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domingo, 13 de mayo de 2012

Vigilantes y astutos.





En los tiempos que corren debemos permanecer vigilantes y atentos a tantos frentes abiertos a nuestro alrededor, repletos de trincheras.
Debemos movernos con paso firme esquivando timos, estafas, golpes, ninguneos y todo el muestrario de agresiones, cada vez más sofisticadas, que nos sirven en bandeja desde que los “Mercados” y sus “leyes” marcan el son al que bailan, como pulgas de circo, los Estados soberanos abanderados por sus representantes políticos. Por lo que vamos viendo y sufriendo, estamos en peligro.

Cuando era pequeña y mi madre decía que se iba al mercado, aquello sonaba bien; siempre volvía cargada de buenos alimentos que luego preparaba y todos comíamos. Ir al mercado era sinónimo de que yo iba a seguir creciendo.
Hoy, oír hablar de “Mercados”, pone los pelos de punta. Los que van de compras y ventas a esos “Mercados” no son comerciantes, ni tenderos, ni gente que se quiere ganar la vida honradamente, como los del mercado al que iba mi madre y como tantos otros que están cerrando sus pequeños y medianos negocios en esta guerra económica que deja bajas por todas partes.
Los que frecuentan esos “Mercados” se denominan “Especuladores” y para que ellos crezcan, los demás tenemos que menguar (y esto no tiene nada que ver con el evangelio); para que ellos sigan acaparando, muchos pierden su empleo y medio de vida; para que ellos sigan marcando el ritmo desenfrenado de ambición y corrupción, muchos derechos y logros alcanzados por hombres y mujeres que lucharon por ello, quedan derogados por ley o por que “esto son lentejas”.
Permanezcamos vigilantes e intentemos esquivar golpes, compartiendo y comunicándonos, pues todos estamos en lo mismo y muchos podemos hacer más que uno a uno. Seamos astutos y no dejemos que los “hijos de las tinieblas” -que saben ser astutos en sus negros asuntos- nos desconecten y apaguen la energía de “hijos de la luz” (para más información reflexionar sobre lo que dejó escrito Lucas 16,8).
Revisa las comisiones de los Bancos, reclama, protesta, negocia. Rebaja el uso de tarjetas de crédito para el pago en pequeños comercios, evitando así las comisiones que cobran a los propietarios. Mantén a raya a las compañías de telefonía diciendo que te marchas a otra… eso les duele.
Cuando te venza el seguro del coche, no hagas caso a la coba que te dé la aseguradora diciendo que “como usted es un buen conductor, este año premiamos su fidelidad y su buen hacer y no hemos subido el precio de la renovación de su seguro”. Haz un “sondeo de mercado” y mira a ver qué ofrece la propia compañía y otras del sector a clientes de nueva captación. Por mi parte, hoy me he ahorrado el 40% en el seguro anual, con las mismas prestaciones. Si no investigo… no me entero y, si no me entero, vivo engañada creyendo que han sido bondadosos por no subir el precio. Indecente ¿no?
Estas son algunas de las prácticas de los “Mercados”: la adulación, la falta de transparencia y la mentira.
Ayudémonos unos a otros contando y denunciando la injusticia que está causando tanto dolor y dejando en la cuneta a muchos inocentes.
Debemos andar sabiendo en Quién ponemos nuestra confianza para saltar trincheras y señalar con el dedo a quienes se apropian de lo que muchos necesitan para vivir; denunciando el hecho de que el dinero de nuestros impuestos sea utilizado para sanear a quienes provocaron el demencial desequilibrio económico y financiero que sufre nuestra sociedad. La ambición rompió el saco y están poniendo remiendos que ahogan y no resuelve la situación.
Mis dedos se han movido con rabia sobre las teclas del ordenador mientras escribía. Se han solidarizado con mi estado de ánimo recordando noticias y telediarios, sin ir más lejos, los de ayer. Es difícil evitarlo recordando las situaciones de personas que han perdido sus trabajos, sus casas por impago de hipoteca y los que están pagando con sus escuetas pensiones los gastos diarios de hijos y nietos.
Pero un suave susurro interior ha resonado como agua fresca: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde” (Jn 14, 27). Efectivamente, desde ahí habrá que actuar.
Escucho por aquí y por allá el anhelo común de un grito claro y contundente de denuncia que salga de nuestros pastores, en plan oficial, a nivel local, nacional y eclesial… incluso individual. Un grito que suene exactamente igual que cuando un padre y una madre claman en la defensa de la vida y los derechos de sus hijos y se ponen delante, como fuerte barrera, para intentar detener la injusticia que pueda herirles.
¡Ah… y también queremos abrazos!
pazsantos@pazsantos.com.- MADRID.
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

miércoles, 11 de abril de 2012

¿Quiénes son los mercados?




Como es bien sabido, con motivo de la crisis que estamos padeciendo, es frecuente oír hablar de los mercados. Se nos dice, por todas partes y a todas horas, que los mercados tienen la culpa de lo mal que se ha puesto la vida. Porque la codicia de los mercados es la causa de que haya tanto paro, tantas familias con el agua al cuello, tanta gente que no puede pagar las dichosas hipotecas, tanto miedo a que un buen día te encuentres con que el banco no te da el dinero que tienes allí depositado, etc, etc.
Además, la codicia de los mercados es la que ha hecho fracasar a Zapatero. Y la que ha llevado a Rajoy a imponernos la reforma laboral que está dejando sin resuello a miles y miles de trabajadores, al tiempo que los banqueros se frotan las manos, inflándose de millones, a costa del miedo y la miseria del pueblo, el sufrido pueblo, sobre cuyas espaldas se amasan las grandes fortunas, que crecen en la misma medida en que disminuye el modesto jornal de los que, con su trabajo, mantienen a este país. Realmente, ¡ no hay derecho! Porque la pura verdad es que todo esto es así.
De ahí, la gran pregunta: ¿y quién demonio son los mercados? Es decir, los mercados ¿son las bolsas? ¿son los bancos? ¿son los banqueros? ¿son los políticos? ¿son los ricos más ricos del mundo, que nos manipulan a todos los demás?
A ver si nos vamos aclarando. Los mercados son un elemento esencialmente constitutivo e indispensable del sistema económico mundial. En los llamados “mercados”, el papel determinante lo tiene el capital financiero, que es el dinero que no se gasta en el comercio tradicional de toda la vida (los bienes de uso y consumo, que se compran y se venden por medio de empresas y tiendas), sino que se ahorra y el propietario lo deposita en un mercado financiero (planes de pensiones, la bolsa y sus gestores, ya sean bancarios o de otra naturaleza, bonos del Estado…) con el fin de obtener una renta de ese capital.
Y advierto que este capital financiero tiene una particularidad: se trata de un capital al que no interesa directamente la “productividad” (de bienes de uso y consumo), sino que lo que le interesa es la “ganancia”. Por eso, porque lo que interesa es la ganancia, ésa es la razón por la que la gente invierte sumas asombrosas de dinero en el capital financiero. En este momento, nadie sabe hasta dónde llega la inmensa montaña de dinero que manejan los mercados.
Ahora bien, lo más grave, en todo este asunto, es que estos mercados – que nos marean por su incontrolable volumen – están “des-regularizados”. Quiero decir, así como el comercio de bienes de uso y consumo está controlado, paga adunas y aranceles, etc; y de la misma manera que el movimiento de personas está también regulado y vigilado por las leyes y por la policía, el movimiento de capitales financieros se mueve por el mundo entero sin control alguno. De manera que un individuo, desde su casa, moviendo el ratón de su computadora, puede trastornar y hasta hundir la estabilidad económica y las ganancias de millones de personas. Así están las cosas. Y esto es lo que está en la base de la crisis que estamos padeciendo.
Consecuencias: 1) La corrupción mayor y la más peligrosa no es la de tal o cual persona, de este político, de aquella empresa o de quien sea. La corrupción más radical y más grave es la corrupción del sistema económico en el que nos vemos metidos. 2) Quienes realmente mandan en el mundo no son los políticos, es la economía. 3) Lo más canalla que tiene el sistema económico es que funciona de forma que, cada día, enriquece más a los ricos y empobrece más a los pobres. 4) El daño colateral que produce el sistema es que a todos nos corrompe.
5) La solución de este desastre no está en que saquemos el dinero del banco o del fondo de pensiones y lo escondamos en una caja fuerte. Aumentar el dinero negro, lo único que consigue es agravar la situación. 6) Lo que a todos nos urge es presionar, cada cual como pueda y siempre desde la más transparente honradez, a quienes gestionan el poder económico y político, para que se regulen y controlen los mercados, aumente la productividad y, en todo caso, lo que se produce no beneficie tanto a unos pocos a costa de la ruina de los demás.