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jueves, 12 de diciembre de 2013

¿Qué harías con un asesino o un violador?



José Arregui, teólogo.-


Recientemente, una amiga sorprendida por mi punto de vista sobre asesinos y víctimas, cárceles y presos, me pidió explicaciones, y me dirigió tres preguntas incómodas. Pero son ineludibles, y no las eludiré, aunque sé de antemano que no despejaré la perplejidad de mi amiga, ni la complejidad del asunto.

La primera pregunta decía: ‘De verdad crees que todo el que hace daño es porque antes se lo han hecho a él?’ ¿Por qué alguien mata, viola, tortura? No lo sé, pero no puedo pensar que lo haga por pura “maldad”, por querer el mal por el mal. No se trata de justificar al malhechor, sino de buscar la raíz de su mal para curarlo mejor. ¿Por qué alguien se corrompe, especula, defrauda a Hacienda a increíble escala y evade lo robado a paraísos fiscales sin fondo, sin alma?

Eso también es matar, es incluso lo que más mata hoy, como acaba de decirlo bien claro el papa Francisco; el terrorismo económico es con mucho el peor, siembra el mundo de muerte y de miseria, de dolor indecible. Y eso sucede también aquí, muy cerca, y hay que decirlo. Y no para diluir la gravedad de una violación, y de los asesinatos y de las torturas de ETA, o del GAL, o del aparato estatal, o del franquismo. No para diluir los crímenes de unos, sino para no restringir la memoria ni mutilar la verdad ni traicionar la justicia.

¿Por qué hacen tanto daño? No lo hacen porque sean malos. ¿Serán, pues, inocentes y buenos? Tampoco se trata de esto. Hay que buscar y sanar la raíz de su mal, y la raíz, en último término, es el error, un inmenso error mortal. Y el error no ha nacido con ellos; también ellos fueron dañados y engañados, antes de engañarse y hacer daño. No curaremos la raíz de su mal si no curamos el error en ellos y más allá de ellos, hasta nosotros mismos. Pues, indudablemente, la raíz de su mal está también en mí. ¿O acaso soy yo mejor que el que especula, mata, viola o tortura? No, no lo soy. Nunca entenderé el mal del otro, mientras no sea capaz de reconocerlo en mí mismo. Y nunca podré curarme de mi mal mientras no quiera curarle al otro del suyo. ¿Pero cómo lo curaremos?

Ésa era y sigue siendo la segunda pregunta: ‘¿Qué sugieres que se haga con los asesinos de personas inocentes, de niños, padres, madres, con los violadores, traficantes, terroristas…’. Faltan en la lista especuladores, corruptos y evasores, asesinos en serie a escala global (solo que éstos no están en prisión, sino gobernando el mundo). ¿Qué haremos con ellos? Lo primero es evitar que hagan daño o vuelvan a hacerlo. ¿Pero cómo? Aflige ver que no hemos inventado todavía nada mejor que la cárcel (selectiva, eso sí), para que esta pobre especie tan vulnerable y tan capaz de herir no cometa tantas atrocidades. Del Norte, sin embargo, nos llegan señales: Suecia cierra cárceles por falta de presos, gracias a otras medidas preventivas y restaurativas. Aquí, mientras tanto, aumentan las penas y proponen incluso la “prisión perpetua revisable”. Aquí persiste y se acrecienta la exaltación de la venganza y del castigo. Pero la cárcel no cura, ni siquiera disuade. Y una cárcel que ni disuade ni rehabilita al malhechor es inhumana (y además contradice a la Constitución española, pero eso parece importar muy poco a los grandes defensores de la Constitución).

¿Qué sugiero, pues, que se haga con el malhechor? Solo aquello que sea indispensable para que no haga daño y todo aquello que sea necesario y posible para curar su error, la raíz de su mal, para devolverle su dignidad y hacerle bueno. Lo segundo será costoso, pero no más costoso que las cárceles que tenemos. Serán necesarias muchas medidas de tratamiento personal y otras tantas medidas de transformación estructural en el sistema educativo, informativo, político o económico. Y en el sistema religioso, también en el sistema religioso. Pero lo primero, necesario y posible, es esto: creer en su bondad y querer su bien. Solo así venceremos el mal. Solo así alcanzaremos la dignidad humana de la que hacemos gala.

La tercera pregunta es personal, pero vale para cualquiera: ‘¿Pensarías igual si hubieran matado a tu padre, hijo, hermano, amigo inocente que pasaba por la calle?’. No sé si pensaría igual, pero debería hacerlo, y me gustaría ser capaz de pensar y actuar de esa manera si me hallara en esa situación. Y en cualquier caso, junto a esa pregunta debemos formularnos siempre otra, decisiva y valedera para todos: “¿Qué pensarías y qué harías si el asesino o el violador fuera tu padre, tu hermano o tu hijo? ¿Y si lo fueras tú mismo? ¿Qué necesitarías que hicieran contigo si tú hubieses tenido la desgracia de violar o matar?”. Pues “haz con tu prójimo como te gustaría que él hiciera contigo”. Lo han enseñado Jesús y todos los sabios. Lo enseñó y vivió Nelson Mandela, el vencedor del odio, el bendito Madiba que VIVE.

José Arregi

Para orar

Felices quienes siguen confiando,
a pesar de las muchas circunstancias adversas de la vida.
Felices quienes tratan de allanar todos los senderos:
odios, marginaciones, discordias, enfrentamientos, injusticias.
Felices quienes bajan de sus cielos particulares para ofrecer esperanza
y anticipar el futuro, con una sonrisa en los labios y con mucha ternura en el corazón.
Felices quienes aguardan, contemplan, escuchan, están pendientes de recibir una señal,
y cuando llega el momento decisivo, dicen: sí, quiero, adelante, sea, en marcha…
Felices quienes denuncian y anuncian con su propia vida
y no sólo con meras palabras.
Felices quienes rellenan los baches, abren caminos, abajan las cimas,
para que la existencia sea para todos más humana.
Felices quienes acarician la rosa, acercan la primavera, regalan su amistad
y reparten ilusión a manos llenas con su ejemplo y sus obras.
Felices quienes cantan al levantarse, quienes proclaman
que siempre hay un camino abierto a la esperanza,
diciendo: “No tengáis miedo, estad alegres.
Dios es como una madre, como un padre bueno que no castiga nunca,
sino que nos acompaña y nos alienta,
pues únicamente desea nuestra alegría y nuestra felicidad”.

(Miguel Ángel Mesa)

sábado, 24 de marzo de 2012

Niña obligada a casarse con su violador‏.



Hace unos días, la joven de 16 años Amina Filal se suicidó tras ser violada, golpeada y forzada a casarse con su violador. La muerte fue el único escape que encontró para liberarse de la trampa impuesta por su agresor y por la ley. Si actuamos ahora, podemos evitar que esta desgarradora tragedia se siga repitiendo.

El artículo 475 del Código Penal marroquí permite que los violadores se libren de ser juzgados y de una larga condena en la cárcel si se casan con sus víctimas, cuando son menores de edad. Desde 2006, el gobierno ha venido prometiendo acabar con este escándalo y aprobar nuevas leyes que prohiban la violencia contra las mujeres. Pero aún no ha cumplido su promesa.

La hermana de Amina portando una foto suya durante una protesta 

Centenares de ciudadanos marroquíes están tomando las calles en señal de protesta, exigiendo una reforma verdadera, y presionando al Primer Ministro y a los demás Ministros responsables de promover este tipo de legislación. Esta historia ya ha logrado atraer la atención de la prensa internacional, y si intensificamos la presión ahora, podríamos presenciar importantes avances muy pronto. Firma la petición por una ley integral para detener la violencia contra las mujeres -- incluyendo la cancelación del Artículo 475. Colaboraremos con grupos locales de mujeres para hacer entrega de nuestro mensaje a las autoridades cuando alcancemos las 250.000 firmas:


Tras la brutal violación, familiares de Amina interpusieron una denuncia ante las autoridades de Larache. Pero en vez de procesar al violador, los tribunales le dieron la opción de que se casara con la víctima. La familia de Amina aceptó la propuesta. 

Ahora, en respuesta a la creciente indignación mundial, el gobierno ha emitido un comunicado manteniendo que la relación entre violador y víctima era de mutuo acuerdo, pero esta versión no ha sido verificada. Colegas con los que trabajamos en Marruecos alegan que esa es la típica maniobra oficial para culpar a la víctima y encubrir el caso. Mientras tanto, la ley sigue vigente y hoy, más que nunca, necesitamos rechazar el Artículo 475. ¡Las asociaciones de mujeres en Marruecos llevan mucho tiempo luchando contra esta injusticia! Ha llegado la hora de que los legisladores marroquíes entierren esta desdichada tradición e introduzcan medidas eficaces para proteger a las mujeres

Muchos marroquíes están inundando las redes sociales y protestando en las calles para mostrar su indignación. Y esta semana, cientos de mujeres acamparon frente a la Corte de Larache y al Parlamento. Unámonos a su llamamiento exigiendo que las leyes protejan los derechos de la mujer, en vez de pisotearlos.  


Una y otra vez, como miembros de Avaaz, utilizamos nuestro poder colectivo para unirnos a personas en todo el planeta y luchar por un mundo mejor. Alcémonos hoy en defensa de la memoria de Amina Filali y del legado de esperanza que su historia nos debería dejar. 

Con esa esperanza, 

Dalia, Carol, Emma, Rewan, Ricken, Luis, Antonia y todo el equipo de Avaaz 

Más Información: 

Una menor marroquí se suicida tras ser obligada a casarse con su violador (El País):

El suicidio de una joven violada estremece Marruecos (El Imparcial):

Organismo marroquí lamenta "las leyes que niegan toda humanidad a la mujer" (La Información):

Marruecos: Crecen matrimonios de niñas por honor o pobreza (EFE): 

Los padres de Amina contradicen la versión oficial e insisten que si hija fue violada (Al Arabiya News) (en inglés): 

Informe de Global Rights de la violencia contra la mujer en Marruecos (en inglés): 

Fuente: Avaaz.org