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sábado, 26 de enero de 2019

La discriminación de los afrodescendientes continúa.



Leonardo Boff

Una consecuencia de la campaña electoral de 2018, antidemocrática y marcada por un sinnúmero de fake news (falsas noticias), fue el fortalecimiento del racismo ya existente contra indígenas, quilombolas y particularmente contra negros y negras. Según el último censo, el 55,4% se declararon pardos o negros. Es decir, después de Kenia somos la mayor nación negra del mundo. La mayoría tiene en su sangre la herencia africana. Además, todos, blancos, negros, amarillos y otros, somos africanos, pues fue en África donde irrumpió el proceso de la antropogénesis hace millones de años.

Como nuestra historia ha sido escrita por manos blancas, muchos historiadores intentaron suavizar la esclavitud. El hecho es que la esclavitud deshumanizó a todos, señores y esclavos. Ambos vivieron la esclavitud en un permanente síndrome de miedo, de revueltas, de envenenamientos, de asesinatos de patrones, de hijos, de asaltos a sus mujeres. Los señores, para contener a los negros y aplicar la violencia contra ellos, tuvieron que reprimir su sentido de humanidad y de compasión. Por eso, las clases dominantes, herederas del orden esclavista, viven hasta hoy llenas de prejuicios de que los negros, los mulatos deben ser tratados con violencia y dureza. Son considerados perezosos cuando, en realidad, ellos fueron los que construyeron nuestras iglesias y edificios coloniales.

Los esclavos eran casi siempre mucho más numerosos que los blancos. En Salvador y en la capitanía de Sergipe, hacia 1824 eran 666 mil esclavos y 192 mil blancos libres (Clovis Moura, Sociología del negro, 1988, p. 232). En 1818, el 50,6% de la población brasilera era de negros esclavos (Beozzo, Iglesia y esclavitud, 1980, p. 259). Y actualmente como acabamos de mencionar son el 55,4% de la población.

La esclavitud deshumanizó mucho más a los negros. Darcy Ribeiro, en su extraordinario libro El pueblo brasilero (1995) resume bien la condición esclava:

Sin amor de nadie, sin familia, sin sexo que no fuese la masturbación, sin ninguna identificación posible con nadie –su capataz podía ser un negro, sus compañeros de infortunio, un enemigo–, malvestido y sucio, feo y apestoso, llagado y enfermo, sin ningún gozo u orgullo del cuerpo, vivía su rutina. Esta era sufrir todos los días el castigo de los latigazos sueltos, para trabajar atento y tenso. Semanalmente venía un castigo preventivo, pedagógico, para no pensar en la fuga, y, cuando llamaba la atención, recaía sobre él un castigo ejemplar, en forma de mutilación de dedos, perforación de los senos, quemaduras con tizón, todos los dientes rotos concienzudamente, o de azotes en la picota, trescientos latigazos de una vez para matar, o cincuenta latigazos diarios para sobrevivir. Si huía y era capturado, podía ser marcado con hierro, o quemado vivo en días de agonía en la boca del horno, o arrojado de una vez dentro de él para arder como leña oleosa (p. 119-120).

A causa de este tipo de violencia, los esclavos internalizaron dentro de sí al opresor. Para sobrevivir, tuvieron que asumir la religión, las costumbres y la lengua de sus opresores. Desarrollaron la estrategia del “jeitinho” para nunca decir no y al mismo tiempo poder alcanzar un objetivo que de otra forma jamás alcanzarían.

Pero hace ya mucho tiempo surgió una fuerte conciencia de la negritud con la determinación de rescatar su identidad, su religión y su forma de estar en el mundo. Se trata de establecer el sujeto de la liberación, las negras y los negros, contra su inserción forzada en la inicua historia de la barbarie blanca.

La historia contada por la mano negra no es sólo una historia contra el blanco; es una historia propia, que no se confunde con la historia de los opresores y esclavócratas, aunque está ligada dialécticamente a ella. Y está haciendo su curso libremente.

La abolición de los esclavos en 1888 no significó la abolición de la mentalidad esclavócrata, presente en la cultura dominante, que sigue manteniendo a centenares de trabajadores con una relación análoga a la de los esclavos. En enero de 2019 había 204 empresarios cometiendo ese crimen. Basta leer la reciente obra distribuida en 2019 “Estudios sobre las formas contemporáneas de trabajo esclavo” (Maud) en la que colaboraron cuarenta y cuatro investigadores, cubriendo gran parte del área nacional, organizada, junto con otros, por el conocido especialista, Ricardo Rezende Figueira. La impresión final es estremecedora.

¿Cómo puede existir todavía hoy la pérfida inhumanidad de seres humanos esclavizando a otros seres humanos?


*Leonardo Boff es investigador y ha escrito “Conciencia negra y proceso de liberación”, en La voz del arcoiris, Sextante, Rio 2004, pp. 88-106.

Traducción de Mª José Gavito Milano

miércoles, 4 de abril de 2012

Muere Elizabeth Catlett; llevó "el arte al pueblo negro de EU"



· Como persona de izquierda en México, varias veces le negaron la entrada a ese país: Tibol
· La litógrafa y escultora tenía una invitación de Michelle Obama para ir a Washington, dice su hijo Francisco
· "Mi madre puede ser reclamada por estadunidenses, mexicanos y por la humanidad"

Merry MacMasters / La Jornada
 04/04/2012

Luchadora social, integrante del Taller de Gráfica Popular (TGP), la escultora, grabadora y dibujante estadunidense-mexicana Elizabeth Catlett (Washington, DC, 1915), murió el pasado lunes a las 14 horas en Cuernavaca, ciudad donde radicó desde 1976, en vísperas de su cumpleaños 98 que se celebraría el 15 de abril.
Catlett arribó a México en 1946. Casada con el grabador Francisco Mora, dueña de una obra figurativa, de acuerdo con la crítica de arte Raquel Tibol, entre sus aportes resalta haber conservado en México una imagen, sobre todo en escultura, pero también en gráfica y dibujo, de la comunidad afronorteamericana. Su esencia humana estaba referida al grupo al que pertenecía. Además, la fidelidad a la profesión, y trabajar hasta una edad muy avanzada. Fue distinguida con el 2003 Lifetime Achievement in Contemporary Sculpture Award (Premio a su trayectoria en la escultura contemporánea 2003).
Catlett estudió dibujo, grabado y diseño en la Universidad de Howard. En ocasión de una entrevista con La Jornada (30/10/02), la artista manifestó: Jamás he buscado fortuna ni fama. Siempre he trabajado para llevar algo de arte al pueblo negro en Estados Unidos. Por eso, su búsqueda consistía en que las personas negras me entiendan.


De joven impartía clases de historia del arte con muy poco material gráfico en una universidad de Nueva Orléans, cuando llegó una retrospectiva de Picasso, exposición que había visto en Chicago. Pero la muestra estaba en un museo ubicado en City Park, que no permitía la entrada a negros. Entonces, Catlett arregló con un maestro blanco de otra universidad para llevar a los estudiantes un lunes, cuando el recinto estaba cerrado, y en camión, para que no pisáramos el terreno de City Park.

Se sorprendió al darse cuenta de que sus alumnos nunca habían estado en un museo de arte: Pensé que debía tratar de abrir los museos para la población negra.
Esta “gran litógrafa y gran escultora, sobre todo en madera –recuerda Tibol– como se naturalizó mexicana y militaba abiertamente en el TGP –era una persona de izquierda en México–, entonces, le prohibieron la entrada a Estados Unidos durante 10 años. Hasta que su madre se enfermó gravemente la dejaron entrar”.
Su regreso al país natal constituyó un acontecimiento. Una galería vendió obra suya con mucho éxito en Estados Unidos, apunta Tibol. Debido a los éxitos “en la comunidad afronorteamericana organizaron una exposición itinerante que también incluyó el Museo de Arte Moderno (MAM). Fue en la época que Teresa del Conde era la directora. Se firmó el contrato y cuando ya venía la exposición dispuesta para México, Del Conde dijo siempre no, porque Betty Catlett no es para el MAM. Ese fue un detalle dramático (entre comillas).
“Otro fue cuando Felguérez y el grupo hicieron la lucha para introducir en la Escuela Nacional de Artes Plásticas el nuevo programa en pro de la escultura abstracta. Ella siempre fue figurativa, llevaba 12 años de maestra y decidió renunciar, mientras que Celia Calderón, en vez de renunciar, se pegó un tiro en el salón de clases por el mismo motivo. Entonces, se dedicó plenamente a su obra y tuvo una enorme resonancia en Estados Unidos, inclusive, le editaron un libro de lujo (Elizabeth Catlett: una artista americana en México, 2000, de Melanie Anne Herzog) Le llamaban de las universidades para que diera pláticas”.



Nieta de esclavos
Raquel Tibol también se refiere a la litografía Niña madre, de David Alfaro Siqueiros:Primero, Hugo Brehme hizo una fotografía, de la que Siqueiros hizo una pintura. Cuando quiso pasar la obra a litografía llamó a Betty Catlett, Siqueiros sólo la firmó.
Según el jazzista Francisco Mora Catlett, uno de los tres hijos (otro es el cineasta Juan Mora), que procreó la fallecida artista, su madre es “la figura más relevante en estos momentos en el arte determinado afroamericano en Estados Unidos.
“Siempre trabajaba en algo nuevo –continúa en entrevista–. Apenas el domingo pasado elNew York Times publicó un artículo sobre ella. Actualmente, tiene una exposición en Baton Rouge, Lousiana”. Sin embargo, quedó pendiente la invitación de la señora Michelle Obama para la Casa Blanca, porque las señoras Clinton y Bush la invitaron.
Mora Catlett recuerda que su madre siempre empezaba sus entrevistas al decir, soy nieta de esclavos negros en Estados Unidos. No obstante, “amó mucho al pueblo mexicano. Su casa en Cuernavaca es testimonio de su trabajo, de su humanismo, de su amor universal, diría, porque no es tanto el pueblo negro de Estados Unidos o el pueblo mexicano: es el ser humano básicamente.
Ella puede ser reclamada por ambos pueblos y por la humanidad en general.
Las cenizas de Elizabeth Catlett, cuyo cuerpo será cremado hoy, se quedarán en Cuernavaca, informa su hijo.



Fuente: Chacatorex