sábado, 8 de abril de 2017

A propósito de la celebración cristiana de la Semana Santa.



Parroquia de Granja Suárez (Málaga)

La Semana Santa que estos días anuncian los carteles es una jornada de representaciones, es decir, algo que pertenece al género teatral, y se da en medio de una celebración popular. «Representar» la Pasión de Jesús ha sido y sigue siendo objeto de manifestaciones artísticas, como son: la pintura, la escultura, la poesía, el teatro o el cine; pero a una representación, lo único que puede exigírsele es que posea calidad y dignidad. La calidad le convierte en obra de arte; la dignidad hace que los sentimientos de los creyentes no se sientan dañados, derecho fundamental que puede exigir cualquier ciudadano.

Aunque una representación tenga un tema religioso, como en este caso, nunca es un acto de culto. Incluso puede estar, y lo está con frecuencia, en contradicción con los verdaderos sentimientos religiosos. Vamos a concretar haciéndonos unas cuantas reflexiones: se anuncian la Semana Santa de Málaga, de Sevilla, de Murcia… como algo que mueve a mucha gente a viajar competitivamente a tales sitios.

Ante este hecho, nos hacemos una pregunta inevitable: ¿Quiénes la anuncian? Sobre todo las entidades promotoras del turismo, los ayuntamientos, las entidades bancarias, las firmas comerciales. Incluso con más interés que las mismas cofradías, que ya es decir.
¿Son éstos grupos tan cristianos que tienen un verdadero interés por lo que la Pasión de Cristo significa? Tenemos que responder que no, claro esta. ¿De dónde les viene entonces el interés? Todos lo sabemos: del negocio que para todos estos grupos significa.
¿Y quién da colorido a las procesiones de muchas ciudades? Unos factores totalmente ajenos al espíritu de Jesús: los grupos militares en desfile, la riqueza de los tronos, la presencia de autoridades, los artistas que se lucirán con una buena saeta… Es decir, el poder, la fuerza y el dinero, la fama, la manifestación, por tanto de todo lo que esta en otra onda que el Evangelio, encarnación muchas veces de cuanto condenó a Jesús.

Sin embargo, no es menos cierto que muchos van a convertir estas representaciones en actos de culto. Y de nuevo nos preguntamos: Si tenemos que saber distinguir entre representación y acto de culto, ¿cuánto más si esas representaciones, por los aditamentos que hemos mencionado, son carnavalescas?
Un sentimiento religioso vago y unas emociones van ligadas a estos actos callejeros; pero las emociones y sentimientos que con las procesiones se provocan son muy parecidos a los que se desatan bajo el efecto de muchos de esos dramas sentimentales que abundan en las novelas por entregas de la televisión y de no pocas películas.

Los sentimientos provocados en los espectadores son muy variados, desde las emociones irracionales que provocan las procesiones de los dioses en el paganismo hasta la simple curiosidad del turista, pasando por esas convocatorias a la congoja o el llanto, propias de los melodramas; el fervor que incita a rezar o a hacer promesas para lograr salir de una desgracia familiar; la satisfacción de ver que la propia cofradía está a la altura que debe y la necesidad de defenderla con el mismo fanatismo que un equipo de fútbol. Un exponente de lo que estamos comentando: en muchos bares y peluquerías de caballeros es frecuente esta decoración: Unas fotos del Cristo y la Virgen de su cofradía, otra del Real Madrid o del Barcelona y otra u otras de chicas desnudas o en topless.

Nadie es más bueno por llorar ante los melodramas de la televisión. Los buenos sentimientos se demuestran en la vida. Incluso hay otro tipo de emociones provocadas por las procesiones que andan muy cerca del fanatismo y la idolatría.
Estaríamos en un error si afirmásemos que este culto tiene algo que ver con el que Jesús proclama como culto auténtico a Dios. Los cristianos damos culto a Dios en todo cuanto hacemos en la vida, porque nuestra fe nos enfoca a hacer una sociedad más humana y fraterna, sin opresores ni oprimidos. Y lo que constituye el por qué de nuestras vidas lo celebramos cada domingo en nuestras sencillas reuniones, en la Eucaristía. Concretamente, en la Semana Santa, consideramos qué significan para nuestra vida presente los misterios de Cristo que ponemos ante nuestros ojos.

Ciertamente, una buena representación puede llegar a ser una buena catequesis. Pero en nuestras semanas santas se ha llegado a unos extremos difícilmente aceptables desde un cristiano con un mínimo de coherencia y sensibilidad, y esto por las siguientes razones:
+ Se exalta, por un lado, el heroísmo que se demuestra con el dolor y, por otro, los sentimientos de lástima y de culpa.
+ Se fomenta la competitividad en el lujo y riqueza de tronos, mantos, baldaquinos, candelabros, joyas, etc.
+ Se establece una especie de comercio de lástimas: intercambio mi lástima hacia Jesús o María sufrientes por la lástima de ellos hacia mis problemas personales o familiares.
+ Se hace consistir la manifestación de la fe, no en incidir en la sociedad para hacer un mundo más humano, sino en tomar la vía pública para pasear un folklore de primavera.

+ Se aíslan estos sentimientos del resto de la vida. Una vez que han pasado, no han transformado a la persona en alguien que dio un paso más hacia la construcción del hombre nuevo.
+ Multitud de imágenes procesionales están colocadas por toda la iglesia, con lo que, no sólo se convierte el recinto en un signo de sentimientos lúgubres para el que la visita, sino que la Semana Santa procesionera queda indisolublemente maridada con la Iglesia oficial.

+ Se escandaliza, tanto a no creyentes de fina sensibilidad, cerrándoles el camino a lo cristiano, como a los niños, que crecen viéndolo como una importante manifestación cristiana, ya que, por los signos externos, piensan que consiste en esto.
+ Sirve para que algunos miembros del clero llegue a creerse que es un camino válido para evangelizar y ofrece «retiros espirituales» y la oportunidad de que dediquen un dinero a «obras de caridad» a personas que con esto van a pretender justificar todo lo demás. No olvidemos que las cofradías del paganismo romano tenían obras benéficas entre sus cometidos, y no por eso buscaban una sociedad más justa.

Por éstos y por otros motivos (no nombramos los más espurios, como los desfiles militares), la Semana Santa callejera no es cristiana, y debía divorciarse de la Iglesia, llevándose sus imágenes a lugares más adecuados. Esto se está realizando ya en parte, pero, no sabemos si a causa del clero, de los cofrades o de ambos a la vez, muchos de esos espacios propiedad de la cofradía son o contienen una capilla, donde incluso se celebra misa; es más, algunos tienen hasta sagrario… cuando, en realidad, lo más que se podría pedir es que fuese un poco más respetuosa con lo que representa por las calles.
Hoy existen otras procesiones en las que se pide el cambio del hombre: son las manifestaciones por la paz, por la defensa de la naturaleza, por el respeto y la acogida a los emigrantes, por el cese de los abusos contra la mujer, etc. Como la calle es de todos, creyentes o no, no se acude en ellas a Dios, aunque Dios acude a ellas. En ellas se mezcla a veces la lucha de ideologías políticas, pero los creyentes que nos sentimos a gusto en esas procesiones sabemos que, si esperamos una actuación absolutamente limpia, nunca haremos nada.

Tenemos ante nuestros ojos las imágenes terribles de nuevas guerras, que han sido apellidadas preventivas. Alguien ha definido acertadísimamente la guerra preventiva de esta manera: hacer la guerra para posibilitar la paz es como violar para posibilitar la virginidad. A medida que ha ido subiendo el clima de las guerras hemos visto utilizar armas más peligrosas (y de las prohibidas) a los atacantes que a los atacados. Los países más peligrosos tienen el poder de la decisión. Es como poner al lobo guardando ovejitas. Un cristiano se tendría que sentir más extraño que nadie y más apátrida que nunca, en países que se alinean entre los señores de la guerra.
No es extraño que los sentimientos de muchos sean éstos: es una pena que revienten las pobres bombas que tanto dinero costaron; pero, sin han de reventar, es una pena que lo hagan tan lejos de sus hogares, que es donde le gusta morir a todo el mundo. Todos estos sentimientos sin odio, con deseo de cambio, no de venganza, son hambre y sed de justicia. No coinciden con los de los poderosos, como tampoco coincidieron los de Jesús, que recibió su sentencia de muerte por su hambre y sed de justicia.

El Domingo de Ramos, el Jueves Santo, el Viernes Santo y la noche de Pascua pueden ser días magníficos para profundizar en nuestra fe como entrega y celebrarla. Durante estos días, recordamos los últimos acontecimientos de la vida de Jesús: la manifestación que se organizó al entrar en Jerusalén, que concluyó con una terrible provocación a las autoridades religiosas, la destrucción simbólica del tinglado del templo; la última cena, donde Jesús tomó el pan y el vino como signos de su entrega personal y así instituyó la Eucaristía, que nos mandó seguir celebrando en su memoria; su arresto, tortura y condena a muerte de cruz, y su victoria de la muerte con el poder de Dios.

Los evangelios explican suficientemente lo que aconteció para que tuviesen lugar los sucesos del viernes santo, pero son muy discretos en contar esos sucesos, no como la película de Mel Gibson, esa especie pornografía del dolor, en la que no se explica bien por qué sucedió todo, pero se recrea con abundante morbo en las escenas más sangrientas.
Cada una de las escenas de la tortura que sufrió Jesús se sólo debe ponerse ante nuestros ojos para recordarnos cómo ha de ser nuestra actitud ante la vida, no para quedarnos paralizados, mirando qué le pasó a él. San Pablo nos dice que completemos en nosotros mismos lo que faltaba a la Pasión del Señor, porque el Mesías, no es un individuo solo, sino un Cuerpo, del que Jesús es la cabeza y todos nosotros, los miembros.

Vamos a intentar celebrar estos días sin bombo y platillo, sin trompe­tas y tambores, sino comunitariamente, es decir, familiarmente, en nuestra pequeña comunidad. Estamos demasiado lejos de un mundo humano. Es verdad que nosotros y los que nos rodean vivimos con más dinero y, por tanto, con más cosas que antes; pero estamos en el primer mundo, aunque se trate de la cola del primer mundo y tendríamos que preguntarnos si nuestra abundancia y nuestro desarrollo serían posibles sin desvalijar al tercer mundo de una manera vergonzosa y brutal. Siguen sufriendo, por tanto, los inocentes, que son la mayor parte de la Humanidad, a causa de la explotación de los más despabilados. No, no estamos en un mundo mejor.

Un tiempo atrás se soñó con un mundo más justo; pero se cometió la injusticia de pretender imponer violentamente la justicia. Todo eso ha fracasado y ha sido tan malo el ejemplo que las palabras socialismo o comunismo han quedado soberanamente desprestigiadas. La sociedad está como cansada y sin ideales, y el mal que hacemos entre todos cuando no nos oponemos firmemente al sistema que lo produce revienta en nuestra misma sociedad: ahí están el paro, la delincuencia, la droga, la represión, la guerra, el botellón, la cárcel, el racismo, el mundo de los marginados, la prostitución, el terrorismo de las bombas, el terrorismo del dinero…

Jesús no ha venido a dar la receta de cómo se arreglan estas cosas, sino a crear un ámbito que no viva de estas realidades de pecado, que se oponga a ellas, que sea una provocación contra este mundo injusto y una invitación a construir una casa familiar para todos, ya que somos hijos del mismo Padre Dios. Jesús se tomó tan en serio esta tarea que por esta causa tuvo que sufrir tortura y una muerte vergonzosa. Sin embargo, ésta era la causa de Dios, como lo es la de cuantos le sigan. Por eso la Resurrección. ¿Cómo va a abandonar Dios a la muerte de un modo definitivo a lo único noble y justo que crece entre nosotros? Y esto es lo que celebramos en la Semana Santa.

Precisamente porque no intentó imponer nada de esto, sino mostrarlo con su vida, su proclamación se hace visible de un modo especial en su ajusticiamiento en la cruz; es decir, todo él fue proclamación con todas las consecuencias del hombre nuevo. Expresiones como: «Pagó con su muerte nuestro rescate», «canceló nuestra deuda con su sangre», «Con sus heridas él nos ha salvado»… son perfectamente válidas, pero son metáforas, es decir, imágenes poéticas que se emplean a falta de un lenguaje más preciso. Todas ellas hacen hincapié en la generosidad de Jesús y en el amor que Dios nos tiene; sin embargo, tomarlas al pie de la letra anulan la parte que cada uno tenemos en la salvación y, en rigor, nos harían ver un dios sádico, que de ninguna manera existe.

Jesús es el primer hombre de la nueva humanidad. Todo los que nos proponemos seguirle, que eso es creer en él, hemos de completar en nosotros su obra. Como dice Pablo: «Somos el cuerpo de Cristo. Hemos de completar en nuestros miembros lo que falta a su pasión.» Con una entrega tan completa, que no se paró ni ante la muerte, rompió el cerco del hombre viejo, el que pone su racionalidad al servicio de sus instintos animales, abandonados a sí mismos. Algo que debemos hacer cada uno, movidos por el espíritu que él nos comunica.
La cruz con la tablilla de su «delito» colocada en lugar visible, nos sirve todavía de cartel anunciador de un nuevo modo de mesianismo: el mesianismo comunitario de la misericordia y la fidelidad de Dios. Todos los que formamos el Cuerpo del Mesías, cuya cabeza es Jesús de Nazaret, estamos destinados a completar en nosotros lo que faltaba a la pasión de Jesucristo. Y Jesucristo completa en nosotros lo que falta a nuestra vida: la vida eterna que nos infunde su Espíritu, vida que ya tenemos y que atraviesa la muerte.
Ya que la pasión de Jesucristo es el coronamiento de la entrega de toda su vida, lo que nosotros podemos aportar es nuestra entrega, porque la persecución y el sufrimiento y muerte le vinieron a Jesús por sus propios pies, no por buscados.
Nos cuenta el evangelio de Juan que los capitostes de los dos partidos dominantes del pueblo judío hicieron un complot para quitarlo de en medio

Decían:
-Este hombre hace muchos milagros; si dejamos que siga adelante, todos van a creer en é1 y vendrán los romanos, y acabarán con nosotros.
Comprendemos que, si los milagros a que aquí se refiere fueran simples curaciones de ciegos, cojos o leprosos, no es lógico que por esa razón el imperio romano viniera a desbaratar la nación judía. ¿Que les podía interesar tener una colonia de sanos o de enfermos? Tendrían entonces que perseguir también a los médicos…
No. Jesús abría los ojos a la realidad, devolvía la dignidad a un pueblo leproso, invitaba a que no se quedasen quietos como un pueblo de paralíticos, estaba dando vida a los que estaban muertos, es decir: los pobres estaban recibiendo la mejor noticia de su vida. Y esto no lo quieren nunca los dictadores, de cualquier tipo: políticos, religiosos…

Y no es que Jesús predicase o practicase la violencia. Todo lo contrario: Jesús enseñó siempre a devolver el bien por el mal, a amar a los enemigos, a pedir por los que nos hacen daño; pero a obedecer a Dios antes que a los hombres y a no tener a nadie por Señor, más que a Dios. Esto era algo que tenía muy claro su pueblo en teoría: es el primer mandamiento; pero en la práctica las autoridades se creían los representantes auténticos de Dios, los que hacían el papel de Dios en la tierra no aguantaban que nadie pusiera en duda sus decisiones, a las que les otorgaban un rango divino. Esto es lo que llevó a Jesús a ser perseguido, a tener que vivir en la clandestinidad, como sigue contando Juan a renglón seguido: por eso Jesús ya no andaba en público por Judea; se retiró a Efraín, en la región cercana al Desierto, y se quedó allí con sus discípulos. Eso no significa que se retirara de su compromiso con el pueblo; simplemente, no pretendía a dar a sus enemigos el gustazo de que le detuvieran por las buenas. El siguió siendo coherente, y, cuando pudieron echarle mano, no opuso resistencia ante lo inevitable. Bien sabía él que tenía que llegar esa hora.

viernes, 7 de abril de 2017

Organizaciones de todo el planeta celebran el Día Global contra los Paraísos Fiscales.



Yago Álvarez

(El Salmón Contracorriente, attacmadrid,29-3-2017)

El 3 de abril de 2016, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ por sus siglas en inglés), publicaba de manera simultánea en 109 medios de 76 países los “Panama Papers”. Está filtración revelaba la identidad de miles de personas que utilizaban la firma panameña de abogados Mossack Fonseca para crear empresas pantallas y complicados circuitos financieros entre los paraísos fiscales para evadir impuestos. Un año más tarde, organizaciones de todo el mundo preparan el Día Global contra los Paraísos Fiscales.

Los cimientos del gran entramado mundial de la ingeniería fiscal y de la industria de la evasión de impuestos se tambalearon cuando la ICIJ publicaba la noticia de poseer 2,6 terabytes de información filtrada por una fuente anónima sobre los clientes de un despacho de abogados con sede central en Panamá. Durante las semanas siguientes dichos medios y periodistas, entre los que se encontraba “El Confidencia”l y la periodista Mar Cabra, publicaron las caras conocidas de dicha filtración y la información referente al entramado fiscal y financiero de empresas pantallas en paraísos fiscales.

En España las consecuencias fueron inmediatas. La más sonada de todas fue la dimisión del ministro en funciones de Industria, Energía y Turismo José Manuel Soria, al destaparse mediante estas filtraciones que él y varios de sus familiares poseían un entramado de empresas en paraísos fiscales.

Un año más tarde son muchas las consecuencias que han traído los papeles de Panamá, pero los paraísos fiscales siguen funcionando mejor incluso que hace un año. Por todo ello, cientos de organizaciones de todo el planeta han promovido la “Semana Global contra los Paraísos Fiscales” del 1 al 7 de abril. “Se decidió el 3 de abril, aniversario de los Papeles de Panamá porque es el momento en que las vergüenzas y miserias que suponen los paraísos fiscales se pusieron en evidencia frente a la sociedad”, explica Cuca Hernández de ATTAC, una de las organizaciones que han promovido el evento.

Durante estos días se han celebrado acciones, debates y movilizaciones por todo el globo con la intención de denunciar la impunidad con la que funcionan estos países y las consecuencias que tienen para el resto de países, los cuales dejan de ingresar millones de euros por la evasión fiscal que hacen las grandes fortunas y las multinacionales gracias al secreto bancario, las empresas pantalla y los acuerdos bilaterales y secretos que ofrecen países como Suiza, Panamá, Luxemburgo o las Islas Caimán. “Los paraísos fiscales son una parte fundamental y necesaria del capitalismo financiero actual, parte de la arquitectura de la impunidad que permite a las multinacionales, grandes fortunas y entidades financieras ocultar ingreso y beneficios, defraudando y eludiendo sus correspondientes obligaciones fiscales. Su desaparición permitiría una mejor distribución de la riqueza y una justa aplicación de los derechos humanos”, sentencia Hernández.

En España se han realizado varios actos durante la semana para visibilizar la lucha contra los paraísos fiscales y para exigir al Gobierno y a las autoridades que se adopten medidas para la lucha contra la evasión fiscal como que “sea ilegal toda actividad económica en los estados de la Unión Europea de las empresas radicadas en paraísos fiscales, filiales, delegaciones y empresas-pantalla” o mediante sanciones “a los países o territorios que mantengan el secreto bancario y la opacidad financiera de transacciones”, tal y como reza el manifiesto que han publicado la plataforma organizadora de la semana en España.

Los eventos han comenzado el viernes 31 con una presentación en el Congreso de los Diputados a la que han asistido personalidades como el informático francoitaliano que entregó a la justicia un listado de clientes del HSBC de Suiza, Hervé Falciani, el eurodiputado por Podemos Miguel Urbán y ha contado con una conexión en directo con el fundador de Wikileaks Julian Assange. El sábado día 2, en el espacio Ecooo de Lavapies, se han celebrado unas jornadas tituladas “Contra la trama de los paraísos fiscales” sobre fraude fiscal, paraísos fiscales y empresas offshore.

El lunes día 3, la Plataforma Justicia Fiscal ha realizado unas jornadas de debate en el Congreso de los diputados que contó con la presencia del Diputado de Unidos Podemos, Alberto Garzón, junto a representantes de la Plataforma como Juan Gimeno de Economistas Sin Fronteras, Susana Ruíz, de Oxfam Intermon o la periodista del ICIJ Mar Cabra.

La semana ha concluído con diversas concentraciones por todo el Estado a las 19 horas del mismo día 3 para mostrar la repulsa por parte de la sociedad civil hacía los paraísos fiscales y exigir que se actúe frente a ellos. En Madrid, en la céntrica plaza de Callao. En Barcelona, en la plaza Sant Jaume. En Las Palmas de Gran Canaria en la plaza Saulo Turón. En la calle Colón de Valencia y en la plaza del Arenal en la localidad gaditana de Jerez de la Frontera.

Fuente: Servindi
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jueves, 6 de abril de 2017

Monseñor Romero: piedra de tropiezo.


No se puede conmemorar con verdad el martirio de monseñor Romero cuando el pueblo salvadoreño, su pueblo, es dispersado por el hambre, la extorsión y el asesinato. Tampoco se puede desear con verdad su canonización cuando se mata para imponer el orden que, en realidad, es un desorden, disfrazado de legalidad, que no solo expolia a los más débiles, sino que, además, los obliga a recurrir a la violencia para sobrevivir. Porque a monseñor Romero le dolía su pueblo, profanan la memoria del mártir quienes declaran soberbiamente que el asesinato de pandilleros y de supuestos pandilleros no debe llorarse. Profanan la memoria del mártir quienes pretenden resolver los graves problemas sociales del país con la violencia, porque él siempre propuso el diálogo y el entendimiento. Es hipocresía solicitar al papa Francisco la canonización del beato e invitarlo a El Salvador cuando se pretende resolver el conflicto social con el uso de la fuerza y no con el diálogo; cuando en lugar de humanizar la sociedad, la deshumanizan; cuando no se ocupan del pueblo salvadoreño, el mismo pueblo del que monseñor Romero dijo que no costaba ser pastor.

Pastor no es solo el obispo. Los gobernantes y los políticos, en cierto sentido, también están llamados a ser pastores. Pero son malos pastores, porque no cuidan del pueblo que dirigen. No le procuran alimento ni seguridad, sino que lo esquilman y lo abandonan a su suerte. Ellos engordan, mientras el pueblo languidece. Ellos protegen su salud con seguros privados, mientras la gente muere de enfermedad y abandono. Ellos viajan por el mundo en primera clase para asistir a importantes reuniones, mientras al pueblo lo mantienen en la ignorancia. Ellos aplauden con entusiasmo las remesas, pero no se ocupan de los que regresan deportados y humillados. Y cuando el pueblo se vuelve un estorbo, lo acosan, lo persiguen y lo matan con la buena conciencia del deber cumplido.

Conmemorar a un mártir como monseñor Romero exige conversión, es decir, vencer el deseo aparentemente irresistible de acumular dinero y juntar propiedades, de imponer la propia voluntad mediante el uso de la fuerza, de vengar las ofensas recibidas, de destruir al adversario, de abusar de los débiles, de aprovecharse de los desprevenidos. Esta dimensión negativa de la conversión es inseparable de otra positiva. La renuncia a esos aparentes bienes es seguida de la vuelta a los demás, en particular, a los vulnerables, los abandonados y los pobres. En la medida en que el converso se vuelve hacia ellos, encuentra al Dios de Jesús. Un mártir de la injusticia, de la intolerancia y de la violencia como monseñor Romero no puede ser conmemorado sin conversión.

El problema es que muchos piensan que no la necesitan, porque dicen caminar en la legalidad, atenidos a las reglas del juego. Cumplen los preceptos civiles y religiosos. Pero a su paso siembran inhumanidad al mismo tiempo que ellos mismos se deshumanizan, dominados por oscuras pasiones destructivas. Estos tales confunden la legalidad con la miseria humana, la propia y la que crean a su alrededor. Las víctimas de la injusticia y la violencia también necesitan de conversión para desterrar el resentimiento y el deseo de venganza, una reacción hasta cierto punto comprensible, pero contraria al precepto evangélico de amar al enemigo. No es la violencia la que vence al mal, sino la bondad y la misericordia. Aceptar esta realidad exige una dolorosa conversión.

La conmemoración de monseñor Romero en el actual contexto de horror, disfrazado de justicia, muy similar al experimentado en sus días, es un nuevo llamado a la conversión. En cualquier caso, aquellos que se obstinan en caminar en las tinieblas debieran abstenerse de pedir su canonización y de invitar al papa Francisco a visitar el país. Y el cuadro que preside el salón principal de Casa Presidencial debiera ser descolgado, porque quienes se reúnen bajo su mirada sonriente no han acogido sus enseñanzas. Viven del poder y para el poder, todo lo contrario a monseñor Romero, que puso su poder arzobispal y el poder institucional de la Iglesia al servicio del pueblo salvadoreño. Monseñor Romero es un ejemplo de cómo poner el poder al servicio de las mayorías pobres de El Salvador.

La fidelidad al evangelio del reino de Dios y su justicia ha hecho de Monseñor Romero una piedra de tropiezo para quienes se niegan a convertirse. El mártir pone en evidencia la hipocresía de quienes lo celebran sin aceptar su palabra profética. Solo quienes aspiran a que se haga verdad sobre el pasado de violaciones a los derechos humanos y justicia, donde predomina la mentira y el despojo, celebran con verdad a monseñor Romero. Ellos recogen su palabra profética y sueñan con una sociedad igualitaria, solidaria y fraterna. Ese era su sueño y por eso lo mataron. Pero no ha muerto, tal como quisieron sus asesinos, sino que vive en lo mejor de su pueblo.

Fuente: uca.edu.sv

martes, 4 de abril de 2017

"Nuestra economía mata, porque está fundada en el robo con guante blanco, en la mentira bien vestida"


José I. González Faus, sj 

"Lo más negativo de nuestra política es la hipocresía de la derecha y el simplismo de la izquierda"

Si el prestamista gana sólo por prestar, eso es claramente usura. La filosofía griega, el islam y el primer cristianismo son muy duros con la usura. Aristóteles la compara al proxenetismo

Etimológicamente, el interés designa algo que está entre la realidad y yo (inter-esse): así me vincula y me pone en relación con las cosas. Pero la palabra degenera cuando su significado principal pasa a ser el de "beneficio económico": de modo que lo único que me pone en contacto con la realidad es la posibilidad de lucro.


Eso explica por qué Francisco sostiene que nuestra economía "mata". He leído artículos que, queriendo defender la enseñanza social de este papa, parecen tropezar cuando afrontan esa frase tan dura: quizá Francisco sólo quería decir que mata cuando la gestionamos mal, etc.


Pues no: nuestra economía mata porque está fundada en el robo con guante blanco, en la mentira bien vestida, en la explotación y en la falta de respeto.


Veamos:


1. Fundamental en nuestro sistema es el crédito y el interés. Pero éste último se ha convertido hoy en usura pura y dura: de ser compensación razonable por una pérdida o un riesgo, ha pasado a ser un lucro gratuito. Si el prestamista gana sólo por prestar, eso es claramente usura. La filosofía griega, el islam y el primer cristianismo son muy duros con la usura. Aristóteles la compara al proxenetismo: aprovechar la necesidad del otro para el enriquecimiento propio. Y escribe que es "la más aborrecible de todas las formas de obtener dinero, porque en ella la ganancia procede del dinero mismo y no de los objetos naturales". Si hoy eso nos parece anormal, debe ser por aquello de que "nuestro mundo ha perdido el sentido del pecado". Pero aplicando esa frase donde debe ser aplicada...


2. Ese atraco del interés se apoya además, como ya sugería Aristóteles, en la mentira de que el dinero es fecundo por sí mismo. Pero el dinero sólo puede ser oportunidad, nunca causa de riqueza. Su presunta fecundidad se apoya además en otra ficción: el dinero que me presta el Banco no es tal: el Banco me da un dinero que no tiene (pues en cada momento los Bancos están prestando mucho más dinero del que tienen y es falsa la idea de que el Banco presta con los depósitos de los ciudadanos). El Banco lo que hace es darme una especie de aval o de ficción, poniendo en mi cuenta unas cifras con las que yo podré empezar a invertir. Y por ese dinero que no me ha dado, el Banco me cobrará unos intereses grandes mientras que, por el dinero que yo le he depositado, me dará un interés mínimo, ridículo (que luego además recupera en comisiones por sacar de un cajero etc.)


Buen ejemplo lingüístico: en griego, tiktô significa engendrar, de ahí viene vg. tokós (padre, engendrador); y en griego moderno el interés se llama toketós (= engendrado). El dinero queda así, como una especie de semilla: un germen vital que, con sólo caer en buena tierra, ya fructifica.


3.- Esa fábula del dinero, falso y fecundo a la vez, tiene que acabar fallando, sea porque a uno no le salen los negocios o porque lo dilapida. Así se producen las crisis que por eso, según Piketty y otros economistas, son intrínsecas a nuestro mercado y más cuanto más perfecto mercado sea. En las crisis, la reacción lógica es ir a sacar el dinero de los Bancos, pero resulta que éstos ya no lo tienen. Con lo que el estado habrá de sostenerlos (¡con dinero de los ciudadanos!) para evitar que se pierdan los depósitos de la gente. Así se acuñó la más criminal de las defensas: el "too big to fail" ("demasiado grande para dejarlo caer"). Como si dijera: no podemos tocar a los Bancos porque tienen armamento atómico...


Y claro: si el Banco siempre está seguro y el ciudadano nunca lo está, esa es una economía que mata. Si, cuando se derrumba esa fábula del dinero fecundo por sí mismo, lo pagan los otros, no el Banco que se aprovechaba de ella, entonces esa economía tiene que matar como el arsénico, por más que nos digan que es "arsénico por compasión".


4.- Finalmente, en una sociedad donde todo es mercantil y donde cada cual aspira a tragarse al otro buscando el máximo interés, la única manera de crear empleo es no pagarlo, o darle una calderilla de hambre. Marx todavía hablaba de pagar "lo justo para que pueda reponer su fuerza de trabajo"; hoy ni eso: porque si no repone sus fuerzas siempre hay una multitud esperando poder ocupar su puesto. ¿Cómo no va a matar esa economía?


Ya hace tiempo fue acuñada la expresión "capitalismo de casino". Quiere decir que nuestro sistema económico es como uno de esos juegos de cartas donde uno puede apostar fuerte con poco juego; pero asusta a los demás y, a lo mejor, gana. La única diferencia con los casinos reales es que, cuando en nuestro capitalismo falla la treta y el jugador pierde la partida, no pierde él el dinero que apostó: ese dinero lo perderá el croupier, o el repartidor por las cartas que dio, o el portero por haberle dejado entrar...


Ladrona, mentirosa, explotadora e impune. Y gracias a eso eficaz. Dígame Ud si esa economía no ha de matar. Por eso creo que lo más negativo de nuestra política es la hipocresía de la derecha y el simplismo de la izquierda. Pero éste queda para otro día.


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sábado, 1 de abril de 2017

Mujeres: Su rol en la soberanía y seguridad alimentarias, desde los saberes y la identidad cultural.


La investigación de la organización CARE, realizada junto con el equipo investigativo del Instituto de Estudios Ecuatorianos, tiene como propósito analizar el rol de las mujeres campesinas indígenas, afroecuatorianas y mestizas, en la defensa de la seguridad y soberanía alimentarias. Se trata de una investigación que explora las condiciones sociales y productivas de mujeres campesinas en cinco cantones de la zona norte del Ecuador, para identificar las oportunidades y limitaciones que enfrentan estos grupos de mujeres en la presente coyuntura política económica, marcada por las reformas constitucionales que incluyeron a la soberanía alimentaria como principio y derecho.

Resulta determinante comprender el contexto en el que se enmarca la investigación, el cual tiene que ver con la implementación de una política pública que corresponde a un modelo de desarrollo que consolida la matriz primaria exportadora instaurada desde la época neoliberal. Esto se materializa en la intensificación agrícola, por parte del MAGAP –entidad responsable de la agricultura, la ganadería y la pesca ante el pueblo ecuatoriano– basada en la expansión de monocultivo, en las intervenciones homogéneas y verticales en contextos locales distintos, en la deificación de la tecnología agraria, y en la despolitización de la planificación y la toma de decisiones. Tomar en consideración este contexto, que también está marcado por una estructura histórica de desigualdad socioeconómica y étnica, entre territorios y espacios rurales-urbanos, permite comprender la razón por la cual las contribuciones potenciales de las mujeres rurales suelen verse limitadas.

En esta investigación se evidencia la inviabilidad del modelo de desarrollo del Estado pues, por un lado, prioriza criterios de productividad a través de entrega paquetes productivos, capacitación y tecnología, requisitos de crédito excluyentes; mientras que, por otro lado, se propone garantizar la soberanía alimentaria para que las personas, comunidades, pueblos y nacionalidades alcancen la autosuficiencia de alimentos sanos y culturalmente apropiados de forma permanente (Art. 281). La coexistencia de estos modelos antagónicos es palpable en los estudios de caso. El agronegocio potenciado desde el Estado convive con iniciativas de soberanía alimentaria promovidas por las organizaciones de las mujeres rurales. Se trata de una convivencia que lejos de llevarse a cabo desde la complementariedad, se desarrolla desde la subordinación de la una hacia la otra; y desde la resistencia de la una frente a la otra.

En términos concretos, los estudios de casos dan cuenta de que la economía familiar campesina ha optado por la pluriactividad como un método de subsistencia ante la falta de rentabilidad del trabajo campesino, provocada por la estructura histórica de desigualdad que mencionamos, la cual termina consolidando la división sexual del trabajo que, a su vez, configura el escenario de un campo feminizado y envejecido. La mujer asume la carga reproductiva y productiva; mientras que, el hombre campesino, en su búsqueda por mejorar el sustento familiar, se convierte en proletario del campo ajeno, de la construcción, o de cualquier otro trabajo que le represente una fuente de ingresos.

Esto sucede al mismo tiempo que aumentan los índices de migración a las ciudades de las poblaciones juveniles que van en busca de oportunidades de estudio y de trabajo desvinculados con las prácticas campesinas.

Cada uno de los estudios de caso describe las iniciativas que las organizaciones de las mujeres rurales construyen en favor de la soberanía y la seguridad alimentarias. Algunas de las prácticas que encontramos tienen que ver con intercambio de semillas y productos, ferias de comercialización, producción diversificada, restitución de prácticas culturales en la dinámica productiva y en los sistemas de producción, creación de artesanías locales, fomento de autonomía económica, fortalecimiento organizativo desde el bienestar colectivo.

Sin embargo, a la par de estas iniciativas, la investigación vislumbra expresiones de una realidad paralela basada en un modelo de desarrollo moderno primario exportador que afecta, de manera más o menos visible, la viabilidad de las iniciativas consolidadas por las mujeres: en Pedro Moncayo está presente el agronegocio de florícolas, avícolas y ganado; en Cotacachi está presente el agronegocio de florícolas, café y uvilla, a la vez que la estimulación de producción de cebada por parte de la Cervecería Nacional a partir la agricultura bajo contrato; en Putumayo está presente el agronegocio de café, cacao, palma africana y banano, a la vez que están presentes actividades extractivas de petróleo y de basalto; en San Lorenzo está presente el agronegocio de palma africana, plátano, café, cacao y banano; en Mira está presente el agronegocio de tomate riñón, fréjol y caña de azúcar.

Al retomar la voz de las mujeres rurales entrevistadas, nos encontramos con preocupaciones en varios ámbitos. En el plano de lo productivo, mencionan que la agroecología no siempre resulta rentable por lo que hay quienes todavía dependen de productos químicos, reconocen que se requiere apoyo en el trabajo en el campo y apoyo institucional para el fomento de la producción agroecológica, comentan que padecen el limitado acceso al agua y a la tierra, señalan la falta de condiciones para la reproducción de semillas de algunas especies genera dependencia institucional. En el plano de lo económico, perciben que la competencia con el mercado convencional es avasalladora, y padecen la desvaloración de la calidad de productos por parte de las personas consumidoras. En el plano de lo cultural, reconocen que la asimilación de valores occidentales fomenta el desarraigo cultural que se materializa en la pérdida de identidad gastronómica, la pérdida de idiomas ancestrales, la migración de las juventudes en búsqueda de trabajo y estudios fuera del campo, la pérdida de lo colectivo en la individualización de la propiedad de la tierra.

Esta realidad compleja nos permite comprender que la coexistencia antagónica entre estos dos modelos agrarios, lejos de proveer un espacio político, económico y cultural en el que ambos modelos convivan de manera paralela y equitativa, termina socavando una en detrimento de la otra. Así, dentro del vasto ámbito de las capacidades sociales humanas y los múltiples modos en que la vida social podría ser vivida, las actividades del Estado, de manera más o menos coercitiva, “alientan” algunas mientras suprimen, marginan, corroen o socavan otras (Corrigan y Sayer, 2007: 45).

Pese a estas circunstancias, pese a las adversidades plasmadas por una estructura histórica de poder de injusticia y desigualdad, pese a un Estado legitimador de un modelo de desarrollo ilegítimo para las diversidades rurales, pese a la institucionalización de una soberanía alimentaria teórica, discursiva y manipulada, la investigación nos ofrece un destello de luz para demostrar que la soberanía y la seguridad alimentarias se pueden construir desde lo colectivo y desde las raíces de identidades culturales mil veces violentadas, pero mil veces resucitadas. Habrá que ir detrás de estas luces en las páginas del libro, y aceptar la invitación que las autoras nos hacen de profundizar aún más en la búsqueda de rastros de autonomía, soberanía y esperanza.


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IEE / Reseña realizada por Stephanie Andrade Vinueza


Fuente: OCARU