Mostrando entradas con la etiqueta arzobispo gerhard ludwig müller. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta arzobispo gerhard ludwig müller. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de junio de 2013

Roma y la Teología de la liberación: fin de la guerra.

Gianni Valente

Vatican Insider

El Prefecto del ex Santo Oficio, Müller, hace un homenaje, bajo el signo de su amistad con el teólogo peruano Gutiérrez
«El movimiento eclesial teológico de América Latina, conocido como “teología de la liberación”, que después del Vaticano II encontró eco en todo el mundo, debe ser considerado, según mi parecer, entre las corrientes más significativas de la teología católica del siglo XX». Quien consagra la teología de la liberación con esta halagadora y perentoria evaluación histórica no es algún representante sudamericano de las estaciones eclesiales del pasado. El “certificado· de validez llega directamente del arzobispo Gerhard Ludwig Müller, actual Prefecto del mismo dicasterio vaticano -la Congregación para la Doctrina de la Fe (CdF)- que durante los años ochenta, siguiendo el impulso del Papa polaco y bajo la guía del entonces cardenal Ratzinger, intervino con dos instrucciones para indicar las desviaciones pastorales y doctrinales que también incluían los caminos que habían tomado las teologías latinoamericanas.

La evaluación sobre la teología de la liberación no es una declaración que se le escapó accidentalmente al actual custodio de la ortodoxia católica. El mismo juicio, meditado, aparece en las densas páginas del volumen del que proviene la cita: una antología de ensayos escrita a cuatro manos, impresa en Alemania en 2004, y que ahora está por se publicada en Italia con el título “De la parte de los pobres, Teología de la liberación, Teología de la Iglesia” (Ediciones Messaggero, Padua, Emi).

El libro hoy irrumpe casi como un acto para clausurar las guerras teológicas del pasado y los residuos bélicos que de tanto en tanto brillan para esparcir alarmas que representan ya intereses ya pretextos. El volumen lleva las firmas del actual responsable del ex Santo Oficio y del teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, padre de la teología de la liberación e inventor de la misma fórmula usada para definir esa corriente teológica, cuyas obras fueron sometidas a exámenes rigurosos durante bastante tiempo por parte de la CdF en su larga estación ratzingeriana, aunque nunca se le haya atribuido ninguna condena.

El libro representa el resultado de un largo camino común. Müller nunca ha ocultado su cercanía a Gustavo Gutiérrez, a quien conoció en 1998 en Lima durante el curso de un seminario de estudios. En 2008, durante la ceremonia para el doctorado honoris causa concedido al teólogo Müller por la Pontificia Universidad Católica del Perú, el entonces obispo de Ratisbona definió como absolutamente ortodoxa la teología de su maestro y amigo peruano. En los meses anteriores al nombramiento de Müller como guía del Dicasterio doctrinal, justamente su relación Gutiérrez fue evocada por algunos como prueba de la no idoneidad del obispo teólogo alemán para el puesto que ocupó (durante 24 años) el entonces cardenal Ratzinger.

En los esnayos de la antología, los dos autores-amigos se complementan recíprocamente. Según Müller, los méritos de la teología de la liberación van más allá del ámbito del catolicismo latinoamericano. El Prefecto indica en que la teología de la liberación ha expresado en el contexto real de la América Latina de las últimas décadas la orientación hacia Jesucristo redentor y liberador que marca cualquier teología auténticamente cristiana, justamente a partir de la insistente predilección evangélica por los pobres. «En este continente», reconoce Müller «la pobreza oprime a los niños, a los ancianos y a los enfermos», e induce a muchos a «considerar la muerte como una escapatoria». Desde sus primeras manifestaciones, la teología de la liberación “obligaba” a las teologías de otras partes a no crear abstracciones sobre las condiciones reales de la vida de los pueblos o de los individuos. Y reconocía en los pobres la «carne misma de Cristo», como ahora repite Papa Francisco.

Justamente con la llegada del primer Papa latinoamericano surge con mayor fuerza la oportunidad para considerar esos años y esas experiencias sin los condicionamientos de los furores y las polémicas de entonces. Aún alejándose de los ritualismos del “mea culpa” postizos o de las “rehabilitaciones” aparentes, hoy es mucho más fácil reconocer que ciertas vehementes movilizaciones de algunos sectores eclesiales en contra de la teología de la liberación estaban motivadas por ciertas preferencias de orientación política más que por el deseo de custodiar y afirmar la fe de los apóstoles. Los que pagaron la factura fueron los teólogos peruanos y los pastores que estaban completamente sumergidos en la fe evangélica del propio pueblo, que acabaron “triturados” o en la sombra más absoluta. Durante un largo periodo, la hostilidad demostrada hacia la teología de la liberación fue un factor precioso para favorecer brillantes carreras eclesiásticas.

En uno de los textos, Müller (que en una entrevista del 27 de diciembre de 2012 había expresado la hipótesis del escenario de un Papa latinoamericano después de Ratzinger) describe sin medias tintas los factores político-religiosos y geopolíticos que condicionaron ciertas “cruzadas” en contra de la teología de la liberación: «Con el sentimiento triunfalista de un capitalismo, que probablemente se consideraba definitivamente victorioso», refiere el Prefecto del dicasterio doctrinal vaticano, «se mezcló también la satisfacción de haber cancelado de esta manera cualquier fundmento o justificación de la teología de la liberación.

Se creía que el juego era muy sencillo con ella, arrojándola al mismo conjunto de la violencia revolucionaria y del terrorismo de los grupos marxistas». Müller también cita el documento secreto, preparado para el presidente Regan por el Comité de Santa Fe en 1980 (es decir cuatro años antes de la primera Instrucción vaticana sobre la teología de la liberación), en el que se solicitaba al gobierno de los Estados Unidos de América que actuara con agresividad en contra de la «Teología de la liberación», culpable de haber transformado a la Iglesia católica en «arma política contra la propiedad privada y el sistema de la producción capitalista». «Es desconcertante en este documento», subraya Müller, «la desfachatez con la que sus redactores, responsables de dictaduras militares brutales y de potentes oligarquías, hacen de sus intereses por la propiedad privada y por el sistema productivo capitalista el parámetro de lo que debe valer como criterio cristiano».

viernes, 22 de febrero de 2013

El Foro de Curas de Bizkaia cuestiona la exclusion de la mujer del sacerdocio.




Porque el silencio es complicidad, nos parece loable y todo un signo de esperanza que el el Foro del Curas de Bizkaia se pronuncie públicamente y cuestione la exclusión de la mujer del sacerdocio. Confiamos en dejar progresivamente de escuchar el desolador silencio de nuestros curas en lo concerniente a este tema.

“Permítasenos dudar, al menos metodológicamente, sobre que “la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia”.

(Foro de Curas de Bizkaia) Carta abierta del Foro de Curas de Bizkaia al Arzobispo Gerhard Ludwig Müller, Prefecto de la Congregaciónpara la Doctrina de la Fe, sobre el sacerdocio de la mujer
Ante las recientes medidas adoptadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe contra los partidarios de la ordenación sacerdotal de las mujeres, la Asamblea del Foro de Curas de Bizkaia queremos manifestarle lo siguiente:

1.- Lamentamos que a lo largo de estos últimos decenios se haya olvidado la línea propositiva abierta por Juan XXIII cuando sostuvo en la apertura del Concilio Vaticano II que la Iglesia “querría salir al paso de las necesidades del mundo actual no tanto pronunciando condenaciones, sino dando prueba del vigor de su enseñanza” (22.X.1962)

2.- Siguiendo el criterio propuesto por el Papa Roncalli, queremos expresarle nuestra disconformidad (por inconsistentes) con los argumentos aducidos en la Carta Apostólica“Ordenatio sacerdotalis” (1994) por la que se reserva el ministerio sacerdotal exclusivamente a los varones:

2.1.- Si bien es cierto que “Cristo escogió sus apóstoles sólo entre varones”, también lo es que con su comportamiento y predicación puso las bases para el reconocimiento de la igualdad de la mujer, incluida la posibilidad de acceder al ministerio ordenado. La misma Comisión Bíblica Internacional ya sostuvo en su día que “por el testimonio del Nuevo Testamento solo” no “puede deducirse que una eventual ordenación sacerdotal de la mujer lesiona el plan de Jesucristo sobre el ministerio apostólico” (1976)

2.2.- La historia de la Iglesia muestra –como se sostiene en la Carta Apostólica“Ordinatio sacerdotalis”- que la “ordenación sacerdotal” ha estado reservada “exclusivamente a los varones”. Pero también que no ha sido una decisión pacíficamente asumida: así lo atestiguan las reiteradas condenas por ordenar mujeres y los repetidos posicionamientos de la jerarquía católica al respecto. En cualquier caso, es difícilmente cuestionable la existencia en los primeros tiempos de comunidades domésticas con matrimonios anfitriones encargados de dirigirlas. No consta que las mujeres no presidieran, si fuera preciso, la mesa compartida.

2.3.- Permítasenos dudar, al menos metodológicamente, sobre que “la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia”. Semejante duda no nos lleva a negar la incuestionable importancia del Magisterio en la vida de la comunidad cristiana, sino a reclamar su armonización (cada día más urgente) con el “sensus fidelium” y con la investigación teológica como ha sucedido, por ejemplo, con el sacramento de la reconciliación. Sólo así contaremos con un Magisterio que, además de ser legítimamente autoritativo, sea acogido y respetado por su calidad teológica, por su sintonía eclesial y por tener claro que el único absoluto que se le impone es el de atender debidamente a su misión.

3.- Deseamos y esperamos que la Jerarquía católica recupere –como se propuso en el Vaticano II- no sólo una mayor colegialidad episcopal y corresponsabilidad bautismal para este y otros asuntos, sino también un concepto y una praxis de Tradición Viva y que preste, por ello, más atención a la necesidad de actualizar en el presente lo que Jesús dijo e hizo de modo que sea una anticipación de la fraternidad plena que nos aguarda. Ello pasa por articular creativamente DV 10 (“el Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio”) con DV 9 (“la Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza acerca de todo lo revelado”), por escuchar a los diferentes consejos eclesiales ya existentes en éste y en otros asuntos y por no sofocar autoritariamente el parecer de los bautizados y de las comunidades cristianas.

4.- Finalmente, proponemos que la posibilidad de que las mujeres puedan acceder al ministerio sacerdotal sea algo decidido en un concilio ecuménico y que, mientras tanto, se dejen abiertos el discernimiento eclesial y la investigación teológica de tal manera que nadie vuelva a ser condenado por ello, y que los sancionados sean repuestos en sus responsabilidades y estado.
 
Bilbao, 11 de febrero de 2013