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jueves, 30 de junio de 2011

Juicios en Bahía Blanca. Acto metodista supera expectativas.


Por Domingo Riorda.
Bahía Blanca.
El acto metodista por la “Verdad y la Justicia. Nuestro desafío como cristianos” realizado el lunes 27 superó las expectativas tanto de sus organizadores, la Iglesia Metodista Central de Bahía Blanca, como de las 350 personas que concurrieron al Templo de la calle Belgrano 355 en esa noche previa al inicio de los Juicios por lesa humanidad.

Si bien la calidad de los panelistas impulsaban a no desaprovechar la oportunidad pues estuvieron el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, el obispo (e) Aldo Etchegoyen, el sociólogo Fortunato Mallimaci; el presidente de la Comisión por la Memoria de Buenos Aires, Dr. Hugo Cañón y la queridísima Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo, Línea Fundadora, no debe dejarse de lado que las tres centenas y media de participantes pareciera que sintieron la necesidad de crear un espacio cálido, acogedor, comprometido y de esperanza cierta que se logró con creces y que como bien apuntó Hugo Cañón al comentar con el público que “Pareciera que aquí hay una corriente especial que nos moviliza”

La génesis del acto comenzó en la Junta Directiva de Central, pero poco a poco pasó la frontera de la iglesia local para ser un evento compartido con otras personas logrando que se plasmara la propuesta de hacerlo en el Templo como símbolo cierto de la correlación de fe- participación social.

Bien lo resumió Etchegoyen al decir que “Aquí estamos, sentados alrededor de la mesa de comunión, donde ayer domingo comimos el pan y tomamos el vino y hoy hablamos de Derechos Humanos” refiriéndose a que los panelistas utilizaban la mesa de la celebración de la Santa Cena, con la gran cruz del Templo a sus espaldas.

Pérez Esquivel apuntó que la lucha por los DD.HH. comenzó antes del 76, mencionando los golpes de estado en distintos países del continente, como el de Chile, Uruguay, Brasil para aplicar un sistemático plan de rapiña y muerte dirigido desde EE.UU. El Premio Nobel de la Paz no dejó de lado la oportunidad de mencionar lo que escuchó, años atrás, de un orador que preguntó al público “¿Saben porque no hay golpes de estado en Estados Unidos?” Contestándose “Porque allí no tienen una embajada de Estados Unidos”

“Madres de Plaza de Mayo, el pueblo te abraza” fue el canto que recibió el anuncio de que hablaría Nora Cortiñas quien afirmó que el inicio de sus luchas –“nosotros solo íbamos a que nos dijera donde estaban nuestros hijos, nuestras hijas, no fuimos a pelear”- y que a medida que caminaban en esas tristes jornadas aprendieron todo el horror que estaba ocurriendo en Argentina. Cortiñas recordó, emocionada, a su hijo desaparecido y reivindicó el rol de los padres “quienes no aparecían en público pero eran nuestros resguardadores”

Las palabras de Cortiñas fortalecieron el eje de los aportes de los panelistas guiados por la idea de expresar “Vivencias y Testimonios”, que había adquirido un tinte especial en las palabras de Fortunato Mallimaci al rendir homenaje, con emoción, a luchadores y luchadoras, desparecidos y desaparecidas, compañeros y compañeras de él, dado que es oriundo de Punta Alta, a 25 kms. de Bahía Blanca, mencionando sus nombres y apellidos, la mayoría militantes católicos, entre ellos varios sacerdotes.

Hugo Cañón, bahiense, además de traer a la memoria el nombre de algunos desaparecidos, se refirió a su propia vida, su estadía en La Plata, donde cursó Derecho, viviendo las vivencias de aquellos tiempos, y que luego, ejerciendo su profesión en Tres Arroyos, ciudad de la Provincia de Buenos, una noche no pudo mas con su lucha interior y se fue con el auto a la ruta. Allí, entre el silencio de la noche, solo cortado por el pasar de vehículos, no se molestó en detener sus sentimientos y emoción y decidió colocar la abogacía al arriesgado servicio de la defensa de los DD.HH. cumpliendo una destacadísima gestión como Fiscal General en Bahía Blanca.

El pastor de la Iglesia Metodista Central, Aníbal Sicardi, siguiendo el eje de “Vivencias y Testimonio”, invitó a la concurrencia a recordar sus familiares, amigos, amigas, desaparecidos acotando alguna referencia sobre sus vidas. Cada nombre y mención de sus vidas, fue recibido con un fuerte “Presente” y aplausos. Treinta minutos de testimonios, Presentes y aplausos, afianzó el clima emotivo-comprometido de tres centenas y media de corazones que vibraban bajo la consigna de que ellos y ellas estaban allí, en ese Templo, viviendo esa realidad que no se creía posible, la de los juicios en Bahía Blanca.

Ese momento de solidaria vibración humana fue acompañado por una oración a cargo del obispo (e) Aldo Etchegoyen y otra por el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, con el público puesto en pie.

Luego de las oraciones, se templaron dos guitarras y un acordeón invitando a cantar el Carnavalito de Andar, una canción habitual en los cultos de las iglesias evangélicas-protestantes cuyas estrofas dicen /Vamos con fe, tenemos un Dios capaz de liberar/ Con la alegría y seguridad de un sol que aún va a brillar/ /“Luchando contra toda injusticia que se va a acabar”/ y su estribillo “Dame tu mano, vamos a andar juntos a caminar”

Después del canto se invitó a los y las participantes a seguir un tradicional gesto en las iglesias, la de darse el abrazo y desearse la Paz, pero que en esta ocasión, junto con el abrazo se exhortaran a luchar “Por la Verdad y la Justicia”

La llegada de la concurrencia al Templo fue recibida con la música y el canto del CD “Tenemos esperanza. Tangos para apostar por la vida” y el encuentro se inició con la lectura en off de una poesía, “Credo sin concilio”, del poeta metodista Pedro Benítez, inserta en su libro “Antología del Ser”, e interpretada por Oscar Pasquale, reconocido locutor bahiense.

La organización del acto estuvo a cargo de la congregación local cuidando cada detalle de la programación y promoción y atención de la concurrencia con el apoyo de un muy buen equipo de sonido. Los comentarios posteriores fueron de unánime reconocimiento a la Iglesia Metodista Central por ese espacio de calor y solidaridad humana.+ (PE)

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Fuente: ECUPRES

lunes, 4 de abril de 2011

Un escándalo capcioso.


Por José Chalarca. (*)
Colombia.
A partir de la sentencia de una Corte de Justicia de los Estados Unidos que condenó a la Iglesia a indemnizar económicamente a las supuestas víctimas de abusos sexuales cometidos por clérigos de su diócesis, se regó como pólvora por los vientos torrenciales de los medios de comunicación, una conflagración que amenaza no solo a la institución eclesial católica sino a la cultura occidental toda de la que el cristianismo es fundamento esencial.

Ante el torrente de denuncias por pedofilia que involucra sacerdotes y obispos católicos de los cuatro puntos cardinales del globo se han suscitado todo tipo de especulaciones y vulgares consejas. Unas apuntan a buscar razones a las que achacar las causas del fenómeno; otras a condenar sin piedad a los supuestos culpables y a demandar del organismo que les da cobijo la reparación, no moral ni física de los posibles daños sufridos por los afectados, sino pecuniaria como si un puñado de dólares bastara para curar el trauma psíquico, les devolviera la inexperiencia sexual o les hiciera superar el problema psicológico que el acceso no consentido a su intimidad generó en el libre desarrollo de su personalidad.

Dentro de los procesos judiciales en los que se juzga a los transgresores, en la mayoría de los casos como reos ausentes u otros ya fallecidos y con base en las pruebas aducidas por la supuesta víctima demandante, se han violentado los códigos y pretermitido los términos. Hasta el momento, ninguno de los procesados ha sido sorprendido en flagrancia y se dicta sentencia condenatoria sobre infracciones ocurridas veinte o treinta años atrás, circunstancia que impide cualquier tipo de verificación o examen médico legal que constate el acceso carnal violento o consentido en suposición de que por tratarse de una persona al servicio de la religión no constituye falta o pecado.

Se han pretermitido, además de los términos, las más elementales instancias probatorias y se ha condenado a pagar, no al sujeto que abusó del demandante cuando era niño, sino a la institución eclesial de la que hacía parte como sacerdote.
Lo que más sorprende en este evento es que hasta ahora nadie ha cuestionado a fondo sobre la legalidad y la justicia de las sanciones y las autoridades eclesiásticas han pagado sumas multimillonarias sin interponer ningún recurso, ni haya se conformado un grupo de abogados especializados para encontrarle salidas razonables al problema.

Algunos atribuyen la práctica de la pedofilia a la disciplina del celibato, a la veda del ejercicio de la sexualidad o a la castidad antinatural impuesta como virtud obligatoria para el desempeño de la acción pastoral, lo que podría explicar en parte los hechos pero no justificar el escándalo ni los excesos del aparato judicial.

Pienso que uno de los grandes culpables de este fenómeno y de su calificación perniciosa es la satanización del sexo que se presenta como la fuente única de todo mal, instancia que ha establecido el absurdo de que lo deseable y bueno es la abstinencia sexual que lleva a la mal llamada virtud de la castidad, contra lo normal que es la práctica del sexo cuya arista placentera es la recompensa y el incentivo para la procreación que implica la onerosa tarea de la crianza y educación de los hijos.
También a la ignorancia culpable de la sexualidad infantil presente casi desde el momento mismo del inicio de la gestación y que es elemento esencial del ser humano desde ahí hasta su muerte.

En esa cacaería de brujas que se ha emprendido contra el sexo no demora en aparecer el inquisidor que declare punible el placer que conlleva la etapa de la lactancia tanto para el infante que succiona como para la hembra que amamanta, que ilustra a la perfección una de esas madonas que pintó Leonel Góngora en la que con su mano libre juega con el pequeño sexo del lactante. La mirada morbosa de un pacato vería de inmediato en esa representación gráfica un acto de pedofilia y condenaría al pintor por idealizar con su cuadro una conducta inmoral, drásticamente condenable.

A mi juicio el problema ha sido muy mal manejado pues desde el primer momento ha debido ponerse en manos de un grupo de abogados de la mayor calificación para que lo estudiaran y luego lo manejaran en los estrados judiciales. Por ese mal manejo y una vez se le puso precio a la infracción, las salidas son cada día más difíciles porque en la lucha por la plata cabe todo. Y una vez se consigue un monto de dinero se estimula el apetito por la riqueza fácil que es insaciable.

Para colmo la jerarquía eclesiástica ha procedido de error en error. Salidas legales y sociales tiene que haberlas para congelar de la mejor manera la amenaza que se cierne para una institución como la iglesia de tanta significancia para la cultura del mundo.
Una de ellas sería la despenalización del sexo, liberar su ejercicio de su condición de pecado y devolverle su estrato de actividad tan natural y necesaria para el goce de una vida normal como la de alimentarse o realizar las prácticas de higiene para gozar de buena salud.

Y, sobre todo, dejar claro que el dinero no restaura virginidades perdidas ni cura inocencias ofendidas.+ (PE/Con-fabulación)

(*) Narrador y ensayista colombiano.
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Fuente: ECUPRES
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