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lunes, 26 de septiembre de 2016

375 científicos advierten sobre la amenaza inminente del calentamiento global.



Julio César Centeno | Rebelión | 24/09/2016

375 de los científicos más prominentes en la materia, incluyendo 30 premios Nobel, advierten sobre la inacción política ante el calentamiento global en su pronunciamiento del 20 de septiembre 2016.


El calentamiento global es consecuencia de la actividad humana. No es una creencia, ni una teoría; no es un fraude o una conspiración. Es una realidad física.

El consumo de combustibles fósiles motorizó la revolución industrial. Pero también provocó aumentos en la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera, provocando cambios significativos en el clima del planeta.

Las huellas del calentamiento global son visibles por todas partes: aumenta el nivel del mar, se calientan los océanos, se calienta la atmósfera y la superficie terrestre, se derriten las capas de hielo en el Ártico, en la Antártida, en los glaciares; se alteran los patrones de las lluvias, se acidifican los océanos, se propagan enfermedades, se extinguen especies, se amenaza el suministro de agua y alimentos a la población mundial.

El cambio climático provocado por la actividad humana no es algo alejado de nuestras experiencias diarias, afectando sólo lugares remotos. Es algo presente, aquí y ahora, en nuestro país, en nuestras comunidades. Es posiblemente la mayor amenaza actual para la humanidad, erosionando nuestra habilidad para construir un mejor futuro.

La ciencia del calentamiento global es conocida desde hace más de un siglo. Las evidencias, cada vez más fuertes, claras y contundentes, condujeron a todos los gobiernos del mundo a suscribir elAcuerdo de París en diciembre 2015. Participaron todos los países, a pesar de sus pronunciadas diferencias en sistemas de gobierno, en intereses nacionales, en responsabilidad por las emisiones acumuladas, en vulnerabilidad ante las crecientes consecuencias de los cambios climáticos en gestación. Los líderes de 193 países reconocieron que el calentamiento global es una amenaza real para las generaciones presentes y futuras de todo el planeta.

Las evidencias son incuestionables. Ningún científico con reputación las disputa. Es simplemente la verdad.

Sin embargo, a pesar del Acuerdo de París, corremos el riesgo de cruzar puntos sin retorno, como alteraciones en la circulación oceánica, la pérdida de enormes masas de hielo y la extinción de especies. Tales riesgos provocarían modificaciones dramáticas durante miles de años. No debemos asumir los riesgos de cruzar estos límites.

En la campaña presidencial de los Estados Unidos se vociferan dudas sobre el calentamiento global, o se insinúa que es sólo un proceso natural, o se afirma que el calentamiento global es un fraude. Estos señalamientos son falsos.

No son señalamientos nuevos. Se presentan en cada elección. Para el partido republicano es una condición electoral. Es realmente lamentable que el partido de Abraham Lincoln, el presidente que inició la Academia Nacional de las Ciencias, sea ahora cuestionado por la Academia Nacional de las Ciencias de hoy. Es igualmente lamentable que el partido de Richard Nixon, quien estableció laAgencia de Protección Ambiental, trate ahora de eliminarla. Más lamentable aún es que el partido que presume promover una visión fiscalmente conservadora, con su insostenible posición sobre el calentamiento global provoque costos económicos y sociales muchos más altos para todos los ciudadanos.

Los científicos hemos advertido por décadas sobre los peligros del calentamiento global para todo el mundo. Vemos como tales predicciones se han venido corroborando. Ya no hay científicos de reputación en desacuerdo sobre los factores fundamentales que modifican el clima.

A pesar de este progreso, no faltan quienes pretendan conducirnos al pasado, quienes se ciegan ante las contundentes evidencias científicas. Para aquellos ciudadanos que voten por políticos que niegan la ciencia, que arremeten contra los científicos en lugar de arremeter contra las causas del calentamiento global, su legado será el calentamiento global que pudieron haber contribuido a evitar.

¿Qué le dirán a sus hijos?

Firmado por:

Benjamin D. Santer, Member, National Academy of Sciences^

Kerry A. Emanuel, Massachusetts Institute of Technology^

George B. Field, Harvard University^

Ray Weymann, Carnegie Institution for Science Emeritus^

Peter C. Agre, Johns Hopkina Malaria Research Institute

y 370 científicos más: léalos a todos

domingo, 17 de noviembre de 2013

Nuevos odres para vinos nuevos.



José Carlos García Fajardo*

Vivimos una aurora de la humanidad como jamás se conoció. Si nuestros políticos no son capaces de recoger con entusiasmo el guante una nueva humanidad solidaria, mejor es que se retiren y den paso a la poesía y a la revolución para no sucumbir a la amenaza del caos.

¿En qué fallamos ahora?, se preguntan familias e instituciones. Después del 68 se preguntaron ¿en qué hemos fallado? Y dejaron pasar las aguas invadiendo trochas y arrabales, recuperando humedales pero también zonas pantanosas que con esfuerzo e imaginación se habían arrebatado a los anófeles. La vida en la ciudad dio lugar a las civilizaciones, y el civismo fue signo de excelencia.

Los bárbaros no eran ignorantes ni salvajes; no hablaban griego de ahí el bar bar, que así sonaba a oídos atenienses, macedonios y espartanos. No se regían por la idea de orden (nous), por la belleza, la unidad, la bondad y la búsqueda de la verdad. Esos trascendentales que daban sentido a un vivir para que no fuera manipulado por dioses que no existían, pero que tenían muy mal perder.

La educación no era una disciplina reglada sino la inserción en el pueblo itinerante y la madurez se alcanzaba cuando se podían empuñar las armas. La iniciación venía sancionada por la muerte de un enemigo, la de una fiera o la superación en soledad, del terror y del miedo. Los espartanos valoraban el poder de la fuerza, del rigor y de la abstinencia pero tenían leyes y la Constitución de Licurgo. Aunque inferior a la de Solón, en Atenas, tenía sus referentes.

Así se alcanzaron las cumbres de las civilizaciones clásicas, griega y romana, del intercambio de saberes con Oriente por medio de Egipto y desde el Cristianismo, con aportaciones de árabes y musulmanes. La invasión bárbara supuso una inyección de sangres nuevas capaces de ser transformadas por las filosofías, ciencias y técnicas de la antigüedad que los monjes mantenían en sus monasterios. Trivium, Quadrivium, Teología, Moral fundamentalista pero, en el Renacimiento, explosión de la Luz, de la Razón y de los saberes enciclopédicos. Al héroe y al santo les sucedieron el político y el sabio. A la ideología impuesta sucedieron la Razón, las ciencias y las nuevas tecnologías que llevaron a grandes revoluciones. El ser humano, el anthropos volvía a ser el centro del universo, aunque a veces sucumbiera a la fuerza de los números, de los beneficios y de la contabilidad que hacía del tiempo un valor contable.

Emergió la sociedad, y los pueblos reconocieron sus señas de identidad hasta el paroxismo de las nacionalidades y de las patrias con enseñas y símbolos inventados.
Movidos por el sofisma del precio y del beneficio, identificado con el valor y aún de las bendiciones de esos dioses silenciados, olvidaron la sabiduría ciceroniana de que “mi patria está en donde puedo vivir bien”.

Se llegó a la educación general promovida por el servicio militar y sus reclutamientos aún en las montañas, se codificaron las leyes y se dijo que cada soldado de Napoleón llevaba en su mochila un bastón de mariscal y un código civil. Aunque también llevaron las ansias de conquista y de rapiña propias de la bestia enloquecida por el poder en detrimento de la auctoritas, la que atrae, produce admiración e infunde respeto.

Pero desde Europa y sus colonias, en su ceguera euro centrista, alumbraban un mundo nuevo. Revolución industrial, social, política, sindical, económica, científica y la revolución de las comunicaciones que nos descubre próximos, parientes y solidarios más que combatientes. Las masacres del siglo XX condujeron a la explotación, al hambre, la ignominia, la desesperación de los seres humanos y la destrucción del medio ambiente.

Por el Este de nuestros corazones y mentes alumbra la intuición de una sociedad nueva e inter independiente. Con un desarrollo endógeno, sostenible, equilibrado y global.
No es hora de buscar culpables del estado de la educación en escuelas, universidades y formación profesional. Al orden y a la disciplina que imponían para obtener la sumisión ante la cosmovisión imperante, sucedieron el prohibido prohibir, hacer el amor no la guerra, y el todo vale. Ya hemos visto sus resultados. Estamos viviendo una aurora de la humanidad como jamás se conoció. Si nuestros estrategas, políticos y sabios no son capaces de asumir este reto y recoger con entusiasmo el guante de una nueva humanidad solidaria y ecosófica, mejor es que se retiren y den paso a la poesía y a la revolución, para no sucumbir ante la amenaza del caos.

fajardoccs@solidarios.org.es
Twitter: @CCS_Solidarios
*Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)

EL ENVÉS 2013 11 13