Mostrando entradas con la etiqueta eclesalia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta eclesalia. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de marzo de 2016

Más hospitalidad, más dignidad. Faltan profetas…


HOSPITALIDAD – Jesuitas (Alicante-Elche-Murcia) / Secretariado Diocesano de Migraciones – ASTI Alicante / Cáritas Diocesana Orihuela Alicante / Comunidades Cristianas Populares (Alicante) / CVX Alicante, sensibilizacion@asti-alicante.org
ALICANTE.

ECLESALIA, 21/03/16.- 

Hombres y mujeres que defiendan la vida de todo ser humano, en cualquier etapa de la vida y situación que se encuentre. Independientemente de su origen, cultura, sexo, color de piel o religión. Donde la persona y su dignidad sean siempre lo primero.

Desde la Segunda Guerra Mundial la humanidad no se ha visto en otro drama igual que el actual a escala mundial. Hoy día cuando recordamos las consecuencias de aquella Gran Guerra, nadie duda de cómo y cuánto fue degradada la dignidad humana. De ahí la posterior Declaración Universal de los Derechos Humanos, con la que se pretendía evitar situaciones similares en el futuro. Pero cuando comprobamos lo que está sucediendo y las respuestas que se siguen dando ante la mal llamada “Crisis de refugiados”, nos damos cuenta que no están a la altura de quienes promulgaron de buena voluntad lo que entendemos todos y todas por “Derechos Humanos”.

Quedando patente, después de esperar tanto ante la desesperada situación de millones de personas en nuestro mundo, que los llamados “Derechos Humanos” y su cumplimiento al parecer sólo atañe a una parte de la humanidad, dejando así de serlo universalmente para convertirse en los privilegios que tenemos unos sobre otros. Privilegios que habría que resguardar a toda costa, como las medidas ratificadas en las ya existentes expulsiones “en caliente”, la externalización de fronteras (y de Derechos) y el fortalecimiento todavía mayor de fronteras que seguirán provocando más muertes. Según la estimación de las Naciones Unidas más de 25.000 vidas humanas en los últimos 15 años. En 2015 podrían haber muerto más de 1000 niños y niñas. Hoy más de la mitad de las personas que buscan un lugar seguro para vivir son mujeres, niños y niñas en las condiciones que todos conocemos por los medios.



Esta situación y sus respuestas vienen a demostrar la verdadera Crisis de humanidad en la que está sumergido nuestro mundo. Especialmente de quienes tienen responsabilidades en la toma de decisiones al nivel que corresponda. El acuerdo UE-Turquía además de ser ilegal no solo afecta a los derechos humanos sino a los mismos tratados legales de la Unión Europea. Es la primera crisis humanitaria en suelo europeo. Los halcones han vencido y los pobres han perdido. Una propuesta propositiva tomada del Papa Francisco son los pasillos humanitarios como han hecho ecuménicamente en Italia. La historia dentro de medio siglo juzgará a esta generación, como el amor de Dios: ¿Cuándo te vimos extranjero y te acogimos? (Mt 25, 35).

Pero no nos hagamos los ciegos, también quienes desde nuestro cómodo silencio, no decimos o hacemos nada para remediarlo. Incluso dando credibilidad a justificaciones que hemos podido escuchar y hasta ser transmisores de mensajes de muerte en este valioso tiempo. Expresiones que menoscaban la dignidad de todo ser humano y hacen un flaco favor a la convivencia y cohesión social de quienes ya convivimos en este espacio protegido.

No nos hagamos los sordos, así como quienes reconocemos lo que está sucediendo y únicamente nos quedamos con resignación y lamentos al ver las noticias que nos llegan.

No nos hagamos los mudos, no podemos seguir permaneciendo callados. No podemos quedarnos pasivos, debemos posicionarnos por la vida y su dignidad. Hace falta seguir despertando nuestras conciencias y las de los que están a nuestro lado. Para reconocernos mutuamente, especialmente en quienes más sufren, también cerca de nosotros. Considerando de qué forma y con quienes podríamos organizarnos para reivindicar juntos una vida digna para todos y todas sin excepciones. Para construir juntos en nuestras comunidades y barrios una verdadera cultura de la hospitalidad a partir de las posibilidades que nos ofrecen nuestras relaciones cada día, en la aceptación y acogida asertiva del otro en quien está Cristo, por muy diferente que sea. Tengamos la voluntad de dejarnos convertir, especialmente por los crucificados y crucificadas de nuestra historia. En tiempos difíciles es urgente amar.

La Iglesia está preparada subsidiariamente para la acogida. Y quiere visibilizar a los emigrantes que ya tenemos aquí. La Palabra de Dios está ya escrita desde los orígenes, antes que en tinta, está en la vida misma. En ti y en mí, en todo ser humano, en cada persona, como lo son migrantes y refugiados que nos interpelan, la respuesta del evangelio de la misericordi (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Fuente: Eclesalia



martes, 24 de febrero de 2015

¡Aquellas piezas arqueológicas! Ayuno y abstinencia 2015.


Ayuno y abstinencia-2015
MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

ECLESALIA, 23/02/15.

23/02/15.- Empieza la Cuaresma un año más. Han pasado ya diez años desde que escribí sobre este tema. He vuelto a leer el artículo (ECLESALIA, 18/02/05) con ánimo de ponerme a tono ante la llegada de la Cuaresma.

¡Qué livianas me parecen mis palabras de entonces! Después de tres mil seiscientos cincuenta y pico días y, aunque “lo escrito, escrito está” y era para un tiempo concreto, han cambiado muchos las cosas.

Entonces aún nadábamos en la abundancia (o eso creíamos); aún no habían saltado por los aires los engranajes de un pozo de corrupción financiera, económica y política a nivel mundial; aún no nos sonaban nombres como Lemans Brothers, Prima de Riesgo, Rescate, Perdonar Deuda a países del Bloque Occidental; aún no aguantábamos un Paro desorbitante pues fluía dinero no controlado (eso se ha visto luego); había Paro pero no a los niveles que tocamos ahora. Aunque es buena la memoria y recordemos que, aún en la abundancia, la denominación “mileurista” es de aquellos tiempos. Aún podíamos hablar del 0,7 para los países en vías de desarrollo; aún… aún no había estallado la Crisis.

Aquí estoy de vuelta preguntándome como hace 10 años si el ayuno y la abstinencia tienen un sentido traducido a nuestros días: los del año 2015, después de siete años de caída libre y recortes sociales hasta en lo más esencial y pagando siempre los de abajo.

¿Cómo vivir el ayuno y la abstinencia en este momento cuando ya casi no sirven los planteamientos de hace unos pocos años?

… Y si el ayuno y la abstinencia se convirtieran en ayuda y asistencia a quienes no tienen ingresos.

… Y si la denuncia de las injusticias se convirtiera en un deber diario sumando voces más allá de ideas y colores políticos.

… Y si empezáramos a hacer gestos de apoyo mutuo, intercambiando tiempo y cuidado unos por otros.

… Y si la televisión pasara a un segundo o tercer plano en la realidad de nuestros hogares. De esto ya hablaba en el anterior… pero seguimos dependiendo más y más de los medios.

… Y si apagamos el móvil de vez en cuando. No dije poner en vibración ni en silencio (¡hace diez años no teníamos whatsapp!) digo practicar la desconexión como una forma de terapia.

… Y si diéramos tiempo a la conversación, a la escucha, a dar nuestro tiempo con quienes están más solos.

… Y si hiciéramos más cosas de esas que no cuestan dinero.

… Y si no nos dejáramos saquear por las grandes compañías y exigiéramos un trato más humano, por ejemplo: no hablar con ordenadores por teléfono; no pagar por pedir información a un banco, aseguradora o compañía de telefonía; no dar datos personales sin que a su vez nos faciliten los de la empresa.

… Y si cada vez más participáramos en Mareas (blancas, verdes… científicas, artísticas, etc.) que siguieran impulsado la protesta ante tanto despropósito.

… Y si fomentáramos el encuentro interreligioso en pequeños detalles de la vida para que dejáramos de mirar “al otro” como estereotipo, el diferente, el “no-yo”.

… Y si dedicamos más tiempo al silencio, a la oración, a la meditación para recobrar energía y sentido, necesarios para salir al ruedo de la vida de todos los días.

… Y si dejáramos de escuchar tanta confrontación y violencia política hasta que se dieran cuenta de que hay que ponerse de acuerdo en beneficio de todos y en perjuicio de los que abusan y se corrompen.

… Y si en esta Cuaresma, el ayuno es el de muchos padres que han visto partir a sus hijos a buscar trabajo en otros países. Ayunar de hijos… es muy triste.

… Y si en esta Cuaresma, la abstinencia la vemos materializada en quienes se abstienen de ir a su casa, porque han sido desahuciados por los bancos; en quienes esperan su medicación contra el cáncer, la hepatitis C (y otras) que no llega porque el presupuesto se gastó en otra cosa.

Creo que después de estos 10 años, el ayuno y la abstinencia que es mucho más que si como carne o pescado, se han convertido para muchas personas en el modo de vida; una vida no elegida pero sí sufrida. Cáritas sabe muy bien qué es ayunar y qué es abstenerse mucho más de 40 días.

La Cuaresma puede ser el principio de un camino de conversión. Los cuarenta días que dura es el pistoletazo de salida. Si algo caló, el año se quedará pequeño para vivir una vida en coherencia y solidaridad y querremos comprometernos cada día de nuestra vida.

Que no tengamos que escuchar un año más las palabras de Jesús: “¿Todavía no comprendéis ni entendéis nada?” (Mc 8, 14-21). No, no atendemos, no entendemos y no comprendemos; por mucho que nos advierta seguimos tragando la levadura de los que engañan y manipulan.

Unas palabras del Papa Francisco en su Mensaje para la Cuaresma 2015 también ayudarán en este tiempo: “Toda comunidad cristiana está llamada a cruzar el umbral que la pone en relación con la sociedad que la rodea, con los pobres y los alejados. La Iglesia por naturaleza es misionera, no debe quedarse replegada en sí misma, sino que es enviada a todos los hombres”.

Vayamos, entonces, como mujeres y hombres libres: con ojos que miran y ven; oídos que oyen y saben escuchar; con mente que clara que sepa discernir y no se deje manipular; y con un corazón atento y amante ante el sufrimiento humano. Sin olvidar la alegría que produce la levadura que, compartiendo el pan con otros, al final sobra.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

pazsantos@pazsantos.com
MADRID.

Fuente: Eclesalia.net

lunes, 23 de febrero de 2015

Cuaresma sí, pero comunitaria.



COMUNIDAD DE MONJAS TRINITARIAS, monjasdesuesa@gmail.com
SUESA (CANTABRIA).

ECLESALIA, 19/02/15.- A veces nos encontramos con textos que nos dicen que la cuaresma es una carrera, o una cuesta, o una escalada. Está claro que, visto así, la cuaresma es para deportistas, y… bueno, en fin, no a todo el mundo se le da bien eso del ejercicio.

Cada cual que le encuentre su sentido propio a la cuaresma pero… nuestra propuesta es vivir una cuaresma comunitaria, ¿o es que no vamos todos hacia la misma meta? ¿Y no será mejor llegar juntos?

El tiempo de cuaresma es ideal para ahondar en el interior, en lo profundo, en “lo secreto” y rebuscar el perfume oculto antes de que se nos quede viejo.

¡Vamos a perfumar la cuaresma! ¡Que cuando llegue la pascua la gran comunidad de Jesús olamos a vida y fiesta! Como la mujer del perfume, rompamos el frasco y derrochemos el amor a raudales. No os preocupéis, no se gasta, no se agota, cuanto más se extrae más se posee.

¿Qué podemos hacer?

Algunas ideas:
Vamos a querernos un poco más. No, no hablamos de quererse cada una, cada uno, un poco más a sí mismo (que es muy sano, sí) sino de querernos más entre nosotras y nosotros. Con gestos, con detalles sencillos, con palabras, con miradas, ¡hay mil maneras, no busques excusas!
Podemos ayunar de “yoísmos”: abramos los pabellones auditivos del corazón para escuchar lo que nos cuenta el otro, la otra. No lo demos por sabido aunque ya nos lo sepamos.
Nuestra oración en este tiempo puede ser alzando la cabeza y mirando más allá. Oraremos más por quienes están al lado, desde el vecino gruñón del 5º, hasta la compañera del trabajo que nos roba los minutos del descanso, pasando por la hermana mayor que nos desespera por su lentitud o las docenas de rostros sin nombre que vemos por el televisor.
Quizás sea también buena idea sacar unos minutos al día para mirar hacia dentro, remover la propia tierra, abonarla un poco (no huele muy bien pero es buenísimo para después recoger mejores frutos) y bendecirla (esto no suele venir en los manuales de horticultura pero os lo recomendamos encarecidamente).
Cuenta, cuenta: sí, eso, que cuentes, que te narres, que saques lo que hay en ti, con humildad y honestidad, que la belleza regalada por Dios y colocada en tu interior no es solo tuya, es de todos. Coteja tu vida con alguien, confronta tu camino, sé valiente y exponte ante alguien que acompañe tu camino, ante tu comunidad, tu familia,…
Haz un censo: no para saber todo lo que tienes sino para darte cuenta de ¡todo lo que tienes! ¿Todo es necesario? Olvida los “por si…”, despréndete solidaria y ecológicamente de aquello que sabes que no necesitas: libros, ropa, dinero,…
Haz un donativo: ¿el mejor?, tu tiempo, que no es recuperable.

Seguro que cada cual tiene más propuestas pero las que queremos fomentar son las que nos lleven a vivir una cuaresma comunitaria: “que todos sean uno como Tú y Yo somos uno”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Empezamos desde ya sembrando vida juntas, juntos, con esta danza:


Fuente: Eclesalia

martes, 23 de septiembre de 2014

Sí a combatir el cambio climático.


ECLESALIA, 19/09/14.- Dentro de unos días tendrá lugar en Nueva York una cumbre convocada por Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU, para que líderes políticos, sociales, industriales y financieros se comprometan a paliar los efectos del cambio climático construyendo una economía baja en carbono. A ésta cumbre, que lleva el lema “Sí a combatir el cambio climático”, le seguirán las de Lima y París donde se esperan grandes decisiones el próximo año. Pero, ¿se adoptarán medidas valientes o serán, como el Protocolo de Kioto, promesas vacías? Las ideas están claras pero, reformulando la gran cuestión al modo clásico, nos preguntamos: ¿quién le pondrá el cascabel al gato?

El cambio climático es un hecho, así como su autoría: la emisión descontrolada por parte del ser humano de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. En 2013, las emisiones de CO2 registraron el mayor incremento anual en los últimos 30 años. Si no variamos el rumbo, en unas pocas décadas se sucederán cambios irreversibles que acelerarán la desaparición de millones de especies y pondrán en grave peligro la supervivencia misma del ser humano, en especial los más pobres y vulnerables.

El clima es una ecuación muy compleja formada por decenas de variables que se retroalimentan. Algunos investigadores han alertado de que una débil subida de temperaturas está produciendo ya la liberación de metano en el Ártico, un gas de efecto invernadero con una acción 20 más potente que el CO2. Si la tundra ártica se descongela, de la permafrost surgirá tanto metano que sólo podemos imaginar sus efectos como una película de terror. Estamos jugando a aprendices de brujo y se nos está yendo de las manos nuestro mefistofélico experimento.

Algunos científicos y medios de comunicación siguen poniendo en duda la seriedad del problema e incluso llegan a negar su existencia, pero muchos periodistas e investigadores han denunciado que tras estas opiniones hay campañas de intoxicación financiadas por grandes grupos políticos y económicos que quieren evitar verse afectados por las consecuencias a corto plazo de tomar medidas serias que frenen el calentamiento global. Uno de los personajes más notorios fue el último presidente Bush. En medio de esta pretendida confusión, el mirar hacia otro lado, aduciendo otras prioridades (entre ellas la misma crisis económica que padecemos), se ha convertido en una práctica generalizada de nuestros líderes. Pero, ¿podemos permitirnos seguir así? ¿Somos realmente conscientes de que cuando nuestra casa se está quemando es una locura ponerse a discutir sobre el color de las paredes? La humanidad se enfrenta a muchos y graves problemas a la vez, pero ninguno de la magnitud y capacidad de destrucción del cambio climático.

El combate empieza por pequeñas decisiones personales, desde luego. Llevamos ya muchos años oyendo y obedeciendo indicaciones en la línea de coger la bici en vez del coche. Pero no basta con mejorar los hábitos individuales o colectivos de consumo; son precisos enormes transformaciones estructurales y culturales que sólo una sociedad unida a nivel planetario puede llevar a cabo. Imaginemos que los expertos acudieran a la cumbre con la idea de que en 10 o 15 años debería prohibirse la producción de motores para el transporte rodado que no fueran totalmente eléctricos. Tenemos la tecnología para ello pero necesitamos mucho más: compartir el conocimiento con países en vías de desarrollo, hacer enormes inversiones públicas en energías renovables, renunciar a modelos económicos basados en el crecimiento infinito del PIB, cambiar nuestros hábitos culturales y de ocio…

El cálculo de la factura social y económica de semejante revolución excede a nuestra imaginación pero, como en toda guerra, sabremos sacar de nosotros mismos una fuerza y un ingenio del que siempre ha hecho gala el ser humano en sus luchas más épicss. Muchos hablan de que, si nos ponemos manos a la obra, la lucha global contra el cambio climático podría ser el impulso necesario para reactivar la economía, pero una economía distinta, menos contaminante y más humana. Necesitamos ahora dirigentes valientes que nos conduzcan por este camino de “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” hacia una victoria que no podemos permitirnos no alcanzar. No faltan personas como José Mujica, presidente de Uruguay, o el Papa Francisco que, a la denuncia, añaden su propio compromiso con una vida sencilla y austera. Pero hace falta convencer a muchos más.

Para presionar a los líderes del mundo a tomar medidas urgentes y ponerle por fin el cascabel al gato, se celebrará en miles de ciudades de todo el mundo este domingo, 21 de septiembre, la Marcha Global Ciudadana contra el Cambio Climático. Se puede firmar la petición en https://secure.avaaz.org/es/100_clean_final/ y unirse al evento en https://secure.avaaz.org/es/join_to_change_everything_rb/

Es hora de actuar. Se lo debemos a las futuras generaciones. Se lo debemos a los pobres de la tierra que ya están sufriendo las amargas consecuencias de este jinete del apocalipsis. Se lo debemos al Señor, que nos hizo cuidadores de la Creación.

juan@ciberiglesia.net

ZARAGOZA.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

jueves, 10 de julio de 2014

La teología de la liberación, ¿una anciana moribunda?


Juan José Tamayo, teólogo, juanjotamayo@gmail.com

Madrid.

ECLESALIA, 04/07/14.- “Efectivamente, las figuras relevantes de la Teología de la Liberación (TL) son personas ancianas y, como tal, como la expresión de lo que fue, está muy está anciana, si no es que ya está muerta… Hoy en día no está más el tema de la teología de la liberación, que había sido planteada con una base sociológica que no cuadraba con la base teológica”.

No, no son afirmaciones estas de sectores lefebvristas, neoconservadores o integristas, ni de la Congregación para la Doctrina de la Fe, tan propensa a desacreditar las tendencias teológicas que no coinciden con la teología romana. Han sido pronunciadas por monseñor Carlos Aguiar Retes, todopoderoso presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), y difundidas por la Agencia Católica de Información ZENIT. Las ha hecho en un momento tan significativo como el encuentro del CELAM con el papa Francisco, cuando el Vaticano está dando muestras de acercamiento a dicha teología.

Ante las críticas recibidas por tamaño desprecio hacia la TL, el propio arzobispo Aguiar ha querido matizarlas en unas declaraciones a Noticelam, pero, a mi juicio, se ha puesto más en evidencia su rechazo hacia dicha teología. Recuerda la existencia de una corriente basada “en el análisis marxista que llevó a una ideologización del mensaje evangélico” y cree necesario re-direccionarla a través del desarrollo de “una teología de la liberación con una base bíblico espiritual”.

¿Qué revelan las primeras afirmaciones tan irrespetuosas en boca de un dignatario tan cualificado como mal encarado de la Iglesia católica, que se arroga la representación de varios cientos de millones de católicos del continente y las segundas declaraciones tan desenfocadas sobre la teología de la liberación: ignorancia, manipulación o, más sencillo todavía, confundir el deseo con la realidad? Fuere una cosa, otra, la tercera o las tres a la vez, me gustaría informar, siquiera someramente, al presidente del CELAM del estado actual de la Teología de la Liberación (TL), que hoy está muy lejos de la ancianidad y mucho más todavía de la muerte.

La TL, nacida en América Latina a finales de la década de los sesenta del siglo pasado –apenas ha cumplido 45 años- es una de las corrientes más creativas del pensamiento cristiano nacidas en el Sur, lejos de los centros de poder político, económico y religioso, con señas de identidad y estatuto teológico propios. No es, por tanto, una sucursal de la teología elaborada en el Norte. Todo lo contrario: ha quebrado el norte-centrismo teológico, sea el moderno o el postmoderno, el europeo o el norteamericano.

Viene siendo objeto de sospecha desde sus orígenes, y muy especialmente durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto II. Ha recibido acusaciones de lo más gruesas e indemostrables como defender la violencia, ser una sucursal del marxismo, introducir la lucha de clases en la Iglesia, politizar partidistamente el cristianismo… Muchos de sus cultivadores han sido condenados, destituidos de sus cátedras y sus libros sometidos a una férrea censura. La más grave de las condenas -comparable a la del Syllabus del papa Pío IX contra el modernismo-, fue la llevada a cabo por laInstrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación, de 1984, redactada por el cardenal Ratzinger cuando era presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe y ratificada por Juan Pablo II.

Mas, a pesar de la persecución de que ha sido objeto, la TL no se ha rendido a la ortodoxia vaticana, ni ha renunciado a sus primeras intuiciones ni al principio-liberación, pero tampoco se ha quedado en la foto fija de sus orígenes, ya que no es una teología perenne, inmune a los cambios, ni de la razón pura, sino una teología de la razón práctica, histórica,in fieri, que se reformula y reconstruye en los nuevos procesos de liberación.

Lo mismo que la TL en sus orígenes intentó responder a los desafíos sociales, económicos, religiosos, espirituales, culturales del continente latinoamericano, hoy sigue haciéndolo y se elabora a partir de los nuevos sujetos que están emergiendo y protagonizan los cambios estructurales en la sociedad y en las religiones: las mujeres doble o triplemente oprimidas por las dictadura del patriarcado, del capitalismo y del colonialismo en alianza, la Tierra, sometida a la depredación del sistema de desarrollo científico-técnico y económico voraz, el campesinado sin tierra, los pueblos indígenas y las comunidades afroamericanas, humilladas durante siglo de dominación imperial, las colectividades, cada vez más numerosas, excluidas por mor de la globalización neoliberal, las religiones otrora destruidas por el cristianismo imperial, las identidades estigmatizadas y perseguidas.

Son todas ellas alteridades negadas que conforman los diferentes rostros de la pobreza y la marginación, a quienes la TL reconoce como sujetos activos, consciente de que se están empoderando y, desde su empoderamiento, contribuyen a la superación del racismo, el sexismo, el clasismo, la homofobia, así lideran la lucha contra los etno-cidios, geno-cidios y bio-cidios causados por el paradigma de desarrollo de la modernidad occidental.

De aquí han surgido nuevas tendencias teológicas de la liberación, todas ellas contra-hegemónicas: teología feminista, indígena, afrodescendiente, campesina, ecológica, queer, teología del pluralismo religioso, de la diversidad sexual. Todo un mosaico de teologías y sabidurías que conforman el plural panorama de la TL, que no es una anciana moribunda, sino que sigue viva y activa intentando responder a los nuevos desafíos del continente latinoamericano.

Hoy está presente en todo el Sur, pero también en los ámbitos de marginación del Norte y se ha hecho visible en el Foro Social Mundial, donde ha creado su propio espacio religioso alter-globalizador, el Foro Mundial de Teología y Liberación, que cuestiona las creencias crédulas, revoluciona las conciencias de los creyentes y no creyentes y pretende transformar sus prácticas alienantes en emancipatorias desde la convicción de que “Otra teología es posible” ¡y necesaria! en plena sintonía con la consigna de los Foros Sociales “Otra epistemología es posible!” y con las epistemologías del Sur que se están desarrollando en las diferentes disciplinas y saberes.

Si monseñor Aguiar Retes quiere enterrar la teología de la liberación, debe saber que lo hará con una realidad viva, y eso es un delito mayor y más grave que el de considerarla anciana o muerta. ¡Qué lejos está el actual presidente del CELAM de los obispos que dijeron adiós al paradigma de la Iglesia conquistadora, colonial y desarrollista de la conquista e iniciaron el paradigma de la Iglesia de la liberación en la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín en 1968! Estos pusieron las bases de la Iglesia de los pobres, que el papa Francisco quiere recuperar. Con sus declaraciones, monseñor Retes lo que hace es dinamitar dichas bases. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Fuente: Eclesalia

martes, 25 de marzo de 2014

Según el corazón de Papa: Obispos, ¡y no solo obispos!



Pablo Herrero Hernández

Eclesalia

En estas mismas columnas, escribía hace unos días José Antonio Pagola en su comentario a las lecturas de uno de los últimos domingos (ECLESALIA, 26/02/14): «Es sorprendente lo que está sucediendo con el Papa Francisco. Mientras los medios de comunicación y las redes sociales que circulan por internet nos informan, con toda clase de detalles, de los gestos más pequeños de su personalidad admirable, se oculta de modo vergonzoso su grito más urgente a toda la Humanidad: “No a una economía de la exclusión y la iniquidad. Esa economía mata”».

Y, en efecto, en el año exacto que el Papa Francisco lleva ocupando la Sede de Pedro, tengo la impresión de hallarme ante un magisterio torrencial, oceánico, ante el que me cuesta horrores «ponerme al día»; no ha terminado uno de leer varias de sus jugosísimas homilías diarias improvisadas en Santa Marta, cuando la última audiencia, la última homilía, el último encuentro, el último documento reclaman imperiosamente su atención. Por no hablar de la Evangelii gaudium, documento luminoso donde los haya y rompedor en más de un sentido, de la que sí me gustaría compartir con todos los amigos de Eclesalia, en las próximas semanas, algo de lo que más me ha llamado la atención.

Pues bien: en todo este providencial torrente de intervenciones, una que, por su importancia, creía yo que merecería una adecuada atención —esta vez, sobre todo, en medios eclesiales—, no me parece que haya sido lo suficientemente considerada ni meditada, ni siquiera leída. Se trata del discurso que sólo hace unos días, el 27 de febrero, dirigió el Papa a los miembros de la Congregación para los Obispos, que como todos sabemos, es la encargada de proponer al Sumo Pontífice los nombramientos episcopales. El discurso en cuestión lo podéis encontrar ya colgado y traducido al español en “Lo que el Papa Francisco quiere que sean los obispos” de la revista Ecclesia.

Creo que se trata de un discurso que, pese a estar dirigido prioritariamente a la Congregación encargada de los nombramientos episcopales y a los propios obispos, nos interesa a todos, pues, al trazar en él el Papa lo que podríamos llamar el «retrato robot» del obispo según su corazón, indudable y necesariamente está delineando para todos —sacerdotes, religiosos y laicos— el modelo de Iglesia que responde a sus aspiraciones.

Y, aunque nada en este discurso tiene desperdicio, dos o tres frases de él me han llamado la atención de manera muy especial. Escribe el Papa que los obispos han de ser «hombres custodios de la doctrina no para medir lo distante que vive el mundo de la verdad que esta contiene, sino para fascinar al mundo, para cautivarlo con la belleza del amor, para seducirlo con el ofrecimiento de la libertad que da el Evangelio. La Iglesia no necesita apologetas de sus propias causas ni cruzados de sus propias batallas, sino sembradores humildes y confiados de la verdad, que sepan que esta les es nuevamente encomendada una y otra vez y que se fíen de su poder. Obispos conscientes de que, incluso cuando sea de noche y la fatiga de la jornada los encuentre cansados, en el campo las semillas estarán germinando. Hombres pacientes, porque saben que la cizaña nunca será tanta como para llenar el campo. El corazón humano está hecho para el trigo; ha sido el enemigo quien, a escondidas, ha arrojado la mala semilla. Pero la hora de la cizaña ya está irrevocablemente fijada» (n.º 6; la cursiva es mía).

No hallo rastro, en todo el discurso del Papa, de una Iglesia perennemente enfrentada con el mundo y con la humanidad; de una Iglesia erigida en custodia de la única ética admisible y reivindicadora de que sus preceptos morales se conviertan en ley civil y positiva para que sean de obligada aplicación a todos los ciudadanos de una sociedad secular y pluralista; de una Iglesia en perpetuo estado de cruzada, en la que el victimismo y el triunfalismo no son sino las dos caras de una misma moneda; de una Iglesia en permanente estado de guerra —o, cuando menos, de sitio— frente a todo lo que caiga fuera de unos confines que ella misma va haciendo cada vez más estrechos. No hallo rastro de una Iglesia así en estas palabras del Papa Francisco, en las que encuentro, en cambio, la honda aspiración y la gozosa indicación de una Iglesia radicalmente distinta, en permanente proceso de conversión al Evangelio como condición necesaria para predicar ese mismo Evangelio; una Iglesia plenamente digna de ser y de llamarse «cristiana»: la Iglesia de este siglo XXI.

Ojalá no sólo los miembros de la Congregación para los Obispos, sino todas las Conferencias Episcopales y cada uno de sus pastores relean, mediten, interioricen y, sobre todo, «se apliquen» este importante texto del magisterio papal, con el que también todos y cada uno de nosotros, discípulos misioneros según la afortunada figura de la Evangelii gaudium, debemos confrontarnos. Será una ocasión de oro para que seamos Iglesia que «fascine al mundo, que lo cautive con la belleza del amor, que lo seduzca con el ofrecimiento de la libertad que da el Evangelio»; para que pasemos de parecer —y a veces de ser— una Iglesia en contra del ser humano, a ser Iglesia que esté realmente, y con todas las consecuencias, al servicio de él.

Quien estas líneas firma, laico devuelto gozosamente a la fe precisamente hace un año, tras casi veinte de increencia, así se atreve a esperarlo, a pedirlo en la oración y a intentar hacerlo realidad.

pabloherrero.hernandez@gmail.com

MADRID.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

domingo, 13 de mayo de 2012

Vigilantes y astutos.





En los tiempos que corren debemos permanecer vigilantes y atentos a tantos frentes abiertos a nuestro alrededor, repletos de trincheras.
Debemos movernos con paso firme esquivando timos, estafas, golpes, ninguneos y todo el muestrario de agresiones, cada vez más sofisticadas, que nos sirven en bandeja desde que los “Mercados” y sus “leyes” marcan el son al que bailan, como pulgas de circo, los Estados soberanos abanderados por sus representantes políticos. Por lo que vamos viendo y sufriendo, estamos en peligro.

Cuando era pequeña y mi madre decía que se iba al mercado, aquello sonaba bien; siempre volvía cargada de buenos alimentos que luego preparaba y todos comíamos. Ir al mercado era sinónimo de que yo iba a seguir creciendo.
Hoy, oír hablar de “Mercados”, pone los pelos de punta. Los que van de compras y ventas a esos “Mercados” no son comerciantes, ni tenderos, ni gente que se quiere ganar la vida honradamente, como los del mercado al que iba mi madre y como tantos otros que están cerrando sus pequeños y medianos negocios en esta guerra económica que deja bajas por todas partes.
Los que frecuentan esos “Mercados” se denominan “Especuladores” y para que ellos crezcan, los demás tenemos que menguar (y esto no tiene nada que ver con el evangelio); para que ellos sigan acaparando, muchos pierden su empleo y medio de vida; para que ellos sigan marcando el ritmo desenfrenado de ambición y corrupción, muchos derechos y logros alcanzados por hombres y mujeres que lucharon por ello, quedan derogados por ley o por que “esto son lentejas”.
Permanezcamos vigilantes e intentemos esquivar golpes, compartiendo y comunicándonos, pues todos estamos en lo mismo y muchos podemos hacer más que uno a uno. Seamos astutos y no dejemos que los “hijos de las tinieblas” -que saben ser astutos en sus negros asuntos- nos desconecten y apaguen la energía de “hijos de la luz” (para más información reflexionar sobre lo que dejó escrito Lucas 16,8).
Revisa las comisiones de los Bancos, reclama, protesta, negocia. Rebaja el uso de tarjetas de crédito para el pago en pequeños comercios, evitando así las comisiones que cobran a los propietarios. Mantén a raya a las compañías de telefonía diciendo que te marchas a otra… eso les duele.
Cuando te venza el seguro del coche, no hagas caso a la coba que te dé la aseguradora diciendo que “como usted es un buen conductor, este año premiamos su fidelidad y su buen hacer y no hemos subido el precio de la renovación de su seguro”. Haz un “sondeo de mercado” y mira a ver qué ofrece la propia compañía y otras del sector a clientes de nueva captación. Por mi parte, hoy me he ahorrado el 40% en el seguro anual, con las mismas prestaciones. Si no investigo… no me entero y, si no me entero, vivo engañada creyendo que han sido bondadosos por no subir el precio. Indecente ¿no?
Estas son algunas de las prácticas de los “Mercados”: la adulación, la falta de transparencia y la mentira.
Ayudémonos unos a otros contando y denunciando la injusticia que está causando tanto dolor y dejando en la cuneta a muchos inocentes.
Debemos andar sabiendo en Quién ponemos nuestra confianza para saltar trincheras y señalar con el dedo a quienes se apropian de lo que muchos necesitan para vivir; denunciando el hecho de que el dinero de nuestros impuestos sea utilizado para sanear a quienes provocaron el demencial desequilibrio económico y financiero que sufre nuestra sociedad. La ambición rompió el saco y están poniendo remiendos que ahogan y no resuelve la situación.
Mis dedos se han movido con rabia sobre las teclas del ordenador mientras escribía. Se han solidarizado con mi estado de ánimo recordando noticias y telediarios, sin ir más lejos, los de ayer. Es difícil evitarlo recordando las situaciones de personas que han perdido sus trabajos, sus casas por impago de hipoteca y los que están pagando con sus escuetas pensiones los gastos diarios de hijos y nietos.
Pero un suave susurro interior ha resonado como agua fresca: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde” (Jn 14, 27). Efectivamente, desde ahí habrá que actuar.
Escucho por aquí y por allá el anhelo común de un grito claro y contundente de denuncia que salga de nuestros pastores, en plan oficial, a nivel local, nacional y eclesial… incluso individual. Un grito que suene exactamente igual que cuando un padre y una madre claman en la defensa de la vida y los derechos de sus hijos y se ponen delante, como fuerte barrera, para intentar detener la injusticia que pueda herirles.
¡Ah… y también queremos abrazos!
pazsantos@pazsantos.com.- MADRID.
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

miércoles, 29 de febrero de 2012

Liberar la fuerza del Evangelio.


San Sebastián. Guipuzcoa.

El relato de la "Transfiguración de Jesús" fue desde el comienzo muy popular entre sus seguidores. No es un episodio más. La escena, recreada con diversos recursos de carácter simbólico, es grandiosa. Los evangelistas, como Marcos 9:2-10, presentan a Jesús con el rostro resplandeciente mientras conversa con Moisés y Elías.

Los tres discípulos que lo han acompañado hasta la cumbre de la montaña quedan sobrecogidos. No saben qué pensar de todo aquello. El misterio que envuelve a Jesús es demasiado grande. Marcos dice que estaban asustados.

La escena culmina de forma extraña: “Se formó una nube que los cubrió y salió de la nube una voz: Este es mi Hijo amado. Escuchadlo”. El movimiento de Jesús nació escuchando su llamada. Su Palabra, recogida más tarde en cuatro pequeños escritos, fue engendrando nuevos seguidores. La Iglesia vive escuchando su Evangelio.

Este mensaje de Jesús, encuentra hoy muchos obstáculos para llegar hasta los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Al abandonar la práctica religiosa, muchos han dejado de escucharlo para siempre. Ya no oirán hablar de Jesús si no es de forma casual o distraída.

Tampoco quienes se acercan a las comunidades cristianas pueden apreciar fácilmente la Palabra de Jesús. Su mensaje se pierde entre otras prácticas, costumbres y doctrinas. Es difícil captar su importancia decisiva. La fuerza liberadora de su Evangelio queda a veces bloqueada por lenguajes y comentarios ajenos a su espíritu.

Sin embargo, también hoy, lo único decisivo que podemos ofrecer los cristianos a la sociedad moderna es la Buena Noticia proclamada por Jesús, y su proyecto de una vida más sana y digna. No podemos seguir reteniendo la fuerza humanizadora de su Evangelio.

Hemos de hacer que corra limpia, viva y abundante por nuestras comunidades. Que llegue hasta los hogares, que la puedan conocer quienes buscan un sentido nuevo a sus vidas, que la puedan escuchar quienes viven sin esperanza.

Hemos de aprender a leer juntos el Evangelio. Familiarizarnos con los relatos evangélicos. Ponernos en contacto directo e inmediato con la Buena Noticia de Jesús. En esto hemos de gastar las energías. De aquí empezará la renovación que necesita hoy la Iglesia.

Cuando la institución eclesiástica va perdiendo el poder de atracción que ha tenido durante siglos, hemos de descubrir la atracción que tiene Jesús, el Hijo amado de Dios, para quienes buscan verdad y vida.

Dentro de pocos años, nos daremos cuenta de que todo nos está empujando a poner con más fidelidad su Buena Noticia en el centro del cristianismo. 

(PE/Eclesalia)
PreNot 9852
120229

Fuente: Ecupres

jueves, 23 de febrero de 2012

El paso de Dios por América Latina.


CON MEDELLÍN DIOS PASÓ POR AMÉRICA LATINA. ¿CON QUIÉN PASA AHORA?

Reflexión para la Cuaresma 2012


SAN SALVADOR (EL SALVADOR).

ECLESALIA, 23/02/12.- Los diez años de Medellín (1968) a Puebla (1979) fueron únicos en la época moderna de la Iglesia católica en América Latina. Después comenzó un declive al que Aparecida (2007) quiso poner freno, aunque hasta ahora queda mucho por hacer.

Al hacer este juicio, no nos fijarnos en la iglesia tal como la analizan los sociólogos, sino que nos fijamos en “el paso de Dios”. Sin duda es más difícil de calibrar, pero toca la dimensión más honda de la Iglesia, y al servicio de qué debe estar. En definitiva qué aporta a los seres humanos y al mundo como un todo. Y obviamente hay que preguntarse “qué Dios” es el que pasa por la historia en un momento dado.

Medellín

Fue un salto cualitativo. Irrumpieron los pobres, y en ellos irrumpió Dios. Fue un hecho fundante que penetró en la fe de muchos y configuró a la Iglesia.

Sorprendentemente, para la asamblea de obispos la prioridad no la tuvo la Iglesia en sí misma, sino el mundo de pobres y víctimas, es decir la creación de Dios. Sus primeras palabras proclaman la realidad del continente: “una pobreza masiva producto de la injusticia”. Los obispos actuaron, ante todo, como seres humanos, y dejaron hablar a la realidad que clamaba al cielo. Son los clamores que Dios escuchó en el éxodo, le hicieron salir de sí mismo y entró decididamente en la historia. De igual modo, con Medellín Dios entró en la historia latinoamericana.

Desde esa irrupción de los pobres, y de Dios en ellos, Medellín pensó qué es ser Iglesia, cuál es su identidad y misión fundamental, y cuál debe ser su modo de estar en un mundo de pobres. La respuesta fue “una iglesia de los pobres”, semejante a la ilusión que tuvo Juan XXIII y el cardenal Lercaro. En el concilio no prosperó, en Medellín sí. La Iglesia sintió compasión por los oprimidos y decidió trabajar por su liberación. Por muchos, con mayor o menor conciencia explícita, fue acogida como bendición. Por otros, fue percibida, con razón, como grave peligro.

Muy pronto reaccionó el poder. En 1968 Nelson Rockefeller escribió un informe sobre lo que estaba ocurriendo, y esa Iglesia, nueva y peligrosa, tenía que ser debilitada y frenada, y lo mismo ocurrió al comienzo de la administración Reagan. Oligarquías con el capital, ejércitos, escuadrones de la muerte, desencadenaron una persecución contra la Iglesia, desconocida en la historia de América Latina. La persecución, y el mantenerse firme en ella, dejó en claro lo novedoso y evangélico que estaba ocurriendo: la Iglesia de Medellín estaba con el pueblo pobre y perseguido, y corrió su misma suerte. Miles fueron asesinados, entre ellos media docena de obispos, decenas de sacerdotes, religiosos y religiosas, y multitud de laicos, mujeres y varones. Con limitaciones, errores y pecados, era una Iglesia mucho más casta que meretriz, mucho más evangélica que mundana.

Al interior de la Iglesia católica, Pablo VI propició y animó esta nueva Iglesia, pero altos personeros de la curia romana, y de otras curias locales, la descualificaron, trataron mal e injustamente a sus representantes señeros, también a obispos, y diseñaron una iglesia alternativa, diferente y aun contraria, más devocional, intimista, de movimientos, sumisos a y defensores de la jerarquía. Y lo que había que evitar era que la Iglesia volviese a entrar en conflicto con los poderosos. La iglesia popular, nacida alrededor de Medellín, creyente y lúcida, de comunidades de base, que vivía la pobreza del continente, sufrió la doble persecución del mundo opresor, y, con alguna frecuencia, de la propia iglesia.

Una Iglesia así fue testigo y seguidora de Jesús de Nazaret. Encarnada, defensora y compañera de los pobres, cargaba con la cruz y con frecuencia moría en ella. Anunció una Buena Noticia como Jesús en la sinagoga de Nazaret. Tuvo sus “doce apóstoles”, los Padres de la iglesia latinoamericana con don Hélder Camara uno de los pioneros, con Enrique Angelelli, don Sergio Mendez Arceo, Leonidas Proaño, con monseñor Romero, pastor y mártir del continente, y otros. Llegó a ser ekklesia, en la que mujeres y varones, religiosas y laicos, latinoamericanos y venidos de fuera, llegaron a formar cuerpo eclesial, una gran comunidad de vida y misión. Entre los de casa y los de lejos se generó una solidaridad nunca vista: se llevaban mutuamente. Creció la esperanza y el gozo. Y del amor de los mártires nació una brisa de resurrección, ajena a toda alienación, que volvía a remitir a la historia para vivir en ella como resucitados.

En esa Iglesia soplaba el Espíritu, el espíritu de Jesús y el espíritu de los pobres. Ese espíritu inspiraba oración, liturgia, música, arte. Y también inspiraba homilías proféticas, cartas pastorales lúcidas, textos teológicos de casa, no textos simplemente importados que no habían pasado por el crisol de Medellín.

En el centro de todo estaba el evangelio de Jesús. Lucas 4, 16: “He venido a anunciar la buena noticia a los pobres, a liberar a los cautivos”. Mateo 25, 36-41: “Tuve hambre y me dieron de comer”. Juan 15, 13: “Nadie tiene más amor que el que da la vida por los hermanos”. Y Jesús de Nazaret, el crucificado resucitado, Hechos 2, 23: “A quien ustedes dieron muerte Dios le devolvió a la vida”.

¿Y ahora?

Encuestas, estudios sociológicos y antropológicos, económicos y políticos, ofrecen datos y suministran explicaciones sobre la Iglesia católica y otras iglesias cristianas. Nos dicen si subimos o bajamos en número y en influjo en la sociedad. Desde esa perspectiva nada tengo que añadir. Y estrictamente hablando, tampoco es mi mayor preocupación cuál será el futuro de lo que llamamos “Iglesia”, aunque en ella he vivido y vivo, y me he acostumbrado a pertenecer a la familia.

Lo que me interesa, y me alegra, es que “Dios pase por este mundo”. Y la razón es sencilla. El mundo está “gravemente enfermo”, decía Ellacuría, “enfermo de muerte”, dice Jean Ziegler. Es decir, necesita salvación y sanación. Por ello, como creyente y como ser humano, deseo que “Dios pase por este mundo”, pues ese paso siempre trae salvación a las personas y al mundo en su conjunto. Tuvimos la dicha de sentir ese paso de Dios con Medellín, con Monseñor Romero, con muchas comunidades populares. Con muchas personas buenas, sencillas en su mayoría. Con una pléyade de mártires. Y también, aunque eso solo se puede sentir “en un difícil acto de fe”, como decía Ellacuría al explicar la salvación que trae el siervo sufriente de Isaías, con el pueblo crucificado.

¿Cómo estamos hoy? Sería cometer un grave error caer en simplismos en cosas tan serias. Sería injusto no ver lo bueno que, de muchas formas, existe en las iglesias. Y sería arrogante no intentar descubrirlo, aunque a veces se esconda tras una corteza que no remite con claridad a Jesús de Nazaret. En cualquier caso, el paso de “Dios” siempre será misterio inescrutable, y sólo de puntillas y con máximo respeto a todos los seres humanos podemos hablar sobre ello. Pero con todas estas cautelas algo se puede decir. Mencionaremos las realidades de los fieles y sus comunidades, pero tenemos en mente sobre todo a las instancias, altas en jerarquía, históricamente muy responsables de lo que ocurre, y a las que no se puede pedir cuenta con eficacia. Con sencillez doy mi visión personal.

De diversas formas abunda el pentecostalismo, como forma de iglesia distante de los problemas reales de vida y muerte de las mayorías, aunque trae ánimo y consuelo a los pobres, lo que no es desdeñar cuando no tienen dónde agarrarse para que su vida tenga sentido –distinta es la situación en clases más acomodadas. Prolifera un gran número de movimientos, docenas de ellos, proliferan los medios de comunicación de las iglesias, emisoras de radio y televisión, sumisos en exceso a ideales y normas que provienen de curias, sin dar sensación de libertad para tomar ellos mismos en sus manos un evangelio que anuncia la buena nueva para los pobres, en forma de justicia, y sin sospechar la necesidad de un estudio, reflexivo, mínimamente científico, de la Palabra de Dios, y en general de la teología que propició el Vaticano II y Medellín. Proliferan devociones de todo tipo, las de antes y las de ahora. Jesús de Nazaret, el que pasó haciendo el bien y murió crucificado, es dejado de lado con facilidad en favor del niño Jesús, sea de Atocha, de Praga, el Dios niño, dicho con gran respeto. Con facilidad se diluye el Jesús recio de Galilea, del Jordán, el profeta de denuncias alrededor del templo de Jerusalén, en favor de devociones, basadas en apariciones con un trasfondo sentimental y melifluo en exceso. Por decirlo con sencillez, la divina providencia puede atraer más que el Padre de Jesús, el Hijo que es Jesús de Nazaret, el Espíritu Santo, que es Señor y dador de vida, y Padre de los pobres como se canta en el himno de Pentecostés.

En su conjunto cuesta hoy encontrar en la Iglesia la libertad de los hijos e hijas de Dios, la libertad ante el poder, que no por ser sagrado deja de ser poder. Se nota excesiva obsecuencia y sumisión hacia todo lo que sea jerarquía, lo que llega a convertirse en miedo paralizante. Desde las instancias de poder eclesial apunta el triunfalismo, y lo que he llamado la pastoral de la apoteosis, multitudinaria, mediática. En muchos seminarios el discurrir y pensar es sustituido por el memorizar. En las reuniones del clero, por lo que sabemos, las preguntas, la discusión y el debate son sustituidas por el silencio. Las cartas pastorales de los años setenta y ochenta –verdadero orgullo de las iglesias, que reverdecen en ocasiones, en Guatemala por ejemplo– son sustituidas por breves mensajes, modosos y comedidos, con argumentos tomados de las últimas encíclicas del papa. El centro institucional no parece estar ya en América Latina, sino en la distante Roma. Todo esto está dicho con respeto.

Cómo será el paso de Dios por América Latina y con quién pasará está por ver, y en definitiva es cosa de Dios. Pero es cosa nuestra anhelarlo, trabajar por ello, y aprender de cómo ocurrió en el pasado alrededor de Medellín.

Bueno es saber y analizar los vaivenes de la membresía y el influjo de las Iglesias en la sociedad. Por lo que dicen los datos, en ambas cosas la Iglesia católica va a menos. Pero más presentes hay que tener las raíces de cuya savia ha vivido el paso de Dios. Y regarla humildemente, con aguas vivas.

Qué le ocurrirá a nuestra iglesia, y a todas las iglesias, está por ver. Mi deseo es que, ocurra lo que ocurra en lo exterior, sea por ponerse al servicio del paso de Dios por este mundo, el Dios de Jesús, compasivo, profeta y crucificado. Y el Dios dador de esperanza.

Estas son preguntas que podemos hacerlas siempre. Pero quizás es bueno hacerlas al comienzo de cuaresma. Este tiempo nos exige reciedumbre para caminar a Jerusalén. Y nos ofrece esperanza de encontrarnos allí con Jesús crucificado y resucitado. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Fuente: ATRIO

martes, 21 de febrero de 2012

“Podrán Cortar Todas Las Flores, Pero No Podrán Detener La Primavera”



Por Manolo Semper. 
HOAC.
Alicante.

Estamos en febrero del 2012. Los trabajadores, los ciudadanos de este país, llevamos un principio de año muy duro. Más de 5 millones de parados, casi el 50% de los jóvenes en desempleo.
Familias completas sin recursos; recortes drásticos en pilares fundamentales del estado de bienestar como son educación, sanidad o servicios sociales; reducciones salariales y en derechos laborales de los empleados públicos, aplazamientos en la atención a la dependencia, impagos y cierres a las entidades que atienden a sectores de la población más desfavorecida; abandono de la cooperación internacional.

 Este es el plan de ajuste que el gobierno central, autonómico y local, ha impuesto para gastar menos y recaudar más, siguiendo los patrones de Bruselas, de Alemania, del FMI, en definitiva, de los mercados.

Recortes en todo, que directa o indirectamente afecta a todos: es la sociedad la que se empobrece. Y es la forma de expulsar a las personas del mercado laboral a la pobreza y a la exclusión social.
Mientras tanto las entidades financieras están recibiendo fondos públicos en unas cantidades escandalosas que bien podrían erradicar el hambre en el mundo (que para eso no hay dinero). Lo hacen para satisfacer el hambre insaciable del poder financiero, su avaricia sin límites. Quieren “sanear la banca” sin que después revierta nada en créditos ni en ayudas a la población.  Es ”quitarles el dinero a los pobres para dárselo a los ricos”. Dicen que quieren crear empleo, facilitando más los despidos. Siguen recortando derechos sociales y laborales, que tanto ha costado conseguirlos, como pretenden ahora con la reforma laboral.

En este fraude que llaman crisis, el dominio cultural del capital es casi total, como lo es en lo económico. A los trabajadores y a las clases populares, muy debilitadas, solo nos queda resistir y protestar, seguir luchando. Y también, crear espacios de solidaridad que expresen otro modo –no egoísta- de hacer la historia como lo ha hecho siempre el movimiento obrero. Y entre todos ir creando, aunque todavía muy subterráneo, porque después se vota mayoritariamente al PP, una corriente ciudadana que exige dignidad y respeto a los derechos humanos como lo representa el 15M o las últimas movilizaciones sindicales contra los recortes.

Porque sabemos que otro mundo es posible, que no puede continuar este desorden establecido, esta mentira de sistema, Aunque ahora resulte difícil y sin ser ingenuos porque esto va a durar demasiado, apostamos otro mundo posible y necesario, más justo y más humano, como se abre camino todos los años la primavera a pesar de los fríos de febrero. Nosotros creemos en la vida y en un futuro mejor para todos y nos comprometemos junto con otros muchos a construirlo.
Pablo Neruda lo dice de una manera muy hermosa: “podrán costar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”.

Hoy es 12 de febrero. En nuestros campos ya están los almendros en flor anunciando la primavera, diciéndonos que la fuerza de la naturaleza, es más fuerte que la dictadura de los mercados. La belleza de la primavera se abrirá paso en medio de tanta negrura que nos trae esta injusta economía. Y que esta crisis no nos recorte la esperanza y las ganas de luchar. Que nos corten la alegría (Benedetti).

Nosotros, la HOAC, que somos un movimiento de trabajadores cristianos, creemos que la vida vence a la muerte. Que la dignidad de las personas es más fuerte que la crisis, que la primavera se abre paso aunque no sepamos cómo. No queremos perder la esperanza, mañana sale de nuevo el sol. Tenemos un Dios bueno, que es Padre y Madre que cuida de todos. Lo creemos y lo proclamamos en Jesús de Nazaret que decía “Dichosos vosotros los pobres…”, “Ay de vosotros los ricos…” (Lc 6,20) “Está claro: no podéis servir a Dios y al dinero”(Mt 6,24).  Esperanza en tiempos difíciles. Ánimo compañeros. (PE/Eclesalia)


PreNot 9839
120221

Fuente: Ecupres

jueves, 19 de enero de 2012

Simón el obispo y la profesora pecadora.



Perícopa apócrifa del evangelio de Lucas

EMMA TORRALBA emmatorralba@yahoo.es INSBRUK (AUSTRIA).

ECLESALIA, 16/01/12.- 

Un obispo llamado Simón invitó a Jesús a comer. Entró, pues, Jesús en el palacio arzobispal y se sentó a la mesa. En esto, una mujer, exprofesora de religión, al saber que Jesús estaba comiendo en el palacio, se presentó con una carpeta repleta de informes médicos y sentencias judiciales; se puso detrás de él junto a sus pies, y llorando comenzó a contarle cómo desde que decidió casarse por lo civil con un hombre divorciado, su vida se había convertido en un infierno: despedida de su puesto de profesora, había caído en una profunda depresión de la que no veía salida.

Al escucharla, el obispo que había invitado a Jesús pensó para sus adentros: “Si este fuera profeta, sabría qué clase de mujer es esta, pues en realidad es una pecadora. Como responsable de salvaguardar la fe de los niños no puedo permitir que una mujer casada por lo civil con un divorciado de clases de religión católica, ¡qué moral va a enseñar una mujer inmoral!”.

Entonces Jesús tomo la palabra y le dijo:
- Simón, tengo que decirte una cosa.

Él replicó:
- Di, Maestro.

Jesús prosiguió:
- Desde que he llegado a tu palacio no he recibido ni un gesto ni una palabra de ternura. No me has besado al entrar y te has pasado toda la comida hablándome de relativismo moral, crisis de valores y persecuciones políticas. Sin embargo está mujer no ha dejado de besar mis pies y de hablarme de amor; del amor que tiene a su marido, y del amor que entregaba en sus clases de religión cuando hablaba a los niños de Reino, justicia, misericordia y fe. Te aseguro que mi Padre está más cerca de ella que de todos aquellos que os atrevéis a menospreciarla.

Entonces dijo a la mujer:
- Dios Padre, que es justo y tierno, no te condena. Vete en paz y regresa a tus clases, cuéntales a los niños que donde hay amor verdadero no puede haber pecado. Y recuérdales que lo que verdaderamente aflige el corazón de Dios es la existencia de tantos empobrecidos en un mundo opulento. Los asuntos de alcoba nunca interesaron a mi Padre.

Los comensales se pusieron a pensar para sus adentros: ¿”Quién es éste que perdona pecados y contradice las sentencias de los delegados de enseñanza?” y, desde aquel momento, se pusieron a pensar en cómo deshacerse de Jesús.

(Apócrifo de Lucas 7,36-50).

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Fuente: ATRIO



El despido de una profesora de religión

Ha recibido amplio tratamiento en la prensa la sentencia del Tribunal Supremo que declara improcedente el despido de la profesora de religión obligando a la readmisión y al pago de los haberes no percibidos. Sin entrar a valorar la sentencia, no es de extrañar que el tema haya suscitado una gran atención, si bien no se suele hacer alusión a todos los aspectos del problema, que es bastante complejo.
Hay un primer problema muy serio que afecta solo a la vida propia de la Iglesia Católica. El trato que da a los divorciados que vuelven a casarse es, en general, muy duro y necesita una pronta revisión. No es sencillo, desde luego, pero sin duda se podrían encontrar caminos alternativos que el rígido enfoque actual.

Un segundo problema es el del despido de una trabajadora por conducta no ejemplar. En este caso es la Iglesia, pero el problema es frecuente en otras muchas instituciones. En aquellas con fuerte carga ideológica, la presencia de una persona que contradice los principios de la institución con su comportamiento plantea serios problemas que en general se saldan con el despido de esa persona. Un sencillo ejemplo, un trabajador de una ONG en Palestina tiene absolutamente prohibido participar en manifestaciones pro-palestinas, pues se considera que comprometen la equidistancia que debe mantener la ONG. No faltan argumentos al respecto, pero el problema es desde luego serio. Sobre todo en los cargos que implican una cierta confianza.
Esto me lleva al tercer problema, que es la presencia de la asignatura de religión confesional en las escuelas. Una vez admitida esta, parece claro que depende de los Obispos decidir si la persona puede enseñar en nombre de la Iglesia Católica. Ciertamente se pueden buscar mecanismos más participativos y democráticos en el seno de la institución para dirimir el problema, pero este sigue existiendo. Personalmente creo que debiera desaparecer la asignatura de religión confesional, aunque no tengo tiempo de argumentarlo aquí. Pero los defensores de la misma tienen sólidos argumentos en la propia Constitución que reconoce en al artículo 27.3 dice: «Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones». No es fácil armonizar los derechos de la familia, el Estado, el profesorado y el propio alumnado. En España se ha discutido mucho sobre el tema desde que comenzó la escolarización obligatoria u universal en 1812. Acabo de publicar un libro titulado El Troquel de las Conciencia. Una historia de la Educación Moral en España (Madrid: De la torre, 2011. 272 págs.) que aborda el problema que ha provocado duros enfrentamientos en los últimos 200 años.
Y el problema anterior nos lleva al último problema. Todo este embrollo está parcialmente provocado por los Acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede firmados en 1979. No me cabe la menor duda de que el peso social de la Iglesia Católica merece un acuerdo para regular diversos aspectos de importancia, pero tampoco tengo ninguna duda de que hace falta una revisión en profundidad que tenga muy en cuenta el carácter no confesional del Estado Español.
Insisto en ello, el problema no es nada sencillo y no se trata desde luego de una pelea entre buenos y malos, pensando cada uno que los buenos son quienes piensan como él y los malos quienes piensan lo contrario
Fuente: ATRIO