Mostrando entradas con la etiqueta edward falto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta edward falto. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de junio de 2014

Lenguaje defectuoso, evangelio defectuoso.



Recientemente tuve la oportunidad de participar en un servicio religioso carismático al que fui invitado. Ya en el lugar, comenzó a darse un fenómeno sumamente interesante que me dio la impresión de que algo no estaba bien. Para empezar, el que realizaba la apertura del servicio comenzó a pedirle a la gente que levantara sus manos para que la presencia de Dios bajara en ese momento. Acto seguido, el ministerio de música comenzó a cantar solicitando que la presencia de Dios volviera a bajar y que el Espíritu Santo soplara sobre los presentes. Ante el asombro por lo que estaba presenciando, otro feligrés ora y declara “cielos abiertos” y “aceite de Dios derramándose”; y a esto se añaden todas las ideas triunfalistas y de prosperidad que estuvieron presentes. Pueden imaginarse, aunque sea sólo por un momento, la confusión de sentimientos y mi asombro ante semejante escenario: se había realizado todo un proceso “litúrgico” y para ellos Dios no había llegado aún.

Estoy seguro de que el escenario descrito no es algo nuevo para ustedes. No obstante, el hecho de que se perciba de esta manera no significa que deba ignorarse, ya que los peligros y malformaciones que se suscitan en estos ambientes son evidentes, puesto que la “fraseología” utilizada en estos lugares atenta contra el creyente con ideas que no necesariamente reflejan la realidad del mensaje de Jesús. Asimismo, existen otros riesgos cuando el vocabulario utilizado en los servicios religiosos responde a ideas mundanas y no necesariamente a la Escritura, entre las cuales nos encontramos con la distorsión del evangelio, un marcado desequilibrio escritural y una pobre o inexistente hermenéutica, que exponen a la feligresía a expectativas irreales, a frustraciones, cargos de conciencia y a perder las perspectivas del valor global y de la significación real de la obra de Jesucristo para el mundo y la Iglesia. Todo esto contrasta con la realidad salvífica y liberadora de Cristo, ya que su mensaje no incluía la riqueza, las expectativas irreales, o la prosperidad económica, sino más bien un marcado interés por los marginados de la sociedad y por ser “La voz de los sin voz”, como diría Jon Sobrino.

Este tipo de vocabulario o forma de expresión tuvo sus comienzos a finales del siglo pasado, gracias a los movimientos de palabra de fe (Word-Faith) originados en los EE.UU, que encontraron un terreno fértil en los movimientos carismáticos pentecostales y todas sus vertientes, los cuales, debido a la carencia de profundidad teológica, se han convertido en los grandes promotores de estas ideas sin el más mínimo rigor. Esto ha llegado a ser un gran desafío para la Iglesia, ya que su propagación es la norma de muchos predicadores, cantantes cristianos, medios televisivos y, de forma sorprendente, ministros de corte tradicional de los que jamás hubiéramos pensado tal cosa.

Este es un “evangelio de expectativas” que carece de resultados, produce inercia, una fe estática y una similitud con la astrología asombrosa. Esta jerga, en vez de liberar, oprime al que la escucha con ideas inalcanzables y expectativas gloriosas que nunca se harán realidad, y en la que la fe y Cristo son sólo pretextos para alimentarla. Se propaga con frases como “Dios hará algo grande”, “El propósito de Dios aún no se ha cumplido”, “Hay algo que viene”, entre otras, dejando al azar lo que pueda suceder y haciendo creer a las personas que recibirán un bien material o económico.

Sin embargo, el problema de esto no es sólo lo que se dice, sino el efecto que tiene en los creyentes. Además, sabemos que muchos de ellos no tienen el conocimiento apropiado para discernir lo que escuchan. Por ese motivo, en algún momento se verán envueltos en una vorágine de dudas y de zonas oscuras que, de no cumplirse lo prometido, les podrían provocar las siguientes preguntas: ¿Quién es el culpable, Dios que no lo escuchó? ¿Él o ella por no tener fe? ¿Pensará que le mintieron? ¿Se equivocó el predicador? Estas cuestiones provocarán, sin duda, ansiedades y frustraciones que no tienen nada que ver con la realidad del evangelio. Además, el resultado final y fatal podría ser la resignación de que en algún momento sucederá lo que se ha predicado, o bien que la persona, frustrada y decepcionada, abandone la fe. Y todo por un evangelio mal expuesto.

Estos temas son muy delicados porque ponemos en riesgo a muchas personas por la pobre hermenéutica que se utiliza desde los altares y desde los medios. Los movimientos neo-pentecostales arrastran a miles con este pseudo-lenguaje religioso y esta supuesta fe. Cuando estas ideas se ignoran o se pasan por alto, creamos ambientes de gran ansiedad religiosa, colocamos a los creyentes en un estado de expectativas que los pueden llevar a vivir grandes frustraciones que no son propias de la Iglesia. En una sociedad en la que el entretenimiento y el interés económico se han convertido en norma, la Iglesia debe ser cuidosa con su lenguaje y con el vocabulario que asume.

Esto me recuerda la perícopa de Felipe y el etíope. Según el texto bíblico, Felipe es llevado por el Espíritu a unirse al carro del etíope. Al ver que leía el libro de Isaías le pregunta: “¿Entiendes lo que lees?”; a lo que el etíope contestó: “¿Como entender sin alguien que lo explique?” Reflexioné por un segundo e imaginé la catástrofe de una respuesta incorrecta por parte de Felipe, y me surgieron algunas cuestiones: ¿Qué mensaje habría llevado el etíope a su país? ¿En qué habría apoyado su fe? y muchas más.

Hermanos, todos los días tenemos “etíopes” sentados en nuestras iglesias esperando una sana y correcta explicación de la verdad bíblica. Esto responsabiliza a cada ministro de un buen discernimiento y de una hermenéutica correcta que proyecte el verdadero mensaje de Jesús, puesto que errar en esa misión sólo nos llevará a favorecer un lenguaje defectuoso que publicará un evangelio defectuoso.



Edward Falto

Pastor y profesor universitario, posee un grado de Bachiller en Administración Comercial de la UCPR (Universidad Católica de Puerto Rico), Ex-profesor y Graduado del Colegio Teológico del Caribe AD. Estudios Graduados en Artes de Filosofía, concentración en Estudios Teológicos de la Universidad Central de Bayamón en Puerto Rico. Ministro protestante durante mas 20 años.

viernes, 23 de agosto de 2013

Salvación Individual, mal manejada, concepto peligroso.


Quizás este título te ha llamado la atención y pensarás que este artículo está diseñado para rebatir la idea de la salvación individual. Bueno, no necesariamente, ya que como ministro creo abiertamente en este principio y está claro que existe mucha evidencia bíblica que lo sostiene.  No obstante, la pregunta que podemos formular es: ¿por qué la salvación individual puede ser un concepto peligroso?
Este concepto como verdad bíblica lo encontramos a través de todo el nuevo testamento, citas como Juan 3:16; Juan 14 y 15; Hebreos 3-5; Gálatas 2:8-9 y muchas más, dan evidencia de su veracidad. Además, el concepto es apoyado por la mayoría de la cristiandad y es altamente conocido. Entonces, ¿cuál es el problema? Simple, se trata de la actitud con la cual el creyente interpela la idea en su medio ambiente. Es sabido que muchos conceptos teológicos mal interpretados y aplicados pueden llevar a conductas heréticas o a malas prácticas que adulteran el mensaje del evangelio. De ahí  la importancia de su cuestionamiento y comprensión para que, a su vez, evitemos caer en conductas contrarias a la fe.
No obstante, es en las iglesias protestantes donde este concepto encuentra su mayor aceptación y,  aunque la Iglesia Católica también lo sostiene, pone más enfasis en el efecto comunitario de la salvación. Las iglesias protestantes predican a viva voz esta idea, sin embargo y como ya se ha dicho,  el problema  no es la idea,  sino las implicaciones del concepto una vez recibido y administrado por cada individuo en su vida personal.  Para llegar al punto que queremos,  será saludable ver dos conceptos que, aunque en cierta manera relacionados, son completamente opuestos:
Individuo – (no divisible) en el caso de las ciencias sociales se le adjudica este concepto a toda persona que tiene características particulares y únicas. Deseo, voluntad, actitudes, formas de pensar que permiten su aprendizaje y definición de la personalidad.
Individualismo – es la actitud del individuo de separarse o aislarse de sus comunes en momentos determinados o permanentes. Ejecutar su deseo a base de su criterio o forma de pensar.  Esta puede ser una actitud del individuo o de una comunidad.
Quizás comprendiendo parcialmente estas definiciones podemos visualizar el peligro del concepto si no se concientiza adecuadamente. La realidad que permea muchas denominaciones protestantes es el énfasis en la salvación individual,  olvidando, de alguna manera, su efecto en la totalidad del Cuerpo de Cristo. Podríamos decir lo siguiente: “La Salvación es individual, pero no individualista”.  La iglesia debe entender que existen muchos peligros cuando esto pasa, ya que cuando un creyente asume, y posiblemente sin intención, una actitud individualista,  rechaza el concepto comunitario al que fue llamado.
Si bien está claro que la salvación es individual, ésta no se aleja del concepto comunitario, ya que cuando una persona recibe el mensaje de la Cruz no se convierte sólo en un individuo con fe, sino que es parte de una comunidad de fe: la Iglesia. Esta es un conglomerado de personas que tienen una misma fe (Cristo), una finalidad y una acción,  y es imposible que una persona que la haya conocido crea que puede llevar un evangelio aislado y a su manera.
Existen algunos indicadores que nos avisan acerca de los peligros de entender el concepto de salvación individual como salvación individualista:
  • El creyente cree que maneja su salvación: Sólo llevará a su vida  lo que a su entender “edifica”, desarrollando un criterio no necesariamente inclusivo y eclesial. No reconoce adecuadamente el significado de lo que representa una comunidad de fe.
  • Se centra en el éxito personal secular y espiritual.
  • Desarrolla cierto escepticismo y exclusivismo.
  • Su apoyo a las actividades de la iglesia estarán condicionadas (selectivo).  Al final dicen:  no ir a un servicio o ayuda comunitaria no hará que pierda la salvación”. Esto le lleva a secularizar la fe y a matizarla como una actividad más, olvidando el valor salvífico para otros.
Desde la perspectiva de Dios, la criatura es una moneda de dos caras, individual y comunitaria.  Por esto puedo afirmar que el propósito de Dios persigue un fin en ambos aspectos y que el balance merece tener una adecuada ejecución como creyentes en Cristo y como parte de una comunidad de fe.
No obstante, creo que ya hemos aclarado los peligros de una comprensión inadecuada del concepto y hasta dónde puede llegar su deformación. Sin embargo, deberíamos preguntarnos: ¿por qué pasa esto? y ¿qué lo alimenta?  Varias son las razones:
  • Los discipulados de las iglesias forman inadecuadamente al recién convertido.
  • Predicaciones modernistas, seminarios de motivación o liderazgo usando a Cristo como pretexto, enfatizan más el éxito que un individuo puede lograr que el éxito de éste como iglesia.
  • Las Leyes y Constituciones de algunos países enfatizan la defensa de los derechos del individuo.
  • En distintos países se educa a los hijos a ser grandes profesionales, políticos o figuras públicas y no con valores sociales o comunitarios profundos.
Como podemos ver no sólo es la mala aplicación o comprensión del concepto, sino que nuestra sociedad está diseñada del mismo modo hacia el individuo. Por eso, la pregunta la pregunta en la que deberíamos reflexionar es: ¿Qué podemos hacer? Pues bien, la Sagradas Escrituras son muy claras al exponer que nuestras actitudes como iglesia no pueden ser como las del mundo, el Apóstol Pablo aconseja que “no nos conformemos con el mundo” Romanos 12:2. Nuestro modelo de acercarnos como creyentes, iglesia y sociedad es espiritual y por eso sus componentes deben actuar.
Aunque es cierto el efecto de la salvación en el individuo, no podemos olvidar que nadie es salvado sin ser iglesia. Cristo no dijo que venía a buscar a individuos, sino a una iglesia.  Debemos cuidar nuestros enfoques colectivos y comunitarios, predicarlos y enseñarlos a las nuevas generaciones de creyentes y alejarlos del gran mal que representa el individualismo en el cuerpo de Cristo.


Edward Falto


Pastor y profesor universitario, posee un grado de Bachiller en Administración Comercial de la UCPR (Universidad Católica de Puerto Rico), Ex-profesor y Graduado del Colegio Teológico del Caribe AD. Estudios Graduados en Artes de Filosofía, concentración en Estudios Teológicos de la Universidad Central de Bayamón en Puerto Rico. Ministro protestante durante mas 20 años, ha conducido programas de radio y televisión en distintos medios de comunicación.

Fuente: Lupa Protestante