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martes, 8 de julio de 2014

Espiritualidad sin templo.


Antonio Gil de Zúñiga

Antonio Gil de Zúñiga, pofesor de IES, poeta y filósofo, se estrena como autor en ATRIO, pero no es un desconocido aquí. Su libro sobre Blas de Otero ya fue recensionado en ATRIO por Juan José Tamayo: Blas de Otero, poeta vasco y místico laico.

Sostiene Antonio Machado que la poesía es palabra esencial en el tiempo; otro tanto hay que decir de la espiritualidad, en cuanto actitud radical y relacional del ser humano con el Ser trascendente. Se puede decir que la espiritualidad es ante todo palabra, diálogo óntico de un ser que se siente profundamente religado con un Tú trascendente. Para X. Zubiri Dios no es una “realidad-objeto”, sino una “realidad-fundamento”, a la que el hombre ha de estar re-ligado, ya que “el hombre encuentra a Dios en la plenitud de su ser”.

Pablo de Tarso expresa con vehemencia la religación en su discurso filosófico a los atenienses; en Dios “vivimos y nos movemos y existimos”(Hchos. 17,28). Este diálogo o palabra esencial implica una vivencia pletórica en el interior de la persona, que viene a ser el músculo cardíaco de la existencia. Pero creo que es importante añadir un tercer elemento que configura la espiritualidad humana y no es otro que la mirada; una mirada altiva de encarar de frente la historia; las “circunstancias” orteguianas que posibilitan el desarrollo y profundidad del yo. Escribe Laín Entralgo que ontológicamente el “ser de mi realidad individual se halla constitutivamente referido al ser de los otros”.

Estos son los ejes cartesianos de una espiritualidad sin templo; es decir, una espiritualidad laica. Jesús de Nazaret fue un judío laico, que vivió y murió como un judío laico. Llama poderosamente la atención que este dato nuclear en los evangelios apenas se enfatiza en la teología, en los tratados de espiritualidad o en los estudios sobre el Jesús histórico. John P. Meier en su voluminosa obra sobre el Jesús histórico apenas dedica unas líneas a Jesús como judío laico, centrándose, en cambio, en que es un judío marginal.

Ahora bien, Jesús, un judío laico, piadoso y cumplidor de la Torá, no necesita del templo para llevar a cabo su relación con el Tú trascendente; es más, tiene al templo en su punto de mira, porque para él su ideal como judío no es habitar en el templo, como recogen con frecuencia los poetas bíblicos: “Una cosa pido al Señor, y sólo eso es lo que busco: habitar en la casa del Señortodos los días de mi vida” (Sal. 27,4). Ese ideal no es otro que compartir la suerte y el privilegio del sacerdote: habitar en el recinto sacro. Su proyecto, sin embargo, es más radical: “la destrucción del templo”, como se evidencia en el diálogo intenso con la samaritana, en el que Jesús ante la interpelación de la samaritana revela una verdad profundamente laica: “pero se acerca la hora, dice Jesús, o mejor dicho, ha llegado” (Jn. 4,23) en que ni en aquel monte próximo a la ciudad samaritana de Sicar ni en Jerusalén se adorará a Dios; o lo que es lo mismo, no son lugares exclusivos para relacionarse con Dios.

Si ahondamos en esta actitud de animadversión hacia el templo, podemos descubrir varias razones: a) del templo sale la ley (Is. 2,3). Una ley opresora, que se materializa en un laberinto de normas y ritos, como se pone de manifiesto en la “ley del sábado”. La ley emanada del templo pretende la alienación y el sometimiento y no la liberación integral del hombre y de la mujer. Jesús propone y realiza la desobediencia civil con su “ellos os dicen, pero yo os digo”. Para Jesús de Nazaret el templo no ha de ser un lugar de sacrificios, sino de la misericordia, y ésta es su “nueva ley”; b) el templo se ha pervertido, hasta el punto de que se ha convertido en “cueva de ladrones”. Ya no es un lugar de oración, sino de intercambios y trapicheos comerciales, donde impera, pues, la cultura del dinero, que tanto se rechaza en los textos evangélicos; c) es la “vivienda del sacerdote”, un hombre que con su status social vive ajeno a las necesidades y penurias de los demás: “Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de unos ladrones. Le quitaron la ropa, lo golpearon y se fueron, dejándolo medio muerto. Resulta que viajaba por el mismo camino un sacerdote quien, al verlo, se desvió y siguió de largo” (Lc. 10,30-31).

La espiritualidad de Jesús ahonda sus raíces fuera del templo, en un territorio, etimológicamente, profano; es, pues, una espiritualidad laica. Jesús de Nazaret se retira al desierto a orar y a otros lugares no oficiales, y no es miembro de la comunidad de los esenios. Siente profundamente su religación con el Padre, dialoga con él, se alimenta interiormente de esa relación íntima, pero vuelve al mundo, a la historia en la que se ha encarnado.

Sin embargo, esa espiritualidad laica ha sido secuestrada por el cenobio, por el “templo”, hasta el punto de que, cuando se habla de alguien que siente y vive la espiritualidad, se piensa automáticamente en que se trata de una persona que vive monacalmente o es miembro de alguna comunidad religiosa institucional. El monacato se impone de manera desmedida al proclamarse como paradigma único y excluyente de la espiritualidad y de la vida cristiana misma. Y así la vida del cristiano, toda entera, debe seguir las sendas monacales, incluida la sexualidad. El texto de san Anselmo lo ilustra por sí mismo: “La virginidad es oro, la continencia plata, el matrimonio cobre; la virginidad es opulencia, la continencia medicina, el matrimonio pobreza; la virginidad es paz, la continencia rescate, el matrimonio cautiverio…” El monacato, pues, ha impuesto sus reglas y sus ritos, en ocasiones asfixiantes para el espíritu; y como advertía H. Bergson ha desarrollado considerablemente la “mecánica”, pero no “la mística”, puesto que la espiritualidad viene a ser la mediación vehicular del hombre y de la mujer para ponerse en contacto con el Misterio.

Una espiritualidad basada en la “huida del mundo” no se puede considerar modélica para el cristiano (no ya para cualquier hombre y mujer). El diálogo con el Ser trascendente, que nos ha manifestado Jesús de Nazaret, empuja necesariamente a echar una mirada alrededor y una mirada compasiva y misericordiosa, como la del samaritano de la parábola. El diálogo trascendente, la fe, finaliza irremediablemente en la ética liberadora y compasiva. M. Fraijó, recordando que I. Ellacuría habla de la espiritualidad de hacerse cargo misericordiosamente de la realidad, nos deja este corolario: la mirada compasiva y misericordiosa es “un imperativo de la espiritualidad laica”.

Fuente: Atrio

domingo, 20 de noviembre de 2011

Tíbet le pide apoyo al mundo.



Hace unos días, Palden Choetso salió de su convento, se roció de combustible, y se prendió fuego mientras demandaba un 'Tíbet libre'. Murió minutos después. En el último mes, nueve monjes y monjas se han inmolado en protesta por la creciente represión china contra el pacífico pueblo tibetano.  

Estos trágicos hechos son un desesperado grito de socorro. En un intento por suprimir los derechos de los tibetanos, las poderosas fuerzas de seguridad chinas están golpeando brutalmente y haciendo desaparecer a monjes, sitiando sus monasterios, e incluso matando a personas ancianas que tratan de defender a los monjes. Asimismo, China mantiene un estricto bloqueo que impide el acceso a la región. Pero si logramos convencer a gobiernos clave a que envíen sus representantes diplomáticos a la zona para desenmascarar esta creciente brutalidad, podremos salvar muchas vidas. 

Debemos actuar con rapidez. Esta terrible situación se está agudizando cada vez más, bajo un férreo manto de censura. Una y otra vez hemos comprobado que cuando los diplomáticos son testigos de este tipo de atrocidades, existen más probabilidades de que actúen y aumenten la presión política. Respondamos al trágico grito de Palden y construyamos una petición masiva dirigida los seis líderes mundiales mas influyentes sobre Beijing para que envíen una misión oficial al Tíbet y alcen sus voces contra la represión.Firma la petición urgente: 


Los tibetanos están sometidos a un asfixiante dominio por parte del gobierno chino. No pueden practicar su religión libremente: el simple hecho de descargar por Internet una fotografía del Dalai Lama puede llevar a cualquier tibetano a prisión. Y la situación sigue empeorando a medida que nuevos contingentes militares chinos rodean los monasterios principales de la región, obligando a los monjes a someterse a "programas de re-educación patriótica”. Estamos ante una aterradora espiral fuera de control. 

Desde comienzos de año, once monjes y monjas se han quemado vivos, y con cada protesta China intensifica su opresión. Para los tibetanos, estas inmolaciones representan un altísimo sacrificio que refleja su nivel de desesperación. Según sus creencias, cometer suicidio conlleva un devastador impacto sobre su ciclo de reencarnaciones, pero la situación es tan horrorosa que muchos prefieren perder sus posiciones en dicho ciclo a cambio de la esperanza de captar la atención internacional y lograr la libertad para sus hermanos y hermanas. 

El gobierno Chino no acepta ni periodistas ni observadores de derechos humanos en la región. Hace apenas unos días, periodistas de Sky news y AFP fueron expulsados. Pero los diplomáticos sí pueden solicitar el acceso y entrar. Como hemos visto recientemente en Siria, se trata de la mejor manera de obtener informes de primera mano, de hacerle ver a China que el mundo está alerta y observando sus movimientos, y de impulsar conversaciones de alto nivel político acerca de la protección de los derechos humanos del pueblo tibetano. 

Depende de nosotros despertar una alarma global. Si logramos que los Estados Unidos, el Reino Unido, Australia, India, Francia y la UE envíen una delegación ya, podrán persuadir a China a que frene la represión. No tenemos tiempo que perder. Firma la urgente petición:  


Los miembros de Avaaz ya han respaldado proyectos que están perforando el bloqueo informativo y defendiendo la cultura tibetana y sus prácticas religiosas. Pero la implacable represión china sigue escalando. Ha llegado la hora de que nuestra comunidad dé un paso al frente y se una a la lucha de este pacífico pueblo que está sacrificando su propia vida por lograr que se respeten sus derechos básicos. Mostrémosles que el mundo no les olvida.  

Con esperanza y determinación, 

Emma, Iain, Dalia, Ricken, Diego, Shibayan, Giulia, y todo el equipo de Avaaz 

Más Información: 

Una monja tibetana se suicida en China prendiéndose fuego (CNN):

Un tibetano intenta inmolarse ante la embajada china en Nueva Delhi (AFP):

El lento suicidio tibetano (Diario Montanes):

Unas 10.000 personas homenajean a los monjes tibetanos inmolados (ABC):

Dalai Lama: Política de Beijing causa muerte de monjes inmolados (Univisión): 

China endurecerá la seguridad en las regiones tibetanas tras las inmolaciones (EFE):

Fuente: Avaaz