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domingo, 12 de febrero de 2017

Refugiados: paremos la guerra de frontera.



Europa no vive una crisis de refugiados ni una crisis humanitaria: lo que está en crisis es la capacidad de los estados de controlar sus fronteras y sobre todo el derecho fundamental de la gente a moverse por el planeta para encontrar un lugar seguro donde pueda construirse un futuro. Más allá del sentimiento de solidaridad que nos remueve al ver las catastróficas imágenes de hombres, mujeres y criaturas jugándose la vida en el Mediterráneo o muriéndose de frío en los Balcanes, esta crisis tiene una raíz política y unos responsables mucho claros que tenemos que señalar y combatir si de verdad queremos encontrar soluciones.

Lejos de la imagen de un alud humano inabarcable, lo cierto es que más de la mitad de demandantes de asilo llegados el año pasado a Europa proviene sólo de cinco países: Siria, Afganistán, Irak, Nigeria y Eritrea. Cinco crisis concretas, con sus respectivos responsables. No podemos entender el problema de los refugiados en Europa sin preguntarnos qué está pasando en Siria, principal expulsor de población del planeta, sin analizar el proceso político y social reciente del país.

Los refugiados sirios

A menudo el movimiento de solidaridad ve los refugiados sólo como individuos que necesitan ayuda, cuando la realidad es que son uno de los resultados de una revolución popular masacrada por la dictadura de Bashar Al-Assad y sus aliados. Y hasta que no se aborde esta causa continuarán llegando refugiados en Europa. Muchos de los activistas que han sido la base de este movimiento popular acabaron teniendo que huir a los países vecinos y a Europa por la magnitud de la violencia del régimen: y continúan hoy siendo parte de esta revolución. Y lo que esperan es que les reconozcamos como tales, no sólo como receptores de nuestra ayuda humanitaria. El ritmo y las oleadas de los flujos responde perfectamente a la dinámica del conflicto y también de los choques entre diferentes comunidades.

No olvidemos la imagen de aquellos luchadores por la libertad y la revolución que el año 1939 llegaban a Francia por Le Pertus, después de haber dejado atrás muchos muertos y el futuro al última y en vez de acogida y solidaridad se encontraron campos de concentración y el desprecio en Argelès. Mientras un sector importante de la izquierda se niega todavía a reconocer que el máximo responsable de esta catástrofe es el régimen de Bashar Al-Assad el relato de los refugiados es perfectamente coherente: un 90% asegura que huyó por la persecución del régimen y sus aliados. Si no entendemos Siria, no entendemos nada de nada y quedamos atrapados en la retórica del alud y del antiterrorismo que fomentan los gobiernos europeos. En Afganistán y en Irak, se vive la inestabilidad que han dejado el imperialismo después de la invasión de ambos países.

La distribución geográfica de los refugiados

Tampoco Europa es el principal receptor de la gente que huye. Sumadas todas las rutas, el año pasado llegaron al continente 362.000 personas. Desde 2011, cuando empezaron las revueltas y revoluciones en el mundo árabe que hicieron saltar por los aires regímenes como el de Gaddafi, que convenientemente financiado por Italia hacía de tapón a los migrantes subsaharianos, han llegado a Europa menos de 1,8 millones de personas. Una cifra perfectamente asumible para un continente con 500 millones de habitantes, con algunos de los países más ricos del mundo y que además necesita mano de obra joven. Sólo Turquía -que en el ranking de PIB per cápita ocuparía el lugar 27 de los 28 países de la UE- acoge más de 3,5 millones de refugiados. El Líbano, un pequeño país de sólo 4 millones de habitantes ha superado el millón. Esto sin contar los 8 millones de desplazados internos que han tenido que dejar casa suya y continúan dentro de Siria bajo las bombas. No, la crisis de refugiados y humanitaria no está en Europa: está en Siria y en los países vecinos.

La hipocresía de la UE

Los aspavientos de la UE y los estados miembros ante el muro y el veto migratorio de Trump son pura hipocresía. Hace un año Alemania y Bruselas habían cerrado la puerta a los refugiados con el acuerdo de la vergüenza con Turquía, por el cual el gobierno de Recep Tayip Erdogan, en plena deriva autoritaria, se ha convertido en un muro para los quién intentan llegar a Europa. A cambio de seis mil millones de euros y el silencio europeo en su guerra contra los kurdos, contra la izquierda y contra la libertad de prensa para conseguir poderes ejecutivos ilimitados.

Las quejas de la UE contra Trump son palabrería, después de que la política de blindaje de las fronteras haya convertido el Mediterráneo en un gran cementerio. Más de cinco mil muertos registrados el 2016 (nadie sabe cuántos de son de verdad porque muchos cuerpos se los traga el mar sin dejar rastro o son devueltos, arrastrados a su punto de partida): más muertos que nunca.

La guerra de frontera contra los refugiados

Técnicamente se habla de “guerra” cuando un conflicto supera los mil muertos en un año. Lo que pasa en el Mediterráneo, pues, es una auténtica guerra contra la migración: la única diferencia es que las víctimas son todas del mismo bando. Es una guerra en tierra que se practica con vallas, muros, trincheras, centros de detención…. Y cuando también utilizando el mar como un foso de los cocodrilos, (que son los barcos de la OTAN ) o el dispositivo de Frontex, la agencia europea de vigilancia de fronteras. Los soldados son policías, ejércitos y grupos paramilitares. Y , como siempre, hay que hacen negocio: toda una industria de la guerra de frontera, que va desde empresas españolas que se enorgullecen ser fabricantes en exclusiva de alambradas de cuchillas hasta las compañías de seguridad privada a las cuales se subcontrata la vigilancia de los centros de detención.

Hay que recordar que España ha sido el mal modelo que ahora emulan los socios europeos: las vallas de Ceuta y Melilla, los 14 asesinatos de la playa del Tarajal a manos de la Guardia Civil que continúan impunes (la ex-director general y máximo responsable del cuerpo, Arsenio Fernández de Mesa acaba de ser convenientemente recompensado con un lugar en el Consejo de Administración de Red Eléctrica de España). Y sobre todo la política de externalitzación del control fronterizo hacia estados africanos sin ningún tipo de garantías democráticas porque –con cargo a los fondos destinados a cooperación- para frenen los inmigrantes antes de que se acerquen en las fronteras europeas.

Las causas de la política europea hacia los refugiados

Contraviniendo sus propias leyes y y los tratados internacionales que han subscrito, los estados europeos pisa el derecho de asilo y responde con la guerra de fronteras… la frontera más desigual del mundo: un continente viejo, rico y en paz, rodeado de un mundo joven, empobrecido y en guerra. Además, la frontera no es sólo un espacio físico: son barreras legales, policiales prejuicios… un golpe han superado la trinchera la mayoría van con “la frontera” sobre sus hombros cada vez que tienen que salir de casa, enfrentándose al racismo institucional, a los controles policiales racistas en el metro, a la discriminación en el acceso a los servicios públicos, a la vivienda o al trabajo.

Lo que hay detrás de estas políticas no es frenar la inmigración (todo el mundo sabe que es imposible) sino sobre todo tres cosas. En primer lugar una nueva justificación para los recortes: “aquí no cabe todo el mundo, nuestra capacidad de acogida es limitada, los servicios públicos tienen un tope” es el nuevo mantra y de nada sirven todos los estudios y la experiencia que demuestran que la inmigración, de siempre, ha aportado más riqueza de la que consume. En segundo lugar, el mantenimiento de una capa de mano de obra sin derechos (en el caso de los sin papeles, como los miles de subsaharianos que están trabajando a la agricultura italiana) y vulnerable a la sobreexplotación. Y finalmente el retroceso de derechos y libertades que se ampara en el pretexto de la lucha antiterrorista y que se traduce en medidas como la ley mordaza en el estado Español o el estado de emergencia permanente en Francia.

Estas leyes, y no la llegada de refugiados en sí misma, son las que explican el crecimiento de la extrema derecha en Europa, que no se hace fuerte allá donde hay más crisis o más refugiados sino donde se impone este discurso político, a menudo, como pasa en Francia de la mano de un gobierno que se llama de izquierdas y que ha traído Marine Le Pen a las puertas de ganar las presidenciales de esta primavera. Envalentonada por el triunfo de Trump, y reforzada por Putin, la extrema derecha está en condiciones de imponerse también en Holanda, mientras que en Alemania triplicaría resultados el septiembre.

Es por eso que la defensa de los derechos de los refugiados no es sólo un problema humanitario, ético o moral. No es sólo una cuestión de solidaridad y empatía. En esta lucha se juega el futuro de todos y todas.

Fuente: Rebelión

domingo, 1 de mayo de 2016

La hipocresía de Occidente ante los paraísos fiscales.


Roma, 26 abr (Other News) - La publicación de los documentos de Panamá ha sido asimilada al cabo de unos días, como si de un escándalo cualquiera se tratase.

Tanto nos acostumbramos a los escándalos, que dejamos de distinguirlos, contribuyendo a una reacción pública general: todos son corruptos y la política es pura corrupción. De esto, por supuesto, se aprovecha la derecha radical y los partidos xenófobos, que no paran de crecer en todas las elecciones, a partir de Donald Trump en Estados Unidos a Nigel Farage en el Reino Unido. Farage rápidamente exigió la renuncia de Cameron, que se encuentra entre los usuarios de la oficina jurídica panameña Mossack Fonseca, responsable por asistir a más de 14.000 clientes en crear 214.488 empresas en 21 paraísos fiscales.

En algunos casos, como en el de Islandia, la indignación pública causó la dimisión del primer ministro. Pero por norma la reacción general siguió el modelo de Cameron: negar cualquier irregularidad y simplemente esperar que la indignación se disipe.

Los papeles de Panamá por supuesto recibieron un espacio muy destacado en los medios de comunicación, manteniéndose presentes varios días (nunca más de cinco). Pero los medios de comunicación hacen pocos esfuerzos para mirar más allá de los papeles de Panamá y averiguar la situación real de los paraísos fiscales. Si lo hubiesen hecho saldría a la luz una verdad muy incómoda: los mismos países que hablan públicamente en contra de esos paraísos, poco hacen para eliminarlos.

Para ejemplo, según revelan los papeles de Panamá, más de mitad de las empresas fantasmas creadas por Mossack Fonseca estaban registradas en las Islas Vírgenes Británicas. La lógica es la misma que en Panamá: una empresa paga una cuota de registro, después de eso una cuota anual (nunca más de 500 dólares) y por ley la empresa tendrá que pagar impuestos sólo por las actividades realizadas en el mismo país. Basta con no tener alguna actividad comercial en Panamá u otro paraíso fiscal para escapar completamente a las autoridades fiscales locales.

Está claro que las Islas Vírgenes Británicas son un territorio británico, al igual que las Bahamas, Bermudas, Turk y Caicos y por tanto, Londres podría obligar a estos territorios a cumplir las leyes internacionales en materia de transparencia y rendición de cuentas. Los documentos de Panamá se refieren simplemente a "una empresa en un solo lugar", nota el economista Gabriel Zucman, autor del libro “La riqueza oculta de las naciones: La plaga de los paraísos fiscales". "Por lo tanto” --añade Zucman-- “no pueden ser representativos de lo que está sucediendo en todo el mundo". Se desconoce el número total de empresas registradas con el intuito de evadir impuestos.

De hecho, Zucman estima que hoy en día en los paraísos fiscales se oculta la asombrosa cifra de 7,6 billones de dólares, un 8% de la riqueza financiera mundial. El economista nota que según el Financial Secrecy Index, publicado por la Red de Justicia Fiscal, con sede en Washington, Estados Unidos es uno de los principales paraísos fiscales, justo detrás de Suiza y Hong Kong.

Un excelente ejemplo de doble rasero. Después de revelarse que los bancos suizos ocultaban capitales norteamericanos (que llevó el Tesoro estadounidense a aplicarles una fuerte multa), en 2010 los EE.UU. aprobaron la Ley de Foreign Account Tax Compliance (ley de cumplimiento tributario de cuentas extranjeras), la cual requiere que todas las empresas financieras del mundo compartan datos sobre estadounidenses con cuentas en el extranjero. Pero al mismo tiempo los EE.UU. se niegan a firmar cualquier acuerdo de intercambio de información financiera con otros países.

El Sr. Kleinbard y la Sra. Lowe, del Global Financial Integrity, afirman que los bancos estadounidenses están plagados de dinero procedente de inversores extranjeros. Kleinbard, que era jefe de gabinete de del comité conjunto sobre impuestos del Congreso, declara: “EEUU exige que el resto del mundo revele cuando un americano tiene una cuenta en una institución extranjera, pero EEUU no devuelve el favor al no proporcionar información similar sobre inversores extranjeros en bancos norteamericanos a las jurisdicciones domésticas de aquellos”.

Pero, en realidad, el secreto de los bancos estadounidenses va más allá. De hecho, varios Estados americanos usan sus privilegios constitucionales para proteger a sus bancos, incluso del gobierno central. Heather A. Lowe, la asesora legal y directora de asuntos gubernamentales de Global Financial Integrity en Washington, advirtió que el problema estaba en cualquier Estado americano, no sólo en el más notorio. "Se pueden crear compañías anónimas en cualquier lugar en los Estados Unidos: El motivo por el que la gente conoce Delaware, Nevada y Wyoming es que esos estados hacen marketing a nivel internacional".

Por ejemplo, el secretario de Estado de Delaware ha subrayado en sus informes anuales que este esfuerzo de marketing ha permitido al "Estado conectar con miles de profesionales del derecho en docenas de países en todo el mundo que relatan el fenómeno de Delaware". Nevada contaba con un anuncio similar en la página web del Estado: ¿Por qué incorporar en Nevada? informes y requisitos de revelación mínimos. Accionistas no son registro público".

John Cassara, un ex agente especial del Departamento del Tesoro, escribió en el New York Times del 7 de abril sobre la frustración que los agentes fiscales sienten al tratar de investigar "quién o qué está detrás de esa empresa: básicamente te retiras. No importa si es el FBI, a nivel federal, estatal o local. Ni siquiera el Departamento de Justicia puede obtener la información. No hay nada que hacer." Cassara tuvo que abandonar una investigación en Nevada cuando encontraron una corporación que había recibido más de 3.700 transferencias electrónicas sospechosas, por un total de más de 381 millones de dólares.

Claramente, no se pueden establecer reglas para la gobernanza mundial cuando los países ricos e importantes tienen un doble rasero, y ni siquiera consiguen poner orden en su propio hogar. Pero la falta de gobernabilidad global se vuelve aún más evidente cuando descubrimos que los 34 miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) debaten la temática de impuestos globales excluyendo a todos los otros países del mundo.

El Grupo de los 77 y China, que cuenta con 134 miembros, ha pedido en repetidas ocasiones que la ONU desempeñe un papel más importante en la cooperación fiscal global, siempre en vano. Importa notar que en la lista de titulares de cuentas en Panamá encontramos un gran número de personalidades de los países árabes, China, Nigeria, Brasil y así sucesivamente. Pero hay un problema cultural, al que no se encuentra solución.

Las autoridades fiscales de los países de la OCDE consideran que en asuntos delicados, es mejor excluir a los países en desarrollo, porque su presencia facilitaría un mecanismo de negociación que podría dejar a los países de la OCDE en posición minoritaria. Adoptar ese mecanismo significaría reconocer que la gobernabilidad mundial se alcanza únicamente a través de un sistema de consulta y decisión democrático.

Sin embargo, tal reconocimiento no refleja en absoluto el estado de ánimo que prevalece en un mundo cada vez más fracturado. Por lo tanto, es más lógico esperar muchos más escándalos, seguidos de unos días de atención a los nombres involucrados, seguido de una recaída total, hasta que surja el próximo escándalo.

¿Cuánto tiempo puede durar este ciclo sin dañar los cimientos de la democracia? Difícil de predecir. Entretanto, algunos defensores del sistema actual ya afirmaron que los escándalos son la prueba de que la democracia está viva. Pero si la falta de confianza ciudadana en las élites políticas y económicas sigue aumentando, cuesta creer que tales escándalos ayuden a la democracia… 

Roberto Savio

Periodista italo-argentino. Co-fundador y ex Director General de Inter Press Service (IPS). En los últimos años también fundó Other News, un servicio que proporciona “información que los mercados eliminan”. Other News . En español:http://www.other-news.info/noticias/ En inglés: http://www.other-net.info

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