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martes, 29 de julio de 2014

En búsqueda del rostro humano.


Oscar Fortín

Hace poco el presidente Santos de Colombia hablo de un capitalismo con rostro humano. Chávez, en su tiempo, se dedicó a dar un rostro humano al socialismo como siguen haciéndolo sus seguidores . El papa Francisco, por su parte, quiere devolver a la Iglesia el rostro humano de Jesús de Nazaret.

Hay en esta búsqueda del rostro humano a través de las distintas ideologías y creencias un signo de los tiempos. Se trata de poner en la primera línea de los valores el anhelo humano que caracteriza las personas y los pueblos de nuestro tiempo. No basta decirse capitalista, socialista, comunista, católico, cristiano etc., hay que transformar en realidad lo humano al cual cada persona y cada pueblo aspiran.

Más que nunca, realizamos que las ideologías y creencias se miden por sus capacidades en transformar lo inhumano en lo humano, de substituir las injusticias por la justica, las mentiras por la verdad, el individualismo por la solidaridad, la violencia por la compasión, la venganza por la misericordia. Se miden también por sus realizaciones en el campo de los bienes esenciales al desarrollo de las personas humanas. El papa Juan XXIII, en su encíclica Paz en la tierra, resume lo que se puede considerar como lo esencial de la condición humana:

“11.Al desarrollar, en primer término, el tema de los derechos del hombre, observamos que éste tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son, principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia médica y, finalmente, los servicios indispensables que a cada uno debe prestar el Estado. De lo cual se sigue que el hombre posee también el derecho a la seguridad personal en caso de enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por último, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento.

Importa, entonces, a la luz de lo anterior, que los gobernantes y dirigentes del mundo, independientemente de sus ideologías y creencias, se pongan al servicio de este “bien común”, el cual debe imponerse a todos los otros intereses individuales y corporativos. Para que este “bien común” se imponga con legitimidad es preciso que esté conforme a la voluntad mayoritaria del pueblo, expresada a través un referéndum general dando así fuerza a una constitución que define este bien común y el camino para alcanzarlo.

Para devolver a la humanidad su rostro humano no hay otro camino por parte de los Estados y organizaciones públicas que de abrir las puertas del poder a la participación de los pueblos, hacer posible que estos pueblos se den una constitución que refleje realmente sus voluntades en cuanto al poder del Estado y al bien común. De la misma manera les importa hacer de la solidaridad de todos los sectores el motor para lograr estos objetivos del bien común.

Ya llegamos al momento histórico que pone a prueba las ideologías y las creencias frente a los anhelos profundos de una humanidad destinada a existir y a vivir con rostro humano en el cual cada uno puede reconocerse. La buena voluntad y la determinación para conseguir estos objetivos se reconocerán a la capacidad de los gobernantes y dirigentes en sacrificar, si necesario, sus ideologías y creencias para cumplir con los imperativos del bien común de todos.

Yo veo como positivo esta voluntad de dar un rostro humano à las ideologías y creencias. Si Santos piensa poder lograrlo con el capitalismo, que lo haga. Pronto se dará cuenta que el capitalismo al igual, del imperialismo, no aceptará nunca la subordinación al poder de los pueblos

El problema no consiste en la competencia en los mercados sino en el rechazo de toda subordinación de parte del imperialismo y del capitalismo a los imperativos del bien común. El día en que el presidente Santos se dará cuenta que los capitalistas no pueden seguirlo sobre el camino del bien común no estará muy lejos del socialismo del siglo XXI.

Yo termino mi intervención, refiriéndome a una intervención del papa Pio XI que contradice la afirmación que decía en aquel entonces que “la libre competencia y la ley del mercado que alaban los economistas y empresarios eran fuente primera de las libertades individuales y colectivas”.

El papa Pio XI rechaza esta aserción con estas palabras:

“…la libre competencia, la cual, arrastrada por su dinamismo intrínseco, había terminado por casi destruirse y por acumular enorme masa de riquezas y el consiguiente poder económico en manos de unos pocos, «los cuales, la mayoría de las veces, nos son dueños, sino sólo depositarios y administradores de bienes, que manejan al arbitrio de su voluntad» (Ibíd., p.201ss). (MM35)

36. Por tanto la dictadura económica ha suplantado al mercado libre; al deseo de lucro ha sucedido la desenfrenada ambición del poder; la economía toda se ha hecho horriblemente dura, inexorable, cruel» (Ibíd., p.211). De aquí se seguía lógicamente que hasta las funciones públicas se pusieran al servicio de los económicamente poderosos; y de esta manera las riquezas acumuladas tiranizaban en cierto modo a todas las naciones. (MM36)

Esas referencias vienen de la Encíclica del papa Juan XXIII, MADRE EDUCADORA.

Oscar Fortin
25 de Julio 2014

Unas referencias




domingo, 6 de octubre de 2013

Basta ya de leyes antihumanas contra los inmigrantes.



El padre Ángel, "impresionado y compungido" ante los cadáveres de Lampedusa
"Alguien tiene que ser responsable de tantas muertes. Tenemos que salir a la calle"

Mensajeros de la Paz se ocupa de los menores supervivientes al naufragio-

"Alguien tiene que ser responsable de tantas muertes y tenemos que salir a la calle a gritar 'basta ya' de leyes antihumanas contra los inmigrantes". El padre Ángel, presidente y fundador de Mensajeros de la Paz, se encuentra hoy en Lampedusa, adonde ha viajado para unirse al dolor por el naufragio del barco de indocumentados yllevar ropa a los niños inmigrantes que están en la isla italiana.

"Estoy muy impresionado y muy compungido.Acabo de salir ahora de la morgue, donde había más de 140 cajas de muertos en el suelo, solo con un número, sin nombre, y más de seis cajas blancas de niños", afirmó el sacerdote.

"En estos momentos no se te ocurre más que rezar y llorar y también clamar, como el Papa, que es una vergüenza que en el siglo XXI exista esto. No es solo una vergüenza, sino que alguien tiene que ser responsable de tantas muertes y tenemos que salir a la calle a gritar 'basta ya' de leyes antihumanas contra los inmigrantes", agregó.

El presidente de la organización humanitaria, quien llegó anoche en la pequeña isla italiana, visitó hoy el hangar del aeropuerto de Lampedusa en el que yacen los hasta ahora 111 cadáveres recuperados, que serán trasladados a la vecina Sicilia para sepultarlos en distintos municipios insulares.

El sacerdote español tiene además previstosaludar a la alcaldesa de Lampedusa, Giusi Nicolini, a quien quiere reconocer su "valentía" por haber dado un toque de atención sobre lo que ocurre en la isla italiana con los flujos de inmigración, tanto a las autoridades de Italia como a las de la Unión Europea (UE).

"Lo que hacen falta son leyes y leyes. Hace falta sentido común, pero sentido común para esta Unión Europea, Premio Nobel de la Paz, que tiene que poner un poco de sentido común y no solo en esta isla de Lampedusa, sino en tantos lugares donde están llenos y sembrados los mares de muertos", comentó el padre Ángel.

En la UE "pierden tiempo y sesiones y sesiones en hacer leyes, mientras las leyes de los inmigrantes son duras, incluso para penalizar a quienes quieran ayudar a los inmigrantes. Es absurdo. Estoy con este Papa valiente, que lo que no han dicho los políticos y los gobernantes, lo ha dicho él. Esto es una vergüenza y hay demasiados sinvergüenzas", añadió.

En este sentido, el presidente de Mensajeros de la Paz se lamentó que los países europeos "no seamos capaces de poner paz y aprobar unas leyes de convivencia", que hagan que no se produzca tanto dolor ni tantos muertes en los flujos migratorios.

El religioso tiene previsto además este sábado abordar con el párroco de Lampedusa las necesidades de ayuda humanitaria que tiene la isla italiana, para ver en qué sentido Mensajeros de la Paz puede ayudar.

Por el momento, el padre Ángel ha viajado a la pequeña isla, considerada por muchos como la puerta de entrada por mar a Europa de la inmigración ilegal, con ropa para los menores de edad que se encuentran en el centro de acogida de Lampedusa, desbordado por el enorme flujo de indocumentados registrado este verano.

"Hay más de 120 niños en el centro de acogida de aquí y traemos solamente ropa para ellos, porque en este momento lo único que hay que hacer es estar cerca de ellos, acompañarles, compartir un poco el dolor y, sobre todo, estar ahora con los supervivientes", apuntó.

(Rd/Agencias)

viernes, 4 de octubre de 2013

Francisco de rodillas ante San Francisco.


Su santo, su lema, su guia: "Repara mi Iglesia"

José Manuel Vidal, 04 de octubre de 2013

Tras saludar a los franciscanos y franciscanas, acompañado de monseñor Sorrentino y del Hermano Mayor de los Franciscanos en la Basílica superior de Asís, el Papa se dirigió a la cripta, para venerar las reliquias de San Francisco. Francisco de rodillas ante San Francisco, su santo, su lema, su guia: "Repara mi Iglesia".

Acompañado de los cardenales del G8, que están con el Papa en Asís, el Papa visita el altar de la basílica superior, que le muestra el guardían del sacro convento. Y se dirige a la cripta, con su séquito.

El Papa coge un ramito de rosas blancas y amarillas y las deposita ante el altar de las reliquias y se arrodilla para rezar. En profunda concentración y con los ojos cerrados. Oración silenciosa e íntima.

Se levanta y sonríe, mientras saluda a los frailes presentes. Y les regala una cruz. Y apoya su mano sobre la tumba del santo

Y regresa de nuevo a la basílica superior, para prepararse a la eucaristía que se celebrará en la Plaza de San Francisco.



miércoles, 3 de julio de 2013

Una revisión urgente de la ley del celibato (J. Ratzinger).


J. Ratzinger y otros teólogos escribieron en su tiempo una Memorandum a la Conferencias Episcopal de Alemania, pidiéndole que revisara, con carácter de urgencia, su postura sobre la ley del celibato.

Era un momento importante (¡y perdido!) de la Historia de la Iglesia. Recordemos algunas fechas:

1965. Terminó el Concilio Vaticano II, con grandísimos logros, pero con algunos temas centrales que dejó para el estudio y decisión del Papa (Pablo VI: 1963-1978). Entre ellos sobresalían los del celibato del clero, la ordenación ministerial de las mujeres y la respuesta de la iglesia ante el tema de los anticonceptivos (formas de control de natalidad).

Pablo VI era en principio un hombre abierto, un hombre ejemplar, pero tuvo miedo y cerró los tres caminos; los cerró en falso . Pues bien, pienso que ha llegado el momento de volver al espíritu del Vaticano II, para replantear de un modo serio éstos y otros temas. Ésta es a mi juicio una de las tareas urgentes del Papa Francisco.


1967. La Sacerdotalis caelibatus mantuvo la obligación del celibato, con argumentos y justificaciones que no todos aceptaron (ni aceptan).

1968 Humanae Vitae. Pablo VI siguió teniendo miedo, y en contra del parecer de gran parte de sus consejeros, impuso (¡ante no la había!) la prohibición de los medios “no naturales” de control de natalidad (Humane Vitae). Gran parte de la iglesia no aceptó ni acepta sus razones; pienso que es hora de retomar aquel tema.

1975: Inter Insigniores, sobre la “ordenación ministerial de las mujeres”.Finalmente, en el ocaso de su pontificado, Pablo VI avaló y firmó una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe (¡el día de Santa Teresa: 15.10.75) donde exponía las razones en contra de la ordenación ministerial de la mujeres. Una parte muy considerable de los teólogos y, en especial, de los biblistas no compartieron las “razones del papa”. El tema sigue abierto, como he puesto de relieve en este blog hace unos pocos días (cf. 15.06.13).

Entre los que no aceptaron las razones y decisiones del Papa Pablo VI, por contrarias al “espíritu” del Vaticano II, destaca J. Ratzinger, que, con otros grandes teólogos, dos de ellos cardenales (Karl Lehmann y Walter Kasper, cf. también Karl Rahner) escribieron un memorándum a la Conferencia Episcopal Alemana pidiéndole que estudiara y revisara (¡en contra de la opinión del Papa) el tema del celibato.


El documento del Papa (Sacerdotalis Coelibatus, 1967) tenía carácter de Encíclica, la máxima autoridad de un texto papel (a no ser una declaración Ex Cathedra). A pesar de ello, Ratzinger y otros teólogos pidieran a la Conferencia Episcopal Alemana que revisara el tema, que iniciara un movimiento en contra de la obligación del celibato.


No sé si J. Ratzinger, luego Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, luego Papa, ha cambiado en este campo. Creo que no. Pero quizá los “cargos” le han hecho guardar silencio. No estaría mal que retomada su “espíritu primero”, ahora que se dispone a ofrecer al Papa Francisco su encíclica sobre la Esperanza.


Es claro que no todo se arregla con la “supresión del celibato”. Es claro que el tema ha de verse en un contexto nuevo del sentido y meta de los ministerios en la Iglesia… Pero los argumentos de aquellos teólogos alemanes siguen teniendo mucho peso y es bueno recordarlos en la iglesia.

Presentación y estudio del tema en:

Joseph Ratzinger y otros teólogos / 1970

MEMORANDO PARA LA DISCUSIÓN SOBRE EL CELIBATO

Los abajo firmantes, de la confianza de los obispos alemanes, elegidos en calidad de teólogos por la Conferencia Episcopal Alemana para tratar sobre cuestiones de la fe y la moral, se sienten obligados a presentar a los obispos alemanes las siguientes consideraciones. Nuestras reflexiones incluyen la necesidad de una revisión urgente y una mirada diferenciada de la ley del celibato de la Iglesia latina para Alemania y la Iglesia universal (debido a que ambos puntos de vista no pueden separarse completamente unos de otros). Si se quiere llamar a este nuevo examen “debate” o no es un problema secundario, terminológico. Sobre la cuestión de cómo se podría hacer esta revisión, se dirá algo más adelante. (Ver especialmente V).

I

La urgente necesidad de esta revisión no prejuzga en absoluto sobre la decisión de lo que deba surgir como resultado o de lo que concretamente resulte. Esta petición no es un reclamo de opositores al celibato sacerdotal. Los abajo firmantes tampoco han acordado hasta ahora una visión común de lo que ellos creen en particular sobre la cuestión de fondo. Pero todos están convencidos de que es apropiado y necesario que este examen se lleve a cabo en un alto y en el más alto nivel de la iglesia. Sólo para tal fin se redactaron las siguientes palabras, y no tocan ya el contenido específico de tal “discusión” en sí misma. Los firmantes pedimos a los Obispos alemanes no malinterpretar las consideraciones aquí presentadas como una lucha contra el celibato en sí.

Estamos convencidos de que el celibato libremente escogido como lo propone Mateo 19 no sólo representa una manera de existencia cristiana con sentido, esencial en todo momento para la iglesia como signo indispensable de su carácter escatológico, sino que también existen buenas razones teológicas para la relación entre la libre elección del celibato y el sacerdocio, ya que este ministerio requiere una amplia y definitiva entrega del ministro al servicio de Cristo y su Iglesia. En este sentido, ratificamos lo que recientemente se afirmó sobre el celibato en la “Carta de los obispos alemanes sobre el ministerio sacerdotal” (véase el apartado 45, 4to. párrafo; apartado 53, 2do. párrafo). Del mismo modo, también estamos convencidos de que, sin perjuicio del resultado de la discusión, el sacerdocio célibe permanecerá siendo una forma esencial del sacerdocio en la Iglesia latina.

Además resulta claro que, en nuestra Iglesia, el sacerdocio célibe debe permanecer –a diferencia de la práctica protestante- como forma auténtica y real del el clero secular, ya que, también en la conciencia pública social y psicológica, la vida soltera sin lugar a duda es asumida como un deber ante la Iglesia. Sin duda alguna los sacerdotes ya ordenados por supuesto no pueden ser liberados sencillamente y en forma general de sus promesas en la ordenación por una legislación nueva, posiblemente modificada, resulte ésta como resulte.En principio, una vez que el celibato es libremente escogido, obliga, y no se puede transformar en un compromiso revocable. A partir de estas razones, un verdadero debate de la ley del celibato no debe incrementar la confusión en nuestros seminarios sacerdotales hasta lo insostenible o provocar mayoritariamente una suspensión de todas las decisiones en los jóvenes. Nuestra solicitud, por tanto, no debe identificarse sólo con el tipo de discusión o con la “solución” dada en Holanda a esta pregunta, aún cuando no deben ser ignoradas la necesidad común y la urgencia del problema para la Iglesia universal.

Por lo tanto, el planteo de la revisión aquí mentada cuestiona, si la forma en la que se dio la existencia sacerdotal hasta la actualidad en la Iglesia latina pueda ser la única forma de vida y deba seguir siéndolo. Son conocidas las objeciones presentadas a menudo en contra de dicha revisión; en realidad concretamente sólo podría darse una forma de vida sacerdotal; en el caso de aprobarse otras formas de vida, habría de esperarse la desaparición del sacerdote célibe. Somos conscientes de estas razones. Pero quien de antemano considera como superfluo este esclarecimiento, parece tener poca fe en el poder de este consejo del evangélico yen la gracia de Dios, de la que luego en otro lugar afirma que está operando - no la mera “ley” - sino este don de Cristo. (Esto no está claro)

II

Ciertamente, esta revisión puede llevarse a cabo. - Es que no es teológicamente correcto que en las nuevas situaciones históricas y sociales algo no se pueda revisar y, en ese sentido, no se pueda “discutir” lo que es una ley humana en la Iglesia (mandato del celibato) por una parte y, por otra, lo que existe como una realidad aceptada en otro ámbito de la Iglesia (véanse las Iglesias de Oriente).Afirmar lo contrario no encuentra sustento en ningún argumento teológico serio. Si se dijera, que el principal pastor de la Iglesia prohíbe este “debate” y que para exigirlo posee por lo menos razones psicológicas muy buenas y por tanto de peso (debido a que un debate adicional está minando la voluntad real al celibato en la iglesia), deberá responderse al menos lo siguiente:


a) En la posición, que la doctrina eclesiástica del Concilio Vaticano II asigna a los obispos, éstos no pueden ser liberados por dicha declaración papal (siempre y cuando haya acontecido) de su propia responsabilidad de reconsiderar por sí mismos y específicamente en modo novedoso esta pregunta; el Papa tampoco puede aliviarlos de esta responsabilidad. Ellos no son funcionarios papales o simplemente ejecutores de su voluntad, sino como un cuerpo (junto al sucesor de Pedro), verdadero soporte del máximo poder de toma de decisiones en la Iglesia. En tanto claustro, por lo menos son interlocutores dignos de ser escuchados por el Papa (aún cuando éste pueda hacer uso de su poder primacial!) y aunque un consejo de esta índole sea tomado con reticencia (ver a Pablo y Pedro: Ga. 2). Pero para cumplir con esta tarea, los obispos deben revisar tal pregunta entre ellos de modo colegial y por su propia iniciativa. Si hasta un simple subordinado tiene el derecho y la obligación de cuestionarse, si no debe y puede presentar sus preocupaciones y advertencias en cuestiones importantes a su superior, aun sin serle requerido, ¿cuánto más es válido este principio también para los obispos de la Iglesia Católica frente al Papa? Y justamente esto requiere de una reconsideración especial de la cuestión.

Hubiese sido mucho mejor, si los ministros responsables de la Iglesia hubieran considerado ya hace unos años seriamente y con detalle la situación creada. Entonces, las reflexiones necesarias probablemente hubiesen transcurrido en una atmósfera más apropiada para el asunto y no cargadas de tanta emotividad. Esto no altera el hecho de que la mentada revisión se ha vuelto más urgente hoy día.

b) Es sabido que ya está en marcha una discusión, y es un hecho duro y crudo a tener en cuenta, que esta disputa continúa. Si no avanza en el nivel más alto, lo hace, ciertamente, en los niveles inferiores (por no hablar de los medios de comunicación). Sin embargo, si continúa sólo aquí, se espera que cobre formas que colocarán a los obispos ante situaciones muy difíciles, sencillamente intolerables, como por ej. las encuestas públicas, que perjudican en extremo su autoridad ; desobediencia manifestada colectivamente; renuncias masivas de sacerdotes a su vida sacerdotal, etc. Tampoco es cierto - como lo demuestra el ejemplo de Roboam en el Antiguo Testamento - que cualquier dureza en el mantenimiento de una posición garantice la victoria, y cada “ceder” conduzca a la derrota (ver l Reyes 11 - 12). Los que deciden adherir a la legislación vigente del celibato, deberían haber defendido en el transcurso de los últimos años argumentos prácticamente convincentes con un espíritu de coraje y compromiso, es decir utilizando una táctica “ofensiva”. En su lugar, en gran medida se han escudado detrás de la “ley”, y fueron los regentes, los espirituales y otros los que quedaron peleando en el frente concreto. Ahora sale a la luz esta situación y empuja sin descanso a encontrar una respuesta valedera.

III

Estas consideraciones deben tenerse en cuenta al abordar una revisión. - No es cierto que todo resulta claro y seguro en esta cuestión y que deba mantenerse lo establecido exclusivamente en base a la confianza en Dios y al valor. Honestamente hay que reconocer que la encíclica “Sacerdotalis Coelibatus”, del 24 de junio de 1967 no dice nada acerca de muchos temas, en los cuales debería haberse explayado, y que en algunos aspectos incluso queda por detrás de la teología del Concilio Vaticano II (por no hablar de la forma de discurso elegida para desplegar la cuestión). En cualquier caso, resultó ser muy ineficiente y ha provocado en los sacerdotes jóvenes más bien la impresión de que se está defendiendo algo, que luego caerá , tal como ha ocurrido en varias combates de retirada de la Iglesia oficial (véanse, por ejemplo, tan sólo las diferentes fases de la reforma litúrgica ). Es necesario repensar muchos temas con mayor precisión en cuanto a las cuestiones psicológicas, sociológicas, jurídicas, espirituales, morales y teológicas, y en vista de los problemas frecuentemente pasados por alto surgidos de la concreta forma de vida del sacerdocio célibe de hoy (inclusive las cuestiones referidas a formas todavía hoy día indignas para disponer la dispensa al celibato).

Tampoco es cierto, que la totalidad del problema de la insuficiencia de sacerdotes no guarde relación con estas consideraciones. Por supuesto, la escasez de sacerdotes no es causada únicamente por el requisito del celibato, sino posee además múltiples y más profundas causas. Pero sería erróneo concluir que las dos cuestiones no tienen nada que ver entre ambas. Si, sin modificación de la ley del celibato no es posible ganar un aumento suficientemente importante de sacerdotes- y esta pregunta es también para nuestro país aún una amenaza abierta - entonces la Iglesia sencillamente tiene el deber de realizar alguna modificación. La convicción, de que Dios obtendría siempre en cualquier caso suficientes sacerdotes célibes por su gracia, es una esperanza buena y piadosa, pero teológicamente imposible de demostrar, y no puede permanecer en estas consideraciones como punto de vista único y decisivo. Especialmente los jóvenes sacerdotes que aún tienen un largo trayecto de su vida sacerdotal por delante y una exigencia cada vez mayor en su servicio a la Iglesia, se preguntan, en vistas de la escasez cada vez más aguda de sacerdotes, de qué manera resolverán estos problemas de la vida de la iglesia y de su propio destino en los próximos años, cuando ellos mismos deban asumir mayor responsabilidad. Para ellos, la mirada idealizada hacia atrás no alcanza, aún cuando ellos mismos mantengan su modo de vida previamente elegido.

De cualquier modo, es imperioso hacer una advertencia sobre el argumento, según el cual el número real de católicos en el futuro será en poco tiempo lo suficientemente pequeño, que un número menor de clero célibe alcanzará. Si tal vez tenemos que prever por diversas razones un desarrollo en esta dirección, esto no deberá ser la causa que devenga en un derrotismo o en una ideología del “pequeño resto”. La Iglesia debe tener fuerzas misioneras para la ofensiva, siempre donde exista una posibilidad. La legislación anterior acerca del celibato desde luego no puede entenderse como una referencia absoluta para las reflexiones, según la cual deban orientarse con exclusividad todas las demás consideraciones eclesiásticas y pastorales. Si pese a los “graves reparos” el Papa mismo aparentemente no rechaza la idea de la consagración de hombres mayores casados («viri probati”) a priori y absolutamente como indiscutible (de hecho, en algunos casos ya se está haciendo), entonces implícitamente se acepta la nueva revisión de la legislación vigente del celibato y su práctica. A su vez debemos admitir - por lo que percibimos en nuestros estudiantes de teología - que a menudo tenemos la impresión, de que nuestra actual reglamentación en gran medida conduce no sólo a una disminución en el número de candidatos para el sacerdocio, sino también a un empobrecimiento del talento, y por tanto a una reducción en las exigencias y la eficacia de los sacerdotes aún disponibles; sin perjuicio de un número muy reducido de teólogos muy talentosos, que a menudo se acercan a nosotros con el propósito de una segunda formación. Los que aseguran a su obispo no tener ninguna dificultad con respecto a la aceptación del celibato, no han demostrado por esto de modo concluyente que son aptos para la consagración.

Todavía queda abierta la pregunta, hasta qué punto estas explicaciones pueden plantearse sin despertar reservas internas y ser tomadas con seriedad por los obispos. Casi en todas partes experiencias recientes documentan nuestra duda. Por su parte, los resultados de los votos a favor o en contra del celibato obtenidos o esperables entre los alumnos dan lugar a muy serios reparos. La situación real es muy alarmante en la mayoría de las casas de estudio y seminarios.

IV

Cuando se trata de un asunto, que no es dogmático en sentido estricto, el legislador eclesiástico también tiene la obligación de considerar debidamente el impacto de su legislación (incluyendo la adhesión a esta misma). En primer lugar, deben enfocarselos efectos que por una parte son previsibles y por otra parte son los más dañinos (en comparación con sus buenas intenciones). Esto vale incluso, si los efectos “en sí” no se producirían y en cierto modo representasen una reacción indeseada de aquellos, que están afectados por esta “ley”. Además, un legislador de la Iglesia no puede limitarse a decir: nuestra “ley “ y nuestras intenciones son en sí mismasbuenas por su contenido, son formalmente legítimas y sólo pueden tener buenos resultados, siempre que esta “ley” sea acatada (como debería ser). Cada legislador a su vez debe reflexionar sobre las consecuencias reales de sus disposiciones. Esta consideración sencilla, a primera vista aparentemente abstracta, pero de ninguna manera secundaria, no parece efectuarse siempre suficientemente. Ya hemos fijado la vista en esta cuestión de modo objetivo en cuanto al cumplimiento del mandato de la Iglesia y del ministerio (prioridad del servicio de salvación pastoral, escasez de sacerdotes, los requisitos cualitativos del sacerdote, etc.)

Este problema, empero, también debe pensarse en cuanto a la viabilidad de la vida de celibato de los sacerdotes jóvenes de hoy (véase, por ejemplo, la cuestión de la atención en el hogar - “ama de casa”; el creciente aislamiento y la pérdida de verdadero “reconocimiento” de numerosos sacerdotes en medio de muchas comunidades; la falta de nitidez de la imagen sacerdotal; la indecisión y la inestabilidad psicológica de cuantiosos jóvenes para llevar adelante hoy día en la sociedad sexualmente sobre-estimulada una “saludable” vida de celibato, etc.) La situación totalmente modificada por todo esto no es por sí misma un argumento concluyente contra la ley del celibato, pero requiere sin embargo una revisión muy seria de la cuestión desde numerosos puntos de vista.

V

1. El nuevo examen sobre la cuestión del celibato debería ser realizado por los obispos alemanes entre sí, en primer lugar. Por supuesto, deberían ser invitados a participar expertos de todos los ámbitos que puedan aportar un esclarecimiento real a esta cuestión. Tampoco hay razones para excluir otros representantes imparciales, no manipulados y genuinos de los sacerdotes y sobre todo del clero más joven. En caso contrario, el episcopado sólo daría la impresión de no creer realmente en la fuerza interior de la recomendación evangélica del celibato “por el bien del Reino Divino”, sino únicamente en el poder de la autoridad formal. Tal inventario positivo y análisis del problema debe llevarse a cabo, a su vez, porque el asunto del celibato debe ser expuesto comprensiblemente y con sentido, mismo dentro de los condicionamientos de la opinión pública y de la sociedad actuales – en tanto esto sea posible - conociendo los límites muy claros de este esfuerzo. Constituirá un “estorbo”, permanente pero no eximirá de ser presentado con los mejores argumentos, si se realiza una revisión seria y se puede arribar a resultados positivos (ver también más arriba la sección l). Por más que sepamos, que el celibato es ante todo un fruto de experiencia espiritual, como representantes de la ciencia teológica, tenemos que llamar la atención sobre la función positiva, esclarecedora e indispensable de una revisión.

2. Además, estamos convencidos de que los obispos alemanes deben propiciar ante Pablo VI una revisión seria de la ley de celibato y sugerir aclaraciones y medidas pertinentes. Los obispos tienen el derecho a esto y, en la situación actual, creemos también una real obligación. Un verdadero “debate”, que ya debiera haberse producido en lugar de la charla pública, tampoco sería un precedente para una respuesta negativa a la cuestión. Dicha revisión no debería realizarse bajo la premisa, que la Iglesia y el Papa se encuentren sólo ante el dilema de “abolir” el celibato o mantener la legislación y práctica vigentes sin todos los matices. El dilema así planteado no existe. Creemos que esta cuestión de Roma sólo puede resolverse en cooperación verdaderamente sincera y colegial con el episcopado del mundo. Cualquier proceder según los últimos pasos pone en extremo peligro la autoridad efectiva del ministerio eclesiástico (del Papa y los obispos). Pedimos a los obispos alemanes una pronta intervención en Roma, en vistas de la evolución reciente de este asunto. La experiencia hecha con “Humanae Vitae” y también en nuestra presente cuestión (sobre todo en los últimos 10 días) demuestra lo que ocurre y como las dificultades van en aumento casi trágico, si falta la cooperación. Esta opinión no cuestiona ni limita la primacía papal. Es sólo la aplicación de la afirmación implícita, que también el Papa debe utilizar en sus decisiones las “apta media” para encontrar la decisión adecuada. En la situación actual, esta cooperación con el episcopado mundial es, al tratar estas cuestiones, prácticamente parte de estas “apta et – hodie necessaria - media”, y no un simple “simulacro de disputa”.
Tal vez nuestra opinión sea rotulada con el veredicto de la ambigüedad o incluso de la contradicción, y sea pasada por alto. Pero las reales dificultades descansan en la situación objetiva muchas veces confusa, resultado de diversos factores. Hemos querido enfrentarnos a esta situación, sin ignorar la fuerza y la exigencia del Evangelio. No debemos hacer prescripciones a los obispos alemanes. Pero tenemos el derecho y el deber de decir en esta grave situación a los miembros de la Conferencia Episcopal Alemana, basándonos en nuestro ministerio como teólogos y en nuestra misión como consultores con todo respecto a la dignidad y gran responsabilidad de su cargo, que deben tomar una nueva iniciativa en el asunto del celibato y no pueden considerarse dispensados sólo debido a la práctica actual de la Iglesia y a las declaraciones del Papa.

9 de febrero de 1970

suscribe Ludwig Berg, Mainz
suscribe Alfons Deissler, Freiburg
suscribe Richard Egenter, München
suscribe Walter Kasper, Münster
suscribe Karl Lehmann, Mainz
suscribe Karl Rahner, Münster-München
suscribe Joseph Ratzinger, Regensburg
suscribe Rudolf Schnackenburg, Würzburg
suscribe Otto Semmelroth, Frankfurt

viernes, 25 de noviembre de 2011

Leo Boff: "Ay de vosotros, dueños del poder"


Las Bienaventuranzas del Cristo del Corcovado.

"Bienaventurados los que sueñan con un mundo nuevo posible"


(Leonardo Boff).- En aquellos días, al completar 80 años de existencia, el Cristo del Corcovado se estremeció y se reanimó.Lo que era cemento y piedra se hizo carne y sangre. Extendiendo sus brazos, como quien quiere abrazar el mundo, abrió la boca, habló y dijo: 
«Bienaventurados vosotros, pobres, hambrientos, enfermos y caídos en tantos caminos sin un buen samaritano que os socorra. El Padre que es también Madre de bondad os lleva en su corazón y os promete que seréis los primeros herederos del Reino de justicia y de paz.Ay de vosotros, dueños del poder, que desde have quinientos años chupáis la sangre de los trabajadores, reduciéndolos a combustible barato para vuestras máquinas de producir riqueza inicua. No seré yo quien os juzgue, sino las víctimas que hicisteis, detrás de las cuales yo mismo me escondía y sufría.
Bienaventurados todos vosotros, indígenas de tantas etnias, habitantes primeros de estas tierras risueñas, que vivís en la inocencia de la vida en comunión con la naturaleza. Fuisteis casi exterminados, pero ahora estáis resucitando con vuestras religiones y culturas dando testimonio de la presencia del Espíritu Creador que nunca os abandonó.
Ay de aquellos que os subyugaron, os mataron por la espada y la cruz, os negaron la humanidad, satanizaron vuestros cultos, os robaron las tierras y ridiculizaron la sabiduría de vuestros chamanes.
Bienaventurados, y repito bienaventurados, vosotros, mis hermanos y hermanas negros, injustamente traídos de África para ser vendidos como piezas en el mercado,hechos carbón para ser consumido en los ingenios azucareros, siempre acosados y muriendo antes de tiempo.
¡Ay de los que os deshumanizaron!.La justicia clama al cielo hasta el día del juicio final. Maldito el barracón de los esclavos, maldito el cepo, maldito el látigo, malditas las cadenas, maldito el navío negrero. Bendito el refugio del palenque, adviento de un mundo de libertos y de una fraternidad sin distinciones.
Bienaventurados los que luchan por la tierra en el campo y en la ciudad, tierra para vivir y para trabajar y sacar del suelo alimento para sí, para los otros, para las hambres del mundo entero.
Maldito el latifundio improductivo que expulsa a los que lo trabajan como propio y asesina a quien lo ocupa para tener donde vivir, trabajar y ganar el pan para sus hijos e hijas. En verdad os digo: llegará el día en que seréis expoliados. La poca tierra que os cubra será un peso abrumador sobre vuestras sepulturas.
Bienaventuradas sois vosotras, mujeres del pueblo, que resististeis contra la opresión milenaria, que conquistasteis espacios de participación y de libertad y que estáisluchando por una sociedad que no se defina por el género. Una sociedad en la que hombres y mujeres, juntos, diferentes, recíprocos e iguales inauguraréis la alianza perenne del compartir, del amor y de la corresponsabilidad.
Benditos vosotros, millones de menores carentes de todo y lanzados a las calles, víctimas de una sociedad de exclusión que ha perdido la ternura por la vida inocente. Mi Padre, como una gran Madre enjugará vuestras lágrimas y os estrechará contra su pecho porque sois sus hijos e hijas más queridos.
Felices los pastores que sirven humildemente al pueblo en medio del pueblo, con el pueblo y para el pueblo. Ay, de aquellos que visten trajes vistosos, se llenan de vanidad en las televisiones, usan símbolos sagrados de poder, exaltan al Padre Nuestro y olvidan el Pan Nuestro. ¡Cuántos no usan el cayado contra las ovejas en vez de usarlo contra los lobos! No los reconozco y no daré testimonio en su favor cuando se presenten delante de mi Padre.
Bienaventuradas las comunidades eclesiales de base, los movimientos sociales por la tierra, por el techo, por la educación, por la salud, por la seguridad. Felices ellos que, sin necesitar hablar de mí, asumen la misma causa por la cual viví, fui perseguido y ejecutado en la cruz. Pero resurgí para continuar la insurrección contra un mundo que da más valor a los bienes materiales que a la vida, que privilegia la acumulación privada sobre la participación solidaria y que prefiere dar alimentos a los perros antes que a las personas hambrientas.
Bienaventurados los que sueñan con un mundo nuevo posible y necesario en el cual todos puedan caber, naturaleza incluida. Felices aquellos que aman a la Madre Tierra como a su propia madre y respetan sus ritmos, dándole paz para que pueda rehacer sus nutrientes y siga produciendo todo lo que necesitamos para vivir.
Bienaventurados los que no desisten, sino que resisten e insisten en que el mundo puede ser diferente y lo será, un mundo donde la poesía camine junto al trabajo, la música se junte con las máquinas, y todos se reconozcan como hermanos y hermanas, viviendo en la única Casa Común que tenemos, este bello y luminoso pequeño planeta Tierra.
En verdad, en verdad os digo: felices vosotros porque sois todos hijos e hijas de la alegría, pues estáis en la palma de la mano de Dios. Amén».