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lunes, 28 de julio de 2014

El humor como expresión de salud psíquica y espiritual.


Leonardo Boff

Todos los seres vivos superiores poseen un acentuado sentido lúdico. Basta observa a los gatos y los perros de nuestras casas. Pero el humor es propio sólo de los seres humanos. El humor nunca fue considerado un tema «serio» por la reflexión teológica, aunque es sabido que se encuentra presente en todas las personas santas y místicas, que son los únicos cristianos verdaderamente serios. En la filosofía y en el psicoanálisis tuvo mejor suerte.

Humor no es sinónimo de chiste, pues puede haber chiste sin humor y humor sin chiste. El chiste es irrepetible; repetido, pierde su gracia. La historieta llena de humor conserva siempre su gracia y nos gusta oírla muchas veces.

El humor sólo puede ser entendido a partir de la profundidad del ser humano. Su característica es ser un proyecto infinito, portador de inagotables deseos, utopías, sueños y fantasías. Tal dato existencial hace que haya siempre un desajuste entre el deseo y la realidad, entre lo soñado y su concretización. Ninguna institución, religión, Estado ni ley consiguen encuadrar totalmente al ser humano, aunque para encuadrarlo exista justamente cierto tipo de orden. Pero él desborda estas determinaciones. De ahí la importancia de la violación de lo prohibido para la vivencia de la libertad y para que surjan cosas nuevas. Y esto en el arte, en la literatura y también en la religión.

Cuando nos damos cuenta de esta diferencia entre la ley y la realidad ―véase por ejemplo, la esdrújula moral católica sobre la prohibición de usar el condón en estos tiempos en que abunda el sida― surge el sentido del humor. Dan ganas de reír, pues tiene todo tan poco buen sentido y es tanto hablar en pleno desierto, ya que nadie escucha ni observa, que sólo puede provocarnos humor. Esas personas viven en la luna, no en la Tierra.

En el humor se vive el sentimiento de alivio del peso de las limitaciones y del placer de verlas relativas y sin la importancia que ellas mismas se dan. Por un momento, la persona se siente libre de los superegos castradores, de las imposiciones que nos exige la situación y realiza una experiencia de libertad, como una forma de plasmar su tiempo, dar sentido a lo que está haciendo y construir algo nuevo. Detrás del humor existe la creatividad, propia del ser humano. Por más limitaciones naturales y sociales que haya, siempre hay espacio para crear algo nuevo. Si no fuese así, no habría genios en la ciencia, en el arte y en el pensamiento. Inicialmente son tenidos por «locos», excéntricos, anormales. Mucho tiempo después, una nueva mirada descubre la genialidad de un van Gogh, la creatividad fantástica de Bach, casi desapercibidas en su tiempo. Se dice de Jesús que los suyos vinieron a llevárselo, pues decían “está loco” (Mc 3,21). De San Francisco se dijo lo mismo: es un «pazzus», un loco, cosa que él aceptaba como expresión de la voluntad de Dios. Y era un santo lleno de humor y alegría hasta el punto de llamarlo «el fraile siempre alegre».

En palabras más pedestres: el humor es señal de que nos es imposible definir al ser humano dentro de un cuadro establecido. En su ser más profundo y verdadero es un creador y un ser libre.

Por eso puede sonreír y mirar con humor los sistemas que lo quieren aprisionar en categorías establecidas. Y el ridículo que constatamos en señores serios (por ejemplo, profesores, jueces, directores de escuela y hasta monseñores) que quieren, solemnemente y con aires de una autoridad superior cuasi divina, hacer a los otros ciegos y sumisos, o que obedezcan cual ovejas a sus órdenes. Eso también causa humor.

Estaba en lo cierto aquel filósofo (Th. Lersch, Philosophie des Humors, Múnich 1953, 26) que escribió: «La esencia secreta del humor reside en la fuerza de la actitud religiosa, pues el humor ve las cosas humanas y divinas en su insuficiencia delante de Dios». Desde la seriedad de Dios, el ser humano sonríe de las seriedades humanas con pretensión de ser absolutamente verdaderas y serias. Son nada delante de Dios. Y existe también toda una tradición teológica que nos viene de los Padres de la Iglesia Ortodoxa que hablan del Deus Ludens (Dios lúdico), pues creó el mundo como un juego para su propio entretenimiento. Y lo hizo sabiamente, uniendo humor con seriedad.

Quien vive centrado en Dios tiene motivos para cultivar el humor. Relativiza las seriedades terrenas, hasta los propios defectos y es un ser libre de preocupaciones. Santo Thomas Moro, condenado a la guillotina, cultivó el humor hasta el final: pedía a los verdugos que le cortasen el cuello pero que no le tocasen la larga barba blanca. San Lorenzo sonría con humor a los verdugos que lo asaban en la parrilla y los invitaba a darle la vuelta porque un lado ya estaba bien cocido, o san Ignacio de Antioquia, anciano obispo de la primera Iglesia, que suplicaba a los leones que viniesen a devorarlo para pasar más rápidamente a la felicidad eterna.

Conservar esta serenidad, vivir en estado de humor y comprenderlo a partir de las insuficiencias humanas es una gracia que todos debemos buscar y pedir a Dios.


lunes, 6 de febrero de 2012

El humor modifica el cerebro de forma positiva y fortalece el cuerpo.




La carcajada robustece el corazón y genera respuestas somáticas saludables.



Pamplona. (Efe).- El sentido del humor termina modificando el cerebro de forma positiva y además fortalece el cuerpo y es saludable, ha destacado la catedrática de bioquímica y biología molecular Natalia López, quien ha participado este lunes en el XL Seminario de Centros Educativos de la Universidad de Navarra.

La catedrática, quien ha pronunciado la conferencia titulada Humor y cerebro feliz, ha subrayado que el humor responde a un mecanismo cerebral "precioso", que está siendo muy investigado por la neurociencia y que se origina en un área denominada "central de detección de errores".

Por ejemplo, al escuchar un chiste, el cerebro procesa el lenguaje y, cuando la historia toma un giro absurdo, la "central de errores", una región situada entre los dos hemisferios, detecta el error y sincroniza lo lógico y lo ilógico de la narración, ha explicado López.

Al conseguir detectar el error, ha indicado la catedrática, el cerebro obtiene una "recompensa" a través de la liberación de dopamina, una hormona que genera una sensación de regocijo que se termina somatizando en una carcajada que, a su vez, fortalece el corazón y genera respuestas somáticas saludables.

López ha señalado en ese sentido que el mecanismo cerebral del humor es muy complejo, pero es innato al ser humano: "Es un mecanismo que se expresa de igual forma en todas las culturas, en todas las edades. La risa significa alegría y felicidad universalmente y en todas las épocas".

Sí existen no obstante algunas diferencias entre el sentido del humor de hombres y mujeres, ya que la parte cognitiva del mismo es igual, pero no la parte emocional. A los hombres, ha aseverado López, "lo que normalmente les hace soltar la carcajada es que algo sea absurdo", mientras que las mujeres, "por su mecanismo de procesamiento de las emociones, que es mucho más intenso, necesitan que lo absurdo sea divertido; una cosa simplemente absurda no les hace gracia".

También hay algunas diferencias entre los adolescentes y los adultos, ya que los primeros "tienen muy poco sentido del humor", porque captar lo ilógico y lo absurdo "requiere una parte del lóbulo frontal que justamente madura muy tarde".

Además, ha agregado, el sentido del humor necesita una buena gestión de las emociones, pero los adolescentes tienden a procesar éstas de una manera desproporcionada porque "esperan muchísima recompensa de cosas que no son para tanto".

Esta tendencia hace que los adolescentes en general tengan menos sentido del humor, porque "es más difícil que capten bien la somatización de las emociones, que vean en una cara lo que está pasando".

La catedrática ha hecho especial hincapié en la importancia del sentido del humor en la sociabilidad, porque "la risa es convivencia". "Las personas que nos hacen reír nos hacen felices no tanto porque nos hacen pasar un buen rato, sino porque en el fondo, cuando nos reímos, aunque las cosas estén muy negras, todo se relativiza un poco y eso nos fortalece mucho el cuerpo también", ha concluido. 


jueves, 19 de enero de 2012

Simón el obispo y la profesora pecadora.



Perícopa apócrifa del evangelio de Lucas

EMMA TORRALBA emmatorralba@yahoo.es INSBRUK (AUSTRIA).

ECLESALIA, 16/01/12.- 

Un obispo llamado Simón invitó a Jesús a comer. Entró, pues, Jesús en el palacio arzobispal y se sentó a la mesa. En esto, una mujer, exprofesora de religión, al saber que Jesús estaba comiendo en el palacio, se presentó con una carpeta repleta de informes médicos y sentencias judiciales; se puso detrás de él junto a sus pies, y llorando comenzó a contarle cómo desde que decidió casarse por lo civil con un hombre divorciado, su vida se había convertido en un infierno: despedida de su puesto de profesora, había caído en una profunda depresión de la que no veía salida.

Al escucharla, el obispo que había invitado a Jesús pensó para sus adentros: “Si este fuera profeta, sabría qué clase de mujer es esta, pues en realidad es una pecadora. Como responsable de salvaguardar la fe de los niños no puedo permitir que una mujer casada por lo civil con un divorciado de clases de religión católica, ¡qué moral va a enseñar una mujer inmoral!”.

Entonces Jesús tomo la palabra y le dijo:
- Simón, tengo que decirte una cosa.

Él replicó:
- Di, Maestro.

Jesús prosiguió:
- Desde que he llegado a tu palacio no he recibido ni un gesto ni una palabra de ternura. No me has besado al entrar y te has pasado toda la comida hablándome de relativismo moral, crisis de valores y persecuciones políticas. Sin embargo está mujer no ha dejado de besar mis pies y de hablarme de amor; del amor que tiene a su marido, y del amor que entregaba en sus clases de religión cuando hablaba a los niños de Reino, justicia, misericordia y fe. Te aseguro que mi Padre está más cerca de ella que de todos aquellos que os atrevéis a menospreciarla.

Entonces dijo a la mujer:
- Dios Padre, que es justo y tierno, no te condena. Vete en paz y regresa a tus clases, cuéntales a los niños que donde hay amor verdadero no puede haber pecado. Y recuérdales que lo que verdaderamente aflige el corazón de Dios es la existencia de tantos empobrecidos en un mundo opulento. Los asuntos de alcoba nunca interesaron a mi Padre.

Los comensales se pusieron a pensar para sus adentros: ¿”Quién es éste que perdona pecados y contradice las sentencias de los delegados de enseñanza?” y, desde aquel momento, se pusieron a pensar en cómo deshacerse de Jesús.

(Apócrifo de Lucas 7,36-50).

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Fuente: ATRIO



El despido de una profesora de religión

Ha recibido amplio tratamiento en la prensa la sentencia del Tribunal Supremo que declara improcedente el despido de la profesora de religión obligando a la readmisión y al pago de los haberes no percibidos. Sin entrar a valorar la sentencia, no es de extrañar que el tema haya suscitado una gran atención, si bien no se suele hacer alusión a todos los aspectos del problema, que es bastante complejo.
Hay un primer problema muy serio que afecta solo a la vida propia de la Iglesia Católica. El trato que da a los divorciados que vuelven a casarse es, en general, muy duro y necesita una pronta revisión. No es sencillo, desde luego, pero sin duda se podrían encontrar caminos alternativos que el rígido enfoque actual.

Un segundo problema es el del despido de una trabajadora por conducta no ejemplar. En este caso es la Iglesia, pero el problema es frecuente en otras muchas instituciones. En aquellas con fuerte carga ideológica, la presencia de una persona que contradice los principios de la institución con su comportamiento plantea serios problemas que en general se saldan con el despido de esa persona. Un sencillo ejemplo, un trabajador de una ONG en Palestina tiene absolutamente prohibido participar en manifestaciones pro-palestinas, pues se considera que comprometen la equidistancia que debe mantener la ONG. No faltan argumentos al respecto, pero el problema es desde luego serio. Sobre todo en los cargos que implican una cierta confianza.
Esto me lleva al tercer problema, que es la presencia de la asignatura de religión confesional en las escuelas. Una vez admitida esta, parece claro que depende de los Obispos decidir si la persona puede enseñar en nombre de la Iglesia Católica. Ciertamente se pueden buscar mecanismos más participativos y democráticos en el seno de la institución para dirimir el problema, pero este sigue existiendo. Personalmente creo que debiera desaparecer la asignatura de religión confesional, aunque no tengo tiempo de argumentarlo aquí. Pero los defensores de la misma tienen sólidos argumentos en la propia Constitución que reconoce en al artículo 27.3 dice: «Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones». No es fácil armonizar los derechos de la familia, el Estado, el profesorado y el propio alumnado. En España se ha discutido mucho sobre el tema desde que comenzó la escolarización obligatoria u universal en 1812. Acabo de publicar un libro titulado El Troquel de las Conciencia. Una historia de la Educación Moral en España (Madrid: De la torre, 2011. 272 págs.) que aborda el problema que ha provocado duros enfrentamientos en los últimos 200 años.
Y el problema anterior nos lleva al último problema. Todo este embrollo está parcialmente provocado por los Acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede firmados en 1979. No me cabe la menor duda de que el peso social de la Iglesia Católica merece un acuerdo para regular diversos aspectos de importancia, pero tampoco tengo ninguna duda de que hace falta una revisión en profundidad que tenga muy en cuenta el carácter no confesional del Estado Español.
Insisto en ello, el problema no es nada sencillo y no se trata desde luego de una pelea entre buenos y malos, pensando cada uno que los buenos son quienes piensan como él y los malos quienes piensan lo contrario
Fuente: ATRIO