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jueves, 5 de febrero de 2015

Necesitamos místicas y místicos muy humanos.


Miguel Ángel Mesa Bouzas* 

Podríamos considerar que una persona mística es la que potencia al máximo, en todas sus capacidades, la más profunda dimensión de humanidad que está llamada a alcanzar. “Dios empeñado en ser humano y nosotros empeñados en ser místicos” (Federico Carrasquilla).

Sí, porque humanizarnos es divinizarnos, dar a luz la esencia más auténtica que llevamos dentro, compartir con gozo el ADN que nos une a los demás seres humanos, a los animales, las montañas, los ríos y mares, la atmósfera, el universo que nos rodea y acoge en su seno. Sintiéndonos uno con Todo, cercanos, familiarizados junto al otro.

No podemos entender hoy la mística como se vivía en el siglo XVI. Aunque haya que beber en las fuentes cristalinas de los místicos y místicas de ese siglo (Teresa de Jesús, Juan de la Cruz…) y de todos los tiempos, culturas, religiones, filosofías y creencias.

Porque los tiempos han cambiado. Ahora vivimos en un mundo globalizado, en la era digital de las redes sociales a escala mundial. No podemos creer, vivir o comprometernos, de la misma forma que antes, después de internet, la física cuántica y la teoría de la relatividad. Han cambiado las formas de conducta, las personas y grupos de referencia, los modelos de familia, los paradigmas en tantos órdenes de la vida.

Y aunque nuestro mundo de las prisas no nos invite a ello, tenemos que buscar nuestros espacios de serenidad y silencio, detener un momento nuestras prisas, para aclararnos sobre todo lo que nos llega y mandar a la papelera tanta basura y spam,siendo capaces de reflexionar sobre lo importante y trascendente, tomando una postura comprometida para poder respirar, sentir y vivir de otra manera. Junto a otros muchos que, de distintas maneras, buscan lo mismo.

Aquí dejo unos cuantos rasgos que, bajo mi punto de vista, definirían a una persona mística de nuestros días. Evidentemente hay muchos más, desde otras sensibilidades, culturas, creencias. Ofrezco con humildad algunas, las mías:
Una persona mística no se cree que lo sea, sino que vive con mucha naturalidad todo lo que sucede a su alrededor, lo que experimenta en el día a día, lo que da sabor, valor y aliento a su cotidianidad, lo que le ofrece luz para seguir mirando, a través de su ventana, el horizonte que siempre hay más allá.
Una persona mística favorece un buen clima a su alrededor, sonríe al compañero de estudio o trabajo, intenta crear armonía, disculpar los errores de los demás, alentar los ánimos, enjugar una lágrima, llevar alegría para contrarrestar a tanta tristeza y mantener siempre el buen humor.
Una persona mística busca espacios propios para profundizar sobre todo lo que vive, lo que acontece en el mundo, lo que siente en su hondón personal. Serán cinco minutos o una hora, en su habitación o paseando, charlando o callando, pero no dejará de intentarlo cada día.
Una persona mística se deja afectar por las injusticias, la exclusión, el odio, la enfermedad, la muerte. Intenta que no le ahogue el mar de la indiferencia y se mueve como pez en el agua por senderos solidarios, junto a otras muchas personas que se esfuerzan por cambiar y mejorar su mundo.
Una persona mística hace todo lo posible para no dejarse abatir por las dificultades, las derrotas personales o las de los empobrecidos y desheredados. Eso no significa que no derrame lágrimas amargas, que no grite ni se enfurezca ante la prepotencia y el abuso de los poderosos.
Una persona mística sabe que “no se remienda con una tela nueva en un vestido viejo, ni se echa vino nuevo en barricas viejas”. Por eso, cuando ve que algo ya no sirve, ni tiene sentido seguirlo o creerlo, lo abandona con gozo, agradeciendo lo positivo que ha le ha aportado.
Una persona mística está siempre abierta a lo nuevo, a lo inédito y sorprendente. A lo que puede descubrir por sí misma o junto a los demás, manteniéndose siempre en búsqueda, en todos los órdenes de la vida.
Una persona mística se desprende (cuando se han superado), de viejas creencias, de dogmas rancios, de ideologías desfasadas, de oxidadas formas de entender la vida. Y, después de valorarlo bien, se apunta y contribuye a crear a nuevas realidades sociales, políticas, culturales o eclesiales, que aportan nueva savia a las instituciones, los partidos, estamentos y asociaciones…
Una persona mística procura ser coherente entre lo que piensa, habla y vive, en medio de un mundo de engaños, ocultamientos y mentiras, de tantas medias verdades. Porque solo así será aceptado por los demás. Solo así se podrá aceptar a sí mismo.
Una persona mística se deja afectar por el dolor, el sufrimiento, la discriminación, las leyes injustas, el odio, la guerra, el hambre de tanta gente, en tantas partes del mundo… Sentirá ante estas realidades cómo se le conmueve el corazón, e intentará remediarlo de alguna manera en la medida de sus posibilidades.
Una persona mística cree que otro mundo más justo, fraterno, pacífico y solidario es posible y se compromete para conseguirlo. En primer lugar en su entorno cercano, junto a otras personas solidarias, llenas de humanidad. Pero no olvidará ni dejará de trabajar nunca por cualquier persona, de cualquier parte del mundo, que sufra o esté oprimida.
Una persona mística se sentirá unida a todos los seres humanos, en sus alegrías y tristezas. Y también a todos los seres vivos, a toda la naturaleza, a la Madre Tierra, al sistema solar, al universo entero. Porque sabe que todos estamos unidos e interrelacionados con Todo y que formamos parte de una única familia. Nuestro ADN proviene del polvo sideral inicial.
Una persona mística reconoce que hay un eco de fondo, una presencia inefable, que le invita a realizarse, a humanizarse, a entrañarse en la realidad. Siente un aliento vital que le da la vida; que forma parte de un proyecto común, junto a toda la humanidad y el planeta Tierra del que forma parte.
Una persona mística no cree a pie juntillas o se deja influenciar solo por lo que ve y escucha en los medios de comunicación, sino que atiende a otros medios alternativos y mira con otros ojos, con otra mirada, más allá de lo que los hechos concretos le muestran. Sin despegarse de la realidad, sabe encontrar otros sentidos y mensajes ocultos, sabe esperar a que otros brotes vayan surgiendo a su alrededor, dentro de ella misma.
Una persona mística reconoce que su comportamiento y consumo afectan al medio ambiente en el que vive y a la humanidad más empobrecida y excluida. Por eso se esfuerza en vivir de una forma sencilla, austera, responsable, solidaria. Y que esta forma de vida, a pesar de los mensajes publicitarios, le hace feliz y que goce de tantos pequeños placeres que se nos ofrecen cada día y que están ahí, a mano, gratuitos, para ser degustados…
Una persona mística “cuida sobre todo de su corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida”, e intenta satisfacer en lo posible en su cotidianidad el anhelo de interioridad, de espiritualidad, de realización personal y humana que lleva dentro. Y desde ahí sale renovado, más humano y dichoso, para seguir caminando humildemente, en el día a día, con sus compañeros y compañeras de camino, compartiendo amor, ternura, afecto, ilusión para vivir en plenitud, desviviéndose por los demás.


*El autor tiene un blog en Religión Digital -Otro mundo es posible- y en él se presenta así:

Miguel Ángel Mesa Bouzas nació en 1959 en Madrid. Está casado y es padre de una hija y un hijo. Trabaja en Editorial Paulinas desde hace 15 años. Su formación teológica, bíblica y pastoral es totalmente autodidacta, aunque ha participado en numerosos cursos de formación y congresos. Forma parte de una comunidad cristiana de base desde hace unos treinta años. Su compromiso solidario lo ha realizado principalmente en el Comité de Solidaridad con África Negra y en la ONG “Proyecto Amanecer”.

Fuente: Atrio

domingo, 7 de abril de 2013

Una globalización de la resistencia.




La semana post-Foro Social Mundial tiene siempre algo de resaca. La intensidad de estos días tunecinos le deja a uno con la sensación de haber asistido a un torrente de ideas, conflictos, soluciones, posibilidades, límites… Esta sensación, que es común a todos los Foros, en Túnez se ha multiplicado por diez, por las circunstancias que allí se viven, y que dan a la ciudad un carácter febril de laboratorio político y de ideas.
La primavera árabe tiene, salvando todas las distancias, algo de revolución de los 60 con esperanzas e incertidumbres movilizadas a la vez. El laicismo más militante de sustrato francés, convive estos días en la arena pública con las propuestas islamistas, y entre ellos una gama inmensa de grises que para el no iniciado producen un espectáculo, cuando menos sorprendente.
Más allá de la coyuntura local, el Foro es un enorme escaparate de las grandes causas globales. Aquellas causas que se han ido tejiendo como resistencia a un modelo político y económico que esta tensando la cuerda de la inhumanidad hasta límites insospechados. El Foro nació en el Sur, cuando ese Sur experimentaba en su propia carne las contradicciones de un sistema que ya entonces aparecía como el único posible, el final perfecto de la historia. Brasil, en aquel momento uno de los llamados países en vías de desarrollo, y más en concreto una ciudad, Porto Alegre, levantó la bandera de la contra-globalización, o mejor de la altermundialización. La intuición sigue siendo válida: ante la globalización liberal y capitalista que mercantiliza y destruye a los seres humanos, una globalización de la resistencia y de los damnificados.
Hoy el Foro resuena o debería resonar también en el Norte, desde que a partir de la crisis financiera que estalló en 2008 y de la deslocalización de parte de nuestro tejido industrial, despertamos de un sueño, y tomamos conciencia de que, a causa de una deuda impagable, nuestras políticas ya no se decidían ni en Barcelona ni en Madrid, sino en otras partes del mundo al dictado de los llamados “mercados financieros”. Ningún país en solitario puede hacer frente a esta nueva dictadura del capital, y necesitamos articularnos con otros para hacer fuerza juntos. Hoy en día, los movimientos altermundistas, con todas sus debilidades, son el único contrapeso real a una situación que no para de generar violencia, pobreza y desigualdad. Una china en el zapato del sistema, pero una china que molesta e incomoda.
Pero no solamente el sistema económico y la deuda requieren de actuaciones y contrapesos globales:
1. La cuestión del cambio climático, por sus causas y por sus efectos, solamente puede abordarse a partir de grandes tratados vinculantes a nivel mundial. Los fracasos de las recientes cumbres climáticas no han hecho sino corroborar tanto el peso de determinados lobbies, como la poca o nula capacidad de los gobiernos para afrontar un tema en el que se juega algo tan “insustancial” como la supervivencia del planeta.
2. Respecto a la soberanía alimentaria, el Foro abogó una vez más por las pequeñas explotaciones agrarias que destinan la producción al consumo de base local. Explotaciones respetuosas con la tierra y que extraen de ella lo necesario para la alimentación de las comunidades del entorno. Fenómenos como el acaparamiento de tierras, la producción destinada a biocombustibles, el papel de las agroindustrias, la especulación con el precio de los alimentos… además de provocar en algunas zonas escasez de alimentos y hambre, está desmantelando las estructuras agrícolas tradicionales, impulsando a millones de personas a desplazarse hacia las ciudades y generando modelos de desarrollo económico basados en la explotación agraria que no son sostenibles a largo plazo. Organizaciones como Vía Campesina han recogido experiencias de resistencia en diferentes lugares del planeta, y han denunciado la enorme presión que se está ejerciendo sobre las estructuras agrícolas tradicionales.
3. La inmigración fue otra de las cuestiones globales presentes en el Foro. A pesar de que la libre circulación es uno de los derechos humanos fundamentales (Art. 13), lo cierto es que esta movilidad ha quedado reducida al comercio con seres humanos. La inmigración es hoy simplemente un flujo de mano de obra que se deja abierto cuando existe demanda de fuerza y brazos, pero que se cierra con grandes muros en el momento en que el flujo migratorio no se puede asumir. Una patera de la que surgía una lista de más de 16.000 nombres, víctimas todas ellas de un intento desesperado por llegar Europa, era el signo visible de una realidad inabordable solamente con políticas migratorias restrictivas.
4. La declaración final del Foro incluyó una referencia a los medios de comunicación, propugnando su democratización y reconociendo en ellos un actor clave de la altermundialización. La poca presencia que los medios oficiales tuvieron en Túnez, en relación a la cobertura que se da por ejemplo a eventos como el Foro Económico de Davos, es un ejemplo claro del largo recorrido que existe aún para que estos grandes temas que amenazan la humanidad tengan un merecido espacio en los medios de comunicación convencionales.
5. Y, finalmente, Túnez fue también el Foro de la mujer. El volumen de actividades dedicadas a la cuestión de género, la enorme presencia y participación de las mujeres en ponencias y debates… han sido un signo de que algo está cambiando de facto en la situación mundial. Porque muchas de las cuestiones tratadas en el foro, son causas que afectan directamente a las mujeres de todo el mundo. Éstas acostumbran a ser el último eslabón en la cadena de los efectos y las consecuencias de los problemas que hemos ido enumerando. Ellas son también las más interesadas en el cambio, por una particular vinculación a la Vida y una especial empatía con el sufrimiento.
Cabe mencionar también la discreta pero significativa presencia de la teología y la espiritualidad en el Foro, presencia que desde Cristianisme i Justícia entendemos como una muestra de la íntima y profunda vinculación entre los temas discutidos y lo esencial que hay en todas las religiones: respeto profundo por la justicia, la creación y la vida humana.
La “tensa cuerda de la inhumanidad” termina por afectar a la humanidad entera, a todos y a todas y solamente desde la humanidad en su conjunto podrán generarse en el futuro alternativas portadoras de esperanza.
Podéis leer la declaración final del Foro Social Mundial de Túnez 2013 aquí.