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martes, 5 de noviembre de 2013

Falleció Clelia Luro, viuda del Obispo Podestá.


Ambos defendieron la posibilidad de sacerdotes casados.

Jesús Bastante

Clelia Luro, viuda del ex obispo de Avellaneda, Jerónimo Podestá una figura central del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, que permanecía internada en el sanatorio Güemes de esta capital falleció anoche, según confirmó en su cuenta de la red social Twitter el teólogo Leonardo Boff.

Luro nació en una familia acomodada, en el barrio porteño de la Recoleta, y estudió en el Colegio del Sagrado Corazón. Desde muy joven tuvo una profunda vocación religiosa y quiso ser monja, pero también tenía "unavisión muy fuerte del Evangelio, del mensaje de Jesús, que no compaginaba en mí con la institución Iglesia", confesó hace algunos años en un reportaje.

Vivió diez años en un ingenio azucarero de los Patrón Costas y en ese lugar, con la presencia de una realidad brutal, alcanzó un grado de conciencia distinto:" Me había concientizado allí", aseguró.

"De Santa Fe y Callao, de pronto me casé y me fui a vivir al ingenio en Salta y empecé a vivir la realidad de los indígenas, la realidad del país. Era de una familia de clase media alta y no había tenido la oportunidad de vivir el drama de la gente. Había tomado cursos de medicina preventiva en la Cruz Roja, entonces agarraba el caballo y me iba a los huetes, las chozas de la zafra en Orán, a enseñar a alimentar a los niños, colaboraba con el médico del ingenio, hacía prevención, porque los chicos allí morían como moscas", relató.

En 1966 nuevamente en Buenos Aires, cuando ya era una mujer separada con seis hijos, conoció a Jerónimo Podesta que era obispo de Avellaneda, con quien después compartió su vida -el amor y la militancia- y lapresidencia de la Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casadoshasta la muerte de Podestá a los 79 años, el 23 de junio del 2000.

Recordando ese momento dijo: "Jerónimo era un líder en el país, era el obispo de los obreros, cualquier problema, huelgas, paros, él estaba con ellos".

(RD/Agencias)


miércoles, 24 de abril de 2013

Celibato, otro desafío en horizonte de Francisco.




En esta foto del 12 de abril del 2013, Clelia Luro muestra una foto suya con su fallecido esposo, Jeronimo Podesta, un ex obispo de Avellaneda, en su casa de Buenos Aires, Argentina. Luro, cuyo romance con el ex obispo y eventual matrimonio se convirtió en un gran escándalo en los 1960s, es tan cercana amiga del Papa Francisco que él la llamaba cada domingo cuando era el principal cardenal de Argentina. Está convencida de que el Papa Francisco eventualmente conducirá a la iglesia global a terminar con la observación obligatoria del celibato, un requisito que ella cree que \”el mundo ya no comprende\”.
Foto: Natacha Pisarenko / AP

Clelia Luro batalló más de la mitad de sus 87 años contra el celibato impuesto por la Iglesia Católica a sus sacerdotes. Hoy, sentada en una silla de ruedas, guarda la esperanza de que su amigo el papa Francisco ponga fin a ese mandato “que el mundo ya no comprende”.
Esta mujer, que en la década de 1960 escandalizó a la opinión pública argentina por el romance que sostuvo con un obispo —que luego se convirtió en su esposo— tiene razones para guardar la esperanza: sostiene una amistad de más de una década con Jorge Bergoglio, quien la ha llamado religiosamente todos los domingos hasta que partió rumbo a Roma para el cónclave que lo terminó eligiendo sumo pontífice.
De las largas conversaciones que ha sostenido sobre el tema con el hoy papa, cree que Francisco va a resolver la crisis global de la falta de sacerdotes autorizándoles la celebración del matrimonio y la constitución de una familia.
No hay cifras oficiales, pero varios miles de sacerdotes han dejado la Iglesia Católica para casarse. Muchos otros, particularmente en África y América Latina, continuaron con su ministerio pese a mantener relaciones con mujeres e incluso convertirse en padres.
“Creo que de acá a un tiempo probablemente se va a imponer el celibato opcional… estoy segura que Francisco lo va a plantear”, dijo Luro en entrevista con The Associated Press en su casa de Buenos Aires luego de enviarle al papa una carta abierta en la que manifestó “que tenemos una gran esperanza de renovación para nuestra Iglesia”.
Con Bergoglio “hemos discutido bastante el tema del celibato… Hoy en día el mundo no entiende que los curas no puedan casarse”, dijo Luro mientras acariciaba con su mano una cruz tallada en plata que pertenecía a su esposo Jerónimo Podestá, el primer obispo católico que contradijo la ley del celibato y se casó sin abandonar el sacerdocio. “Hoy en día la mujer ya no es considerada un peligro para el hombre”.
Algunas referencias públicas que ha hecho Bergoglio sobre la cuestión así como la comprensión y respaldo que brindó a sacerdotes que dejaron el ministerio por amor entusiasman a activistas como Luro.
Creen además que la elección como papa de un hombre del perfil de Bergoglio, un jesuita comprometido con los pobres, evidencia la voluntad de la iglesia Católica de avanzar sobre cambios profundos para frenar la diáspora de fieles.
Juan Pablo II, Benedicto XVI y sus antecesores prohibieron cualquier discusión sobre un cambio a la regla del celibato y Francisco no ha mencionado el asunto desde que se convirtió en el primer papa latinoamericano hace más de un mes.
“No veo viable que esto sea parte de su agenda”, dijo el sacerdote Roberto Gahl, teólogo de la agrupación ultra conservadora Opus Dei de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma.
Sin embargo, antes de su elección como papa, Bergoglio habló del controvertido tema en un tono que ilusiona a muchos.
En el libro “Sobre el cielo y la tierra”, una transcripción del diálogo interreligioso que mantuvo Bergoglio con el rabino Abraham Skorka, rector del Seminario Rabínico Latinoamericano, el ahora papa comentó que “por el momento estoy a favor de que se mantenga el celibato, con los pro y los contra que tiene porque son 10 siglos de buenas experiencias más que de fallas”.
Sin embargo, al mismo tiempo subrayó que “es una cuestión de disciplina, no de fe. Se puede cambiar”.
“En el supuesto caso de que la Iglesia decidiera revisar esa norma… sería por una cuestión cultural, como es el caso de Oriente, donde se ordenan hombres casados”, reflexionó en “Papa Francisco, conversaciones con Jorge Bergoglio”, de sus biógrafos autorizados Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti.
El padre Thomas Reese, analista del Vaticano en la Universidad de Georgetown, se sorprendió por algunas expresiones de Bergoglio como “por el momento” para referirse al tema.
“No es el tipo de comentarios que uno suele escuchar cuando obispos y cardenales discuten sobre celibato”, dijo Reese, un jesuita al igual que Bergoglio.
“El Vaticano liderado por Juan Pablo II y Benedicto XVI decía que ciertos temas estaban fuera de la mesa (de discusión) y cualquier obispo que los discutiera estaría en problemas y los teólogos que escribieran sobre ello se meterían en problemas”, dijo Reese. “Entonces, esto es parte de una pregunta mayor sobre cuánto estará el papa Francisco abierto al debate. Ese es el gran desafío”.
Con el debate sobre celibato, el Vaticano hasta ahora ha adoptado una postura similar a la de los padres que se cuidan de no discutir frente a sus hijos para no confundirlos, describió Reese.
El cardenal Claudio Hummes de Brasil, gran amigo de Bergoglio, fue protagonista de una controversia cuando dijo que el celibato no es un dogma de fe sino una cuestión de derecho canónico.
Las declaraciones, ofrecidas en una entrevista de 2006 antes de que el cardenal llegara a Roma para hacerse cargo de la oficina del Vaticano para el sacerdocio, desataron toda suerte de especulaciones acerca de un posible cambio que Hummes tuvo que emitir una extensa declaración reafirmando el celibato.
De hecho, el celibato es una norma que rige en la Iglesia Católica de Occidente desde el siglo XII y no un dogma de fe, por lo cual se puede cambiar.
El Canon 277 del Código de Derecho Canónico del Vaticano establece que “los clérigos están obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el Reino de los cielos y, por tanto, quedan sujetos a guardar el celibato, que es un don peculiar de Dios mediante el cual los ministros sagrados pueden unirse más fácilmente a Cristo con un corazón entero y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres”.
La Iglesia Ortodoxa, en cambio, permite que hombres casados puedan ordenarse sacerdotes. Algo similar ocurre en países donde predomina el rito bizantino, como la Iglesia de Ucrania. Algunos sacerdotes anglicanos casados pudieron convertirse al catolicismo e incluso algunos viudos con familia pudieron ordenarse.
“Los que hemos pertenecido al clero y estamos militando la causa por una Iglesia distinta, que incluya la opción de un celibato, no una obligación, vemos con mucho entusiasmo y mucha esperanza que Francisco pueda rever la medida canónica”, dijo Guillermo Schefer, un ex sacerdote que junto a su mujer Natalia Bertoldi son vicepresidentes de la Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados.
“Hoy en día la sociedad pide también testimonio de varones probos, gente del pueblo, que tenga una familia”, dijo Schefer. “Es importante que los sacerdotes también puedan optar por una vida de matrimonio y de familia, ayuda más a integrarse con el pueblo”.
Si la Iglesia Católica aceptara que un sacerdote puede casarse “crearía una división en su corazón, debilitaría su compromiso y sería contrario a lo que viene sosteniendo sobre la necesidad de que los religiosos sean humildes y rechacen los placeres terrenales”, remarcó el sacerdote Gahl. “Los defensores del celibato opcional sostienen que el sacerdocio es ‘muy duro’, entonces ‘¿por qué no hacerlo más sencillo?’, pero el papa lo que viene diciendo es que ‘si tú haces el sacrificio, serás dichoso”’.
Bergoglio también se ha expresado en desacuerdo con aquellos que sostienen que el fin del celibato frenará los casos de pedofilia que involucra a religiosos o que permitirá contrarrestar la escasez de seminaristas.
Otro argumento contra cualquier reforma sobre el celibato apunta a su impacto económico: si los 400.000 sacerdotes que hay en el mundo decidieran casarse y formar familias numerosas, habría que mejorar considerablemente sus salarios.
Para el experto Reese la cuestión exige un debate profundo pues en el caso de la orden de los Jesuitas, por ejemplo, el matrimonio no es compatible con el ejercicio de su ministerio.
“Ellos viven en comunidad y se comprometen con el ministerio de la comunidad, sin importar el lugar del mundo al que son enviados y toman votos de pobreza, castidad y obediencia. Si nos casamos, ¿quién paga el colegio de los hijos o los cuidados cuando la esposa cae enferma?, ¿Dónde vivirás? Como religioso, vivo en comunidad, comemos y rezamos juntos y trabajamos en proyectos comunes. Si mi superior me manda a California y mis hijos me dicen: ‘mis amigos del colegio están aquí’, no veo cómo puede funcionar”, aseveró el jesuita.
Cuando conoció al obispo Podestá, Luro tenía 39 años, estaba separada y tenía seis hijas. Podestá tenía 45 y corría el año de 1966. Él era obispo de Avellaneda, suburbio al sur de la capital. Era un sacerdote progresista, muy comprometido con las causas sociales y que apoyó el movimiento de sacerdotes del Tercer Mundo.
“Yo fui la primera mujer para Jerónimo”, confesó Luro. Lejos de esconderse, la pareja hizo pública la relación y se embarcó en una campaña a favor del celibato opcional desde la Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados, que los llevó hasta las puertas del mismo Vaticano.
Al poco tiempo el entonces papa Paulo VI emitió la encíclica “Sacerdotalis Caelibatus” en 1967 que ratificó los votos de castidad perpetua.
Luro dijo que conoció a Bergoglio poco antes de la muerte de Podestá en 2000. Contó que el entonces Arzobispo de Buenos Aires tuvo una actitud completamente diferente a sus antecesores en el cargo y se puso a disposición de la pareja cuando el obispo cayó gravemente enfermo.
“Después de la muerte de Jerónimo, Bergoglio me llamaba todos los domingos”, dijo Luro. “Para mí fue un apoyo. Hablábamos de la Iglesia, discutíamos, le mandaba material de Jerónimo”. Luro dijo que para su sorpresa recibió días atrás un llamado del papa Francisco, pero se reservó lo conversado.
La cercanía de Bergoglio con los Podestá no debe extrañar ya que como líder de la Iglesia argentina ha sido igual de comprensivo con otros sacerdotes que pasaron por situaciones similares.
“Soy el primero en acompañar a un sacerdote en ese momento de su vida; no lo dejo solo, lo acompaño en todo el camino; en la elaboración espiritual de lo que está viviendo. Si está seguro de su decisión, incluso lo ayudo a conseguir trabajo. Eso sí, lo que no permito es la doble vida. Si no puede llevar su ministerio, le pido que se quede en su casa, que solicitemos lo que llamamos “la dispensa”, el permiso a Roma y así pueda estar en condiciones de recibir el sacramento del matrimonio”, reflexionó Bergoglio en “El Jesuita”.
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La corresponsal Nicole Winfield en el Vaticano contribuyó con este reportaje.

viernes, 15 de febrero de 2013

Carta Abierta al Pueblo de Dios y al futuro pontífice.




Enviado a la página web de Redes Cristianas

Buenos Aires, 14 de febrero de 2013
Carta abierta al Pueblo de Dios y al Futuro Pontífice

No pasaron muchos días en que envié una cara abierta a Benedicto XVI. Yo ya presentía su renuncia por el estado de conflicto que se vivía en su Pontificado.
En nombre de la Iglesia, que es el Pueblo de Dios en Marcha, agradezco su renuncia para que se abran las puertas al mensaje y nos posibilite rescatar los principios del Vaticano II y tomar un nuevo rumbo latente.

Creyendo en el poder de la oración, debemos todos, en este momento, sentirnos responsables del tiempo histórico que nos toca vivir, involucrándonos más allá del silencio, rogando a Dios para que el nuevo Pontificado, que será elegido sólo por 120 cardenales con un pueblo expectante y en silencio en las calles, recaiga sobre un hombre:
Que venga a conducir la Iglesia abriendo las puertas cerradas al Vaticano II.
Que sepa acompañar al mundo de hoy entendiendo el signo de los tiempos.
Que sepa VER respetando la libertad de conciencia de sus fieles.
Que no tema ni entre en componendas con el Poder Político, Religioso y Económico del mundo.
Un hombre fiel al mensaje del Evangelio.
Tan sólo un hombre libre y valiente.
Un Pastor que el rebaño reconozca, un hombre como Juan XXII, Juan Pablo I, Dom Helder Camara y tantos más que la historia nos fue regalando.
Tenemos en este mundo, cuajado de problemas y potencialidades, el regalo de un mensaje Crístico. Somos tantos millones dispersos por el mundo. Seríamos una fuerza cósmica si fuéramos fieles. Somos todos responsables, no sólo el Pontífice, y vamos a cambiar la historia si seguimos el mensaje que nos dejó Jesús,
¡Que todos sean uno para que el mundo crea!

Jerónimo Podestá: un obispo pionero


Todo aquí en atrio

lunes, 2 de julio de 2012

Clelia Luro, viuda del obispo Podestá: “Se viene el tiempo de abolir el celibato”



Clelia Luro, esposa del obispo Jerónimo Podestá, fallecido en 2000, traza un panorama de la férrea postura de la Iglesia Católica, tras la renuncia del obispo Fernando Bargalló, fotografiado con una mujer de vacaciones.
El episodio del ex obispo de Merlo-Moreno, Fernando María Bargalló, forzado a renunciar tras el escándalo desatado al publicarse unas fotos en las que se lo ve abrazado a una mujer en una playa de México, continúa generando discusiones en los ámbitos eclesiásticos. Ayer, el teólogo español Juan José Tamayo consideró que “es una prueba más de la incompatibilidad que establece la Iglesia entre el amor a Dios y el amor a los seres humanos”. En la Argentina, Clelia Luro aseguró que “está viniendo el tiempo” de abolir la Ley de Celibato dentro de la Iglesia, pero se lamentó que “con este Papa no va a suceder”.
La mujer emblema mundial de la lucha por el celibato optativo junto al sacerdote tercermundista Jerónimo Podestá, fallecido en junio de 2000, dialogó con Tiempo Argentino y se lamentó porque la rotura de una vértebra le impidió asistir al encuentro de la Federación Latinoamericana de Curas Casados y sus Esposas, que comenzó ayer en Fortaleza, Brasil, donde 180 parejas debatirán sobre una Iglesia “abierta y renovada”.
Sobre lo de Bargalló, aclaró que es un caso muy distinto al suyo: “Él debió renunciar porque tenía una mujer oculta, quizás porque manejaba mucha plata. A mí Jerónimo no me ocultó nunca. Militábamos políticamente y luchamos hace años presidiendo el movimiento de sacerdotes casados, que es profético porque denuncia lo que no está bien y anuncia lo que viene. Van a tener que poner el celibato optativo como tienen otras religiones.”
–¿Y por qué no lo hacen?
–Con este Papa no va a suceder. Hay muchos que se están yendo y que si les dejaran ser curas casados permanecerían ejerciendo el sacerdocio. La religión es profundamente revolucionaria, pero los que están ahora al frente del Vaticano la han opacado completamente. El Concilio II decía que era la hora de abrir las ventanas y que entrara aire fresco a la Iglesia, y este Papa no quiere saber nada. El Vaticano se apartó del Evangelio y se abrazó al poder.

–Otro reclamo de apertura es en referencia al papel de la mujer.
–Es una institución machista, no tiene a la mujer en ningún cargo. Tienen miedo a introducirla dentro de la Iglesia, porque podría suceder que el hombre madure (risas), que los curas aprendan a ver, a liberarse, como pasó con Jerónimo, a ejercer el sacerdocio sabiendo lo que es ser papá, amar. La Iglesia quiere curas obedientes y los que se casan ya no serían fáciles de llevar.

–¿Y cómo ve el futuro?
–Tengo fe. Ahora en octubre hay un concilio de obispos en Roma para llamar a la evangelización. Es la última oportunidad en este tiempo para hacer alguna reforma, las bases (el pueblo de Dios) están preparadas, están pidiendo que el Vaticano cambie, porque el mundo cambia, es el Vaticano el que no cambia. Decile a los jóvenes hoy que no van a poder casarse a ver si se hacen curas. No se hacen, o se enamoran y se van, es lo natural que tiene que pasar.