Mostrando entradas con la etiqueta ideologías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ideologías. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de enero de 2017

Hacia dónde vas mundo.


Jesús González Pazos

Parece consecuencia de una arraigada tradición eso de al finalizar el año, o en las primeras semanas del siguiente, hacer análisis de situación. Ya sea a nivel local, nacional o internacional, ya sea sobre el arte, la economía o el acontecer gastronómico, la costumbre está ahí y los escritos proliferan. Pues bien desde la oportunidad, y cierta legitimidad, que da el ser parte de una organización de solidaridad y cooperación internacional, intentamos sumar en esta línea de reflexión sobre hacia dónde va este mundo cuando recién hemos cambiado el calendario.

En un artículo anterior exponíamos la consideración de haber entrado, posiblemente, en el fin del ciclo neoliberal y como esto se ha manifestado con más evidencia en 2016, aunque viene de un poco más lejos. Afirmación asentada en hechos como las revueltas políticas y sociales que contra este sistema se dieron, especialmente en la primera década del actual siglo en América latina y que, cuestionando profundamente sus bases de dominación, abrieron caminos nuevos y posibles que todavía hoy están en construcción teórica y práctica (nadie dijo que esto fuera a ser fácil, verdad). Esa afirmación se asienta igualmente, y en años más recientes, en las sucesivas protestas encadenadas en los países del sur europeo, al sufrir éstos las consecuencias más duras de la crisis de ese modelo dominante, consecuencias no solo económicas, sino también políticas, sociales e ideológicas. Pero este aserto del fin del ciclo neoliberal se basaba también en el actuar de las mayorías silenciosas en el último año, aquellas que no salen a las calles, pero que llevan años sufriendo los rigores de este sistema que, podemos denominar ya como el de la globalización de la desigualdad. Pues bien, ese hastío lo muestran esas mayorías silenciosas en votaciones y referéndums que, más allá de romper encuestas, reflejan la ruptura del conformismo pasivo al que han sido inducidas y el cansancio contra las élites económicas y políticas establecidas (el establishment) que hoy controlan los diferentes países.

A partir de aquí, el futuro inmediato se abre hacia opciones diametralmente opuestas. O avanzamos hacia la construcción de sociedades más justas, donde el desigual reparto de la riqueza y su consecuencia más directa, el brutal resquebrajamiento de las sociedades por la desigualdad, sea una pesadilla olvidada; o, por el contrario, se optan por salidas neofascistas que profundicen en ese camino, como el ascenso generalizado de la ultraderecha y de la derecha extrema parece asegurarnos. Pero, teniendo todo esto en cuenta, centrémonos ahora en esa anunciada revisión de situación que citábamos al principio como objetivo de este escrito.

El Brexit en Gran Bretaña, el referéndum en Italia, la elección de D. Trump en Estados Unidos, y algún otro “susto” más han sido noticias cargadas de pasado que ponían en solfa las mismas estructuras del sistema político y social y que le han hecho tambalearse en 2016. Las medidas proteccionistas empiezan a recuperar espacios antes perdidos, mientras aumenta la crítica al libre mercado y su poder absoluto; el estado recupera terreno frente a la ortodoxia neoliberal. Así, lo que hace poco se nos presentaba como la panacea del crecimiento económico, cual eran los innumerables tratados de libre comercio que las transnacionales dictaban a los gobiernos, hoy empiezan a ser cuestionados hasta por una parte de esas mismas élites. Y en toda esta situación de impugnación y disputa a las bases del sistema, aunque se nos trate de ocultar y minimizar, han tenido con enorme protagonismo las distintas sociedades. Enormes movilizaciones como hacía muchos años que no se encontraban (contra la brutal austeridad y por la vida digna en Grecia, contra esos mismos tratados de libre comercio que antes citábamos en toda Europa, etc.) han vuelto a recorrer las calles y han recuperado mucho de la dignidad malograda por el neoliberalismo. Aunque no siempre se hayan transformado en victorias políticas, han puesto elementos importantes para los cuestionamientos imprescindibles, para la crítica necesaria, para avanzar en la generación de alternativas al modelo.

Pero en este análisis de situación también hay que traer a revisión otras realidades invisibilizadas en 2016. Las guerras de Siria, Palestina, Irak… siguen interpelando por responsabilidades ocultas, especialmente, de parte de las “autoridades” europeas y estadounidenses. Esas mismas que construyen grandes proclamas a favor de la democracia y por los derechos humanos de todas las personas, pero siguen ignorando, y en muchos casos condenando a muerte, a miles de seres humanos que mueren en las puertas de la vieja Europa o en la fosa común más grande de la historia en que han convertido el mar Mediterráneo. Y todo ello mientras ocultan sus responsabilidades en esas mismas guerras; siguen lucrándose con la venta de armamento a contendientes de todo tipo, siguen alimentando los enfrentamientos y siguen reprimiendo la solidaridad.

Realidades invisibles también son otras guerras en Yemen, Libia, Somalia, Congo… y ya que estamos aquí, citemos la invisibilización de todo un continente como es el africano. Donde las transnacionales occidentales, con el respaldo firme de sus gobiernos, siguen expoliando y alimentando guerras para conseguir única y exclusivamente el aumento de sus beneficios.

No obstante hay un lado positivo en este balance que supone a su vez las bases optimistas para los tiempos que están por llegar. Ya señalábamos las grandes movilizaciones que en Europa han cuestionado el modelo, pero habrá que subrayar y enorgullecerse de la solidaridad y demanda de derechos que la mayoría de la población de este viejo continente expresa diariamente por esa población en marcha hacia Europa desde la expulsión de sus territorios por las guerras o el empobrecimiento enquistado. Cierto es que el ascenso de la ultraderecha es innegable y nos puede abocar a tiempos muy difíciles, pero también se han fortalecido en este 2016 movimientos sociales diversos que muestran una cierta revitalización de nuestras sociedades. Algunos, como el feminista, han plantado cara al espejismo de la igualdad de las mujeres en esta misma Europa, han dicho con claridad que todavía no es real la equidad y, sobre todo, proclaman día a día que el machismo y los machistas asesinan mujeres y que hay que acabar con uno y otros, deconstruyendo así esta sociedad patriarcal.

Por otra parte y cruzando océanos, hay que recuperar del interesado olvido el hecho de que América Latina y sus grandes mayorías, hoy siguen construyendo teorías y prácticas diferentes que buscan los caminos hacia sociedades más justas. Que ponen a discusión conceptos viejos y nuevos como el Buen Vivir, la economía comunitaria, la recuperación del papel del estado en la economía o el hecho de que hay otros modelos de estados posibles que superan al tradicional estado-nación, etc. Pero incluso en países tan centrales como los EE.UU., pese al tiempo de oscurantismo que puede venir con D. Trump, se abren esperanzas de nuevos planteamientos como fue, por lo menos, el discurso renovador de Bernie Sanders como posible candidato demócrata y lo que éste concitaba a su alrededor. Por todo ello y mucho más que se queda en el tintero, podemos decir que hay opciones, que hay posibilidades para que el 2017 resulte interesante.

Y si alguien está tentado al leer este artículo a su descalificación fácil señalando que el mismo rezuma ideología superada por la historia, le ahorramos el esfuerzo. Claro que este texto vuelca en sí mismo ideología, aquella que busca la igualdad y la justicia social, la verdadera democracia en la que más y más personas tomemos parte activa, la del respeto real a todos los derechos para todos y todas no solo para unos pocos. Muchos pensaron hace solo dos décadas que el fin de las ideologías había llegado y proclamaron a su vez el fin de la historia, subrayando que a partir de ese momento no habría más lucha ideológica. Eran los años felices del triunfo, se pensaba absoluto, del neoliberalismo. Hoy, solo unas décadas después discutimos sobre su oscuro inmediato futuro. Pero, sostenemos también que hoy el riesgo está precisamente en la desideologización que algunos pretenden para que el neofascismo, con múltiples caras, pueda de nuevo enseñorearse del mundo en este año que recién iniciamos. Por todo ello, les deseamos un buen año, que sepamos cargarlo de ideología.

Jesús González Pazos

Miembro de Mugarik Gabe

2017/01/16

http://www.alainet.org/es/articulo/182927
Fuente: alainet.org

martes, 29 de julio de 2014

En búsqueda del rostro humano.


Oscar Fortín

Hace poco el presidente Santos de Colombia hablo de un capitalismo con rostro humano. Chávez, en su tiempo, se dedicó a dar un rostro humano al socialismo como siguen haciéndolo sus seguidores . El papa Francisco, por su parte, quiere devolver a la Iglesia el rostro humano de Jesús de Nazaret.

Hay en esta búsqueda del rostro humano a través de las distintas ideologías y creencias un signo de los tiempos. Se trata de poner en la primera línea de los valores el anhelo humano que caracteriza las personas y los pueblos de nuestro tiempo. No basta decirse capitalista, socialista, comunista, católico, cristiano etc., hay que transformar en realidad lo humano al cual cada persona y cada pueblo aspiran.

Más que nunca, realizamos que las ideologías y creencias se miden por sus capacidades en transformar lo inhumano en lo humano, de substituir las injusticias por la justica, las mentiras por la verdad, el individualismo por la solidaridad, la violencia por la compasión, la venganza por la misericordia. Se miden también por sus realizaciones en el campo de los bienes esenciales al desarrollo de las personas humanas. El papa Juan XXIII, en su encíclica Paz en la tierra, resume lo que se puede considerar como lo esencial de la condición humana:

“11.Al desarrollar, en primer término, el tema de los derechos del hombre, observamos que éste tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son, principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia médica y, finalmente, los servicios indispensables que a cada uno debe prestar el Estado. De lo cual se sigue que el hombre posee también el derecho a la seguridad personal en caso de enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por último, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento.

Importa, entonces, a la luz de lo anterior, que los gobernantes y dirigentes del mundo, independientemente de sus ideologías y creencias, se pongan al servicio de este “bien común”, el cual debe imponerse a todos los otros intereses individuales y corporativos. Para que este “bien común” se imponga con legitimidad es preciso que esté conforme a la voluntad mayoritaria del pueblo, expresada a través un referéndum general dando así fuerza a una constitución que define este bien común y el camino para alcanzarlo.

Para devolver a la humanidad su rostro humano no hay otro camino por parte de los Estados y organizaciones públicas que de abrir las puertas del poder a la participación de los pueblos, hacer posible que estos pueblos se den una constitución que refleje realmente sus voluntades en cuanto al poder del Estado y al bien común. De la misma manera les importa hacer de la solidaridad de todos los sectores el motor para lograr estos objetivos del bien común.

Ya llegamos al momento histórico que pone a prueba las ideologías y las creencias frente a los anhelos profundos de una humanidad destinada a existir y a vivir con rostro humano en el cual cada uno puede reconocerse. La buena voluntad y la determinación para conseguir estos objetivos se reconocerán a la capacidad de los gobernantes y dirigentes en sacrificar, si necesario, sus ideologías y creencias para cumplir con los imperativos del bien común de todos.

Yo veo como positivo esta voluntad de dar un rostro humano à las ideologías y creencias. Si Santos piensa poder lograrlo con el capitalismo, que lo haga. Pronto se dará cuenta que el capitalismo al igual, del imperialismo, no aceptará nunca la subordinación al poder de los pueblos

El problema no consiste en la competencia en los mercados sino en el rechazo de toda subordinación de parte del imperialismo y del capitalismo a los imperativos del bien común. El día en que el presidente Santos se dará cuenta que los capitalistas no pueden seguirlo sobre el camino del bien común no estará muy lejos del socialismo del siglo XXI.

Yo termino mi intervención, refiriéndome a una intervención del papa Pio XI que contradice la afirmación que decía en aquel entonces que “la libre competencia y la ley del mercado que alaban los economistas y empresarios eran fuente primera de las libertades individuales y colectivas”.

El papa Pio XI rechaza esta aserción con estas palabras:

“…la libre competencia, la cual, arrastrada por su dinamismo intrínseco, había terminado por casi destruirse y por acumular enorme masa de riquezas y el consiguiente poder económico en manos de unos pocos, «los cuales, la mayoría de las veces, nos son dueños, sino sólo depositarios y administradores de bienes, que manejan al arbitrio de su voluntad» (Ibíd., p.201ss). (MM35)

36. Por tanto la dictadura económica ha suplantado al mercado libre; al deseo de lucro ha sucedido la desenfrenada ambición del poder; la economía toda se ha hecho horriblemente dura, inexorable, cruel» (Ibíd., p.211). De aquí se seguía lógicamente que hasta las funciones públicas se pusieran al servicio de los económicamente poderosos; y de esta manera las riquezas acumuladas tiranizaban en cierto modo a todas las naciones. (MM36)

Esas referencias vienen de la Encíclica del papa Juan XXIII, MADRE EDUCADORA.

Oscar Fortin
25 de Julio 2014

Unas referencias