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jueves, 14 de mayo de 2015

En nombre del desarrollo, se arrasan pueblos y ecosistemas.


- Karine Jacquemart, coordinadora del Proyecto Forestal para África de Greenpeace, y Anuradha Mittal, directora ejecutiva del Oakland Institute, denuncian la intensa competencia por la adquisición de tierras que se ha desencadenado para explotar las riquezas del planeta, con la consecuencia del desplazamiento de campesinos, la destrucción de sus sistemas de vida y la persecución de quienes resisten el avance de las corporaciones. Citan un informe de Global Witness, que ha documentado el aumento de los asesinatos de activistas y de defensores de la tierra y el ambiente, que en 2014 han llegado al escalofriante promedio de dos por semana.

Por Karine Jacquemart y Anuradha Mittal

IPS, 13 mayo, 2015.- Nuestro compromiso a favor del acceso y el control de los recursos naturales, en Greenpeace y en el Oakland Institute, hace que nos acusen constantemente de operar en contra del desarrollo, o que nos tachen de ser “organizaciones del Primer Mundo que más se ocupan de los árboles que de los seres humanos”, pese a que trabajamos con comunidades en todo el mundo, desde China a Camerún o la República Checa.

Este tipo de inculpaciones que intentan desacreditar las luchas por la preservación de la tierra, el agua y otros recursos naturales de los países del Tercer Mundo, ocultan una inquietante realidad.

La intensa competencia por la adquisición de tierras que se ha desencadenado para explotar las riquezas del planeta, no solo es feroz y desigual, sino que acarrea fatales consecuencias.

En nombre del desarrollo, se arrasan pueblos y ecosistemas

Recientes estudios, incluido un informe de abril de Global Witness, han documentado el aumento de los asesinatos de activistas y de defensores de la tierra y el ambiente, que en 2014 han llegado al escalofriante promedio de dos por semana.

En respuesta a la intimidación, represión, desapariciones y muertes que sufren los activistas que resisten la depredación de sus tierras, es éticamente imperativo brindarles todo el apoyo posible para que puedan hacer frente a los avances de las corporaciones y los gobiernos que las respaldan.

Este es lo que tenemos en común organizaciones no gubernamentales como Greenpeace y el Oakland Institute.

Se estima que durante la última década 200 millones de hectáreas de tierras – una superficie cinco veces mayor que el estado estadounidense de California – han sido arrendadas o compradas, muchas veces mediante opacas operaciones.

En nombre del desarrollo, se arrasan pueblos y ecosistemas

Anuradha Mittal

Los recursos naturales de África son quizás los más codiciados del planeta, como lo demuestra el hecho de que en este continente se realice 70 por ciento de las transacciones agrarias.

Allí se dirigen las empresas multinacionales, asistidas por instituciones poderosas -el grupo del Banco Mundial y los ocho mayores países donantes-,para aplicar su modelo de “desarrollo económico”, que, afirman, promueve mediante inversiones en gran escala la explotación intensiva de vastas superficies de tierra, e impulsa un crecimiento económico que esparce sus beneficios sobre el país receptor.

Sin embargo, nuestro trabajo revela una realidad muy diferente y digna de preocupación. Las comunidades locales y los pueblos indígenas denuncian que las decisiones expropiatorias se adoptan sin consultarlos, sus tierras, sus casas, y las forestas son arrasadas para implantar la agricultura intensiva y de monocultivo que exigen los inversores. Y sus sistemas de vida son destruidos.

Recientes estudios, incluido un informe de abril de Global Witness, han documentado el aumento de los asesinatos de activistas y de defensores de la tierra y el ambiente, que en 2014 han llegado al escalofriante promedio de dos por semana.

Que este tipo de “desarrollo” es adverso a la voluntad de la población es evidente. Dice un granjero de la República Democrática del Congo: “Quiero seguir siendo un campesino y cultivar mi tierra, no quiero convertirme en un trabajador dependiente de una empresa extranjera”.

Y un jefe de la tribu Bodi de Etiopía afirma: “Yo no quiero abandonar mi tierra. Si intentan sacarnos por la fuerza, combatiremos. En cualquier caso yo seguiré en mi aldea, vivo sobre mi tierra, o muerto debajo de ella”.

Estos testimonios representan las multitudes de aldeanos y campesinos que son víctimas del despojo de sus recursos naturales, perpetrados sin que se escuchen sus protestas, acalladas por quienes definen qué es a favor o en contra del desarrollo.

Y como si la devastación de vidas y de sistemas de vida no fuera suficiente, aquellos que resisten encaran la violencia represiva por parte de gobiernos y empresas privadas.

La empresa estadounidense Herakles Farm proyecta una plantación de aceite de palma en Camerún que desplazará a millares de personas de sustierras y destruirá parte del segundo bosque lluvioso del mundo en extensión.

En respuesta a los críticas, el responsable de la empresa escribió en una carta abierta: “Mi objetivo es presentar a HeraklesFarm y este proyecto por lo que realmente es, un proyecto comercial para la producción de aceite de palma de modesta dimensión, que creará puestos de trabajo, promoverá el desarrollo social y elevará el nivel de seguridad alimentaria a través de la incorporación de los mejores procedimientos industriales”.

Lo que la faltó responder al empresario es por qué Nasako Besingi, un activista camerunés que dirige una organización no gubernativa local, ha sido incesantemente perseguido por oponerse al proyecto.

Fue arrestado en 2012 mientras planeaba una manifestación pacífica, y mantenido varios días en prisión junto con dos colegas.

Inmediatamente después de su liberación, mientras acompañaba a un equipo de televisión francés a visitar el área del proyecto, le tendieron una emboscada y lo agredieron. Besingi reconoció entre los atacantes a algunos empleados de Herakles Farm.

En vez de obtener protección para sus actividades, Besingi y su organización deben ahora defenderse de acciones legales, incluido un juicio por difamación, que es una las tácticas preferidas por las corporaciones para intimidar y disuadir a sus oponentes.

Si no se acierta a ponerles límites y controles, la privatización de las tierras y el robo de los recursos naturales serán irreversibles y pondrán a riesgoa pueblos, forestas y ecosistemas.

Es hora de que optemos por un camino al desarrollo que tenga como prioridad a los pueblos y al planeta, no las ganancias de los ricos y sus empresas.

Editado por Pablo Piacentini.
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Importante: Esta nota ha sido reproducida previo acuerdo con la agencia de noticias 
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Fuente: Servindi

sábado, 23 de junio de 2012

Sociedad civil frustrada por “completo fracaso” en Río+20.


Por Amantha Perera y Claudia Ciobanu*
IPS, 23 de junio, 2012.- El resultado de Río+20 hasta ahora es un fiasco para las organizaciones no gubernamentales (ONG), que rechazaron el documento final negociado por los gobiernos.
El director general de Greenpeace, Kumi Naidoo, calificó de “completo fracaso” el resultado de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, conocida como Río+20, que se desarrolla entre el 20 y el 22 de este mes en esta ciudad, por su falta de metas concretas y plazos.
Greenpeace ha sido uno de los más duros críticos de las negociaciones en los últimos meses sobre la declaración final de la conferencia.
“Hay muchas vueltas y mucho teatro para intentar demostrar que el resultado es exitoso”, dijo Naidoo este jueves, un día antes de que la cumbre termine oficialmente.
“¿Hay puntos de referencia específicos? ¿Hay recursos específicos (comprometidos)?”, preguntó. “La realidad es que es un completo fracaso en ese sentido”.
Naidoo dijo que el fracaso de la conferencia no debía ser atribuido plenamente a Brasil, pero añadió que la nación organizadora debía aceptar parte de la culpa por haber presionado por un consenso sin importar su consistencia.
“Muchos gobiernos se quejaron de cuán fuerte Brasil estaba presionando para obtener un acuerdo a cualquier costo”, dijo, añadiendo que el resultado final fue un documento con pocas ambiciones.
También criticó a las naciones ricas por defender solo sus intereses.
Algunos funcionarios de la Organización de las Naciones Unidas que siguieron de cerca el proceso reconocieron que hubo presión sobre los negociadores.
Uno de ellos dijo a TerraViva que muchos países coincidían en que la declaración no ofrecía soluciones a las crisis más graves que afronta la humanidad, pero que no podían decirlo públicamente.
Naidoo subrayó que la declaración, al carecer de objetivos específicos, no frenará los problemas crecientes del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la deforestación.
“Lo mínimo aceptable son todas esas cosas fundamentales sobre el ambiente y el clima, que son problemas muy graves. Todas las señales indican que el tiempo se está agotando. En el contexto de compromisos específicos con recursos apropiados, declaramos el resultado un fracaso épico”, afirmó Naidoo.

Documento rechazado

Las ONG presentes en la conferencia de Río+20 se quejan de que solo fueron consultadas sobre el documento final a último minuto, cuando ya no podían incidir significativamente en él.
Al hablar durante la ceremonia de apertura del segmento oficial de la conferencia el miércoles 20, cuando se suponía que los jefes de Estado y de gobierno debían rubricar el documento presentado por Brasil, el representante de una organización señaló: “El texto ha perdido completamente contacto con la realidad, y las ONG en Río no lo avalan”.
El representante de la ONG (identificado por la prensa brasileña como Waek Hamidan, de Climate Action Network Europe) señaló que el texto era un fracaso porque no abordaba temas cruciales como la eliminación de subsidios a los combustibles fósiles y a la energía nuclear, ni establecía pasos concretos para frenar el deterioro de los mares internacionales.
El activista además pidió que, si el texto permanecía como hasta ahora, se eliminaran las menciones a la sociedad civil de la introducción.
Las ONG presentes en Río de Janeiro expresaron profunda decepción por el documento final, aunque no todas necesariamente están de acuerdo con la eliminación de las menciones a la sociedad civil en el documento.
Barbara Stocking, directora ejecutiva de Oxfam, dijo a TerraViva que su organización apoyaba la eliminación de la referencia a la sociedad civil en el texto.
“Básicamente, la sociedad civil no está de acuerdo con esa serie de declaraciones”, señaló Stocking.
“Los aspectos básicos están, pero no hay nada allí realmente por lo cual la sociedad civil haya luchado. No hubo un adecuado proceso para involucrar a la sociedad civil”, añadió.
“El diálogo recién comenzó en vísperas de la actual sección de alto nivel, y no hubo medios para poder incidir, pues el texto ya estaba cerrado”, afirmó.
Pero Sharon Burrow, secretaria general de la Confederación Sindical Internacional, tuvo una postura diferente.
“Apoyo la ambición, pero mi reto no es eliminarnos del texto, sino aclarar qué significa realmente codeterminación (participación en las decisiones) para avanzar”, dijo Burrow.
“Nosotros, la sociedad civil, los sindicatos, representamos al pueblo al igual que los políticos. Ellos nos presentaron un texto final poco antes de que comenzara la cumbre, y eso fue muy frustrante”, afirmó.
“No se trata una palabra en particular en el texto, sino del hecho de que si hablan seriamente de tomar decisiones compartidas deben decirnos cómo participaremos”, dijo por su parte Naidoo.
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Fuente: TerraViva, el diario independiente de Río+20 (http://www.ips.org/TV/rio20/)
Río+20: cómo será el futuro del planeta – Cobertura especial de IPS Noticias (http://ipsnoticias.net/_focus/riomas20/index.asp)
Vea esta noticia en http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=101031
Fuente: Servindi