar la liberación que buscamos? Como creyentes, la ‘libertad’ que Jesucristo nos ofrece gratuitamente ¿no es la raíz y el sentido de nuestra participación en la historia? ¿Es posible renunciar a la ‘utopía de la libertad’ sin destruir la esperanza y quitar a cualquier búsqueda de liberación su calidad humana”, pp. 30 – 31.


[2] J. Nahún Sentíes Graham y Carlos Castillo, “La guerra en tiempos de Paz: una batalla por las letras”, pp. 64 – 65. Disponible: http://www.fundacionpreciado.org.mx/biencomun/bc159/Nahun_Catillo.pdf.

martes, 4 de febrero de 2014

¿Ha muerto la teología de la liberación?


Luis Rivera-Pagán

“A lo largo de todo el Antiguo Testamento [Dios] llamó profetas como Isaías, Amós… y otros para que denunciaran las injusticias sociales, la explotación… Los eclesiásticos que pretenden evadir la grave responsabilidad de comprometerse con la dura labor de librar a Puerto Rico de todas sus opresiones… están presentando al pueblo un Cristo falso.” (Puerto Rico, supervivencia y liberación, Antulio Parrilla Bonilla)

A principios de esta década visitó Puerto Rico una de las figuras cimeras de la teología latinoamericana, Gustavo Gutiérrez. En una extensa e intensa conversación que sostuvo con dos sacerdotes católicos – los frailes Ángel Darío Carrero y Mario Rodríguez León – y dos intelectuales protestantes – Samuel Silva Gotay y este servidor – surgió una pregunta que viene rondando desde hace varios años: ¿Ha muerto la teología de la liberación? ¿Ha perecido a causa de las represiones eclesiásticas, la crisis del “socialismo realmente existente” (como entonces se le tildaba) y la aparente victoria del neoliberalismo financiero y globalizante?

Tras el revuelo que han suscitado las últimas declaraciones del papa Francisco, sobre todo sus contundentes críticas a lo que ha catalogado de “economía de la exclusión y la inequidad”, “idolatría del dinero”, “economía sin un rostro… humano”, en la que “grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida…” la pregunta resuena nuevamente con cierta urgencia: ¿Ha muerto realmente la teología de la liberación?

Me parecen erradas las predicciones prematuras y generalmente interesadas de su disolución. Más bien, lo que acontece es una diversificación de temas y perspectivas que no abdican la hermenéutica teológica liberacionista. Ciertamente, la intuición clave de “opción por los pobres” se ha fragmentado, al calor de la valoración de las identidades y subjetividades particulares (género, raza, etnia, nacionalidad, cultura, orientación sexual), pero el resultado ha sido el fortalecimiento crítico de la perspectiva liberacionista, no su eliminación. Además, las fuentes matrices originales de la teología de liberación transcurren actualmente por un proceso de reforzamiento por las siguientes razones.

Primero, la persistencia tenaz de la pobreza y las asimetrías socioeconómicas, incrementadas por la globalización neoliberal y la hegemonía planetaria del sistema capitalista de mercado que pretende transmutar, a manera de un avaro rey Midas, todo lo que toca en lucro. Sus más devotos feligreses han augurado el fin de la historia, frase enigmática cuya oculta semántica preconiza la permanencia de un sistema económico que valora el cálculo de ganancias sobre la promoción humana equitativa y que para garantizar su dominio no vacila en emplear distintas modalidades de violencia imperial. Vivimos en un período histórico donde las desigualdades sociales se incrementan gracias al poder con pretensiones omnímodas del capitalismo financiero, hegemónico en nuestra era posmoderna. Es una nueva configuración de potestad global que requiere de nosotros, por consiguiente, novedosas reflexiones teóricas críticas.

Segundo, la rebeldía de los excluidos y empobrecidos, que reclaman un orden social alternativo y forjan nuevas instancias de resistencia. Ciertamente, son variados los postulados de reivindicación de los diversos movimientos sociales. Hay quienes repudian la miseria a la que intenta destinárseles, otros reclaman el reconocimiento de la plena dignidad de su raza, sexo, identidad cultural, nacionalidad u orientación sexual. Bien ha escrito Boaventura de Sousa Santos: “Son múltiples las caras de la dominación y de la opresión… Siendo múltiples las caras de la dominación, son múltiples las resistencias y los agentes que las protagonizan…” Esas distintas trincheras confieren complejidad teórica y práctica, pero también amplían las fronteras de los imaginarios utópicos que incentivan la resistencia social. Desde el sofisticado vínculo que Cornel West teje entre su lectura de Marx, el pragmatismo filosófico norteamericano y las tradiciones culturales de las iglesias afroamericanas (Prophesy Deliverance! An Afro-American Revolutionary Christianity, 1982) hasta la fascinante convergencia que concibe el nicaragüense Jorge Pixley entre los estudios históricos críticos de la Biblia, las teologías latinoamericanas liberacionistas y la filosofía anglonorteamericana del proceso, inspirada por los escritos de Alfred North Whitehead y Charles Hartshorne (Biblia, teología de la liberación y filosofía procesual: el Dios liberador en la Biblia, 2009), las teologías de la liberación se niegan a acatar las condenas y anatemas que tantas jerarquías eclesiales le han proferido, en estrecha consonancia con poderes muy profanos y seculares. Sin olvidar los desafíos liberacionistas obscenos y pervertidos, sus términos, de la argentina Marcella Althaus-Reid y su perturbador texto – Teología indecente: Perversiones teológicas en sexo, género y política (2005). Todo este caleidoscopio teológico suscita una transformación radical de la manera de ser iglesia en la historia. No se trata sólo de preconizar la “opción por los pobres”, sino de reconfigurar el pensamiento y la praxis eclesial desde la perspectiva de y la solidaridad con los diversos rostros de los excluidos y marginados.

Tercero, la recuperación, por parte de muchos cristianos, de la desafiante tesitura profética de las tradiciones bíblicas. Por más que se intente domesticar la fe cristiana, es imposible silenciar las memorias subversivas que anidan en sus textos y tradiciones más íntimas. El evangelio, como ha escrito el teólogo español José María Castillo, es “el recuerdo peligroso de la libertad que cuestiona todas nuestras opresiones, nuestros miedos, nuestros desalientos, nuestras cobardías y también nuestras seguridades. Por eso el Evangelio es memoria subversiva, que nos descubre horizontes insospechados de libertad y autenticidad. Sólo así podremos recuperar el significado y la práctica de la Religión de Jesús.” Las teologías de liberación, de orígenes muy diversos y múltiples talantes resignifican y recontextualizan esas memorias rebeldes. Es ahí donde se encuentra su peculiar ruptura epistémica. A pesar del optimismo imperial de controlar el imaginario posible de los pueblos, se vislumbran, incluso en círculos pentecostales, por tanto tiempo ajenos a los disturbios sociales y políticos, señales de una reconfiguración liberadora y profética de la teología.

Por último, retumba vigorosa la acuciante conciencia de que Dios aún importa. En el interior de los conflictos sociales, políticos y económicos que trastornan nuestras vidas, se encrespa vigorosa la “batalla por Dios”, como tan aptamente la cataloga Karen Armstrong. Dios, en este contexto, es repensado no como trascendencia impasible e inmutable, sino, a la manera bíblica, como Quien escucha con esmero y compasión el clamor de los oprimidos y excluidos. Cuando las miserias sociales que afligen la vida comunitaria se hacen intolerables, la memoria del Dios liberador irrumpe dramáticamente. Como categóricamente afirma el documento sudafricano Kairós: “A través de toda la Biblia Dios aparece como el libertador de los oprimidos.” Más allá de las disputas interminables entre el secularismo recalcitrante y el fundamentalismo religioso, el texto paradigmático de emancipación social vuelve a resonar vigorosamente: “Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre. Entonces pedimos auxilio al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestra voz. Él vio nuestra miseria, nuestro cansancio y nuestra opresión, y nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su brazo…” (Deuteronomio 26: 6-9).

Quizá estamos en vísperas del resurgir airoso de las teologías de liberación, acentuando esta vez su innegable y rica pluralidad. Si esta predicción expresa solo la ingenua ilusión de quien escribe estas líneas o si augura un proceso histórico viable y significativo, sólo el tiempo lo dirá. Por ahora me refugio en la afirmación de uno de mis escritores israelíes predilectos…

“The Bible… unlike the books of other ancient peoples, was… the literature of a minor, remote people – and not the literature of its rulers, but of its critics… The prophets of Jerusalem refused to accept the world as it was. They invented the literature of political dissent and, with it, the literature of hope.” (Jerusalem: Battlegrounds of Memory, Amos Elon).


Luis Rivera-Pagán


Profesor emérito del Seminario Teológico de Princeton. Es autor de varios libros, entre ellos, Evangelización y violencia: La conquista de América (1992), Entre el oro y la fe: El dilema de América (1995), Mito exilio y demonios: literatura y teología en América Latina (1996), Diálogos y polifonías: perspectivas y reseñas (1999), Essays from the Diaspora (2002), Fe y cultura en Puerto Rico (2002) y Teología y cultura en América Latina (2009).

Fuente: Lupa Protestante
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martes, 17 de septiembre de 2013

La Teología de la Liberación respira.



Juan G. Bedoya


Los mensajes del Papa sobre la pobreza y el poder avivan el debate sobre la Teología de la Liberación
El cardenal Cipriani tacha de “ingenuo” que el pontífice reciba al fundador de esa corriente
Los pobres, el dinero, el poder eclesiástico: he aquí buena parte de los debates entre eclesiásticos desde que el jesuita Francisco está al frente de la Iglesia romana. En medio, el fantasma de la Teología de la Liberación, un movimiento execrado con severidad durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, éste en primera línea de combate cuando fue prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que es como se llama ahora el Santo Oficio de la Inquisición.

Todavía en 2009, advirtió Ratzinger sobre los “desastrosos efectos” de esa corriente teológica. “Sus consecuencias, hechas de rebelión, división, ofensa y anarquía aún ahora se hacen sentir, creando gran sufrimiento y grave pérdida de fuerzas vivas”, dijo. Anteayer remachó la execración el cardenal arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, del Opus Dei.

La teoría sobre la proverbial hostilidad entre la Compañía de Jesús y el Opus colmó de maledicencias la Red cuando fue elegido papa el jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio, que tomó el nombre de Francisco, el santo de los pobres. ¿Se resignaría el Opus a perder más poder en el Vaticano, y, para colmo, a manos de sus competidores de antaño ante las altas burguesías católicas? Los pasos aperturistas de Francisco, sobre todo su revolucionaria sencillez y austeridad, además del tono cuasi revolucionario de algunos de sus discursos, empiezan a chirriar en sectores ultras de la Iglesia. No es casualidad que la primera reacción pública proceda del más alto eclesiástico del Opus, el cardenal de Lima. La chispa tampoco es baladí: la audiencia que Francisco concedió el miércoles al teólogo Gustavo Gutiérrez, el fundador de la Teología de la Liberación.

El cardenal Cipriani calificó de “ingenuo” al prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el alemán Gerhard Müller, por haber promovido ese encuentro y por acoger en Roma a Gutiérrez como si fuese un gran pensador ortodoxo. Añadió el prelado en declaraciones a Radio Programas del Perú (RPP): “Müller es buen alemán y buen teólogo, un tanto ingenuo. Mi lectura es que ha querido acercarse a su amigo Gutiérrez, a quien le tiene cariño, a quien quiere de alguna manera ayudar a rectificar e insertarse en la Iglesia católica. La reunión está siendo utilizada para describir un acercamiento con una corriente teológica que hizo mucho daño a la Iglesia”.

Sostuvo Max Weber que los evangelios tienen la mala costumbre de hablar bien de los pobres y mal de los ricos. Resume esa impresión la parábola del camello y la aguja, que está con ligeras variaciones en los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas. “Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entre un rico en el reino de Dios”. La frase debió hacerse famosa nada más pronunciarla Jesús, el fundador cristiano. Muy pronto iba a ser detenido cerca de Jerusalén, torturado y crucificado por el sistema de poder de su tiempo, también por el sistema religioso.

Bergoglio concediuó el miércoles audiencia al teólogo Gustavo Gutiérrez

En sus comienzos, el mensaje cristiano puso el acento en el abismo que media entre los ricos y los pobres, entre los humildes y los poderosos. No siempre ha sido así, y menos cuando el imperio romano es relevado en Roma por el imperio católico. Pero siempre ha habido voces de teólogos y jerarquías en favor de los desheredados de la tierra. Teología para los pobres, no sobre los pobres.

La primera vez que se acuña el programa eclesiástico de “la opción por los pobres” es por boca de Juan XXIII, en 1962. Fue el pontífice que convocó el Concilio Vaticano II. Tenía dos preocupaciones, el diálogo con el mundo moderno y la unidad de las iglesias, pero días antes de la inauguración introdujo una tercera línea de debate: los pobres. “Opción por los pobres”, pidió. Seis años más tarde, en mayo de 1968, el entonces prepósito general de los jesuitas, Pedro Arrupe, pidió a los miembros de la Compañía de Jesús en América Latina que tal opción fuese “preferencial”. Así nació la Teología de la Liberación.

¿Tiene vigencia esta teología tras 40 años de condenas y castigos? La pregunta está en el ambiente, con gran preocupación entre los sectores que empiezan a recelar del discurso y las formas, claras y sencillas, del nuevo papa, jesuita y argentino. La pasada semana, el periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano, dedicó gran espacio al libro en italiano De parte de los pobres, teología de la liberación, teología de la Iglesia, escrito por Gustavo Gutiérrez junto con el arzobispo Gerhard Ludwig Müller, exprelado de Ratisbona (Alemania) y actual prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe. Gutiérrez, ahora ingresado en un convento de dominicos en Francia, fue quien dio nombre al movimiento con la publicación en Lima, en 1971, del libro Teología de la Liberación.

‘L’Osservatore romano’ dedicó un gran espacio al líder de esa corriente

Una fotografía del teólogo con el arzobispo Müller presentando ese libro en alemán, de hace algunos años, ha dado ahora la vuelta al mundo y ha alarmado a los detractores de esa teología. Müller fue alumno y es amigo del pensador peruano desde que, siendo joven el prelado alemán, acudió a Lima a foguearse entre los pobres. “Ese nombramiento como prefecto de la Congregación que se ocupa de la ortodoxia de la doctrina católica, sumado a la elección de un jesuita y arzobispo de Buenos Aires como obispo de Roma, fueron calificados en algunos ambientes como una revancha de la Teología de la Liberación, criticada por Juan Pablo II y por el cardenal Ratzinger”, escribió en mayo la agencia de noticias Zenit, propiedad de los Legionarios de Cristo.

Ha sido una impresión muy extendida. En aquel momento, esto es lo que declaró Müller, según la misma agencia: “Es necesario distinguir entre una teología de la liberación equivocada y una correcta. Un cristiano tiene que encontrarse en su casa en cualquier parte”. Antes, en 2004, había dicho en Ratisbona que “la teología de Gustavo Gutiérrez, al margen de cómo se la considere, es ortodoxa porque es ortopráctica y nos enseña el correcto modo de actuar cristiano, ya que deriva de la fe auténtica”.

Pero la agitación de partidarios y detractores trasciende la famosa fotografía. Esto opina el obispo Pedro Casaldáliga: “Con la llegada del papa Francisco se ha agitado el tema y nos hemos confirmado en la convicción de que la teología es Teología de la Liberación o no es teología, ciertamente no lo sería del Dios de Jesús”. ¿Quién le tiene miedo a la Teología de la Liberación?, se pregunta este prelado catalán, obispo desde 1971 de la diócesis de São Felix do Araguaia, la más extensa del Brasil. Amenazado de muerte por defender a los pobres y a sus combativos teólogos y sacerdotes, salvó la vida cuando Pablo VI advirtió bien alto, para que oyera la dictadura de aquel tiempo: “Quien toca a Pedro, toca a Pablo”. No tuvieron tanta suerte otros mártires de esa teología, como el también obispo Oscar Romero, de El Salvador, ya en tiempos de Juan Pablo II.

Sartorio ve lógico el resurgir de esta teoría “con un papa jesuita y latinoamericano”

Que la primera encíclica escrita en solitario por Francisco vaya a titularse Beati pauperes (Bienaventurados los pobres), no avala a quienes le suponen veleidades con la teología de la liberación. Al contrario, ya expresó su criterio contrario durante el pasado viaje a Brasil, el mes pasado. Nada de experiencias que tengan algo que ver con el marxismo, ha proclamado. ¿Acaso es marxista la Teología de la Liberación? “Si doy limosna a un pobre, me llaman santo; si pregunto por qué hay tantos pobres e intento ayudarles, me llaman comunista”, se lamentaba Hélder Pessoa Cámara, el famoso obispo de Recife (Brasil).

Cuando murió Juan XXIII en pleno concilio, se escuchó a un monseñor de la Curia romana rezar por él. “Que Dios le perdone el daño que ha hecho a la Iglesia con este concilio”. Años más tarde, fue Pablo VI el execrado por la Iglesia tradicional a causa, sobre todo, de su apoyo a los padres de la Iglesia latinoamericana reunidos en Medellín (Colombia), en 1968, para ver cómo podían aplicar el Vaticano II en las realidades de América Latina. De aquel acontecimiento dice ahora Gustavo Gutiérrez: “El problema al que nos enfrentábamos no es cómo hablar de Dios en un mundo adulto, sino cómo anunciar a Dios como padre amoroso y justo en un mundo inhumano e injusto”.

Raúl Vera, obispo de Santillo (México), se suma a esa protesta y devuelve la pelota a quienes creen que Juan Pablo II y Ratzinger hicieron bien persiguiendo a prelados y sacerdotes comprometidos con Medellín y con Pablo VI. “No se corrigió en Puebla la Teología de la Liberación, se corrigió el Evangelio”, dice. Puebla, en México, fue donde el papa polaco tronó más alto contra los teólogos de la liberación. Raúl Vera, que fue prelado auxiliar del mítico Samuel Ruiz en la diócesis de Chiapas, ha estado este fin de semana en Madrid para hablar al congreso de la Asociación de Teólogos Juan XXIIII.

Según el obispo mexicano Raúl Vera, “en Puebla se corrigió el Evangelio”

“¡Cómo me gustaría tener una Iglesia pobre y para los pobres!”, dijo Francisco la pasada primavera, nada más ser elegido papa. ¿Suena acaso a teología de liberación? Rodeado de potentados de todo el mundo, había afeado antes, en su primer discurso oficial, las ínfulas de poder de las jerarquías católicas. Raúl Vera, el obispo mexicano, susurró en aquel momento a su compañero de escaño en la basílica de San Pedro: “Oye, qué bien, este Papa viene a por nosotros”. Lo cuenta a EL PAÍS antes de subrayar que Francisco también ha exhortado a los jóvenes a ser revoltosos (“tengan el valor de ir contra corriente”), y a los obispos a oler menos a pastor y más a oveja.

Hay un debate abierto sobre la vigencia de esta teología, o sobre su futuro, al que los obispos españoles no son ajenos. Sus medios de comunicación así lo reflejan, casi siempre con hostilidad. Sin embargo, callan al ser preguntados. Varios prelados se han negado a entrar en el tema, a consultas de EL PAÍS. Es como si estuvieran esperando una señal del Vaticano, aparte la ya enviada por L’Osservatore Romano acogiendo a Gustavo Gutiérrez en sus páginas.

“Con un papa latinoamericano y, además, jesuita, la Teología de la Liberación no podía quedarse mucho tiempo en la sombra, donde ha estado relegada desde hace años”, dice Ugo Sartorio, teólogo italiano y director del Messaggero di Sant’Antonio, comentando ese hecho. “Se trata de una teología que fue dejada fuera de juego por un doble prejuicio: uno, que todavía no ha metabolizado la fase conflictiva de mediados de los años ochenta, y otro, el rechazo de una teología considerada demasiado de izquierdas y, por tanto, tendenciosa”, añade.

Juan Rubio, de ‘Vida Nueva’: “El análisis marxista ya quedó relegado”

Esto opina Juan Rubio, director de Vida Nueva, la gran revista católica española (de la congregación marianista) con ediciones en Hispanoamérica: “La Teología de la Liberación ha ido creciendo en ramas distintas, coincidiendo con los cambios sociopolíticos de América Latina y del Caribe. Los planteamientos son distintos porque las situaciones son distintas. El análisis marxista ya quedó relegado en muchos de los posicionamientos de esta teología, pese a que hay quienes para atacarla aún siguen esgrimiendo injustamente esas razones de método. La pregunta es si esa teología es ya parte de la historia y cumplió su papel, o por el contrario, ha evolucionado y ofrece claves que puedan ayudar a entender la realidad de pobreza, injusticia y opresión, de nuevo cuño, en las que viven inmersos aun hoy aquellos países. Esa es la pregunta que se hacen muchos cristianos que ven en esta teología un compromiso afectivo y efectivo con el Evangelio y con la necesaria conversión de estructuras injustas. Nuevas perspectivas se abren, no hay que estar cerrados a ellas”.

Juan Rubio, que conoce bien a los obispos españoles y ha conversado durante horas en el reciente pasado con el papa Francisco (la edición argentina de Vida Nueva fue apadrinada por el actual pontífice, entonces arzobispo de Buenos Aires), sostiene que “la Teología de la Liberación, como una más, no la única y exclusiva, ayudará a aquellas iglesias a entender mejor aquellas realidades. Pueden ser más o menos discutibles algunos de sus puntos, pero lo que nunca puede hacer la Iglesia es amordazar e impedir el sano y libre ejercicio de la teología, así como la propia misión magisterial de la Iglesia. Un diálogo parece abrirse ahora de la mano de los seguidores de Gustavo Gutiérrez con un papa que, si bien no es considerado seguidor de esa teología, si está en condiciones de entenderla mejor. Se abre una etapa de dialogo en la que primará, sin duda, el reconocimiento a tantos hombres y mujeres que siguiendo estas líneas teológicas han dado su vida testimonialmente en defensa de los más pobres”.

A pesar de los gestos, Tamayo cree difícil que Roma apoye esta teología

En cambio, Juan José Tamayo, reelegido el sábado pasado secretario general de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, duda que la Iglesia institucional pueda asumir la Teología de la Liberación, pese a que a la vista de no pocos de los gestos, palabras, actitudes y opciones de Francisco, la respuesta pueda parecer afirmativa. Añade: “Así lo creen importantes sectores religiosos y laicos, incluidos los progresistas y hasta algunos teólogos —no así las teólogas— de la liberación. Yo creo, sin embargo, que una teología de la liberación que hace de la opción por los pobres su imperativo categórico es difícilmente asumible por la institución eclesiástica por el lugar social en el que se ubica —los pobres, los movimientos sociales—, la radicalidad de sus opciones —interculturalidad, pluralismo y diálogo interreligioso, diversidad sexual—, la revolución metodológica que implica y la crítica del poder eclesiástico y de sus instituciones”.

domingo, 23 de junio de 2013

Roma y la Teología de la liberación: fin de la guerra.

Gianni Valente

Vatican Insider

El Prefecto del ex Santo Oficio, Müller, hace un homenaje, bajo el signo de su amistad con el teólogo peruano Gutiérrez
«El movimiento eclesial teológico de América Latina, conocido como “teología de la liberación”, que después del Vaticano II encontró eco en todo el mundo, debe ser considerado, según mi parecer, entre las corrientes más significativas de la teología católica del siglo XX». Quien consagra la teología de la liberación con esta halagadora y perentoria evaluación histórica no es algún representante sudamericano de las estaciones eclesiales del pasado. El “certificado· de validez llega directamente del arzobispo Gerhard Ludwig Müller, actual Prefecto del mismo dicasterio vaticano -la Congregación para la Doctrina de la Fe (CdF)- que durante los años ochenta, siguiendo el impulso del Papa polaco y bajo la guía del entonces cardenal Ratzinger, intervino con dos instrucciones para indicar las desviaciones pastorales y doctrinales que también incluían los caminos que habían tomado las teologías latinoamericanas.

La evaluación sobre la teología de la liberación no es una declaración que se le escapó accidentalmente al actual custodio de la ortodoxia católica. El mismo juicio, meditado, aparece en las densas páginas del volumen del que proviene la cita: una antología de ensayos escrita a cuatro manos, impresa en Alemania en 2004, y que ahora está por se publicada en Italia con el título “De la parte de los pobres, Teología de la liberación, Teología de la Iglesia” (Ediciones Messaggero, Padua, Emi).

El libro hoy irrumpe casi como un acto para clausurar las guerras teológicas del pasado y los residuos bélicos que de tanto en tanto brillan para esparcir alarmas que representan ya intereses ya pretextos. El volumen lleva las firmas del actual responsable del ex Santo Oficio y del teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, padre de la teología de la liberación e inventor de la misma fórmula usada para definir esa corriente teológica, cuyas obras fueron sometidas a exámenes rigurosos durante bastante tiempo por parte de la CdF en su larga estación ratzingeriana, aunque nunca se le haya atribuido ninguna condena.

El libro representa el resultado de un largo camino común. Müller nunca ha ocultado su cercanía a Gustavo Gutiérrez, a quien conoció en 1998 en Lima durante el curso de un seminario de estudios. En 2008, durante la ceremonia para el doctorado honoris causa concedido al teólogo Müller por la Pontificia Universidad Católica del Perú, el entonces obispo de Ratisbona definió como absolutamente ortodoxa la teología de su maestro y amigo peruano. En los meses anteriores al nombramiento de Müller como guía del Dicasterio doctrinal, justamente su relación Gutiérrez fue evocada por algunos como prueba de la no idoneidad del obispo teólogo alemán para el puesto que ocupó (durante 24 años) el entonces cardenal Ratzinger.

En los esnayos de la antología, los dos autores-amigos se complementan recíprocamente. Según Müller, los méritos de la teología de la liberación van más allá del ámbito del catolicismo latinoamericano. El Prefecto indica en que la teología de la liberación ha expresado en el contexto real de la América Latina de las últimas décadas la orientación hacia Jesucristo redentor y liberador que marca cualquier teología auténticamente cristiana, justamente a partir de la insistente predilección evangélica por los pobres. «En este continente», reconoce Müller «la pobreza oprime a los niños, a los ancianos y a los enfermos», e induce a muchos a «considerar la muerte como una escapatoria». Desde sus primeras manifestaciones, la teología de la liberación “obligaba” a las teologías de otras partes a no crear abstracciones sobre las condiciones reales de la vida de los pueblos o de los individuos. Y reconocía en los pobres la «carne misma de Cristo», como ahora repite Papa Francisco.

Justamente con la llegada del primer Papa latinoamericano surge con mayor fuerza la oportunidad para considerar esos años y esas experiencias sin los condicionamientos de los furores y las polémicas de entonces. Aún alejándose de los ritualismos del “mea culpa” postizos o de las “rehabilitaciones” aparentes, hoy es mucho más fácil reconocer que ciertas vehementes movilizaciones de algunos sectores eclesiales en contra de la teología de la liberación estaban motivadas por ciertas preferencias de orientación política más que por el deseo de custodiar y afirmar la fe de los apóstoles. Los que pagaron la factura fueron los teólogos peruanos y los pastores que estaban completamente sumergidos en la fe evangélica del propio pueblo, que acabaron “triturados” o en la sombra más absoluta. Durante un largo periodo, la hostilidad demostrada hacia la teología de la liberación fue un factor precioso para favorecer brillantes carreras eclesiásticas.

En uno de los textos, Müller (que en una entrevista del 27 de diciembre de 2012 había expresado la hipótesis del escenario de un Papa latinoamericano después de Ratzinger) describe sin medias tintas los factores político-religiosos y geopolíticos que condicionaron ciertas “cruzadas” en contra de la teología de la liberación: «Con el sentimiento triunfalista de un capitalismo, que probablemente se consideraba definitivamente victorioso», refiere el Prefecto del dicasterio doctrinal vaticano, «se mezcló también la satisfacción de haber cancelado de esta manera cualquier fundmento o justificación de la teología de la liberación.

Se creía que el juego era muy sencillo con ella, arrojándola al mismo conjunto de la violencia revolucionaria y del terrorismo de los grupos marxistas». Müller también cita el documento secreto, preparado para el presidente Regan por el Comité de Santa Fe en 1980 (es decir cuatro años antes de la primera Instrucción vaticana sobre la teología de la liberación), en el que se solicitaba al gobierno de los Estados Unidos de América que actuara con agresividad en contra de la «Teología de la liberación», culpable de haber transformado a la Iglesia católica en «arma política contra la propiedad privada y el sistema de la producción capitalista». «Es desconcertante en este documento», subraya Müller, «la desfachatez con la que sus redactores, responsables de dictaduras militares brutales y de potentes oligarquías, hacen de sus intereses por la propiedad privada y por el sistema productivo capitalista el parámetro de lo que debe valer como criterio cristiano».

sábado, 9 de febrero de 2013

Revive en el continente la teología de la liberación en el marco del Congreso continenal de teología latinoamericana.



BOLETÍN DE PRENSA 01
En conferencia de prensa se anunció el próximo Congreso Continental de Teología Latinoamericana que tendrá lugar en la Universidad UNISINOS en San Leopoldo, Brasil, del 7 al 11 de Octubre de 2012, en ocasión de cumplirse 50 años de la inauguración del Concilio Vaticano II y 40 años de la publicación del libro ‘Teología de la liberación. Perspectivas de Gustavo Gutiérrez.

Rosario Hermano, secretaría general de Amerindia Continental (por videoconferencia) anuncio de manera general el desarrollo del congreso que tendrá 4 días de duración. Por las mañanas habrá conferencias y paneles en las cuales teólogos, teólogas y especialistas harán exposiciones sobre cuatro ejes temáticos: 1) Nuevas interpelaciones y preguntas; 2) Hermenéuticas cristianas; 3) Praxis y mística; 4) Prospectivas para la Teología. En las tardes habrá dos tipos de actividades simultáneas: en primer lugar, talleres, cuyo objetivo es elaborar, a partir de las prácticas y conocimientos de sus integrantes, informes que contribuyan al propósito global de este congreso desde el tema específico del taller.
En segundo lugar, paneles abiertos en los que cada día se abordarán temas diversos expuestos por un experto con espacios para el intercambio de opiniones, las que se recogerán en un resumen conclusivo final. Por la noche, a las 20 horas, habrá conferencias magistrales abiertas a todo público. Entre los ponentes se tendrá a Chico Witaker, Gustavo Gutiérrez, Andrés Torres Queiruga, entre otros/as. Por último, Rosario Hermano destacó que el Congreso tendrá una capacidad de 700 personas contándose 650 ya inscritas.
Por su parte, Julian Cruzalta, fraile dominico y colaborador de Católicas por Derecho a Decidir, destacó que el congreso quiere rendir un homenaje a quienes han construido la teología de la liberación, pero también quiere mirar al futuro en una labor que hace falta reflexionar; se busca un diálogo con otras iglesias desde una perspectiva ecuménica, también dialogar con la comunidad humana y con el contexto actual. Un congreso que mira hacia dentro y hacia fuera, con una teología liberadora que sigue viva.
Desde el Congreso se preguntará: ¿Qué sigue en Latinoamérica donde hay más pobres y miseria que hace 50 años? La teología tienen que responder desde las iglesias, haciendo un llamado también a la jerarquía, ¿qué valores tendrá para proponer la iglesia, de tal manera que sea capaz de dar respuesta a los grades desafíos de hoy? El Concilio Vaticano II planteó una iglesia más horizontal y seguimos siendo una iglesia muy vertical donde todo se fundamenta en el papa, por ello este Congreso es una llamada de atención hacia una eclesiología de hermanos y hermanas, con la respuesta de las mujeres como uno de los desafíos.
Asimismo, Marilú Rojas comentó que la teología de la liberación ha fructificado en diferentes perspectivas teológicas: está la teología feminista latinoamericana, la teología latina, la teología indígena, por ello más que hablar de la muerte de la teología de la liberación, podríamos hablar de los frutos teológicos que hoy están generando nuevas líneas de pensamientos que se diversifican y están caminado hacia una nueva etapa. Las mujeres, desde el Vaticano II, tienen un nuevo caminar y reflexión en el ámbito eclesial, es decir, han pasado del ámbito domestico hacia un ámbito más público y social. Esto como uno de los avances que se busca lograr, donde las mujeres caminen hacia la reflexión teológica, hacia el compromiso por la justicia social, hacia el compromiso social, hacia la defensa de los derechos de las mujeres, etc.
Finalmente, Lucila Servitje, colaboradora del Observatorio Eclesial, informo sobre otro congreso que se celebrará en Roma del 4 al 6 de octubre del 2012, organizado por el Coordinamento Teologhe Italiane, el cual lleva por título “Las teólogas releen el Vaticano II. Asumir una historia, preparar el futuro”. (www.teologhe.org). Su preocupación principal será, hasta dónde la apertura del Vaticano II, centrada en el evangelio y en la dignidad fundamental del hombre y la mujer, está dando respuestas de esperanza a la situación de marginación que todavía vive la mujer dentro y fuera de la iglesia.
El Congreso Continetal de Teología quiere movilizar la comunidad teológica y a las iglesias en el Continente. Por eso, se quiere dar la más amplia divulgación a sus resultados, con el apoyo de un equipo de comunicación en coordinación con el Observatorio Eclesial y la Universidad de Unisinos Brasil, a través de los medios digitales, de la web, de transmisiones en vivo y también por medio de boletines de prensa.
La transmisión en vivo del congreso se podrá llevar día a día por:
http://www.ustream.tv/channel/congresoteologicobrasil.
Y la información relevante día a día (boletines de Prensa, entrevistas, fotos, textos y más) podrá consultarse en: http://www.observatorioeclesial.org.mx/ y en http://www.unisinos.br/eventos/congresso-de-teologia/
Información de contacto
Gabriela Juárez Palacios
observatorioeclesial@gmail.com

domingo, 16 de septiembre de 2012

Rumbos de la Teología de la Liberación y contribución del padre José Comblin.



Terminó este viernes (14), en la Universidad Federal de Paraíba (UFPB), en João Pessoa (Brasil) la II Semana Teológica José Comblin, momento que comenzó el último miércoles y que reunió a religiosos, investigadores y profesores en torno del tema “El legado de la Teología de la Liberación y la contribución de José Comblin”.
Agenor Brighenti, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Paraná – PUC/PR, que disertó ayer sobre el tema “La Teología de la Liberación en una perspectiva amerindia”, señaló que la II Semana Teológica se inserta en el contexto de preparación del Congreso Continental de Teología, que ocurrirá del 7 al 11 de octubre en São Leopoldo, Río Grande do Sul.
El profesor afirmó que el evento realizó discusiones sobre los 50 años de la apertura del Concilio Vaticano II y mostró la trayectoria de la Teología de la Liberación en los últimos años, asegurando que ella está “repensándose y rehaciéndose”. “La Teología de la Liberación está viva y buscando identificar sus nuevos desafíos y dar respuestas que se ajusten al contexto de hoy. Ella continúa siendo actual, relevante y comprometida con las transformaciones sociales”, aseguró.
El legado del padre José Comblin, teólogo que quedó conocido como ‘profeta de la Iglesia de los pobres’ también fue abordado durante la programación de la II Semana Teológica. El fraile capuchinho Luis Carlos Susin, secretario general del Forum Mundial de la Teología de la Liberación, llamó la atención sobre tres aspectos que marcan la trayectoria de José Comblin.
“El primer y principal aspecto es que él enseñó a trabajar la teología con un método e hizo eso cuando decidió venir a América Latina para encontrar una alternativa de una iglesia más viva. Tenía expectativas y voluntad de aprender. El segundo aspecto del método es que hizo desplazamientos sociales, eclesiales y teológicos y pasa a ver la teología con otros ojos y a hablar a partir del lenguaje del pueblo de aquí. El tercer aspecto es la experiencia de libertad espiritual. Comblin era libre y ésta fue una característica que él marcó. Defendía que toda libertad procede del Espírito Santo”, explicó el fraile capuchinho.
Abordando otra temática ampliamente discutida durante el encuentro, los rumbos de la Teología de la Liberación, Carlos Susin completó: “Vamos a continuar la Teología de la Liberación teniendo en consideración un mundo más globalizado, pluralista y que se modifica constantemente”.
Al final del día de ayer, Ermanno Allegri, director de la Agencia de Información Frei Tito para América Latina (Adital), hizo una exposición sobre las cuatro Jornadas Teológicas Regionales realizadas el año pasado en preparación del Congreso Continental de Teología y sobre la búsqueda continua para construir el pensamiento teológico en América Latina.

Congreso Continental de Teología

Del 7 al 11 de octubre, tendrá lugar en la Unisinos, en São Leopoldo (Río Grande do Sul – Brasil) el Congreso Continental de Teología. El evento se inserta en el contexto de dos grandes acontecimientos que marcan a 2012: los 50 años de la inauguración del Concilio Vaticano II, celebrada por el Papa Juan XXIII; y los 40 años de la publicación del libro Teología de la Liberación. Perspectivas(Gustavo Gutiérrez), que consagra la trayectoria de la teología en el continente latinoamericano.
El encuentro, que fue precedido por Jornadas Teológicas Regionales, buscará reunirse “en torno al Vaticano II y a la teología latinoamericana, para discernir los nuevos desafíos de una época marcada por profundas transformaciones y las consecuentes tareas para una teología como servicio a la Iglesia y a la humanidad, en un mundo pluralista y globalizado”.
Para el profesor Brighenti, que es parte de la organización del Congreso, este momento es un esfuerzo para movilizar a la comunidad teológica y traer a la Teología de la Liberación “a la plaza pública” y mirar hacia el futuro.
Traducción: Daniel Barrantes – barrantes.daniel@gmail.com
Periodista de Adital