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miércoles, 22 de abril de 2015

Cuando los pueblos remueven las instituciones de poder.


Oscar Fortín

SOMOS PUEBLOS DE DIOS

La ultima cumbre de las Américas en Panamá puso de relieve cuanto importante estuvo la Cumbre de los pueblos que se realizo al mismo tiempo, en la misma ciudad para tratar de los mismos temas. De un lado, 35 jefes de Estado que no logran entenderse sobre una declaración común porque 2 de estos jefes, Estados Unidos y Canadá, se opusieron a lo que los cancilleres de todos estos países habían redactado en un común conceso. Del otro lado, centenares de representantes de organizaciones sociales, de movimientos ligados a todo lo que toca a uno u otro aspecto del desarrollo de las personas como de los pueblos, lograron firmar una declaración final.

Lo que nos revela esta Cumbre de las Américas es que los pueblos están allí para quedarse tanto como poder democrático que como expresión de sus intereses, independiente de los jefes de Estado. No es que andan en contra o en pro de estos poderes, sino que desarrollan un pensamiento que nace de sus propias experiencias y que aclara el camino por el cual los pueblos y sus dirigentes tienen que caminar. No tienen dependencias a grandes capitales como ocurre a menudo con los jefes de Estado. Los pueblos son libres.

Esta experiencia de los pueblos que asumen la responsabilidad del poder que les corresponde me hizo pensar que así debiera actuar el Pueblo de Dios en la Iglesia con relación al poder eclesial que se expresa a través el Vaticano y las jerarquías. Si cada vez que hay un sínodo o un encuentro de los representantes de las jerarquías para tratar una problemática de la Iglesia, el Pueblo de Dios se movilizaría para discutir de lo mismo al partir de su propia realidad, alcanzaríamos mas rápido los cambios que se imponen y se alumbraría con mas claridad los caminos por donde pasan el testimonio de Jesús y él de sus seguidores.

El Pueblo de Dios se encuentra en las comunidades de base, en los movimientos sociales y en muchos otros movimientos que interpelan, como es el caso de los profetas y teólogos, la institucionalidad y orientaciones de la Iglesia.

En el Evangelio de Mateo tenemos la confirmación de esos dos poderes. Hay el poder dejado por Jesús a Pedro (Mt. 16,18) y hay el poder dejado al pueblo, del cual poco hablamos (Mt,18,18). En esta ultima referencia, Jesús entrega a la comunidad el poder de decidir de lo correcto cuando hay divergencias o problemas en la comunidad.

« De cierto os digo que todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo. » (Mt.18,18)

Me parece que ha llegado la hora para que el Pueblo de Dios tome consciencia de este poder y que lo asume en la Iglesia con toda legitimidad.

Cuando Pablo, en su carta a los Efesios (2,20) habla de las dos columnas a base de la Iglesia, hablando de la columna de los Apóstoles y la de los profetas, expresa algo de estos dos poderes. En general, los profetas andan con el pueblo de Dios, mientras tanto los apóstoles se dedican al anuncio de la buena noticia del Reino de Dios.

"Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo"

Al actuar así, Jesús impide toda forma de exclusividad del poder. Los dos poderes deben concertarse sin nunca olvidar que Jesús sigue siempre la cabeza de la Iglesia y ,su Espíritu, él que distribuye sus dones como bueno lo entiende. El único monopolio que existe es el de Jesús resucitado, y de su Espíritu. Los dos poderes tienen que andar mano en mano para mejor servir la humanidad en sus anhelos de justicia, de verdad, de solidaridad, de compasión y de misericordia. Importa que estos dos poderes pueden expresarse en las mismas condiciones que les corresponde al poder del Vaticano y de las jerarquías.

Aquí tengo que poner de relieve un articulo, “Los guardianes de la Iglesia”, recién publicado en Redes cristianas que me llamo la atención y con el cual estoy completamente de acuerdo.

“Todas las instituciones o departamentos de la Iglesia que he citado sirven para el bien del Pueblo de Dios, (y si no sirven para eso, ¡no tienen sentido en la Iglesia!), para su crecimiento, mantenimiento y cultivo.

En conclusión, quisiera sugerir que una parte de los fondos del Banco del Vaticano sirva para sostener esta participación y movilización del Pueblo de Dios al igual que sirve a las jerarquías para cumplir su misión al servicio de todos los hombres y mujeres de buena voluntad del mundo.

La única manera de liberar la Iglesia-institucional del poder que la mantiene presa de los poderes del mundo, es que la Iglesia-Pueblo de Dios intervenga cada vez que se reúne la Iglesia-institucional para dar su opinión y exigir, si necesario, los cambios que se imponen.

No podemos dejar por mas tiempo entre las manos de un grupo de cardenales y obispos, la exclusividad de la responsabilidad de los dos poderes que Jesús dejo a su Iglesia. Al pueblo de Dios le corresponde alzar su voz para hacer entender lo que Jesús y su Espíritu dicen con relación a la buena noticia del Reino de Dios para todas la personas de buena voluntad. La Iglesia en su conjunto es, ante todo, un compromiso para servir la justicia, la verdad, la compasión, la solidaridad, la misericordia, liberando así la humanidad de las injusticias, de las mentiras, del fanatismo, del individualismo y del farisaísmo.

Oscar Fortín
El 18 de abril 2015



martes, 29 de julio de 2014

En búsqueda del rostro humano.


Oscar Fortín

Hace poco el presidente Santos de Colombia hablo de un capitalismo con rostro humano. Chávez, en su tiempo, se dedicó a dar un rostro humano al socialismo como siguen haciéndolo sus seguidores . El papa Francisco, por su parte, quiere devolver a la Iglesia el rostro humano de Jesús de Nazaret.

Hay en esta búsqueda del rostro humano a través de las distintas ideologías y creencias un signo de los tiempos. Se trata de poner en la primera línea de los valores el anhelo humano que caracteriza las personas y los pueblos de nuestro tiempo. No basta decirse capitalista, socialista, comunista, católico, cristiano etc., hay que transformar en realidad lo humano al cual cada persona y cada pueblo aspiran.

Más que nunca, realizamos que las ideologías y creencias se miden por sus capacidades en transformar lo inhumano en lo humano, de substituir las injusticias por la justica, las mentiras por la verdad, el individualismo por la solidaridad, la violencia por la compasión, la venganza por la misericordia. Se miden también por sus realizaciones en el campo de los bienes esenciales al desarrollo de las personas humanas. El papa Juan XXIII, en su encíclica Paz en la tierra, resume lo que se puede considerar como lo esencial de la condición humana:

“11.Al desarrollar, en primer término, el tema de los derechos del hombre, observamos que éste tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son, principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia médica y, finalmente, los servicios indispensables que a cada uno debe prestar el Estado. De lo cual se sigue que el hombre posee también el derecho a la seguridad personal en caso de enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por último, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento.

Importa, entonces, a la luz de lo anterior, que los gobernantes y dirigentes del mundo, independientemente de sus ideologías y creencias, se pongan al servicio de este “bien común”, el cual debe imponerse a todos los otros intereses individuales y corporativos. Para que este “bien común” se imponga con legitimidad es preciso que esté conforme a la voluntad mayoritaria del pueblo, expresada a través un referéndum general dando así fuerza a una constitución que define este bien común y el camino para alcanzarlo.

Para devolver a la humanidad su rostro humano no hay otro camino por parte de los Estados y organizaciones públicas que de abrir las puertas del poder a la participación de los pueblos, hacer posible que estos pueblos se den una constitución que refleje realmente sus voluntades en cuanto al poder del Estado y al bien común. De la misma manera les importa hacer de la solidaridad de todos los sectores el motor para lograr estos objetivos del bien común.

Ya llegamos al momento histórico que pone a prueba las ideologías y las creencias frente a los anhelos profundos de una humanidad destinada a existir y a vivir con rostro humano en el cual cada uno puede reconocerse. La buena voluntad y la determinación para conseguir estos objetivos se reconocerán a la capacidad de los gobernantes y dirigentes en sacrificar, si necesario, sus ideologías y creencias para cumplir con los imperativos del bien común de todos.

Yo veo como positivo esta voluntad de dar un rostro humano à las ideologías y creencias. Si Santos piensa poder lograrlo con el capitalismo, que lo haga. Pronto se dará cuenta que el capitalismo al igual, del imperialismo, no aceptará nunca la subordinación al poder de los pueblos

El problema no consiste en la competencia en los mercados sino en el rechazo de toda subordinación de parte del imperialismo y del capitalismo a los imperativos del bien común. El día en que el presidente Santos se dará cuenta que los capitalistas no pueden seguirlo sobre el camino del bien común no estará muy lejos del socialismo del siglo XXI.

Yo termino mi intervención, refiriéndome a una intervención del papa Pio XI que contradice la afirmación que decía en aquel entonces que “la libre competencia y la ley del mercado que alaban los economistas y empresarios eran fuente primera de las libertades individuales y colectivas”.

El papa Pio XI rechaza esta aserción con estas palabras:

“…la libre competencia, la cual, arrastrada por su dinamismo intrínseco, había terminado por casi destruirse y por acumular enorme masa de riquezas y el consiguiente poder económico en manos de unos pocos, «los cuales, la mayoría de las veces, nos son dueños, sino sólo depositarios y administradores de bienes, que manejan al arbitrio de su voluntad» (Ibíd., p.201ss). (MM35)

36. Por tanto la dictadura económica ha suplantado al mercado libre; al deseo de lucro ha sucedido la desenfrenada ambición del poder; la economía toda se ha hecho horriblemente dura, inexorable, cruel» (Ibíd., p.211). De aquí se seguía lógicamente que hasta las funciones públicas se pusieran al servicio de los económicamente poderosos; y de esta manera las riquezas acumuladas tiranizaban en cierto modo a todas las naciones. (MM36)

Esas referencias vienen de la Encíclica del papa Juan XXIII, MADRE EDUCADORA.

Oscar Fortin
25 de Julio 2014

Unas referencias




martes, 8 de abril de 2014

Los sacramentos de la humanidad.



Oscar Fortin

En las religiones cristianas, los sacramentos ocupan un lugar importante. En resumen, Jesús de Nazaret habría dejado ritos sacramentales, por los cuales sigue comunicando sus gracias y sus beneficios de la salvación. Estos ritos fueron definidos a través de los siglos para convertirse en los siete sacramentos que definen, en exclusividad, la acción salvífica de Cristo en el mundo. Obviamente, los gestionaros de estos sacramentos son las autoridades eclesiales y en ciertos casos los bautizados.


Este enfoque de la acción salvífica de Cristo en el mundo no resiste más al desarrollo de los conocimientos bíblicos, exegéticos, teológicos e históricos de las últimas décadas. El Jesús de Nazaret, cuya figura se aproxima cada vez más a nosotros, tiene una acción y un mensaje que nos orientan diferentemente en la comprensión de su presencia en el mundo. Es él que nos hace llegar a los más pequeños, a los excluidos, a los marginados, identificándose a ellos. "Todo lo que harán a los más pequeños de los míos, a mí me lo hacen." Es él quien alentó a aquellos que luchaban por la justicia y a quienes declaró bendecidos en las inevitables persecuciones de las cuales eran víctimas. Cada una de las Bienaventuranzas puede ser considerada en este sentido. Con este entendimiento de la acción de Jesús en el mundo, podemos identificar siete de ellas como los sacramentos con mas significado de su presencia en la humanidad: las obras de verdad, de justicia, de solidaridad, de inclusión, de compasión, de liberación y del amor. Para conocer algo más sobre cada uno de estos sacramentos, ver aquí.

Estas siete obras coincidan con los mas importantes mandatos de Jesús. En el día del juicio final (Mateo (25, 31-26) tendremos que responder de estas obras. También, al leer a los profetas resalta la importancia que le dan al seguimiento de estas consignas de acción, las cuales representan el verdadero culto que le gusta a Yahvé.

« No me sigan trayendo vanas ofrendas;
el incienso es para mí una abominación.
Luna nueva, sábado, convocación a la asamblea...
no puedo aguantar la falsedad y la fiesta!
Cuando extienden sus manos,
yo cierro los ojos;
por más que multipliquen las plegarias,
yo no escucho: 
las manos de ustedes están llenas de sangre, aprendan a hacer el bien!
¡Busquen el derecho,
socorran al oprimido,
hagan justicia al huérfano,
defiendan a la viuda! » (Is 1, 13-17)

« El que obra con justicia y habla con rectitud,
el que rehúsa una ganancia extorsionada,
el que sacude sus manos para no retener el soborno,
el que tapa sus oídos a las propuestas sanguinarias,
el que cierra los ojos para no ver la maldad: ese hombre habitará en las alturas,
rocas fortificadas serán su baluarte,
se le dará su pan
y tendrá el agua asegurada. » (Is 33, 15-16)

« ¡Ay de los que acumulan una casa tras otra
y anexionan un campo a otro,
hasta no dejar más espacio
y habitar ustedes solos en medio del país!
El Señor de los ejércitos lo ha jurado a mi oído: 
Sí, muchas mansiones, grandes y hermosas,
quedarán desoladas por falta de habitantes. ¡Ay de los que llaman bien al mal
y mal al bien,
de los que cambian las tinieblas en luz
y la luz en tinieblas,
de los que vuelven dulce lo amargo
y amargo lo dulce, de los que absuelven por soborno al culpable
y privan al justo de su derecho! ¡Ay de los que promulgan decretos inicuos
y redactan prescripciones onerosas, para impedir que se haga justicia a los débiles
y privar de su derecho a los pobres de mi pueblo,
para hacer de las viudas su presa
y expoliar a los huérfanos! » (Is 5, 8-9. 20-23; 10, 1-2)

« Júzgame, Señor, 
y defiende mi causa 
contra la gente sin piedad; 
líbrame del hombre falso y perverso. » (Sal 43,1). « Con gloria y majestad, avanza triunfalmente; cabalga en defensa de la verdad y de los pobres. 
Tu mano hace justicia y tu derecha, proezas. »(Sal 45,4)

« Así habla el Señor: Practiquen el derecho y la justicia; libren al explotado de la mano del opresor; no maltraten ni hagan violencia al extranjero, al huérfano y a la viuda; no derramen sangre inocente en este lugar. » (Jer 22,3)

Estas intervenciones de los profetas remontan a más de 2500 años, pero siguen de gran actualidad. El mundo en que vivimos contiene, como en estos antiguos tiempos, la misma confrontación entre las fuerzas de la corrupción, de las mentiras, de la avaricia y esas otras fuerzas apoyadas por el Eterno : la justicia, la compasión, la verdad, la honradez, la no-violencia y el respeto de los más débiles. Basta con mirar lo que está pasando en todas las partes del mundo para constatar hasta que punto hemos llegado en el arte de disfrazar en lo bueno esas fuerzas de contaminación y de destrucción de la humanidad. Vivimos en un mundo de “falsos positivos” en que los buenos son presentados como los malos y los malos como los buenos. Hemos llegado a la cima del engaño y de la codicia.

¿Qué papel asume la Iglesia en este mundo dominado por el engaño y la codicia? La pregunta es de las mas importantes, pues la Iglesia es la que lleva la buena noticia del Reino de Dios en la Tierra. La oración que nos enseno Jesús pone en nuestra boca esas palabras: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo »

Por supuesto que la Iglesia cuya cabeza es el Resucitado y su inspiración el Espíritu Santo sigue presente a través de millones de personas de buena voluntad que obran en las obras de justicia, de verdad, de compasión, de solidaridad, de inclusión universal, de liberación y de amor. Esa Iglesia sigue siempre muy viva en el servicio de una humanidad creada a la imagen de su creador y salvador.

Lamentablemente, no podemos decir lo mismo de la Iglesia institucionalizada sobre el esquema de los imperios. Ella desarrollo doctrinas y cultos adaptados a su esquema institucional. Los servidores del Evangelio se transformaron en jerarquías de autoridades y el pueblo de Dios en un rebano sometido a la doctrina y a los cultos impuestos por ella. El Evangelio y Jesús pasaron a secundo plano y a ser referencias mas cultuales y religiosas que compromisos de vida.

No hace duda que la Iglesia institución, tal como existe actualmente, debe realizar una verdadera conversión para volver a ser el signo activo de la presencia del Resucitado y de su Espíritu en el mundo. Jesús sigue siendo la cabeza de la Iglesia y el Espíritu Santo sigue distribuyendo sus dones como lo entiende. No tiene que pedir permiso a ninguno, ni del papa, ni del cardenal, ni del obispo, ni del sacerdote para actuar. He aquí lo que dice el apóstol Pablo.

« Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere. Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo —judíos y griegos, esclavos y hombres libres— y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. » (1Co 12, 11-13)

Muchos cristianos se identifican con la Iglesia-institución y sus ritos de la sacramentalidad como camino conduciéndolos a su salvación. Sin embargo, muchos otros demuestran su fe a través compromisos al servicio de la verdad, de la justicia, de la compasión, del servicio, del amor, luchando contra la corrupción, la codicia, las mentiras, la manipulación, la hipocresía. Tal vez, estos últimos tendrán la sorpresa de su vida cuando el juez supremo les dirá:

« Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver". Los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?" Y el Rey les responderá: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo". » (Mt 25, 34-40) 


El papa Francisco, por su ejemplo, su compromiso con los pobres, por su humildad y sus palabras de bondad y de misericordia abre el camino a una Iglesia que necesita volver a sus raíces para encontrar de nuevo su alma. A los apóstoles que miraban siempre al cielo después de la ascensión de Jesús, vino un ángel a decirles de ir a Galilea, y que allí lo hallarían. La Galilea de hoy es el mundo entero donde viven más de 7 billones de seres humanos. Jesús está siempre en esta gran Galilea.

Oscar Fortin

Quebec, 27 de marzo

traductor : Marius Morin-Oscar Fortin


lunes, 27 de enero de 2014

La autenticidad puesta a prueba por el encanto.


Oscar Fortin

Papa Francisco con el presidente de Estados Unidos

La página Internet de Religión Digitalpuso en portada el día 21 el anuncio del encuentro del papa Francisco con el Presidente Barack Obama, el 27 de marzo próximo. Como Jefe de Estado, es totalmente normal que el papa Francisco reciba al representante de los Estados Unidos, Estado a la vez de un pueblo, pero también de un imperio dominado por el capitalismo y el neoliberalismo. Obama representa uno y otro.

En su exhortación apostólica, Evangelii Gaudium, el papa Francisco fustiga con palabras que no prestan a ningún equívoco este capitalismo y este neoliberalismo que reducen a la persona humana a un puro producto liquidado. Denuncia este sistema mundial basado en el poder del dinero y de la dominación política y económica, fuente de muchos males y sobre todo de esta pobreza que afecta a la gran mayoría de la humanidad.
204 “Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo.”
205. “¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común[174]. Tenemos que convencernos de que la caridad «no es sólo el principio de las micro-relaciones, como en las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas”[175].
206. “La economía, como la misma palabra indica, debería ser el arte de alcanzar una adecuada administración de la casa común, que es el mundo entero. Todo acto económico de envergadura realizado en una parte del planeta repercute en el todo; por ello ningún gobierno puede actuar al margen de una responsabilidad común.”

Al recibir al Presidente Obama, el papa Francisco recibirá al que representa los intereses de esta mano invisible del mercado. Él es quien ordena las intervenciones militares u otras, cada vez que se cuestionen los intereses de esta mano invisible del mercado. Obama representa a un país que es a la vez el más armado del mundo, con armas que pueden destruir millares de veces nuestra planeta y el más rico del mundo, lo que le permite corromper allí donde sea necesario y matar allí donde sus intereses lo exijan.

Ahí está el Pentágono, y también la CIA, el CNS y todas estas organizaciones de mercenarios que operan bajo la protección del secreto de Estado para realizar estos crímenes. Cada año, son miles de millones de dólares los que se invieren en estas operaciones al servicio de lo que se llama comúnmente “la seguridad nacional y los intereses de los Estados Unidos».


En su exhortación apostólica, el papa Francisco precisa muy bien cómo los intereses y la seguridad de cada nación deben supeditarse a los intereses y a la seguridad de la “casa común, que es el mundo entero”. Ahora bien, Obama representa a un país y a un imperio cuyos intereses y la seguridad pasan antes de todos los otros. En nombre de estos dos grandes objetivos políticos, el Presidente de los Estados Unidos, el Sr. Obama, puede permitirse acciones unilaterales y preventivas allí donde decide hacerlo. No hay derecho internacional para impedírselo. Se coloca por encima de este derecho. Tiene los recursos necesarios para corromper gobernadores, representantes de iglesias, truncar elecciones, realizar golpes de Estado militar y derrumbar Gobiernos. Todo eso puede hacerlo y sigue haciéndolo en el momento de escribir estas líneas.

Basta con levantar el vuelo sobre estos secretos para descubrir el monstruo contra el cual nadie está al abrigo. No es por nada que surgieran las revelaciones de estos jóvenes, Bradley Manning, Edward Snowden, Julian Assange y esta joven abogada apenas de treinta años, Sara Harrison. Sus conciencias no podían más y por eso se convirtieron en enemigos número uno de Obama, presidente del pueblo estadunidense y del Imperio. La verdad pone a la luz del día la verdadera cara de los y las que están en los timones del Estado.
¿Qué se debe esperar del papa Francisco de este encuentro?

Respetando la cortesía que se impone en similares circunstancias, el papa deber estar muy firme sobre los principios y los compromisos concretos que exigen la justicia, la verdad, losintereses y la seguridad de la casa común de los cuales habla en su exhortación apostólica. No puede silenciar las grandes conclusiones de esta exhortación y se debe de destacar las responsabilidades políticas del Gobierno de los Estados Unidos en esta marea de sufrimientos humanos. El papa, al hablar con Obama, debe tener, clavadas en la piel, las víctimas de las guerras en Irak, Libia, Pakistán, Siria, Afganistán, así como todas las personas que sufren persecución y exclusión. Como representante de una Iglesia que tiene por referencia a toda la humanidad como “familia común”, debe sentir el deber de hablar en nombre de estos millones de víctimas inocentes.


Debe también poner a prueba las buenas disposiciones de Obama exigiendo un término inmediato del bloqueo económico contra Cuba, denunciado desde años por la Asamblea General de las Naciones Unidas, del cual es víctima el pueblo cubano desde hace más de 53 años. Debe pedirle, tambien, liberar a los cuatro cubanos condenados injustamente por haber denunciado grupos terroristas que en Miami preparaban acciones criminales contra el pueblo cubano. Son víctimas del imperio e hijos de la casa común que Obama podría liberar inmediatamente. A estas acciones destinadas contra Cuba, el papa Francisco debe añadir todas estas acciones que pretenden desestabilizar, por medios criminales y no democráticos, numerosos Gobiernos a través del mundo y muy especialmente los de Venezuela, Bolivia, Ecuador. Es necesario que estas injerencias cesen. Son intervenciones criminales que no deberían existir en los que hacen de la democracia un ideal y que quieren, con el papa, trabajar para un mundo mejor.

Lo que quiere Obama es cubrirse con la celebridad del papa Francisco para proseguir las mismas intervenciones al servicio de los intereses y de la seguridad del Imperio. Cubierto de una cara bien simpática en compañía del papa Francisco, Obama podrá ganarse la simpatía de los adeptos de este último. Después del Premio Nobel de la paz, recibido antes de proseguir en la vía de las guerras, espera recibir ahora la bendición del papa Francisco para luchar contra la pobreza extrema, prosiguiendo al mismo tiempo su gran misión según los intereses del Imperio, fuente de las miserias de nuestro mundo.

No me sorprendería que el anzuelo utilizado sea el desarrollo (desbloqueo) de varios miles de millones de dólares para ayudar a los y las que viven en la pobreza extrema. Todo para hacer que el papa olvide lo que en sus discursos está pidiendo: un verdadero cambio de sistema, la instauración de un nuevo régimen de gobernanza que se deja guiar por el bien común de la humanidad entera, basado en la justicia, la verdad, la solidaridad, la compasión y el servicio.

Si el comunicado de prensa, siguiente a este encuentro, pone de relieve este programa de miles de millones de dólares, de tipoAlianza para el progreso, sin anunciar, en esa mismsa ocasión, el término del bloqueo de Cuba, la liberación de los presos políticos, y su renuncia a las acciones terroristas de desestabilización de los Gobiernos, será un gran fracaso. Si un tal acuerdo se firmase, podríamos entonces decir que el papa Francisco no convenció a Obama, sino que este último venció al papa Francisco.

Pienso, que antes de este encuentro, el papa Francisco debería meditar, dos veces mejor que una, sobre las tentaciones de Jesús al desierto. Los argumentos para hacerlo subir a bordo del barco del imperio Mammón serán sutiles y las promesas no faltarán. Miles de millones de dólares centellarán a los ojos del papa para ayudar a los más pobres de los pobres. Conocemos las respuestas de Jesús. Dijo no a cada una de las tentaciones. Esperemos que el papa Francisco haga lo mismo.


Fuente: Atrio