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viernes, 14 de junio de 2013

Lo paradójico en el tema ambiental es que se transformó en una parajoda.

Por Jorge E. Romero
El término paradoja es definido, como un razonamiento aparentemente correcto del que se deduce una conclusión falsa y contradictoria. En una conferencia sobre cambio climático el Dr. Jorge Codignotto utilizó el término parajoda para representar las incongruencias de los responsables de aplicar las leyes ambientales.  Suena fuerte este término pero es el que mejor describe la realidad de lo que ocurre con el tema ambiental a nivel local, provincial, nacional, y mundial.

El paradigma ambiental

Desde la Conferencia de Estocolmo, celebrada en Suecia entre el 5 y 16 de junio de 1972 bajo el auspicio de la Organización de Naciones Unidas –ONU – (Por este acontecimiento es que Naciones Unidas determinó el día 5 de junio como el día mundial del ambiente) se empezó a dar un tratamiento global al tema ambiental, como una parte importante del Desarrollo Humano, especialmente a partir del Informe Brundtland presentado en 1987 con el nombre de “Nuestro Futuro Común” por la Comisión Mundial Para el Medio Ambiente y Desarrollo de la ONU – demostrando que el camino que la sociedad global había tomado estaba degradando y contaminado el ambiente por un lado y dejando cada vez más gente en la pobreza y la vulnerabilidad.
Determinó que la protección ambiental había dejado de ser una tarea nacional o regional para convertirse en un problema global. Todo el planeta debía trabajar para revertir la degradación y contaminación actual. Esto fue incorporado a todos los Programas de la ONU y sirvió de eje principal para la Cumbre De La Tierra celebrada en Rio De Janeiro en 1992.
A partir de esta toma de conciencia se transformó el tema ambiental en el nuevo paradigma y surgieron tratados, convenciones, declaraciones, congresos, comisiones, leyes a nivel internacional, nacional, provincial y municipal, numerosas Organizaciones y Autoridades de diferentes rango, para el control y la aplicación de las normas sancionadas y hasta incluidas en nuestra Constitución, como es el caso del artículo 41.

El ambiente como parajoda

La pregunta es que paso con todo esto, porque cuando uno lee los informes y las noticias en los medios gráficos cada día hay más polución, contaminación, degradación, pérdida de biodiversidad, procesos de desertificación, pasivos ambientales, sitios contaminados, basurales, contaminación de los recursos hídricos, originando más pobreza, desocupación, enfermedades, hambre y refugiados ambientales.
La mayor preocupación a nivel mundial es el impacto sobre el recurso hídrico, el agua está directamente vinculada a la alimentación y a la salud, la falta de este recurso en cantidad y calidad, provoca la aparición o permanencia de enfermedades evitables que afectan a millones de personas, en particular a niños y madres. La calidad de vida de una población está directamente relacionada con el libre acceso al agua limpia y saludable. (Revista n° 20 Voces en el Fénix de la facultad de Ciencias Económicas UBA).
El impacto directo más significativo se concentra en la salud. Las enfermedades de origen hídrico, originadas, al beber, o por contacto, o al comer verduras regadas con aguas servidas, o contaminadas con sustancias como nitratos, cadmio, mercurio, plomo, arsénico, flúor, yodo y metales pesados.

Capacidad ecológica

En la revista de la CEPAL de abril 2013 el catedrático, Adolfo Figueroa en un artículo sobre “Crecimiento Económico y Ambiente” indica. “La relación entre crecimiento económico y ambiente, es uno de los problemas de mayor interés en la economía moderna, la producción de bienes depende del ambiente por una doble vía, por ser fuente de los recursos y materias primas y por ser reservorio para los desechos y contaminantes, en conjunto degradan el ambiente. La tierra impone límites a la explotación y la absorción del ecosistema, a partir del umbral de contaminación, que es la capacidad del sistema ecológico de albergar a la sociedad humana. Todo puede producirse o reemplazarse, menos la capacidad ecológica. No somos capaces de producir otro ambiente ecológico para sostener nuestra existencia”.
Esto lo sintetizo Edward Wilson, biólogo de Harvard (1998, pág. 282) al afirmar “Para que todo el mundo alcance el nivel de vida actual de los E.U. con la tecnología existente se necesitarían dos planetas tierra más”.
Todo esto se ve incrementado por las amenazas naturales y las artificiales creadas por la humanidad, como el cambio climático a partir del calentamiento global y los gases de efecto invernadero que originan eventos extremos que afectan con inundaciones, sequias, huracanes y tsunamis, a los grandes centros poblados y a la producción de alimentos especialmente, como también a la infraestructura con pérdidas multimillonarias.
La realidad nos marca como dice Adolfo Figueroa (abril ,2013) que “El proceso económico de crecimiento y distribución se realiza bajo condiciones de fragilidad ambiental” y de inequidad. Esto ya lo decía Juan D. Perón en sus discursos pronunciados en la CGT el 30 de julio de 1973. “Quieren nuestro recursos, por las buenas o por las malas” y “El Mensaje Ambiental a Los Pueblos y Gobiernos del Mundo” desde Madrid el 21 de febrero de 1972. “Debemos cuidar nuestro recursos naturales con uñas y dientes de la voracidad de los monopolios internacionales, que lo buscan para alimentar un tipo absurdo de industrialización y desarrollo”.
Pasaron cuarenta años y la entrega de los recursos naturales sin control ambiental, es una constante, a pesar de los discursos que quieren ilusionarnos con su defensa. El paradigma aplicado es entregar todo, priorizando las inversiones. La ilusión de trabajos y regalías que aumentaron la corrupción, la compra de voluntades, campañas de desprestigio de las Asambleas Ciudadanas, con la negación de la contaminación y la falta de control.

La crisis como oportunidad

Nuestra Provincia (La Rioja) por estar su territorio en la diagonal árida, es la que menos recursos hídricos superficiales tiene y cada día se contaminan más por la acción natural y antrópica, pero continuamos con acciones coyunturales, los basurales y los sitios contaminados aumentan en forma geométrica, se continúan realizando cloacas sin plantas de tratamiento, o realizando inversiones fabulosas como la de la curtiembre que no solucionan el pasivo ambiental.
El tema ambiental en nuestra región es una cuestión casi de supervivencia, por los efectos nocivos sobre la salud, tenemos todo para mejorarlo a partir de que se cumpla la decisión política de los anuncios realizados tantas veces “el agua es vida”, “todos debemos ser ambientalistas”, “si hay contaminación hay que denunciarla” y hasta aquella de que “el agua vale más que el oro”.
La solución está en nuestras manos, si cada parte cumple con sus obligaciones. La comunidad tomando conciencia que el cambio debe ser de todos nosotros, para controlar, mitigar y disminuir los pasivos y sitios contaminados. Las autoridades responsables deben aplicar las leyes existentes y lo establecido en la Constitución Provincial, con controles efectivos, aplicación de tecnología de punta y no por negociados, y buscar financiación en los organismos Nacionales y Mundiales, que permitan hacer inversiones estructurales y no gastos coyunturales.
El síndrome del Famatina, como problema se soluciona aplicando el sentido común y no persiguiendo y culpando, a los que defiende el agua y por lo tanto la Vida. Es uno de los pocos reservorio de agua, que depende de un glaciar de altura y es un pasivo ambiental por la contaminación natural (EL rio Amarillo) y por la contaminación antrópica desde la época colonial, que puede ser mitigado aplicando tecnología y estudios ambientales serios y no para tapar la contaminación, para de esta forma poder decir que el tema ambiental no es una parajoda y se ha transformado en responsabilidad de todos como un nuevo paradigma.
Bibliografía consultada
  • Agua un bien estratégico y vital en pugna, N° 20 voces en el fénix fac. Ciencias económicas Crecimiento económico y medio ambiente, abril 2013, Adolfo Figueroa. revista Cepal.
  • La cuestión del agua, 2010. Academia nacional de ciencias económicas, ingeniería y ciencias exactas fisics y naturales de la república argentina.
  • Mensaje ambiental de Juan D. Perón, 1972, a los pueblos y gobiernos del mundo quieren nuestros recursos por las buenas o por las malas. discurso de Juan d. Perón, 1973 en la CGT.

Otras noticias:

Fuente: Servindi

miércoles, 12 de junio de 2013

“Tanta desigualdad es corrosiva para la sociedad”



Joseba Elola

En medio de la confusión de la crisis surgió este profesor de Harvard con un discurso discordante: en el origen de la recesión se hallan unas élites que extraen los recursos de la población
Cuando la crisis griega estalló en toda su crudeza, enseguida surgieron voces diciendo que la culpa era de los griegos. Eran unos vagos. No trabajaban duro. Se tomaban demasiadas vacaciones. Y de repente empezó a emerger un relato alternativo que aplicaba las teorías desarrolladas por Daron Acemoglu, profesor de Economía en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), y por James A. Robinson, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Harvard.

Este relato aplicaba el concepto de las élites extractivas, aquellas que mantienen o promueven sistemas que extraen los recursos de la población. Fue entonces cuando James A. Robinson comprendió el alcance y el impacto de la obra que ha firmado junto a su compañero Acemoglu.
James A. Robinson, de 53 años, es un investigador sonriente. Sí, le gusta tanto su trabajo, le gusta tanto intentar explicar cómo funciona el mundo, que responde a las preguntas durante la entrevista con una sonrisa en la boca casi permanente. Nos encontramos en una sala del hotel Krasnapolsky de Ámsterdam. El prestigioso politólogo y economista de Harvard está de paso por Holanda para impartir una serie de conferencias.
PREGUNTA: ¿La crisis actual es una crisis del capitalismo?
RESPUESTA: No, no lo creo. El capitalismo tiene crisis recurrentes. Hubo una en los setenta, otra en los treinta, una a finales del XIX… Las crisis son periódicas.
Robinson es un economista precoz. Empezó a interesarse por la economía a la temprana edad de 14 años. Su padre trabajaba en los programas de descolonización en África, con lo que su infancia transcurrió en lugares como Barbados, Trinidad y varios países de África occidental. El contraste con su Inglaterra natal era notable. Estudió Economía y Ciencia Política en la prestigiosa London School of Economics, se doctoró en la Universidad de Yale (Estados Unidos), y su primer trabajo como profesor lo consiguió en la de Melbourne (Australia).
Las cosas no seguirán como hasta ahora. Habrá una reacción violenta”
Por qué fracasan los países (Deusto), el libro que firma junto a Acemoglu, es continuamente citado por economistas de todo pelaje –algunos, como George Akerlof, premio Nobel en 2011, han llegado a comparar su contribución con una de las obras cumbre de la historia del pensamiento económico, La riqueza de las naciones, de Adam Smith–.El tratado hace un exhaustivo análisis histórico para intentar explicar por qué unos países se desarrollan más que otros. Llega a la conclusión de que aquellos países que gozan de instituciones políticas inclusivas, que hacen partícipe al ciudadano de las decisiones, tienen más opciones de progresar. Cuando el poder está repartido, cuando todos los ciudadanos son tratados con justicia, cuando hay pluralismo y Estado de derecho, se generan “círculos virtuosos” que conducen a un mayor desarrollo.
P: La geografía, el clima y los aspectos culturales son factores que han sido utilizados para explicar el desarrollo de los países. Adam Smith sostenía que la diferencia entre riqueza y pobreza resultaba de la libertad de los mercados; Malthus atribuía la pobreza a la superpoblación. Keynes, Sachs, cada economista ha buscado una explicación. Pero su enfoque es diferente.
R: Nuestra teoría está muy en el espíritu de lo que Adam Smith intentaba decir: los países que consiguen el éxito económico son los que tienen instituciones económicas inclusivas, instituciones que crean incentivos y oportunidades para la mayoría de la gente, mientras que los países pobres tienen instituciones extractivas. Creo que la originalidad está en preguntarse por qué esos países tienen ese tipo de instituciones. Eso no fue teorizado por Smith. Todo es una cuestión política, el proceso político es el que crea la estructura económica de las sociedades. Utilizamos estas ideas para explicar la enorme desigualdad del mundo moderno. Las grandes diferencias entre países ricos y pobres tienen que ver con la historia de cómo las instituciones de distintos puntos del mundo divergieron.
P: Es usted un reputado economista, lleva años recorriendo el mundo, ¿nos podría explicar qué demonios está pasando con la economía mundial? ¿Cómo explica usted la crisis?
R: Bueno, la crisis es muy heterogénea. La de España es distinta de la de EE UU. Incluso dentro de Europa, las crisis de Grecia o Irlanda son muy distintas entre sí. En el caso europeo, bajo la crisis está la decisión de Kohl y Mitterrand de impulsar una integración monetaria sin que fuera acompañada de una integración fiscal. ¿Por qué lo hicieron así? Bueno, su proyecto era sobre todo político, más que económico, y no consiguieron todo lo que querían. Pensaron que la integración económica era una forma de forzar la integración política. Y se podría decir que eso crea una situación insostenible: si tienes unión monetaria, pero con grandes diferencias entre países, y no hay armonización fiscal, eso crea una dinámica inestable. A ello hay que sumar esa emisión de deuda sin precedentes, una acumulación de déficits en tiempos de paz y un cambio en la estructura demográfica. En la posguerra, los países europeos pusieron en marcha sistemas de pensiones, seguridad social, y no calcularon las consecuencias a largo plazo. Al envejecer la población, las bases financieras del sistema se desestabilizan. Como elevar los impuestos resulta difícil políticamente, los políticos eligen la salida fácil: emitir deuda.
La conexión con el mundo hispano
James A. Robinson es un gran conocedor de Latinoamérica. Todos los veranos imparte clases en cursos que organiza la Universidad de los Andes de Bogotá (Colombia). Su interés por la cultura iberoamericana viene de lejos. Cuando tenía nueve años quedó fascinado tras hacer un estudio sobre los aztecas y los conquistadores españoles. Pero no fue hasta 1987, año en que cursaba estudios de doctorado en la Universidad de Yale, cuando consiguió reunir unos ahorrillos para recorrer las ruinas precoloniales durante un mes (en la imagen aparece en la ciudad maya de Palenque, México).
“El colonialismo español creó sociedades muy desiguales y extractivas en Latinoamérica que han persistido y que dieron forma a lo que son hoy”, dice. “Pero no es que los ingleses fueran más altruistas en Estados Unidos. Envidiaban el modelo español, pero la explotación de los indígenas no les funcionó en Norteamérica”.
P: ¿Y cuál es su visión de la crisis en el caso de España?
R: El mayor problema en España es que tienen ustedes esa enorme burbuja especulativa en la construcción. ¿De dónde viene? Supongo que de un sector bancario que relajó las condiciones por las que presta dinero; la gente se endeuda, compra casas, los precios suben, se construye cada vez más, la gente migra de otros sectores al de la construcción para trabajar… Todo eso genera una especie de burbuja inestable, de algún modo. Y cuando estalla, ¿qué pasa? Desempleo, gente que pierde su casa, enormes sufrimientos… ¿Cuál es la causa? ¿Es culpa de la Unión Europea? Sí, tal vez la UE debería haber frenado esa burbuja, o el Banco de España, no sé.
P: Ha hecho usted un análisis de los factores que han conducido a la crisis, pero ¿cuáles serían las soluciones?
R: Para mí, en términos generales, los países europeos, incluido España, tienen instituciones económicas y políticas inclusivas. Esto es una depresión, el capitalismo es inestable, incluso aquellos países que tienen instituciones inclusivas sufren recesiones. Hay algo que no se está haciendo muy bien: hay que separar el problema de la deuda, que es un problema a largo plazo, de los problemas que se plantean a corto.
P: ¿Y cómo se resuelve el problema de la deuda?
R: Bueno, llevará tiempo. Hay que reestructurar la deuda, como se está haciendo en Grecia. Tiene que ser aplazada en el tiempo. Si la UE muestra una solidaridad creíble y suficiente con España, el Gobierno podrá acceder al dinero a intereses muy bajos. Pagar la deuda puede llevar 30 años o 40, así que hay que aplazarla para utilizar la política fiscal para que la gente vuelva a trabajar y que la economía funcione.
P: Hay un economista y matemático catalán, César Molinas, que el año pasado escribió uno de los artículos más leídos en EL PAÍS. Aplicó la teoría que ustedes desarrollaron sobre las élites extractivas a la élite política española para decir que los políticos españoles ayudaron a impulsar muchas burbujas para extraer todo el dinero posible, dinero que se destina a financiar los partidos políticos o a llenar los bolsillos de algunos políticos corruptos.
R: Me gustaría leer ese artículo…
P: Molinas pide reformas en el sistema político para fortalecer la democracia. La teoría de las élites extractivas sirve para explicar la desigualdad en el mundo, pero ¿considera que se puede utilizar para explicar cómo funcionan las élites en el mundo occidental?
R: Hay escalas de grises. Las élites siempre se quieren perpetuar y mantener en el poder. Y tal vez yo no esté tan bien informado sobre la política española y lo que pasa allí para entender cómo funciona el sistema político. Se oye hablar más de las élites de Grecia que de las de España.

P: Imaginemos que usted no sabe nada acerca de España y le digo que entre las personas que están siendo investigadas por la justicia están la hija del Rey y su marido; que el tesorero del partido en el poder está siendo procesado por evadir dinero a Suiza y que, presuntamente, repartió sobres entre la cúpula del partido; que el presidente del Tribunal Supremo tuvo que renunciar debido a un uso inadecuado de los fondos; que el expresidente de la patronal está en la cárcel por presuntos delitos de ocultación de activos y lavado de dinero. ¿Qué diría?

R: Esto sugiere que la transición a la democracia en los setenta fue menos exitosa en la creación de un sistema político inclusivo de lo que mucha gente pensó. España siempre ha sido vista como una fantástica historia de éxito democrático. En el libro utilizamos el concepto de instituciones políticas inclusivas en vez del de democracia porque lo cierto es que muchos sistemas democráticos son disfuncionales. Para tener instituciones políticas inclusivas necesitas dos cosas: una amplia distribución del poder político y lo que llamamos centralización política. Parte de ello supone no tener un sentido patrimonial del Estado. La corrupción es robar dinero, pero también es un asunto político que depende de cómo está organizado el poder; es como el clientelismo. Para mí, eso es moneda corriente en Grecia o en el sur de Italia. Pero no sé lo suficiente acerca de España.
P: Su libro recibió alguna que otra crítica negativa, como la de Bill Gates, que dijo: “En última instancia, el libro es una gran decepción. Me pareció que el análisis de los autores era vago y simplista”.
R: Creo que en realidad no comprendió el libro. Argumentó que era simplista, pero no lo entendió, supongo que no lo leyó con demasiado cuidado. Dijo algo así como que el libro le presentaba como a uno de los buenos, pero es que esa no es la cuestión; no es un libro sobre la gente, sobre buenos y malos, es un libro sobre las estructuras. Bill Gates ha hecho grandes cosas, y admiro a la gente que tiene ese compromiso para ayudar a países pobres. No quiero criticarlo, y lo admiro por esas cosas, pero creo que no entiende de ciencias sociales, no sabe cómo abordar el estudio de problemas fundamentales como la pobreza: para él es como un problema de ingeniería, pero el subdesarrollo y la pobreza no son un problema de ingeniería, son un problema político.
P: Volviendo a la economía, en un artículo que escribió usted junto a su compañero Acemoglu en The Huffington Post decían que hoy día el dinero pesa mucho más en política que en los años setenta.
Alguien tiene que pagar la deuda: ¿quién sino esa gente que se hizo rica?”
R: El dinero tiene ahora más importancia y eso distorsiona la política. El hecho de que cada vez tenga más peso, unido a este enorme aumento de la desigualdad en la sociedad de Estados Unidos, puede ser una combinación letal.
P: ¿Hacia dónde cree que vamos en este sentido? ¿Pesará cada vez más el dinero o disminuirá su influencia?
R: Lo que la historia sugiere es que las cosas no continuarán como hasta ahora. Habrá una reacción violenta contra la desigualdad. Como la que hubo a finales del siglo XIX en Estados Unidos. En el libro no abordamos este tema, tal vez lo deberíamos haber hecho. La situación era mucho más grave entonces, de todos modos. En cualquier caso, las sociedades inclusivas son mucho más igualitarias que las extractivas. La desigualdad ha podido crecer mucho en los últimos 20 años en EE UU, pero hay mucha más igualdad que en Colombia o Guatemala. Existe un desequilibrio, pero creo que el sistema político volverá a colocar las cosas en su sitio con cambios en las instituciones del mercado laboral y en el sistema impositivo. Se le va a dar la vuelta a ese vigoroso recorte de los impuestos para la gente rica que los republicanos han implementado en los últimos 20 años. No sé si esto ocurrirá en cinco años, en diez o…
P: ¿Qué le conduce a pensar que eso podría ocurrir?
R: Tener tanta desigualdad es corrosivo para las instituciones y para la sociedad. Y esta es una cuestión de poder también. Hay muchos problemas en EE UU, no quiero decir que todo sea perfecto allí; pero resultará atractivo elevar los impuestos para mejorar las escuelas, las infraestructuras o la seguridad social, para pagar la deuda…
P: François Hollande intentó subir impuestos a los que más ganan, pero el Consejo Constitucional de su país se lo tumbó y gente como Gérard Depardieu abandonó el país.
R: No comprendí por qué se dijo que aquello no era legal.
P: Por eso le pregunto por qué piensa que esa desigualdad puede desaparecer. Si se suben los impuestos, los que más ganan siempre tendrán un lugar al que llevarse ese dinero para que se lo cuiden.
R: No sé si eso es así. Uno de los motivos del auge de la desigualdad en Estados Unidos es ese enorme aumento de las retribuciones a ejecutivos. ¿Y qué es lo que nos condujo a eso? Está claro que es algo que empezó en los ochenta. Las direcciones de las empresas no hacen un buen trabajo a la hora de disciplinar a los ejecutivos. Los accionistas están muy dispersos, es difícil para ellos actuar colectivamente, controlar a los directivos generales, a los ejecutivos. ¿Por qué se fueron de las manos los pagos a los ejecutivos? Porque los mecanismos de dirección corporativa no los frenaron y un cierto tipo de norma social se rompió. Está la idea de que esas retribuciones fueron efecto de la llamada Reaganomics: cuando Reagan llegó al poder con esa ideología del libre mercado y de desregulación, algunos pensaron: “¿Por qué no? Hagámoslo a ver qué pasa”. Habrá que cambiar los mecanismos de gobierno de las empresas, las instituciones del mercado de trabajo, los impuestos…
P :¿Y cómo se generará ese cambio?
R: La democracia lo hará, la inclusión política lo generará. Alguien tiene que pagar la deuda, ¿quién debería pagarla sino esa gente que se hizo enormemente rica en los últimos 20 años?
P: O sea, que es usted realmente optimista…
R: Para mí, Estados Unidos es, a pesar de todo, una sociedad inclusiva y democrática. Tiene esa cultura antiimpuestos que es contraproducente para la sociedad. Pero nosotros enfatizamos que las sociedades inclusivas generan mecanismos que hacen que la inclusividad prosiga. Sí, soy optimista.
P: Ustedes utilizan a Estados Unidos como referencia, pero es un país en el que hay mucha gente que vive por debajo del nivel de la pobreza…
R: Sí. Es un país líder en términos de innovación, pero, es cierto, hay mucha pobreza, guetos en las ciudades, discriminación… ¿Y por qué una nación tan rica no puede solventar esos problemas? Creo que se debe en parte a esa ideología de la autosuficiencia y esa cultura de que la gente tiene la culpa de los problemas que tiene, en vez de decir: “Esa gente necesita ayuda, no tuvieron suerte, son víctimas del sistema”.
Publicado en El País