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viernes, 24 de enero de 2014

Vagabundos celestes.


José Carlos Gª Fajardo

El descubrimiento, por experiencia personal, de que existen otros estados de percepción suele ser revolucionario; cambia la vida porque cambia la visión del mundo. El descubrimiento de la relatividad de la realidad y la existencia de estados diferentes al sueño y al estar despierto, es la revolución intelectual del siglo; una revolución mental comparable a la de Copérnico, pero más importante, porque puede cambiar la vida humana y la relación entre los hombres y la naturaleza.

“La realidad ya no es este estado impuesto como único válido por el racionalismo y la ciencia mecanicista; la realidad es relativa: existen realidades diferentes, cualitativamente tan distintas entre sí como el soñar y estar despiertos”, escribe Luis Racionero.

François Brune, escribe “siempre habrá presión de las instituciones para llamar al orden a los que deciden vivir a su manera”. Habrá conflictos lejanos para hacernos olvidar las injusticias cercanas. En nombre del hombre debemos rechazar la tentación de aullar como lobos por miedo a ser corderos, porque no hay liberación colectiva sin reconquistar la libertad interior.

Hay cansancio de las cosmovisiones tradicionales. Padecen fatiga las escuelas de filosofía y de economía erigidas en metafísica.

La lógica paradójica, el principio de incertidumbre, la física cuántica, la ingeniería genética, la revolución de la biología transforman nuestro imaginario que se conmociona con la revolución de la comunicación y de la informática.

Negroponte habla de la contracultura que emerge del paisaje digital. “La tecnología digital puede ser una fuerza natural que atraiga a una mayor armonía mundial”. Los ricos son hoy los jóvenes y los desprotegidos los viejos. Hay un culto desaforado a lo joven, quizás para dominarlos mejor.

Philippe Breton subraya los puntos de conexión entre el culto de Internet y el movimiento contracultural que animó las revueltas estudiantiles de los sesenta. Buscan propuestas alternativas como pretendieron la beat generation o los hippies. No han muerto (del todo) Ginsberg, Kerouac, Watts, Kesey, Cassady, Leary o Dylan.

Observa Breton una continuidad entre el movimiento underground e Internet. En la ruptura con el mundo (drop out), experiencias iniciáticas, vida en comunidades, deseo de igualdad y adhesión a una cultura no violenta y solidaria que obliga a echarse a las calles contra “la bota que pisa un rostro humano”, de Orwell.

Los vagabundos celestes de Kerouac navegan por las autopistas (on the road) de la comunicación para no ser devorados por el consumismo de un mundo que no les gusta pero de cuyas conquistas se sirven.

La esperanza está en el corazón de cada hombre que lucha por la humanidad.

EL ENVÉS 2014 01 17

viernes, 16 de marzo de 2012

La erosión de la «Relational Matrix»


Hoy en el mundo hay mucha gente, de las más distintas procedencias, preocupada por la crisis actual que engloba un conjunto de otras crisis. Cada una trae luz. Y toda luz es creadora. Pero, por mi parte, que vengo de la filosofía y de la teología, siento la necesidad de una reflexión que vaya más hondo, a las raíces, donde lentamente ella se originó y que hoy estalla con toda su virulencia. A diferencia de otras crisis anteriores, ésta tiene una particularidad: en ella está en juego el futuro de la vida y la continuidad de nuestra civilización. Nuestras prácticas están yendo contra el curso evolutivo de la Tierra. Ésta nos ha creado un lugar amigable para vivir pero nosotros no nos estamos mostrando amigables con ella. Le hacemos una guerra sin tregua en todos los frentes, sin ninguna posibilidad de vencer. Ella puede continuar sin nosotros. Nosotros, sin embargo, la necesitamos.

Estimo que el origen próximo (no vamos a retroceder hasta el homo faber de hace 2 millones de años) se encuentra en el paradigma de la modernidad que fragmentó lo real y lo transformó en un objeto de ciencia y en un campo de intervención técnica. Hasta entonces la humanidad se entendía normalmente como parte de un cosmos vivo y lleno de sentido, sintiéndose hijo e hija de la Madre Tierra. Ahora ésta ha sido transformada en un almacén de recursos. Las cosas y los seres humanos están desconectados entre sí, siguiendo cada cual un curso propio. Este giro produjo una concepción mecanicista y atomizada en la realidad que está erosionando la continuidad de nuestras experiencias y la integridad de nuestra psique colectiva.

La secularización de todas las esferas de la vida nos quitó el sentimiento de pertenencia a un Todo mayor. Estamos descentrados y sumergidos en una profunda soledad. Lo opuesto a una visión espiritual del mundo no es el materialismo o el ateísmo, es el desenraizamiento y el sentimiento de que estamos solos y perdidos en el universo, cosa que una visión espiritual del mundo impedía.

Este conjunto de cuestiones subyace tras la actual crisis. Para salir de ella, necesitamos reencantar el mundo y percibir la Matriz Relacional (Relational Matrix) en erosión, que nos envuelve a todos. Estamos urgidos a comprender el significado del proyecto humano en el interior de un universo en evolución/creación. Las nuevas ciencias después de Einstein, de Heisenberg/Bohr, de Prigogine y de Hawking nos han mostrado que todas las cosas se encuentran interconectadas unas con otras de tal forma que forman un Todo.

Los átomos y las partículas elementales no son ya consideradas inertes y sin vida. Los microcosmos emergen como un mundo altamente interactivo, que no es posible describir mediante el lenguaje humano, sino solamente por la vía de la matemática. Forman una unidad compleja en la cual cada partícula está ligada a todas las demás y eso desde los inicios de la aventura cósmica hace 13,7 miles de millones de años. Materia y mente aparecen misteriosamente entrelazadas, siendo difícil discernir si la mente surge de la materia o la materia de la mente, o si surgen conjuntamente. La propia Tierra se muestra viva (Gaia), articulando todos los elementos para garantizar las condiciones ideales para la vida. En ella más que la competición funciona la cooperación de todos con todos. Ella muestra un impulso hacia la complejidad, la diversidad y la irrupción de la conciencia en niveles cada vez más complejos hasta su expresión actual a través de las redes de conexión globales dentro de un proceso de mundialización creciente.

Esta cosmovisión nos alimenta la esperanza de otro mundo posible, a partir de un cosmos en evolución que a través de nosotros siente, piensa, crea, ama y busca un equilibrio permanente. Las ideas-maestras como interdependencia, comunidad de vida, reciprocidad, complementariedad y corresponsabilidad son claves de lectura y alimentan en nosotros una visión más armoniosa de las cosas.

Esta cosmología es lo que falta hoy. Ella tiene la propiedad de proporcionarnos una visión coherente del universo, de la Tierra y de nuestro lugar en el conjunto de los seres, como guardianes y cuidadores de todo lo creado. Esta cosmovisión nos impedirá caer en un abismo sin vuelta atrás. En las crisis pasadas, la Tierra siempre se mostró a favor nuestro, salvándonos. Y ahora no va a ser diferente. Juntos, nosotros y ella, sinérgicamente podremos triunfar.


Fuente: Koinonia
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