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domingo, 4 de febrero de 2018

¿Es posible la prosperidad sin crecimiento?

Imagen de Alejandro Rodríguez. Fuente: Pressenza


Por Rodolfo Schmal

El reciente Congreso Futuro realizado en nuestro país, que tuvo lugar no solo en Santiago, sino que también en ciudades regionales, entre ellas Talca, con sus grandes y apasionantes temas abordados, incluyó el asociado al crecimiento. En esta charla, de Tim Jackson, destacado académico inglés, sostuvo que no podemos poner el foco en un crecimiento indefinido sin que en algún momento se produzca un impacto tal sobre nuestro planeta, cuyos recursos son finitos, que finalmente afecte nuestra capacidad de sobrevivencia. Jackson nos invita a reflexionar en torno a la posibilidad de una prosperidad sin crecimiento.

Desde tiempos remotos se ha debatido en torno a este tema. A mediados del siglo pasado el temor estuvo centrado en el crecimiento poblacional, particularmente entre los más pobres. Este temor se ha ido conjurando a través de una planificación familiar por medio de la masificación de píldoras anticonceptivas y la promoción del uso de preservativos. El caso extremo se observó en China con la política de limitar el número de hijos a uno solo por familia, política que hoy está en discusión y en vías de relajación.

A comienzos de los 70 el debate se centró en las dificultades para encarar un crecimiento basado en un alto consumo de petróleo, lo que hizo encender las alarmas, presumiéndose un pronto agotamiento de las reservas. Es así como en 1972 se publica el informe titulado “Los límites del crecimiento”, donde se cuestionaba la tesis del crecimiento continuo de la actividad económica dados los límites físicos del planeta. Mal que mal los recursos que se tienen no son infinitos. Fueron los tiempos en que se postulaba la tesis del crecimiento cero.

Estos temores han terminado disolviéndose gracias a los avances científico-tecnológicos que han logrado disminuir la dependencia del petróleo por parte de los distintos países. ¿Significa ello que las preocupaciones eran infundadas? Muy por el contrario, tales reflexiones impulsaron investigaciones, orientaron decisiones de financiamiento por parte de los gobiernos y privados para el logro de una mayor eficiencia en el uso de los recursos, así como hacia la búsqueda de nuevos yacimientos petrolíferos y de nuevas fuentes energéticas.


es claro que no podremos crecer indefinidamente y que la prosperidad tenemos que ser capaces de alcanzarla sin que necesariamente estemos en perpetuo crecimiento. Esto nos lleva a reflexionar en torno a nuestros modos de vida, hábitos y estructuras de consumo 

Con todo, es claro que no podremos crecer indefinidamente y que la prosperidad tenemos que ser capaces de alcanzarla sin que necesariamente estemos en perpetuo crecimiento. Esto nos lleva a reflexionar en torno a nuestros modos de vida, hábitos y estructuras de consumo. Por momentos pareciera que viviéramos en un ecosistema que aguanta todo. Pero no, nuestro ecosistema es frágil, su equilibrio está siendo puesto en jaque como lo prueban los cada vez más frecuentes desastres naturales –aluviones, inundaciones, terremotos-.

Esto pareciera un juego donde creamos problemas y los resolvemos. Al menos hasta la fecha hemos sido capaces de reaccionar y adoptar los cambios correspondientes. El agujero de ozono en la atmósfera que por años estuvo creciendo, ahora parece estar reduciéndose. Sin embargo no debemos bajar la guardia y no nos vendría nada de mal hacer un alto en nuestra existencia para no estar sometiendo a prueba los delicados equilibrios del planeta en que vivimos.

Con el desarrollo científico-tecnológico que hemos alcanzado, es una vergüenza que uno de los problemas mayores que enfrenta la humanidad sea el de la pobreza que aún aflige a millones de personas en el mundo entero, y la creencia que su solución pase por un crecimiento indefinido haciendo la vista gorda respecto de la distribución de sus frutos.

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* Rodolfo Schmal Simon es Ingeniero Civil Industrial de la Universidad de Chile y Magister en Informática de la Universidad Politécnica de Madrid-España. Es profesor de la Escuela de Ingeniería en Informática Empresarial de la Universidad de Talca y profesor del programa de Magister en Política y Gestión Educacional de la misma universidad. Ha sido autor de artículos en revistas como Formación Universitaria, Polis, Cuadernos de Administración, Investigación e Ingeniería, Análisis Político, Información Tecnológica, Ingeniare, Pensamiento Educativo. Además es columnista permanente del Diario El Centro, El Quinto Poder y columnista ocasional de El Mostrador. 
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Fuente: Servindi

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Los límites del crecimiento, ¿Llegamos ya?


Carmelo Ruiz Marrero

En 1972 un equipo del Instituto de Tecnología de Massachusetts dirigido por Dennis y Donella Meadows publicó lo que podría ser el informe ambiental más leído y discutido de todos los tiempos: Los Límites del Crecimiento, también conocido como el Informe del Club de Roma. Utilizando las tecnologías de informática más avanzadas de ese tiempo, el informe concluyó que si las tendencias actuales en crecimiento industrial y consumo de recursos naturales continuaban sin cambio alguno, la humanidad se encontraría con un catastrófico colapso económico y ecológico global en el siglo 21.

Mucha polémica causó el documento, mucho se escribió a favor y en contra. En medios como el New York Times y Newsweek economistas tronaron contra Los Límites del Crecimiento, mientras que los ecologistas lo celebraron.

A más de 40 años de su publicación, un equipo de la Universidad de Melbourne en Australia dirigido por el profesor Graham Turner analizó los datos presentados en el informe Meadows y los comparó con datos actuales de la UNESCO, la Organización de Agricultura y Alimentos de Naciones Unidas (FAO), la agencia científica norteamericana NOAA, estadísticas energéticas de la transnacional petrolera BP, y otras fuentes. Tras estudiar la correlación entre los datos utilizados en Los Límites del Crecimiento y los datos actuales, el equipo australiano encontró que Meadows y Co. tenían razón y que su pronóstico sobre el destino de la humanidad si no se cambiaba de curso (business as usual) tiene plena vigencia.

Según este escenario, la economía global y los ecosistemas planetarios colapsarían, haciendo imposible sostener la actual población mundial, la cual se reduciría drásticamente a una fracción de lo que es hoy día en cuestión de unas pocas décadas, presumiblemente por hambre, enfermedad y violencia.

El documento de 1972 pronosticó que el colapso final de la civilización humana comenzaría en los años 2015-2030. La propuesta del decrecimiento económico es más urgente que nunca. La economía ecológica postula que no puede haber crecimiento infinito en un sistema finito, en otras palabras no podemos tener una economía global creciente en un planeta que no está creciendo- es simplemente una imposibilidad desde el punto de vista de la termodinámica.

Los progresistas no podemos enfrascarnos en un debate estéril sobre qué es más importante, si la redistribución justa de la riqueza o parar el crecimiento económico. La justicia económica y la defensa de la ecología deben ir de la mano. De otro modo vamos derecho al escenario tétrico del que nos advirtió Los Límites del Crecimiento.

Ruiz Marrero es un autor, periodista investigativo y educador ambiental puertorriqueño. Es fundador y moderador del blog progresista ecologista Haciendo Punto En Otro Blog y del Monitor de Energía y Ambiente de América Latina. Su identidad en Twitter es @carmeloruiz.

Publicado en el periódico Compartir es Vivir, octubre 2014.

Fuente: ALAI