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sábado, 23 de septiembre de 2017

Los indígenas despiertan a una Argentina que los había olvidado.

Una manifestación indígena en la ciudad de San Miguel de Tucumán, en reclamo de justicia por el asesinato de Javier Chocobar, dirigente de una comunidad diaguita, en conflicto con la explotación de una cantera en el norte argentino. Crédito: Cortesía de ANDHES

BUENOS AIRES, 20 sep 2017 (IPS) - Los reclamos territoriales de cientos de comunidades indígenas, que se extienden por casi toda la extensa geografía argentina, irrumpieron sorpresivamente en la agenda pública de un país construido por y para descendientes de colonizadores y de inmigrantes europeos, acostumbrado a mirar como ajenos a los pueblos originarios.

Todo comenzó con la desaparición de Santiago Maldonado, un artesano de 28 años que el 1 de agosto participaba en la sureña y patagónica provincia de Chubut en una protesta del pueblo indígena mapuche, que fue desalojada de manera violenta por una fuerza de seguridad. Desde entonces, nada se sabe sobre su paradero.

Ese hecho movilizó a amplios sectores de la sociedad y sacó de las sombras un conflicto que en los últimos años ha provocado numerosos hechos de violencia pero al que históricamente se le ha prestado poca atención.

“El relevamiento de los territorios indígenas de Argentina ya tendría que estar hecho y hoy deberíamos estar estudiando la titulación. Tenemos que trabajar en la fuerte discriminación que no solo existe de parte de las autoridades y los principales medios de comunicación, sino también de sectores de la sociedad”: Belén Leguizamón.

“Ojalá el hecho desgraciado de Santiago Maldonado sirva para que en la Argentina se entienda que es necesario y posible encontrar soluciones legales y políticas a la cuestión indígena”, dijo Gabriel Seghezzo, director de la Fundación para el Desarrollo en Justicia y Paz(Fundapaz).

“Es imprescindible trabajar para desactivar los conflictos, porque si no la violencia va a continuar”, agregó a IPS el máximo dirigente de la organización que trabaja para mejorar las condiciones de vida de las comunidades que viven en la porción argentina del Chaco, el gran bosque subtropical que se extiende hacia Paraguay y Bolivia.

Fundapaz fue una de las organizaciones que trabajó durante más de 20 años en un reclamo de territorios rurales en la provincia noroccidental de Salta, que culminó en 2014, cuando el gobierno local transfirió la propiedad de 643.000 hectáreas a las familias que las habitaban.

Se reconoció la propiedad comunitaria sobre 400.000 hectáreas a integrantes de los pueblos indígenas wichi, toba, tapiete, chulupí y chorote, mientras que las restantes se otorgaron en condominio a 463 familias campesinas criollas.

Ese suceso, sin embargo, fue apenas una excepción feliz, ya que la enorme mayoría de las comunidades indígenas del país no tienen título de propiedad sobre sus tierras.

Hace 10 años, el Estado lanzó el Programa Nacional de Relevamiento Territorial Indígena, en el que se registraron 1.532 comunidades. Al día de hoy, solo 423 tienen concluido el relevamiento, aunque no cuentan con título de propiedad, y hay otras 401 que están en proceso.

Según el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), esas 824 comunidades reclaman que se les reconozcan como ancestrales 8.414.124 hectáreas. Es una superficie mayor a la de varios países del continente, como Panamá o Costa Rica, pero que equivale solo a aproximadamente tres por ciento de los 2.780.400 de kilómetros cuadrados del territorio argentino.

En el resto de las comunidades, ni siquiera se inició el relevamiento.

Así, el Estado argentino está en deuda con su propia Constitución Nacional, que reconoce “la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas” y garantiza no sólo “el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural”, sino también “la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan”.

Esos principios fueron incorporados a la Constitución en 1994, durante la última reforma, y marcaron un cambio de paradigma fenomenal para una nación que históricamente consideró al indio un elemento extraño, al que había que someter.

“¿Dónde está?”, es la pregunta que se repite en numerosos carteles en las paredes de Buenos Aires y otras ciudades de Argentina sobre la desaparición el 1 de agosto de Santiago Maldonado, durante una manifestación en la Patagonia. Crédito: Daniel Gutman/IPS

De hecho, antes de 1994, la ley fundamental de Argentina instruía a las autoridades a “conservar el trato pacífico con los indios y promover la conversión de ellos al catolicismo”.

Sin embargo, el extraordinario avance sobre el papel parece haber traído pocas mejoras concretas para los indígenas, cuyo peso numérico en la población argentina es difícil de establecer.

En el último Censo Nacional, en 2010, se reconocieron como pertenecientes o descendientes de un pueblo indígena 955.032 personas, 2,38 por ciento de la población total registrada entonces, de 40.117.096 habitantes.

Pero se cree que los indígenas son más, ya que no todos quieren reconocerlo, debido a la histórica discriminación que han sufrido. Los pueblos originarios con mayor población son los mapuches, en el sur, los tobas, en el Chaco, y los guaraníes, en el noreste.

“Luego de la reforma constitucional que reconoció a los pueblos indígenas, hemos tenido 23 años de fracaso absoluto de las políticas públicas para resolver la cuestión indígena. Ha habido una fatal demora de todos los gobiernos que pasaron en este tiempo”, dijo Raúl Ferreyra, profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad de Buenos Aires.

Para Ferreyra, “los conflictos territoriales tienen una matriz clara, que son el avance descontrolado del monocultivo de soja, en el norte del país, y la extranjerización de enormes superficies de tierra, en el sur”.

“Lo que se necesita es diálogo, pero no hay voluntad ni herramientas”, aseguró en su diálogo con IPS.

Lo sucedido con la cuestión de las tierras es un buen ejemplo de la distancia que hay entre las normas y la realidad.

En noviembre de 2006, el legislativo Congreso Nacional sancionó la Ley 26.160 de Comunidades Indígenas, que estableció la “emergencia en materia de posesión y propiedad de los territorios indígenas” por cuatro años.

Durante ese lapso –que debía utilizarse para determinar cuáles son las tierras ancestrales de las comunidades, como paso previo a la titulación- quedaban prohibidos los desalojos, aun con orden judicial.

Sin embargo, no se avanzó en el relevamiento, a pesar de que el Congreso alargó los cuatro años del plazo original dos veces, y los convirtió en 11.

La última prórroga vence en noviembre y decenas de organizaciones sociales de todo el país han pedido su renovación hasta 2021, mientras el Congreso comenzará a debatir la suerte de la ley el 27 de este mes

El reclamo fue respaldado por cientos de intelectuales, a través de una carta pública en la que señalaron que “en la Argentina resulta cada vez más incompatible el reconocimiento de los derechos colectivos de los pueblos indígenas sobre sus territorios ancestrales con la expansión de los territorios rentables para el capital”.

De acuerdo a un estudio de la organización Amnistía Internacional, existen en el país 225 conflictos que involucran a comunidades indígenas, casi todos por cuestiones territoriales.

En 24 de ellos hubo hechos de violencia con intervención de fuerzas de seguridad, e incluso muertos. Como Javier Chocobar, dirigente de una comunidad diaguita de la también noroccidental provincia de Tucumán, por cuyo asesinato, en 2009, todavía no hay culpables.

“En todos estos años, muchos jueces han seguido ordenando desalojos de comunidades indígenas a pesar de lo dispuesto el Congreso Nacional. Por eso creemos que si la emergencia no se prorroga la situación va a empeorar”, explicó Belén Leguizamón, coordinadora del área de Derechos Indígenas de la organización Abogados y Abogadas del Noroeste Argentino en Derechos Humanos y Estudios Sociales (ANDHES).

A su juicio, “la ley es un paraguas con agujeros, pero un paraguas al fin”.

“El relevamiento de los territorios indígenas de Argentina ya tendría que estar hecho y hoy deberíamos estar estudiando la titulación. Tenemos que trabajar en la fuerte discriminación que no solo existe de parte de las autoridades y los principales medios de comunicación, sino también de sectores de la sociedad”, planteó a IPS.

A título de ejemplo, detalló que “en las escuelas de la Argentina se sigue enseñando que los pueblos indígenas pertenecen a un pasado que ya no existe”.


Editado por Estrella Gutiérrez

Fuente: ipsnoticias.net

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Argentina: Se inicia Encuentro Latinoamericano de Comunicación Campesino e Indígena.



Del 1 al 3 de diciembre se desarrolla en la Universidad de Buenos Aires (UBA) el Encuentro Latinoamericano de Comunicación Campesino Indígena: Territorio en movimiento. Voces múltiples. La convocatoria está abierta a todas las personas, organizaciones e instituciones interesadas.

El evento es organizado por la Defensoría del Público y cuenta con el apoyo del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), la Organización de Naciones y Pueblos Indígenas en Argentina (ONPIA), la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y la Fundación Friedrich Ebert.

La agenda del Encuentro incluye paneles y mesas de trabajo para debatir sobre la participación de las audiencias; la importancia de la agenda propia; la interculturalidad y la descolonización cultural y mediática.

El último día estará dedicado al intercambio entre los proyectos comunicacionales de Argentina y América Latina y distintos organismos estatales que trabajan la cuestión campesino indígena.

El objetivo es contribuir a visibilizar experiencias de comunicación campesino indígenas; compartir el trabajo que el organismo viene desarrollando con ellas; relevar, evaluar y planificar conjuntamente sus necesidades y estrategias de capacitación.

En el encuentro se presentará “La comunicación en lenguas originarias. Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual 26.522”, una selección de artículos en los idiomas de los pueblos ava guaraní, quechua, mapuche, qom y wichi.


Trabajo previo

La propuesta del encuentro surgió a partir del trabajo que la Defensoría del Público desarrolla en los territorios con los colectivos de comunicación campesino indígenas.

Desde su creación, la Defensoría del Público definió entre sus líneas de trabajo prioritarias impulsar y promover el derecho a la comunicación de las organizaciones campesinas y de los pueblos originarios.

En junio de 2014, la titular del organismo, Cynthia Ottaviano, recibió el pedido de referentes del sector para generar un espacio de intercambio entre los distintos proyectos comunicacionales del sector.

A tres años de su creación, el organismo ha trabajado con los pueblos originarios Chorote, Comechingón sanavirón, Diaguita, Diaguita Calchaquí, Guaraní, Kolla, Mapuche, Mocoví, Lule Vilela, Qom, Sanavirón, Toba, Tupí Guaraní, Vilela y Wichi.

Asimismo, con diversas comunidades campesinas de Chaco, Córdoba, Jujuy, Mendoza, Misiones, Neuquén, Salta, San Juan, Santa Fe y Tucumán.

El trabajo se centró fundamentalmente en el acompañamiento y capacitación en gestión integral de sus proyectos comunicacionales.


Fuente: Servindi

viernes, 21 de octubre de 2011

Evo: Carretera ya no pasará por el TIPNIS.



Servindi, 21 de octubre, 2011.- Gobierno boliviano decidió que la carretera Villa Tunari- San Ignacio de Moxos, no pasará por el Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), luego de conversar con 20 representantes indígenas de la marcha en defensa de dicho territorio, en el Palacio de Gobierno.
Asimismo, el presidente Evo Morales señaló que se harán algunas modificaciones a la Ley Corta de protección del TIPNIS, para declarar al territorio indígena como zona intangible.
“Estoy enviando esta observación al presidente de la Asamblea Legislativa Plurinacional para que puedan aprobar o rechazar”, manifestó el mandatario.
“Estamos incorporando esta propuesta de los hermanos indígenas que textualmente dice: “se dispone que la carretera Villa Tunari- San Ignacio de Moxos como cualquier otra, no atravesará el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure””, reafirmó.
Los indígenas indicaron que no dejarán la Plaza Murillo ni la movilización mientras no se promulgue la ley de que avale a la zona intangible y proteja la integridad del Parque Nacional.
Según informa Erbol, en la comisión que estuvo dentro de Palacio de Gobierno, no participó el titular de la Confederación de Pueblos de Bolivia (CIDOB), Adolfo Chávez, por cuestiones de salud.

Gobierno rechazó propuestas de diálogo ayer

El Gobierno boliviano rechazó ayer las demandas de diálogo de los indígenas luego de que estos no aceptaran su invitación en dos ocasiones.
La primera invocación fue para establecer conversaciones dentro del viceministerio, pese a que los indígenas exigieron anteriormente hacerlo solo en el Palacio de Gobierno y con presencia del mandatario.
Dicha convocatoria la hizo mediante un documento en donde precisaba que solo 20 representantes de los marchistas podían ingresar. Sin embargo, ninguno de ellos asistió.
Ante esto, el mandatario declaró sentirse decepcionado con la posición de los representantes de la movilización.
“Es mi propuesta, quería invitar a todos los hermanos indígenas marchistas que viven en el oriente boliviano a que conozcan Palacio (de Gobierno) un paseo; (…) El pueblo juzgara finalmente si realmente quieren dialogar o hacer política”, mencionó.
Dichas declaraciones fueron vistas por el dirigente del TIPNIS, Fernando Vargas y el presidente del Consejo de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ) Rafael Quispe, como arrogantes y de poco apoyo a las comunidades indígenas.
La segunda convocatoria se organizó para las 18:00, pero los representantes de los pueblos originarios tampoco asistieron.
El Ministro de Gobierno, Wilfredo Chávez, indicó que no se puede permitir la entrada masiva debido a que esto puede ocasionar caos y problemas en el lugar.
Por otro lado, la prensa local indicó que esa misma noche la policía gasificó a un grupo de personas que intentaba ingresar a la plaza principal de la sede de Gobierno.
Cabe resaltar que el jueves en la mañana, la dirigencia de la Octava Marcha Indígena en Defensa del Parque Nacional Isiboro Sécure pidió iniciar el diálogo en el Palacio Quemado.
Este evento tendría que contar con la presencia de medios de comunicación y pantallas que informen a la población sobre las demandas de los pueblos originarios del TIPNIS.
Los indígenas anunciaron que permanecerán en la sede de gobierno hasta que el presidente cumpla la Constitución y atienda satisfactoriamente el pliego petitorio de 16 puntos.
Fernando Vargas reconoció la necesidad de dialogar con el Gobierno y exigió el ingreso de todos los marchistas hacia la plaza.
Asimismo, emplazó al Ejecutivo a responder positivamente a los pedidos hasta este viernes a las 08:00 am.

Concentración en la Paz

Desde el 19 de octubre millares de indígenas llegaron a la capital boliviana y se concentraron en la Paz para hacer llegar sus demandas y exhortar al presidente a tomar una decisión.
A su llegada, los Ministerios de Salud y de Defensa proporcionaron a la marcha un lote de medicinas, tanques de oxígeno y dos brigadas sanitarias para combatir sus dolencias y males.
Algunos de los medicamentes fueron botellones de oxígeno, antibióticos, antiinflamatorios, relajantes musculares, sales de rehidratación y multi-vitamínicos para suplir la falta de potasio.
Del mismo modo, la marcha recibió la aprobación y el apoyo de los habitantes en general, quienes pidieron que esta no fuese vigilada por la policía, labor que cumplieron universitarios de diferentes instituciones.
Los demás marchistas siguen en la plaza de Murillo en espera del regreso de sus 20 dirigentes y de la respuesta del presidente Evo Morales.

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Fuente: Servindi