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martes, 14 de abril de 2020

La pandemia coloca a indígenas latinoamericanos ante nuevos desafíos.

En Manaus, capital del estado Amazonas, en el norte de Brasil, tratan de esterilizar puntos de diseminación del coronavirus, como puertos, atracaderos y mercados alimentarios. (Imagen de Ione Moreno/ Semcom-Fotos Públicas)

Por Mario Osava*

IPS, 13 de abril, 2020.- El nuevo coronavirus llegó al extremo noroeste de Brasil, en la Amazonia profunda, sonando la alarma de su arribo a comunidades donde viven numerosos indígenas, en un temor común en los países latinoamericanos.

Por una cruel ironía el portador del coronavirus fue un médico de la Secretaría Especial de Salud Indígena, responsable en Brasil de la asistencia a los pueblos originarios en sus territorios.

“Él vino del Sur, atendió gente en Atalaia do Norte, donde contagió a un pariente marubo (pueblo indígena), luego estuvo en Santo Antonio do Içá y dejó cuatro con el virus, entre los cuales una indígena kokama. Hoy se informó que en São Paulo de Olivença, donde vivo, hay otros dos enfermos”, relató a IPS el líder indígena Francisco Guedes, desde su localidad.

Entre los siete comprobados con el nuevo coronavirus por lo menos dos son indígenas, “parientes” como los identifica Guedes, presidente de la Federación de las Organizaciones, de los Caciques y las Comunidades Indígenas de la Tribu Ticuna del Alto Solimões, en el estado de Amazonas, en el norte del país.

“Estamos preocupados”, porque no se ve posibilidad de tratamiento para los enfermos graves, señaló Guedes, profesor de enseñanza básica en la lengua ticuna, el pueblo indígena más numeroso de Brasil, con 70 000 miembros estimados, en un país con una población de 211 millones de habitantes.

“Acá el hospital no tiene equipos siquiera para asistencia común, mucho menos para cuidados intensivos. Y Manaus, donde hay recursos, queda a tres días y medio en barco”, el único medio de transporte, acotó.

Además Manaus, la capital de Amazonas, con 2,2 millones de habitantes, tiene su red de hospitales ya en colapso, admitió el alcalde Arthur Virgilio Neto. Es una de las siete capitales cuyo índice de contagiados por el SARS-CoV-2 más preocupa al Ministerio de Salud.

Manaus es la capital de estado con mayor índice de contagios hasta ahora, y allí ha muerto uno de los dos indígenas registrados como fallecidos hasta ahora por la covid-19, ambos en la Amazonia brasileña.

En México, en la occidental península de Yucatán, donde los indígenas constituyen por lo menos la mitad de sus 2,2 millones de habitantes, ellos enfrentan otras dificultades.

“Aún hay pocos casos (de la covid-19), por suerte, y la mayor parte en la capital Mérida, pero como no hay ningún plan del gobierno ante la pandemia, un contagio masivo provocaría muchas muertes”, teme Pedro Uc Be, miembro de la Comisión de Seguimiento de la Asamblea Maya en Yucatán.

“Lo que se necesita ahora es comida y trabajo, no tanto para los indígenas que viven en sus pueblos, que tienen la ventaja de una dinámica propia, con producción de alimentos. El problema son los que emigraron principalmente a Mérida y ahora regresan a sus pueblos sin trabajo, ni ingresos, ni comida”, destacó a IPS desde Buctzotz, un municipio de Yucatán.

El gobierno del estado de Yucatán, uno de los tres en que se divide el territorio peninsular, ofreció un bono de 2500 pesos (cerca de 102 dólares) a cada desempleado, pero en la mitad del primer día hubo más de 25 000 solicitudes y se canceló el programa.

Una reunión de la Asamblea Maya, en la península de Yucatán, en México, que lucha por la defensa de su territorio. Ahora sus líderes buscan defender a sus miembros de la propagación del coronavirus. Foto: Cortesía de AM

“No tenemos seguridad, pero se cree que el coronavirus llegó a los pueblos indígenas por los regresados de la capital”, observó Uc Be, campesino, profesor de literatura y escritor en lengua maya.

En México, con 130 millones de habitantes, la epidemia está creciendo y hasta ahora se trata de contenerla por un confinamiento voluntario de las personas. “La mayoría se queda en casa”, pero el éxito sigue pendiente de políticas “adecuadas y a tiempo”, sostuvo.

El gobierno local amenazó con hacer obligatorio el aislamiento social, pero no lo hizo ante críticas de las organizaciones de derechos humanos, dijo el profesor, tras explicar que la Asamblea Maya lucha en la defensa del territorio indígena contra intentos de despojo por grandes empresas, proyectos energéticos y siembras de soja transgénica.

En Ecuador, la poderosa Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie) también se quejó de la falta de medidas y de coordinación de los esfuerzos centrales, provinciales y locales, pero se dispuso a poner en marcha “un plan de solidaridad en apoyo a sectores del campo y la ciudad”, con aporte de productos de primera necesidad.

“Pondremos nuestro granito de arena”, declaró el presidente de la Conaie, Jaime Vargas, en una rueda de prensa digital desde Quito el martes 7.

No hubo registro de la covid-19 en las comunidades indígenas de la Amazonia Ecuatoriana, pero si en la costa, con “compañeros fallecidos”, resumió.

“No tenemos estadísticas, datos exactos” con nombres y origen de los indígenas afectados, reclamó. La prioridad debe de ser la protección de los productores campesinos, para que puedan vender sus productos, para que tengan sus ingresos y contribuyan a la seguridad alimentaria, arguyó Vargas.

La crisis de la pandemia en Ecuador repercutió internacionalmente por los muertos sin sepultura, abandonados en las calles de Guayaquil, la mayor ciudad del país andino, con 17 millones de habitantes.

Vargas divulgó también las resoluciones del Consejo Político de Conaie, reunido el lunes 6.

“Rechazar la decisión del gobierno nacional de pagar la deuda externa y no destinar esos recursos al Sistema de Salud Pública para combatir el covid-19 en el cual hasta el momento hay la escalofriante cifra de 1600 miembros del personal de salud contagiados por falta de equipos de bioseguridad”, es el tercero de los 13 puntos de la declaración.

Una escuela del pueblo juruna, en la orilla del río Xingú, en la Amazonia brasileña. Los pueblos indígenas de la ecorregión del norte del país tratan ahora de informarse y reclamar medidas para evitar los daños y la mortalidad que provoca la pandemia del nuevo coronavirus, a que son muy vulnerables por razones sociales y culturales, como el modo de vida, lejanía de los hospitales y la invasión de sus tierras. Foto: Mario Osava/IPS

Una escuela del pueblo juruna, en la orilla del río Xingú, en la Amazonia brasileña. Los pueblos indígenas de la ecorregión del norte del país tratan ahora de informarse y reclamar medidas para evitar los daños y la mortalidad que provoca la pandemia del nuevo coronavirus, a que son muy vulnerables por razones sociales y culturales, como el modo de vida, lejanía de los hospitales y la invasión de sus tierras. Foto: Mario Osava/IPS

La Conaie condena la política neoliberal, beneficios a las empresas extractivas y centrales hidroeléctricas, los despidos masivos y los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional, para reclamar una elevación de 60 a 400 dólares el bono de emergencia concedido a los trabajadores informales privados de sus ingresos.

Además propone la creación de un fondo para la compra de alimentos producidos por el sector indígena y campesino, para asegurar el abastecimiento de las ciudades.

Los indígenas latinoamericanos tratan de superar el olvido a que fueron relegados en esta crisis sanitaria y también humanitaria, un efecto natural de la multiplicación de los enfermos y muertos en algunas de las grandes ciudades.

“Los pueblos indígenas no están preparados para la pandemia del coronavirus debido a la limitada oferta de servicios de salud (instalaciones y personal sanitario) en sus comunidades”, declaró el epidemiólogo Omar Trujillo, quien se ocupa de la población originaria dentro del Ministerio de Salud de Perú, otro país con alto número de comunidades nativas.

Esta vez el virus no es el arma biológica con que invasores coloniales exterminaron pueblos indígenas en las Américas. El SARS-CoV-2 golpea a todos, sin distinguir etnias o colores.

Nadie estuvo expuesto antes a ese nuevo coronavirus para desarrollar anticuerpos y evitar formas graves de la covid-19, explicó a IPS el epidemiólogo Eduardo Costa, asesor de cooperación internacional de la Escuela Nacional de Salud Pública (ENSP).

Indígenas, blancos o negros están teóricamente en las mismas condiciones inmunológicas ante esa pandemia que amenaza millones de vidas humanas y los sistemas sanitarios, económicos y sociales en todo el mundo

Pero hay otros indicadores sanitarios y sociales que recomiendan incluir los indígenas en América Latina y el mundo entre los grupos más vulnerables, sostuvo Ana Lucia Pontes, médica investigadora de la ENSP, quien coordina el Grupo de Trabajo de Salud Indígena en la Asociación Brasileña de Salud Colectiva.

Las condiciones varían entre los pueblos originarios, territorios y modos de vida, hay muchos grupos que acumulan comorbilidades por efectos de enfermedades sufridas, como malaria, dengue, gripes, sarampión, diabetes entre los adultos, anemia relacionada a problemas alimentarios, explicó.

Además de las distancias de las aldeas a los hospitales y frecuente escasez de agua potable, se presentan dificultades de comunicación y por ende de información sobre riesgos y cuidados impuestos por el coronavirus, acotó.

Aunque vivan apartados, numerosas comunidades indígenas en Brasil y el resto de América Latina dependen de compras de alimentos afuera y esa relación frecuente con los mercados urbanos representa un riesgo de contagio peligroso, concluyó Pontes.

Ya el 13 de marzo, la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica) llamó a los gobiernos de los ocho países de la ecorregión a adoptar medidas urgentes, ante la especial vulnerabilidad de los pobladores originarios.

“Son 506 pueblos indígenas que estarían en inminente riesgo, además de 76 pueblos indígenas en aislamiento, cuyo sistema inmunológico es muy débil y cualquier gripe los puede llevar a la desaparición. Una pandemia de esta magnitud para las comunidades nativas significaría una catástrofe de grandes proporciones”, planteó entonces uno de sus coordinadores, el colombiano Robinson López.

El brasileño Guedes, por su parte, comentó una realidad que se repite entre comunidades indígenas de la región.

Los ticunas, dijo, aún disponen de mucho pescado y producción agrícola para sostenerse con cierta autonomía alimentaria. Pero muchos “parientes” ya no cuentan con esa posibilidad, con tierras escasas y cercadas o invadidas por la minería y la ganadería y el pescado escaso en ríos bloqueados por embalses hidroeléctricos, se lamentó.

El SARS-CoV-2 hizo recordar que los cinco millones estimados de indígenas que vivían en Brasil cuando llegaron los portugueses, en 1500, se redujeron a 897 000 en el censo de 2010, después de haber bajado a cerca de 250 000 en los años 80. Otros virus fueron factores de muchos casos de exterminio.

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*Chizuo Osava, más conocido como Mario Osava, es periodista responsable de la corresponsalía en Brasil de la agencia de noticias Inter Press Service desde 1980.
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Importante: Esta nota ha sido reproducida previo acuerdo con la agencia de noticias IPS. En este sentido está prohibida su reproducción salvo acuerdo directo con la agencia IPS. Para este efecto dirigirse a: ventas@ipslatam.net

domingo, 9 de diciembre de 2018

Agua, producto ambiental de la agricultura en Brasil.

La jubilada Elizabeth Ribeiro planta el primer árbol de su vida, una especie de papaya silvestre, en una finca a unos 50 kilómetros de Brasilia. Plántulas donadas durante el Foro Mundial del Agua, realizado en la capital de Brasil en marzo, se sembraron en la cuenca del río Pipiripau para "producir agua", que abastece a dos ciudades cercanas. Crédito: Mario Osava/IPS 

Por Mario Osava


IPS, 8 de diciembre, 2018.- Solo ahora, ya jubilada como profesora de educación física, Elizabeth Ribeiro plantó el primer árbol de su vida, un jaracatia, también conocido como papaya silvestre, nativo en las sabanas centrales de Brasil.

La oportunidad le surgió el 28 de noviembre, cuando el Proyecto Productor de Agua de Pipiripau, que se desarrolla a unos 50 kilómetros de Brasilia, promovió la siembra de 430 plántulas donadas por participantes en el octavo Foro Mundial del Agua, celebrado en esta capital brasileña en marzo.

“Conocí el proyecto durante el Foro y me enamoré”, así explicó Ribeiro su donación del equivalente a 13 dólares para la adquisición de plántulas y la invitación al plantío. Igual comportamiento tuvo Vanira Tavares, una veterana traductora de inglés y también flamante plantadora de árboles.

“Antes el 100 por ciento de la irrigación acá se hacía por surcos en la tierra. El agua que tenemos hoy no alcanzaría ni para cubrir 10 por ciento de las necesidades, porque esa manera de irrigar desperdicia mucha agua y ahora llueve menos, el índice bajó de 1.600 milímetros al año a 1.100”: Geraldo Magela Gontijo.

Reforestar, especialmente riberas, es solo una de las múltiples acciones que componen el Programa Productor de Agua (PPA) diseñado en 2001 por la Agencia Nacional de Aguas (ANA), el órgano regulador nacional de recursos hídricos.

Medidas de conservación del suelo, que retienen el agua, evitando la erosión y la sedimentación de los ríos, contribuyen también a la cantidad y calidad del agua disponible en cada sitio.

Recorrer las carreteras vecinales de la cuenca del Pipiripau es más cómodo que en otras áreas rurales. La ausencia de agujeros, surcos y charcos contrasta con zanjas laterales que conducen a hoyos excavados que acopian el agua de lluvia, llamadas localmente “barraginhas” (pequeñas presas).

Junto con las cunetas se construyen pequeñas elevaciones transversales para que el agua no escurra por la misma carretera, sino que vaya a las crateras laterales. Eso se menudea según se acentúa el declive.

Los torrentes de las lluvias dejan de anegar la tierra y arrastrar nutrientes y desechos. El agua retenida alimenta manantiales y siembras por más tiempo.

El agua también se siembra, es el concepto que trata de difundir y poner en práctica el PPA, que ya generó 60 proyectos diseminados por todo el Brasil, con el objetivo de recuperar subcuencas que abastecen grandes manantiales o ríos de los que dependen millones de personas.

Los agricultores que adhieren a sus proyectos reciben un pago por servicios ambientales, estimado según distintos criterios, como el posible aporte en agua o el valor de la cosecha a que se renuncia por destinar la tierra a la reforestación.

Ese pago es central para estimular la adhesión, pero su monto varía mucho en los contratos entre el ente pagador, en general la municipalidad, y los propietarios de la tierra. “Donde hay carencia de un producto, su precio aumenta”, subrayó a IPS el coordinador adjunto de Proyectos Inductores de la ANA, Ewandro Moreira.



Una terraza excavada en medio de un terreno dedicado a la siembra, con el fin de retener el agua y evitar la erosión que arrastra el suelo y sus nutrientes a los cursos de agua, debilitándolos. Esa es una de las técnicas difundidas por el Programa Productor de Agua que ya diseminó 60 proyectos en Brasil, como este en las cercanías de su capital. Crédito: Mario Osava/IPS

El Pipiripau, donde se ejecuta uno de los primeros proyectos del PPA, cruza el noreste del Distrito Federal y abastece gran parte de la población de Planaltina y Sobradinho, ciudades satélites de Brasilia que suman cerca de 260.000 habitantes, según la distrital Compañía de Planificación.

Ese proyecto nació en 2011 a causa de “la disputa entre abastecimiento público e irrigación por el agua del arroyo, acentuada en los momentos de escasez, entre agosto y octubre”, recordó Rafael Mello, superintendente de Recursos Hídricos de la Agencia Reguladora de Aguas, Energía y Saneamiento Básico del Distrito Federal (Adasa).

Adasa coordina la gestión del proyecto en que se asocian 17 entes, involucrando desde agencias gubernamentales de agua, agricultura y ambiente a organizaciones no gubernamentales, además del estatal Banco do Brasil y el órgano oficial que cuida carreteras.

Todos esos “socios” se juntan en la Unidad de Gestión del Proyecto para las decisiones colectivas, basadas en miradas diversas y articuladas, un factor de eficiencia.

“Solo reforestar riberas a veces no es solución”, si, por ejemplo, la agricultura sigue echando agroquímicos y muchos sedimentos al rio, matizó a IPS el especialista en recursos hídricos Rossini Matos Sena, que representa a ANA en la gestión de Pipiripau.

“Es necesario armonizar producción y recursos hídricos”, acotó Moreira. Eso exige técnicas como la siembra directa (que descarta la paja, aunque la deja cubriendo el suelo), seguir las curvas de nivel para frenar las torrentes, hacer “terrazas” (surcos más profundos que retienen agua en medio de las siembras.


Geraldo Magela Gontijo, técnico de extensión agrícola desde hace 32 años, ante el bosque que plantó hace tres años ribera adentro, en la finca donde cultiva diferentes frutas. Crédito: Mario Osava/IPS

Pipiripau se beneficia de los conocimientos de Geraldo Magela Gontijo, con una experiencia de 32 años como técnico agrícola y gerente local de la Empresa de Asistencia Técnica y Extensión Rural del Distrito Federal.

“Antes el 100 por ciento de la irrigación acá se hacía por surcos en la tierra. El agua que tenemos hoy no alcanzaría ni para cubrir 10 por ciento de las necesidades, porque esa manera de irrigar desperdicia mucha agua y ahora llueve menos, el índice bajó de 1.600 milímetros al año a 1.100”, destacó Gontijo a IPS.

La irrigación por goteo, usada “en 99 por ciento de la producción de hortalizas”, ahora muy extendida, permitió la adaptación, según el técnico, que también se convirtió en agricultor y produce tomate, uva, maracuyá, pimientos y hasta pitajaya, una fruta poco conocida de un cactus, común en países andinos y América Central.

Además reforestó la orilla de riachuelo de la cuenca que baña sus 2,3 hectáreas de tierra. En tres años se hizo un bosque tupido con árboles de unos cinco metros de altura, un estímulo a los vecinos.

Pero la gran propagandista del Proyecto Productor de Agua de Pipiripau es Fátima Cabral, nacida en el sur de Brasil hace 59 años, con una vida totalmente urbana hasta que, al inicio de este siglo aceptó, por insistencia de su marido, adquirir una propiedad rural de 40 hectáreas.

La siembra convencional sufrió un vuelco a partir de 2012, cuando conoció el PPA. “Una conmoción, un escalofrío, y adherí”, recordó. También por aspiración de sus hijos, la finca, llamada Pie en la Tierra, se puso en transición a la agroecología.


Agricultores y representantes de organizaciones que promueven el Proyecto Productor de Agua de Pipiripau, junto a un naciente en la finca agrícola Pé na Terra, que va a protegerse con árboles plantados tierra adentro de su ribera a fines de noviembre. Crédito: Mario Osava/IPS

Activa y buena oradora, ella se unió a vecinos y agricultores del asentamiento Oziel Alves III, producto de la reforma agraria, para fundar en 2016 la Asociación de Productores Agroecológicos del Alto São Bartolomeu (Aprospera) y terminar elegida como su presidenta.

“Superé prejuicios hacia las personas de los asentamientos” creados por la reforma agrícola, confesó a IPS.

En ese asentamiento participan 168 familias pobres, con 7,5 hectáreas para cultivar.

El gran avance de Aprospera fue crear 13 grupos de Agricultura Sostenida por la Comunidad (CSA, en inglés), un nuevo modelo de asociación entre grupos de consumidores y de agricultores, para asegurar ingresos fijos a cambio de alimentos saludables en un acuerdo permanente.

En el Distrito Federal hay un total de 25 CSA.

“Es un matrimonio, que genera afecto y, para los consumidores urbanos, una reconexión con la tierra, resumió Cabral. “El CSA mejoró nuestra vida, estabilizó ingresos y nos permitió zanjar la sequía sin sufrir”, reconoció a IPS uno de los asentados, Sebastião dos Santos.

Aprospera ayuda a impulsar el Proyecto Productor de Agua de Pipiripau, que tiene 177 propiedades afiliadas, un tercio del total existente en la cuenca. “Allí plantamos más de 300.000 árboles, reforestando cerca de 200 hectáreas, e hicimos 1.200 ‘barraginhas”, según el balance de Rossini Sena.

Los 60 proyectos del PPA en todo el Brasil pagan servicios ambientales a unos 1.500 agricultores, estima Moreira, quien se lamenta de la dificultad de producir estadísticas confiables, ante la flexibilidad y evolución de los proyectos.

El Distrito Federal, con tres millones de habitantes, se abastece principalmente de agua del sistema de Descoberto, un río con un embalse. En esa cuenca empezaron algunas acciones, pero “no implantamos aún el pago de servicios ambientales”, según dijo Mello, de Adasa.

“El modelo de Pipiripau no le sirve, porque cada cuenca tiene características distintas. El embalse se protege con bosques ribereños más anchos”, concluyó.

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Edición: Estrella Gutiérrez
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Fuente: Publicado el 5 de diciembre por Inter Press Service: http://www.ipsnoticias.net/2018/12/agua-producto-ambiental-la-agricultura-brasil/

lunes, 26 de marzo de 2018

A cuidar la naturaleza, porque sin lluvia no hay agua dulce.

Aguas del Planeta, una instalación del Museo del Mañana de Río de Janeiro, expuesto en la Villa Ciudadana del octavo Foro Mundial del Agua, que se celebra en la capital de Brasil. Se trata de un gran cubo con fotos de la Tierra sacadas desde satélites, mostrando mares, ríos y lagos del planeta. Crédito: Mario Osava/IPS. 

Por Mario Osava


La confianza en los ríos caudalosos y acuíferos gigantes se desplomó en muchas partes del mundo, ante la expansión de las crisis hídricas tras sequías intensas y prolongadas en la última década.

Los recursos hídricos, entendidos como el agua en el suelo y subsuelo, no se sostienen si los estiajes se prolongan más que lo usual durante algunos años, se comprobó en varias partes de Brasil y de otros países de todos los continentes, como India, Sudáfrica y Australia.


Brasilia, que acoge el octavo Foro Mundial del Agua (FMA-8) desde el domingo 18 y hasta el viernes 23 de marzo, es un ejemplo típico, porque no se imaginaba que la capital brasileña, apodada Cuna de las Aguas por tener nacientes de tres grandes cuencas, pudiera tener que soportar un racionamiento de agua desde inicio de 2017 y solo ahora en vías de terminar por la vuelta de buenas lluvias.


“El gran crecimiento de la población, escasas inversiones en infraestructura y tres años de lluvias por debajo del promedio histórico resultaron la crisis hídrica”, admitió el gobernador del capitalino Distrito Federal, Rodrigo Rollemberg, en la apertura oficial del Foro, el lunes 19, antes de destacar obras de su gobierno para asegurar el suministro en el futuro próximo.


“La lluvia es la fuente del agua dulce, a veces se ignora la humedad del aire, porque los ojos no la ven”, apuntó Gerard Moss, un piloto da avión que de 2007 a 2015 condujo el proyecto Ríos Voladores, destinado a estudiar las corrientes de humedad que la Amazonia disemina por la amplia cuenca sudamericana a este de la cordillera de Los Andes.


“Es vital mantener las lluvias y para eso son indispensables las forestas, que ayudan la humedad del mar a alcanzar el interior del continente. El agua del océano no viajaría 2.500 o 3.000 kilómetros para producir las lluvias que permiten a los hacendados de Mato Grosso (estado centrooriental de Brasil) dos o tres cosechas al año”, destacó a IPS.


Las investigaciones de Moss, que identificaban ríos voladores amazónicos que abastecían varias ciudades de Brasil, se interrumpieron, pero sirven para la educación ambiental y climática de niños y adultos, promovida por su esposa Margi Moss, una iniciativa que se trasladará a Europa.


De cierta manera el conocimiento del fenómeno aporta un argumento al tema adoptado por ONU Agua este año para el Día Mundial del Agua, que se celebra el jueves 22 de marzo, “naturaleza para el agua”.


Soluciones naturales son la respuesta a muchos problemas relacionados con el agua, como sequias e inundaciones que se van alternando con frecuencia creciente en todas partes y la contaminación, propone ONU Agua.


La inauguración y debates del octavo Foro Mundial del Agua comenzaron el lunes 19 de marzo el Centro de Convenciones Ulysses Guimarães de la capital de Brasil. Crédito: EBC


Reforestar y conservar bosques, restaurar humedales y reconectar los ríos con las llanuras aluviales, son algunas de sus recomendaciones.

“No reinventar la rueda para lidiar con eventos climáticos extremos”, es como interpreta la campaña Glauco Kimura, consultor del Foro Mundial de Agua. “Hay que la infraestructura natural, como los manglares y otros ecosistemas que ayudan a ablandar impactos de huracanes y excesos de lluvia”, explicó a IPS.


“Sin bosques en los manantiales y acuíferos, menos agua, es lo que descubrió São Paulo”, la metrópolis azotada por fuerte escasez en 2014 y 2015, recordó Kimura.


Para convivir con las sequías, el consultor recomendó aprender con los habitantes de la región semiárida del Nordeste brasileño, con sus cisternas para captar y almacenar agua de lluvia, soportando así los meses de estiaje. “Los del centro-sur de Brasil no tienen esa cultura”, lamentó.


Durante una sequía que desde 2012 se ha prolongado por seis años, en la ecorregión del Semiárido no se registró las invasiones de ciudades, saqueos del comercio y fuga masiva en emigraciones hacia el sur, ocurridas en sequías menos graves.


Mucho se debe a los programas sociales, como la Beca-familia y pensiones a trabajadores y personas discapacitadas, pero también a más de un millón de cisternas construidas principalmente la Articulación del Semiárido, un movimiento de unas 3.000 organizaciones sociales, por y para familias rurales, las más vulnerables a las sequías.


Otro ejemplo de soluciones basadas en la naturaleza es el Programa Cultivando Agua Buena, promovido por Itaipú Binacional, la empresa que opera la segunda central hidroeléctrica del mundo por su capacidad instalada, compartida por Brasil y Paraguay sobre el fronterizo río Paraná.


Se plantaron 23 millones de árboles, reconstituyendo 1.322 kilómetros de bosques ribereños, y 30.000 hectáreas de suelo recibieron cuidados de conservación, en el lado brasileño, destacó Newton Kaminski, director de Coordinación de Itaipú.


Protestas contra el gobernador del Distrito Federal, Rodrigo Rollemberg, acusado de responsable por el racionamiento de agua en Brasilia. La crisis hídrica estalló en su gobierno, iniciado en 2014, pero fue un problema heredado, que ahora tiene su resonancia en el octavo Foro Mundial del Agua, que se celebra entre el 18 y el 23 de marzo en la capital de Brasil. Crédito: Mario Osava/IPS


“La clave fue adoptar la gestión de cuencas hidrográficas, con acciones integradas en todos los frentes, no solo recuperación de nacientes y puntos de recarga de aguas subterráneas. La reforestación sin conservación del suelo, poco resultaría. Es también necesaria la participación social, la educación, una agricultura que no deteriora el suelo”, aclaró a IPS.


El presidente de Cabo Verde, Jorge Cargos Fonseca, subrayó, en su discurso ante otros nueve jefes de Estado y gobierno que participaron en la apertura del FMA-8, que aprender a “convivir en harmonía simbiótica con la naturaleza” fue fundamental para superar el hambre y la sed que sufrió su pueblo en los últimos años a causa de sequías.


“Preservar la naturaleza y usar racionalmente los recursos que ella proporciona, cambiar la relación del ser humano con la naturaleza” es la lección de esa experiencia, dijo. “Rompimos el binomio estiaje-hambre”, sostuvo.


Desalinización del agua marítima y captación de agua de lluvia, contribuyeron a la mejora en la situación hídrica y la meta es asegurar 90 litros diarios a cada persona, por debajo de los 110 litros recomendados por Naciones Unidas.


Reforestar y conservar áreas de recarga, enfrentando la degradación del suelo a causa de cambio en su uso son la recomendaciones de Fabiola Tábora, secretaria ejecutiva de la Asociación Mundial para el Agua (GWP, en inglés) en Centroamérica.


Las sequías allí afectan más a la parte del océano Pacífico, que concentra 70 por ciento de la población centroamericana y es conocida como “el corredor seco”. Eso daña a la seguridad alimentaria y a la generación hidroeléctrica, que responde por mitad de la energía nacional, advirtió en diálogo con IPS.


Pero hay también buenas experiencias de soluciones como la recuperación de la microcuenca La Poza, en el sudoeste de El Salvador, con amplia participación comunitaria en la gestión integrada, ejemplificó Tábora.


En Costa Rica y Guatemala, la especialista destacó el trabajo con empresas privadas y gobierno para generar fondos ambientales, que se invierten en el manejo y conservación de cuencas.


Son respuestas a numerosas menciones a tragedias mundiales durante las sesiones iniciales del octavo FMA-8: cerca de 700 millones de personas sin acceso al agua en el mundo, 2.000 millones bebiendo agua contaminada, 3.500 millones sin saneamiento, mil niños muertos al día por mala calidad del agua y los pronósticos de que la situación se agrave en el futuro.


Los gobernantes presentes siguieron la consigna del FMA-8, “compartiendo agua”, al hacer durante sus intervenciones continuos llamados a la cooperación y al intercambio de conocimientos y experiencias, ya que 40 por ciento de una gran mayoría de la humanidad depende de agua transfronterizas.

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Edición: Estrella Gutiérrez
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