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jueves, 1 de diciembre de 2016

El amianto, un problema nuestro de cada día.


Paco Puche 

“Ignorar es una forma de Matar pero sin ensuciarte las Manos”. Mafalda


En España se prohibió la importación y uso del amianto a partir del año 2002. Para el resto de la Unión Europea, a más tardar, se hizo en el 2005, aunque se empezó con esta medida desde 1983 en Islandia, con más de 20 años de diferencia. Muerto el perro se acabó la rabia. No tenemos problema… si el amianto que aún queda instalado no se manipula o se deteriora, al decir de los responsables de la salud pública. 
Pero el amianto sigue siendo un grave problema hoy, y lo será en el futuro, incluso en los 55 países en que ya está prohibido Paco Puche 23/11/2016 Si la afirmación que da píe a este epígrafe es cierta, la sentencia de Mafalda es equivalente a la de un crimen perfecto, perpetrado sin ensuciarte las manos ni la conciencia. Es evidente que es un problema al día de hoy. 

Bastará repasar la sucesión de enfermedades, muertes y días de vida perdidos de millares de personas en todo el mundo, que son registradas por las estadísticas oficiales de defunción (siempre muy discretas e insuficientes) y por las asociaciones de víctimas que proliferan en todos los lugares, rija es ellos o no la prohibición de su uso (1). Se calcula que el llamado “pico del mesotelioma ” (2) (punto de máxima incidencia de este cáncer específico que produce el amianto y solo él) tendrá lugar en los países de la prohibición alrededor del año 2020; en el resto, en los que sigue permitido, dicha fecha será 40 años después de los periodos de máximo consumo. 

Es decir, que si en China se prohíbe (Dios lo quiera) en 2025, y los picos de consumo han sido en 2015, el mayor número de afectados por la exposición tendrá lugar en 2055 y el fin de la epidemia en 2065. Todo esto en plan muy optimista pues se ignora el manejo que tiene lugar con el amianto instalado y que sigue su progresión de contaminación y muerte. 

Las razones para todo esto son triples: una el periodo de latencia. Sabemos que la exposición inicial al amianto de cualquier persona conlleva un riesgo de producir una enfermedad grave a los 40 años de este primer evento. A esto llamamos periodo de latencia. 

Es un concepto clave para entender lo fácil que ha resultado a los negacionistas del daño (los empresarios-verdugos (3) y sus colaboradores) mantener a las víctimas en la más profunda ignorancia. Y esta estimulada ignorancia ha dado lugar a unas prohibiciones muy tardías (o a una vigencia de la legalidad de su uso en otros casos) respecto a las evidencias científicas e institucionales (4) que proclamaban al amianto como un cancerígeno de la peor especie. 

Y ésta es la segunda razón: la conspiración de silencio propiciada por el cártel del amianto en el siglo XX ha tenido un fatal éxito, a mayor gloria de los seis o siete magnates enriquecidos por el mortal mineral. Super-ricos que han envuelto sus crímenes en una nube de filantropía y cooptación de líderes sociales (5,6). Pero el hecho es que el amianto, una vez instalado e incorporado a las cosas de uso común (se calcula que ha estado y está presente en más de tres mil productos), sigue produciendo daño,  enfermedad, muerte y días de vida perdidos, en contra de la propaganda de los servidores públicos y las empresas responsables que mantienen discursivamente su inocuidad si se conserva en reposo y sin agresión alguna. 

Y esta es la tercera razón de su gravedad. Se trata de minimizar sus efectos en el imaginario social por todos los medios. Sería, caso de que las mayorías tomaran conciencia, que se produjera una alarma social objetiva en toda regla. El amianto de la vida cotidiana: una telaraña global Si en un lugar no está vigente la prohibición no cabe la menor duda que produce enfermedades, sufrimientos muerte y días de vida perdidos, cuyos cálculos hemos anticipado. 

Pero si está vigente, como es en nuestro caso, el mero amianto instalado produce enfermedades, sufrimientos, muertes y días de vida perdidos, igualmente que si se procede a un desamiantado inadecuado o se deposita en vertederos inapropiados o se recicla como material de construcción, que de todo sigue habiendo. El estar y haber estado en tantos materiales y productos de uso cotidiano, en nuestras viviendas, automóviles, trenes, barcos, industrias, puertos, infraestructuras, colegios, juguetes y un largo etcétera, engendra una tela de araña cancerígena que a todos nos envuelve. 

Porque el amianto y los materiales que lo contienen (fibrocemento, por ejemplo) tienen una llamada vida útil, a partir de la cual el producto pierde sus propiedades, es decir se hace más desmenuzable en pequeñas fibras invisibles pero altamente tóxicas. Por eso, la legislación de la UE y española advierten que en su decreto de prohibición que “el amianto estará permitido hasta el fin de su vida útil” y solo hasta ella. Hay pues legislación suficiente para erradicarlo. 

Es más, la Directiva europea aconseja que “los Estados miembros podrán prohibir en su territorio, por razones de protección de la salud, el uso de tales productos antes de su eliminación o el fin de su vida útil” (7). La anticipación a la que la Directiva hace alusión se debe a que estos materiales están expuestos a muchos meteoros naturales o a intervenciones que lo degradan antes de su vida útil. 

Hablamos de fuertes vientos, tsunamis, terremotos (el caso de la ciudad de Lorca es paradigmático), atentados, incendios, movimientos de tierra, granizos, fuertes lluvias, y también del manejo inadecuado como el arreglo de tuberías usando radiales y sin protección alguna o el derribo de edificios sin limpieza previa de amianto. 

Por no hablar de la inquietante realidad del amianto presente en los miles de km de tuberías que conducen nuestras aguas potables, erosionando las planchas de fibrocemento, de cuya carcinogenicidad hay sospechas más que fundadas, aunque no evidencias. En este contexto resulta especialmente inquietante la situación en que se encuentran los escolares de todo el mundo conviviendo en sus escuelas con materiales que contienen amianto. 

La Cámara de los Lores británica se preocupa En una sesión monográfica de preguntas sobre mesotelioma, formuladas al Gobierno, celebrada en la Cámara de los Lores el pasado 27 de octubre, entre muchas otras aportaciones interesantes, se podía oír lo siguiente: “Me concentraré inicialmente en el efecto iceberg. Estamos viendo sólo la punta debido al asbesto en las escuelas. 

Alrededor del 94% de los casos de mesotelioma son efectivamente prevenibles porque están asociados con la exposición crónica al asbesto de una manera u otra, y sabemos que tres cuartas partes de nuestras escuelas tienen asbesto en su centro. 

El número de maestros que murieron de mesotelioma ha estado subiendo de alrededor de tres al año a principios de 1980 a 22 en solo 2012. El Comité de Carcinogenicidad de Productos Químicos en Alimentos, Productos de Consumo y Medio Ambiente ha señalado que no sabemos si los niños son intrínsecamente más susceptibles a desarrollar mesotelioma después de la exposición al asbesto. Sin embargo, parece que el riesgo de por vida si se exponen a la edad de cinco años es aproximadamente cinco veces el de alguien de 30 años que está expuesto a la misma cantidad de amianto. Por lo tanto, parece que exponer a los niños es almacenar problemas para el futuro. ” (Baronesa Fynlay of Llandaff) 

Y esta otra voz del Gobierno afirmaba que: “Las tasas de mesotelioma han aumentado casi cinco veces en Gran Bretaña desde finales de los años setenta. En 2014, hubo 2.343 registros de mesotelioma en Inglaterra. Se espera que la incidencia alcance su punto máximo en los años 2020, pero, como se ha mencionado, seguirá siendo un problema de salud significativo en la década de 2050. No es una enfermedad hereditaria. Va a matar a muchas personas durante los próximos 30 ó 40 años.” (Subsecretario de Estado, Departamento de Salud. Lord Prior of Brampton). 

Si comparamos estas dos afirmaciones con lo que ocurre en nuestro país, nos encontramos que respecto al amianto en las escuelas no tenemos un inventario de en cuantos centros tienen este mineral en sus instalaciones. Al tan ni siquiera saber, mucha más confianza se deposita en el día a día escolar y mayores son las malas prácticas o las precauciones respecto a este insidioso mineral, pero en todo caso los órdenes de magnitud de su incidencia serán comparables. 

En cuanto al número de mesoteliomas anuales, si tenemos en cuenta que en Gran Bretaña la prohibición total se decretó en 1999 y el número toneladas consumido en el siglo XX fue de 2.6 veces el manejado en España, el número proporcional al consumo debería ser de, aproximadamente, unos 900 mesoteliomas al año, y resulta que las cifras registradas en nuestras estadísticas oficiales no llegan a 300 casos. Puede haber diferencias por el tipo de amianto consumido o por los periodos de consumo, pero en todo caso no se justifica un factor multiplicador de tres veces de más afectados. Obviamente, tenemos muy infravaloradas nuestras incidencias patológicas, pero son igual de inquietantes que en el caso británico, con la diferencia que por estos lares el asunto no llega aún tan lejos en el hacer parlamentario. 

¿Qué hago con los depósitos de amianto instalados en donde vivo? Esta inquietante pregunta nos llega cada día a nuestras asociaciones, en nuestro caso a Málaga Amianto Cero y a Ecologistas en Acción. Desde ellas atendemos al angustiado personal en la medida de nuestras posibilidades. Y les decimos, lleváis razón por vuestra inquietud. Hay que presionar a todas las Administraciones a que hagan un plan de desamiantado seguro que incluya el apoyo a los particulares y la retirada programada del existente en los lugares públicos (edificios, calles, vertederos, etc.). 

Y en cuanto a cómo tratar su problema a corto plazo, les recomendamos aquello de no manejar bajo ningún concepto estos materiales por su cuenta (no es baladí recomendarlo pues son muchos los que desesperados o sin medios se lanzan a este bricolaje peligroso) y tratar de retirarlos, cuando puedan, utilizando las empresas que están autorizadas para tal menester y exigiéndoles a las mismas un desamiantado seguro de acuerdo a la legislación existente en España desde el año 2006 (8) , que aborda con bastante rigor esta tarea. 

Toda Esta tela inconsútil que teje el amianto en nuestras vidas, si nos fijamos, se puede ver a simple vista, y no digamos si se hiciera el inventario real de su presencia inmediata a nuestra vida cotidiana. Ya hemos conocido lo que pasa en el Reino Unido, que hasta el 75% de las escuelas contienen amianto y por ellas han pasado todos los niños y niñas británicos, no un ratito sino la friolera de una media de 5 horas al día, durante 40 semanas al año y durante 12 años. 

El profesorado y el resto del personal están mucho más tiempo. Igualmente, y como ilustración del orden de magnitud que manejamos dentro de la telaraña global, diremos que en España se han instalado durante el siglo XX del orden de 370.000 kilómetros de tuberías conducentes de todo tipo de aguas y gases (9). El amianto no es cosa del pasado, que también y por ello las víctimas exigen memoria y reparación, si no muy del presente y lo será del futuro que, entre pitos y flautas, abarcará todo el siglo XXI, en el mejor de los casos. 

La lucha denodada y, si es necesario, alarmante, por la prohibición del asbesto, la justicia para las víctimas y el desamiantado y depósito seguro de este mineral, es una tarea de primera importancia para la salud pública que nos aguarda a la sociedad civil. 


Notas: 

[1] El orden de magnitud de la tragedia, sin contar con los efectos del amianto instalado ni con la minería del mismo, se cifra en diez millones de personas fallecidas por el consumo del siglo XX en todo el mundo. De ellas, un orden de 100.000 pertenecen a España 

[2] “Mesotelioma” es la palabra que más se cita en tratándose de amianto o asbesto. Se trata de un cáncer de la pleura, cuya única causa conocida es la exposición al amianto (o a la eronita en casos puntuales) y que tiene muy mal pronóstico. Decir mesotelioma es invocar la presencia de amianto. 

[3] Hablamos de los grandes oligopolistas del siglo XX. Las familias suizas, belgas y francesas, propietarias de Eternit, las familias y accionistas inglesas y americanas de Turner and Newall y Johns Manville, y de la española familia March. Todos ellos presuntos genocidas. 

[4] La OMS, a través de la IARC, la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer, desde 1977, decía oficialmente que el amianto o asbesto es un cancerígeno del tipo I, el más potente. Y desde 1965, las evidencias epidemiológicas eran aplastantes. 

[5] Albert Recio Andreu. “El camuflaje del capital requiere aliados y cómplices. Y por ello el análisis de las formas de dominación no puede reducirse a la simple constatación del dominio capitalista sino que debe contemplar todos los procesos sociales que ayudan a generar esta masa social de legitimadores del sistema. El que el gran capital trate de ser etéreo no impide que lo podamos ver. Simplemente se requiere de un mayor esfuerzo colectivo para conseguir que todo el mundo vea al rey desnudo.”30/11/2013, Mientras tanto 

[6] Los casos de las fundaciones AVINA y Ashoka son paradigmáticos en este menester. Dos fundaciones hermanas, financiadas por los beneficios de muerte del amianto, que se dedican a comprar líderes sociales de todo el mundo. 

[7] DIRECTIVA 1999/77/CE DE LA COMISIÓN de 26 de julio de 1999. 

[8] Real Decreto 396/2006 de 31 de marzo y la Guía Técnica del INSHT que lo desarrolla. [9] Ver el trabajo de Bernardo, Báez y Puche: “Amianto por un tubo”. El Observador, dic. de 2014 Ingeniero, economista y librero jubilado. Ecologista. Paco Puche 

Fuente: www.sinpermiso.info, 23 de noviembre 2016 URL de origen (Obtenido en 01/12/2016 - 18:23): http://www.sinpermiso.info/textos/el-amianto-un-problema-nuestro-de-cada-dia

sábado, 18 de junio de 2016

Los tres muros.



El primero

Ha sido denominado el muro de la vergüenza. Cayó al final del pasado siglo, no por sí solo sino más bien por la sorda y eficaz resistencia social de miles de actores, en miles de acciones. Con él terminó el experimento del comunismo estaliniano de una vez por todas.

Las sabias y esperanzadas palabras de John Berger ilustran, hacia atrás y hacia delante, el porqué, a veces, caen los imperios sin grandes aspavientos.

A estas palabras nos referimos:

En primer lugar están los operadores del orden mundial, los cuales toman cada minuto alguna decisión que afecta directamente a millones de vidas en todo el mundo, sin responder ante nadie, ni mucho menos ante los políticos individuales que han perdido gran parte de su poder pero no quieren admitirlo. Tenemos después a millones y millones de personas que en un cierto sentido no tienen poder o no actúan políticamente, por lo menos no en el sentido tradicional del término. Estas personas trabajan para ofrecer pequeñas soluciones que les permitan sobrevivir con la mayor simplicidad; representan un amplio movimiento, en cierto sentido amorfo pero que comparte muchas prioridades, ligadas a las acciones a emprender y a las formas de resistencia y de solidaridad a poner en marcha. Las personas que forman este movimiento no están planificando el cambio, simplemente lo construyen con sus propias vidas. Pienso que es la primera vez en la historia que sucede una cosa de este tipo y, si miro al cielo, veo algo que se parece a este movimiento que prepara la alternativa al poder actual que gobierna el mundo y que esperando prepara la alternativa para la supervivencia. Si miro en el espejo que el cielo me ofrece veo un espacio que contiene dentro de sí a todas las personas que intentan restituir un sentido a sus vidas”

El segundo

Lo hemos bautizado como muro de la codicia. Estamos viviendo su desmoronamiento, más por su propia autodestructividad “genética” que por la resistencia de los muchos damnificados, aunque también. La culminación de su ocaso necesitará una ayuda eutanásica.

El tercero

Lo hemos llamado muro de la ceguera y está por caer. En ella nos aplicamos los ecologistas.

La cuestión es centrarse en los ecosistemas y reconocer la evidencia de que nosotros como especie estamos insertos en la trama de la vida, es decir que dependemos esencialmente de la biosfera (esencialmente es psicológica, espiritual y materialmente)

No hay manera humana de sustraernos a nuestra propia esencia: somos hijos de las estrellas y desde ese nacimiento estamos entramados en las redes de interdependencia planetaria.

Este tipo de cosmovisión, que en principio es biocéntrica encierra un gran humanismo: nos ocupamos de los sistemas ecológicos de los que depende la vida de los seres humanos. Es un humanismo del presente y del futuro, y de toda la especie.

Los que dicen de sí mismos que son meramente humanistas son, con frecuencia, antropocéntricos, y tanta soberanía exhiben que acaban, en su ceguera, aserrando la rama del árbol de la vida sobre el que se sustentan.

Como la desmesura que se practica en el capitalismo está colocada a interés compuesto, arrasan con todo hasta acabar con la propia especie. Esa es la tendencia.

A los que nos acusen de “radicales” o “catastrofistas” lejos de molestarnos hemos de reconocerles cierta razón, pues no en vano somos parte de esos dos gremios y venimos a decir que, in extremis, de seguir así las cosas el Apocalipsis está asegurado. Pero como esta escatología la consideramos responsabilidad humana puede ser obra nuestra, también, el evitarla. Hay mimbres antropológicos, psicológicos y simbióticos para lograrlo.

Por eso hoy resulta de los más revolucionario y radical derribar el tercer muro y, en contra de la prohibición, atreverse a ver la evidencia de nuestra grandiosa y modesta inserción en la urdimbre inconsútil de la biosfera. 


Para derribar este muro sería indispensable formar parte de ese espacio que está en el cielo que contiene dentro de sí a todas las personas que intentan restituir un sentido a sus vidas.

Mil personas, mil gestos, mil días en la direcciones biomiméticas adecuadas.

Hay otros muros, pero están en estos.



Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente: Rebelión

jueves, 7 de abril de 2016

Tres mujeres revolucionan el pensamiento convencional.



Paco Puche

Cuando hablamos de pensamiento convencional nos estamos refiriendo al pensar propio del neoliberalismo. Es ésta una manera de ver el mundo que hoy impregna a grandes grupos sociales en muchos países. Una visión pesimista de la naturaleza humana y del mundo de la vida, un mundo de dientes y garras ensangrentadas.

Y las tres mujeres revolucionarias, sencillamente siendo honestas con sus descubrimientos desembarazados del pensar común, son Lyn Margulis, una microbióloga, Marija Gimbutas, una arqueóloga y Elinor Ostrom, una economista
Entre las tres destruyen los mitos del egoísmo dominante en la especie humana y en el conjunto de los seres vivos, el mito de la tragedia inexorable en que deviene el uso y gobierno de los bienes comunes y el mito de la guerra universal de la especie humana y del mundo de la vida.

Margulis (1938-2011), por ejemplo, nos sitúa en un mundo simbiótico dominante, desde el que se construye Gaia, ese superorganismo que recrea las condiciones de su existencia. Por eso nos dice que la versión darwiniana, que ha asumido el neoliberalismo económico, de la “supervivencia de los mejor dotados, se desvanece con la nueva imagen de cooperación continua, estrecha interacción y mutua dependencia entre formas de vida (…) pues la vida no conquistó el planeta mediante combates, sino gracias a la cooperación. Las formas de vida se multiplicaron y se hicieron más complejas asociándose a otras no matándolas”. Y lo demuestra en su especialidad con una evidencia, ya ampliamente aceptada a pesar de su rechazo inicial, que está en el corazón de uno de los mayores cambios operados en el mundo de la vida hace unos 2.000 millones de años: el paso de las células procariotas a las células eucariotas. En los escarceos iniciales unas bacterias (procariotas, células sin núcleo) trataban de alimentarse de otras y terminaron integrándose de forma colaborativa (eucariota, células con núcleo). Gracias a esa trascendental bifurcación de hace tantos años existimos los seres humanos. ¡Aleluya!

Si el mundo general de la vida es sustancialmente un mundo cooperativo (naturalmente con excepciones en los momentos de grandes desequilibrios), no podría ser normal esa idea hobbesiana de la lucha generalizada de todos contra todos. Marija Gimbutas (1921-1994) descubre en sus quehaceres profesionales como arqueóloga, que se pueden encontrar grandes periodos en los que no hay señales de guerra: ni restos de armas, ni de enterramientos de guerreros, ni de murallas defensivas; y sí se encuentran muchos restos de imágenes escultóricas de la diosa Madre que son dominantes en las épocas por ella estudiadas, señal bonoba de amor y cuidados. La época que excavó y estudio fue en el neolítico, en la zona del sureste europeo (la Vieja Europa, así llamada por ella) y sus resultados apuntan a más de mil años de evidencias de paz. Sus descubrimientos fueron comparados con el desciframiento de la piedra Rosetta.
Sus hallazgos en una época y lugar determinados se pueden generalizar con los meta análisis que han realizado arqueólogos actuales.

Los trabajos de varios profesores de la Universidad Complutense de Madrid, coordinados por Víctor Fernández, muestran que en el registro arqueológico universal, al día de hoy, las muestras de guerras entre grupos humanos (no de violencias individuales varias) aparecen solo desde hace unos 12.000 años antes del presente. Se ubican en la necrópolis sudanesa de Jebel Sahaba, en donde aparece “el ejemplo más antiguo conocido de muerte violenta colectiva, resultado tal vez un conflicto por los recursos en un momento de gran sequía” (Diccionario de Prehistoria, 2011).

El carácter tan colaborativo y simbiótico de la especie humana tendría que reflejarse en muchas de sus prácticas. Lo hace en la familia, en la tribu, en el barrio, pero el manejo de la propiedad o el uso comunitario de los bienes comunes, está marcado en el pensamiento neoliberal con el sambenito de la tragedia: los bienes comunes son inviables, dice el prejuicio extendido, porque el egoísmo irrestricto, los aprovechados y los tramposos destruirán los bienes que manejan. Solo la propiedad privada (y en su caso la pública) pueden hacer duradero en el tiempo estos imprescindibles bienes de la comunidad – agua, pastos, bosques, pesquerías, territorios, biodiversidad, etc.

La tercera mujer revolucionaría ha sido Elinor Ostrom (1933-2012), economista galardonada en 2009 con el Premio Nobel. En una entrevista que se publicaba con motivo del Nobel contestaba a la pregunta: ¿Estaríamos en lo cierto si afirmáramos que, dicho en términos generales, usted ha descubierto que la posesión común puede ser más eficaz que lo que la gente pensó que podría serlo?, ella afirmó: “¡Así es! No es que sea una panacea, pero es mucho más eficaz que lo que nuestros razonamientos comunes nos dan a entender. Hemos estudiado varios cientos de sistemas de irrigación en el Nepal. Y sabemos que los sistemas de irrigación gestionados por los campesinos son más eficaces en términos de aprovisionamiento de agua y presentan una mayor productividad que los fabulosos sistemas de irrigación construidos con la ayuda del Banco Mundial y la Agencia Norteamericana de Ayuda al desarrollo (USAID), etc. Así, sabemos que muchos grupos locales son muy eficaces”.

Y no es una panacea porque para que existan instituciones comunitarias que llegan cientos de años funcionando bien es necesario que se cumplan condiciones de autogobierno, autogestión, de medios para hacer cumplir las reglas acordadas y para disuadir a los tramposos.

Por todo esto, Ostrom concluye que “aún no se ha encontrado un ejemplo de un bien común que haya sufrido un deterioro ecológico cuando todavía era común”.

Dejamos la conclusión final a este trabajo a un primatólogo muy interesante, Frans de Waal, cuyo pensamiento, sin explicitarlo, resume las enseñanzas de estas tres mujeres revolucionarias. Él afirma que “Los estudiosos del derecho, la economía y la política carecen de herramientas para contemplar sus sociedad con objetividad. Raramente consultan el amplio conocimiento del comportamiento humano acumulado por la antropología, la psicología, la biología o la neurología. Somos animales altamente cooperativos, sensibles a la injusticia, a veces beligerantes y principalmente amantes de la paz”.

Lyn Margulis, Marija Gimbutas y Elinor Ostrom han dejado un legado extraordinario a la humanidad que nos permitirá avanzar en el conocimiento de nosotros mismos, cumpliendo el mandato que estaba inscrito en el templo de Apolo de Delfos.

abril de 2016