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sábado, 8 de junio de 2019

Fiesta del Espíritu Santo.


por Faustino Vilabrille

El Espíritu Santo ya vino, no hay que esperar por El. Es El, el que espera por nosotros.
O Dios es tonto, o nosotros necios
Jesús prometió a sus discípulos que recibirían al Espíritu Santo para que esté siempre con ellos y les vaya recordando las enseñanzas de Jesús.
Un tiempo más tarde nos cuentan los Hechos de los Apóstoles como estando todos juntos recibieron al Espíritu Santo.
Por tanto el Espíritu Santo ya vino, ya está aquí, ya está en el mundo. No hay que pedirle que venga, puesto que ya ha venido, y vino para quedarse.
Es el Espíritu Santo el que espera por nosotros. Espera nuestra respuesta, que estamos tardando
demasiado tiempo en dársela.


¿Qué espera de nosotros? Es bien claro y sencillo:
-Que tengamos, como Jesús, verdadera hambre y sed de justicia, que es lo que más está necesitando el mundo: “dichosos los que tienen hambre sed de justicia”.
-Que luchemos por la igualdad entre todos los seres humanos: “a nadie llaméis Señor sobre la tierra, todos vosotros sois hermanos”.
-Que luchemos por la fraternidad: “uno solo es vuestro Padre, el del Cielo”.
-Que luchemos por el amor entre todos/as: “esto os mando, que os améis unos a otros”.
-Que luchemos por la solidaridad: “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve enfermo y me atendisteis, estuve desnudo y me vestisteis, estuve en la cárcel y fuisteis a verme, fui emigrante y me acogisteis”.

Todo esto, que es lo más esencial del Evangelio de Jesús, es cosa nuestra, depende de nosotros. Depende de nuestro compromiso.
Seguro que tenemos a Dios aburrido de pedirle mil cosas, pero que no dependen de El. Dependen de
nosotros, son compromiso nuestro.
En las misas, en las oraciones, en toda clase de cultos y novenas, no hacemos más que pedir y pedir: o Dios es tonto o nosotros necios, porque las injusticias siguen ahí, las desigualdades cada vez mayores siguen ahí, la violencia sigue ahí, las guerras siguen ahí, el abuso de la naturaleza y el cambio climático siguen ahí, las emigraciones forzosas cada vez más grandes siguen ahí, los millones de pobres aun siguen ahí.

Todos estos males, los causamos los humanos. Ahora solo falta que le echemos a Dios la culpa de todo esto para no asumir nuestras responsabilidades. Incluso a veces decimos: “por qué no ve Dios esto”
Asumamos, pues, de una vez nuestro compromiso con los seres humanos y la madre Tierra, y todos los
sufrimientos injustos, innecesarios, indignos del ser humano, habrán desaparecido.
¿Hacer oración?

Sí, pero para decirte a Dios lo que estamos dispuestos a hacer para construir:
– un mundo de justicia, para todos los seres humanos y toda la creación.
– un mundo de fraternidad, para todos los seres humanos y toda la creación.
– un mundo de amor, para todos los seres humanos y toda la creación.
– un mundo de solidaridad, para todos los seres humanos y toda la creación.
– un mundo de igualdad, para todos los seres humanos y toda la creación.

Todo esto es cosa nuestra: Todos cuantos luchan con sinceridad por estos grandes valores, que son lo más importante para el bien de la humanidad y de la creación, ya tienen a Dios con ellos, ya están dando respuesta al Espíritu Santo, estén donde estén, sean quienes sean, sean de la religión que sean, sean creyentes, agnósticos o ateos.
Sin el compromiso con estos grandes valores, que son lo más necesario para la humanidad y la creación en este mundo y Dios espera de nosotros, todo lo demás son pamemas, porque creer es comprometerse.

Un cordial abrazo a tod@s.-Faustino

sábado, 14 de mayo de 2016

Espiritualidad laica y Pentecostés.


José María García Mauriño

La espiritualidad laica ve así la fiesta de Pentecostés
La espiritualidad es el arte de vivir, de respirar, de acoger y de infundir espíritu. Las instituciones religiosas ya no tienen el monopolio de la verdad y del bien, de lo que hemos de creer y de lo que hemos de hacer. Es la espiritualidad emancipada de la tutela de la vida religiosa institucional,

Y la fiesta de Pentecostés la vemos así:

El espíritu de todo ser humano, de todo hombre y mujer, es patrimonio de toda la humanidad. No pertenece en exclusiva a ninguna religión, a ninguna ideología. Es la fuerza de su dignidad, la energía de los Derechos humanos que anida en el interior de cada persona. Hemos de invocar su presencia humanizadora al mundo entero, tan necesitado de humanización.

En este mundo no hay paz. Los hombres y mujeres se matan de manera ciega y cruel. No sabemos resolver nuestros conflictos sin acudir a la fuerza destructora de las armas. Nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo ensangrentado por las guerras. Que este espíritu, esta fuerza del ser humano, despierte en nosotros el respeto a toda persona, a todos los pueblos. Debemos hacernos constructores de paz. No nos abandonemos al poder del mal.
Muchos de nosotros y nosotras vivimos esclavos del dinero. Atrapados por un sistema que nos impide caminar juntos hacia un mundo más humano. Los poderosos son cada vez más ricos, los débiles cada vez más pobres. Este espíritu humano liberará en nosotros la fuerza para trabajar por un mundo más justo. Ojalá nos hagamos más responsables y solidarios. No caigamos en manos de nuestro egoísmo.

La humanidad está rota y fragmentada. Una minoría de hombres y mujeres disfrutamos de un bienestar que nos está deshumanizando cada vez más. Una mayoría inmensa muere de hambre, miseria y desnutrición. Entre nosotros crece la desigualdad y la exclusión social. La fuerza del espíritu humano despertará en nosotros la compasión que lucha por la justicia. Nos enseñará a defender siempre a los últimos. No nos dejará vivir con un corazón enfermo.
Muchos viven sin conocer el amor, el hogar o la amistad. Otros caminan perdidos y sin esperanza. No conocen una vida digna, sólo la incertidumbre, el miedo o la depresión. Esperamos que el espíritu humano reavive en nosotros la atención a los que viven sufriendo. Que nos enseñe a estar más cerca de quienes están más solos. Que nos cure de la indiferencia.

Muchos de nosotros y nosotras no conocen el amor ni la misericordia. Se alejan de la humanidad porque tienen miedo. Nuestros jóvenes ya no saben hablar otro lenguaje. Los valores éticos se van borrando de las conciencias. Queremos despertar en todos y todas, la fe y la confianza en la humanidad.
La mayoría de nosotros, hombres y mujeres del mundo no sabemos cuidar de la vida. No acertamos a progresar sin destruir, no sabemos crecer sin acaparar. Estamos haciendo de este mundo un lugar cada vez más inseguro y peligroso. En muchos va creciendo el miedo y se va apagando la esperanza. No sabemos hacia dónde nos dirigimos. Esperamos contra toda esperanza que este espíritu humano nos haga caminar hacia una vida más sana, más justa y solidaria. La esperanza es propia de los que luchan, no de los que se quedan en casa. Otro mundo posible nos está esperando.