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jueves, 25 de julio de 2013

¿Por qué el papa Francisco está fascinando tanto a los jóvenes?



Juan Arias

El pontífice gusta a las nuevas generaciones porque es diferente de los personajes del poder que ellos conocen y abominan
Ya nadie lo pone en duda. Francisco gusta a los jóvenes, católicos o no. Más aún, los electriza, como se pudo comprobar ayer en las calles de Río, donde pudo verse, con un nudo en la garganta, el pequeño Fiat del Papa materialmente invadido por una marea de jóvenes peregrinos llegados para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ)
La pregunta es por qué esa fascinación de unos jóvenes que al mismo tiempo, como revelan los sondeos, exigen a la Iglesia mucho más de lo que el mismo Papa les ofrece.

Los jóvenes hoy están desencantados con casi todo, preocupados con el futuro. Son ellos mismos víctimas, por ejemplo, de una violencia asesina. Entre los 50.000 homicidios con armas de fuego anuales perpetrados en Brasil, el 80% son de jóvenes.
Dicen que ellos no creen en los mayores. Menos aún en los políticos. Se dice que son fundamentalmente egoístas y hedonistas. Y sobre todo consumistas. Que carecen de valores.

Y llega Francisco, bien mayor, casi un abuelo para ellos, un papa exigente que les pone en guardia contra la “fascinación de lo provisorio”, es decir del ansia de consumir y poseer; que les dice que ellos son la puerta por donde entra el futuro del mundo, pero les propone un futuro en el que “menos es más”. Les llama a despojarse de lo provisorio y fugaz en busca de lo que permanece, de la esencia.
Hay algunas claves, presentadas por los mismos jóvenes presentes aquí en Río que son significativas para entender esta paradoja. Dicen algunos de estos jóvenes que les gusta el papa Francisco porque “no representa un papel. Es lo que dice”. ¿Como lo saben? Lo intuyen.

Les gusta porque es diferente de los personajes del poder que ellos conocen y abominan. Dicen que Francisco “simplifica” las cosas, que para él menos es más.
Quizás porque los jóvenes sienten fuerte el gusanillo del consumismo y de lo efímero, se sienten fascinados por la sencillez de sus gestos y palabras.
Cansados de las hipocresías y del despilfarro de los hombres del poder, se sienten atraídos y enloquecidos viendo a Francisco recorrer las calles de Río en un coche utilitario, sin blindar, con la ventanilla abierta. Lo ven sin miedo a morir, algo que excita a los jóvenes.

Y aprecian de Francisco el que sea un papa con “cuerpo”. No es un espíritu ni un ángel. No tiene miedo de besar ni de abrazar. No rechaza el tacto de los cuerpos.
Intuyen que Francisco no es un actor ni un hipócrita, que no exige lo que él no es capaz de hacer, que es consecuente con sus palabras.

Lo ven despojado, cariñoso, tierno y al mismo tiempo severo, empezando consigo mismo.
Cuando supo que querían contratar al chef de cocina de un lujoso y mítico hotel de Río, el Copacabana Palace, hizo saber que prefería que las monjas le cocinaran arroz, frijoles y pan de queso, bien a la brasileña.

Les gusta esa su mirada, escribía ayer un joven, “que te mira y parece verte dentro”.
Saben los jóvenes que Francisco ya fue como ellos: tuvo novia, pensaba casarse antes de decidir seguir su vocación. Más aún, ya sacerdote, durante una boda se enamoró perdidamente de una chica y pasó, como contó él mismo a su amigo el rabino Skorka, una semana sin poder dormir. Hasta había pensando en dejar los hábitos. Resistió y prefirió seguir su vocación. Y eso también gusta a los jóvenes.

“Nos parece sincero, no hipócrita” decía un joven espiritista que vino de fuera de Río para conocer a Francisco: “Aunque no soy católico, me gusta ese señor tan sencillo a pesar de ser Papa”, dijo a un reportero del diario O Globo.
Y, por fin, los jóvenes sienten que Francisco cree en ellos, en lo que represen tan en el mundo. Cree, como él mismo ha dicho, en esa “capacidad de sorpresa” que suelen ofrecer los jóvenes.

En tiempos de descreencia general; mientras grupos de adultos hacen ritos aquí en la calle para “desbautizarse” o exhibir su ateísmo, una buena sorpresa es que cientos de miles de jóvenes de tantos países y lenguas distintas, se hayan enamorado de un papa que les pide que se despojen de la hojarasca de lo superfluo para sentir la vibración de lo que permanece y vale la pena de saborear.
Sobre todo, les ha dicho el papa, vale la pena “hacer algo por los demás”. Parece poco, pero es ese poco propuesto como mensaje condensado, lo que le está conquistando la simpatía y el cariño de esa juventud de la que dijo ayer que “debemos abrirles espacio” para que pueda “crecer y amar en libertad”.

domingo, 21 de julio de 2013

Las calles de Brasil serán el mejor amigo de Francisco, no su enemigo.



La diferencia abismal entre los faraónicos eventos deportivos en el gigante sudamericano y la JMJ

John L. Allen Jr. * Roma

Los viajes papales, en cierto sentido, son siempre una aventura hacia lo desconocido, pero Francisco, que está por visitar Río de Janeiro para la Jornada Mundial de la Juventud (22 a 28 de julio), afrontará las volátiles e impredecibles calles brasileñas. La población de Brasil está muy molesta en estos momentos y, a pesar de que las masivas demostraciones que se llevaron a cabo en junio se han ido diluyendo, el descontento no ha desaparecido. 

Durante una rueda de prensa del 16 de julio, el jefe de la agencia de inteligencia carioca dijo a los periodistas que el espectro de nuevas protestas durante la estancia de Francisco en la ciudad es una de las mayores preocupaciones; por su parte, el alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, se sintió obligado a explicar a los habitantes de la ciudad que el Papa “no tiene conexiones directas con los pecados de los políticos brasileños”. Los organizadores de las protestas de junio anunciaron que planean salir a las calles el 26 y el 27 de julio, bajo el eslogan “¡Papa, mira cómo nos tratan!”. 

Sea como sea, nadie parece estar enojado con Francisco. Al contrario, los brasileños (independientemente de su credo) lo han tomado como autoridad moral y quisieran que estuviera de su parte. En realidad, hay muchas razones por las que Francisco será bien recibido. Es difícil imaginar que alguien que se preocupe por los pobres pueda esgrimir reproches con este Papa. Francisco no solo ha renunciado a casi todos los privilegios papales, desde el aposento en el Palacio Apostólico hasta la limousine de la Mercedes, sino que además es famoso porque desea “una Iglesia pobre y para los pobres”. Mientras tanto, tanto los obispos de Brasil como del Vaticano han indicado en diferentes ocasiones que comprenden las peticiones de los manifestantes. 

El arzobispo de Río, Orani Joao Tempesta, dijo que las manifestaciones eran “semejantes al espíritu de la Jornada Mundial de la Juventud” (en el sentido del deseo por trabajar juntos para llegar a un mundo nuevo, a una vida nueva). A finales de junio, cabe recordar, la Conferencia de los obispos brasileños publicó una declaración expresando “solidaridad y apoyo”. Poco antes, a principios de junio, el periódico español “El País” publicó una supuesta frase dicha en privado de Francisco en la que habría subrayado la justicia y coherencia con el Evengelio de las manifestaciones Brasileñas. El Vaticano nunca confirmó ni desmintió esta declaración. Honestamente, el primero de los peligros a los que se enfrentará Francisco será la instrumentalización de su visita que podrían pretender llevar a cabo tanto los manifestantes como los políticos. 

 Francisco visitará Río como el primer Papa latinoamericano de la historia, y seguramente le ayudará el orgullo natural que se siente en toda Latinoamérica con su llegada al trono de Pedro, posición de liderazgo a nivel mundial. Además, si uno de los motivos por los que los brasileños salieron a las calles en junio fue la percepción de que el gobierno estaba gastando dinero en faraónicos eventos globales, la JMJ tiene una naturaleza completamente diferente. 

En total, los gobiernos federal, estatal y municipal aportarán (máximo) 60 millones de dólares para la JMJ, que servirán para cubrir la seguridad, la logística y subsidios para el transporte. Basta comparar aquella cifra con los 13 billones de dólares que desembolsarán las arcas nacionales para el Mundial de 2014 o con una cifra parecida para los Juegos Olímpicos de 2016. Sin ser ningún genio de la matemática, cualquiera puede darse cuenta de que a los contribuyentes brasileños la JMJ costará solamente el 0.5% de lo que gastarán para el Mundial de 2014. Si los brasileños toman en cuenta esta diferencia, la presencia del Papa seguramente no desencadenará el mismo descontento. 

Los organizadores en Río dieron a conocer la cifra de dinero que podría inyectar la JMJ a la economía local: alrededor de 220 millones de dólares, además de unos 20,000 puestos de trabajo. Para concluir, hay otra razón por la cual el Papa no debe temer durante su viaje, y es la más importante de todas. Una Jornada Mundial de la Juventud se desarrolla en las calles de la ciudad, es decir que la mayor parte de la gente de Río no se enterará de lo que sucede por medio de los periódicos o de las redes sociales. Podrán vivirla en primera persona cada vez que tomen el autobús o que atraviesen la ciudad. 

Durante la primera parte de cada una de las Jornadas Mundiales de la Juventud, miles y miles de jóvenes católicos peregrinos inundan las calles de las ciudades, al dirigirse a las sesiones de catequesis y a los diferentes eventos en programa. Se mezclan con la gente. En cambio, para participar en un Mundial o en unos Juegos Olímpicos, la población local debe pagar entradas carísimas, por lo que la mayor parte de ella no puede ni siquiera acercarse a estos eventos. 

Para vivir la Jornada Mundial de la Juventud basta salir a las calles. Los brasileños verán filas y filas de jóvenes esperando confesarse en el Parco della Quinta da Boa Vista. El viernes 26 de julio, los jóvenes peregrinos literalmente tomarán las calles con el tradicional Vía Crucis. La procesión serpenteará por una sección de 900 metros de la Avenída Atlántico en el centro de Río de Janeiro, y además pasará por lugares clave de la ciudad (Arpoador y Selarón). Durante varias horas, los brasileños verán las calles ocupadas no por manifestantes sino por creyentes tratando de conectarse con los misterios de la vida y la muerte. 

Si los jóvenes peregrinos sorprenden a los brasileños de la forma en la que han impresionado a otras poblaciones por el mundo, con su impulso, su simpatía, su idealismo, entonces cualquier resentimiento en potencia de desvanecerá. En otras palabras, Francisco se encuentra en una posición única, que envidiaría cualquier otro líder global que visitara el país. Durante los próximos días, las calles no serán el enemigo de Francisco, sino su mejor amigo.

Fuente: Atrio