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lunes, 16 de mayo de 2016

Madre, arquetipo fundamental de la psique humana.


Leonardo Boff

La madre es más que una figura física con la cual estamos ligados afectivamente toda la vida. Es la primera palabra que pronunciamos cuando despertamos a este mundo y para muchos es la última palabra que les viene a los labios cuando se despiden, especialmente en una situación de peligro extremo.
Grandes nombres de la tradición psicoanalítica como C. G. Jung y su discípulo favorito E. Neumann, profundizaron en la irradiación del arquetipo de la madre. Pero también hay que mencionar la valiosa contribución de Jean Piaget con su psicología y pedagogía evolutiva y, especialmente, la de Donald W. Winnicott con su pediatría combinada con el psicoanálisis de niños. Ellos nos detallan las complejas vías de la psique infantil en estos momentos iniciales y fundamentales de la vida que nos dan el sentimiento de ser amados, protegidos y siempre acogidos.

En el Día de la Madre vale la pena recordar estas contribuciones que nos refuerzan el sentimiento profundo que tenemos hacia nuestras madres. Más que reflexiones hoy valoramos el afecto, cuyas raíces están fundadas en el cerebro límbico, que surgió hace más de doscientos millones de años cuando irrumpieron en el proceso de la evolución los mamíferos, de los cuales descendemos. Con esta especie nos vino el amor, el afecto y el cuidado, guardados como informaciones hasta hoy por nuestro inconsciente colectivo. Entreguémonos brevemente a la tierna fuerza de este afecto.

Hay muchos textos conmovedores que exaltan la figura de la madre, como el bellísimo del obispo chileno Ramón Jara. Pero hay otro de gran belleza y verdad que viene de África, de una noble abisinia, recogido en el prefacio del libro Introducción a la esencia de la mitología (1941), escrito por dos grandes maestros en el campo, Charles Kerény y C. G. Jung. Así dice una mujer, en nombre de todas las mujeres y madres, lo que reproducimos aquí. Una vez más vemos que aquí habla más alto el afecto que la reflexión, pues en este día de las madres, aquel activa más que en otras ocasiones el arquetipo materno.

«¿Cómo puede saber un hombre lo que es una mujer? La vida de una mujer es completamente distinta de la del hombre. Dios lo hizo así. El hombre es el mismo desde el momento de su circuncisión hasta su declive. Es el mismo antes y después de haber encontrado por primera vez a una mujer. Sin embargo, el día en que la mujer conoce a su primer amor, su vida se divide en dos partes. Este día se convierte en otra. Antes del primer amor, el hombre es el mismo que era antes. La mujer, desde el día de su primer amor, es otra. Y lo seguirá siendo toda la vida».

«El hombre pasa una noche con una mujer y luego se va. Su vida y su cuerpo son siempre los mismos. Pero la mujer concibe. Como madre, es diferente de la mujer que no es madre, pues lleva en su cuerpo durante nueve meses las consecuencias de una noche. Algo crece en su vida y nunca va a desaparecer de su vida. Pues es madre. Y seguirá siendo madre aun cuando el niño o los niños hayan muerto. Porque llevaba al niño en su corazón. Incluso después de su nacimiento, lo sigue llevando en su corazón. Y de su corazón no se irá nunca, aunque el niño muera».

«Todo esto no lo conoce el hombre. Él no sabe nada. Él no sabe la diferencia entre el “antes del amor” y el “después del amor”, entre el antes y el después de la maternidad. No lo puede saber. Sólo una mujer puede saberlo y hablar de ello. Es por eso que, las madres, nunca debemos permitir que nuestros maridos puedan oscurecer este profundo sentimiento nuestro. Una mujer puede solo una cosa. Puede cuidar de sí misma. Se puede conservar decente. Debe ser cuál es su naturaleza. Debe ser siempre niña y madre. Antes de cada amor es niña. Después de cada amor es madre. En esto podrás saber si ella es buena mujer o no».

Sin duda, se trata de una visión idealizada de la mujer y de la madre. En ellas también hay sombras. Pero en este día nos olvidamos de las sombras para centrarnos solo en el momento arquetípico de luz que cada madre es. Por eso tantas personas viajan este día, se desplazan desde muy lejos para ver a su “querida madrecita”, para darle un abrazo filial y cubrirla de besos.
Ellas lo merecen. No estaríamos aquí si no hubieran tenido el cuidado infinito de darnos la bienvenida a la vida y de encaminarnos por los misteriosos laberintos de la existencia. Para ellas nuestro afecto, nuestro cariño y nuestro amor: a las vivas y a las que están más allá de la vida.

* Leonardo Boff es autor en colaboración con Rose-Marie Muraro, que sólo en la memoria y el afecto está con nosotros, del libro Femenino y Masculino. Una nueva conciencia para el encuentro de las diferencias (2002).
Traducción de MJ Gavito Milano

sábado, 15 de octubre de 2011

A nuestra madre.


por José Arregui, Teólogo.


No es un plural mayestático. El vasco que aprendimos con la leche materna nos enseñó a decirlo así, en plural: “nuestra madre”, “nuestro padre”, aunque uno fuera hijo único; “nuestro hermano”, aunque uno fuera hermano único de su único hermano; “nuestra casa”, aunque uno viviera solo en su casa, sin compañero ni compañera. Las lenguas son más sabias que todas las filosofías y teologías juntas, pues contienen todas las palabras, y en las palabras está todo lo que se puede decir, e incluso lo indecible. El vasco, lengua multimilenaria y en peligro de extinción, sabe que toda madre es madre de muchos.
Que todos los hijos son hermanos de todos. Y que todos debieran tener una casa, y que nadie debiera ser desahuciado y puesto en la calle por no poder pagar la hipoteca, y que nadie debiera tampoco pensar que su casa solo es suya. ¿El misterio que llamamos “Dios” no es acaso la comunión universal y la casa común de todas las criaturas? Esas cosas y otras muchas nos enseñaba ya la lengua, sin saberlo nosotros, en el pecho de la madre.
Ella murió el pasado 10 de Agosto, después de haber apurado el cáliz de muchos dolores en tres semanas, tan breves que apenas nos dieron tiempo para hacernos a la idea de que la íbamos a perder, y tan largas, sin embargo, que ella misma y nosotros hubiésemos querido abreviarlas al menos en unos días, y las hubiéramos abreviado de no haberlo impedido algunos prejuicios todavía vigentes. ¡Que nadie invoque el sagrado nombre de Dios para prolongar una vida demasiado dolorosa! Lo que la vida no quiere no lo quiere Dios, pues Dios es La Vida.
Era el día de San Lorenzo, un santo popular, al que la leyenda presenta como aragonés, diácono y tesorero en la iglesia de Roma del siglo III; entre los tesoros encomendados a su custodia figuraba, se dice, el Santo Grial, la copa con la que Jesús celebró la cena de despedida, de la que bebió vino alegremente con sus amigos y amigas y que luego se le convirtió en cáliz de soledad y amargura, en contra de su voluntad y de la Dios. San Lorenzo sufrió el martirio, se cuenta también, asado sobre una parrilla, y de ahí que se le represente con una parrilla en una mano y un cáliz en la otra. Así se le representa en el sencillo retablo de la ermita de San Lorente, allí arriba, entre Arroa y Zumaia, a donde llevé a nuestra madre el primer día que, acompañada por varias de sus hijas, vino a ver mi casa, perdón, nuestra casa. ¡Cuánto le gustó la ermita y todo su entorno de montaña y de mar! Ya de antes, no sé por qué, a mí me gustaba ir allí de paseo, solo, los domingos por la tarde, y ahora ya es una cita imprescindible. Allí le rezo a nuestra madre. Allí nos encontramos, al caer la tarde, en la gran Presencia.
La Presencia… Pero ¡cuántas ausencias sentimos, Dios mío! ¡Cuánta ausencia, imposible de colmar, siente una madre cuando pierde a un hijo, como perdió nuestra madre hace veinte meses, o a una hija pequeñita de apenas un año, que también perdió hace muchos años pero que nunca se le fue del corazón y de la memoria! Son cosas de madre. ¡Y cuánta ausencia sienten los hijos y las hijas, por crecidos que estén, cuando pierden a su madre! Nada colmará ya ese vacío.
Nuestra madre no era la mejor del mundo. Era la nuestra. Y era de una presencia que lo cubría y lo llenaba todo. Como la Presencia del Todo. Como esta ausencia de ahora, hecha de todas las ausencias, ¡y son tantas en el mundo! Era una mujer fuerte, increíblemente fuerte, y falta le hizo en esta vida que, por mucho que digamos, sigue siendo también valle de lágrimas. Era fuerte como la tierra, que todo lo aguanta. Era tan fuerte que, a sus 83 años, después de catorce partos y diecisiete embarazos e infinitos desvelos, tenía el páncreas y el hígado invadidos por el cáncer, pero nadie lo sabíamos, y ella seguía trabajando todo el día, labrando la huerta con su azada, amasando el pan con sus manos y cultivando las flores, ¡cómo le gustaban las flores! Y sin cuidarse apenas, pero cuidándose de todo y de todos, hasta el último detalle.
Y así siguió hasta la luna llena, el 15 de Julio, y al día siguiente, madrugando como siempre, todavía amasó y coció en el horno de leña muchas hogazas de pan dorado y tierno, y por la tarde ya no pudo más, y solo entonces lo supimos. Tanta fortaleza, sin embargo, nunca pudo con su ternura. Su ternura, reflejada en una deliciosa sonrisa, era –estoy seguro– el secreto de su fuerza y lo que la hizo tan humana, tan humana. Por eso la echamos tanto de menos, y por eso celebramos su memoria. Con ella, nuestra madre, quiero celebrar la memoria de todas las madres, ¡benditas sean! Y quiero bendecir a todas las hijas e hijos, pues todos somos huérfanos o bien lo seremos.
¡Gracias, ama! A veces todavía no podremos evitar las lágrimas por haberte perdido, pero lloraremos sobre todo de gratitud por haberte tenido. Curaremos la herida de tu pérdida con el bálsamo de tu recuerdo.
Gracias porque tú nos tuviste. Por habernos hecho, como el pan, en el horno de tus entrañas cálidas, uniendo el aire y el agua, la tierra y el fuego. Por habernos amasado, como el pan, lentamente, tiernamente, en la artesa de la vida, hecha de gozos y dolores.
Gracias por haber sido tan sabia siendo casi analfabeta y sin haber leído ningún libro, salvo el gran libro de la Vida, el único importante. Gracias por haber encarnado tan bien aquella máxima que se atribuye a Jesús de Nazaret, el hombre bueno y feliz: “Hay más alegría en dar que en recibir”. Gracias por haber sido tan feliz como fuiste y haberlo sido dando, dándolo todo, escogiendo siempre para ti la peor parte y guardando siempre la mejor parte para los demás, para nosotros. Gracias por haberte ignorado tanto. Por no haberte sentado nunca a la mesa, ni al final, hasta haber servido a todos.
Gracias por haber amado tanto la tierra y por haberla cuidado con el mismo mimo que a nosotros. Y por haberle contado sin drama, la azada en la mano y el sudor en la frente, tantos secretos dolorosos que nos guardaste a nosotros. Y por habernos dejado la casa llena de pan y de flores.
Y gracias, ama, porque no fuiste perfecta. Porque fuiste de carne y de barro, aunque a veces parecías de otra carne y de otro barro. ¡Gracias por tus defectos y heridas! Siempre te querremos con ellas, como tú nos quisiste con las nuestras.
Gracias por las palabras testamentarias que, en tu hora de Getsemaní, aquel bendito y duro sábado 6 de agosto, fiesta de la Transfiguración, nos dijiste: “Vivid en paz. Tened paciencia”. Nunca lo olvidaremos.
También tú, ama, vive en Paz. Descansa ya. Pero no dejes de cuidar en nosotros la llama de tu horno, pues ¿cómo podrías tú descansar sin cuidarnos?
José Arregi
Para orar
Y entonces vio la luz. La luz que entrabapor todas las ventanas de su vida.Vio que el dolor precipitó la huida
y entendió que la muerte ya no estaba.
Morir sólo es morir. Morir se acaba.Morir es una hoguera fugitiva.Es cruzar una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.
Acabar de llorar y hacer preguntas;ver al Amor sin enigmas ni espejos;
descansar de vivir en la ternura;
tener la paz, la luz, la casa juntasy hallar, dejando los dolores lejos,
la Noche-luz tras tanta noche oscura.
(José Luis Martín Descalzo)

viernes, 26 de agosto de 2011

El misterio de las dos madres.


Por Lenin Cardozo*

25 de agosto, 2011.- La vida de la humanidad es regida por dos grandes misterios, el misterio de las dos madres. No nacimos de una madre, sino de dos madres, de la madre biológica y de la madre Tierra. Alguna vez, esta gran humanidad se habrá preguntado con seriedad ¿De dónde venimos?. ¿Cómo obtuvimos el don de la vida? ¿Nuestra existencia quien la ha hecho posible?. Todo, por la gracia de estos dos grandes misterios. Hemos nacido del útero de una mujer, quien es nuestra madre biológica y salimos de la piel de la madre tierra.Con que facilidad perdemos la frontera del amor y del respeto, en la diaria relación con nuestras madres. Nuestra madre biológica, es alguien tan cercana, que a veces nos pareciera, que es una hermana, o una amiga, una tía. O simplemente asumimos que es alguien incondicional y que esta ahí, para ayudarnos y punto. Nos hemos dado el lujo, en muchos momentos, de confrontarla, irrespetarla o atropellarla. Incomprensiones y maltratos, es lo que ha recibido de nosotros el cuerpo que nos dio la vida. Ella, quien es el origen de todo y sin su existencia, nada hubiese ocurrido.

En la medida que nos hicimos independiente, progresivamente la vamos sacando de nuestras vidas. La sentenciamos con nuestra indiferencia. Porque ahora tenemos “nuevas responsabilidades” o tenemos que vivir “nuestras vidas”. Con que facilidad olvidamos esa parte de nosotros que dependió por mucho tiempo de su protección. ¿Esa es la ley de la vida?, y si es así, ¿Quién escribió esa ley?

Igual ocurre, con la madre Tierra. La madre de nuestras madres. Es el cuerpo donde aparece y se desarrolla nuestra existencia. Es el todo de principio a fin. Ahí nacimos y ahí volvemos al cierre del ciclo. Nunca nos desprendemos de ella, así la obviemos, la agredamos, la contaminemos.

En qué momento paso, no lo sabemos, pero la gran masa de esta humanidad indiferente desconoce su existencia. Hablar de la Tierra, es un simple tema escolar. ¿Quién le reza a la madre Tierra?, ¿Quién le rinde tributos? ¿Tendrán las madres algún minuto diario en nuestros pensamientos?

Pensar sobre estos dos misterios, es un punto de partida, para dejar de ser esa humanidad banal, egoísta e ingrata, en que nos hemos transformado y retomar o descubrir (para muchos), el real significado de poder amar y venerar a nuestras madres. Es encontrarnos con el más puro sentimiento, capaz de darnos la sabiduría para amar al resto de la humanidad y a todas las especies hermanas que tienen los mismos derechos por haber nacido de la misma madre Tierra.

*Lenin Cardozo, Ambientalista venezolano. Director Ejecutivo de los noticieros ambientalistas Canal Azul 24 (www.canalazul24.com), Blue channel 24 (www.bluechannel24.com) y ANCA24 Agencia de noticias ambientales para las Americas. Fundador de la ONG AZUL Ambientalistas (www.azulambientalistas.org).
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Fuente: http://lenincardozo.blogspot.com/

Otras noticias:


Fuente: Servindi

lunes, 7 de marzo de 2011

EXISTIÓ UNA CIVILIZACIÓN EN LA QUE LAS MUJERES TUVIERON IGUALDAD DE DERECHOS - HOMENAJE AL DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER


Nadie habla, porque no conviene, que existió una civilización en Europa Occidental[i] la CELTA, que antes y en los comienzos de la era cristiana, la mujer no conoció de feminismo, ni machismo, ni matriarcado /patriarcado, y por supuesto, menos de tener la necesidad de luchar por sus derechos, sus espacios.


Vivían en un sistema de igualdad de derechos y deberes como los hombres.

Desde el nacimiento ambos sexos eran criados juntos, recibiendo la misma educación cultural y espiritual, compartían sus juegos, así como el aprendizaje de oficios y eran igual de garridas al momento de entrar en guerra.

Entre los derechos que luego el derecho romano y el cristianismo se ocuparon de prohibir y por sobre todo censurar en la historia universal, estaban:

■El derecho a elegir a su hombre, nadie podía imponerle un casamiento. Que las leyes celtas incluían renovación del contrato matrimonial, al año de haberse casado.
■Que existía el “divorcio” con repartición de bienes equitativos. Manteniendo cada uno sus bienes propios y repartiendo los que hubiesen incrementado durante el matrimonio.
■Que el divorcio no era algo vergonzoso o mal visto por el resto de la sociedad, así como el concubinato o lo que hoy conocemos como tener una amante durante el matrimonio.
Entre los registros del historiador Diocasius,[ii] y también lo toma Julio Cesar en sus relato sobre "La guerra de las Galias", refiriéndose peyorativamente a la costumbre de compartir una mujer entre varios hombres. Lo documentando es una entrevista entre Julia Domna, esposa del emperador Severo[iii] y una mujer caledonia. La patricia habla sobre la libertad con que las mujeres de su pueblo conceden lo que los celtas llamaban "la amistad de los muslos". A lo que la caledonia (celta) responde “que los modos de su pueblo son superiores a los de los romanos puesto que en su pueblo todo se hacía de una manera directa y abierta. Ellas, las mujeres de su pueblo podían juntarse descaradamente con el más magnífico de los hombres mientras que las romanas, con el secreto que sus falsos valores que la respetabilidad imponía, tan sólo podían encontrar amantes entre aquellos a quienes no arredraba complacerse en alianzas furtivas, os dejáis ser seducidas en secreto por el más vil o por quien más pague por vos... "

La “amistad de los muslos” consistía en la libre elección de un hombre de su agrado, para aparearse, sin moralinas, ni tapujos y sin conllevar con ello ninguna responsabilidad por parte de uno o del otro. Sin que esto implicase juzgamiento alguno por el resto del clan o tribu.

■La mujer administraba sus bienes, comercializaba, podía iniciar causas legales si fuese necesario.
■Al tener el deber y el derecho de recibir educación, las mujeres, al igual que los hombres, llegaban a ejercer la medicina; y según su capacidad y vocación alcanzaban los rangos de druidesa, poetiza, legisladora, educadora, jefe militar, comerciante, instructora en lucha y en armas, llegando a obtener el jerarquía de “Mujer Sabia”.
■Tenían mucha dignidad, eran trabajadoras incansables, alegres de por sí, voluntariosas, porque ello formaba parte de su tradición, al igual que el ser una bravía para enfrentar tanto la dureza del trabajo del campo, cuidado del ganado, sembrado o el rigor de la lucha.
■Poseían la virtud de actuar como fieras ante la adversidad o las obligaciones y luego convertirse en seductoras “sirenas encantadoras” a la hora del amor. Del descanso o de las fiestas.
■Coquetas por excelencia, obsesivas por su limpieza personal (convengamos que se le atribuye a los celtas el invento del jabón) y estética personal. Expertas en la generación de diferentes cosméticos para dar color a sus pálidos rostros. Tenían especial cuidado en la elección y diseño de sus prendas, que ellas mismas confeccionaban y adornaban, en forma recargada, con los más diversos objetos en piedras, oro o bronce. Excesivas al igual que los hombres en el uso de elementos de joyería, como collares, pulseras, anillos, adornos para el cabello.
Lamentarse por lo que pudo ser y no fue, de poco sirve. Pero no puedo dejar de cuestionarme sobre ¿Cómo hubiese sido la historia de la humanidad si el tipo de sociedad céltica hubiese predominado?

Al menos queda el consuelo que hasta más allá del siglo XV, en Irlanda, la mujer logro custodiar su independencia e igualdad con el hombre, manteniéndose emancipada y valorada por sus cualidades. Situación que en gran parte perdura.

Por último, investigando la historia de las grandes mujeres, de los últimos siglos, por, “casualidad o causalidad”, coinciden en tener herencia y genética celta. Un ejemplo solo de Argentina, Eva Perón y María Estela Martínez de Perón provienen de genética céltica. Camila O´Gorman, Cecilia Grierson, María Elena Walsh, Madame Lynch (Paraguay) y si nos trasladamos a Europa tenemos desde Juana de Arco hasta las Presidentes de Irlanda, la musa inspiradora de las teorías de Engels y Marx, la amante de Luis XV, etc. hay una extensa lista de mujeres “diferentes” que hacen honor a su herencia céltica o influencia céltica [iv].

¡Qué increíble! , pensar que fueron las únicas mujeres de la historia que no supieron de feminismo ni machismo, que no tuvieron que luchar por sus espacios. Y como se ocultó su historia.

Por último, un dato más, la rebelión de mujeres en la fábrica textil Cotton de New York, donde fallecieron calcinadas 146 mujeres, estuvo encabezada por mujeres inmigrantes irlandesas es decir celtas.

Creo que las CELTAS merecen un espacio especial en el Día Internacional de la Mujer, puesto que es una ocasión para reflexionar sobre los avances conseguidos, exigir cambios y celebrar los actos de valor y decisión de mujeres comunes que han desempeñado una función extraordinaria en la historia. Se merece ser conocida la historia de quienes fueron libres por siglos.

Susana Shanahan

Periodista y escritora

Especializada en temática Céltica e Irlandesa



[i] Comenzaron a habitar en el centro y el norte de Europa 2.000 años antes de Cristo. Extendiéndose entre el 1.500 y el 900 a.C. por las Islas Británicas, norte de Francia, parte de Suiza y norte de Italia, llegando a España en el 800 a.C. [i]Podría considerarse que su periodo de mayor expansión fue entre el siglo III y el I a.C. Aunque en lugares como Irlanda permaneció por varios siglos mas[i].


[ii]Dión Casio (150-225 d. de C.)

[iii] Severo (193-221 d. de C. )

[iv] Se puede incluir a la madre Teresa de Calcuta por la influencia recibida de la cultura celtica ya mezclada con la católica. Es que desde pequeña fue educada en un convento en Irlanda y ella misma declaro que fue ahí donde comprendió que existía de otra manera la religión y la misión en la vida que debía llevar. Desde una libertad de acción, y nivelación de la guerrera y la pacifista.