lunes, 11 de noviembre de 2013

El antiimperialismo no es socialismo.


Rómulo Pardo Silva

Los países rebeldes latinoamericanos buscan más justicia social pero no abandonan el camino de producir más para consumir más. La racionalidad sostenible no es su meta.
Cuba retrocede. Lo intentó pero la fuerza de la realidad global capitalista lo cerca incluso ideológicamente.

El problema es que nadie muestra un proceso para enfrentar las situaciones que se producirán en el futuro. Migraciones, falta de energía, de agua, de minerales, de alimentos y agua… guerras convencionales y nucleares de conquista de recursos, caos social y político. No se responde a la pregunta de qué debe hacer la humanidad con cada vez menos recursos naturales.

Aunque el cambio a la civilización de sobriedad no es popular es una obligación política decirlo.

Algunas afirmaciones de François Houtart [*], secretario ejecutivo del Foro Mundial de las Alternativas que preside Samir Amin, permiten reflexionar sobre el problema:

“En primer lugar debemos decir que es el único continente en el mundo donde existen esfuerzos por salir del neoliberalismo. Eso no lo encontramos en ningún otro continente y por eso el papel de América Latina hoy en día es central. Cuando digo esfuerzos por salir del neoliberalismo, o lo que Samir Amin llama avances revolucionarios, significa que son procesos con sus contradicciones, quizás no necesariamente poscapitalistas, pero si procesos con políticas posneoliberales.”

“Cuando vemos los países latinoamericanos, dejando de lado los que se ubican claramente en una integración de tipo neoliberal con el Norte, encontramos varios modelos de reorganización, por ejemplo, tenemos a Brasil, Argentina o Uruguay en una dirección que podemos llamar socialdemócrata, que aceptan de manera casi oficial el capitalismo como modelo de crecimiento tratando a la vez de tener una política social de redistribución del excedente del país. Eso ha dado resultados, no podemos negar los logros, en Brasil, por ejemplo, donde cuarenta millones de personas han salido de la pobreza extrema, pero no se ha dado un cambio de las estructuras sino una cierta adaptación del modelo capitalista, que además no tiene en cuenta lo que podemos llamar en economía las externalidades, es decir lo que no entra en el cálculo del mercado, como los daños ecológicos y los daños sociales.

Sin embargo, es diferente en países como Venezuela, Ecuador o Bolivia que tienen un discurso anticapitalista mucho más claro, además también de medidas de soberanía frente al imperio mucho más precisas. Incluso en Ecuador y en Bolivia tenemos el discurso sobre el Buen Vivir o Vivir Bien que parece colocar en el debate y en la agenda propuestas nuevas. Pero en estos procesos también encontramos límites tanto internos como externos.

Internamente me parece que el límite es la concepción del modelo de desarrollo, muy similar a la concepción que el capitalismo ha desarrollado. Veo eso en todo el mundo, no solamente aquí, lo veo en China lo veo en Vietnam, Angola o Mozambique, en movimientos que eran radicales, incluso comunistas. Finalmente al momento de la puesta en marcha de un desarrollo humano regresan a las mismas lógicas. Eso lo notamos, por ejemplo, en Ecuador, donde se habla de una nueva matriz productiva, pero cuando se trata de definir lo que esto significa, vemos que se traduce en desarrollar la minería, el petróleo, la extensión de los monocultivos para agrocombustibles, transgénicos, etc. No se ven muchas diferencias con las bases de un desarrollo de tipo capitalista excepto quizás en el vocabulario. Es un modelo que podríamos llamar neodesarrollista. Es un hecho que me parece que cada vez entra más en contradicción con los grandes principios del Buen Vivir.

Entonces nos encontramos con un límite interno, porque no existe otra concepción del desarrollo, no hay otro modelo, se debe inventar y es muy difícil inventar dentro del sistema.”

“Otro elemento importante es que estos procesos tienen un alto apoyo popular por lo que deberíamos preguntarnos si la opinión pública, si el pueblo está listo para entrar en un nuevo modelo de desarrollo.
[…] una opinión pública que apoya las nuevas iniciativas porque una parte importante de la población recibe beneficios en forma de bonos y políticas públicas. Pero sabemos, y esto incluso Rafael Correa lo reconoce, que una buena parte de las políticas siguen siendo asistenciales.
Me parece que para el futuro no se trata de negar que hubo avances en las nuevas políticas sino de ver que estamos frente a un modelo que lleva a la destrucción de la naturaleza y a desastres humanos y que debemos tener una visión global y holística a la hora de buscar soluciones realmente alternativas.”

“Me pregunto si es posible desarrollar un socialismo del siglo veintiuno con los métodos del capitalismo del siglo diecinueve. Definir la transición, este es precisamente el desafío fundamental para países como Ecuador, Bolivia o Venezuela. Debemos pensar si queremos un nuevo paradigma que sea poscapitalista y no solamente posneoliberal, y como plasmar esto en políticas públicas concretas. Tenemos la disyuntiva de desarrollar medidas que solamente adapten el sistema capitalista existente a nuevas demandas ecológicas o sociales o la posibilidad de crear un nuevo paradigma poscapitalista.”
Es bueno tener esos gobiernos latinoamericanos de cambio, pero la disyuntiva es izquierda en el capitalismo o izquierda sostenible.

Fuente: Apia Virtual

domingo, 10 de noviembre de 2013

La tala ilegal opera con métodos similares al narcotráfico y socava estado de derecho.



- Las operaciones de tala ilegal a gran escala en el Perú están ligadas a una corrupción de alto nivel y redes de crimen organizado.


Por Elizabeth Hinoztroza


La tala ilegal es una forma de delincuencia organizada internacional que opera con métodos similares al tráfico de drogas y armas. Socava el estado de derecho de un país y representa una amenaza significativa pues alienta el desarrollo de grupos criminales.


Así lo revela el informe Justice for forests a and forest peoples realizado por el Banco Mundial en el que se describe como los troncos originarios de la Amazonía, son traficados y blanqueados por métodos similares al narcotráfico y provocan una corrupción de alto nivel.

Los métodos implican prácticas sofisticadas y fraudulentas llevadas a cabo por redes criminales internacionales que generan redes de corrupción a nivel regional e internacional. Obtienen importantes beneficios y evasión fiscal a gran escala, señala el documento.

El diario estadounidense, The New York Times, a través de un reciente reportaje, se hizo eco del informe y destacó que las operaciones de tala ilegal a gran escala en el Perú están ligadas a una corrupción de alto nivel y redes de crimen organizado.

A raíz del reportaje Francisco Berrospi, ex fiscal ambiental de Ucayali, declaró, en un medio local, que la tarea de proteger a la Amazonía resulta complicada porque ésta no solo es azotada por taladores ilegales, sino también por malos funcionarios.

De la misma forma, reconoció que varios jueces y fiscales no están capacitados en temas medioambientales y se encuentran en la orfandad de recursos humanos y logísticos para enfrentar una criminalidad que el considera incluso más poderosa que el narcotráfico: el poder de la madera.

Las declaraciones del ex funcionario ratifican el estudio efectuado por la Interpol que revela que las mafias de la tala ilegal blanquean el dinero en bancos e instituciones financieras mediante la inversión en empresas legítimas que les permita operar en algunos sectores de la economía.

El estudio: Impactos económicos de la tala y comercio ilegal de maderas en el Perú, de la Sociedad Peruana de Ecodesarrollo (SPDE), indica que la tala ilegal abarca un amplio espectro de modalidades y constituye un accionar criminal que destruye los bosques en una apuesta por un futuro de muerte.

Las modalidades van desde el aprovechamiento maderable en áreas naturales protegidas hasta el cambio de uso del suelo donde principalmente, la actividad ilícita, se concentra en la extracción selectiva de especies con fines comerciales.

Por ello, la tala ilegal, aunque representa para la población rural una fuente de ingreso inmediato a mediano y largo plazo significa n impacto negativo por mermar el capital natural, así como también por incrementar los conflictos y la violencia social.
Una comprensión de la tala ilegal y el comercio asociado

Una hoja informativa del ex Instituto de Recursos Naturales (Inrena) -ahora Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp)- define la tala ilegal como la “actividad ilícita para obtener recursos de flora sin contar con los permisos, concesiones y autorizaciones forestales y sin planes de manejo aprobados”.

Por otro lado, la hoja de ruta Towards an Improved Understanding of Illegal Logging and Associated Trad, sustenta que la tala no autorizada en zonas calificadas o autorizadas por la ley es tala ilegal.

La mayoría de los expertos en la hoja de ruta coinciden en que el registro que se realiza sin los permisos requeridos o violando los términos de estos también es ilegal.

Sin embargo, pese a las concepciones de qué es tala ilegal, la falta de especificidad en el volumen de ella, y el comercio asociado que se produce, reflejan el desafío de monitorear y documentar fenómenos difíciles y peligrosos de investigar.
Justicia para los bosques

La hoja informativa: Mejorar los esfuerzos de justicia penal para combatir la Tala Ilegal (Fact Sheet: Justice for Forests. Improving Criminal Justice Efforts to Combat Illegal Logging) recomienda a los responsables políticos, al sector forestal y a los actores legales, usar la justicia penal para los bosques a fin de luchar con eficacia.

Por su naturaleza ilegal es difícil de estimar cuantitativamente el tamaño de la tala ilegal pero se presume que en el Perú el volumen de madera ilegal supera en mucha proporción a la cantidad legal autorizada.

El estudio estima que el comercio ilegal de madera genera entre 10 y 15 millones de dólares al año, dinero que en su mayoría es controlado por el crimen organizado, libre de impuestos y que se utiliza para pagar a funcionarios corruptos del gobierno en todos los niveles.







De la misma forma, reflexiona que cada dos segundos un área del tamaño de un campo de fútbol es deforestado por los madereros ilegales, llegando incluso, en países como Perú y Bolivia, a ser hasta un 90 por ciento de toda la tala, ilegal.


El oro rojo que se extingue


En la hoja de ruta antes citada, Towards an Improved Understanding of Illegal Logging and Associated Trade (Hacia una comprensión mejorada de la tala ilegal y el comercio asociado), y de acuerdo con los datos Global Trade Atlas, entre el 75 y el 80 por ciento de las exportaciones de caoba peruana ingresa a los Estados Unidos.

El Fondo Mundial para la Naturaleza (World Wildlife Fund o WWF) afirma que la gran mayoría de las exportaciones de caoba en el Perú son cosechadas ilegalmente de las áreas protegidas y de las reservas indígenas.

El Gobierno del Perú estima que el valor de la caoba ilegal que sale de los puertos peruanos, supera el comercio de la caoba legal peruana en un factor de tres.

Finalmente, TRAFFIC, un programa conjunto del Fondo Mundial para la Naturaleza y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) infiere que las importaciones de productos forestales ilegales en Estados Unidos están creciendo debido al fuerte crecimiento del comercio documentado.


Para acceder a los siguientes documentos y enlace referidos haga clic en los siguientes enlaces:
Justice for forests (PDF, 60 páginas)

Otras noticias:

Fuente: Servindi

Carta al Papa.



José Juan Toharia

El País

¿Resulta superflua una encuesta para Francisco sobre lo que piensan los católicos? Como hace unos días escribía Juan G. Bedoya en estas páginas, podría parecerlo pues este Papa, con sus antecedentes pastorales de zapatos desgastados, sin duda debe saber de sobra lo que piensan los católicos de a pie (los que se definen como practicantes y los que optan por considerarse como poco o nada practicantes… pero católicos al fin).

Pero nunca está de más el baño de realismo que, sobre todo para quienes tienen que decidir sobre asuntos colectivos, supone priorizar los siempre humildes datos de la realidad, tan apegados a la terrena cotidianeidad, sobre las sin duda más brillantes y lucidas hipótesis, impresiones, deseos o creencias personales de cada cual, no siempre exentas de injustificada autosuficiencia, cuando no soberbia. Y si el Papa opta por pedir que sean los fieles quienes se expresen directamente, sin intermediación eclesiástica alguna, sus razones tendrá (razones que, por otra parte, no resulta difícil imaginar a la luz del creciente divorcio entre fieles y jerarquía, detectado estudio tras estudio, en cuanto al modo de entender y vivir el mensaje evangélico en la sociedad actual).

La carta que, atendiendo a su llamada, los católicos españoles podrían escribir al Papa sobre las cuestiones que este ha planteado, contendría respuestas claras y contundentes, poco necesitadas de matices o circunloquios. Del sondeo de Metroscopia se deduce en efecto, con claridad, la unánime petición de que sea posible ya el divorcio y el uso de anticonceptivos: sencillamente, que se haga legal en la disciplina de la Iglesia, lo que se vive como legal —¡desde hace tanto ya!— en la vida de sus fieles (con no pocas dosis, por cierto, de fingimiento, de vista gorda o, según los casos, de pura y simple hipocresía). Además, un llamativo 75% de los católicos practicantes reclama que se ponga fin a la —hoy imposible de justificar— discriminación de la mujer en el gobierno de la Iglesia. Y una mayoría absoluta propone que se amplíe el concepto de familia (de modo que no quede reducida exclusivamente a la constituida por un hombre y una mujer) por considerar que lo realmente importante para un niño es crecer en un ambiente de cariño y protección, con independencia de que se lo proporcione una pareja formada por un hombre y una mujer, o por personas del mismo sexo. Y, por último, y en un tema especialmente delicado como el del aborto, resulta que solo una reducida minoría (el 16% entre los que se definen como católicos practicantes) cree que deba ser siempre delito y en ningún caso legal.

Y el que tenga oídos, que oiga (Mateo, 13, 1-9).

sábado, 9 de noviembre de 2013

El silencio agravó el abuso sexual.



En mi colegio, el silencio agravó el abuso sexual

POR NICOLÁS CASSESE, PERIODISTA, AUTOR DEL LIBRO “EL SECRETO DE SAN ISIDRO”


Muchos años después. A comienzo de los años 70, en un colegio tradicional de San Isidro, un profesor abusó de varios chicos. En ese momento, todos prefirieron callar. El autor de la nota –alumno del colegio pero no víctima– cuenta por qué la comunidad actuó de esa manera y analiza los cambios significativos que ha habido desde que muchos decidieron no esconder más la verdad.

Las familias, las sociedades, se construyen con palabras, pero también con silencios. En la mía hubo uno grande y devastador. Nací y me crié en el epicentro del San Isidro tradicional. El mayor de siete hermanos, mi infancia transcurrió rodeado de primos, tíos y amigos que siempre, de algún modo, también eran familia. Pasé los veranos correteando a la vera del río en el Náutico San Isidro y el resto del año, jugando al fútbol en los recreos del San Juan el Precursor. Allí, en el colegio que aún descansa a la sombra de la Catedral y se mantiene orgulloso en su condición de solo para varones, fue donde se cocinó un secreto poderoso, uno que aún resuena por estos días.

Intentaré resumirlo: a inicios de los setenta había un profesor de plástica joven y carismático, muy popular entre los chicos del colegio primario del San Juan. Se llamaba, se llama, Peter Malenchini y sus alumnos lo adoraban, era el que los llevaba de campamento, los invitaba a su casa después de clase y les contaba de ese mundo distinto al de su pacato colegio. También abusaba de muchos de ellos, incluyendo dos hermanos, Luis María y Juan Carlos Belgrano, Tupa y Juanqui.

Malenchini era amigo de la familia Belgrano y un día, mientras los visitaba, la madre de los chicos, María Lydia, Piru, se dio cuenta de que Juanqui, el más chico de los dos, estaba incómodo por su presencia. Intuyó algo raro y, cuando Malenchini se fue, preguntó con insistencia hasta que su hijo le confesó el abuso. Partida por el dolor, se encerró con su otro hijo, Tupa, que era ayudante de Malenchini en los talleres de arte y pasaba mucho tiempo con él. Le contó lo que había pasado con Juanqui y quiso saber si él había padecido algo similar. Tupa lo negó.

Mintió, hace años que estaba siendo abusado por Malenchini.

Piru y su marido luego hablaron con el cura que manejaba el colegio, el padre Castagnet, y con los de la Catedral, era una familia muy católica. Entre ellos decidieron que lo mejor era sacar a Peter Malenchini del San Juan, pero hacerlo en voz baja, evitando la denuncia policial y pública. Tenían diferentes motivos para actuar así. No exponer a su hijo, salvar el matrimonio cristiano que Malenchini acababa de iniciar y preservar el prestigio del colegio fueron algunos de ellos.

La lógica con la que actuaron está desarrollada en unas cartas escalofriantes que los padres de los Belgrano intercambiaron con Malenchini luego de que se enterasen de lo que había pasado con Juanqui.

Monseñor Justo Laguna fue el cartero y uno de los facilitadores delacuerdo de silencio que ahí se negoció. Malenchini se fue del San Juan pero siguió dando clases y talleres de arte para chicos de los barrios acomodados de la zona norte del conurbano.

Los curas y los Belgrano no fueron los únicos que callaron, hay por lo menos otros nueve ex alumnos de las camadas de Tupa y Juanqui que años después dijeron haber sido abusados por Malenchini. Es probable que nadie jamás hubiese hablado del tema de no haber sido por Carlos Gontad, Charly, otro de los ex alumnos abusados queinterrumpió una reunión en la que festejaban los veinticinco añosde egresados para gritar su verdad. La confesión de Charly y su muerte apenas dos años después desencadenaron una serie de eventos que terminaron con Tupa y Juanqui entrevistados en un programa televisivo en el año 2004.

Aquello fue una bomba atómica en el corazón de San Isidro e incluyó al propio Malenchini confesando los abusos en una cámara oculta que organizaron Tupa y sus compañeros de camada. Carentes de la posibilidad de una condena –los crímenes habían prescripto– el programa de televisión fue la forma que encontraron para hacer justicia. Resultó efectiva: Malenchini abandonó su casa y sus talleres por la zona, nunca más apareció por el barrio. Intenté contactarlo para el libro pero fue imposible. Lo último que supe de él es que vivía en Quebrachitos, un paraje selvático de Entre Ríos, pero cuando estaba por viajar a buscarlo me avisaron que se había ido.

En La celebración, una película danesa que salió hace unos años, el hijo mayor interrumpe el festejo del cumpleaños número sesenta de su padre para anunciar la vieja nueva: ese hombre sentado en la cabecera, rodeado de amigos y familia, abusó de él y de su hermana cuando eran niños. Christian, así se llama el acusador, es un borrachín, el loquito, y no le hacen caso. Lo echan de la casa, lo golpean, lo dejan atado a un árbol.

Pero Christian vuelve, lo repite y esta vez otra de sus hermanas lo confirma. A la mañana siguiente el patriarca termina expulsado y la familia desayuna en paz.

La potencia de la película se sostiene en la certeza de que se monta sobre algo muy cierto, algo que excede el abuso de menores. Se monta sobre los secretos, más grandes o más pequeños, con los que convivimos a diario. Su fuerza, la del secreto, es poderosa, un agujero negro que todo lo chupa. Lo mismo que su atractivo.

En eso pensaba mientras veía el programa de televisión donde se difundió el caso y decidía que ahí había una historia poderosa. Los detalles de los abusos me resultaban poco interesantes, morbosos.

La mecánica con la que se había construido el secreto, los daños que había causado y cómo treinta años después ese mismo grupo social comenzaba a sanarse con su opuesto, la palabra, eran, en cambio, fascinantes. Remitían a una historia ajena –conocía a Malenchini y su familia, pero no a los Belgrano– pero también a una muy propia.

Mi abuelo es uno de los fundadores del San Juan y de allí egresé, lo mismo que casi todos mis numerosos primos y el grupo de amigos con el que aún juego al fútbol todos los miércoles. En esa historia de silencio y ocultamiento veía la matriz de una sexualidad retrógrada y represiva que el cura Castagnet nos predicaba todas las mañanas y que, ya de grande, discutía con familiares y amigos.

Tardé en comenzarlo y tardé aún más en terminarlo. Fue un libro corto pero difícil de escribir. Se llama El secreto de San Isidro, salió hace unas semanas y uno de sus primeros lectores fue al actual rector del colegio, Eduardo Cazenave, que consiguió mi celular y me invitó a tomar un café en el San Juan. ¿Cuántas amonestaciones me ganaría por deshonrar la memoria del cura, que había muerto hace un par de años pero aún era venerado en el colegio?, en eso pensaba mientras cruzaba las puertas de la casona colonial reciclada en aulas y patios en la que había pasado gran parte de mi adolescencia. Estaba nervioso.

La reunión fue buena. Cazenave es un par de años mayor (tengo 39 años) y había sido preceptor nuestro en el secundario.

“Voy a pedir perdón en nombre del colegio”, me dijo. Así lo hizo: al día siguiente mandó una carta a todos los alumnos, ex alumnos y profesores del San Juan. Era corta y al punto. Repetía la palabra “perdón” en tres oportunidades y convocaba a una misa en el propio colegio.

Era un gesto de arrojo y valentía que, intuí, encontraría resistencias en los sectores más conservadores de la comunidad del San Juan. Con la carta y la posterior misa, Cazenave estaba exponiendo los silencios y las complicidades no sólo de sus antecesores en el cargo –incluyendo a la dirección del colegio que en 2004, cuando salió el programa de televisión, no había asumido la responsabilidad por lo ocurrido– sino, sobre todo, del padre Castagnet, el gran prócer sobre el que se monta el relato fundacional del San Juan. Y, para peor, lo hacía en respuesta a un libro que era crítico con el cura y con ciertos aspectos de la sociedad sanisidrense.

El argumento de Cazenave, que la verdad sana y nos hace libres, era potente, pero también eran poderosas las fuerzas que en un pueblo chico y conservador, como la comunidad del San Juan, se resistían al cambio.

Atónito y un poco anestesiado, contemplo la pequeña revolución que ocurre alrededor de mi colegio. Las reacciones que me llegan en conversaciones, correos electrónicos y mensajes en las redes sociales resultan, por lo general, buenas. Son muy diferentes a las del 2004, cuando una columna que escribí sobre el tema me generó agrias discusiones con gente muy cercana, incluyendo mi madre, que no entendía por qué atacaba al colegio. Igual, sé que el aliento actual proviene de una muestra sesgada: los que se comunican conmigo suelen ser amigos, familiares o conocidos que me aprecian y leyeron el libro bien predispuestos. Los otros, los enojados, hablan entre ellos y sólo me entero cuando alguien cercano me da noticias de alguna cadena de mail en la que queda involucrado.

Uno de los mensajes que sí me llegó fue una carta escrita por un ex alumno y antiguo profesor nuestro, Carlos Hoevel, que contiene descripciones poco generosas del libro y de mí –dice que es un “libelo periodístico efectista” escrito por alguien de “particulares rasgos psicológicos y por fines básicamente comerciales”– y una descripción a mi juicio inexacta de los argumentos que escribí en el libro. Pensé en contestarle, pero al final desistí, no tenía sentido.

Mi descripción del colegio y del cura que lo dirigió es muy personal ynunca pretendí instalarla como una verdad definitiva.

Escribir es un acto solitario y caprichoso, uno dialoga con seres reales, pero también imaginarios. Las consecuencias que está generando aquel trabajo artesanal tratando de poner en palabras mis ideas me exceden. Es inútil tratar de controlarlas, o hacerme cargo.

Preferí guardar fuerzas para la misa, a la que decidí ir y para que la que pedí respaldos.

Fui con Ana, una de mis hermanas, y Roy, un amigo del colegio. Entramos al salón cuando ya no quedaba alternativa y nos sentamos al fondo. De haber podido volverme invisible, lo hubiese hecho. Juanqui, uno de los hermanos Belgrano, es cura y fue quien ofició la misa del perdón.

Estaba su familia, sus compañeros de camada, la madre de Charly Gontad, Tupa y sus amigos. Fue una celebración larga e intensa. En algún punto me sentía responsable de eso que estaba ocurriendo, pero también ajeno. Las víctimas, sus familias, el colegio, la comunidad de San Isidro, todos ellos intentaban sanarse, perdonar y seguir adelante. En mi caso, decidí que era tiempo de retirarme.

Fuente: Clarín

Europa es cómplice de los traficantes de personas.


Por qué mueren los migrantes
Los países europeos son tan culpables como los traficantes de personas


Al Jazeera

Traducido para Rebelión por Germán Leyens.

En el año 2001, un amigo palestino trató de llegar a Europa.

Provisto solo de un documento de viaje para refugiados palestinos en Líbano –uno de los papeles más inútiles del montón que existe- apeló a un grupo mafioso turco de Estambul que le prometió un pasaje a Grecia a cambio de 1.000 dólares.

Así comenzó una especie de odisea en la cual enbarcaron a mi amigo en una serie de barcos abarrotados. El primero se rompió frente a la costa de Turquía, el segundo se hundió y el tercero depositó su carga humana cerca de la ciudad turca de Izmir. A los migrantes les dijeron que estaban en Grecia.

Después de varios encuentros con las fuerzas de mantenimiento del orden turcas, mi amigo volvió en autobús al Líbano, donde los palestinos están privados de derechos civiles y excluidos de una larga lista de profesiones así como de la posesión de bienes inmuebles.

Muchos migrantes, por supuesto, son todavía menos afortunados, como lo evidencia la reciente andanada de titulares sobre naufragios y pasajeros ahogados.

En octubre, por ejemplo, más de 300 personas murieron cuando su barco zozobró frente a la costa de la isla italiana de Lampedusa.



Según The New York Times, la Organización Internacional para las Migraciones ha calculado que “cerca de 25.000 personas han muerto en el Mediterráneo en los últimos 20 años, incluyendo a 1.700 el año pasado”.

Un artículo de The Guardian del 3 de octubre calificó los continuos desastres marítimos de “letanía de pérdidas en gran parte evitables”.


Una guerra contra la inmigración

El New York Times señala: “los funcionarios de la Unión Europea expresaron su tristeza por el accidente [de Lampedusa] y culparon a mafias y contrabandistas de seres humanos de explotar a gente desesperada. Llamaron a tomar medidas enérgicas contra los contrabandistas y también dijeron que Europa tiene que mejorar el diálogo con los países de donde provienen los migrantes”.

La reducción esencial del problema a la malevolencia criminal, sin embargo, ignora el hecho de que las bandas merecen solo un nivel secundario de culpa.

The Guardian deja entrever la identidad de los principales culpables en su referencia a su “denuncia sobre el barco ‘abandonado a la muerte’’ en 2011, en el que dejaron que 61 migrantes murieran lentamente en alta mar, a pesar de los llamados de socorro y de que las autoridades europeas y los barcos de la OTAN habían sido informados de la posición de la nave”.


La culpabilidad europea de la muerte de migrantes es estructural, ya que es el resultado de una demencial “guerra contra la inmigración”. Esta guerra se presenta en la web Le Monde Diplomatique en una compilación de infografías y mapas que ilustran la importancia concedida a la fortificación de las fronteras por sobre la vida humana, en particular vida humana que “huye de la guerra civil, de conflictos y de una pobreza devastadora”. (Como se señala, no se requiere fortificación contra las “billeteras gordas” de Occidente).

“Respecto a la ‘actitud de vigilancia y control adoptada por las naciones europeas y las agencias supranacionales del continente’, The Guardian cita a la investigadora de Human Rights Watch Judith Sunderland: ‘Lo que realmente no vemos es una presunción de salvar vidas; lo que recibimos en su lugar es que no se escatiman esfuerzos para cerrar las fronteras’, dijo Sunderland, quien señaló que las medidas de seguridad en cruces los fronterizos como la frontera griega-turca solo desplazan los flujos de migrantes y a menudo conduce a que haya más barcos en el mar”.

Por cierto, si la fortificación selectiva hostil de las fronteras no fuera una prioridad europea, el valor del servicio ofrecido por los traficantes de migrantes se derrumbaría, así como su capacidad de afectar negativamente la suerte de los individuos.


¿Africanización de Europa?

Es inquietante que muchos europeos se vean como las verdaderas víctimas del proceso de migración, incitados a esta percepción por la retórica xenófoba de destacados políticos.

El mal recurrente de Italia, Silvio Berlusconi, por ejemplo, se quejó una vez de que “es inaceptable que a veces haya en ciertas partes de Milán una presencia tal de no italianos que en lugar de pensar que se está en una ciudad italiana o europea se piensa que se está en una ciudad africana”.

Por si quedara alguna duda sobre su posición al respecto, el entonces Primer Ministro confirmó: “Algunos quieren una sociedad multicolor y multiétnica. No compartimos esa opinión.”

Después de que 227 migrantes, aprehendidos frente a la costa de Malta en 2009, fueran transportados de vuelta a su puerto de embarque en Libia por barcos pertenecientes al Estado italiano, Berlusconi aseguró a los observadores que “En esos barcos prácticamente no hay ninguna persona cualificada para obtener asilo”.

Parece que los regímenes post-Berlusconi no han perdido esa capacidad de análisis telepático de cualificaciones para obtener asilo. The Guardian resume una acción similar –calificable, tal vez, de defensa ofensiva– ejecutada este año: “En agosto las autoridades italianas ordenaron que dos barcos comerciales rescataran un barco migrante en alta mar y luego exigieron que los capitanes de los barcos transportaran a los migrantes de vuelta a Libia, una acción que según creen los expertos podría desalentar a capitanes comerciales de intentar rescates en general y podría violar el derecho internacional”.

Mientras tanto, como si la “africanización” parcial de Milán no fuera suficiente, se produce más “destrucción estética” en otros sitios de Europa. Marine Le Pen, presidenta del partido de extrema derecha francés Frente Nacional, ha detectado similitudes entre las plegarias callejeras musulmanas y la ocupación nazi de Francia.

Le Pen afirma que: “Ningún país del mundo… aceptaría pasar por la rápida y considerable inmigración de gente que, sin duda alguna, tiene una religión y una cultura diferentes”.

Como señalé en un artículo de opinión anterior en Al Jazeera, parece que muchos sitios del mundo árabe ya han sufrido de hecho esta situación, incluidas antiguas posesiones coloniales franceses sometidas a la invasión militar, matanzas generalizadas, tortura y expropiación de recursos. Para el ojo inexperto, semejantes fenómenos podrían parecer ligeramente más nefarios que orar en la calle o tratar de ganarse a duras penas la vida.

La condena unilateral del movimiento humano camino a Europa también olvida convenientemente el legado del colonialismo, del imperialismo y la resultante discordia y opresión económica en la determinación de modelos de migración.


Eliminando fronteras

En un ensayo de marzo de 2013 de la revista Jacobin, titulado “El caso a favor de las fronteras abiertas” J. A. Myerson discute la realidad de la globalización: “Acuerdos multinacionales de libre comercio, instituciones financieras supranacionales y corporaciones transnacionales garantizan que el capital pueda flotar entre las naciones con toda la facilidad de una mariposa monarca. La mano de obra, por otra parte, permanece bajo la jurisdicción de Estados obsesionados por las fronteras”.

Argumentando que “el énfasis en el ‘fortalecimiento de la frontera’ debería ser atemperado por un entendimiento de las decisiones políticas y económicas que han alterado las características de esa frontera”, Myerson se concentra en otra entidad global conocida por erigir a diestra y siniestra barricadas contra los migrantes: EE.UU., donde la inmigración ha aumentado considerablemente porque el NAFTA ha destruido -entre otras cosas- el sustento de más de un millón de trabajadores agrícolas en México.

Myerson razona: “Cuando el capital postnacional norteamericano creó las condiciones que hicieron que la migración masiva fuera inevitable, entró en un contrato ético con las víctimas migrantes de su plan de acumulación de la riqueza”.

Obviamente, el capital norteamericano todavía tiene que reconocer sus obligaciones éticas, mientras el aparato gobernante con el cual está entrelazado prefiere lanzar aún más capital para crear émulos de fortalezas ineficaces pero simbólicas, perfiles raciales y la criminalización selectiva de la migración.

Según Myerson, el establecimiento de “derechos humanos universales” requiere la “globalización del trabajo” y la “eliminación de las fronteras”, que simplemente transmiten derechos arbitrarios.

Entre los numerosos “problemas con la definición de derechos respecto a la nación-Estado”, señala, está el hecho de que “la mayoría de la gente considera que los derechos son más eternos que las leyes, que son solo expresiones de actitudes sociales momentáneas. ¿No diríamos que los estadounidenses negros esclavizados tenían derecho a la libertad incluso antes de la emancipación legal?”

Mientras Europa se esfuerza para determinar nuevas maneras de restringir los derechos fundamentales de los migrantes mediante el mantenimiento del orden, es útil repensar las palabras del ministro del Interior italiano Angelino Alfano, quien con ocasión de la zozobra de Lampedusa anunció que: “Europa debe darse cuenta de que no se trata de un drama italiano sino europeo… Lampedusa debe convertirse en la frontera de Europa, no de Italia”.

Aún mejor sería dejar de limitar el discurso a semejantes fronteras y darse cuenta de que no es un drama europeo sino humano.


Belén Fernández es autora de The Imperial Messenger: Thomas Friedman at Work, publicado por Verso en 2011. Pertenece al consejo editorial de Jacobin Magazine y sus artículos se han publicado en London Review of Books blog, Salon, The Baffler, Al Akhbar en inglés y muchas otras publicaciones. Twitter: @MariaBelen_Fdez

Fuente: Apia Virtual