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sábado, 8 de junio de 2019

Fiesta del Espíritu Santo.


por Faustino Vilabrille

El Espíritu Santo ya vino, no hay que esperar por El. Es El, el que espera por nosotros.
O Dios es tonto, o nosotros necios
Jesús prometió a sus discípulos que recibirían al Espíritu Santo para que esté siempre con ellos y les vaya recordando las enseñanzas de Jesús.
Un tiempo más tarde nos cuentan los Hechos de los Apóstoles como estando todos juntos recibieron al Espíritu Santo.
Por tanto el Espíritu Santo ya vino, ya está aquí, ya está en el mundo. No hay que pedirle que venga, puesto que ya ha venido, y vino para quedarse.
Es el Espíritu Santo el que espera por nosotros. Espera nuestra respuesta, que estamos tardando
demasiado tiempo en dársela.


¿Qué espera de nosotros? Es bien claro y sencillo:
-Que tengamos, como Jesús, verdadera hambre y sed de justicia, que es lo que más está necesitando el mundo: “dichosos los que tienen hambre sed de justicia”.
-Que luchemos por la igualdad entre todos los seres humanos: “a nadie llaméis Señor sobre la tierra, todos vosotros sois hermanos”.
-Que luchemos por la fraternidad: “uno solo es vuestro Padre, el del Cielo”.
-Que luchemos por el amor entre todos/as: “esto os mando, que os améis unos a otros”.
-Que luchemos por la solidaridad: “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve enfermo y me atendisteis, estuve desnudo y me vestisteis, estuve en la cárcel y fuisteis a verme, fui emigrante y me acogisteis”.

Todo esto, que es lo más esencial del Evangelio de Jesús, es cosa nuestra, depende de nosotros. Depende de nuestro compromiso.
Seguro que tenemos a Dios aburrido de pedirle mil cosas, pero que no dependen de El. Dependen de
nosotros, son compromiso nuestro.
En las misas, en las oraciones, en toda clase de cultos y novenas, no hacemos más que pedir y pedir: o Dios es tonto o nosotros necios, porque las injusticias siguen ahí, las desigualdades cada vez mayores siguen ahí, la violencia sigue ahí, las guerras siguen ahí, el abuso de la naturaleza y el cambio climático siguen ahí, las emigraciones forzosas cada vez más grandes siguen ahí, los millones de pobres aun siguen ahí.

Todos estos males, los causamos los humanos. Ahora solo falta que le echemos a Dios la culpa de todo esto para no asumir nuestras responsabilidades. Incluso a veces decimos: “por qué no ve Dios esto”
Asumamos, pues, de una vez nuestro compromiso con los seres humanos y la madre Tierra, y todos los
sufrimientos injustos, innecesarios, indignos del ser humano, habrán desaparecido.
¿Hacer oración?

Sí, pero para decirte a Dios lo que estamos dispuestos a hacer para construir:
– un mundo de justicia, para todos los seres humanos y toda la creación.
– un mundo de fraternidad, para todos los seres humanos y toda la creación.
– un mundo de amor, para todos los seres humanos y toda la creación.
– un mundo de solidaridad, para todos los seres humanos y toda la creación.
– un mundo de igualdad, para todos los seres humanos y toda la creación.

Todo esto es cosa nuestra: Todos cuantos luchan con sinceridad por estos grandes valores, que son lo más importante para el bien de la humanidad y de la creación, ya tienen a Dios con ellos, ya están dando respuesta al Espíritu Santo, estén donde estén, sean quienes sean, sean de la religión que sean, sean creyentes, agnósticos o ateos.
Sin el compromiso con estos grandes valores, que son lo más necesario para la humanidad y la creación en este mundo y Dios espera de nosotros, todo lo demás son pamemas, porque creer es comprometerse.

Un cordial abrazo a tod@s.-Faustino

jueves, 29 de marzo de 2018

Semana Santa: reflexión desde el sentido común.



Faustino Vilabrille

La religión de Jesús no fue una religión de religiosidad y de ritos, sino de compromiso liberador de los oprimidos.
La violación de la mujer como arma de guerra y su cuerpo como campo de batalla.
Hemos oído decir muchas veces que Jesús murió por nuestros pecados, que gracias a su muerte hemos sido redimidos, que El reparó a Dios el daño que le causan nuestros pecados, que con su muerte reparó el pecado de Adán, que Dios tanto amó al mundo que entregó a su Hijo a la muerte, que incluso Dios quiso la muerte de su Hijo por nosotros, etc. Incluso en la liturgia de la Vigilia Pascual se lee que fue necesario el pecado de Adán, y ¡feliz la culpa que mereció tal Redentor!


Todo esto, pensado con un poco de sentido común parece absurdo, sin sentido e ininteligible. Veamos:
¿Qué clase de Dios es ese que se ve dañado o simplemente afectado por nuestros pecados? Si nosotros somos casi tanto como nada, ¿cómo es posible que lo que hacemos impacte de esa manera en Dios?
¿Qué clase de Dios es ese que necesita ser reparado nada menos que por la muerte de su propio Hijo?
¿Cómo pudo haber querido Dios la muerte de su mismo Hijo, una muerte tan llena de escarnio, de violencia, de tortura, de sufrimiento tan horrible, para acabar clavado de pies y manos, crucificado, la crucifixión, invento de los persas?

¿Cómo pudo Dios haber querido entregar a su Hijo a la muerte por nosotros? ¿Acaso Dios quiere más a los hombres que a su propio Hijo? ¿O los quiere a todos por igual? ¿Acaso Dios no tenía otra solución para redimirnos que mandar a la muerte a su Hijo?
Jesús presenta en el Evangelio a Dios como un Padre que nos quiere entrañablemente (Parábola del Hijo prodigo). Jesús aparece a lo largo de los Evangelios hablando con el Padre de tu a tu, con total confianza. Si Dios nos quiere tanto a nosotros, ¿cómo no va a querer por lo menos igual a su propio Hijo? Juan 3, 16-18 escribe: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está condenado porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios”.

Vamos a ver: ¿Cómo y por qué murió Jesús? –Jesús murió de una manera mucho más sencilla, pero lógica, que todo eso: Hoy cuando alguien se enfrenta a los poderes absolutos del dinero o del poder político y a veces al poder religioso, precisamente porque esos poderes actúan en contra del ser humano, antes o después acaba asesinado. Así pasó a lo largo de la historia cientos de miles de veces: les pasó a los primeros cristianos que se enfrentaron al poder de Roma, así les pasó a las víctimas de la Inquisición, así les pasó a Gandhi, Martín Luther King, o a Oscar Arnulfo Romero. Jesús se proclamó portador de un mensaje de Justicia (“dichos los que tiene hambre y sed de Justicia”), de un mensaje de igualdad y fraternidad (“a nadie llaméis señor sobre la tierra, todos vosotros sois hermanos”), un mensaje de amor (“este es mi mandamiento, que os améis unos a otros”), un mensaje de compromiso con los pobres (“dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de los Cielos”), un mensaje en contra de la riqueza y los ricos (“no podéis servir a Dios y al dinero, ¡ay de vosotros los ricos!”).

Este mensaje de Jesús iba abiertamente en contra de los poderes constituidos religioso-políticos, que oprimían al pueblo judío imponiéndole grandes cargas, y que tenían su sede en Jerusalén, (Consejo de Ancianos, los Sumos Sacerdotes, los Escribas, la guardia del templo, etc.) que ni asimilaron ni mucho menos soportaron este mensaje que Jesús practicaba y enseñaba, porque era totalmente contrario a sus intereses: se dieron cuenta muy claramente que Jesús estaba abriendo los ojos al pueblo, que el pueblo seguía a Jesús, y que el pueblo se iba a volver contra ellos, y por eso se reunieron en el palacio del Sumo
Sacerdote y resolvieron apoderarse de El para darle muerte, porque, según ellos, alborotaba y soliviantaba al pueblo (Lucas 23,2-5 y Mateo 26, 3-4).

Esto es lo que realmente le pasó a Jesucristo. La causa verdadera de su muerte no fue aplacar a Dios, ni Dios lo quiso entregar a la muerte. Dios no quiere eso para ningún ser humano y menos para su Hijo. ¿Dios no puede salvarnos sin que tenga que morir su propio Hijo? Si es así, da mucha pena de ese Dios y mucha pena de ese Hijo. Jesús sabía qué era lo que Dios esperaba de El: un compromiso de liberación integral del hombre, de liberación de la humanidad, de liberación de los oprimidos. Jesús se daba muy bien cuenta de que esa línea de compromiso le llevaba directamente a la muerte. Jesús veía con claridad que los poderes constituidos lo detestaban cada vez más, lo odiaban, lo andaban buscando para darle muerte. Jamás se le ocurrió echar a Dios la culpa de todo esto.

El gran valor, el extraordinario valor de Jesucristo, es que, dándose plenamente cuenta del destino fatal que le espera y les anuncia por tres veces a sus seguidores, sigue adelante. El sí sabe muy bien que no debe claudicar, El sabe muy bien que la voluntad de Dios es que no se eche atrás. El tiene muy claro: “yo he venido para que todos tengan vida y vida más que abundante”(Juan 10,10). Hay un momento en que lo ve tan duro, tan horrible, y siente una tristeza de muerte, que se dirige a Dios como Padre, como a su propio Padre, y le dice: “Padre mío, si es posible que pase de mí este cáliz (este sufrimiento tan grande), pero que no se haga como yo quiero, sino como quieres tu” (Mateo 26,38-39). La voluntad del Padre era que Jesús no claudicase, que no huyese como el pastor que ve venir al lobo, deja solas las ovejas y huye. Si hubiera fallado no estaríamos ahora escribiendo estas líneas, su gran mensaje hubiera quedado en nada o casi nada.

En todo caso no es la muerte de Jesús la que nos libera, sino el testimonio de su compromiso liberador para que nosotros sumemos nuestro compromiso al suyo, y así todos con El vayamos liberando al mundo a lo lardo de toda la historia, de todos los tiempos, llevando cada vez a más plenitud su obra liberadora del mundo. Lo que verdaderamente nos da liberación definitiva, la plenitud de la salvación, es la Resurrección de Jesús por la que El llega a la Vida plena para que nosotros lleguemos a la plenitud de Vida con El.

La religión de Jesús no era una religión de religiosidad y de ritos. Nunca entró en el templo a nada de esto. No fue un sacerdote ritual. Fue un laico de su tiempo comprometido con el pueblo. Su religiosidad era de compromiso con el pueblo, especialmente con los oprimidos y su liberación. Los Evangelios nos muestran cómo su vida está entretejida de continuos actos de liberación: curación de enfermos, alimentación de los hambrientos, consuelo de los afligidos, rehabilitación de los débiles y marginados: esto lo anuncia y lo hace: “Id a decir a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los sordos oyen, los leprosos quedan limpios…)

Si creemos que Jesús es Hijo de Dios, y que Dios es el Padre más Padre de verdad, lo lógico es que después de un compromiso tan radical y absoluto de Jesús, busque rehabilitarlo, busque plenificarlo, busque su vida plena y total: es la Resurrección, el retorno a la vida en plenitud total y absoluta. Es lo más lógico, como haríamos nosotros por una persona que lo ha dado todo. Jesús quiso ser coherente con su mensaje hasta el final, hasta sellarlo con su misma sangre, con su misma muerte.
Por tanto no busquemos explicaciones absurdas y sin sentido, contrarias a la realidad y al sentido común para la muerte de Jesucristo, y en cambio saquemos las conclusiones que son lógicas y elementales:

-Si creemos en Jesús, practicaremos lo que El practicó y enseñó, porque creer es comprometerse y por tanto tendremos más y mejor vida en este mundo porque haremos un mundo mucho mejor (más justo, más fraterno, más humano, más feliz, más igual, más lleno de bondad y digno para todos), como lo hizo Jesús, y como consecuencia vendrá la vida eterna, la vida para siempre, porque la vida empieza pero no termina nunca, lo que empieza es para siempre, tan solo cambia. Ya lo decía Pitágoras.

-Comprometámonos, pues, a practicar el mensaje de Jesús en nuestra propia vida, que implica también denunciar, como lo hizo El, a los opresores y maltratadores de este mundo, tanto del hombre como de la Madre Tierra, que es ya un pobre más entre los empobrecidos del mundo, por lo mucho que la estamos explotando y abusando de ella, precisamente los países más desarrollados a costa de los más pobres.
-Comprometámonos a que su gran mensaje sea una realidad para todos los hombres y toda la creación hasta que no haya ni opresores ni oprimidos, para que estos queden libres de ser oprimidos y aquellos libres de ser opresores, logrando así la plena liberación de unos y otros.

-Demos a todos los hombres, con nuestros hechos y nuestra palabra, como lo hizo Jesús, un mensaje de vida y esperanza muy especialmente a los más oprimidos y maltratados por la vida, las injusticias, la opresión, la violencia, los abusos sexuales, como los de esos miles y miles de mujeres y niñas que son vilmente violadas y utilizadas como armas de guerra a gran escala, respondiendo a un plan militar diseñado para utilizar el cuerpo de la mujer como campo de batalla: así se hizo en la R.D.C., y se hace en la R.C.A y en Sudán del Sur. Amnistía Internacional da cuenta de violaciones y agresiones sexuales es en grupo incluso con palos y mutilaciones con cuchillos. La ONU refirió que a finales de 2016 el 70 % de las mujeres refugiadas en Yuba habían sido violadas, con muchos embarazos no deseados poniendo a las mujeres en una terrible situación de culpa y rechazo de bebés concebidos fruto de la violencia.
-Que nuestra lucha y nuestro ideal sea el mismo de Jesús: que todos tengamos vida y vida más que abundante, mediante la justicia, la igualdad, la fraternidad, el amor, la solidaridad, entre todos los hombres y con toda la creación.

– Jesús aspiraba, como aspiramos nosotros, a vivir con felicidad, con alegría, con satisfacción y con seguridad de tener una vida más allá de esta vida limitada, a veces realmente carente de vida verdadera a causa de las limitaciones y sufrimientos que comporta, pero seguros como seguro estaba El, y lo repitió reiteradamente, de “al tercer día resucitaré”, convencidos de que creer en Jesús es comprometerse como El y por tanto también de resucitar con El a la plenitud de la vida. Lo contrario sería absurdo y sin sentido, convencidos de que la llamada a la vida, y vida para siempre, tan profunda que llevamos y sentimos dentro, es porque efectivamente estemos llamados a ella.

Hagamos, pues del mandamiento de Jesús, de su mandamiento (“este es mi Mandamiento: que os améis unos a otros”, un mandamiento tan sencillo pero que nadie había promulgado hasta que El vino a este mundo), hagámoslo sí, práctica diaria de nuestra vida, entretejiéndola como hizo Jesús, de continuos actos de liberación, desde lo más pequeño y sencillo hasta su más auténtica dimensión política para contribuir a la construcción integral del Reino de Dios en este mundo, en esta orilla de la vida, que nos haga dignos de su plenitud a partir de pasar a la otra orilla de la Vida en plenitud definitiva.

Feliz Pascua de Resurrección a tod@s.-Faustino

lunes, 7 de septiembre de 2015

Textos de los santos padres sobre la riqueza y la pobreza.



SAN CIPRIANO (C.200-258): “Cuando los ricos no llevan a la misa lo que los pobres necesitan, no celebran la Eucaristía del Señor”.

SAN BASILIO (C.330-379): “Abrid de par en par las puertas de vuestros graneros, dad salida a vuestras riquezas en todas las direcciones. Dime, ¿qué es lo que te pertenece?, ¿de dónde trajiste nada a la vida?, ¿de quién lo recibiste? Así son los ricos: se apoderan los primeros de lo que es de todos y se lo apropian, sólo porque se han adelantado a los demás... Si cada uno se contentase con lo indispensable para atender a sus necesidades y dejara lo superfluo a los indigentes, no habría ricos ni pobres”.

“Ea, pues, reparte de modo vario tu riqueza, sé ambicioso y magnífico en gastar en favor de los necesitados. No vendas a altos precios, aprovechándote de la necesidad. No aguardes a la carestía de pan para abrir entonces tus almacenes. No esperes, por amor al oro, a que venga el hambre, ni por hacer negocio privado la común indigencia. No seas traficante de las calamidades humanas. Tú miras el oro, y no miras a tu hermano: reconoces el cuño de la moneda y disciernes la genuina de la falsa, y desconoces de todo punto a tu hermano en el tiempo de necesidad.”

“¿Y qué es lo que dice el rico? ‘Alma mía, tienes muchos bienes en reserva, come, bebe, banquetea diariamente' (Luc. 12, 19). ¡Oh insensatez! Si tuvieras alma de cerdo, ¿qué otras buenas noticias le dieras? ¿Tan bestial eres, tan poco entiendes de bienes del alma, que le ofreces los manjares de la carne y, lo que ha de parar en el retrete, eso presentas como regalo de tu alma?”

“La mayor parte de los ricos no pone tanto afán en tener dinero por razones de comida y vestido, sino que el diablo se ha dado buenas mañas en sugerir a los ricos infinitos pretextos para gastar; de modo que se busca lo inútil como necesario y nada les basta para sus necesidades imaginarias. [...] [Pero] las riquezas nos han sido dadas para administrarlas, no para gastarlas en placeres y quien se desprende de ellas ha de alegrarse como quien devuelve lo ajeno [...]. ¿Qué responderás al Juez tú que revistes las paredes y dejas desnudos a seres humanos? ¿Tú que adornas a los caballos y ni siquiera te dignas mirar a tu hermano cubierto de harapos? (Homilía contra los ricos, PG 31, 280ss)”

SAN GREGORIO DE NISA (C.330-394): “Por lo tanto, si alguien desea convertirse en el amo de toda la riqueza, poseerla y excluir a sus hermanos, incluso a la tercera o cuarta generación, tal desgraciado no es un hermano sino un tirano bárbaro y cruel, una best­ia feroz cuya boca siempre está abierta dispuesta a devorar pa­ra su uso personal la comida de los otros hermanos”.

“Considera quiénes son los pobres y descubrirás su dignidad: el Señor, por su bondad, les restó su propia persona a fin de que conmuevan a los que son duros de corazón y enemigos de los pobres que son los despenseros de los bienes que esperamos, los porteros del reino de los cielos, los que abren a los buenos y cierran a los malos. Ellos son, a la vez, duros acusadores y excelentes defensores. Y defienden y acusan no por lo que dicen sino por el hecho de ser vistos por el Juez. [...] Mientras hay todos esos lujos en tu casa, ahí a la puerta están tendidos mil Lázaros [...] y si llegan a molestar un poco más en las puertas, salta de cualquier rincón un portero canallesco del amo cruel y los echa a palos o llama a los perros [...]. Y así, los amigos de Cristo tienen que marcharse llevándose de propina insultos y golpes, ellos que son el resumen de todos los mandamientos”. (Homilía sobre el amor a los pobres)

SAM AMBROSIO (C.340-397): ”¡Ay ricos! ¿Hasta dónde pensáis llevar vuestra codicia insensata? ¿Es que sois acaso los únicos habitantes de la tierra? ¿Por qué expulsáis de vuestras posesiones a los que tienen vuestra misma naturaleza y reivindicáis para vosotros solos la posesión de toda la tierra? [...] Cuanto más tie­nes más deseas. Y aunque lo adquirieras todo seguirías siendo un indigente: pues la avaricia se inflama con el lucro en lu­gar de extinguirse. El rico es más tolera­ble cuanto menos tiene [...] lo que dios hi­zo nacer para muchos por medio de ti, tú te lo reservas para ti solo o, mejor dicho, lo pierdes para ti solo. Muchos ricos de­cís que no debemos bendecir al que dios maldice y quiere que pase necesidad. Pero yo te digo que los pobres no son malditos. [...] La tierra es de todos, no sólo de los ricos. Pero son muchos más los que no go­zan de ella que los que la disfrutan. Lo que das al necesitado te aprovecha también a ti. [...] (Porque) es el propietario el que debe ser dueño de la propiedad y no la propiedad señora del propietario. (Libro de Nabot el israelita, PL 14, 765ss). Los misterios de la fe no requieren oro. Y lo que no se puede comprar con el oro tam­poco se dignifica más con el oro. (Sobre los deberes de los ministros de la Iglesia, PL 16,6”

“Cuando alguien roba los vestidos a un hombre, decimos que es un ladrón. ¿No debemos dar el mismo nombre a quien pudiendo vestir al desnudo no lo hace? El pan que hay en tu despensa pertenece al hambriento; el abrigo que cuelga, sin usar, en tu guardarropa pertenece a quien lo necesita; los zapatos que se están estropeando en tu armario pertenecen al descalzo; el dinero que tú acumulas pertenece a los pobres”. (San Ambrosio de Milán. Libro de Nabot Yizreelita).

"¿Quieren en verdad honrar el cuerpo de Cristo? No consientan que esté desnudo. No lo honren en el templo con manteles de seda mientras afuera lo dejan pasar frío y desnudez. Porque el mismo que dijo: 'Este es mi cuerpo', y con su palabra afirmó nuestra fe, dijo también: 'Me vieron hambriento y no me dieron de comer'. Y: 'Lo que no hicieron con uno de mis hermanos más pequeños, tampoco lo hicieron conmigo'... ¿Qué le aprovecha al Señor que su mesa esté llena de vasos de oro, si Él se consume de hambre? Sacien primero su hambre y luego, con lo que les sobra, adornen también su mesa"[7]

“Es un homicidio negar a un hombre el salario que le es necesario para su vida”.

"La naturaleza suministra su riqueza a todos los hombres en común. Dios ha creado todas las cosas para que todos los seres vivientes las gocen en común, y para que la tierra se convierta en una posesión común a todos. La propia naturaleza es la que ha creado el derecho de la comuni­dad, y es la usurpación injusta la que ha creado el derecho a la propiedad privada".

SAN JERÓNIMO (C.340-420): ““Si quieres ser perfecto vende, no parte de tus bienes, sino todos. Y cuando los vendas, ¿qué debes hacer después? Dáselos a los pobres. No a los ricos ni a nuestros parientes, ni para la lujuria, sino para remediar las necesidades de los demás... Algunos emplean su fortuna en edificar iglesias y revestir sus muros de bajorrelieves de mármoles, alzan columnas inmensas y decoran sus capiteles con adornos preciosos, enriquecen las puertas con plata y marfil y hacen que en sus altares brillen el oro y las piedras preciosas. No lo reprendo ni me pongo a ello. Cada uno obre según su juicio. Mejor es hacer esto que amontonar avariciosamente las riquezas. Pero a ti se te proponen otros caminos; vestir a Cristo en los pobres, visitar a los enfermos, dar de comer a los que tienen hambre, acoger en tu casa a los que carecen de hogar, y especialmente a los de tu misma fe, auxiliar a los monasterios de las vírgenes, y tener cuidado de los siervos de Dios y de los pobres de espíritu”.

“Con razón habla el evangelio de rique­za injusta, pues todas las riquezas no tie­nen otro origen que la injusticia y no se puede uno hacer dueño de ellas a no ser que otro las pierda o se arruine. [...] Por tanto, si tienes más de lo que necesitas pa­ra vestir, distribúyeselo a los que no tie­nen y reconoce que eres deudor de ello”. (Carta a Hebidia)

SAN JUAN CRISÓSTOMO (347-407: Quien no ayuna para el pobre engaña a Dios. El que ayuna y no distribuye lo aho­rrado sino que lo guarda, demuestra que ayuna por codicia, no por Cristo. Por tan­to, hermanos míos, cuando ayunemos co­loquemos nuestro sustento en la mano del pobre para que ella nos guarde lo que he­mos quitado a nuestro estómago. {Sermón 8, PL 52, 209)

"No pensemos que basta para nuestra salvación presentar al altar un cáliz de oro y pedrería después de haber despojado a viudas y huérfanos. ¿Queréis de verdad honrar el cuerpo de Cristo? No consintáis que esté desnudo. No le honréis en el templo con vestidos de seda y fuera le dejéis perecer de frío y desnudez.

Porque el mismo que dijo: "Esto es mi cuerpo", dijo también: "Me visteis hambriento y no me disteis de comer"; "cuando no lo hicisteis con uno de esos más pequeños, tampoco conmigo lo hicisteis".

“Forzosamente, el principio y raíz de tus riquezas proceden de la injusticia. Porque Dios, al principio, no hizo al uno rico y al otro pobre, sino que dejó a todos la misma tierra. ¿De dónde, pues, siendo la tierra común tienes tú tantas yugadas de tierra y tu vecino ni un palmo de terreno?”

“El Señor añadió que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos”

“Si las riquezas producen pobreza en lugar de resolverla, no son riquezas, sino armas de destrucción de aquello que por la naturaleza es el ser humano”.

“Precisamente por ser pobre puedes señaladamente practicar la limosna. Y es así que el rico, embriagado por la abundancia de su dinero, sólo piensa en acrecentar lo que tiene; el pobre, empero, libre que está de esa enfermedad, se desprende más fácilmente de lo que tiene. Lo que da su carácter a la limosna no es la cantidad de bienes, sino la cantidad de intención o espíritu. Sí, la viuda del Evangelio sobrepasó a los que nadaban en riqueza, y la otra viuda dio hospedaje al profeta y para ninguna de las dos fue obstáculo la pobreza.”

“Y así es que el no dar parte de lo que se tiene es ya linaje de rapiña. Reprendiendo Dios a los judíos por boca del profeta, dice: ‘La tierra ha producido sus frutos y no habéis traído los diezmos, sino que la rapiña del pobre está en vuestras casas'...

“¿Acaso es tuyo lo que tienes? Se te han encomendado los bienes de los pobres, aun cuando esos bienes los hayas adquirido por herencia paterna, aun cuando provengan de tu legítimo trabajo. Porque ¿acaso no podía Dios quitártelos? Si no lo ha hecho es porque quiere que puedas mostrarte generoso con los necesitados... No porque Dios te haya mandado como si dieras de lo tuyo pienses que es efectivamente tuyo. Te lo prestó para que con ello alcances gloria. No pienses, pues, que es tuyo, cuando le das lo suyo.”

“Salimos de la iglesia y contemplamos hileras de pobres que forman como murallas a ambos lados. Y pasamos de largo sin conmovernos como si viéramos columnas y no cuerpos humanos. Apretamos el paso como si viéramos estatuas sin alma en lugar de hombres que respiran.[...] «Es que vamos con hambre» me decís. Pues preci­samente el hambre os habría de persuadir a deteneros porque, como dice el refrán: «vientre lleno desconoce al hambriento»; sólo el que pasa gana reconoce la necesi­dad ajena por la suya propia. [...] Y des­pués de tanta inhumanidad nos atrevemos a levantar las manos al cielo y pedir a Dios misericordia [...]. No pensemos que bas­ta para nuestra salvación traer a la iglesia un cáliz de oro y pedrería después de ha­ber despojado a viudas y huérfanos. [...] Si tu alma sigue siendo peor que el plomo o una teja ¿de qué vale entonces el cáliz de oro? En la Última Cena no era de pla­ta la mesa ni la copa en que el Señor dio a sus discípulos su propia sangre. [..,] Porque Dios no tiene necesidad de vasos de oro sino de almas de oro; y la iglesia no es un museo de oro y plata sino una reunión de ángeles. [...]Os digo acaso que lo tiréis todo? No. Disfruta de lo tuyo pero una vez hayas cu­bierto tu necesidad haz algo necesario con lo inútil y superfluo y distribúyelo entre los que se mueren de hambre y tiritan de frío. [...] Tu Señor anda por ahí muerto de hambre y tú dándote a la gula. [... ] Que no sea todo nuestro afán acumular rique­zas a toda costa y más que nadie. Piensa lo que serías tú en su lugar. ¿Qué querrías entonces que hicieran los demás por tí? [...] Si nos avergonzamos de quienes Cristo no se avergüenza, nos avergonza­mos del mismo Cristo. [...] Un esclavo no teme a su amo ausente, pero el rico lleva por todas partes a su propio tirano”.

“Dios no ha hecho nada malo; todo es bueno y muy bueno. También las riquezas a condición de que no dominen a quienes las poseen y remedien la pobreza. Una luz que no desterrara las riquezas sino que las aumentara nos sería luz: de modo seme­jante no es verdadera riqueza la que no destierra la pobreza sino que la aumenta. Me diréis «ya estás otra vez metién­dote con los ricos». [...] Pero yo os digo: ¡ya estáis otra vez vosotros contra los po­bres! [...] No estoy hablando contra los ri­cos sino a favor de los ricos: porque te quiero librar del pecado, te saco de tu rapiña y te .hago amigo de todos y amable a todos. ¿Es eso aborrecerte o más bien amarte? No te persigo a ti sino a tu pasión. [...] El no dar parte de lo que se tiene ya es un género de rapiña (porque) el princi­pio y raíz de toda riqueza es siempre for­zosamente la injusticia: porque al princi­pio Dios no hizo rico a uno y pobre a otro. Y, si miramos las cosas hasta el fondo, el mayor placer está en la sobriedad. (Selección de varias homilías).

SAN AGUSTÍN (354-430): “Investiga las cosas que son necesarias y verás cuán pocas son. Ved que no sólo es poco lo que os es suficiente, sino que ni siquiera Dios os exige mucho. Pide lo que te dio, de ello quita lo que te sea necesario; los demás bienes, que son superfluos para ti, a otros son necesarios. Los bienes superfluos de los ricos son necesarios a los pobres. Posees lo ajeno cuando posees lo superfluo.”

“Las riquezas son injustas o porque las adquiriste injustamente o porque ellas mismas son injustas ya que tú tienes y otro no tiene, tú abundas y otro vive en la mi­seria. [...] El oro y la plata pertenecen só­lo a aquel que sabe usarlos. [...] Uno es digno de poseer cuando lo usa bien. Y quien no usa justamente no posee legíti­mamente [...] y si se proclama dueño de algo no será esta palabra de poseedor jus­to sino de usurpador sinvergüenza”

SAN CIRILO DE ALEJANDRIA (C.370-444): “¡Oh cuántas almas asesinadas cuelgan de los collares de las matronas enjoyadas! Si vendieras una sola de tus joyas, distribuyendo su precio entre los pobres, conocerías por las necesidades remediadas cuántos sufrimientos vale tu ornato!”

SAN PEDRO CRISOLOGO (400-450): “Quien no ayuna para el pobre engaña a Dios. El que ayuna y no distribuye lo aho­rrado sino que lo guarda, demuestra que ayuna por codicia, no por Cristo. Por tan­to, hermanos míos, cuando ayunemos co­loquemos nuestro sustento en la mano del pobre para que ella nos guarde lo que he­mos quitado a nuestro estómago”. {Sermón 8, PL 52, 209)

SAN ASTERIO AMASENO (siglo IV): “Necesita, pues el que quiera vivir con placer, ante todo, una casa lujosa adornada como una novia, de baldosas piedras y oro y convenientemente situada, de acuerdo con los cambios de las estaciones del año... Después de eso es menester también vestidos preciosos, con que se cubran los escaños, los lechos, camas y puertas, pues entre esas gentes se viste y recubre todo, aun las cosas más inanimadas, mientras los pobres van lastimosamente desnudos. Añade los vasos de oro y plata, los graves gastos para comer faisanes y beber vino de Fenicia, que las viñas de Tiro producen abundante y caro para los ricos... Después de eso considera el múltiple cortejo que acompaña a la mesa: los que la ponen, los coperos, los despenseros, los músicos que les preceden, las cantoras, bailarinas, flautistas, bufones, aduladores... Para adquirir todo eso, ¡qué de iniquidades no se cometen con los pobres, a cuántos huérfanos no se abofetea, cuántas viudas no han de llorar largamente”.

Faustino Vilabrille

Fuente: feadulta.com