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domingo, 10 de agosto de 2014

Propaganda y Capitalismo.


Escrito por matapuces

Esta propaganda se basa en la psicología para provocar deseos que suelen derivar en dependencias, de esta forma se tiene al hombre atado a una serie de circunstancias que le son ajenas.

La obsesión por el dinero que padece de forma neurótica la sociedad actual se la debemos en gran medida a la propaganda, debemos tener en cuenta que el materialismo histórico promulgado por Marx y Engels no deja de ser una doctrina que favoreció y favorece al capitalismo – en plena expansión- que supo aprovechar las deficiencias de ésta y que pretendía en teoría contrarrestar el capitalismo, pero que en la práctica fue absorbida por las fuerzas primero del Estado y después del Capital, el pensamiento marxista fue asimilado finalmente por el capitalismo de Estado ya fuese en su versión socialdemócrata o “comunista”.

Otra de las causas de la obsesión por el capital podría ser la seguridad que proporciona la acumulación de bienes, pero esto no deja de ser un contrasentido ya que tampoco aseguraría en última instancia la supervivencia del individuo hasta una cierta edad, los motivos psicológicos son más profundos y su principal causa es el temor a la pérdida o falta de recursos para poder sobrevivir.

En mi opinión habría que adentrarse en los motivos psicológicos y sociológicos que inducen y acaban conformando la conducta y el pensamiento del individuo y de las sociedades, como la voluntad de poder, el aumento del super-Ego, es decir, una serie de motivaciones que aparte de lo dinerario provocaran este tipo de conducta y pensamiento aberrante y nocivo.

Si la seguridad – en forma de acumulación de capital- es el concepto que rige la voluntad y el pensamiento de la inmensa mayoría de los hombres es debido entre otras causas a la desconfianza mutua que existe entre ellos, que no deja de ser una forma de temor al prójimo e inseguridad en uno mismo. Estos dos conceptos serían claves para el desarrollo y funcionamiento de una sociedad capitalista. “Leviatán” de Hobbes marca un hito en la historia de la humanidad y formula un nuevo entendimiento sobre el modelo y el estilo de vida que se debe instaurar dentro de la sociedad.

A esto también habría que añadirse factores sociológicos, culturales, religiosos, filosóficos, lo que en última instancia no deja de ser la propaganda ejercida y fomentada desde el poder para condicionar a las masas.

Esta propaganda se basa en la psicología para provocar deseos que suelen derivar en dependencias, de esta forma se tiene al hombre atado a una serie de circunstancias que le son ajenas.

Las emociones y sentimientos como el placer, el miedo, la alegría, el sufrimiento, el aburrimiento son las claves de la propaganda para alterar la conducta humana, éstas por ejemplo, son utilizadas por la autoridad, psiquiatras, psicólogos, sociólogos para modificar estados de ánimo con ayuda de los psicofármacos o mediante otro tipo de drogas legales e ilegales como el fomento del consumo a través de la publicidad de alcohol, tabaco, y también por medios más velados del cannabis.

La publicidad comercial utiliza este tipo de técnicas basadas en las emociones y sentimientos más primarios y a la vez más profundos para provocar deseos en base al placer que se obtiene cuando se compra un tipo de mercancía por ejemplo, un coche.

Los Estados también las utilizan cuando desean provocar, alterar u omitir algún acontecimiento que repercuta en las sociedades por ejemplo atentados terroristas de diversa índole.

A esto hay que añadir la influencia histórica heredara culturalmente y que ha estado condicionada por la difusión de la propaganda a través de una élite de poder como la religión, y que ha servido y sirve para modificar el pensamiento y la voluntad del resto de la humanidad a lo largo de los siglos.

El objetivo de la élite del capitalismo en el poder es tener el monopolio de la propaganda, para de esta forma conformar los pensamientos y con ellos las emociones y los sentimientos de las masas.

Fuente: ApiaVirtual

lunes, 19 de marzo de 2012

No es el vídeo, ¡es lo sesgado de la opción sacerdotal!


José Ignacio Calleja, 19-Marzo-2012

“No te puedo prometer un gran sueldo, pero te prometo un trabajo fijo“. Así arranca una campaña vocacional de la Iglesia Católica. A éste lo siguen otros mensajes, igual de concisos y directos, pero con mejor propósito de entrar en el meollo de la vocación y misión del sacerdote.

En cuanto a ese dicho inicial, yo lo veo como un guiño comercial pero muy peligroso. Ha decidido jugar sus cartas como lo hace la comunicación y publicidad contemporánea. Máxima simplicidad y un punto de provocación. Por una vez, salimos del aburrido modo de presentarse las campañas de la Iglesia. Ahora bien, el guiño del trabajo fijo tiene su gancho, pero si es una broma, –como dicen muchos–, ¿el resto del vídeo ya no es broma? ¿Significa que en el resto del vídeo la Iglesia da “el do de pecho” por presentar la identidad y misión del sacerdote?

Pues ya que me urgen a atender al resto del vídeo, lo digo con todo respeto a los compañeros que prestan su mejor testimonio, pero es un sacerdocio tan elitista en su autoconciencia vocacional, como de trazo corto en su pastoral. Porque muy humildemente, –en la lógica del vídeo–, vamos a ser servidores de los hermanos, sí, pero desde “una llamada que nos hace únicos”; nos importa el mundo, sí, pero para nuestros fines de Iglesia, sacramento universal de salvación; y nos volcaremos en los que sufren, sí, pero las estructuras sociales de injusticia no es lo nuestro.

No quiero seguir con un análisis en profundidad del texto, en clave de teología del sacerdocio, de la iglesia y del mundo, bajo el prisma del Evangelio de Jesús, del Vaticano II y del mundo, hoy. Al parecer el vídeo no pretendía una cosa tan sesuda. Un vídeo es un vídeo, y punto, –se dice–. No puede. Lo entiendo. Pero, ¡qué casualidad!, éste salesesgado hacia un sacerdocio inequívocamente “eclesiástico”, religiosamente, “elitista”, y pastoralmente, tan generoso en la entrega que reclama, ¡lo reconozco y valoro!, como corto en su encargo.

Yo también voy a ser breve, –lo repito–, y si es verdad que no pocos reclaman que atendamos menos a la primera frase, a favor de las demás, ahora lo digo: lo hice por respeto a los compañeros que dan su testimonio, pero el conjunto me parecía, entonces, y ahora, con graves carencias de fondo, en cuanto a la identidad y misión del sacerdote, hoy. Eso, sin mentar ni de pasada lo que es más profundo: el aislamiento en que se sigue presentando el sacerdocio ministerial, respecto de las demás vocaciones en la Iglesia, y en particular, de la igualdad de las mujeres cristianas a sentirse llamadas por Dios a todos los ministerios eclesiales, incluido ese sacerdocio. Para “servir”, por supuesto.

Así que lo reconozco, el vídeo me gusta en su hechura mediática y para el fin que pretendía, pero el precio teológico y eclesial pagado, no había por qué. Lo mismo se puede hacer con más riqueza y equilibrio sobre el ministerio sacerdotal. Pero es una opción que faltó. O una opción que sobró, según se mire. Esto es lo que digo. No me convence por su planteamiento, tan generoso en los testimonios, como sesgado en su propósito identitario y pastoral.

Fuente: Atrio
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