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sábado, 1 de junio de 2013

[Sobre la beatificación] ‘San Romero de América’


Muchos se han preguntado desde hace tiempo cuándo canonizarán a Monseñor Romero. Otros han ido más al fondo: “si Monseñor Romero no es santo, ¿quién lo será?”. Y otros no han ocultado su sorpresa y algún enojo. Ante la rapidez con que se canonizó a la madre Teresa y a Juan Pablo II -por no hablar de José María Escrivá- no comprenden el silencio en que ha quedado Monseñor. Pues bien, parece que ha llegado la hora.

El Papa Francisco. Más que “desbloqueo”, “ruptura”

La renuncia de Benedicto XVI fue una ruptura de gran magnitud, un gesto de honradez infrecuente en Roma, y creó el ambiente necesario para otras rupturas. Y así ha ocurrido. El 20 de abril el arzobispo Vincenzo Paglia, tras un encuentro con el Papa, anunció que “la causa de beatificación de Monseñor Romero ha sido desbloqueada”. (Hablaremos de beatificación o, en general, de canonización)

Ha habido “desbloqueo” porque la causa había quedado “engavetada” sine die en la Doctrina de la Fe. Pero no parece que las razones fueran sólo burocráticas, fácilmente eliminables por un Papa. Lo que hizo el Papa Francisco tiene las trazas de haber sido una “ruptura”: “jerarcas de diversas curias durante años han hecho lo posible para impedir la canonización.

Es bien conocido que, en vida, la oligarquía y demás poderes del mundo salvadoreño trataron a Monseñor con desvergüenza y crueldad. “Monseñor vende su alma al diablo”, publicó un periódico de la oligarquía. Y con estas hojas llenaron las calles de la capital: “Haga patria mate un cura”.

Pero no solo ellos estaban en contra. En curias eclesiásticas, en y más allá de El Salvador, hubo jerarcas que desde el comienzo trataron a Monseñor con prejuicios inflexibles y muchas veces sin justicia. No le perdonaban su apoyo a la teología, aunque fuese buena, si era de la liberación. Ni le perdonaban su apoyo, aunque fuera justo -y crítico-, a las organizaciones populares. Sus enfrentamientos claros y sus denuncias radicales con opresores, ejércitos, escuadrones de la muerte, gobiernos, imperio norteamericano, les causaron sorpresa y pavor.

Y para gente de Iglesia la molestia más honda, y menos confesable, es que Monseñor, en su pensar, hablar y comportarse, se parecía mucho a Jesús de Nazaret. Y sus palabras les destanteaban totalmente: “Me alegro hermanos de que la Iglesia sea perseguida… Sería muy triste que en nuestra Iglesia no hubiese sacerdotes asesinados”.

Los problemas comenzaron pronto. La nunciatura reaccionó agresivamente contra su decisión de una misa única tras el asesinato del Padre Rutilio el 20 de marzo de 1977, que fue un auténtico clamor de fe, esperanza y compromiso, solo igualada por la misa de funeral del mismo Monseñor el 30 de marzo de 1980. Con la excepción de monseñor Rivera, el resto de los obispos salvadoreños, le fueron contrarios, a veces pública y burdamente. En 1978 publicaron un mensaje, breve y malo, sobre las organizaciones populares, que contradecía frontalmente la larga carta pastoral de Monseñor Romero sobre La Iglesia y las organizaciones políticas populares. Poco antes de su muerte escribió en su diario las tres cosas que le preocupaban. La última era “su situación conflictiva” con los otros obispos. Y recuerdo la alegría que le embargó en Puebla en una reunión con obispos afectos a Medellín. “¡Qué bueno poder estar aquí como entre hermanos!”. A su funeral no asistió ninguno de los obispos de El Salvador, con la excepción de Monseñor Rivera Damas.

En la curia vaticana han hablado mal de Monseñor visitantes y residentes poderosos, funcionarios del gobierno de Estados Unidos y obispos como Alfonso López Trujillo. De Roma le enviaron visitadores en repetidas ocasiones, y en un momento dado pensaron retirarle de su cargo o inutilizarlo como Arzobispo, nombrando un obispo coadjutor sede plena, con plenos poderes. Monseñor respondió: “Estoy dispuesto a obedecer. Si me quitan solo les pido que lo hagan con dignidad para que no sufra mi pueblo”. En sus viajes a Roma compartía sus problemas con el Padre Arrupe y con el cardenal Pironio, ambos en dificultades con la curia, y se animaban mutuamente. Y en los últimos años agradeció mucho la visita que le hizo el cardenal Lorscheider.

De su visita a Pablo VI en mayo de 1977 salió feliz. De su primera visita a Juan Pablo II salió decepcionado y triste. De la segunda visita salió serenamente confortado. Después de su asesinato, Juan Pablo II, inesperadamente y sin comunicarlo al gobierno, fue a honrarlo a su tumba en Catedral. Lo llamó “celoso pastor”.

A Benedicto XVI los periodistas le preguntaron varias veces cuándo será la canonización de Monseñor Romero. En su respuesta a un periodista francés vino a decir que “el retraso no se debía a la persona del arzobispo asesinado, que, por su virtudes heroicas, merecía ser beatificado. Se debía, más bien, a la situación políticamente encontradiza que reina en El Salvador a propósito de la obra de Monseñor”. La pregunta que queda es por qué, en concreto, en esa situación “la canonización no es oportuna”.

Monseñor Urioste ha dicho muchas veces que Monseñor Romero ha sido el salvadoreño más amado y el más odiado en el país. Los poderosos, oligarquía, ejército y escuadrones de la muerte, la economía, la política y muchos de los medios, le odiaron en vida. De algunos de ellos salieron quienes lo asesinaron. Y los más recalcitrantes esa noche brindaron con champán. No es fácil para el Vaticano canonizar a Monseñor, estando vivos, y aun teniendo que estar quizás presentes por razones protocolarias en su beatificación, algunos enemigos importantes de Monseñor. Quizás sea eso lo que no se juzga “oportuno”.

Quizás tampoco sea oportuno ponerlo públicamente como ejemplo eximio de obispo, pues incomodará a algunos de ellos.

Y quizás se repita que “no hay que politizar a Monseñor Romero” porque eso podría dificultar la canonización, manida afirmación repetida sin argumentos.

Un santo

No sabemos qué se dirá en el acta de beatificación y de canonización. Nos gustaría que, además de lo que se vea sobre Monseñor desde la Roma universal, el acta diga las cosas importantes del Monseñor que vemos desde aquí.

Conversión. En la mejor tradición de las Iglesias cristianas, Monseñor, hombre bueno y ético siempre, en los setenta pasó por un cambio radical o conversión. La causa principal fue el encuentro con los pobres, ya como obispo en Santiago de María y definitivamente en San Salvador. El 12 de marzo de 1977, ante el cadáver de Rutilio Grande y dos campesinos, su vida cambió para siempre. Las innumerables víctimas y los pobres y oprimidos le llevaron a una nueva vidad definitiva. Encontró en ellos una ultimidad que coincidía con la ultimidad de Dios, y que no fue rebajada a segundo lugar por Dios. Eso pienso yo es lo que ocurrió en el corazón de Monseñor en aquellos momentos de conversión. Nunca dio marcha atrás.

A eso le ayudaron los pobres en primer lugar, pero también lo que ocurrió ya en los primeros días. Los sacerdotes a quienes tenía por izquierdistas y de Medellín le apoyaron sin condiciones, mientras que quienes habían estado con él, como obispo moderado y nada político, le dejaron solo. Y también le convenció de que el nuevo camino era el correcto, el cuerpo eclesial que inmediatamente se formó a su alrededor, con sacerdotes y religiosas, las mayorías pobres y varios profesionales, universitarios de clases medias.

Compasión contra la injusticia. Las puertas de su oficina en el arzobispado y en el hospitalito siempre estuvieron abiertas para escuchar y acoger al pobre. Y vivió en profundidad el abajamiento que acompañaba a la compasión: “A mí me toca ir recogiendo atropellos y cadáveres”, dijo en Aguilares. De ese modo se convirtió, como los obispos del siglo XVI, en defensor ex officio de los pobres.

Denuncia contra la mentira y el encubrimiento. No hace falta extenderse en esto, pero sí es importante recalcar su forma de hacerlo que no tiene paralelo, especialmente en sus homilías. Todos los domingos sin excepción, mencionaba todas las violaciones a derechos durante la semana, de los que le había llegado noticia. Mencionaba los nombres de las víctimas, el lugar y circunstancias, la situación en que quedaban los familiares. Y siempre mencionó a los victimarios -también de las organizaciones populares cuando era el caso-, muy mayoritariamente miembros del ejército, cuerpos de seguridad y escuadrones de la muerte. Y les conminó: “En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo, cada día más tumultuosos, les pido, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, ¡Cese la represión!”.

Contra la idolatría de la riqueza. La condenó, y por ello lo mataron. “Se mata a quien estorba”, había dicho. Estorbó al mencionar la injusticia del dinero y de la riqueza que elevó a idolatría. Y denunció muchas otras idolatrías, sobre todo la de la seguridad nacional. También condenó, a los medios de comunicación: “hoy nadie cree ya en nada”. Y a la corte suprema de justicia. “Gran parte del malestar de nuestra patria tiene allí su clave principal, en el presidente y en todos los colaboradores de la Corte Suprema de Justicia, que con más energía deberían exigir a las cámaras, a los juzgados, a los jueces, a todos los administradores de esa palabra sacrosanta, la justicia, que de verdad sean agentes de justicia”.

Monseñor ante el misterio de Dios.Monseñor habló frecuentemente de Dios. Fiel a Puebla y a la teología de la liberación, ante todo condenó a las divinidades de la muerte, los ídolos, “los que necesitan víctimas para subsistir”. Pero por encima de todo habló del Dios de Jesús, el Dios real, el Dios de su vida y el Dios de la historia. Y habló con Dios. Es conocida su oración sentida. Y ante Dios quedaba postrado y se sentía feliz. Días antes de ser asesinado dijo en la homilía: “Ningún hombre se conoce mientras no se haya encontrado con Dios… ¡Quien me diera queridos hermanos que el fruto de esta predicación de hoy fuera que cada uno de nosotros fuéramos a encontrarnos con Dios y que viviéramos la alegría de su majestad y de nuestra pequeñez”.

Los pobres de su pueblo. Monseñor los amó y los defendió. Siempre. Corría sus mismos riesgos y se lo decía. ”No abandonaré a este pueblo”. Denunciaba a sus enemigos, aunque fuese el presidente del país, el general Romero, y aunque fuese el presidente Carter a quien prohibió enviar armas. Defendió a los pobres y por ellos arriesgó todo, como sólo lo hacen los amigos de verdad. Y les comunicaba sin pudor lo que sentía por ellos: “Con este pueblo no cuesta ser buen pastor”.

El pueblo, su pobrería, le quiso como rara vez se quiere a un personaje, a un obispo. Le lloraron como solo se llora a un padre. Hoy, 33 años después, muchos le siguen queriendo de verdad. En El Salvador, le quieren de manera distinta a como quieren a otros santos populares canonizados. Muy especialmente le quieren y le recuerdan supervivientes de masacres, esposas y madres de esposos e hijos asesinados y desaparecidos, familiares de víctimas de quienes nadie se acuerda. Y sin saber exactamente qué significa “canonización”, “culto público”, “intercesión”, se alegran de que un Papa, proclame su nombre solemnemente y diga a todo el mundo que Monseñor fue una buena persona. Están contentos. Y no es esta pequeña expresión de canonización.

El acta vaticana de beatificación después de otras

No sabemos qué se escribirá en el acta vaticana de beatificación y canonización. Ojalá ofrezca al Monseñor Romero, santo tradicional y santo salvadoreño, como hemos intentado describir. Ojalá su nombre sirva de nombre a tantos que han quedado sin nombre, en El Mozote, entre los indígenas de Guatemala, entre los migrantes asesinados en México… Y ojalá dé nombre a tantos pueblos crucificados inocentes e indefensos.

Y ya que fue obispo, ojalá en el acta se recuerde a Luis Angelelli, Gerardo Valencia Cano, Juan Gerardi, Joaquín Ramos… obispos latinoamericanos asesinados. Con muchos otros, son los Padres de la Iglesia Latinoamericana desde Medellín.

Solo Dios conoce como será el acta de canonización. Nosotros terminamos diciendo que Monseñor Romero ya ha sido canonizado. Y recordamos los principales momentos de su canonización.

Monseñor Casaldáliga, en cuanto conoció su martirio, escribió el poema: “San Romero de América, pastor y mártir nuestro”. Y termina con una convicción: “Nadie hará callar tu última homilía”. Esperamos que la canonización venidera sea expresión de que siempre habrá una homilía de Monseñor.

La Iglesia Anglicana, el 31 de marzo de 2005, en presencia de la reina de Inglaterra y del arzobispo de Canterbury, colocó en el centro de la fachada de Westminster la imagen de Monseñor Romero, junto con la de Martín Luther King y las de otros ocho mártires, hombres y mujeres, de todas las iglesias cristianas del siglo XX. Esperamos que la canonización venidera guarde este espíritu ecuménico.

En la última Carta a las Iglesias, recordando el aniversario de Monseñor, escribimos: “En ti el huérfano encuentra compasión”. Con toda modestia y gozo decimos de él lo que el Antiguo Testamento decía de Yahvé. Ojalá la canonización venidera remita al Yahvé, Dios de pobres y víctimas.


Ignacio Ellacuría en el funeral de la UCA, cuatro días después de su asesinato, dijo estas conocidas palabras, audaces y lúcidas: “Con Monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador”. Ojalá Monseñor Romero, con miles de mártires como él, hombres y mujeres, sean canonizados con estas palabras: “Por América Latina, y por muchos otros lugares del tercer mundo, Dios ha pasado entre nosotros”.

En una mañana de invierno un hombre harapiento limpiaba con esmero la tumba de Monseñor, valiéndose de sus harapos. Al termina sonríe satisfecho. Me acerqué y le pregunté: “¿Qué hace?”. Y me contestó. “Eso, limpiar la tumba de Monseñor. Porque él era mi padre”. “¿Cómo así?”. “Es que yo no soy más que un pobre. A veces acarreo en el mercado con un carretón, otras veces pido limosna y en veces me lo gasto todo en licor y en guaro, y paso la goma botado en la calle… Pero siempre me animo. Yo tuve un padre que me hizo sentir gente. Porque a los como yo él nos quería y no nos tenía asco. Nos hablaba, nos tocaba, nos peguntaba. Nos confiaba. Se le echaba de ver el cariño que me tenía. Como quieren los padres. Por eso yo le limpio su tumba. Como hacen los hijos, pues”. [Lo cuenta María López Vigil en su libro Piezas para un retrato]

Fuente: ATRIO

martes, 27 de marzo de 2012

Ya basta de sufrimiento para el pueblo.




En estos días, en los que conmemoramos el XXXII Aniversario del martirio del Profeta y Pastor Monseñor ROMERO (24 de marzo de 1980), queremos unirnos a su voz profética clamando públicamente “Ya basta de sufrimiento para el Pueblo”
Cuando todo parece indicar que vamos camino de los 6 millones de parados en España, ya son 1.044.606 en Andalucía, 194.871 en la provincia de Cádiz, 34.189 en Jerez y 12.213 en El Puerto.

Y si a esto sumamos las dificultades que están teniendo muchos trabajadores y trabajadoras para cobrar sus nóminas mensuales, basta recordar las numerosas empresas en conflictos: FCC, LIMASA, ACASA, Amarillos Urbanos, Claros, MAYSE… Nos encontramos ante una realidad que no nos permite permanecer callados y pasivos convirtiéndonos, por omisión, en cómplices de esta situación.

Parece que las únicas medidas que El Gobierno de la nación tiene intención de poner en práctica son recortes y más recortes, provocando sufrimiento, pobreza y angustia en nuestro pueblo. Y para desmantelar las conquistas de los trabajadores en los últimos 30 años y los derechos laborales, nos imponen sin diálogo la Reforma Laboral como la mejor forma de crear empleo y salir de la crisis, cuando en realidad lo que se pretende es justamente lo contrario, que los más ricos y culpables de la crisis sigan ganando cada día más y los trabajadores sigamos sufriendo y pagando esta gran estafa que han generado los grandes poderes financieros.

Esta reforma laboral, como bien recoge el documento de la HOAC y la JOC, es una vuelta de tuerca más en el recorte de los derechos laborales:

Quiebra el derecho constitucional a la negociación colectiva y a la capacidad organizativa de los trabajadores.

Facilita y abarata la expulsión del mercado de trabajo: quita trabas al despido por causas económicas; rebaja la indemnización del improcedente y elimina la autorización administrativa para poder llevar a cabo los expedientes de regulación de empleo.

Abre el camino para ajustar los salarios a la productividad. Con esta reforma, los salarios de los trabajadores más débiles van a depender de la voluntad unilateral del empresario.

Dificulta, cuando no impide o precariza, el empleo juvenil. Estas nuevas modalidades de contratación y regulación ponen en serio peligro, aún más, la estabilidad presente y futura de la mayor parte de la juventud.

Las comunidades cristianas San Juan de Dios y Santa María Asunción de Jerez de la Frontera, y San José Obrero y Jesús de Nazaret de El Puerto de Santa María compuestas por personas que viven y comparten su fe como seguidores de Jesús de Nazaret, defensor de los pobres frente al poder del dinero, no comulgamos con la intención de eliminar derechos y protección de las personas trabajadoras con el argumento de combatir el desempleo y de reducir la temporalidad.

Precisamente han sido las políticas económicas de los últimos gobiernos las que han provocado que haya un tejido productivo tan débil y un empleo tan precario que no garantizan una vida digna para las personas trabajadoras y sus familias.

Por ello, y movidos por el Espíritu de Jesús, nos dirigimos a nuestros conciudadanos para que venciendo el miedo paralizante y uniendo nuestras voces digamos conjuntamente: “Ya basta de sufrimiento para el Pueblo”. Animamos a participar en las iniciativas y movilizaciones que se convoquen por parte de las organizaciones eclesiales, sociales y sindicales, como la Huelga General del 29 de marzo, que ayuden a tomar conciencia y revertir esta situación tan injusta para las personas trabajadoras y sus familias.

24 de marzo de 2012

sábado, 24 de marzo de 2012

A 32 años de su martirio: Mons. Romero en una nueva época.




Ellos siguen escribiendo en sus medios de comunicación las mentiras que, en su momento, fueron las culpables de que el mayor Roberto D’abuisson ordenara matarlos. Ellos a los asesinos les allanaron el camino, y por eso escribían.
Monseñor Romero y el legado de justicia desde y en los pobres.
A 32 aniversario del Martirio de Monseñor Oscar Romero en el Salvador, su asesinato sigue impune y quienes alentaron el execrable crimen también. Ellos siguen escribiendo en sus medios de comunicación  las mentiras que, en su momento, fueron las culpables de que el mayor Roberto D’abuisson ordenara matarlos. Ellos a los asesinos les allanaron el camino, y por eso escribían. La impunidad, pues, no es sólo el crimen también la impunidad de quienes lo alentaron. La inmensa mayoría de la población salvadoreña sabe quiénes y dónde están…, pero, la justicia parece ser que no sabe dónde están o simplemente mira para otro lado.
Monseñor Romero observó desde su condición de Obispo cómo vivían los ricos, vivió con ellos e incluso compartió algún que otro punto de vista con ellos, cuando, en algunos momentos de la historia, el ejército y la policía reprimía, indirectamente él lo avaló… además su nombramiento como nuevo arzobispo contaba con el aval de una iglesia que era cómplice con la oligarquía y la burguesía salvadoreña.
Romero va a dar un giro radical a partir del asesinato de su gran amigo Rutilio Grande, ve en ello la verdadera faceta cruel y déspota de la oligarquía. Se produce en él una “metanoia” cómo un hombre cercano a la burguesía y la oligarquía puede acercarse a los pobres…, el cambio de Monseñor Romero fue radical, mientras en el país la represión y el asesinato era el pan de cada día, y, meses después asesinarían a otro sacerdote, Alfonso Navarro. En los periódicos de la época se podían leer frases como «Haga Patria, mate un cura».
Su capacidad de inteligir la realidad de los pobres y sus organizaciones es la que le lleva a comprometerse primero con su Iglesia, los curas, monjas, catequistas, etc. que acompañaban al pueblo organizado y luego hace suyo las ansias de libertad. Él venía de allí y allí regresó para desde ellos condenar la represión y desde el púlpito defender la lucha que justa, se estaba convirtiendo en una liberación en toda regla, y monseñor Romero iba a estar allí con su pueblo, como había dicho a periodistas en alguna ocasión.
¿cuál es el legado de Monseñor Romero? Quienes le conocieron saben muy bien el carácter religioso y humano que observaba siempre en el quehacer diario de su vida, y es precisamente esa mística religiosa la que hizo posible que, muchos pobres vieran en él al cura que compartía sus sufrimiento. Y es que su mística le llevó hasta los sitios menos visitados por la jerarquía mucho menos por los obispos.
Él a los pobres les dio dignidad y es que pobres sin dignidad es una masa manejable y manipulada. Mientras que pobres con dignidad  es difícil de someter…, y es eso precisamente lo que se echa de menos en estos momentos que vive el país, la organización popular. La dignidad es algo que debe de tener. Fue eso precisamente lo que les dio y dejó Monseñor Romero a los pobres de ayer, y, de alguna manera les sigue dando a los de hoy. Se echa de menos sí que aquellos que dicen “luchar por las causas de los pobres” no hagan -ni lleven- a buen término lo que se espera de ellos.
Monseñor Romero dejó a los pobres el carácter de clase en la justicia, sin esa posición de clase desde el punto de vista de la Teología de la Liberación es difícil hacer historia; es difícil ver la historia con el punto de vista de los pobres, desde ese punto de vista es que monseñor Romero enseñó a los pobres a que sí es posible transformar esta realidad.
Quiso que los pobres fueran motores de su propia historia, esta es otro de las compromisos que echan de menos los millones de pobres en el país, ya que quienes deberían de estar siendo motor de esta historias, son los que están impidiendo que los pobres construyan su propia historia. Políticos de ahora hablan de monseñor Romero sin llevar a la práctica y a la política la lucha por la justicia.
Monseñor Romero fue capaz de ver dónde estaban los males del país, y a los responsables de esos males, les señaló y les espetó desde el púlpito. Desenmascaró las mentiras y maniobras del imperio gringo cuando así le pedía la historia. A las fuerzas armadas les pidió que dejarán de matar a los de su mismo pueblo y que ante una orden injusta hay que oír primero a la conciencia…
A los ricos les señaló como los principales responsables de la miseria en la que habían –y han- sometido al pueblo, les dijo en la cara de lo que son capaces con tal de seguir manteniendo sus privilegios. A los políticos les dijo que no fueran oportunistas, llamó al pueblo para que no se dejaran engañar.
¿Qué nos dejó Romero? Si traemos sus homilías y sus denuncias 32 años después, veremos que siguen teniendo vigencia. A los políticos les diría lo mismo. Ahora como ayer, todos, siguen haciendo caso omiso de las enseñanzas y denuncias que hacía Monseñor Romero. Hoy, esos políticos que viven de la política y en la comodidad que les da este estado burgués, corrupto y parasitario. En eso se están convirtiendo los políticos que se dicen de izquierdas y participan de él. Ellos como ayer son los responsables de que este país siga siendo lo que es y que los cambios tan esperados por el pueblo salvadoreño no llegue…, ni 20 años después de los mal llamados “acuerdos de paz”.  “De nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre”
Fuente: Kaosenlared

jueves, 26 de mayo de 2011

Obispo de Alemania difama a la Teología de la Liberación.


El obispo Müller, de la diócesis de Ratisbona (Alemania) construye una estrategia difamatoria y pérfida contra la Teología de la Liberación.
Por Michael Ramminger. (*)
Alemania.

El primero de mayo se publicó en Alemania una declaración internacional para la “canonización desde abajo” del arzobispo Romero, esto es, desde el clamor del pueblo Las firmantes y los firmantes querían conmemorar la vida y la muerte de Romero y al mismo tiempo expresar su desilusión sobre la beatificación acelerada del Papa Juan Pablo II. “Creo que no voy a volver a Roma nunca más. El Papa no me comprende”, comentó Monseñor Romero luego de su última visita al Vaticano.

También Jon Sobrino, Leonardo Boff y Franz Josef Hinkelammert firmaron la declaración mencionada, junto a muchos grupos de solidaridad y de reforma eclesial de toda Europa.

El hecho de que uno de los signatarios (Heiner Geisler, miembro de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania y ex ministrro federal) le reprochara a Juan Pablo II la “traición a los pobres” de América Latina por su postura anticomunista, movió al obispo Müller a publicar una fuerte réplica el 11 de mayo

En ella, Müller acusó a las personas firmantes sostener concepciones dualistas y maniqueas, indicando literalmente: “¿Cuál es la raíz de esta concepción dualista de carácter maniqueo en medio de toda esta retórica de lucha, que es revolucionaria y en el mayor de los casos histérica, que hace aparecer en todo y en todos un antagonismo entre el Reino del Bien y el Reino del Mal?”, respondiéndose él mismo: “…una cristología ilegítima desde abajo”

De esa forma, no difama solamente a quienes apoyan la declaración, sino a toda la Teología de la Liberación, a la manera de la Guerra Fría, y nos trata de la misma manera como Juan Pablo II trató en aquel tiempo al arzobispo Romero.

Pero no se queda en eso. A la vez intenta presentar a Romero y a Juan Pablo II como dos ejemplos para la Iglesia Católica, de modo que no se puedan contraponer uno contra el otro. Su estrategia insidiosa en este caso consiste en la pretensión de colocar a Romero como ejemplo, sustrayéndolo de su contexto dentro de la Teología de la Liberación. De esa forma, construye una “buena” Teología de Liberación, que tiene su casa en Roma y Ratisbona, y frente a ella una “mala” Teología de Liberación, que es del diablo.

Un aspecto picante de esta estrategia: Müller se considera amigo de Gustavo Gutiérrez. Durante años visitó con frecuencia una comunidad pobre en el Cusco. Además, protegió en aquel tiempo a Gustavo Gutiérrez de J. Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

En su arrogancia, Müller no omite ninguna ocasión para aludir a esta amistad. En su página web se encuentra un video de su última visita a Brasil y Perú al inicio de este año, en el que aparece el propio Gutiérrez diciendo: “Nos hicimos amigos verdaderos...y lo que nos une es sobre todo el interés por las necesidades de los pobres. No conozco a ningún otro teólogo de Europa que tantas veces en su tiempo libre haya venido para estar entre los pobres. Admiro mucho esta actitud.”

La amistades tienen sin duda un gran peso, pero el obispo Müller instrumentaliza ésta en particular para aparecer como un verdadero teólogo de la liberación. Incluso se menciona mucho que ha publicado un libro con el propio Gutiérrez, uno de los cofundadores de la Teología de Liberación (Gustavo Gutiérrez / Gerhard Ludwig Müller, An der Seite der Armen, Augsburg 2004).

La diócesis de Ratisbona está convencida que con este libro ha dado “una contribución importante para la teología en América Latina” Al mismo tiempo, el prelado se jacta por haber recibido el título de doctor honoris causa de la Universidad Pontificia de Lima en presencia del propio Gutiérrez. Con relación a su visita a Lima, la diócesis explica que se llevaron a cabo encuentros con CIDAP y SEA, organizaciones contraparte de Misereror (poderosa agencia de la iglesia alemana para el apoyo a la misión) y con Angares (instancia de juntas de vecinos); además, con la alcadesa de Lima y con Gustavo Gutiérrez.

Se desarrollaron además varias conversaciones con el nuncio apostólico en Perú, Mons. Bruno Musaro, con el P.Felipe Fierro, fundador de la congregación misionera peruana “Reconciliación del Señor de los Milagros” así como con Mons. Miguel Carejos, presidente de la Conferencia Episcopal del Perú. También en San Salvador Müller se mostró como “amigo de los pobres y como “teólogo de la liberación”; el año pasado concelebró allí con Samuel Ruiz la misa en memoria de Romero.

¿Quién es en realidad el obispo Gerhard Ludwig Müller?

Nació en 1947 en Friburgo y desde 2002 es obispo de la diócesis de Ratisbona; fue profesor honorario de teología dogmática en Munich. En 2008 fundó el Instituto Diocesano de Benedicto XVI, comisionado por el propio Papa para publicar sus obras completas. El 20 de diciembre de 2007 Ratzinger le llamó para formar parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe; además, es miembro del Consejo Pontificio para la Cultura.

En Alemania se conoce al obispo Müller porque en muchas ocasiones se opuso a grupos que procuran una reforma centrada en una iglesia estructurada desde abajo, como por ejemplo “Somos iglesia”, así como a diversos grupos críticos en su diócesis. Se caracterizó por una postura adversa frente a profesores de religión y teólogos, a los cuales les quitó el permiso para enseñar en su diócesis.

En el ámbito de los abusos sexuales cometidos por clérigos, acusó a la prensa alemana de levantar una campaña contra la iglesia. Llama a los creyentes a mantenerse fieles a la iglesia “de la misma manera como los creyentes se mantuvieron fieles en aquel tiempo” -se refiere a la época del nazismo-

Además, hizo una reestructuración de su diócesis que implicó restricciones y reducciones en la práctica de los laicos. Incluso el cardenal Lehmann, presidente de la Conferencia Episcopal alemana de aquel tiempo, calificó a esos cambios como “un retroceso”. De esa forma, se puede afirmar con razón que en la actualidad Müller es uno de los obispos más discutidos dentro de la iglesia católica; luchó contra los consultorios para las mujeres embarazadas y su derecho de legalizar los abortos, celebró misas vestido con tradicionales ornamentos sacerdotales y con mitra, sin dejar de aludir al mismo tiempo al Concilio Vaticano II.

Müller se glorifica a sí mismo en América Latina como amigo de los pobres y de la “Teología de la Liberación verdadera”, mientras que en su propia casa lucha con rabia reaccionaria y arrogancia clerical contra todos aquellos que quieren materializar los principios de la Teología de la Liberación dentro de la iglesia alemana.

¿Porqué calla Gustavo Gutiérrez? Conozco a muchos europeos que dedicaron la mayor parte de su vida a América Latina, incluso su vida entera. Conozco a muchos que se solidarizan con la Teología de la Liberación y luchan por ella también en Alemania. Para ellos el obispo Müller no es un amigo, más bien todo al contrario. Instrumentaliza la Teología de la Liberación en beneficio de su propia política eclesial feudal y pre-conciliar, adornándose con la apariencia de la Teología de la Liberación.

Es probable que algún día llegue a tener más poder en Roma. Y no será el primer teólogo alemán que persigue a la Teología de la Liberación, considerándose al mismo tiempo un guardián de la fe verdadera. + (PE)

(*) Michael Ramminger. Instituto de Teología y Política. Alemania
Páginas web citadas por el autor del artículo.

PreNot 9513
110526

Fuente: ECUPRES
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jueves, 24 de marzo de 2011

Romero Santo del pueblo y Siervo de Dios.


Asesinato de Mons. Romero


Óscar Arnulfo Romero y Galdámez (* Ciudad Barrios, El Salvador; 15 de agosto de 1917 – † San Salvador, (Id.), 24 de marzo de 1980) conocido como Monseñor Romero, fue un sacerdote católico salvadoreño y el cuartoarzobispo metropolitano de San Salvador (1977-1980). Se volvió célebre por su predicación en defensa de los derechos humanos y murió asesinado en el ejercicio de su ministerio pastoral.

Como arzobispo, denunció en sus homilías dominicales numerosas violaciones de los derechos humanos y manifestó públicamente su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de su país. Su asesinato provocó la protesta internacional en demanda del respeto a los derechos humanos en El Salvador. Dentro de la Iglesia Católica se le consideró un obispo que defendía la "opción preferencial por los pobres". En una de sus homilías, Monseñor Romero afirmó: "La misión de la Iglesia es identificarse con los pobres, así la Iglesia encuentra su salvación." (11 de noviembre de 1977).

El día lunes 24 de marzo de 1980 fue asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador impactó en su corazón, momentos antes de la Sagrada Consagración. Al ser asesinado, tenía 62 años de edad. Sus restos mortales descansan en la cripta de laCatedral Metropolitana de San Salvador.

En 1993 la Comisión de la Verdad, organismo creado por los Acuerdos de Paz de Chapultepec para investigar los crímenes más graves cometidos en la guerra civil salvadoreña, concluyó que el asesinato de Monseñor Oscar Romero había sido ejecutado por un escuadrón de la muerte formado por civiles y militares de ultraderecha y dirigidos por el mayor Roberto d'Aubuisson, (fundador del Partido ARENA) y el capitán Álvaro Saravia, el cual, años más tarde confesó en una entrevista periodística su participación junto con importantes miembros empresariales del país, señalando a Mario Ernesto Molina Contreras, hijo del ex-presidente Arturo Armando Molina y a Roberto d'Aubuisson entre otros. D'Aubuisson, que murió en 1992 producto de un cáncer, siempre rechazó su vinculación al hecho.

En 1994, una causa para su canonización fue abierta por su sucesorArturo Rivera y Damas. A partir de este proceso, Monseñor Romero ha recibido el título de Siervo de Dios. En Latinoamérica muchos se refieren a él como San Romero de América. Fuera de la Iglesia Católica, Romero es honrado por otras denominaciones religiosas de la cristiandad, incluyendo a la Comunión Anglicana. Él es uno de los diez mártires del siglo XX representados en las estatuas de la Abadía de Westminster, en Londres, y fue nominado al Premio Nobel de la Paz en 1979.

Sus asesinos no fueron enjuiciados por las autoridades civiles de su país. Su crimen quedó impune.

Fuente: Como una centinela