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lunes, 14 de enero de 2013

Aaron Swartz y el #PDFtribute: la investigación académica debe ser libre.


Durante todo el día de ayer,infinidad de académicos e investigadores subieron suspapers libres a la red en formato pdf y lo anunciaron en Twitter con el hashtag #PDFtribute como homenaje a Aaron Swartz, el joven hacker y activista de 26 años que se quitó la vida el pasado viernes en Nueva York. Puedes leer la noticia de su muerte en Wired, The New York Times y en todas partes, o los obituarios publicados por personas que le conocieron y trataron, como Cory Doctorow,Lawrence Lessig, Cyrus Farivar oDave Winer.
El suicidio de Aaron se asocia fundamentalmente con la fuerte presión psicológica a la que lo tenía sometido el Departamento de Justicia norteamericano, que le reclamaba una multa de cuatro millones de dólares y cincuenta años de cárcel por haber descargado y publicado en abierto cinco millones de documentos del archivo del MIT y de JSTOR, un servicio de repositorio de papers por suscripción. Según un testigo experto, los cargos eran completamente desproporcionados.
Con solo catorce años, Aaron Swartz participó en la definición del estándar RSS. Posteriormente fundó Infogami, compañía que dio origen a Reddit. Además, trabajó con Lawrence Lessig en la definición de Creative Commons, y colaboró en incontables causas, entre otras recientes la campaña de oposición a SOPA/PIPA del pasado año. Anteriormente, había puesto en marcha RECAP, un repositorio libre a la jurisprudencia de los Estados Unidos, como alternativa a PACER, un sistema de pago que cobraba a cada usuario por acceder a la información pública, lo que le había granjeado el odio del Departamento de Justicia. La venta de Reddit a Condé Nast, la editora de Wired, había proporcionado a Aaron recursos económicos con los que colaboró en incontables causas relacionadas con el ciberactivismo. The Washington Post califica a Aaron Swartz como héroe americano. Aunque JSTOR había optado por abandonar el caso, el hecho de que MIT no lo hubiese hecho sirvió como lamentable pretexto al Departamento de Justicia para sostener una especie de vendetta a todas luces desproporcionada que consiguió no solo agotar los recursos económicos de Aaron, sino también llevarlo hasta la depresión y, en último término, el suicidio.
En mi caso, no pude liberar mis papers académicos ayer por la sencilla razón de que ya eran completamente libres desde hacía mucho tiempo. Escribí mi tweet como tributo, pero publicando una modesta contribución que, en realidad, siempre había estado en abierto en mi web de profesor. Siempre he creído que la investigación académica debía ser de libre acceso, lo que de manera consecuente me llevó, desde mi primera publicación en un journal, a poner sistemáticamente el pdf disponible en abierto en mi página web, independientemente de que que de manera formal y como requisito para su publicación hubiese tenido que ceder el copyright del mismo a la editorial del journal. Si eres investigador y no lo has hecho aún, aprovecha para hacerlo ahora, y súbelo a Twitter: que nuestra investigación esté disponible en abierto es, además de bueno, el mejor tributo que podemos hacer a una persona que sufrió la persecución precisamente por querer liberar la investigación académica.
Los journals son un sistema envenenado: bajo el pretexto de ejercer un sistema de revisiones ciegas que supuestamente aseguran la calidad de lo publicado, se han convertido en varas de medir que condicionan la promoción de los profesores en el escalafón académico, y en una desmesurada fuente de ingresos a través de las suscripciones de dichos profesores y de departamentos y bibliotecas. El sistema, indudablemente, funciona desde el punto de vista económico: los revisores no cobran, los autores tampoco – en algunos casos, incluso pagan por enviar el paper – pero las editoriales sí (y en general no precisamente poco). Dado que lo habitual en el mundo académico es tener presencia web, cada día es más habitual que los autores publiquen sus papers en abierto en su página web. Animo a todo investigador a hacer lo mismo: se puede optar por el paso agresivo de publicar en abierto la misma versión maquetada por el journal, o por la aproximación intermedia de publicar como working paper y con formato propio una versión idéntica a la publicada por el journal. No conozco ningún caso en el que esto haya tenido ningún tipo de consecuencias para el autor – y si hipotéticamente amenazase con tenerlas, sería tan sencillo como subirlo anónimamente. El torrent de 35GB con los papers que Aaron publicó está, por supuesto, disponible en la red.

miércoles, 9 de mayo de 2012

55.000 cuentas de Twitter hackeadas.



Dentro de las buenas prácticas que un usuario debe seguir encontramos la costumbre de renovar nuestras contraseñas de manera periódica además de buscar contraseñas seguras (combinando mayúsculas, minúsculas, números y algún que otro carácter especial) que mantengan a salvo nuestros perfiles en redes sociales o nuestros archivos si utilizamos algún servicio de almacenamiento en la nube. Parece que un buen número de personas no ha estado siguiendo este tipo de pautas porque un grupo de hackers que no se han identificado han publicado en Pastebin las credenciales (correos electrónicos y contraseñas) de55.000 usuarios de Twitter.
Cómo han conseguido las 55.000 credenciales es algo que aún no se ha revelado, lo que sí que podemos consultar todas las cuentas en 5 páginas de Pastebin y, la verdad, no estaría de más realizar una búsqueda para comprobar que nuestro correo electrónico no se encuentra dentro de las cuentas comprometidas:
La noticia se publicó en Airdemon haciendo mención a “fuentes cercanas a Twitter” que indicaban que el servicio era consciente de este agujero y estaba trabajando en minimizar el impacto sobre las cuentas de los usuarios afectados, algo que The Next Web ha podido constatar confirmando que Twitter ha enviado correos para resetear las contraseñas de los usuarios afectados. Otro detalle bastante interesante que Twitter ha confirmado es que dentro de la lista de estas 55.000 cuentas de correo comprometidas, se encuentran un buen número de cuentas de Twitter que son origen de mensajes de spam, algo que se puede comprobar viendo algunas de las cuentas de correo que aparecen en los listados.
¿Deberíamos preocuparnos? ¿Tiene Twitter un problema de seguridad? No creo que haya que alarmarse más de lo necesario, es decir, es bastante llamativo que se hayan publicado las credenciales de 55.000 cuentas de correo pero, viendo que muchas son fuentes de spam, seguramente no tuvieran contraseñas fuertes que se cambiasen con cierta regularidad.
Precisamente, de este hecho deberíamos aprender dicha lección; el primer mecanismo de defensa somos nosotros mismos y debemos velar por la seguridad de nuestras cuentas y, sobre todo, por nuestros datos para evitar cualquier suplantación de identidad o el acceso no autorizado a nuestros datos personales.
Fuente: alt1040.com

viernes, 9 de septiembre de 2011

Hackers: ¿La nueva guerrilla?


Marcelo Colussi

“Hoy la ficción ha pasado a ser subversiva, los terroristas del futuro podrían ser los ficcionistas.”

Edgar Borges

Hace ya más de un siglo, en 1902, Vladimir Lenin se preguntaba cómo enfocar la lucha revolucionaria; así, parafraseando el título de la novela del ruso Nikolai Chernishevski, de 1862, igualmente se interrogaba ¿qué hacer? La pregunta quedó como título de la que sería una de las más connotadas obras del conductor de la revolución bolchevique. Hoy, 110 años después, la misma pregunta sigue vigente: ¿qué hacer?.

Es decir: qué hacer para cambiar el actual estado de cosas. Si vemos el mundo desde el 20% de los que comen todos los días, tienen seguridad social y una cierta perspectiva de futuro, las cosas no van tan mal. Si lo miramos desde el otro lado, no el de los “ganadores”, la situación es patética. Un mundo en el que se produce aproximadamente un 40% de comida más de la necesaria para alimentar a toda la humanidad sigue teniendo al hambre como principal causa de muerte; mundo en el que el negocio más redituable es la fabricación y venta de armamentos y donde un perrito hogareño de cualquier casa de ese 20% de la humanidad que arriba mencionábamos come más carne roja al año que un habitante de los países del Sur. Mundo en el que es más importante seguir acumulando dinero, aunque el planeta se torne invivible por la contaminación ambiental que esa misma acumulación conlleva. Mundo, entonces, que sin ningún lugar a dudas debe ser cambiado, transformado, porque así, no va más.

Entonces, una vez más surge la pregunta: ¿qué se hace para cambiarlo? ¿Por dónde comenzar? Las propuestas que empezaron a tomar forma desde mediados del siglo XIX con las primeras reacciones al sistema capitalista dieron como resultado ya en el siglo XX algunas interesantes experiencias socialistas. Si las miramos históricamente, fueron experiencias balbuceantes, primeros pasos. No podemos decir que fracasaron; fueron primeros pasos, no más que eso. Nadie dijo que la historia del socialismo quedó sepultada. Quizá habría que considerarlas como la Liga Hanseática, allá por los siglos XII y XIII en el norte de Europa, en relación al capitalismo: primeras semillas que germinarían siglos después. Los procesos históricos son insufriblemente lentos. Alguna vez, en plena revolución china, se le preguntó al líder Lin Piao sobre el significado de la Revolución Francesa, y el dirigente revolucionario contestó que… aún era muy prematuro para opinar. Más allá de la posible humorada, hay ahí una verdad: los procesos sociales van lento, exasperantemente lentos. De la Liga Hanseática al capitalismo globalizado del presente pasaron varias centurias; hoy, terminada la Guerra Fría, se puede decir que el capitalismo ha ganado en todo el mundo, dando la sensación de no tener rival. Para eso fue necesaria una acumulación de fuerzas fabulosas. Las primeras experiencias socialistas -la rusa, la china, la cubana- son apenas pequeños movimientos en la historia. No ha pasado aún un siglo de la Revolución Bolchevique, pero la semilla plantada no ha muerto. Y si hoy nos podemos seguir planteando ¿qué hacer? ante el capitalismo, ello signfica que la historia sigue aún.

El mundo, como decíamos, para la amplia mayoría no sólo no va bien sino que resulta agobiante. Pero el sistema global tiene demasiado poder, demasiada experiencia, demasiada riqueza acumulada, y hacerle mella es muy difícil. La prueba está con lo que acaba de suceder estas últimas décadas: caída la experiencia de socialismo soviético y revertida la revolución china con su tránsito al capitalismo, los referentes para una transformación de las sociedades faltan, se han esfumado. Movimientos armados que levantaban banderas de lucha y cambios drásticos algunos años atrás ahora se han amansado, y la participación en comicios “democráticos” pareciera todo a cuanto se puede aspirar. Lo “políticamente correcto” vino a invadir el espacio cultural y la idea de lucha de clases fue reemplazándose por nuevos idearios “no violentos”. La idea de transformación radical, de revolución político-social, no pareciera estar entre los conceptos actuales. Pero las condiciones reales de vida no mejoran para las grandes mayorías; aunque cada vez hay más ingenios tecnológicos pululando por el mundo, las relaciones sociales se tornan más dificultosas, más agresivas. Las guerras, contrariamente a lo que podía parecer cuando terminó la Guerra Fría, siguen siendo el pan nuestro de cada día desde la lógica de los grandes poderes que manejan el mundo. La miseria, en vez de disminuir, crece.

Una vez más entonces: ¿qué hacer? Hoy, después de la brutal paliza recibida por el campo popular con la caída del muro de Berlín y el retroceso sufrido en las condiciones laborales (pérdidas de conquistas históricas, desaparición de los sindicatos como arma reivindicativa, condiciones cada vez más leoninas, sobre-explotación disfrazada de cuentapropismo) las grandes mayorías, en vez de reaccionar, siguen anestesiadas. Una vez más también: el sistema capitalista es sabio, muy poderoso, dispone de infinitos recursos. Varios siglos de acumulación no se revierten tan fácilmente. Las ideas de transformación que surgen a partir del pensamiento labrado por Marx, puntal infaltable en el pensamiento revolucionario, hoy día parecieran “fuera de moda”. Por supuesto que no lo son, pero la ideología dominante así lo presenta.

Hoy es más fácil movilizar a grandes masas por un telepredicador o por un partido de fútbol que por reivindicaciones sociales. ¡Pero no todo está perdido! Los mil y un elementos que el sistema tiene para mantener el statu quo no son infalibles. Continuamente surgen reacciones, protestas, movimientos contestatarios. Lo que sí pareciera faltar es una línea conductora, un referente que pueda aglutinar toda esa disconformidad y concentrarla en una fuerza que efectivamente impacte certeramente en el sistema. ¿Por dónde golpear a ese gran monstruo que es el capitalismo? ¿Cómo lograr desbalancearlo, ponerlo en jaque, ya no digamos colapsarlo? Los caminos de la transformación se ven cerrados. Quizá el presente es un período de búsqueda, de revisiones, de acumulación de fuerzas. Hoy por hoy, no se ve nada que ponga realmente en peligro la globalidad del sistema-mundo capitalista. Las luchas siguen, sin dudas, y el planeta está atravesado de cabo a rabo por diversas expresiones de protesta social. Lo que no se percibe es la posibilidad real de un colapso del capitalismo a partir de fuerzas que lo adversen, que lo acorralen. El proletariado industrial urbano, que se creyó el germen transformador por excelencia -de acuerdo a la apreciación absolutamente lógica de mediados del siglo XIX- hoy está en retirada. Los nuevos sujetos contestatarios -movimientos sociales varios, campesinos, etnias, reivindicaciones puntuales por aquí y por allá- no terminan de hacer mella en el sistema. Y las guerrillas de corte socialista parecen hoy piezas de museo. ¿Quién levantaría la lucha armada en la actualidad como vía para el cambio social?

Pero en el medio de esa nebulosa, siguen surgiendo protestas, voces críticas. La historia no ha terminado, definitivamente. Si eso quiso anunciar el grito victorioso apenas caído el muro de Berlín con aquellas famosas frases pomposas de “fin de la historia” y “fin de las ideologías”, el estado actual del mundo nos recuerda que no es así. Ahora bien: ¿qué hacer para que colapse este sistema y pueda surgir algo alternativo, más justo, menos pernicioso?

La pregunta de Lenin sigue siendo válida, y día a día millares de sujetos se la plantean, le buscan respuestas, hacen cosas para encontrarle sentido. En el medio de todas esas búsquedas aparece un fenómeno novedoso, impensable décadas atrás: los hackers. No es la intención de este pequeño escrito problematizar en términos técnicos lo que esto significa, pero sí dejar indicado que ahí hay una potencialidad anti sistema muy grande. Tanto, que el mismo sistema sabe del peligro latente.

El sistema va encontrando los antídotos del caso para frenar todas sus posibles contradicciones. Como decíamos, el mismo proletariado industrial, germen mismo de la revolución socialista, fue reducido en su papel histórico, y el sindicato rebajado a la categoría de institución burocrática asimilada al sistema. Las guerrillas fueron derrotadas en lo militar, o al menos se les achicó considerablemente el espacio político, convirtiéndolas en agentes “terroristas”, bastante impresentables hoy día. Por otro lado, los movimientos sociales de protesta (campesinos, desocupados, mujeres, etc., etc.), divididos como están, no terminan de ser un instrumento que colapse al sistema en su globalidad. ¿Qué hacer entonces?

En ese desconcierto surge este engendro novedoso sobre lo que queremos llamar la atención: los hackers. No estamos diciendo que ese es “el” camino, que ahí está la respuesta a la pregunta que nos planteábamos. Simplemente queremos indicar que ahí hay una nueva incomodidad para el sistema global que no se sabe aún qué puede disparar.

Por lo pronto, y como para contextualizar el asunto, será útil conocer el Manifiesto hacker que circula en estos momentos en el espacio virtual:

El manifiesto del hacker

Hoy han cogido a otro, aparece en todos los periódicos. “Joven arrestado por delito informático”, “hacker arrestado por irrumpir en un sistema bancario”. “Malditos críos. Son todos iguales”. ¿Pero pueden, con su psicología barata y su cerebro de los años cincuenta, siquiera echar un vistazo a lo que hay detrás de los ojos de un hacker? ¿Se han parado alguna vez a pensar qué es lo que les hace comportarse así, qué les ha convertido en lo que son? Yo soy un hacker, entre en mi mundo. Mi mundo comienza en el colegio. Soy más listo que el resto de mis compañeros, lo que enseñan me parece muy aburrido. “Malditos profesores. Son todos iguales”. Puedo estar en el colegio o un instituto. Les he oído explicar cientos de veces cómo se reducen las fracciones. Todo eso ya lo entiendo. “No, Sr. Smith, no he escrito mi trabajo. Lo tengo guardado en la cabeza”. “Malditos críos. Seguro que lo ha copiado. Son todos iguales”. Hoy he descubierto algo. Un ordenador. Un momento, esto mola. Hace lo que quiero que haga. Si comete errores, es porque yo le he dicho que lo haga. No porque yo no le guste, me tenga miedo, piense que soy un listillo o no le guste ni enseñar ni estar aquí. Malditos críos. A todo lo que se dedican es a jugar. Son todos iguales. Entonces ocurre algo… se abre una puerta a un nuevo mundo… todo a través de la línea telefónica, como la heroína a través de las venas, se emana un pulso electrónico, buscaba un refugio ante las incompetencias de todos los días… y me encuentro con un teclado. “Es esto… aquí pertenezco… “. Conozco a todo mundo… aunque nunca me haya cruzado con ellos, les dirigiese la palabra o escuchase su voz… los conozco a todos… malditos críos. Ya está enganchado otra vez al teléfono. Son todos iguales… puedes apostar lo quieras a que son todos iguales… les das la mano y se toman el brazo… y se quejan de que se lo damos todo tan masticado que cuando lo reciben ya ni siquiera tiene sabor. O nos gobiernan los sádicos o nos ignoran los apáticos. Aquellos que tienen algo que enseñar buscan desesperadamente alumnos que quieran aprender, pero es como encontrar una aguja en un pajar. Este mundo es nuestro… el mundo de los electrones y los interruptores, la belleza del baudio. Utilizamos un servicio ya existente, sin pagar por eso que podrían haber sido más barato si no fuese por esos especuladores. Y nos llamáis delincuentes. Exploramos… y nos llamáis delincuentes. Buscamos ampliar nuestros conocimientos… y nos llamáis delincuentes. No diferenciamos el color de la piel, ni la nacionalidad, ni la religión… y vosotros nos llamáis delincuentes. Construís bombas atómicas, hacéis la guerra, asesináis, estafáis al país y nos mentís tratando de hacernos creer que sois buenos, y aún nos tratáis de delincuentes. Sí, soy un delincuente. Mi delito es la curiosidad. Mi delito es juzgar a la gente por lo que dice y por lo que piensa, no por lo que parece. Mi delito es ser más inteligente que vosotros, algo que nunca me perdonaréis. Soy un hacker, y éste es mi manifiesto. Podéis eliminar a algunos de nosotros, pero no a todos… después de todo, somos todos iguales.

¿Qué significa esto? Insistimos: no estamos proponiendo que la vía revolucionaria hoy día haya pasado a ser el internet y los hackers. Contextualicemos bien la cuestión: por lo pronto sólo un 10% de la humanidad usa y aprovecha en alguna medida la red de redes. Para muchísima población mundial el hambre, la seguridad diaria, no saber si mañana amanecerá vivo, eso sigue constituyendo su principal problema; en esa dimensión el internet le es algo absolutamente esotérico, lejano.

Quizá los ataques informáticos al corazón del sistema capitalista constituyan una afrenta importante, tanto que logren abrir brechas. No lo estamos afirmando. Es más: no lo sabemos ni hay razonablemente modo de saberlo. ¿Cómo podría colapsar al sistema global hiper poderoso el hecho que a una de sus grandes corporaciones multinacionales se le paralicen los sistemas informáticos por unos días? ¿Sirve realmente como una propuesta de transformación social que, por ejemplo, se conozcan secretos del Pentágono? En todo caso podemos decir que algunos hackers, o algunos movimientos de hackers, promueven una justicia social y un acceso libre al conocimiento universal que, así considerado, conlleva un enorme potencial transformador. Hoy día el sistema global se centra cada vez más en las tecnologías digitales, en la inteligencia artificial. Golpear allí puede llegar a ser de importancia capital.

Sin levantar en sentido estricto el movimiento hacker como la nueva forma de lucha, es necesario saber, al menos, que es “una” forma de lucha más, junto a otras, que años atrás no existía, pero que por sus características intrínsecas puede ser más dañina para el sistema que un grupo insurgente que, armas en mano, se va a la montaña.

En realidad este breve texto no pretende ser una respuesta a la pregunta básica, la misma que se formulara Lenin hace un siglo y que en este momento se sigue formulando una enorme cantidad de convencidos en un proceso de cambio real. Es sólo un recordatorio, una referencia hacia la necesidad de seguir repensando críticamente qué hacer desde el campo de la izquierda, desde el campo popular, desde el campo de los que seguimos creyendo que la vida humana precisa enormes cambios.

Los hackers, quizá, no son sino una expresión del desconcierto en que vivimos, de la cerrazón de caminos para plantear transformaciones, de la angustia de enormes cantidades de jóvenes que no hallan salida ni ven claridad en su futuro. No lo sabemos. Son, tal vez, un fermento más de cambio. Pero si así fuera, junto a todos los otros fermentos que pueda haber por allí, bienvenidos a la lucha por un mundo mejor.

Fuente: ApiaVirtual

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