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miércoles, 20 de junio de 2018

Dos cartas a favor de la Teología de la Liberación.


DOS CARTAS A FAVOR DE GUSTAVO GUTIÉRREZ


El 9 de marzo de 1984, el teólogo alemán Karl Rahner de 80 años, tuvo que ser hospitalizado en Innsbruck por una grave deficiencia circulatoria. Allí desde el hospital dirigió un escrito a la Conferencia Episcopal Peruana a favor de Gustavo Gutiérrez y de la teología de la liberación. El día 30 de marzo Rahner falleció. Este escrito último es como su testamento teológico.

Meses después, el 6 de agosto de1984, el Cardenal Josef Ratzinger, Prefecto de la Doctrina de la fe, publicó un documento muy crítico sobre la teología de la liberación, en el cual, aunque no se citaban nombres, la figura de Gustavo Gutiérrez, su iniciador, quedaba seriamente cuestionada.

Han pasado 34 años y el papa Francisco el 29 de mayo de 2018 escribe una carta a Gustavo Gutiérrez para felicitarle con ocasión de cumplir 90 años el 8 de junio de este año. En esta carta Francisco agradece a Dios y a Gustavo “por cuanto has contribuido a la Iglesia y a la humanidad a través de tu servicio teológico y de tu amor preferencial por los pobres y descartados”. 

¿Qué ha sucedido en este lapso de tiempo? Gustavo -ahora dominico- durante estos años ha respondido a los cuestionamientos y acusaciones que le hacían sobre el uso de las ciencias sociales, y en especial del marxismo, en su teología, ha explicado sus afirmaciones, pero no ha hecho marcha atrás de sus intuiciones y ha ido profundizando su pensamiento sobre el Dios de la vida, la opción por los insignificantes, la inhumana y antievangélica pobreza actual, se ha preguntado dónde dormirán hoy los pobres, ha presentado la figura ejemplar de Bartolomé de Las Casas que fue en busca de los pobres de Jesucristo, ha procurado beber del propio pozo de la realidad de lágrimas y sangre de los pobres y ha orientado su teología a la evangelización y a la Iglesia.

A pesar de ello hay quienes siguen sospechando de la ortodoxia de la teología de la liberación. A Gustavo no se le ha permitido pronunciar conferencias en su Lima natal, otros opinan que afortunadamente la teología de la liberación ya ha muerto, aunque Gustavo responde con humor que a él que es su padre, no le han invitado al entierro…

¿Qué pensarán ahora estos críticos después de este testimonio positivo y fraterno de Francisco sobre Gustavo Gutiérrez y su obra teológica al servicio de la Iglesia y de la humanidad? ¿Se habrá enterado de esta carta rehabilitadora de Gustavo el anciano Benedicto XVI, recluido en un monasterio contemplativo de la Ciudad del Vaticano?

En todo caso hay que afirmar que el viejo Rahner fue muy lúcido y noble, aunque la teología de Gustavo era muy diferente de la suya y en el fondo la cuestionaba. Y que la Iglesia, en medio de sus noches oscuras y de sus inviernos eclesiales y aunque parezca que Jesús duerme en la barca, es conducida por el Espíritu del Señor a una verdad cada vez más plena. Y que el escuchar el clamor de los pobres es una señal de garantía evangélica para la teología.

Gracias, Francisco y felicidades, Gustavo.

sábado, 19 de julio de 2014

Hablar de Dios.

 
Carlos F. Barberá

En febrero de 1984, con motivo de su 80 cumpleaños, se celebró en Friburgo de Brisgovia, su ciudad natal, un congreso de homenaje a Karl Rahner. Ante un auditorio de más de mil personas, Rahner tuvo una lección final titulada “Experiencias de un teólogo católico”.

Contra lo que acaso podría esperarse, el ponente no aportó sucesos, vivencias ni relaciones que podrían formar parte de una biografía sino experiencias teológicas. La primera de ellas hablaba de la inefabilidad de Dios. “Obviamente no podemos callar acerca de Dios porque eso sólo puede hacerse, sólo puede hacerse realmente, cuando se ha hablado primero. Pero en este hablar olvidamos, en la mayoría de los casos, que semejante predicación se puede formular tan sólo en forma legítima acerca de Dios cuando constantemente la retiramos a la vez, cuando mantenemos la inquietante suspensión entre el “sí” y el “no” como el verdadero y único punto firme de nuestro conocimiento y de esta manera dejamos siempre que nuestros enunciados caigan en la silenciosa inefabilidad de Dios”.

Alguna vez ha señalado Metz que el lema de nuestro tiempo es “religión sí, Dios no” y ciertamente sólo hay que mirar alrededor para comprobarlo: de la religión se habla, se discute, Dios es el eterno ausente. Y sin embargo tenemos que hablar de Dios. Parece claro que el tiempo de las teologías negativas o de la muerte de Dios ha pasado ya. Naturalmente, de Dios tenemos que hablar los creyentes pero cada vez percibimos con más fuerza la precariedad de nuestra afirmaciones y lo inefable del misterio a que nos referimos. No es fácil salir de ese dilema y el texto de Rahner, impecable en su formulación, nos indica una ruta pero no nos abre caminos prácticos.

Se podría decir que el lenguaje que más se adapta a esa situación es el lenguaje poético. La verdadera poesía ensarta palabras, construye oraciones pero sobre todo sugiere. Formula pero sobre todo señala, alude a algo que va más allá de lo expresado.

En esa cumbre de la poesía religiosa que es la de San Juan de la Cruz, sorprende que apenas alguna vez aparezca la palabra Dios. Y sin embargo, bajo imágenes, metáforas, alusiones es claramente de Dios de quien se habla.

Pensando en estas cosas, me venía a la cabeza que las películas religiosas de no hace tantos años se llamaban El milagro de Fátima o La canción de Bernadette. Recuerdo ahora dos películas cercanas de contenido religioso: una es El árbol de la vida, la otra La vida de Pi. En la última se pronuncia –sólo de pasada- la palabra Dios., en la primera ni siquiera eso pero no cabe duda alguna de que es El a quien se alude permanentemente. Aunque no falten, sin duda alguna, quienes las interpreten únicamente como un hermoso poema, como una prodigiosa aventura. El que tenga oídos para oír…

Pero dicho esto ¿qué decirnos a nosotros mismos, que no somos poetas ni artistas? Hubo un tiempo en que justificábamos nuestro silencio por el mucho y mal uso de Su nombre. El que se hubiese tomado tanto el nombre de Dios en vano ofrecía una coartada a nuestra mudez, ocultando acaso que teníamos poco que decir. Pero ya formulaba al comienzo mi convicción de que ese tiempo ha pasado. Sin embargo para no volver a caer en lo rechazado hay que afirmar también que nuestro hablar de Dios ha de basarse en una experiencia. Lo deja bien claro el fraile carmelita cuando afirma que dio a la caza alcance o cuando relata que se quedó en un no saber sabiendo, toda ciencia trascendiendo.

Cada vez más se está reivindicando una teología narrativa, una teología que se base en relatos. De igual modo el lenguaje sobre Dios ha de basarse en relatos. Dicho de otro modo: sólo los místicos, los que han tenido una experiencia, pueden hablar de Dios; pero ya es un tópico citar la frase de Rahner, para quien el cristiano del siglo XXI será un místico o no será. Así pues, la necesidad de hablar de Dios nos remite a le necesidad de experimentarlo. “Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, os lo anunciamos para que nuestro gozo sea completo”.
 
Fuente: Atrio

lunes, 3 de septiembre de 2012

Martini: la Iglesia Católica Romana con 200 años de retraso.


Martini: la Iglesia con 200 años de retraso
Redacción de Atrio, 02-Septiembre-2012


La última entrevista: “La iglesia ha retrocedido 200 años. ¿Por qué no espabila? ¿Tenemos miedo”?
Entrevista a Carlo Maria Martini por Georg Sporschill y Federica Radice Fossati Confalonieri
El Padre Georg Sporschill, el jesuita que lo entrevistó en Coloquios nocturnos en Jerusalén [Véase artículo sobre este libro de 2008 en ATRIO y la ficha en San Pablo ] y Federica Radice se reunieron con Martini el 8 agosto de 2012. De allí salió una especie de testamento espiritual. El cardenal Martini leyó y aprobó el texto.

¿Cómo ve la situación de la Iglesia?

«La Iglesia está cansada, en la Europa del bienestar y en América. Nuestra cultura está envejecida, nuestras Iglesias son grandes, nuestras casas religiosas están vacías y el equipo burocrático de la Iglesia se hincha, nuestros ritos y nuestras vestimentas tienen mucha pompa. ¿Expresan estas cosas sin embargo lo que somos hoy? (…) El bienestar pesa. Nos encontramos como el joven rico que se alejó triste cuando Jesús lo llamó para se hiciera discípulo suyo. Sé bien que nosotros no podemos dejar todo con facilidad. Por lo menos podríamos buscar a hombres que sean libres y estén más cerca del próximo. Cómo fueron el obispo Romero y los martirios Jesuitas de El Salvador. ¿Dónde están entre nosotros los héroes a quien inspirarnos? Por ninguna razón los debemos limitar con los lazos de la institución».

¿Quién puede ayudar la Iglesia hoy?

«Karl Rahner utilizó de la imagen de las brasas ocultas bajo la ceniza. Veo en la Iglesia de hoy tanta ceniza encima de las brasas que a menudo me asalta un sentimiento de debilidad. ¿Cómo liberar las brazas de la ceniza de forma que se reavive la llama del amor? En primer lugar debemos buscar estas brasas. ¿Dónde están las personas llenas de generosidad como el buen Samaritano? Las que tienen fe como el centurión romano. Que son apasionados como Juan Bautista. Que se atreven a innovar como Paolo. Que son fieles como María de Magdala. Aconsejo al Papa y a los obispos a buscar a doce personas fuera de lo establecido para los puestos de gobierno. Hombres y mujeres que estén cerca de los más pobres y que estén rodeados por jóvenes y que experimente cosas nuevas. Necesitamos confrontarnos con hombres y mujeres que ardan de forma que el espíritu puede difundirse por todas parte».

¿Qué instrumentos aconseja Usted contra la fatiga de la Iglesia?

«Aconsejo para ello tres muy eficaces. El primero es la conversión: la Iglesia debe reconocer los propios errores y debe recorrer un camino radical de cambio, empezando por el Papa y por los obispos. Los escándalos de la pedofilia nos empujan a emprender el camino de la conversión. Las preguntas sobre la sexualidad y sobre todos los temas que implican el cuerpo son un ejemplo de ello. Son temas importantes para todos y a veces son quizás también demasiado importantes. Tenemos que preguntarnos si las personas aún escuchan los consejos de la Iglesia acerca de lo sexual. ¿Es la Iglesia todavía en este campo una autoridad de referencia o sólo una caricatura en los medios?

El segundo instrumento es la Palabra de Dios. El Concilio Vaticano II devolvió la Biblia a los católicos. (… ) Sólo quien percibe en su corazón esta Palabra puede formar parte de los que ayudarán al resurgimiento de la Iglesia y sabrán contestar a las preguntas personales con una elección correcta. La Palabra de Dios es sencilla y la busca como compañero un corazón que escuche. (…) Ni el clero ni el Derecho eclesiástico puede reemplazar a la interioridad del hombre. Todas las reglas externas, las leyes, los dogmas nos son dados para aclarar la voz interior y para el discernimiento de los espíritus.

¿Para quién son los sacramentos? Estos son el tercer instrumento de recuperación. Los sacramentos no son una herramienta para la disciplina, sino una ayuda para los hombres en los momentos del caminar y en las debilidades de la vida. ¿Llevamos los sacramentos a los hombres que necesitan una nueva fuerza? Pienso en todas las personas divorciadas y unidas en nuevas parejas, en las familias extendidas. Estas tienen necesidad de una protección especial. La Iglesia apoya la indisolubilidad del matrimonio. Esto es una gracia cuando un matrimonio y una familia lo consiguen (…).

La actitud que tengamos hacia las familias extendidas determinará el acercamiento a la Iglesia de una generación de los hijos. Una mujer fue abandonada por el marido y encontró a un nuevo compañero que se cuida de ella y de sus tres hijos. El segundo amor tiene éxito. Si esta familia es discriminada, se expulsa de la Iglesia no sólo la madre sino también a sus hijos. Si los padres se sienten fuera de la Iglesia o no sienten su apoyo, la Iglesia perderá la futura generación. Antes que la Comunidad nosotros decimos: “Señor que yo no soy digno…”. Nosotros sabemos que no somos dignos (…). El amor es gracia. El amor es un don. La pregunta sobre si los divorciados pueden comulgar debería formularse justo al revés. ¿Cómo puede la Iglesia aportar la fuerza de los sacramentos a quienes están en situaciones familiares complejas?».

¿Qué hace Usted personalmente?

«La Iglesia ha retrocedido 200 años. ¿Por qué no espabila? ¿Tenemos miedo? ¿Temor en vez de coraje? Y, sin embargo, la fe es el fundamento de la Iglesia. La fe, la confianza, el coraje. Soy viejo y estoy enfermo y dependo de la ayuda de los otros. Las personas buenas que me rodean hacen me hacen sentir amor. Este amor es más fuerte que el sentimiento de desconfianza que alguna que otra vez yo percibo hacia la Iglesia en Europa. Solo el amor vence a la fatiga. Dios es Amor. Tengo todavía una pregunta para ti: ¿qué puedes hacer tú por la Iglesia?».

[Traducción de ATRIO]

Fuente: ATRIO