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jueves, 16 de abril de 2020

Reecuentro con la Madre Tierra, tarea urgente para enfrentar las pandemias.

Imagen: iStock.


“Ojalá que la pandemia del coronavirus, como la peste en la Antigua Grecia,
resulte un acontecimiento histórico que alcance a instaurar en la conciencia humana
la inteligencia de la vida; que logre recodificar el silogismo aristotélico ´todos los hombres son mortales´,para recomponer la vida de Gaia, de la Pachamama. Para instaurar en el pensamiento
a un nuevo silogismo: la vida es naturaleza/Soy un ser vivo/soy naturaleza.”

Enrique Leff

Por Alberto Acosta*

La Humanidad, con la pandemia del coronavirus, parece vivir una película de terror, que nos confronta de forma brutal y global con la posibilidad cierta del fin de su existencia en el planeta. Sin ser una película, siendo una dura realidad, se trata de una mega producción que está en marcha desde hace tiempo atrás. Esta pandemia no surge de la nada, no es el producto de un simple complot. La pandemia del Covid-19 nos confronta con una realidad que se ha venido deteriorando aceleradamente desde hace unas siete décadas por lo menos, pero aún con más brutalidad en el último tiempo. Aceptemos también que la recesión económica nos es un producto del coronavirus, pues ya empezó a golpearnos desde el año anterior.

Esta difícil hora nos convoca a memorizar, reflexionar y actuar.

Vivimos una crisis múltiple, generalizada, multifacética e interrelacionada, a más de sistémica, con claras muestras de debacle civilizatoria. Nunca afloraron tantos problemas simultáneamente, que rebasan lo sanitario, mostrando efectos en lo político, económico, ético, energético, alimentario y, por supuesto, cultural. Pero los graves problemas no se quedan en esas dimensiones, pues también hay efectos ambientales inocultables.


La pandemia del Covid-19 nos confronta con una realidad que se ha venido deteriorando aceleradamente desde hace unas siete décadas por lo menos, pero aún con más brutalidad en el último tiempo. Aceptemos también que la recesión económica nos es un producto del coronavirus, pues ya empezó a golpearnos desde el año anterior. 

Para empezar, reconozcamos la realidad como es, por más dura que sea. Ya no hablemos más de cambio climático. Seamos precisos en los términos. Estamos en medio de un colapso climático: No podemos olvidar que los cambios en el clima han sido parte consustancial en la historia de la Tierra. Y este colapso lo hemos fraguado los seres humanos en el marco de lo que se conoce superficialmente como el “antropoceno”; en términos correctos corresponde al “capitaloceno”.
La crisis del coronavirus y sus riesgos

A partir de esa rápida introducción cabe hacer una lectura en clave de crisis. Los dos kanjis de la palabra crisis en chino nos plantean la cuestión: problemas y oportunidades.

Los orígenes profundos de esta crisis multifacética son fáciles de avizorar. Mencionemos algunos. Consumismo y productivismo que arrasan con los recursos del planeta y que liquidan los equilibrios ambientales. Tecnologías que, en lugar de alivianar la vida de los seres humanos, aceleran la acumulación del capital afectando cada vez más la psiquis de las sociedades, al tiempo que permiten consolidar un Estado cada vez más autoritario, como en China. Ambición y egoísmo que conducen a la destrucción de tejidos comunitarios y a la profundización de un individualismo transformado en una enfermedad social. Hambre de millones de personas, no por falta de alimentos, que sobran, sino porque mucha gente no tiene capacidad para adquirirlos (o producirlos) o simplemente porque se los desperdicia; se especula con ellos; se alimenta automóviles: biocombustibles; se depreda la biodiversidad; mientras en otros segmentos golpea la obesidad. Extractivismos desbocados que destrozan las bases de la vida y consolidan un sistema económico inequitativo y depredador. Flexibilización laboral para ser competitivos aumentando la explotación del trabajo. Predominio de las finanzas, sobre todo en su fase especulativa, sobre las actividades de producción de bienes y servicios, que, a su vez, superan en mucho la capacidad de resilencia de la Tierra. Culto a la religión del crecimiento económico permanente que desborda los límites biofísicos del planeta. Y todo para asegurar la acumulación del capital, que impulsa una imparable mercantilización de la vida, un verdadero “virus mutante”. Todo esto sintetiza el libreto de esta gran mega producción de la destrucción, que está en cartelera desde hace mucho tiempo atrás.


Ya no hablemos más de cambio climático. Seamos precisos en los términos. Estamos en medio de un colapso climático: No podemos olvidar que los cambios en el clima han sido parte consustancial en la historia de la Tierra. Y este colapso lo hemos fraguado los seres humanos en el marco de lo que se conoce superficialmente como el “antropoceno”; en términos correctos corresponde al “capitaloceno”. 

Ahora, los voceros del poder, ignorando esas constataciones inocultables, claman para que nos preparemos a recuperar el tiempo perdido. En este punto, sin ampliar más en las amenazas y riesgos avancemos avizorando las oportunidades, pues lo concreto es que no podemos volver a la normalidad porque la normalidad es el problema. En realidad, se trata de una a-normalidad producida por el capitalismo.
Reconstruyendo y construyendo vacunas para las pandemias

En este momento cobran renovada fuerza las alternativas existentes en diversos rincones del planeta. Hay una variedad de nociones y visiones diferentes y complementarias de cómo imaginar y lograr una transformación socio-ecológica vital, imposible de conseguir con los enfoques de la Modernidad. Son visiones que incluso nos permiten leer de otra manera la realidad con el fin de comprender de mejor manera el mundo en que vivimos, al tiempo que nos invitan a revisar nuestras tradicionales categorías de análisis.

Algunas de estas nociones emergentes son una suerte de renacimiento de las cosmovisiones de los pueblos indígenas; otras han surgido de los movimientos sociales y ecologistas relacionados con viejas tradiciones y filosofías; y, muchas más son respuestas de diferentes grupos compuestos por diversas personas que enfrentan la dura y frustrante cotidianidad con acciones que comienzan a configurar alternativas incluso con capacidad de transformación civilizatoria. Esta ebullición de alternativas se vive en medio de la pandemia a través de la construcción de una multiplicidad de respuestas emanadas desde la creatividad y el trabajo de las comunidades.

A diferencia del desarrollo, que es un concepto basado en un falso consenso, estas visiones alternativas no pueden ser reducidas a una única visión y, por lo tanto, no representan un mandato global indiscutible. Tampoco pueden aspirar a ser adoptadas como una meta común por organizaciones internacionales para recién entonces hacerse realidad. Muchas de estas ideas nacen como propuestas radicales de cambio especialmente desde ámbitos locales, especialmente comunitarios, pero las hay también de alcance nacional e inclusive global.

Esta deconstrucción del desarrollo abre con fuerza la puerta del Buen Vivir, una cultura de la vida con denominaciones y variedades diferentes en distintas regiones de Sudamérica: sumak kawsay o suma qamaña; ubuntu, con su énfasis en la reciprocidad humana en Sudáfrica y varios equivalentes en otras partes de África; swaraj con su énfasis en la autosuficiencia y el autogobierno, en India; y muchas otras. Los postulados ecofeministas y el paradigma del cuidado representan otro aspecto muy potente dentro de este arcoíris post-desarrollista, que necesariamente debe ser también post-extractivista. La necesidad de liberar a la salud y a la educación del ámbito mercantil resulta indispensable. Y por cierto hay que incorporar todo el aporte decolonial.

El Buen Vivir representa, en suma, una clara alternativa al desarrollo, más allá de los vaciamientos conceptuales que ha sufrido por parte de los gobiernos progresistas de Bolivia y Ecuador. Ese Buen Vivir indígena -pensemos lo que sucede en la Amazonía, por ejemplo- es el que muchas veces ha permitido proteger los bosques y las selvas, los páramos, las fuentes de agua y la misma diversidad biológica y cultural, como acción concreta para enfrentar el colapso climático. Y el principio que le inspira -pensado en plural: buenos convivires- es la armonía o, si se prefiere, el equilibrio en la vida del ser humano consigo mismo, de los individuos viviendo en comunidad, entre comunidades, pueblos y naciones. Y todos, individuos y comunidades, conviviendo en armonía con la Naturaleza. En definitiva, los humanos somos Naturaleza.
Una cura para las pandemias… 

Recuperar y construir relaciones de armonía con la Naturaleza es la gran tarea. Hay que parar su explotación desenfrenada; hay que desmercantilizarla; tenemos que reencontrarnos con ella asegurando su regeneración, desde el respeto, la responsabilidad y la reciprocidad, desde la relacionalidad.

Para lograrlo tenemos que cambiar la historia de la Humanidad, esa historia de dominio del hombre -sí, en masculino- sobre la Naturaleza. Por siglos, la relación sociedades-medio ambiente ha estado marcada por el utilitarismo y la explotación de recursos. Esta realidad da cuenta de la separación entre Humanidad y Naturaleza. Y eso condujo a una relación de subordinación de la Naturaleza -reforzada por las ideas de “progreso” y “desarrollo”-, que es lo que a la postre ha generado todo tipo de pandemias -recordemos los recientes incendios en la Amazonía- que apuntan hacia una terrible catástrofe socioambiental.


Lo concreto es que no podemos volver a la normalidad porque la normalidad es el problema. En realidad, se trata de una a-normalidad producida por el capitalismo. 

Pero a la vez, sobre todo en medio de esta mega crisis, asoman con fuerza las posibilidades de reencuentro de la Humanidad con la Madre Tierra, a partir de visiones como las mencionadas del Buen Vivir. Este será un proceso, largo y complejo, reforzado por las luchas de resistencia y re-existencia desde diversos grupos populares, en especial indígenas.

Aunque los indígenas no tienen un concepto de Naturaleza como el que existe en occidente, su aporte es clave. Ellos comprenden perfectamente que la Pachamama es su Madre, no una mera metáfora. En este sentido todo esfuerzo por plasmar los Derechos de la Naturaleza se inscribe en una reiteración de un mestizaje emancipador provocando un ¨híbrido jurídico”, donde se recuperan elementos de todas aquellas culturas occidentales e indígenas emparentadas por la vida. Y que encuentran en la Pachamama el ámbito de interpretación de la Naturaleza, un espacio territorial, cultural y espiritual, que no puede ser motivo de mercantilización ni de exclusión.

Sin llegar a romantizarlas, las comunidades indígenas -portadoras de una larga memoria- han demostrado que el ser humano puede organizar formas de vida sustentable. Tal relación armoniosa con la Naturaleza -presente en muchos recintos del mundo indígena, no en todos- se sintoniza con la “sustentabilidad”; concepto que, por cierto, se lo ha pervertido y trivializado en extremo, incluso cuando con él se quiere maquillar el desarrollo presentándolo como sustentable.

Los Derechos de la Naturaleza centran su atención en la Naturaleza, que obviamente incluye al ser humano. La Naturaleza vale por sí misma, sin importar los usos que le den las personas, implicando una visión biocéntrica. Estos derechos no defienden una Naturaleza intocada. Estos derechos propugan mantener los sistemas y conjuntos de vida. Su atención se fija en los ecosistemas, en las colectividades.

Pero hay que ir más allá. No se trata de buscar un equilibrio entre economía, sociedad y ecología; menos aún usando como eje articulador abierto o encubierto al capital. El ser humano y sus necesidades deben primar siempre sobre el capital, pero jamás oponiéndose a la armonía de la Naturaleza, base fundamental para cualquier existencia.

Esta combinación de aproximaciones es clave.


Recuperar y construir relaciones de armonía con la Naturaleza es la gran tarea. Hay que parar su explotación desenfrenada; hay que desmercantilizarla; tenemos que reencontrarnos con ella asegurando su regeneración, desde el respeto, la responsabilidad y la reciprocidad, desde la relacionalidad. 
Hacia el pluriverso, un mundo sin pandemias… 

En una época en la que el neoliberalismo y el extractivismo desenfrenado brutalizan la vida diaria de los ciudadanos y las ciudadanas de todo el mundo, en particular de los habitantes del Sur global, es primordial que voces contestatarias y movimientos populares se comprometan en un esfuerzo concentrado de investigación, participación, diálogo y acción, inspirado en los movimientos de base y a los cuales, a su vez, les rindan cuentas. Necesitamos nuestras propias narrativas. Los actos de resistencia y re-existencia dan esperanza aquí y ahora. Y por eso hablamos de que ya se puede escuchar la respiración de un futuro diferente en el marco del Pluriverso: un mundo donde quepan todos los mundos, garantizando la vida digna a todos sus seres humanos y no humanos.

Es la hora de las estrategias y las luchas en todos los niveles escalares de acción. Un punto de diferencia, que necesitamos explorar, es la dirección de nuestros esfuerzos. No se puede esperar mucho de los niveles de los estados nación o los ámbitos globales, pero hay que intentar incidir incluso en ellos, aunque sea para negociar algunas conquistas. El campo de acción aparece en donde y desde donde actuar propiciando vidas mancomunadas, en espacios comunes cohabitados por lo plural y la diversidad, con igualdad y justicia, con horizontes colectivos, para resistir el creciente autoritarismo y construir simultáneamente los buenos convivires.

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*Alberto Acosta es un economista ecuatoriano. En la actualidad es profesor universitario, conferecista y sobre todo compañero de lucha de los movimientos sociales.
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Fuente: Este artículo fue escrito para la Revista Novamerica/Nuevamerica n. 166 abril-junho 2020 y cedido por el autor para #Apocaelipsis https://lavoragine.net/alberto-acosta-reencuentro-madre-tierra-pandemias/

lunes, 6 de abril de 2020

Venezuela enfrenta dos virus.


El dirigente opositor venezolano, refugiado desde abril de 2019 en la Embajada de España en Caracas, plantea en esta tribuna, la primera que escribe desde entonces, una propuesta a todos los sectores políticos para salir de la grave crisis por la que atraviesa el país

LEOPOLDO LÓPEZ MENDOZA

El esfuerzo por afrontar la crisis del Covid-19 en Venezuela es inseparable de la lucha en contra de la dictadura. No son, como intenta promover el régimen, ámbitos que puedan resolverse separadamente. Ni se podría, tampoco, entregar recursos financieros o de otra índole, a un dictador que roba todo cuanto encuentra a su paso: un poder que ha demostrado su naturaleza delincuente.

No es posible enfrentar la pandemia sin enfrentar al dictador. Y ello, en lo esencial, porque la responsabilidad absoluta de la debacle venezolana es de Nicolás Maduro. A esta hora, cuando los contagios avanzan en todo el país, la dictadura y la pandemia constituyen para los demócratas un único y simultáneo objetivo.

Tanto los sistemas de salud como los servicios públicos y la industria petrolera han sido destruidos y saqueados por el régimen. El país, que por su población debería contar con, al menos, 100.000 camas hospitalarias, no alcanza las 15.000. Es decir, la capacidad está hoy muy por debajo del 20% mínimo necesario. Más alarmante aun, es el dato de la disponibilidad de UCI con respiradores mecánicos: solo 84 en el sector publico y 120 en el privado. Apenas 200 unidades para responder a una enfermedad que ataca el funcionamiento de los pulmones y que si llegara a afectar a la mitad de la población como se estima en la mayoría de los países, se requerirán al menos 150.000 atenciones en cuidados intensivos.

La narco-dictadura ha convertido la pandemia en su escudo humano

Las denuncias y testimonios de médicos, paramédicos, sindicatos y usuarios de los hospitales son unánimes: el sistema hospitalario venezolano está en ruinas. Muchos no tienen agua -léase bien: hospitales sin agua-, el más elemental e imprescindible recurso para la acción sanitaria y el insumo básico para la recomendación elemental: lavarse las manos. En la mayoría son recurrentes los fallos del servicio eléctrico -léase bien: hospitales sin energía eléctrica-. Todos, absolutamente todos, carecen de los insumos mínimos básicos para atender a los pacientes y para proteger a los profesionales de salud. No hay batas, gorros, guantes, mascarillas, provisiones de alcohol, jabón y demás artículos para evitar la multiplicación acelerada de los contagios. No hay medicamentos -léase bien: hospitales sin medicamentos-. No hay desinfectantes. El único recurso con el que cuentan, es la voluntad de los trabajadores de la salud, que ahora mismo se preguntan cómo harán para salvar las vidas de los enfermos, cuando la mayoría tiene dificultad para llegar a su centro de salud por la falta de combustible que ha paralizado al país durante los últimos días. Han sido las políticas encabezadas por Maduro las que han creado esta hecatombe.

La preocupación que me impulsa a escribir este artículo no se origina solo en la catástrofe del sistema público de salud. En el centro de nuestra angustia está el crecimiento de la precariedad, el cada más acusado deterioro de las condiciones de vida de la inmensa mayoría de los venezolanos. Tenemos los demócratas de Venezuela y del mundo, que pulsar el botón de alarma, cuando leemos que menos del 7% de la población dispone de agua potable constante, y que casi el 18% no la recibe nunca. Hay que pulsar el botón de alarma cuando leemos que menos del 10% recibe un servicio eléctrico constante. Hay que levantar la voz en todos los escenarios, para decir que solo el 6% de la población tiene acceso garantizado a los alimentos necesarios para vivir. Hay que hacer lo indecible para llamar la atención del mundo, para advertir que, ahora mismo, menos del 1% tiene acceso al combustible. Lo repito: la responsabilidad exclusiva de la casi inexistencia de servicios públicos y de combustibles es del dictador.
Debemos actuar sin demoras para evitar que la enfermedad arrase el país

Debo agregar que, en nuestro país, el 87% de las familias no tienen el dinero que le permitan quedarse en su casa sin salir a la calle en búsqueda de sustento. Ni un día. No tienen alimentos en sus alacenas, ni desinfectantes, ni jabón, ni agua -insisto en ello-. Al menos dos tercios, tienen una edad biológica que no se corresponde con el tiempo real de vida: sus cuerpos han envejecido, producto del hambre, las enfermedades y las condiciones en las que viven. Un cuerpo desnutrido es campo fértil para el virus.

La primera ola del Covid-19, que tuvo su epicentro en la región asiática, enseñó el papel precioso que la información cumple como una barrera a la enfermedad. La segunda ola, en pleno desarrollo en Europa, ha puesto a prueba las capacidades de respuesta de Gobiernos y sistemas sanitarios. En ello consisten sus principales lecciones. La tercera ola, de la que Venezuela es parte, tiene sus principales focos en América Latina y África, donde la diseminación del virus podría sobrepasar las peores previsiones. Una tercera ola que apenas comienza y que la OMS ha recomendado a los países en desarrollo a “prepararse para lo peor”.

¿Qué acciones ha tomado la dictadura de Nicolás Maduro para responder a la acción del Covid-19? En primer lugar, hacer chistes y minimizar el peligro y crear una falsa expectativa de control. A continuación, mentir: afirmar, con arrogancia, que el Gobierno dispone de todos los recursos necesarios. Luego, aprovechar la coyuntura, para pedirle a su denostado Fondo Monetario Internacional, 5.000 millones de dólares. De seguidas, militarizar el país y convertir la venta de combustible en una -otra- gigantesca red de corrupción y controles políticos, y lo mas grave, ha arreciado la represión metiendo presos a médicos y periodistas que se han atrevido a alzar la voz, así como a muchos miembros del equipo cercano del presidente Guaidó, cuya persecución ha cobrado mayor intensidad durante la pandemia. Nadie puede llamarse a engaño: la narco-dictadura ha convertido el coronavirus en su escudo humano, en su herramienta, en la excusa que necesitaba para prolongar la usurpación, aumentando el control social y la represión.
Un Gobierno de emergencia podrá habilitar los recursos necesarios

Maduro se ha fundido con el virus. Son una misma entidad, a la que no es posible conceder una tregua. Hay que combatirla en todos los terrenos, sin descanso. Tenemos la responsabilidad de actuar sin demoras para evitar que la pandemia arrase a Venezuela. El Gobierno Interino, bajo el liderazgo del presidente Juan Guaidó ha planteado una ruta para la solución:

1. Conformar un Gobierno de Emergencia Nacional con representación de todos los sectores del país. Para que sea ajustado a nuestra Constitución y pueda reinsertarse plenamente en la comunidad internacional, no puede ser conducido por imputados con cargos de narcotráfico o terrorismo, ni por violadores de derechos humanos.

2. Delegar en el Consejo de Estado las competencias ejecutivas para atender la emergencia, hasta la celebración de elecciones presidenciales libres.

3. Una vez constituido el Gobierno de Emergencia, se levantarán progresivamente las sanciones.

4. Fortalecer la presencia y capacidad de acción de agencias internacionales humanitarias y de derechos humanos en territorio venezolano.

5. Aprobar una Ley de Garantías que genere los mecanismos para garantizar la estabilidad nacional y la atención y reparación de las víctimas.

6. Ejecutar un plan de emergencia nacional con apoyo humanitario y financiero internacional que permita dotar a los hospitales de insumos médicos, ayuda humanitaria alimentaria, subsidios directos para la población más vulnerable, importación de gasolina y gas para abastecer al país, facilitar el acceso al agua, entre otras prioridades.

7. Realizar elecciones libres en un plazo no mayor de 6 a 12 meses, imprescindibles para resolver la crisis política y retomar el hilo constitucional y democrático de Venezuela.

Esta propuesta es incluyente, goza con amplio apoyo de la comunidad internacional y está dirigida a todos los sectores, tanto a los sectores democráticos y a quienes hacen vida dentro del Estado venezolano, en particular en el ámbito militar, e incluso a aquellos quienes siendo del círculo cercano del dictador y dándose cuenta que este está perdido, decidan evitarle más traumas a nuestro pueblo a cambio de algunos beneficios que la justicia internacional ha manifestado estar de acuerdo en dar.

La propuesta ha recibido el pronto apoyo de Estados Unidos y de países de Europa y América Latina, que ya suman un total de 47 países. Ese Gobierno de emergencia podrá habilitar, muy rápidamente, los recursos financieros necesarios y la ayuda de las agencias internacionales para la enorme tarea que sería necesario abordar.

Pero, debo insistir en esto, es una sola lucha: contra esa entidad única y asesina que conforman la dictadura y la pandemia.

Leopoldo López, político venezolano, encarcelado en 2014, desde abril de 2019 está resguardado en la Embajada de España en Caracas. Es coordinador del Centro de Gobierno de Juan Guaidó.




lunes, 24 de febrero de 2020

La OMS pide al mundo que se prepare para una “potencial pandemia” por el coronavirus.

Soldados italianos vigilan un punto de control a la entrada de Vo Vecchio (norte de Italia) . En vídeo, declaraciones de Adhanom. MARCO SABADIN (AFP) | REUTERS


"Tenemos que hacer todo lo posible para prepararnos para una potencial pandemia". El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha asumido este lunes que es probable que lo que es hoy por hoy una epidemia de Covid-19, causada por el coronavirus de Wuhan, se convierta en algo mayor. "No podemos paralizar el mundo y no es realista decir que se puede parar la transmisión entre países. Probablemente habrá epidemias en varios, pero se pueden contener", ha apostillado Michael Ryan, director del programa de emergencias del organismo internacional.

El escenario ha cambiado rápidamente en pocos días. Se ha pasado de contemplar cómo los casos en China parecían contenerse y cómo en el resto del mundo los contagios eran escasísimos a brotes descontrolados en Italia, Corea del Sur e Irán. Ghebreyesus ha insistido en que pueden ser contenidos y que el escenario sigue siendo de epidemia, tanto por número de casos como de muertes fuera, pero al mismo tiempo ha pedido a los países y las comunidades que se preparen para la extensión del coronavirus: "No es una cuestión de blanco o negro, de sí o no. Cada país tiene que hacer su propio plan de contención de riesgo. Las prioridades son proteger a los trabajadores de la salud, que las comunidades se movilicen para tener especial cuidado de las personas mayores y con patologías [entre ellas se han producido más del 80% de los fallecimientos hasta ahora] y proteger a los países más vulnerables conteniendo la epidemia en los que pueden hacerlo".

La situación que se abre es una pura incógnita y cada minuto cuenta. El simple hecho de conseguir retrasar la llegada a los países del norte unas semanas puede suponer un gran alivio, ha señalado Ryan, ya que la gripe estacional estará decayendo y los sistemas sanitarios estarán más liberados de esta carga para poder atender a los posibles enfermos de Covid-19. "No podemos saber qué va a pasar, si se va a atajar, a convertirse en una enfermedad estacional o en una pandemia global en toda regla", ha matizado.

El hecho de que sea o no pandemia es más un debate semántico. Declararla o no es la consecuencia de que afecte a un buen número de países, de que la mayoría de la humanidad esté potencialmente expuesta al virus, algo que de momento no sucede. Ni siquiera los propios expertos de la OMS tienen claro cuándo se podría hablar de este término. "Cuando hay pandemias de gripe, conocemos cómo se comporta el virus, a cuántas personas ha afectado en otros años, su patrón de transmisión... En el caso de Covid-19 no sabemos nada de esto. En China, por ejemplo, observamos una bajada significativa de infecciones, lo que va en contra de la propia lógica de una pandemia, pero a la vez está creciendo en Corea. Por otro lado, vemos que hay países que tienen éxito en la contención", ha señalado Ryan. Se habla de pandemia, por ejemplo, para referirse al VIH, una enfermedad que, aunque la padezca solamente un pequeño porcentaje de la población, está presente prácticamente en cada rincón del mundo: no hay país en el que no exista el riesgo.

Y aunque las autoridades sanitarias han insistido en que el escenario de pandemia se puede evitar todavía, el mensaje es que hay que estar preparados. ¿Qué significa esto? Actuar como si estuviera a la vuelta de la esquina, que los sistemas de salud de todo el mundo estén listos para detectar casos, para seguir el rastro de las personas que presentan síntomas, para tomar medidas de contención que eviten la expansión de la enfermedad.



Consulta la situación de la enfermedad con datos actualizados a 24 de febrero. Ver gráfico -->

En la comparecencia casi diaria que los máximos responsables de la OMS ofrecen a los medios para informar sobre los últimos detalles del virus, han explicado también los resultados de la expedición de expertos que han estado en Wuhan, el epicentro del brote. La buena noticia es que allí no se ha descontrolado la situación. La secuencia genética del coronavirus continúa estable, el tiempo de recuperación oscila entre las dos semanas de los pacientes más leves a las entre tres y seis de los más graves. El porcentaje de fallecimientos se sitúa, de momento, entre un 2% y un 4% en Wuhan y alrededor de un 0,7% fuera.

Esto tiene varias explicaciones. Las dio hace unos días Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad: “Cuando un sistema de salud está saturado, como ha podido suceder en Wuhan, es normal que los servicios sanitarios no den abasto y puede haber una mayor mortalidad. Además, en el inicio de una epidemia con un patógeno desconocido los primeros casos que se detectan son los graves y no se tiene muy claro cómo tratarlos. En el resto del mundo hay muchas menos infecciones, se puede dedicar una atención mucho mayor a cada una, se tratan de forma mucho más precoz, puesto que se detectan antes y van al médico más pronto, lo que reduce la letalidad”.

Los expertos insisten en recordar lo novedoso del virus y las incertidumbres que esto abre. Hasta hace prácticamente un mes y medio el patógeno era desconocido. A partir de ahí comenzó una carrera contra el reloj para descifrar sus mecanismos de actuación, su capacidad de contagio, su letalidad. Y la información está en continuo progreso. Si bien al principio se pensaba que no se podía transmitir entre humanos, pronto se descubrió que esto no era así. Ahora es crucial desentrañar hasta qué punto las personas asintomáticas pueden transmitir la enfermedad; los últimos estudios han mostrado que alrededor de un 20% lo hace, lo que complica tremendamente la prevención. También los periodos de incubación, que aunque en la mayoría de los casos no superan los 14 días, en ocasiones los han sobrepasado.

Y si es pronto para sacar conclusiones sobre el coronavirus y todo lo que puede implicar en la propia China, lo es mucho más en los países donde acaba de comenzar a propagarse. "En cada país la dinámica es distinta", ha afirmado Ryan. El experto apunta que mientras en China se ha visto que la mayoría de los contagios se producían entre familiares, en Corea se han dado en reuniones religiosas, algo que también puede estar sucediendo en Irán. La OMS ha mandado allí un equipo para estudiar la situación, que llegará el martes. Este mismo lunes aterrizará en Italia.

Fuente: elpais.com

martes, 21 de octubre de 2014

Ébola: ¿Pandemia, arma biológica o producto de la Industria Farmacéutica?


|Ángel López||Víctor Puente|

Si escuchas a alguien hablar sobre el ébola, diga lo que diga, deberías saber que las cosas están mal, y que van a ir a peor. Quizás no por qué el proceso sea ya irreversible, que lo es, sino por que quienes crean el virus poseen también el antídoto y se van a encargar por todos los medios de cuándo y en qué momento se libera.

Una vez el virus ha dado el paso a Occidente, y una vez ha mutado (el ébola al que nos enfrentamos no es la cepa original), se ha creado la alarma bacteriológica y el pánico global. Se han activado los protocolos de seguridad y toda la parafernalia demagoga de las élites que esto conlleva, esa que les hace sacar pecho frente al mundo y decirles: ‘’se están haciendo las cosas lo mejor posible ‘’.

Lo cierto es que la expansión del ébola era irremediable y no por su facilidad de contagio, siendo esta menor que la del H1N1, sino porque, y ya lo apuntamos en anteriores entradas de este blog, se trataba de algo perfectamente orquestado. La periodicidad con la que surgen grupos armados terroristas, pandemias, guerras en Oriente Próximo, Revoluciones de Colores… Delata una agenda minuciosamente trazada y que responde nuevamente a una guerra psicológica
hacia la población, en donde el mensaje final es eres vulnerable y dependiente del sistema. Toda esta serie de problemas se escapan del control humano, son situaciones y hechos excepcionales que generan una situación de estrés mundial, y los actores pasan a ser otros. En ese preciso momento, en el que te das cuenta de que la situación te rebasa, buscas protección, y todo se torna como una reminiscencia de cuando uno es niño y se refugia en las faldas de su madre, solo que no creo que sea necesario decirte que el sistema, al contrario que tu madre, no quiere lo mejor para ti.

El ébola, una enfermedad cuya cepa actual proviene de manipulaciones víricas llevadas a cabo en Rusia durante le Guerra Fría y cuya patente posee el gobierno de los Estados Unidos de América (¿para qué querrá la patente del virus más mortal del planeta el país al que pertenece Big Pharma, el monopolio farmacéutico mundial?) ya no es un cuento de hadas. Se está cobrando vidas, y rápido. Y está traspasando fronteras, aún más rápido. Nos dicen que solo se transmite por fluidos, pero a saber hasta dónde te puedes creer. Nos dicen que está bajo control, pero un virus que mata a nueve de cada diez infectados no puede estar bajo control.

Lo cierto es que ni tan siquiera el laboratorio de turno encargado de inciar la guerra bacteriológica sabe la virulencia de este mal llamado virus del ébola, ¿acaso es lo mismo el huevo que la tortilla? Este refrito de cepas es tan solo su esencia y el producto final dista mucho de un virus hasta ahora erradicado.

Si le seguimos el rastro al ébola nos damos cuenta de que en primer lugar tenemos un virus cuya cepa original se erradicó (Ébola-Zaire), para renacer después a manos de los soviéticos en 1988. El virólogo ruso Nikolai Ustinov había creado la variante U del virus de Masburgo y se lo había inyectado en el pulgar por accidente. Ustinov murió, pero los rusos no incineraron sus restos y se deshicieron del virus, sino que aprovecharon el cadáver de su compatriota para convertir el virus en un arma biológica, descubriendo que era especialmente mortal si se transmitía por el aire. Nunca llegó a utilizarse, o eso dicen las fuentes oficiales. Y las no oficiales, claro.

Por si fuera poco, resulta que existe en Estados Unidos un laboratorio conocido como P4, dirigido por el Departamento de Defensa y el Pentágono, y situado en el centro de investigaciones biológicas de Fort Detrick. La investigadora Káren Méndez de Russia Today, a quien agradeceremos la veracidad de este párrafo, sugiere que el virus del ébola lleva años manipulándose allí, y que curiosamente, y tal y como confirmó la cadena CNN el pasado 4 de agosto, las primeras curas para el virus también proceden de allí. Sorpresa, sorpresa. Resulta que el gobierno al que pertenece la Industria Farmacéutica Mundial tiene por una parte la patente del virus y por otra su cura. Tu verás si sumas dos más dos o decides seguir dándole la espalda a lo que ocurre en el mundo. A propósito, quizá deberías investigar la relación entre estas tres variables: Fort Detrick, Tercer Reich y Operación Paperclip. Estoy seguro de que los resultados te ayudarán a iluminar el final del túnel.

Y por último, lo más revelador, un nombre: Glen Thomas. Consultor de la OMS en Ginebra y experto en ébola y que curiosamente volaba en el vuelo MH-17 derribado sobre Ucrania en julio. El mayor experto en ébola del mundo, el que mejor conocía el virus y su tratamiento y cuyo instituto, el Instituto de Investigación Médica de Enfermedades Infecciosas del Ejército de los EEUU, trabajaba para el gobierno estadounidense. Y fallece en un accidente aéreo cuyas causas aún se desconocen. Y es que con cada avión siniestrado o desaparecido de la compañía Malaysia Airlines, ha habido miga. En el MH370 desaparecían cuatro socios de la patente de Jacob Rothschild. Cuántas casualidades juntas, vaya.

Como casi siempre, la atmósfera informativa que ha imbuido el asunto del ébola se ha convertido en una neblina encargada de sembrar más sombras que claros. El continente africano ya supo desprenderse del virus, y no precisamente gracias a la ayuda de los organismos del Primer Mundo. El africano tiene memoria, y muchas de las situaciones de rechazo que se están dando por parte de los nativos hacia muchas de las ONG y cooperantes se debe a que rechazan la medicina occidental, la medicina alopática y paliativa. Los curanderos y sabios de lugar por medio de una planta autóctona supieron y han sabido tratar muchas enfermedades, entre ellas la del ébola. Europa y el Primer Mundo se afanan en invadir el espacio natural africano con sus formas y sus métodos, y puede que África sea el continente más pobre del mundo, pero de la necesidad surge el ingenio y el saber popular mantenido sigue haciendo acto de presencia. La farmacología de la que tanto presume y receta el Primer Mundo nace ni más ni menos que del saber popular y de los principios activos de las plantas y la fitoterapia. O lo hizo hasta el día en el que la salud se convirtió en un negocio y los virus más mortales, en mercancías de primer orden.

La Garcinia Kola (conocida como Bitter Kola en el lugar), propia de Camerún, Liberia, Sierra Leona, Guinea y otro muchos países, ha demostrado ser un potente antivírico y antiparasitario, con importantes efectos a la hora de tratar enfermedades respiratorias y que ayuda a controlar y reducir la multiplicación del virus. Las ONG del lugar han sido informadas de este hecho pero la normativa internacional profundamente influenciada por la OMS, un organismo internacional privado, no permite tratar con esta planta a los afectados y de aquí surge el rechazo.

Así que no todo son malas noticias, la situación es grave, muy grave, pero se pueden hacer muchas cosas. Aunque desde luego, la peor opción era esperar a que el virus se liberase, y eso es lo que se ha hecho. Ahora solo queda observar cómo las acciones en bolsa del laboratorio agraciado se disparan en bolsa, se especula, mueren algunos miles más de personas y la lección queda bien aprendida.

Tatúate a fuego lo siguiente: eres dependiente del sistema, se bueno, sumiso y no pienses ¿y si te preguntan? Sin más, asiente. En cuanto al ébola, bueno, la cura artificial para Occidente ya está lista, solo queda que le pongan precio. Así que paciencia, hombre. Mil muertos más, mil muertos menos…